Sobre el juego de las interpretaciones y admiraciones. Capítulo XVIII

Sabes?..., el problema del individuo surge cuando la necesidad del "Yo" es superior a la necesidad de "Ser", y es a partir de ello que empieza a configurarse, cual inmensa mole, eso que se llama vacío emocional que al tomar forma y consistencia aplasta a la débil consciencia personal. Y es que pienso que la gran mayoría de personas están enfermas, no tanto por tratarse de una enfermedad patológica de alteración orgánica en sí misma, ni fisiológica, ni siquiera somática o neurótica, todo esto es muy relativo en los seres humanos, de ser así - y de constituirse en enfermedades auténticas- éstas pasarían por un proceso de incubación, de maduración que tras una prescripción médica simple cederían en un breve o prolongado tiempo - según el virus patógeno recurrente- a la estabilidad corpórea, empero los problemas - y es que hay otro tipo de problemas-, y estos son los que me preocupan más, aquéllos de orden emocional, de carácter espiritual, de carácter moral y de consciencia, en fin. Es indudable asimismo que toda carencia de afectividad, traumas de niñez, psicosis y paranoias enfermizas de superioridad absurda y de desmedida posesión material arrastran a los individuos a un proceder cada vez más solitario, más despreciativo, más desquiciativo, que acarrean vacíos emocionales más recurrentes, se trata aquí de un problema que Goleman llama enfermedades emocionales.
Ése, ése es el lío, ser o no felices, deberíamos serlo, hay que intentar serlo, aunque a veces la gente olvide esto. La gente no es feliz porque se complica la vida, porque anda idealizando, una señora me dijo una vez "yo te admiro", y yo le dije, "detesto cuando me dicen eso porque me condenan a ser perfecto, no diga eso por favor", sin embargo terminó añadiendo, "no, nadie lo es, y uno sabe cuando dice esto, además yo ya tengo mi edad, y si digo que te admiro es porque lo siento así". Pasaron cinco meses y un día porque no acepte pagar una entradas para el cine simplemente, se desilusionó, y se fue para no volver más. Otro joven me dijo, "me gusta lo que escribes, no te recrimino nada porque sé que eres un hombre muy correcto e integro, y me gusta eso"; el día que le dije, que no me gustaba su trabajo de escritura porque estaba plagada de superficialismos panfletarios y procaces lenguajes (dije lo que sentía), me dijo que era un imbécil y que creía tener siempre la razón. Esa misma tarde se fue, se fue y no volvió más. E inclusive hasta Delia me dijo que yo era un buen muchacho, decía apreciarme. (Jamás dije nada, sólo me limité a mirarla y darle afecto.) Ah, el afecto, sí, sí, el afecto, me dijo que por eso se había enamorado de mí, por mis atenciones y afectos, "te admiro", volvió a decir: eso duro dos años y medio, y el día que se acabó mi suerte económica simplemente se fue diciendo que estaba decepcionada de mí porque no había sido capaz de producir dinero alguno durante ese tiempo, que esa poesía idiota que escribía jamás me llevaría a nada, se fue y así ha sido desde entonces, no he logrado nada Andrea, no he logrado absolutamente nada. Nada que haga sentirme un ser que ha alcanzado al menos lo que espera
Sabes Andrea?, el lío aquí es no aprender, y repetir otra vez la misma cadena de circunstancias ligadas al mismo juego inicial que te planteé, este juego de las interpretaciones y admiraciones, en fin. (Uhm, silencio... ensordecedor silencio) ¿Hay palabras mías que hacen reflexionar?, dices, ¿Te refieres a la carta de la joven estudiante que está contenida en mi último libro? Te equivocas, no, no fue escrita para Sara, no es para ella, sino para Luisa. Estaba enamorado de ella, nunca la besé ni tuve sexo, pero si la quería, ella era una joven estudiante que conocí, y que cuatro años mas tarde decidí cortejar, pero el día que apareció Sara, entendí que no estaba facultado para andar con amores absurdos. Comprendí que mi tiempo había pasado, y ya estaba viejo, además que no era correcto quitar la lozanía y juventud a una joven que recién estaba empezando a vivir. Me despedí de ella, y no la volví a ver más, no quise volver a verla más. Han pasado dos años desde entonces, o tres... tal vez, no lo sé. Sabes Andrea?, se suponía que debía darle esa carta escrita con mi puño y letra, pero no, decidí no volver a verla más, se suponía que debía dedicarle ese libro que hoy tienes en tus manos, pero no tampoco lo hice, porque Sara, Sara es hoy mi prioridad, es mi esposa, y se merece todo, todo lo que yo pueda darle, aunque sepa también que esto es poco, pero que más da.
Andrea, hay tantas cosas que a veces uno debe hacer solo por el hecho de hacer lo correcto: si uno ha decidido amar a alguien, la ama y punto; si uno ha decidido estudiar, estudia y punto; si uno decide hacer tontos "selfies" y colgarlos
estúpidamente, lo hace y punto; si uno quiere estar solo, lo está y punto, total cada quien es libre para hacer lo que a juicio propio sea o no correcto, aunque esto conlleve a consecuencias irreparables. Y cuando esto sucede, simplemente las asumimos y no estamos crucificándonos enfermizamente siempre, atando a otros a nuestras propios calvarios.
Andrea, no hagas las cosas difíciles. No te niegues a tu propia felicidad.Sé feliz siempre. Ya te dije si la gente no es feliz, es porque no quiere y punto. Es difícil establecer una relación conyugal o amical, es dificil, implica construcción, es simplemente dedicación, exige más dar que recibir. Total, quiénes somos nosotros para que alguien nos ame: no estamos en este mundo para ser amados por alguien, sino para intentar amar y hacer felices a esos "alguien", en eso consiste la verdadera felicidad.
Tú sabes que te quiero y que te aprecio mucho, que podría caminar contigo o no, irme a la cama contigo varias veces o no, que podría comer helados contigo o no, que podría hacer cosas contigo o simplemente no hacerlas para no confundir sentimientos. No lo sé. Nadie sabe lo que uno pueda hacer en el futuro, puedo decir muchas cosas y tal vez no hacer ningunas, el propósito está, lo otro?, sí, sí, lo otro: solo el tiempo lo determinará, el mismo y relativo tiempo al que verdaderamente yo admiro.
(Del libro: Degradación humana, Lima, 2014 por Víctor Abraham)
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Desde Lima del Perú,
V.A. les saluda atentamente.
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