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lunes, 12 de diciembre de 2011

Vicente Aleixandre: Poeta de la unidad y el amor total.


Con su libro "La destrucción o el amor", Vicente Aleixandre (Premio Nobel de Literatura 1977) ganó en 1933 el Premio Nacional de Poesía en España. Este maravilloso libro de poemas, escrito entre el 32 y el 33 del siglo pasado, me ha parecido sumamente interesante, ya que muestra la celebración que hace el poeta del amor libre como fuerza natural ingobernable, que destruye todas las limitaciones del ser humano, y critica los convencionalismos con que la sociedad intenta apresarlo. Con una visión surrealista y una espléndida utilización de figuras y recursos el poeta se adentra en el verso libre, muy propio de la etapa vanguardista. El título hace alusión a una disyuntiva eterna, con elementos contrarios entre sí: O el amor o la muerte. Oposición y complemento a la vez.

Poemas como:

La selva y el mar (Allá por las remotas/ luces o aceros aun no usados,/ tigres del tamaño del odio,/leones como un corazón hirsuto,/ sangre como la tristeza aplacada,/se baten con la hiena amarilla que toma la forma del poniente insaciable. (...) El tigre, el león cazador, el elefante que en sus colmillos lleva algún suave collar,/la cobra que se parece al amor más ardiente,/ el águila que acaricia a la roca como los senos duros,/ el pequeño escorpión que con sus pinzas sólo aspira a oprimir un instante la vida,/ la menguada presencia de un cuerpo de hombre que jamás podrá ser/ confundido con una selva,/ese piso feliz por el que viborillas perspicaces hacen su nido en la axila del musgo,/ mientras la pulcra coccinella/ se evade de una hoja de magnolia sedosa...)

La dicha (No. ¡Basta!/ Basta siempre./ Escapad, escapad: sólo quiero,/ sólo quiero tu muerte cotidiana.(...) Tenerte aquí corazón que latiste entre mis dientes larguísimos,/ en mis dientes o clavos amorosos o dardos,/ o temblor de tu carne cuando yacía inerte/ como el vivaz lagarto que se besa y se besa.)

El olvido (...Por eso lentamente levantas en tu mano/ un brillo o su mención, y arden tus dedos,/ como una nieve súbita./ Está y no estuvo, pero estuvo y calla./ El frío quema y en tus ojos nace/ su memoria. Recordar es obsceno,/ peor: es triste. Olvidar es morir... )

Nacimiento del amor (¿Cómo nació el amor? fue ya en otoño./ Maduro el mundo,/ no te aguardaba ya. Llegaste alegre,/ ligeramente rubia, resbalando en lo blando/ del tiempo. Y te miré. ¡Qué hermosa/ me pareciste aún, sonriente, vívida,/ frente a la luna aún niña, prematura en la tarde,/ sin luz, graciosa en aires dorados; como tú,/ que llegabas sobre el azul, sin beso,/ pero con dientes claros, con impaciente amor!... )

***

Dejo a continuación el poema: "Unidad en ella", en toda su extensión para compartir, porque considero uno de los poemas más representativos de este libro.

Cuerpo feliz que fluye entre mis manos,
rostro amado donde contemplo el mundo,
donde graciosos pájaros se copian fugitivos,
volando a la región donde nada se olvida.

Tu forma externa, diamante o rubí duro,
brillo de un sol que entre mis manos deslumbra,
cráter que me convoca con su música íntima, con esa
indescifrable llamada de tus dientes.

Muero porque me arrojo, porque quiero morir,
porque quiero vivir en el fuego, porque este aire de fuera
no es mío, sino el caliente aliento
que si me acerco quema y dora mis labios desde un fondo.

Deja, deja que mire, teñido del amor,
enrojecido el rostro por tu purpúrea vida,
deja que mire el hondo clamor de tus entrañas
donde muero y renuncio a vivir para siempre.

Quiero amor o la muerte, quiero morir del todo,
quiero ser tú, tu sangre, esa lava rugiente
que regando encerrada bellos miembros extremos
siente así los hermosos límites de la vida.

Este beso en tus labios como una lenta espina,
como un mar que voló hecho un espejo,
como el brillo de un ala,
es todavía unas manos, un repasar de tu crujiente pelo,
un crepitar de la luz vengadora,
luz o espada mortal que sobre mi cuello amenaza,
pero que nunca podrá destruir la unidad de este mundo.

De: La destrucción o el amor

***
Sin duda que Vicente Aleixandre, ha sido y seguirá siendo un poeta con una dimensión universal a pesar del tiempo. Bien por la poesía española.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

lunes, 8 de febrero de 2010

"La selva y el mar": Fuerzas inagotables de amor.


Allá por las remotas
luces o aceros aún no usados,
tigres del tamaño del odio,
leones como un corazón hirsuto,
sangre como la tristeza aplacada,
se baten con la hiena amarilla que toma la forma del poniente insaciable.

Oh blancura súbita,
las ojeras violáceas de unos ojos marchitos,
cuando las fieras muestran sus espadas o dientes
como latidos de un corazón que casi todo lo ignora, menos el amor,
al descubierto en los cuellos allá donde la arteria golpea,
donde no se sabe si es el amor o el odio
lo que reluce en los blancos colmillos.

Acariciar la fosca melena
mientras se siente la poderosa garra en la tierra,
mientras las raíces de los árboles, temblorosas,
sienten las uñas profundas
como un amor que así invade.

Mirar esos ojos que sólo de noche fulgen,
donde todavía un cervatillo ya devorado
luce su diminuta imagen de oro nocturno,
un adiós que centellea de póstuma ternura.

El tigre, el león cazador, el elefante que en sus colmillos lleva algún suave collar,
la cobra que se parece al amor más ardiente,
el águila que acaricia la roca como los sesos duros,
el pequeño escorpión que con sus pinzas sólo aspira a oprimir un instante la vida,
la menguada presencia de un cuerpo de hombre que jamás podrá ser confundido con una selva,
ese piso feliz por el que viborillas perspicaces hacen su nido en la axila del musgo,
mientras la pulcra coccinela se evade de una hoja de magnolia sedosa...
Todo suena cuando el rumor del bosque siempre virgen
se levanta como dos alas de oro,
élitros, bronce o caracol rotundo,
frente a un mar que jamás confundirá sus espumas con las ramillas tiernas.

La espera sosegada,
esa esperanza siempre verde,
pájaro, paraíso, fasto de plumas no tocadas,
inventa los ramajes más altos,
donde los colmillos de música,
donde las garras poderosas, el amor que se clava,
la sangre ardiente que brota de la herida,
no alcanzará, por más que el surtidor se prolongue,
por más que los pechos entreabiertos en tierra
proyecten su dolor o su avidez a los cielos azules.

Pájaro de la dicha,
azul pájaro o pluma,
sobre un sordo rumor de fieras solitarias,
del amor o castigo contra los troncos estériles,
frente al mar remotísimo que como la luz se retira.

"La Selva y el mar" del libro de poemas: "La destrucción o el amor". 1935 

Reflexiones en torno al autor:

Junto con Altolaguirre, Lorca, Alberti, María Teresa, Salinas entre otros forman la talentosa generación española del 27. Vicente Aleixandre encierra en el libro "La destrucción o el amor" (1935), una interrogante irracionalista, y la expresión se acerca a la escritura automática, aunque sin aceptar la misma como dogma de fe. El poeta celebra el amor como fuerza natural ingobernable, que destruye todas las limitaciones del ser humano, y critica los convencionalismos con que la sociedad intenta apresarlo.
Es el poema: La selva y el mar, la expresión unísona del amor real y sin medida.A juzgar sobre lo que se escribe una selva densa donde los animales toman forma y apariencia subjetiva de ver el mundo. Premio Nobel de Literatura 1977. Poeta sevillano ante todo y amigo entrañable de Neruda.

Desde la Ciudad de los Reyes del Perú, Lima.
Víctor Abraham les saluda.

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