lunes, 24 de julio de 2017

Confesión sincera

Peruano de nacimiento, pasé mi primera infancia en Buenos Aires, una ribera extinta de Trujillo, extinta porque ya no existe más debido a la insensatez de sus autoridades, gente que prefirió echarse dinero al bolsillo y no pelear por salvar la playa de su comunidad, en fin. Jamás imaginé que esos recorridos por las arenas de mar mirando pelícanos al atardecer, carreteros y muy muyes escurridizos, para volver, ya entrada la tarde a casa, no sin antes recorrer esas polvorientas y estrechas calles llenas de paraderos de carros y autos, de niños limpiacarros, sí, todo eso, quedaría grabado en mi memoria para siempre, y que constituiría mi primer intento de escritura años después, narraciones cortas y poemas pequeños, muy diferentes a los escritos de hoy, sí, qué diferentes.

Me gradué como profesor de enseñanza básica en la Universidad Nacional de Trujillo, lugar que abandoné para siempre, salvo esporádicas visitas por asuntos muy personales de vez en cuando. Desde hace trece años vivo en Lima, lugar que se ha convertido en una segunda cuna de nacimiento para mí, y a la que le guardo mucho afecto, aquí nació Víctor Abraham. Hice un viaje corto a Huancayo, cuando alcanzaba los 19 años, allí me enamoré por primera vez. Medaly, se llamaba, no la volví a ver más (HACE poco estuve allá, qué cambiado está todo, en fin). Soy periodista y trato de ser consecuente con los principios que exige la profesión. No afiliado a ningún partido ni secta religiosa. Amigos, muchos, conocidos muchos más. No sigo a nadie, respeto sí a la gente que se abre en la vida a punta de esfuerzo, a ellos, los estimo, valoro y considero. No es bueno admirar a la gente, sí, por el contrario ser agradecido y respetuoso. ¿Proyectos?, algunos publicados y otros por publicar, pero estos están relegados a un segundo plano por ahora, salvo el cuaderno de "Los latidos secretos del corazón", que sí merece la pena editarse y publicarse.

No soy anarquista, digamos que soy un buscador, es todo. Tampoco, fujimorista (y es que últimamente se me ha tildado tanto injustamente con estos dos adjetivos que nada tienen que ver conmigo), sin filiación ni afectiva ni sentimental por este movimiento de los Sres. Fujimori, por que sé que este es un grupo de poder mafioso, que ha logrado réditos políticos, ganancias para ser más precisos, gracias al narcotráfico y a una política de asistencialismo con la gente. si me opongo a las marchas contra el indulto, es solo porque detesto la manipulación de consciencias que empuja a la gente a vituperar un odio casi sistemático, y asintomático, e irracional entre ellos mismos, consiguiendo nada, salvo división y ganancias jugosas para los operadores políticos que siempre se encubren detrás de las parasitarias ONGs. RECHAZO EL FUJIMORISMO DE MODO TAJANTE, es cierto, pero no aplaudo el odio sistemático que se inyecta en la gente, QUE HACE que unos a otros se desangren verbalmente.

Soy un hombre libre, un libre pensador, diría, sin ataduras ideológicas ni partidarias, y salvo ese espíritu terco mío por insistir en el trabajo diario de la consciencia que sí absorbe a veces mis espacio de recreación permanente, o lo otro, mi otra gran preocupación, las nuevas generaciones de este país, su educación, su bienestar, su desarrollo emocional (Ello, tal vez se lo deba a que soy maestro de escuela también, no he dicho de universidad, sino de escuela).

Recuerdo que mi padre, cuando yo era niño, tenía un sentimiento de arraigo por el aprismo y el catolicismo. Él, finalmente, durmió para siempre después de una larga vida sumamente moralista, me enteré luego, que tuve algunos parientes judíos por su directriz materna, quiso que siguiera sus pasos, pero no heredé ni lo uno ni lo otro porque entendí dos cosas de esto, que HAYA DE LA TORRE había muerto, y ya; del mismo modo comprendí que la religión y toda su estructura orgánica, ata a los hombres y las mujeres a la sumisión perpetua. (Pienso que los seres cristianos y fervientes católicos son los que mejor fingen amar a Dios porque no aman al prójimo al que ven). Sin embargo, ello no quiere decir que no haya hecho prevalecer mi fe hasta hoy en el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. De niño siempre adoraba escuchar esas historias bíblicas, la historia de Moisés, de David, del mismo Jesús, de Abraham, de allí este nombre que me acompaña hoy, Abraham. Mi primer libro que leí fue la Biblia, siempre guardé sus enseñanzas en mi corazón. Mi padre siempre me hablaba de la sencillez; mi madre, de la libertad, en fin.

He viajado algo, es cierto, conozco un par de ciudades fuera de mi país, las que me han enseñado a entender que el mundo es grande, y que no debemos enfrascarnos en nimiedades, he aprendido que vale más sumar que restar, salvo con lo que a juicio personal no sea correcto. Volviendo al presente, mi visión de país va más allá de simples apasionamientos, mi sueño es ver un cambio real, tanto en forma como en fondo, y ver cuando sea viejo, jóvenes nuevos, generaciones nuevas, cada vez más cuestionadoras, más pensantes, más conscientes, y por supuesto más sinceras también.

No soy un poeta social ni un escritor de tendencia partidaria. Soy un escritor de la consciencia, y a cuyos maestros de la posguerra europea y norteamericana debo la evolución mental que hoy me acompaña. Si he apoyado causas en mi vida, ha sido, porque a juicio mío, me ha parecido correcto, digo esto y me refiero, al equipo humano de Voto Nulo 2016, en un momento crucial donde el sinsentido y la majadería política y corrupta campeaban, 19 listas coludidas con la corrupción, hoy, destapándose poco a poco, debido al caso ODEBRECHT. Así, SIEMPRE he dicho que esta experiencia marcó un antes y un después en mi vida como activista político, en mi compromiso con la vida misma. Nunca me desdije de lo que pensé en ese entonces, como ninguno de mis compañeros, salvo dos o tres que desertaron: el tiempo hoy nos ha dado la razón.

Finalmente, mi aprecio sincero a la Cámara Peruana del Libreros de Amazonas, a través del espacio cultural de los Jueves de Poesía y Narrativa, donde tuve una corta estadía, espacio que también caló en mi sentir cultural, el trabajo permanente, jueves a jueves, durante un año, los amigos, escritores y poetas, que hice allí. A Rodolfo y Rafael, su coordinador y director, respectivamente, las gracias por confiar en mí. ¿Hoy?, sí, hoy vengo aprendiendo de LOS MAESTROS DE CUSCO, de sus innumerables jornadas, su ferviente espíritu de resistencia ante un Gobierno indolente. Vengo aprendiendo gracias a ellos que el ejemplo también se da en la cancha, en el hacer respetar su propios derechos. Maestros sumisos, nunca más. Este país, les debe mucho a ustedes, tanto como espera también de ustedes. USTEDES, son los aliados del futuro.

Julio, Lunes 24, 2017.
Lima, Perú.
Víctor Abraham

lunes, 17 de julio de 2017

Luchas reales y sinceras: cuatro luchas que abiertamente deben ser respaldadas

Se engaña quien sigue hablando y apuntando a temas ya pasados, la noticia de la detención del Sr. Ollanta Humala ya es un refrito. No hay nada más que hacer ni decir, salvo acápites cortos de minucias legales. Lo del indulto a Fujimori ya perdió sostén, no es prioritario ahora. Los temas que se manosean todos los días en los medios de comunicación y ciertas agrupaciones ,mal llamadas "políticas", resultan ahora irrelevantes. El factor político real ahora está en las demandas sociales de la gente normal, en los conflictos de las regiones, en los pliegos de reclamos de los sectores que dan sostén a este país.

Hay una lucha intensa, por ejemplo, en Cusco del sector Educación, eso sí es una barbarie: el trato y la indiferencia que reciben todos los días los maestros es brutal, y estamos siendo injustos al callarnos. Los médicos están en pie de lucha, la atención hospitalaria es paupérrima, el seguro social es un engaño total a la ciudadanía. Los agricultores del VRAEM, reclaman la erradicación compulsiva de los cultivos de coca, no puede ser posible que el Gobierno deniegue su reconversión productiva, cuando es sabido que el uso de la coca es ancestral, es patrimonio del país, y se le debe revalorar por el bien de la propia comunidad, olvidamos injustamente, que también hay propiedades medicinales alternativas. Sin olvidar, mención aparte, el carácter abusivo de las mineras al implementar sus procesos extractivos, de espaldas al bienestar y salud de los pobladores. Sería recomendable, pienso, a estas alturas no dejarse arrastrar por el decir de la mayoría. Espero puedan entender.

Luego, sería interesante ver en los próximos días, aquí en Lima, movilizaciones multitudinarias en favor de la educación de este país, de la salud de este país, de la atención justa a las demandas regionales de este país. Si no es así, si no nos pronunciamos en las calles, sino apoyamos las manifestaciones, entonces solo estaremos cumpliendo la labor de simples "correveidile". Tengo la impresión de que las últimas marchas, por lo menos acá en Lima, solo han servido para alimentar poses esnobistas y aplacar meros apasionamientos de una tarde o noche. Falta olfato político, de eso no hay duda porque la palabra POLÍTICA es otra cosa, al menos en su definición. 

Así, vuelvo a reincidir que, la reconversión productiva de la hoja de coca y su revaloración como legado ancestral; la lucha por mejorar el nivel hospitalario del país; el firme rechazo a los procesos extractivos mineros, de espaldas al bienestar y salud de los pobladores; y la revaloración del maestro en aras de una educación digna y de calidad para todos, son cuatro luchas que francamente valen la pena levantar. Por ello, la gente tiene que empezar a entender la importancia de la unificación de las demandas, somos una nación, no tribus separadas. Las próximas movilizaciones deben tender a unificarse alrededor de temas más substanciales y centrales.

 Lima, Perú Víctor Abraham

Cuatro luchas que francamente valen la pena levantar. / Fotos: Internet

Una movilización sin sustento: el objetivo, aglutinar a la manada; la gran mentira, la democracia

La consciencia de un valor cualquiera sea este da la libertad al individuo, le confiere responsabilidad, acción y fe en el futuro. Los hij...