domingo, 25 de agosto de 2013

La voluntad de los actos


La grandeza de las personas se manifiesta en los actos reflejados a través de sentimientos verdaderos y sencillos, claros y límpidos . Fácil es sentirse grande cuando se tiene de por medio reconocimientos sociales, respaldos y situaciones fáciles que ayudan y hacen crecer la autoestima, no dudo que ello ayuda, ayuda mucho, pero la mayor grandeza no radica ahí, sino en el temple personal, sí, ahí mismo, se hace de espaldas a todo respaldo, en las dificultades con que se afrontan las cosas duras de la vida, y en el carácter que se tiene para superarlas, y seguir creciendo, y creyendo. Es allí donde se evidencia la grandeza de las personas.

Luego, los seres humanos sólo tenemos dos vías, dos caminos que recorrer, y es deber nuestro escoger una, una sola frente a los sucesos de deshumanización diaria del mundo contemporáneo que cada día parece estar más empeñado - y resignado- en caminar hacia su propia degradación, sí, sí, porque vivimos, y entendámoslo bien, en un mundo que se debate sin soluciones concretas (porque todas son medias, mediáticas), donde el relativismo frívolo cobra más aceptación dentro de las propias consciencias individuales cada día. 

Indudablemente, que frente a este panorama, o encogemos los hombros, y decimos, esto no es conmigo -que sería lo más razonable y justo porque nadie es el salvador de nadie-, o viceversa actuamos como si lo fuéramos, como si quisiéramos intentarlo. Luego, cada quien ha de ser libre para optar por una de estas opciones. Veo el futuro, y me veo allí mismo, junto con quienes hemos asumido como parte de nuestra vida la conscientización diaria, el restablecimiento de la paz interior, la prioridad del servicio, y el rechazo a todo tipo de imposición estatutaria y servil. El futuro, no está lejos de nosotros, somos nosotros, lo vivimos ahora más que nunca aquí. Somos productos sociales de nuestro propio tiempo. El presente está en nuestras manos que trabajan, y en nuestra fe que cree en el amor, y en la posibilidad de bondad que aún puede albergar el Ser humano. Espero, espero me hayan entendido, más nada. 

De: Profesión del pensamiento. Lima. 2013

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

sábado, 24 de agosto de 2013

Escribir, por ejemplo...

¿Somos lo que escribimos realmente o sólo somos una ínfima parte de toda ese mundo complejo que subsiste en nosotros mismos?

Escribir por ejemplo...

Todos podemos escribir, es más, todos lo hemos hecho, sino en todos los momentos de nuestra vida, por lo menos en algunos pasajes de ella; escribimos por necesidad de liberación (y se me viene a la mente todas esas rarezas - aunque ciertas, citadas luego de alguna presentación de un libro- que dicen los poetas cuando se les interroga sobré cómo conciben la escritura para sí mismos), lo cierto es que sea liberación, estado de trance inspirador, o que sé yo, la acción de escribir en sí misma es - valga la redundancia-: la misma, coger un lápiz y una hoja y divagar sobre ella, o situarse frente a un ordenador y hacer lo mismo.

También existe escritura del otro lado, una escritura por situación meramente rutinaria de redacción cuando por ejemplo un estudiante cualquiera se siente de pronto forzado a transcribir literalmente temas asignados para alguna materia o asignatura de estudios dejados por algún profesor para ser trabajados durante un fin de semana, sacrificando así un tiempo que debería estar dedicado a una llevar una estadía -de sábados y domingos- más placentera, cosa cierta, o no, estoy seguro de que ésta también es una forma de escritura, aunque direccionada, forzada, o utilitaria bajo el afán de "necesariamente útil para aprender" es sigue siendo también el mismo proceso, coger el lápiz, los libros y el cuaderno y divagar - aunque más objetivamente- sobre esas páginas rayadas o cuadriculadas. He incluso llegado a escuchar que este tipo de escritura es la más aburrida, pero creo que al fin y al cabo útil, por lo menos a largo plazo, en fin.

Existe también otro tipo de escritura, el de las relaciones laborales y formales, es que está destinada a las secretarias de oficina de por vida, cual albaceas de la formalidad siguen al pie de la letra todos los convencionalismos. (Las admiro por ello, porque aunque su trabajo me resulte bastante mecánico, me resulta loable admitir sí, la dedicación que ponen a dicha documentación al momento de cuidarlas sagradamente bajo "siete llaves"). Con este tipo de escritura pasa algo extraño, porque está enmarcada bajo una necesidad de comunicación tal que reduce al milímetro -hasta desaparecerla- cualquier tipo de pequeña creatividad, es el formato y punto. Así, predomina aquí una situación de solicitud, encargo o justificación, ejemplo de ello, el escribir para evitar un descuento justificando una inasistencia laboral, o una salida temprana antes de la hora (y a quién no le ha pasado ésto), a ello debo reconocer que esta escritura resulta la más cuadriculada de todas, porque es la que más se debe pegar a los procesos formales, y estilos de redacción. Ahora que se me viene a la mente este ejemplo, que es lo más común, y sin embargo me resulta aún algo indecoroso que tengamos que someter nuestra verdadera intención comunicativa a meras formalidades cuando en el decir - y escribir-: "falté por esto o por aquéllo", tenga mayor valía por lo que intentamos decir cuando escribimos, en fin, como una vez afirmé, y me resulta tedioso aceptarlo hasta hoy son los escritos que más detesto hacer, pero entiendo que son necesarios a la hora de subsistir dentro de este espacio de convivencia institucional en nombre de la sagrada formalidad social, ésa llena de esquemas, sangrías, pegados a la derecha e izquierda, vocativos, firmas y post firmas, ah, y no menciono el cuidado de no sobrepasar los trazos en la línea de la firma.  Aquí otra vez nos encontramos con el mismo proceso, coger un modelo preestablecido, cambiarle de datos, y bueno, seguir escribiendo, pero esta vez bajo una intencionalidad.

La esencia de la escritura

Podría citar muchos ejemplos más, pero me alejaría de mi verdadera intencionalidad a la hora de escribir este artículo, y que planteé al inicio con esta interrogante abierta, fácil es escribir, resulta fácil hacerlo, usar las palabras y hacerlas encajar entre sí mismas unidas a conectores tan simples, pero a la vez tan difíciles de memorizar- y esto, no le quita su simpleza- como cuando contemplamos la línea de una circunferencia desde el interior sintiéndola como cóncava, y viceversa si la vemos desde el exterior como convexa. Cada uno, entiende, comprende e interpreta a su propia manera el orden de las cosas, esto de cóncavo y convexo resultaría a simple vista algo presuntamente intrincable o confuso de asimilar, pero no lo es, es fácil, ya que nuestra intención comunicativa, en muchos casos cuando no es objetiva o clara, puede perderse en los múltiples entendimientos y miradas, tal es el caso de una poesía subjetiva; aquí, siempre el lado interpretador será avistado desde el punto personal en función de una cultura propiamente estética, de allí que el interpretar conlleve una suerte divorcio respecto a la intencionalidad real del poeta. Por otro lado, cuando un escrito resulta bastante objetivo, llámese en una nota informativa o dentro de un ensayo las interpretaciones resultan de pronto más concienzudas y menos divagables, pero aún así no resultan tan convergentes, dado el hecho mismo que lleva implícito una interpretación que es ante todo una visión personal, y por ende distinta entre una y otra, en fin.

Sea como fuere, estoy seguro y discrepo abiertamente con quienes conciben a  la escritura como un don místico propio de una clase selecta, esto me resulta patético, y admitirlo, aún más, reconozco sí, que la escritura, entendida en sí misma como una virtud del Ser humano, es uno de los canales de expresión - porque el otro es la oralidad- más importantes, siendo por tanto necesario cultivarla, y se cultiva, practicando, escribiendo día a día, el leer ayuda mucho, amplía el vocabulario, nos acerca a un estilo propio, no copiado, por tanto la escritura se trabaja constantemente hasta hacerla una habilidad motora fina, pero esto es sólo una parte de ello. La práctica enseña, pule, perfecciona; sin embargo, y allí está la mayor responsabilidad a la hora de escribir: la otra parte, la más relevante, que es el uso que se le da a ella en sí misma respecto a la ciudadanía, cuando es hecha con honestidad, limpieza y transparencia alejada de toda intención burda, de todo lenguaje soez, y de toda intención manipuladora y perjudicial. La escritura es indefectiblemente vivificadora y formadora, no tergiversadora, por eso he allí, el gran compromiso de los que hacen de la escritura su trabajo, porque la escritura es en sí misma un trabajo que requiere dedicación propia.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

Jorge Luis Borges: El hacedor de sus palabras.

Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo xviii, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor. Seria exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páinas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición. Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y sólo algún instante de mi podrá sobrevivir en el otro. Poco a poco voy cediéndole todo, aunque me consta su perversa costumbre de falsear y magnificar. Spinoza entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser; la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre. Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en sus libros que en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra. Hace años yo traté de librarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas. Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro.

No sé cuál de los dos escribe esta página.


De: "Borges y yo". en en libro de poemas: "El hacedor". Buenos Aires: Emecé, 1960.




Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

viernes, 23 de agosto de 2013

Entre el ser y el parecer

Hoy, no tuve palabras para ti, nada, nada, absolutamente nada, y eso, y eso fue lo más extraño y raro, tan raro como el hecho de sentirme otra vez de pronto envuelto en esa ya conocida sensación de dilapidación involuntaria, sí, sí, esa misma que tanto detesto, pero que no puedo abandonar, y es que detesto, detesto todo, todo lo que pueda provenir de esa árida resignación mental de ver y dejar pasar, de mirar y conjeturar, de observar y otra vez de pensar. (Porque necesito pensar, pensar sobrecogido a mi propio silencio, sí, sí, a ese pobrecilllo y tontillo silencio que también detesto, pero en quien también hallo poderoso consuelo.) Salí, salí a caminar, a caminar otra vez, pero esta vez ya no por manía de hacerlo, sino por necesidad de encontrar amparo en la noche, amparo bajo la noche. Dos perros me miraron tristes, o al menos los noté tristes, tan tristes que pensé que dicha tristeza sólo podría provenir de un alguien, un alguien ajeno a estos pobres irracionales, y ese alguien tal vez sería mi propia consciencia, mi estúpida, irascible y nada servil consciencia. Los contuve, los contuve a mí por un momento, les di pan, y sentí, sentí la sensación que los tres nos abrazamos bajo una misma necesidad, afecto, nada más que eso, de ese claro y purísimo afecto. Uhm, lo que siguió en adelante, sombras, intervalos de lloviznas breves, gatos deambulantes por carriles y corredores, uno que otro mirón desafortunado, indigentes por allá, frazadas tendidas por acá, una madre cubriendo a una hija bajo un puente negro, tan negro como la consciencia del que miró conmigo estas espectrales figuras, figuras que sólo se dejan ver de noche, en noche, mientras todos duermen, duermen cansados de tanta rutina;

*** textos, textos, textos, innumerables textos***

lo que vino luego ya no tiene caso contar, salvo el decir con propiedad de inclemente, que después de dos horas me quedé pensando en ese amarillo cuarto a la orilla de la cama también amarilla, me quedé pensando a la orilla de la cama amarilla toda la noche - o lo que quedó de ella-, y pensé, pensé cada minuto en la noche, sí, sí, en esa misma noche, fue así que pensé, tanto, tanto que pensé en todas y ninguna cosa al mismo tiempo, cosas, razones, disvariaciones, piadosas voces, infatigables voces, todas provenientes del "qué",  "porqué", o "para qué", (sentir de pronto esa angustia de no saber responder nada, nada que no lleve un "no lo sé", un único y repentino "no lo sé", "diantre, te juro que no lo sé"), y no supe porqué, porqué, pero pensé en nosotros, y te recordé de pronto así: límpida, laxa, hermosa en el letargo del recuerdo absoluto, y cerré, cerré fuertemente los ojos, tan fuerte que pensé que no los volvería a abrir más, y entonces me volví a pensarme a mí mismo junto a ti, junto a ti misma, a ti y a todas esas cosas tuyas, tan tuyas de ti misma, y entonces pedí a los ángeles de mis progenitores que vinieran, que vinieran a mí, pero no vi nada, nada, salvo la sombra de una corpórea forma impoluta y bella, ah, eras tú, y pensé que eras tú, tan tuya misma con tu cuerpecito diminuto, tan diminuta que corrí despavorido de mi tormento para caer en tus brazos, para sentirme en tus únicos brazos por un rato hasta sentirme dormido en mis propios sueños auscultos, y es que las cosas de los trastornos de la piedad y de la redención son así, de pronto, yo digo que te amo a ti, y lo demás, sí, sí, lo demás es eso mismo, eso mismo que que ya no sé con claridad lo que es, pero lo supongo, porque supongo lo que debe ser,  tanto como ser en mí mismo, y en ti misma, y parecerme a mí mismo y ti misma. Lo demás?, lo demás?, sí, sí, sabes que todo lo demás queda comprendido en eso mismo que se llama, demás.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

sábado, 27 de julio de 2013

Percepciones para una degradación

La realidad prevista

De pronto vino a mí una ligera percepción, que empezó cual espiral cuyo centro alojado en una parte remota de mi consciencia fue retumbando más y más, desbordando, sí, sí, desbordando más y más, hasta convertirse en un todo y gigantesco inmediato, y ésa - percepción extraña que no era la mejor- terminó dejándome vacío, totalmente vacío, un vacío tan similar a aquél que sólo está lleno de ese propio vacío inhumano. Y es que sucedía - y hasta me parece ya casi un hecho consumado a estas alturas de la lucha honesta- que muchas consciencias habían declinado a eso que otros defendimos por mucho tiempo como calidad humana. Pensé con estremecimiento frío e impasible en ese mismo momento, en esa misma calle, en esa misma puerta, en esa mismo instante de espacio -tiempo en el que me encontraba que la etapa de la descomposición social y moral estaba en camino sin marcha de retroceso.

De pronto corrí por las calles gritando, gritando a fuerte voz cual pregonero precursor en épocas de luchas por la independencia, pero no encontré sino un eco mayor y más vacío que la sensación de espiral misma -sentida hasta hace poco- en las personas, algunas con pancartas al interior de cuyas filas ya se hablaban de complot deshonesto y de repartijas menores, denunciándose entre sí mismos la presencia de posibles infiltrados. Vi a otros, y a otros más menores leyendo libros caros hechos - paradójicamente- por autores cuya pobreza emocional es demasiado notoria, personas comprando y pagando por libros que no comprendían del todo pero que eran suficientes para aplacar ese voraz deseo de culturalización mediática e inmediata que solía invadir y reinar de vez en cuando - y de forma patética- a la clase media porque el sttus cultural- según ellos- daba poder y notoriedad, ese poder único para sentirse superior a otros, superioridad asolapada en poses snobistas y muy bien aprovechadas por grupos de élites comercializadoras que han terminado haciendo y ejerciendo un abuso exagerado del fin de un libro en sí mismo olvidando que la esencia no está en la maquinaria de consumo -porque siendo claros, todo hoy se ha vuelto materia de consumo indecente- sino en la reflexión final del escrito en sí mimo, en fin. Estoy seguro que de saber un Beckett, o un Solzenitsin, o un Vallejo, o tal vez un Ribeyro, o un Cortázar, o un Camus, que sus obras terminarían siendo usadas hoy en esa suerte de prostitución cultural tal vez retirarían sus propios trabajos, pero y está, todo ya está, está en proceso y curso. Comprendí entonces el porqué de ese fenómeno que todo el mundo empresarial libresco temía, ese fenómeno llamado piratería.

La pandemia  generalizada 

Seguí viendo, percibiendo hasta notar grupos de indigentes acostados en las paredes con miradas llorosas y feas recubiertos por cartones y mantas asqueadas; uno de ellos se atrevió  a pedirme una especie de colaboración, di lo que tenía, no más ni eso que podía ser motivo de solidaridad monetaria, le pregunté entonces que opinaba de la palabra degradación, "no lo sé, no lo sé maldita sea, no sé que sea eso", me dijo entrecortadamente al mismo tiempo que embarraba sus barbas encanecidas en una naranja que hace pocos segundos había sacado del bolsillo izquierdo el abrigo marfil desgastado. Vi policías dispuestos a atacar en el caso de algún descontento popular que no saludaron a una señora que hizo un pequeño gesto de reverencia, vi ebrios y ciegos abrazados alrededor de la estatua de una virgen, vi prostitutas desayunando más con pena que con gloria porque para ellas el Gobierno - y sus medidas- importa nada o poco, aquí lo importante es la actividad de obtener dinero fácil, o sea una suerte de trabajo incomprendido. Escuché quejas e improperios al exterior de unos pórticos hospitalarios envueltos en completo desasosiego. Vi vendedores de periódicos y revistas en cuyas portadas sólo habían dos cosas: descontento general, y verdades dichas a medias.

Escuché a alguien quejarse - y pensar que hasta hace poco alguien había censurado la queja pero para tranquilidad mía la queja siempre estará a la orden del día, no por manía pura de pesimismo, sino por necesidad imperiosa de profundización-, quejarse de la formación profesoral, del nivel de educación, de la aculturación y de otras cosas más que dudé -por un momento- que mi condición también sea la de ser maestro. Indudablemente que la visión devastadora de la realidad sólo significaría a esas alturas del momento, una cosa, una única y necesaria cosa: la presencia de una devastadora crisis al interior del alma propia acompañada de una sensación ya más visible, una sensación  aunque extraña pero cierta, una especie de descomposición racional y moral. La degradación humana había empezado a mostrar sus afilados zarpazos de una manera ya epidémica, era como una especie de pandemia generalizada, y para cuya solución - aún incierta- un medicamento o vacuna resultaba pobre, paupérrima, misérrima porque ésta, no era una pandemia de salud física, sino de salud del espíritu y de la consciencia. Esa mañana me di cuenta que el proceso de degradación estaba en marcha, y lo peor era que unos pocos empezaban ya a darse cuenta de esta presencia invisible, pero el poder del ego propio era más fuerte que preferían callar y dejarse llevar. "No nades contra la corriente", se empezaba a escuchar al interior de estos pequeños colectivos humanos.  Debí reconocer y aceptar esa mañana que los que empezábamos esta lucha éramos pocos, y probablemente muchos podríamos quedar en el camino con el transcurrir del tiempo que tal vez duraría un poco más de treinta años, y sin embargo era necesario empezarla, alguien debería empezarla con la esperanza de recibir más solicitudes de adherentes en el camino. La lucha estaba echada, y las únicas armas serían en adelante: el valor coherente y firme, el accionar ejemplar, y la determinación del pensamiento, fuera de esto ya todo sonaba a   estremecimiento de moratoria psicosocial  afincada de pronto en cada  alma humana porque esa "peste" de Camus había regresado, pero esta vez era más fuerte, más violenta, desoladora y destructiva, esa peste era ahora una pandemia de degradación humana.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

domingo, 14 de julio de 2013

W. Somerset Maugham: Un observador e interpretador de la vida.

Foto tomada del portal:
http://www.waydn.com/frases/10-frases-de-william-somerset-maugham/
"Soy un pasajero que en época de guerra espera en el puerto la salida de su barco. No sé que día zarpará, pero estoy listo para partir en cualquier momento. Leo los periódicos y hojeo las páginas de una revista , pero si alguien se ofrece a prestarme un libro lo rechazo porque quizá no tenga tiempo de terminarlo y, de todos modos, ante la perspectiva del viaje, no estoy de humor para concentrarme en su lectura... Entablo conversación con quienes encuentro en el bar o en la mesa de juego, pero no intento trabar amistad con gente de la que pronto me separaré. Estoy a punto de levantar el vuelo".

El barco que W. Somerset Maugham esperaba llegó en diciembre de 1965. Tenía entonces noventa y un años y había escrito veintiséis libros, veintinueve obras de teatro y noventa y un cuentos. Su muerte desencadenó un diluvio de artículos y libros en los que los críticos literarios rendían tributo unánime de admiración al gran escritor.

Sin embargo, su vida y su personalidad fueron consideradas con más severidad. Los biógrafos comenzaron inmediatamente a analizar y criticar la vida de aquel millonario solitario, que había dicho: "La vida de los escritores es más bien aburrida", y que había esperado tanto y tan impacientemente su muerte.

Su propia historia contenía elementos de triunfo y de desengaño muy parecidos a los que trazó en sus obras.

Aquejado por una tartamudez de la nunca se curó, sus años escolares fueron clásicamente desdichados. Estudió medicina y, como a tantos otros médicos, el conocimiento que su profesión le proporcionó de la vida de los menesterosos y los desgraciados lo impulsó a escribir. Su primera novela, Liza of Lambeth, alcanzó enorme éxito. Lo pusieron por las nubes y las damas más encopetadas se disputaban su presencia en sus salones. Abandonó la medicina para dedicarse exclusivamente a la literatura, y entonces sufrió una serie ininterrumpida de fracasos. Cesaron las invitaciones. Puso sus miras en el teatro y comenzó a escribir piezas al estilo de Oscar Wilde. Al principio, no logró estrenar ninguna; luego súbitamente, los empresarios comenzaron a asediarlo pidiéndole obras. En 1909 batió el récord con cuatro piezas representándose al mismo tiempo en los escenarios londinenses.

La fama había vuelto y ya no lo abandonaría jamás, pero aún no había escrito sus mejores obras. En 1914 publicó su más destacada novela, Servidumbre humana, y luego durante la guerra, actuó como agente del Servicio Secreto en Suiza y Rusia. Este extraño episodio de su vida produjo un cambio vital en su carrera, agudizó su afición a viajar  y le suministró el material para los cuentos que probablemente constituyen su más perdurable monumento. Son ellos, y algunas de sus novelas, los que le permitieron alcanzar una posición única dentro de la literatura.

Otros escritores han ganado fama, o riqueza, o las alabanzas de la critica;: unos pocos han ganado las tres cosas, pero ninguno en la medida sin precedentes en que lo consiguió Somerset Maugham.

Sin embargo, a pesar de su enorme éxito, no se sentía feliz cuando en su magnífica villa de la Riviera, rodeado por su colección de valiosos cuadros, echaba una mirada retrospectiva a su amargada vida por el fracaso de su matrimonio, la pérdida de su fe religiosa que nunca pudo recobrar y la sensación de la soledad. Tenía una legión de admiradores, pero muy pocos amigos,  y por ellos sabemos que bajo su timidez se ocultaba la bondad más que el cinismo, y que la riqueza nunca logró superar  su modestia. Es preciso reconocer, asimismo, que su soledad constituyó para él una fuente tanto de fortaleza como de pesar. Maugham fue ante todo un hombre que observaba y escuchaba, que veía las cosas como realmente eran.

Fuente: Biblioteca de selecciones. Volumen III, 1969. Págs. 334-335

Dejo un enlace al libro: Servidumbre humana, 1914 en versión PDF
http://www.gutenscape.com/documentos/4074803a-53ec-48a9-91c9-7789f9120cad.pdf

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

domingo, 7 de julio de 2013

Carta a una joven escritora

6 de julio

Decidí redactar esta carta, hoy, después de nuestra habitual conversación vespertina de cada sábado; porque más allá de una simple intención de escribir, quise dejarte estas palabras con el deseo de hacerme un espacio dentro de tu solidaridad creadora. Y es que a veces sí resulta creíble ver como las palabras se agolpan de un momento a otro y fluyen sobre esa blanca superficie en que se las deja de pronto tan liberadas y llenas de sensibilidad para cobrar vida. Una vida estacionaria sobre una hoja simple de papel.

Sigue escribiendo, nunca desistas a tus propios escritos, a tus convicciones de joven mujer; temple es lo que hoy en día más se necesita -y hasta llego a pensar que de manera desmedida-, sí, así es, un temple único capaz de remecer los cimientos de nuestra propia consciencia individual y de llevarnos a la firmeza de carácter- y no digo de autoridad ególatra, sino de carácter, de carácter ético- porque es cierto: estos elementos ligados al compromiso nos hacen mejores seres humanos, más allá del género y las absurdas ideas que intenten disgregarnos todos los días directa e indirectamente: somos iguales al fin y al cabo. Nunca lo olvides.

¿Sabes? Corregimos lo que hay que corregir, y afianzamos lo que estamos construyendo al interior nuestro, a nuestro alrededor: por eso debes escribir, escribir siempre que puedas. Tal vez nunca llegaremos a tomar el poder porque ese es oficio de los ejércitos, empero es deber sagrado nuestro combatir a esos ejércitos con la verdad, sí, a esos grupos que el francés Albert Camus llamaba, ejércitos de la tiranía. Combatirlos desde nuestra reflexión diaria, nuestro análisis, y a partir de nuestra propia interpretación sobre los hechos y acontecimientos que se suscitan a cada hora, a cada minuto, a cada instante, definir nuestra propia posición porque hay que tener claro en esta vida lo que se quiere, al menos para uno mismo.

No abandones nunca tus escritos, no los abandones en las memorias del olvido, una joven escritora como tú jamás debe desdecirse de lo que escribe o piensa para sí misma, al margen del parecer ajeno, porque recuerda que fácil resulta seguir la corriente. La contracorriente, no caprichosa: sí, responsable, es lo más admirable y difícil de mantener, y qué mejor si detrás de esta subsiste una fe y certeza interior de que hicimos lo correcto. Siempre he escuchado decir que los temas de una mujer escritora solo se reducen a la sensualidad y al placer estético, visión que considero muy superficial, porque la mujer es un cúmulo de sensaciones, pero también de experiencias, de esas mismas que los hombres de mi género no entendemos, o simplemente no queremos entender a veces. Por otra parte, tampoco puedo dejar de manifestarte que el escribir es una forma de aliviar nuestro propio desasosiego y de encontrarnos con nosotros mismos, pero solo parcialmente, pues la otra, la vital, es la escritura del compromiso diario con quienes viven con –y- junto- a- nosotros.

Finalmente, quiero mostrarte ejemplos, quienes aún jóvenes también definieron su vida a partir de la escritura, la polaca Wislawa Szymborska, creyente en la poesía transformadora y el impacto que tendría sobre las sociedades colectivas, sobre sus esperanzas y sobre sus apaciguamientos no dudó en usarla y perfeccionarla; del mismo modo Gabriela Mistral, preocupada por que las palabras tuvieran el sentido justo a lo que significaba ser mujer desde su acepción más sagrada, la maternidad y el amor, cruzó camino sin descanso. La joven francesa Simone de Beauvoir, conocedora por el poder inventivo de las palabras, entendió que el espíritu de libertad consciente, de pensamiento libre y de rebeldía innata significaba punto de inflexión a todo intento de menosprecio a su propio género, y era por ello que se debía escribir, se convirtió así escritora tan igual como la introvertida maestra noruega Selma Lagerloef que llevada por un espíritu investigador, descriptivo y generoso usó las palabras para mostrar al mundo a través de un viaje maravilloso de su personaje infantil Nils Holgersson la geografía de todo un pueblo nórdico mostrándolo como rico ante los ojos del mundo. Y así, así, podría seguir citándote mujeres y cualidades con sus escrituras y compromisos, sus formas de pensar: rumano-alemana Herta Müller, y su escritura en favor de los desposeídos, la anglosajona Doris Lessing, y su solidaridad con las voces femeninas no escuchadas y censuradas de su tiempo, en fin, muchos y muchos ejemplos más, que sólo tú terminarás descubriendo, comprendiendo y articulándolos a tus propias experiencias de mujer creadora.

Fraternalmente
Víctor Abraham

jueves, 4 de julio de 2013

Ironías que marchan y prostestan

Yo no pienso que la Ley de Servicio civil atente y recorte los derechos laborales de los ciudadanos y ciudadanas. No creo que eso sea cierto, sólo los obliga- en el mejor de los casos, si son funcionarios públicos, - a hacer mejor su trabajo de servicio. Todos ganamos con esto, a veces es importante comprender que la preparación constante en el puesto que se desempeña debe ser justamente eso, constante, sí, es así como estoy seguro que es, defiendo la propuesta del Gobierno. Por otro lado, ya dije anteriormente y lo vuelvo a reafirmar que la Ley de Reforma universitaria debe darse sí o sí, contra viento y marea porque hará posible que los egresados tengan para sí mismos un mayor nivel académico, producto de una exigencia más rigurosa, porque entendamos bien: se está formando a profesionales idóneos. Es necesario por eso, regular y fiscalizar las administraciones al interior de las universidades públicas y privadas, y esto no tiene porqué afectar a los estudiantes universitarios del país. 


Foto: Diario El Comercio
Rechazo tajantemente los intentos sin fundamento de personajes que sólo buscan parte de una torta mediática, y por ende la desestabilización del Estado, es deber nuestro apoyar cuando nuestro sentido común y racional es más fuerte que nuestro sentido pasional y caprichoso; quienes dicen que hay corrupción y la burocracia, pienso que primero deberían ponerse a meditar sobre que es lo que más conviene al país, no así mismos. Por tanto, nos guste o no, las reformas son un intento por mejorar, y por ende dentro del marco constitucional son democráticas. De algo si estoy seguro, que estas reformas atentarán - y mucho- contra la mediocridad de servicio estatal que es paupérrimo hoy en día en la mayoría de casos, así como contra ese espíritu maquiavélico empresarial que inyecta a la educación un estilo más "tecnócrata y superfluo" que científico y humanístico, en el mayor de casos, si hablamos del sector privado, o contra ese cuerpo de ancianos iluminados y corruptos que se confabulan con alumnos sin moral alguna para perpetuarse en el poder autónomo superior al interior de las universidades públicas.

Recojo esta noche una de las ideas del dramaturgo italiano Darío Fo, Premio Nobel de Literatura 1997, quien con ironía jocosa, pero salida de su propio corazón en su obra "Muerte accidental de un anarquista"  afirmaba que el mundo necesitaba a veces reformas, hoy puedo entender la intencionalidad que quiso llegar, y es que es verdad a veces el mundo necesita reformas, es más, pienso que se necesita hoy en día, reformas, muchas reformas, incantidad de reformas, e inclusive promesas de reformas que ahoguen todo intento nuevo de espíritu mediocre y servil que bien puede ser mejor, pero que influenciado por otros espíritus mediocres cansados de servir y de vivir terminan cediendo a lo que parece irremediable, más desidia y servilismo.


Por otro lado, y sin apartarme del contenido central de este apunte perceptivo, hoy por la mañana me enteré que hubo una protesta en el centro de Lima, y me vi obligado a actuar con cierto espíritu impasible frente a tantos reclamos insidiosos cuando me preguntaron, ¿qué opinaba al respecto? Frente a esto, dije lo que tenía que decir, no más ni menos que eso, y es que todo me parece a veces  irónico, tan irónico como cegarse ante lo evidente, en fin. Pero lo más absurdo fue leer dos aspectos lamentables, pero del todo ciertas.

Por un lado, decía el portal -que sito a continuación: http://www.americaeconomia.com/politica-sociedad/politica/policia-peruana-lanza-gases-estudiantes-en-protesta-contra-ley-universita- "La protesta se salió de control cuando la policía lanzó bombas lacrimógenas a los inconformes que se encontraban en las inmediaciones de la sede del Legislativo, a lo que los estudiantes respondieron con piedras, con saldo de varios heridos.(...)El presidente de la Federación de Estudiantes del Perú reiteró la demanda de que se archive la propuesta de Ley Universitaria a la que calificó de unilateral y autoritaria."



Más adelante refería: "Paralelamente, las marchas de las universidades peruanas coincidió con otra marcha de trabajadores estatales, que protestaba contra la recién aprobada Ley del Servicio Civil, que busca reformar el sistema laboral en las instituciones públicas. En otras ciudades del país, informaciones provenientes de estas zonas también destacaron las protestas en contra de la propuesta de ley y en rechazo a la reforma laboral en las entidades públicas."

Yo me pregunté en ese momento y me sigo preguntando hasta ahora con una sensación de poco entendimiento, "¿Qué quieren las autoridades "académicas" universitarias ahora, tanto al interior como al exterior de ellas? ¿Qué quiere el Sr. Ortiz, presidente de la FEP, ahora?" Pienso luego, "Por Dios, dejen de manejar las consciencias y las libertades de los estudiantes que nada tienen que ver acá. Las cosas no se arreglan con tirar piedras y proferir atropellos verbales, menos con obstruir pases exponiendo sus propias vidas, sino con ideas y aportes. Se construye y se reclama usando diálogos alturados que se fundamentan con logros y resultados tangibles de lo que se ha hecho o trabajado. Así se defiende lo que se reclama, con fundamento, no con una tara de palabras sin sentido. Sin duda, debe haber un llamado a la reflexión y al entendimiento."


Ni que decir finalmente, sobre los funcionarios públicos peruanos, salvo una pregunta, ¿Por qué tanto miedo a ser evaluado o fiscalizado?


Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

domingo, 23 de junio de 2013

No existe en nosotros...

No existe en nosotros el sentido de nuestro origen y de nuestro final; 
existimos y ya, morimos y ya; y sin embargo es necesario 
conducir nuestros actos y hábitos de la manera más clara y duradera: 
nuestros actos tienen la facultad de vivir 
más allá de lo que podemos vivir nosotros mismos 
porque sencillamente determinan todo, 
absolutamente todo, 
y actúan -algo así- 
como si fueran variables determinantes 
a la hora de medir 
la intención que tuvo el pasar por este vivir material. 
Luego, estamos para demostrar 
que aún las personas son, en esencia, buenas, muy buenas...

(De: Los latidos secretos del corazón. Lima. 2013). Víctor Abraham





Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

miércoles, 19 de junio de 2013

Sobre los aciertos y desaciertos de los hombres


(...) luego fui dándome cuenta de que esa habilidad - sea innata o trabajada por varios de nosotros- para escribir y para interpretar no debía quedar encerrada en un mero placer por ser leído de la manera más ególatra posible por un grupo de amigos o de allegados a la palabra escrita cada fin de semana en algún confortable recinto; fui entendiendo de a pocos, a veces por mis propias decepciones de quienes me rodeaban, y también por esos solitarios y extraños  acercamientos a los viejos maestros de los libros antiguos de la post guerra -de quienes he aprendido mucho, y a quienes debo mi formación intelectual y humana-, que debía tomar otro derrotero, y salir de todo círculo o cofradía para alcanzar mayor sinceridad posible en mis pensamientos. Sentí que necesitaba una renovación, aún no sé si para bien o para mal, la verdad que hasta ahora no lo sé, sin embargo soy consciente de que toda reforma siempre es para bien. Desde entonces esta visión mía que tengo de las cosas y situaciones que me rodean se ha agudizado, de hecho de un tiempo acá se ha vuelto más cruda y realista, pero que a la vez ésta no ha debilitado mi fe en el cambio generacional, o lo que llamo siempre, el cambio para bien de las personas  y las nuevas oportunidades. Y es que a veces cuando uno pertenece a a...., siempre está metido y enfrascado en esa necesidad de pertenencia a a..., pienso por tanto que los hombres y las mujeres deben de romper esas pertenencias  hacia ciertas as..., para CONVERTIRSE finalmente en verdaderos trabajadores del pensamiento, libres en el mayor de los casos y sin temores a expresar lo que piensan o quieren para sí mismos o para los demás, así se tenga que correr el riesgo de ser apartado o denigrado.

A veces el hacer las cosas correctas es difícil, porque fácil es decir, pero hacerlas es otra cosa, pero me quedo con el hacer, y sin embargo vuelvo a pensar que está en uno mismo tomar el camino de hacerlo o de no hacerlo, y más cuando lo que necesita hoy este país, y creo que los demás países y sociedades, es justamente eso, no se necesitan -por tanto- redactores de términos sofisticados y de figuras retóricas paliativas, menos narradores ficcionales, o séquitos snobistas del pensar y del razonar, porque créanme, que los hay, los hay a montones, en todos los lugares y según las distintas convenciones sociales a las que pertenecen. Es mi punto de vista y apreciación consciente por tanto, que lo que hoy nuestro país necesita son hombres y mujeres que no tengan miedo a decir la verdad, sino a construir sobre esa verdad, ya sea construir sus propias familias, o construir sus propias ambiciones y sueños; se necesitan hoy en nuestra patria: hombres y mujeres que sean capaces de mostrarse como son, que intenten evidenciar lo que quieren o intentan conseguir, y defenderlo, sí, sí, defender sus propias convicciones a cualquier precio cada día, y en cada momento. Por último añado que lo que necesita este país no es gente que hable o escriba decorativamente, sino razonablemente sin caer en excesos, en recelos, en odios figurativos; gente que concerte antes que disuelva, que crea antes que dude, que cimiente esperanza vez de que la debilite con ironías a zancadas, por qué entonces no nos dejamos de ironías tontas e hipocresías remendadas y tendemos de una vez las cartas sobre la mesa para decirnos quiénes somos realmente. En fin...


Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.


viernes, 14 de junio de 2013

Usted: Apuntes para una novela.

Usted, sí, sí, usted, es a usted a quien hablo, a usted que se ha atrevido a decirme que soy un tipo torpe, pero a la vez interesante; un honesto, pero también un pésimo desquiciado; un ingenuo útil imprescindible para sus propósitos (No me dijo esto, pero sus argucias tontas y enredos ocasionales al dirigirse a mí me lo hicieron notar). Le hablo a usted, sí, sí a usted mismo que me ha dicho que detrás de esa ingenuidad que más pareciera trabajada hay un ser informe, elemental, trabajable. (Me río de sus palabras, me río sarcásticamente, y no por lo que es usted, sino por la clase de hombre que quiere ser. Es que ahora tantos quieren ser quienes no son. Discúlpeme si pienso así.) Me habla a mí como si fuera el tipo más elemental que hubiera conocido - y no lo juzgo, total ya me lo lo hizo saber-, y sin embargo no, no soy nada de lo que usted piensa, lamento decirle que no lo soy, no soy eso, ni nada, sólo soy un producto social de un tiempo que no debió haber sido nunca el mío ni el vuestro, y sin embargo nos fue imperioso encontrarnos aquí, sí, aquí mismo en este meollo, usted, bajo su lineamiento miserable de orgullo, y yo por otro lado, bajo mi épico intento por vivir de la manera más simple, más apacible, más rutinaria y monótona, más endeble y caótica. Y es que los hombres no torpes, sino simples -y no hay que confundir simpleza con torpeza aquí-, somos así, así de desquiciados, de informes y naturales. Los hombres como yo, jamás alcanzamos éxitos más allá que de lo que el promedio mediocre exige, ¿y sabe a qué me refiero con esto de mediocridad, verdad? ¿Sabe usted lo que es la mediocridad verdad? dígame que lo sabe, dígamelo por favor, me urge que lo sepa. (Silencio). ¿Sabe usted que los tipos como yo estamos condenados - de manera que no considero injusta porque eso sonaría a queja, sino más bien circunstancial- a llevar como camisa de fuerza el cliché de mediocre precisamente y de modo paradójico por los propios y reales mediocres, pero, ¿sabe?, esto sinceramente me tiene sin cuidado, al menos al interior de mi consciencia todo me tiene sin cuidado; creo que los vientos de mi propia brújula aún soplan en la dirección correcta, y sólo es cuestión de paciencia, de mucha paciencia,  trabajo diario, y de tiempo para dar en el clavo, jajajaj.

¿Sabe?, éste es nuestro tiempo, y no se me haga el difícil de entender, peor, ni siquiera intente justificarse, o justificar las cosas porque ellas son como son, aprendí de mi padre que no podíamos tapar el sol con un dedo cuando todo era evidente; pienso luego que sólo los imbéciles, o los cómodos, o los innecesarios moralmente, o los timoratos de consciencia, siguen tales procedimientos y lo que es peor: obran siguiendo tales procedimientos, en fin. Sí, tenga en cuenta que vivimos dentro de un tiempo donde se nos ha enseñado desde las escuelas y las propagandas televisivas a identificar al "emprendedor" y "exitoso" con una empresa- aunque fantasma legalmente, pero empresa al fin y al cabo-, con un fajo de dinero que hace posible el descalabro sexual y racional cada fin de semana, y con una capacidad de poder adquisicional bárbara que todo lo retiene, todo lo puede, todo lo compra- inclusive consciencias, nombres y famas-. Aplausos, aplausos respetables para este seudocrecimiento, y sin embargo pienso que no se nos ha enseñado que tras ese emprendedor hay un desfalco de desigualdad humanitaria, porque seamos claros y entendamos que ese crecimiento que usted halaga, se levanta sobre el excedente económico mal adquirido a partir del trabajo extra que no se paga, de esos contratos que se firman sin ser llenados o explicados, de esas cuentas que se blanquean, de esas buenas disposiciones de aquéllos que no son dueño de nada, salvo de su propio oficio o profesión que sin darse cuenta hay arrastrado su necesidad hasta la proletarización de sus propias bondades. Sí, sí, si esta es su categoría de exitoso, debo advertirle que no lo soy, y sin embargo tengo, tengo lo esencial para ser yo mismo, y eso, eso señor, es lo que me hace feliz, entera y existencialmente feliz.

De: Víctor Abraham en "Degradación humana" Lima. 2013.

***

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú. Víctor Abraham les saluda.

Una movilización sin sustento: el objetivo, aglutinar a la manada; la gran mentira, la democracia

La consciencia de un valor cualquiera sea este da la libertad al individuo, le confiere responsabilidad, acción y fe en el futuro. Los hij...