jueves, 17 de octubre de 2013

Los caminos de los hombres

A mi apreciado amigo Himer Gómez, 
allá en Buenos Aires, en Buenos Aires del Perú.


Los caminos rectos de la coherencia y de la transparencia están enfrente de nosotros, los tenemos, se nos muestran, o mejor afirmaría que el desarrollo del curso normal de la vida nos lo muestra; y sin embargo es discernimiento nuestro, sí, sí, nuestro, tomarlos o dejarlos. Es difícil, lo sé, y más cuando sé que la decisión de hacer lo correcto es obra y gracia de muy pocos agentes, entiendo, entiendo todo esto, como también entiendo que los ejemplos confeccionados a imagen y semejanza humana, porque es cierto, carecen de ese espíritu noble, son arquetipos con pizcas de humanidad forzadas, y esto, y esto es lo que nos vende la industria del consumo, de la mediocridad intelectual, de la vulgaridad, e inclusive de la estupidez misma de reírse de la nada y sin un sentido lleno de justificaciones humanas como lo afirmaría Bergson. Entiendo, entiendo que ahora, estemos más ocupados y forzados a ocuparnos de lo más trivial y poco trascendente, porque es una realidad, tenemos que vivir o subsistir en medios más rápidos y competitivos donde no gana el más sincero, sino el más servil; donde el éxito que hoy se consigue ya no nos dignifica, sino que viene a nosotros como una suerte de maldición. Preguntémonos entonces, es compatible el éxito con la felicidad hoy en día, sí lo es para algunos, aplausos, y qué bueno por ellos, sin embargo creo que para la gran mayoría tal vez no sea así. Una cosa es decir hipócritamente, "Soy feliz" "Mis libros, mis títulos, mi confort, mi placer y hasta mis ornamentos me hacen feliz", y otra cosa es serlo realmente. En fin, apreciaciones mías.

Los caminos de la firmeza

Entiendo que últimamente estén más de moda todos esos conceptos psicológicos, de autoayuda, de literaturas light, de marketing y de sistemas, que no dudo que sirvan en algo al desarrollo de las consciencias, pero sin embargo estoy seguro que sólo tocan el problema de la consciencia humana muy leve, casi mínima, tal vez porque detrás de esos conceptos propagados en conferencias y pensiones universitarias caras, círculos cerrados en cuyas puertas siguen apareciendo, -tal vez no expresa, pero estoy seguro que de manera tácita-, esa famosa expresión de "se reserva el derecho de admisión". Es lamentable todo esto porque detrás de esta maquinaria subsiste el lucro, pero no ese lucro de recuperar lo invertido, sino sórdido de ambición, de lactancia material desmedida. Yo les hablo no a los poderosos que tienen su dinero, sino a los pobres de consciencia, de reflexión, de decisión. Yo no me sitúo en medio de los pobres y los ricos para atacar o para apoyar, sino que mi lucha se debate en el centro de los espíritus, de la consciencia y de la inconsciencia de cada ser humano porque esto es lo más grave, lo más perturbador, lo más detestable. Cuando era un adolescente universitario siempre abracé la lucha por los que menos tenían, hoy en mi edad de buscador adulto abrazo la lucha por los que más necesitan. Sigo pensando que las personas en esencia son buenas, no más que eso, no más bondad que lo que les podamos dar. Nuestro trabajo hoy por hoy, pienso que es el compromiso, nuestro compromiso con el amor, con el amor en todas sus dimensiones, y bajo todas sus matices.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

domingo, 6 de octubre de 2013

Sobre la escritura y el arte

Cuando uno lleva implícito en la personalidad propia ese extraño sentimiento de escribir- y es consciente de ello- no anda por ahí dando recetas, ni explicando a los demás los misterios que encierran este proceso, ya sea el de escribir poemas, el de escribir narrativas fantásticas o detectivescas; pienso que eso al fin y al cabo obedece más a un aspecto de marketeo personal y económico que consiste en atiborrar escenarios con individuos provistos de cuadernos y lápices -previamente seleccionados-, aspectos que no he entendido hasta hoy porque no ha existido nunca ni existirá - al menos para mi imaginario propio- una escuela para creadores de la palabra, no se pueden formar creadores de palabras, expresiones, versos o párrafos así como así, quien hace esto: está mintiendo; sí  en cambio puedo imaginar escuelas de normatividad ortográfica reglamentadas al interior de universidades o instituciones competentes en ello, con sesiones de redacción validadas y llevadas a cabo por profesores especialistas, tal vez lingüistas, filólogos, o maestros de gramática, total, es esa su función, y están competentemente preparados para llevar este tipo de empresa a cabo, puesto que la escritura es una facultad humana inherente a cada uno de nosotros, es aprehensible, trabajable, asimilable en el sentido literal de la palabra, escribir desde ya nos hace escritores todos y a todas, sin embargo, lo otro, eso de la creación misma como arte, es otra cosa: esto va más allá de un simple interés ortográfico o gramático, e inclusive estético.

El creador siente las palabras y las coloca todas, todas una tras otra, seguidamente por impulsos cíclicos, algunas veces alegres, otras veces no tan alegres, estas relaciones de palabras obedecen más a sensaciones extrañas e inquietas de carácter interno que externo, esa capacidad se forma día a día a veces - inclusive- en la soledad misma, en la angustia personal, en el paroxismo emocional, en las vivencias propias, en los deseos internos, ect; por tanto pienso que son todas estas extrañas circunstancias que rodean al individuo -y que muchos llaman, inspiración-, lo que lleva a la escritura a convertirse para los críticos en aceptable o no aceptable, empero a veces todas esas extrañas sensaciones no son todo, no son suficientes; la otra parte vital, la otra formación, se consigue diariamente en base a las lecturas personales que cada quien selecciona y por la cual opta.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú. Víctor Abraham les saluda.

viernes, 4 de octubre de 2013

En torno al hombre común

Debe ser así como algo hermoso, y más humano ver allá, más allá de los ojos: un gesto, sí, sí, un gesto más solidario y apreciativo que por fin exprese sinceramente un "te acepto como eres". (Es que sucede que vemos tantos gestos durante el día, y probablemente también ofrecemos otros tantos que son los nuestros que francamente ya no sabemos cuáles evidencian ello, la aceptación sincera del ser.) Luego, sólo llevo una vida y es muy simple, la única que me ha permitido recoger tantas experiencias que a mi edad se me haya permitido asimilar en los distintos espacios y tiempos. Concluyo por tanto que un hombre que se topa a diario con desazones funestas, pero también con alegrías tiernas:  ya nada, nada de lo existente y mirado puede sorprender. Veo a diario a personas en todo lugar y a cada momento, de todas las edades y de todos los tamaños, eso, sin mencionar sus credos y colores de piel. Subo por la estación aérea del tren, no sin antes haber compartido una ligera fila con los otros con el fin de cargar mi tarjeta de transporte, todo eso pasa rápido, muy rápido, espero en la estación y me detengo a observar una línea amarilla que se ha dibujado en el piso con el fin de remarcar el límite que el pasajero no debe cruzar, y cosa curiosa veo que dos personas la cruzan. En fin, sigo mirando, pensando, anotando y repensando otra vez, en el tren me voy parado porque no hay asiento libre, una señora de anteojos recuesta su cabeza de pronto, son algo así como las ocho de la noche, hecho que me causa incomodidad, pero a la vez una ternura y comprensión extraña. Cuatro estaciones y bajo, todo esto sucede antes de ir a recoger a Magaly Victoria del instituto. Llego, y espero, aún nadie sale, la calle se pernocta vacía y negra, unos faroles la alumbran débilmente. Camino un rato un tramo de la misma calle, y sigo esperando. Pienso, pienso mucho en lo que veo y percibo y alcanzo a entender algo:

"El poeta anda hablando de su "propio yo" que aflora de su propia inconsciencia subjetiva, el filósofo anda buscando en su propio razonamiento consciente tantas miradas como le sea posible, miradas que no pueden provenir, sino del trato con los otros y del orden natural de las cosas. Sin embargo el individuo común, el individuo de a pie, ese hombre al que se le está negado los abstractos de las interpretaciones y las extrañas interpretaciones de metáforas sin sentido, sí, sí, a él y sólo a él, le está revelado sino los misterios generales de la vida por lo menos la de su propia y única vida, (y afirmar esto, es ya bastante)de la manera más clara, limpia y directa. Él, en su sencillez -que muchos pueden tildar de ignorancia- entiende cosas también, tal vez no a la gran escala "intelectual" de los primeros, sí al nivel prudente "objetivo" que lo hace feliz. (Eso, es ya mucho) El ríe cuando debe reír, y llora cuando debe llorar, eso entiende porque los estados de sus emociones le dicen que haga de vez en cuando estas dos acciones; cocina cuando debe cocinar porque tiene hambre; se cubre porque percibe frío; tiene necesidad de hacer el amor físico carnal porque sus instintos genésicos así le ordenan; gasta su dinero porque tiene necesidad de hacerlo; trabaja porque sabe que ésta es una forma de sostenimiento vital; abraza a su cónyuge como lo haría cualquiera de nosotros porque siente que la quiere; a veces también discute usando los peores lenguajes, se siente cómodo así, ese extraño y desconsiderado lenguaje le provee seguridad y fuerza, total, el bagaje cultural no le interesa porque no es prioridad en él mostrarse culto, no lo es y es feliz así. No ansía famas ni trascendencias que sí corroen al poeta y al filósofo de vez en cuando, y es que sucede que a veces no los entiende, y no entiende porque ellos deban empujar su vida hacia lo más absurdo e idiota. Qué va, esos tipos son unos locos para él, entiende su vida, y punto. Su pragmatismo maquiavélico y su relativismo absurdo -a veces- es lo único que tiene, y eso, eso es ya suficiente para entenderlo. Tal vez el filósofo y el poeta lo hayan tachado ya desde hace tiempo, y sólo se interesen por él: siempre y cuando sirva como pieza útil de interpretación, ellos piensan que ese hombre jamás estará al nivel suyo, no lo necesitan como tampoco él cree necesitarlos. Empero, si hay algo de saludable - e interesante- en estas formas de relaciones humanas son las distintas maneras de vivir, y ésas marcan la felicidad que cada uno siente sobre sí mismo, sobre su propio lado."

Pienso luego, en la felicidad de los hombres, pero también en su simpleza; y determino, que cada quien usa los recursos necesarios para edificarse a sí mismos como individuos felices, en algunos casos escribiendo libros -producto de inspiraciones mas o menos caústicas-, en otros casos anotando en papeles sueltos interpretaciones porque todo, todo debe anotarse para ellos, pero hay otros, los otros casos en los que simplemente se opera como único recurso para alcanzar la felicidad: el libre albedrío, esto mismo que expresado en pocas palabras, es el vivir por vivir no más. En fin, palabras, palabras mías.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Análisis de una noche: Sobre el ego, los seguidores, las fuerzas morales y los espíritus de la redención


Sobre el ego



Vivimos del ego, o lo desechamos totalmente, ya que esto degrada nuestros propios valores y encasilla nuestras habilidades que podrían arder aún más, empero sin embargo quedan reducidas, jamás desarrolladas en su dimensión real, ya que las atamos a simples opiniones, conjeturas externas, y hasta aplausos desmerecidos que terminan haciéndonos caer en el vacío de rebajar nuestro talento, nuestra esencia, nuestra firmeza de palabra, en fin, por congraciarnos con entes ajenos a nuestra propia realidad y consciencia. Luego, el ego, el afán desmedido, la relativa fama ilusoria hacen que ya no podamos reconocernos a nosotros mismos, puesto que anula nuestra razón y lógica haciéndonos caer en el hecho mismo de prodigar cada día, y con una mayor desesperación, nuestro propio trabajo. 

Sobre los seguidores

Se me acusa de ser un patético y dramático por lo que expreso, muy bien, aplausos, lo acepto, y no tendría porqué negarlo porque mi intención no es agradar, sí, decir la verdad. No busco seguidores; sí, personas capaces de pensar por sí mismos y de actuar según su propia decisión. Total, una persona rebelde que cuestiona y analiza producto de su propio razonamiento, y por ende se niega a seguir, vale más que otra que sólo se limita a echar flores de vez en cuando, y a admirar calladamente. Nadie merece mayor admiración que aquel hombre o mujer que hace de la humildad y la sencillez su camino perfectivo, y de su vida un trabajo solidario de todos los días.

Las fuerzas morales

Sed, uno mismo primero, luego trataos lo más concreto posible de estar dispersos, o al menos que nuestros pensamientos los estén porque es sabido- y es una gran verdad- que todos y todas tenemos mucho que decir y pensar, y finalmente uníos fuerzas, más que de índole brutal y sagaz, de índole mental y moral. Yo les digo, dense la mano. Caminen juntos, y busquen una comunión armónica entre el pensamiento que desea tener y la necesidad que necesita sentir haciendo a un lado todo tipo de juzgamientos insanos, de miradas indiferentes, y todo aquéllo que no nos ayude a crecer. 

Sobre los espíritus de la redención

Las cosas las digo de frente, no me escudo en nombres que no son míos ni creo conversaciones impulsadas por la doble intencionalidad porque las personas merecen nuestro mayor respeto y solidaridad, yo creo y pienso convencido que cada quien hace y orienta su vida según elecciones y decisiones que operan según nuestros propios valores, o lo que yo llamo códigos de verdad. No te guardo rencor, te perdono, tal vez porque mi ética y esa extraña coherencia mía con mis propias ideas es muy fuerte. De allí que mucha gente se pregunte sobre cómo puedo perdonar a quién me hace daño o me causa una frustración, o cómo puedo olvidar el daño que se me ha hecho, y más aún perdonar a esa persona, sin mencionar ese cómo puedo no ser feliz - o sentirme feliz- si estoy unido a personas que me causan dolor, interrogantes que nunca tienen respuesta porque no son halladas en eso que yo reconozco como redención o regeneración, porque entiéndelo bien, entiéndelo muy bien, que todos, absolutamente todos, estamos llenos de frustraciones, de miedos, de temores, de vacíos y contradicciones, e inclusive de locuras permanentes porque nuestra alma vive atormentada por recuerdos del pasado, circunstancias desfavorables del presente y por proyecciones de un futuro que aún desconocemos, estos, sí, sí, estos son estigmas que cargamos siempre, cruces existenciales sujetas a nuestro propio "Élan vital" o impulso vital que muy bien define Bergson en sus tratados filosóficos, y en el que yo también creo convencido, total, soy un hombre de hechos y de acciones concretas que usa como método de trabajo para mis propias interpretaciones, eso que llamamos existencialismo. No hablo aquí de personas que dañan, sino de sujetos que no olvidan esos daños porque sencillamente están recubiertos de sentidos falsos y de omisiones sanas de alegría. En fin. No más palabras, sí, sí, muchas reflexiones. Luego, espero, espero yo mismo y creo, creo asimismo, en ese querer con el corazón y dejarse querer también con el corazón.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

martes, 24 de septiembre de 2013

Deber

El mayor deber de las personas consiste en ser grandes y orientar sus propios esfuerzos a alcanzar ello, más allá de cualquier situación de frustración inmisericorde del pasado o del presente, vislumbramos futuro con pensamiento y acción, y eso -al fin y al cabo- pienso que es lo más importante, pero esta tarea no se completa sino logramos del mismo modo hacer grandes a los demás que cruzan nuestra propia vida. Luego, hay un mundo allá afuera, sí, sí, afuera de nuestras comodidades, que espera ser atendido, son como nosotros y como nosotras, ríen y comen como nosotros y nosotras, se alegran y se entristecen como nosotros y nosotras, somos en suma nosotros y nosotras mismos reflejados en los otros.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

domingo, 22 de septiembre de 2013

La dimensión del amor: sobre los grupos, los individuos y sus consentimientos.


¿Qué tienta a nuestra propia consciencia a no poder superar nuestros propios errores? Los círculos viciosos que se forman cuando hacemos el intento por avanzar, y sin embargo, nada.

Las personas a veces no entendemos todo esto y nos enredamos en círculos viciosos. De allí, que siempre estemos tentados a salir con las personas equivocadas, aquéllas que se toman por apuro, luego de una noche "cómoda" de sexo vacío, o de un despecho pueril. Porque es verdad, fácil es dejarse llevar, tal vez guiado por conveniencia propia o por conveniencia del otro - y váyase a saber de qué tipo de conveniencia interpretemos por esto-,  en fin. Simplemente digamos que las conveniencias existen y subsisten, y están mucho más enraizadas en las personas que adolecen de una inteligencia emocional y empatía sana.

Algunas veces, ese "salir" con personas equivocadas obedece a una necesidad, pero no me refiero a esa necesidad propia y sana del individuo por buscar sentirse identificado y acompañado de alguien- y por ende gratificantemente realizado-, sino a esa urgencia enfermiza por aferrarse a ese alguien del pasado, o tal vez del presente, qué sé yo, por situación venial o banal olvidando lo más importante que el bienestar personal y moral. A veces, pienso que es mejor percibir, sentir y dejar pasar cuando sintamos que nuestra presencia sólo genere - y sabemos cuándo ello pasa- una sensación de incomodidad y vacío para el otro, y para los otros que devengan de éste, familia, pareja, hijos, hermanos, padres y demás familiares. Es difícil, pero es necesario para no ilusionar ni engañar a nadie, menos a nosotros mismos. Pienso que cuando se omite esa especie de regla del "percibir, sentir y dejar pasar" estamos abriendo -bajo los clichés de "amigos con derecho", "parejas sostenidas por relaciones abiertas", "paños de lágrimas", "confidentes anónimos y furtivos", y todos los demás adjetivos que acarreen estas acciones de doble propósito que están lejos  de construir afectos reales, sino más bien seudoafectos cargados de sentimientos de culpabilidad-   la posibilidad de eso que yo llamo relaciones afectivas por conveniencia o frivolidad, y entonces a partir de allí obran en nosotros todos esos elementos que se llaman: infidelidad, deslealtad, superficialidad, esquivez y mezquindad. De allí que las relaciones afectivas, hoy en día, estén supeditadas al interés, no propio, sino por el otro.

De grupos e individuos

Estamos rodeados de todo tipos de individuos: algunos justos, otros menos justos, y otros nada justos, pero individuos al fin y al cabo con quienes tenemos que convivir, vivir, y por supuesto tratar. Escuchamos palabras, leemos consejos, disponemos de experiencias, todo esto sirve, lo sé, pero a la hora de tomar las decisiones por cuenta propia- cosa curiosa- no podemos aplicar nada de esto, eso es muy común, pero preguntémonos si es normal y saludable, y el problema se agudiza más cuando estamos frente al grupo externo (qué importa lo que piense en  mis adentros), y a esa necesidad imperiosa de probarnos que somos tan igual como los demás con el fin de ser aceptados, congratulados y hasta reconocidos y "queridos" dentro de colectivos que no son nuestros ni pertenecemos. Sin embargo es raro todo esto, pero siempre he tenido la sensación que si el individuo no actúa conforme al grupo empieza a cavar desde ya, desde el instante preciso que reconoce su individualidad, su propia muerte social. Sin embargo no quiere decir con esto, que las razones externas no deban ser escuchadas ni respetadas , sino al contrario, analizadas y guardadas en aras del pluralismo común que debe regir nuestras vidas. Luego, el respeto es ante todo prioritario.

Las cosas son como son, si uno no quiere nada, mejor nada. A veces es difícil de entender esto, pero uno mismo se genera problemas, si camina en  dirección contraria.


La dimensión del amor

Yo creo en el amor, creo mucho en el amor entre dos personas, siempre y cuando no haya una intencionalidad de daño a terceros, y coexista - por supuesto- el libre  y sobre todo limpio consentimiento de amar por ambos lados porque las personas que llegan a nuestra vida merecen ser recibidas con el mayor espíritu sincero. A veces nos cuesta aceptar esto, pero es necesario, no puedo mentirme a mi mismo con alguien a quien en vez de querer sanamente, lo termine ilusionando, forzando o engañando sólo por puro capricho e interés personal. Las personas no se merecen esto.

Si alguien quiere una mujer o un hombre a su lado, debe salir a la calle y buscarlo o buscarla, serle claro desde el primer momento en cuanto a las intenciones reales; si en ese transcurso alguien se enamora bien, y si es correspondido mucho mejor, total, todo entra por el impulso físico, lo otro - el de las emociones- se desarrolla luego. A partir del consentimiento mutuo, surge una relación afectiva que después alcanzará la dimensión de valorativa. Todo a su tiempo. A partir de allí, se trabajará diariamente por fortalecer esto que ha nacido dando lo mejor de uno mismo al otro. Luego, las situaciones más insospechadas, raras y extrañas terminan por sobrecoger a nuestras emociones envolviéndolas luego en explosiones impetuosas de deseo físico, carnal y orgánico, pero también en explosiones afectivas de cariño y de reciprocidad. Ambos tipos de sensaciones enriquecen el enamoramiento.


Nunca debemos mentir al otro, porque entonces nos estaremos mintiendo a nosotros mismos, ya que de nosotros depende el orden de nuestra propia estabilidad y felicidad. No busquemos pretextos luego, para no decir que somos felices. El problema de mentir configura un problema mayor, esa sensación de vacío e indiferencia que uno mismo se genera y lo que es peor, genera también a la otra persona.Luego, el perdonar es inherente a toda persona, y depende de ésta llevarla a cabo o no, depende de la edad, de las circunstancias y de la persona a quien tenemos al frente.

Sólo los individuos capaces de dar todo, y de dejar de lado las mezquindades o remilgos de afecto diarios desarrollan,  pienso yo, esa capacidad de amar y de perdonar respecto al ser propio, y al otro. Esa capacidad de amar es inherente a nosotros, está en continua prueba y evolución, y depende de nosotros sobredimensionarla, en fin, el reto está allí y es menester de cada quien asumirlo, y más ahora cuando ese amar se hace mucho más difícil con cada día que deviene, porque es una realidad que hoy: las apariencias y las superficialidades han ganado terreno, y ya nadie quiere intentar amar. Sin embargo esto, esto no debe desanimarnos, en fin, cosas, cosas y más cosas.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

jueves, 19 de septiembre de 2013

El lenguaje de las palabras

pero las ideas no bastan, nunca sirven por sí mismas, fácil es pensarlas o arroparlas con palabras, ah, las palabras, las interminables palabras, que por sí solas carecen de validez, de ton y son; las experiencias son más importantes, los viajes, las conversaciones triviales e inesperadas, e inclusive las emociones y las pasiones juntas tal vez son más importantes que las ideas. Las ideas son mágicas, truculentas, seductoras, envolventes, sugestivas, eso lo sé, sin embargo son las vivencias y experiencias del individuo las que las vuelven con sentido, más certeras y dignas, más filosóficas, algunas veces más morales, otras, simplemente más sencillas, en suma vivificadoras.

Desde Lima, ciudad capital del Perú. 

Víctor Abraham les saluda.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Ricos, pobres y consecuencias.

"La pobreza no justifica la destrucción de la Amazonía", eso ha dicho el ministro del ambiente Manuel Pulgar Vidal hoy, al menos así lo he leído en el diario La república esta mañana, hecho que me lleva a pensar dos cosas: la primera que es cierta, y la segunda que es otra vez cierta, y es que sucede que le creo porque pienso que indefectiblemente la pobreza no puede convertir al individuo en delincuente común, es más, no debe en ningún momento este adjetivo  ni sus acciones que de ello deriven, justificarse en la escasez material o viceversa.

El gran problema de siempre 

Foto tomada del portal:
http://blogs.gestion.pe/reformasincompletas/2013/08/mineria-ilegal-y-mineros-infor.html
Sin embargo, tras esto debo admitir también que mucho de parte y quizá de culpa mayor lo tengan los ricos que empujan a los pobres a deteriorar sus propios hábitats, so pretexto de proveerles un trabajo que en muchos casos se ofrece en las condiciones más execrables e inhumanas, pienso en esto y me reafirmo, ¡que cosa ilegal puede proveer estabilidad o legalidad!

Todo esto de ofrecer "remuneraciones adecuadas y exorbitantes", así puesto entre comillas, ya resulta algo pocamente creíble, una cosa paliativa, muy paliativa. Entendámoslo bien que digo paliativa porque tras esos pagos mediocres y "pobres" porque lo son frente a lo que obtiene el rico, producto de las relaciones sociales que teje y compra con todos los organismos de poder a escala nacional y mundial no tienen comparación, - total, ¿quién hoy en día no cede al dinero?, sinceramente que el hecho  mismo de pensar en esta posibilidad como opción de desarrollo y de vida, me produce un pavor, me produce una pena colmada y reprochable, en fin-.

Decía que más allá de estos ingresos momentáneos no hay nada, o no queda nada, absolutamente nada porque es cierto- y seamos claros en admitirlo-  que uno de los puntos más álgidos y que nadie quiere reconocer abiertamente, es que mucho de la bonanza de nuestra economía peruana, esa que nos arroja cifras macroeconómicas sin sustento real en el individuo de a pie, sí, sí, en el individuo común y corriente radica y se sostiene, y en porcentajes altísimos (cercana y alrededor de 5 mil millones de dólares), en la suma del blanqueo del dinero proveniente de la droga más el de la minería ilegal e informal que ya la está superando y que en cierta forma complementan los canales de ingreso de la minería legal que hipócratamente la desdeña, pero la alimenta con los canales de comercialización que van hasta los mercados legales internacionales, además de las maquinarias de gran tonelaje, equipos e insumos como el arsénico y el mercurio, y los canales financieros y políticos, obviando todo tipo reglamentaciones hasta convertirlos en un puro y simple saludo a la bandera.

Pienso que esta mafia monopólica trasnacional, porque hay que decirlo con todas sus letras, porque eso es, sí, esta misma que se ha enquistado para mal y vergüenza nacional en parte de nuestra historia, y que ha sido permitida por muchos gobiernos anteriores, o al menos en los de los últimos cuarenta años, y ocultada para beneplácito de poderes ocultos sin nombres ni rostros, esos mismos que hacen aparecer hoteles de lujo en la selva, flotas de buses modernos y de camiones de alto costo, y residenciales en las partes más caras y exclusivas de Lima y provincias, todo eso gracias a que colocan en el mercado mundial -sin que nadie diga nada -grandes tonelajes de minerales, al puro estilo de esas letras de salsa que se me viene ahora a la mente: "y cómo lo hace, cuál es el negocio..."

Una historia nada buena


Foto tomada del portal:
 http://www.portalnet.cl/comunidad/historia.945/1028813-hu-el-mal-del-opio.html

Todo esto que he mencionado, no es sino, parte pura de una historia heredera que se repite de lo que fuera en el pasado la guerra del opio en la que una Inglaterra a cañonazos hacía abrir sus puertos a la China para introducir el opio (droga) en  el siglo XVIII, o el crack estadounidense que vendían las agencias secretas norteamericanas para financiar la contrarrevolución en Nicaragua entre los años de 1980 1990. No es raro que quienes acumulan hoy en día grandes fortunas, producto de la extracción de minerales ilegales sean inmensos grupos financieros que compran dólares baratos en la selva para colocarlas en el mercado legal, poderes trasnacionales que subsisten gracias a grandes paraísos fiscales, fortunas sin nombre ni apellido, y que la televisión sólo no muestran a pequeños paqueteros que venden ketes, o a bellas burriers que intentan ganarse algo dentro de un gran mercado de pobreza y desocupación para las mayorías populares . No es raro, y esto se me viene a la mente en estos momentos  que en el Perú del virreinato el indio haya prodigado su trabajo a cambio de grandes dosis de alcoholismo, fiestas patronales y coca promovidos desde el poder colonial para domesticarlos y embrutecerlos. Sin olvidar, por supuesto, el trabajo intermediador de los grupos bancarios financieros,  donde políticos, curas y altos mandos militares y policiales han estado envueltos - y lo siguen estando hasta hoy- junto con los poderes judiciales.

¿Qué hacer?

Todos estos lastres se han tapado por años  hasta llegar al extremo de ser hoy en día innegables porque es real, todo es real, inclusive los daños que han rebasado todo lo "permitible legalmente", ya que estas fuentes retroalimentan al sistema capitalista en el que vivimos, y cuyo vigor viene perdiendo fuerzas, especialmente en cuanto a sus tazas de ganancias.
Foto extraída del portal http://www.tvperu.gob.pe
Pienso por tanto, y sosteniendo mis propias ideas vertidas al inicio que la pobreza debe alimentar ante todo principios, normas, códigos de verdad para evitar caer en la propia ignorancia de creer que un puñado de dinero o  la propia necesidad material puede justificar tal abominación depredadora. Total, qué podemos ofrecer a los miles de desocupados que caen en estas redes, sino áreas de producción que generen valor agregado, apertura de mercados a los productos vilipendiados como la coca para darles alternativas productivas saludables, revisión de cláusulas de los tratados internacionales sin reglamentación que fomentan mercadería subvaluada o de mala calidad que hacen competencia desleal a  nuestros productores, y tantas otras sugerencias que espero los lectores a esta crónica sumen a los distintos ángulos de opinión propios.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

Me deja tranquilo...


Me deja tranquilo el hecho mismo de tener mi consciencia tranquila, fácil es arroparse bajo una falacia, ya sea directa o indirecta, y al parecer creo que esto está de moda, sin embargo, eso en realidad no me llama la atención tanto, no me preocupa, no me llama la atención el daño en sí, sino el móvil que lleva a dañar al otro, ese móvil tan extraño y repentino. Fácil es safarse de la responsabilidad del orden y de la reflexión premeditada, del respeto a sí mismo y del respeto al otro, no cuesta nada, y más cuando existen tipos de personas diseminadas por allí- porque los hay y existen a montones- esperando un traspié nuestro, esperando una ansiedad nuestra, o una confusión propia para aprovecharse de ese transitorio caos estacionario y hacernos caer en una honda sensación, sí, sí, en esa honda sensación de vacío irrevocable, existen y subsisten estas personas porque nosotros mismos lo permitimos, personas que nos hacen creer que un confort pasajero suple las disvariaciones de la consciencia, ingenuos razonamientos, y digo ingenuos porque esas disvariaciones de la consciencia no se cubren con escapes, sino diálogos sinceros, y es allí cuando recién damos forma a esto que llamamos entendimiento. Nada es más tranquilizador y revitalizador que la propia condición de ser auténticos, de decir "siento esto", y seguir creciendo. 

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

domingo, 25 de agosto de 2013

La voluntad de los actos


La grandeza de las personas se manifiesta en los actos reflejados a través de sentimientos verdaderos y sencillos, claros y límpidos . Fácil es sentirse grande cuando se tiene de por medio reconocimientos sociales, respaldos y situaciones fáciles que ayudan y hacen crecer la autoestima, no dudo que ello ayuda, ayuda mucho, pero la mayor grandeza no radica ahí, sino en el temple personal, sí, ahí mismo, se hace de espaldas a todo respaldo, en las dificultades con que se afrontan las cosas duras de la vida, y en el carácter que se tiene para superarlas, y seguir creciendo, y creyendo. Es allí donde se evidencia la grandeza de las personas.

Luego, los seres humanos sólo tenemos dos vías, dos caminos que recorrer, y es deber nuestro escoger una, una sola frente a los sucesos de deshumanización diaria del mundo contemporáneo que cada día parece estar más empeñado - y resignado- en caminar hacia su propia degradación, sí, sí, porque vivimos, y entendámoslo bien, en un mundo que se debate sin soluciones concretas (porque todas son medias, mediáticas), donde el relativismo frívolo cobra más aceptación dentro de las propias consciencias individuales cada día. 

Indudablemente, que frente a este panorama, o encogemos los hombros, y decimos, esto no es conmigo -que sería lo más razonable y justo porque nadie es el salvador de nadie-, o viceversa actuamos como si lo fuéramos, como si quisiéramos intentarlo. Luego, cada quien ha de ser libre para optar por una de estas opciones. Veo el futuro, y me veo allí mismo, junto con quienes hemos asumido como parte de nuestra vida la conscientización diaria, el restablecimiento de la paz interior, la prioridad del servicio, y el rechazo a todo tipo de imposición estatutaria y servil. El futuro, no está lejos de nosotros, somos nosotros, lo vivimos ahora más que nunca aquí. Somos productos sociales de nuestro propio tiempo. El presente está en nuestras manos que trabajan, y en nuestra fe que cree en el amor, y en la posibilidad de bondad que aún puede albergar el Ser humano. Espero, espero me hayan entendido, más nada. 

De: Profesión del pensamiento. Lima. 2013

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

sábado, 24 de agosto de 2013

Escribir, por ejemplo...

¿Somos lo que escribimos realmente o sólo somos una ínfima parte de toda ese mundo complejo que subsiste en nosotros mismos?

Escribir por ejemplo...

Todos podemos escribir, es más, todos lo hemos hecho, sino en todos los momentos de nuestra vida, por lo menos en algunos pasajes de ella; escribimos por necesidad de liberación (y se me viene a la mente todas esas rarezas - aunque ciertas, citadas luego de alguna presentación de un libro- que dicen los poetas cuando se les interroga sobré cómo conciben la escritura para sí mismos), lo cierto es que sea liberación, estado de trance inspirador, o que sé yo, la acción de escribir en sí misma es - valga la redundancia-: la misma, coger un lápiz y una hoja y divagar sobre ella, o situarse frente a un ordenador y hacer lo mismo.

También existe escritura del otro lado, una escritura por situación meramente rutinaria de redacción cuando por ejemplo un estudiante cualquiera se siente de pronto forzado a transcribir literalmente temas asignados para alguna materia o asignatura de estudios dejados por algún profesor para ser trabajados durante un fin de semana, sacrificando así un tiempo que debería estar dedicado a una llevar una estadía -de sábados y domingos- más placentera, cosa cierta, o no, estoy seguro de que ésta también es una forma de escritura, aunque direccionada, forzada, o utilitaria bajo el afán de "necesariamente útil para aprender" es sigue siendo también el mismo proceso, coger el lápiz, los libros y el cuaderno y divagar - aunque más objetivamente- sobre esas páginas rayadas o cuadriculadas. He incluso llegado a escuchar que este tipo de escritura es la más aburrida, pero creo que al fin y al cabo útil, por lo menos a largo plazo, en fin.

Existe también otro tipo de escritura, el de las relaciones laborales y formales, es que está destinada a las secretarias de oficina de por vida, cual albaceas de la formalidad siguen al pie de la letra todos los convencionalismos. (Las admiro por ello, porque aunque su trabajo me resulte bastante mecánico, me resulta loable admitir sí, la dedicación que ponen a dicha documentación al momento de cuidarlas sagradamente bajo "siete llaves"). Con este tipo de escritura pasa algo extraño, porque está enmarcada bajo una necesidad de comunicación tal que reduce al milímetro -hasta desaparecerla- cualquier tipo de pequeña creatividad, es el formato y punto. Así, predomina aquí una situación de solicitud, encargo o justificación, ejemplo de ello, el escribir para evitar un descuento justificando una inasistencia laboral, o una salida temprana antes de la hora (y a quién no le ha pasado ésto), a ello debo reconocer que esta escritura resulta la más cuadriculada de todas, porque es la que más se debe pegar a los procesos formales, y estilos de redacción. Ahora que se me viene a la mente este ejemplo, que es lo más común, y sin embargo me resulta aún algo indecoroso que tengamos que someter nuestra verdadera intención comunicativa a meras formalidades cuando en el decir - y escribir-: "falté por esto o por aquéllo", tenga mayor valía por lo que intentamos decir cuando escribimos, en fin, como una vez afirmé, y me resulta tedioso aceptarlo hasta hoy son los escritos que más detesto hacer, pero entiendo que son necesarios a la hora de subsistir dentro de este espacio de convivencia institucional en nombre de la sagrada formalidad social, ésa llena de esquemas, sangrías, pegados a la derecha e izquierda, vocativos, firmas y post firmas, ah, y no menciono el cuidado de no sobrepasar los trazos en la línea de la firma.  Aquí otra vez nos encontramos con el mismo proceso, coger un modelo preestablecido, cambiarle de datos, y bueno, seguir escribiendo, pero esta vez bajo una intencionalidad.

La esencia de la escritura

Podría citar muchos ejemplos más, pero me alejaría de mi verdadera intencionalidad a la hora de escribir este artículo, y que planteé al inicio con esta interrogante abierta, fácil es escribir, resulta fácil hacerlo, usar las palabras y hacerlas encajar entre sí mismas unidas a conectores tan simples, pero a la vez tan difíciles de memorizar- y esto, no le quita su simpleza- como cuando contemplamos la línea de una circunferencia desde el interior sintiéndola como cóncava, y viceversa si la vemos desde el exterior como convexa. Cada uno, entiende, comprende e interpreta a su propia manera el orden de las cosas, esto de cóncavo y convexo resultaría a simple vista algo presuntamente intrincable o confuso de asimilar, pero no lo es, es fácil, ya que nuestra intención comunicativa, en muchos casos cuando no es objetiva o clara, puede perderse en los múltiples entendimientos y miradas, tal es el caso de una poesía subjetiva; aquí, siempre el lado interpretador será avistado desde el punto personal en función de una cultura propiamente estética, de allí que el interpretar conlleve una suerte divorcio respecto a la intencionalidad real del poeta. Por otro lado, cuando un escrito resulta bastante objetivo, llámese en una nota informativa o dentro de un ensayo las interpretaciones resultan de pronto más concienzudas y menos divagables, pero aún así no resultan tan convergentes, dado el hecho mismo que lleva implícito una interpretación que es ante todo una visión personal, y por ende distinta entre una y otra, en fin.

Sea como fuere, estoy seguro y discrepo abiertamente con quienes conciben a  la escritura como un don místico propio de una clase selecta, esto me resulta patético, y admitirlo, aún más, reconozco sí, que la escritura, entendida en sí misma como una virtud del Ser humano, es uno de los canales de expresión - porque el otro es la oralidad- más importantes, siendo por tanto necesario cultivarla, y se cultiva, practicando, escribiendo día a día, el leer ayuda mucho, amplía el vocabulario, nos acerca a un estilo propio, no copiado, por tanto la escritura se trabaja constantemente hasta hacerla una habilidad motora fina, pero esto es sólo una parte de ello. La práctica enseña, pule, perfecciona; sin embargo, y allí está la mayor responsabilidad a la hora de escribir: la otra parte, la más relevante, que es el uso que se le da a ella en sí misma respecto a la ciudadanía, cuando es hecha con honestidad, limpieza y transparencia alejada de toda intención burda, de todo lenguaje soez, y de toda intención manipuladora y perjudicial. La escritura es indefectiblemente vivificadora y formadora, no tergiversadora, por eso he allí, el gran compromiso de los que hacen de la escritura su trabajo, porque la escritura es en sí misma un trabajo que requiere dedicación propia.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

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