martes, 24 de septiembre de 2013

Deber

El mayor deber de las personas consiste en ser grandes y orientar sus propios esfuerzos a alcanzar ello, más allá de cualquier situación de frustración inmisericorde del pasado o del presente, vislumbramos futuro con pensamiento y acción, y eso -al fin y al cabo- pienso que es lo más importante, pero esta tarea no se completa sino logramos del mismo modo hacer grandes a los demás que cruzan nuestra propia vida. Luego, hay un mundo allá afuera, sí, sí, afuera de nuestras comodidades, que espera ser atendido, son como nosotros y como nosotras, ríen y comen como nosotros y nosotras, se alegran y se entristecen como nosotros y nosotras, somos en suma nosotros y nosotras mismos reflejados en los otros.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

domingo, 22 de septiembre de 2013

La dimensión del amor: sobre los grupos, los individuos y sus consentimientos.


¿Qué tienta a nuestra propia consciencia a no poder superar nuestros propios errores? Los círculos viciosos que se forman cuando hacemos el intento por avanzar, y sin embargo, nada.

Las personas a veces no entendemos todo esto y nos enredamos en círculos viciosos. De allí, que siempre estemos tentados a salir con las personas equivocadas, aquéllas que se toman por apuro, luego de una noche "cómoda" de sexo vacío, o de un despecho pueril. Porque es verdad, fácil es dejarse llevar, tal vez guiado por conveniencia propia o por conveniencia del otro - y váyase a saber de qué tipo de conveniencia interpretemos por esto-,  en fin. Simplemente digamos que las conveniencias existen y subsisten, y están mucho más enraizadas en las personas que adolecen de una inteligencia emocional y empatía sana.

Algunas veces, ese "salir" con personas equivocadas obedece a una necesidad, pero no me refiero a esa necesidad propia y sana del individuo por buscar sentirse identificado y acompañado de alguien- y por ende gratificantemente realizado-, sino a esa urgencia enfermiza por aferrarse a ese alguien del pasado, o tal vez del presente, qué sé yo, por situación venial o banal olvidando lo más importante que el bienestar personal y moral. A veces, pienso que es mejor percibir, sentir y dejar pasar cuando sintamos que nuestra presencia sólo genere - y sabemos cuándo ello pasa- una sensación de incomodidad y vacío para el otro, y para los otros que devengan de éste, familia, pareja, hijos, hermanos, padres y demás familiares. Es difícil, pero es necesario para no ilusionar ni engañar a nadie, menos a nosotros mismos. Pienso que cuando se omite esa especie de regla del "percibir, sentir y dejar pasar" estamos abriendo -bajo los clichés de "amigos con derecho", "parejas sostenidas por relaciones abiertas", "paños de lágrimas", "confidentes anónimos y furtivos", y todos los demás adjetivos que acarreen estas acciones de doble propósito que están lejos  de construir afectos reales, sino más bien seudoafectos cargados de sentimientos de culpabilidad-   la posibilidad de eso que yo llamo relaciones afectivas por conveniencia o frivolidad, y entonces a partir de allí obran en nosotros todos esos elementos que se llaman: infidelidad, deslealtad, superficialidad, esquivez y mezquindad. De allí que las relaciones afectivas, hoy en día, estén supeditadas al interés, no propio, sino por el otro.

De grupos e individuos

Estamos rodeados de todo tipos de individuos: algunos justos, otros menos justos, y otros nada justos, pero individuos al fin y al cabo con quienes tenemos que convivir, vivir, y por supuesto tratar. Escuchamos palabras, leemos consejos, disponemos de experiencias, todo esto sirve, lo sé, pero a la hora de tomar las decisiones por cuenta propia- cosa curiosa- no podemos aplicar nada de esto, eso es muy común, pero preguntémonos si es normal y saludable, y el problema se agudiza más cuando estamos frente al grupo externo (qué importa lo que piense en  mis adentros), y a esa necesidad imperiosa de probarnos que somos tan igual como los demás con el fin de ser aceptados, congratulados y hasta reconocidos y "queridos" dentro de colectivos que no son nuestros ni pertenecemos. Sin embargo es raro todo esto, pero siempre he tenido la sensación que si el individuo no actúa conforme al grupo empieza a cavar desde ya, desde el instante preciso que reconoce su individualidad, su propia muerte social. Sin embargo no quiere decir con esto, que las razones externas no deban ser escuchadas ni respetadas , sino al contrario, analizadas y guardadas en aras del pluralismo común que debe regir nuestras vidas. Luego, el respeto es ante todo prioritario.

Las cosas son como son, si uno no quiere nada, mejor nada. A veces es difícil de entender esto, pero uno mismo se genera problemas, si camina en  dirección contraria.


La dimensión del amor

Yo creo en el amor, creo mucho en el amor entre dos personas, siempre y cuando no haya una intencionalidad de daño a terceros, y coexista - por supuesto- el libre  y sobre todo limpio consentimiento de amar por ambos lados porque las personas que llegan a nuestra vida merecen ser recibidas con el mayor espíritu sincero. A veces nos cuesta aceptar esto, pero es necesario, no puedo mentirme a mi mismo con alguien a quien en vez de querer sanamente, lo termine ilusionando, forzando o engañando sólo por puro capricho e interés personal. Las personas no se merecen esto.

Si alguien quiere una mujer o un hombre a su lado, debe salir a la calle y buscarlo o buscarla, serle claro desde el primer momento en cuanto a las intenciones reales; si en ese transcurso alguien se enamora bien, y si es correspondido mucho mejor, total, todo entra por el impulso físico, lo otro - el de las emociones- se desarrolla luego. A partir del consentimiento mutuo, surge una relación afectiva que después alcanzará la dimensión de valorativa. Todo a su tiempo. A partir de allí, se trabajará diariamente por fortalecer esto que ha nacido dando lo mejor de uno mismo al otro. Luego, las situaciones más insospechadas, raras y extrañas terminan por sobrecoger a nuestras emociones envolviéndolas luego en explosiones impetuosas de deseo físico, carnal y orgánico, pero también en explosiones afectivas de cariño y de reciprocidad. Ambos tipos de sensaciones enriquecen el enamoramiento.


Nunca debemos mentir al otro, porque entonces nos estaremos mintiendo a nosotros mismos, ya que de nosotros depende el orden de nuestra propia estabilidad y felicidad. No busquemos pretextos luego, para no decir que somos felices. El problema de mentir configura un problema mayor, esa sensación de vacío e indiferencia que uno mismo se genera y lo que es peor, genera también a la otra persona.Luego, el perdonar es inherente a toda persona, y depende de ésta llevarla a cabo o no, depende de la edad, de las circunstancias y de la persona a quien tenemos al frente.

Sólo los individuos capaces de dar todo, y de dejar de lado las mezquindades o remilgos de afecto diarios desarrollan,  pienso yo, esa capacidad de amar y de perdonar respecto al ser propio, y al otro. Esa capacidad de amar es inherente a nosotros, está en continua prueba y evolución, y depende de nosotros sobredimensionarla, en fin, el reto está allí y es menester de cada quien asumirlo, y más ahora cuando ese amar se hace mucho más difícil con cada día que deviene, porque es una realidad que hoy: las apariencias y las superficialidades han ganado terreno, y ya nadie quiere intentar amar. Sin embargo esto, esto no debe desanimarnos, en fin, cosas, cosas y más cosas.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

jueves, 19 de septiembre de 2013

El lenguaje de las palabras

pero las ideas no bastan, nunca sirven por sí mismas, fácil es pensarlas o arroparlas con palabras, ah, las palabras, las interminables palabras, que por sí solas carecen de validez, de ton y son; las experiencias son más importantes, los viajes, las conversaciones triviales e inesperadas, e inclusive las emociones y las pasiones juntas tal vez son más importantes que las ideas. Las ideas son mágicas, truculentas, seductoras, envolventes, sugestivas, eso lo sé, sin embargo son las vivencias y experiencias del individuo las que las vuelven con sentido, más certeras y dignas, más filosóficas, algunas veces más morales, otras, simplemente más sencillas, en suma vivificadoras.

Desde Lima, ciudad capital del Perú. 

Víctor Abraham les saluda.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Ricos, pobres y consecuencias.

"La pobreza no justifica la destrucción de la Amazonía", eso ha dicho el ministro del ambiente Manuel Pulgar Vidal hoy, al menos así lo he leído en el diario La república esta mañana, hecho que me lleva a pensar dos cosas: la primera que es cierta, y la segunda que es otra vez cierta, y es que sucede que le creo porque pienso que indefectiblemente la pobreza no puede convertir al individuo en delincuente común, es más, no debe en ningún momento este adjetivo  ni sus acciones que de ello deriven, justificarse en la escasez material o viceversa.

El gran problema de siempre 

Foto tomada del portal:
http://blogs.gestion.pe/reformasincompletas/2013/08/mineria-ilegal-y-mineros-infor.html
Sin embargo, tras esto debo admitir también que mucho de parte y quizá de culpa mayor lo tengan los ricos que empujan a los pobres a deteriorar sus propios hábitats, so pretexto de proveerles un trabajo que en muchos casos se ofrece en las condiciones más execrables e inhumanas, pienso en esto y me reafirmo, ¡que cosa ilegal puede proveer estabilidad o legalidad!

Todo esto de ofrecer "remuneraciones adecuadas y exorbitantes", así puesto entre comillas, ya resulta algo pocamente creíble, una cosa paliativa, muy paliativa. Entendámoslo bien que digo paliativa porque tras esos pagos mediocres y "pobres" porque lo son frente a lo que obtiene el rico, producto de las relaciones sociales que teje y compra con todos los organismos de poder a escala nacional y mundial no tienen comparación, - total, ¿quién hoy en día no cede al dinero?, sinceramente que el hecho  mismo de pensar en esta posibilidad como opción de desarrollo y de vida, me produce un pavor, me produce una pena colmada y reprochable, en fin-.

Decía que más allá de estos ingresos momentáneos no hay nada, o no queda nada, absolutamente nada porque es cierto- y seamos claros en admitirlo-  que uno de los puntos más álgidos y que nadie quiere reconocer abiertamente, es que mucho de la bonanza de nuestra economía peruana, esa que nos arroja cifras macroeconómicas sin sustento real en el individuo de a pie, sí, sí, en el individuo común y corriente radica y se sostiene, y en porcentajes altísimos (cercana y alrededor de 5 mil millones de dólares), en la suma del blanqueo del dinero proveniente de la droga más el de la minería ilegal e informal que ya la está superando y que en cierta forma complementan los canales de ingreso de la minería legal que hipócratamente la desdeña, pero la alimenta con los canales de comercialización que van hasta los mercados legales internacionales, además de las maquinarias de gran tonelaje, equipos e insumos como el arsénico y el mercurio, y los canales financieros y políticos, obviando todo tipo reglamentaciones hasta convertirlos en un puro y simple saludo a la bandera.

Pienso que esta mafia monopólica trasnacional, porque hay que decirlo con todas sus letras, porque eso es, sí, esta misma que se ha enquistado para mal y vergüenza nacional en parte de nuestra historia, y que ha sido permitida por muchos gobiernos anteriores, o al menos en los de los últimos cuarenta años, y ocultada para beneplácito de poderes ocultos sin nombres ni rostros, esos mismos que hacen aparecer hoteles de lujo en la selva, flotas de buses modernos y de camiones de alto costo, y residenciales en las partes más caras y exclusivas de Lima y provincias, todo eso gracias a que colocan en el mercado mundial -sin que nadie diga nada -grandes tonelajes de minerales, al puro estilo de esas letras de salsa que se me viene ahora a la mente: "y cómo lo hace, cuál es el negocio..."

Una historia nada buena


Foto tomada del portal:
 http://www.portalnet.cl/comunidad/historia.945/1028813-hu-el-mal-del-opio.html

Todo esto que he mencionado, no es sino, parte pura de una historia heredera que se repite de lo que fuera en el pasado la guerra del opio en la que una Inglaterra a cañonazos hacía abrir sus puertos a la China para introducir el opio (droga) en  el siglo XVIII, o el crack estadounidense que vendían las agencias secretas norteamericanas para financiar la contrarrevolución en Nicaragua entre los años de 1980 1990. No es raro que quienes acumulan hoy en día grandes fortunas, producto de la extracción de minerales ilegales sean inmensos grupos financieros que compran dólares baratos en la selva para colocarlas en el mercado legal, poderes trasnacionales que subsisten gracias a grandes paraísos fiscales, fortunas sin nombre ni apellido, y que la televisión sólo no muestran a pequeños paqueteros que venden ketes, o a bellas burriers que intentan ganarse algo dentro de un gran mercado de pobreza y desocupación para las mayorías populares . No es raro, y esto se me viene a la mente en estos momentos  que en el Perú del virreinato el indio haya prodigado su trabajo a cambio de grandes dosis de alcoholismo, fiestas patronales y coca promovidos desde el poder colonial para domesticarlos y embrutecerlos. Sin olvidar, por supuesto, el trabajo intermediador de los grupos bancarios financieros,  donde políticos, curas y altos mandos militares y policiales han estado envueltos - y lo siguen estando hasta hoy- junto con los poderes judiciales.

¿Qué hacer?

Todos estos lastres se han tapado por años  hasta llegar al extremo de ser hoy en día innegables porque es real, todo es real, inclusive los daños que han rebasado todo lo "permitible legalmente", ya que estas fuentes retroalimentan al sistema capitalista en el que vivimos, y cuyo vigor viene perdiendo fuerzas, especialmente en cuanto a sus tazas de ganancias.
Foto extraída del portal http://www.tvperu.gob.pe
Pienso por tanto, y sosteniendo mis propias ideas vertidas al inicio que la pobreza debe alimentar ante todo principios, normas, códigos de verdad para evitar caer en la propia ignorancia de creer que un puñado de dinero o  la propia necesidad material puede justificar tal abominación depredadora. Total, qué podemos ofrecer a los miles de desocupados que caen en estas redes, sino áreas de producción que generen valor agregado, apertura de mercados a los productos vilipendiados como la coca para darles alternativas productivas saludables, revisión de cláusulas de los tratados internacionales sin reglamentación que fomentan mercadería subvaluada o de mala calidad que hacen competencia desleal a  nuestros productores, y tantas otras sugerencias que espero los lectores a esta crónica sumen a los distintos ángulos de opinión propios.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

Me deja tranquilo...


Me deja tranquilo el hecho mismo de tener mi consciencia tranquila, fácil es arroparse bajo una falacia, ya sea directa o indirecta, y al parecer creo que esto está de moda, sin embargo, eso en realidad no me llama la atención tanto, no me preocupa, no me llama la atención el daño en sí, sino el móvil que lleva a dañar al otro, ese móvil tan extraño y repentino. Fácil es safarse de la responsabilidad del orden y de la reflexión premeditada, del respeto a sí mismo y del respeto al otro, no cuesta nada, y más cuando existen tipos de personas diseminadas por allí- porque los hay y existen a montones- esperando un traspié nuestro, esperando una ansiedad nuestra, o una confusión propia para aprovecharse de ese transitorio caos estacionario y hacernos caer en una honda sensación, sí, sí, en esa honda sensación de vacío irrevocable, existen y subsisten estas personas porque nosotros mismos lo permitimos, personas que nos hacen creer que un confort pasajero suple las disvariaciones de la consciencia, ingenuos razonamientos, y digo ingenuos porque esas disvariaciones de la consciencia no se cubren con escapes, sino diálogos sinceros, y es allí cuando recién damos forma a esto que llamamos entendimiento. Nada es más tranquilizador y revitalizador que la propia condición de ser auténticos, de decir "siento esto", y seguir creciendo. 

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

domingo, 25 de agosto de 2013

La voluntad de los actos


La grandeza de las personas se manifiesta en los actos reflejados a través de sentimientos verdaderos y sencillos, claros y límpidos . Fácil es sentirse grande cuando se tiene de por medio reconocimientos sociales, respaldos y situaciones fáciles que ayudan y hacen crecer la autoestima, no dudo que ello ayuda, ayuda mucho, pero la mayor grandeza no radica ahí, sino en el temple personal, sí, ahí mismo, se hace de espaldas a todo respaldo, en las dificultades con que se afrontan las cosas duras de la vida, y en el carácter que se tiene para superarlas, y seguir creciendo, y creyendo. Es allí donde se evidencia la grandeza de las personas.

Luego, los seres humanos sólo tenemos dos vías, dos caminos que recorrer, y es deber nuestro escoger una, una sola frente a los sucesos de deshumanización diaria del mundo contemporáneo que cada día parece estar más empeñado - y resignado- en caminar hacia su propia degradación, sí, sí, porque vivimos, y entendámoslo bien, en un mundo que se debate sin soluciones concretas (porque todas son medias, mediáticas), donde el relativismo frívolo cobra más aceptación dentro de las propias consciencias individuales cada día. 

Indudablemente, que frente a este panorama, o encogemos los hombros, y decimos, esto no es conmigo -que sería lo más razonable y justo porque nadie es el salvador de nadie-, o viceversa actuamos como si lo fuéramos, como si quisiéramos intentarlo. Luego, cada quien ha de ser libre para optar por una de estas opciones. Veo el futuro, y me veo allí mismo, junto con quienes hemos asumido como parte de nuestra vida la conscientización diaria, el restablecimiento de la paz interior, la prioridad del servicio, y el rechazo a todo tipo de imposición estatutaria y servil. El futuro, no está lejos de nosotros, somos nosotros, lo vivimos ahora más que nunca aquí. Somos productos sociales de nuestro propio tiempo. El presente está en nuestras manos que trabajan, y en nuestra fe que cree en el amor, y en la posibilidad de bondad que aún puede albergar el Ser humano. Espero, espero me hayan entendido, más nada. 

De: Profesión del pensamiento. Lima. 2013

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

sábado, 24 de agosto de 2013

Escribir, por ejemplo...

¿Somos lo que escribimos realmente o sólo somos una ínfima parte de toda ese mundo complejo que subsiste en nosotros mismos?

Escribir por ejemplo...

Todos podemos escribir, es más, todos lo hemos hecho, sino en todos los momentos de nuestra vida, por lo menos en algunos pasajes de ella; escribimos por necesidad de liberación (y se me viene a la mente todas esas rarezas - aunque ciertas, citadas luego de alguna presentación de un libro- que dicen los poetas cuando se les interroga sobré cómo conciben la escritura para sí mismos), lo cierto es que sea liberación, estado de trance inspirador, o que sé yo, la acción de escribir en sí misma es - valga la redundancia-: la misma, coger un lápiz y una hoja y divagar sobre ella, o situarse frente a un ordenador y hacer lo mismo.

También existe escritura del otro lado, una escritura por situación meramente rutinaria de redacción cuando por ejemplo un estudiante cualquiera se siente de pronto forzado a transcribir literalmente temas asignados para alguna materia o asignatura de estudios dejados por algún profesor para ser trabajados durante un fin de semana, sacrificando así un tiempo que debería estar dedicado a una llevar una estadía -de sábados y domingos- más placentera, cosa cierta, o no, estoy seguro de que ésta también es una forma de escritura, aunque direccionada, forzada, o utilitaria bajo el afán de "necesariamente útil para aprender" es sigue siendo también el mismo proceso, coger el lápiz, los libros y el cuaderno y divagar - aunque más objetivamente- sobre esas páginas rayadas o cuadriculadas. He incluso llegado a escuchar que este tipo de escritura es la más aburrida, pero creo que al fin y al cabo útil, por lo menos a largo plazo, en fin.

Existe también otro tipo de escritura, el de las relaciones laborales y formales, es que está destinada a las secretarias de oficina de por vida, cual albaceas de la formalidad siguen al pie de la letra todos los convencionalismos. (Las admiro por ello, porque aunque su trabajo me resulte bastante mecánico, me resulta loable admitir sí, la dedicación que ponen a dicha documentación al momento de cuidarlas sagradamente bajo "siete llaves"). Con este tipo de escritura pasa algo extraño, porque está enmarcada bajo una necesidad de comunicación tal que reduce al milímetro -hasta desaparecerla- cualquier tipo de pequeña creatividad, es el formato y punto. Así, predomina aquí una situación de solicitud, encargo o justificación, ejemplo de ello, el escribir para evitar un descuento justificando una inasistencia laboral, o una salida temprana antes de la hora (y a quién no le ha pasado ésto), a ello debo reconocer que esta escritura resulta la más cuadriculada de todas, porque es la que más se debe pegar a los procesos formales, y estilos de redacción. Ahora que se me viene a la mente este ejemplo, que es lo más común, y sin embargo me resulta aún algo indecoroso que tengamos que someter nuestra verdadera intención comunicativa a meras formalidades cuando en el decir - y escribir-: "falté por esto o por aquéllo", tenga mayor valía por lo que intentamos decir cuando escribimos, en fin, como una vez afirmé, y me resulta tedioso aceptarlo hasta hoy son los escritos que más detesto hacer, pero entiendo que son necesarios a la hora de subsistir dentro de este espacio de convivencia institucional en nombre de la sagrada formalidad social, ésa llena de esquemas, sangrías, pegados a la derecha e izquierda, vocativos, firmas y post firmas, ah, y no menciono el cuidado de no sobrepasar los trazos en la línea de la firma.  Aquí otra vez nos encontramos con el mismo proceso, coger un modelo preestablecido, cambiarle de datos, y bueno, seguir escribiendo, pero esta vez bajo una intencionalidad.

La esencia de la escritura

Podría citar muchos ejemplos más, pero me alejaría de mi verdadera intencionalidad a la hora de escribir este artículo, y que planteé al inicio con esta interrogante abierta, fácil es escribir, resulta fácil hacerlo, usar las palabras y hacerlas encajar entre sí mismas unidas a conectores tan simples, pero a la vez tan difíciles de memorizar- y esto, no le quita su simpleza- como cuando contemplamos la línea de una circunferencia desde el interior sintiéndola como cóncava, y viceversa si la vemos desde el exterior como convexa. Cada uno, entiende, comprende e interpreta a su propia manera el orden de las cosas, esto de cóncavo y convexo resultaría a simple vista algo presuntamente intrincable o confuso de asimilar, pero no lo es, es fácil, ya que nuestra intención comunicativa, en muchos casos cuando no es objetiva o clara, puede perderse en los múltiples entendimientos y miradas, tal es el caso de una poesía subjetiva; aquí, siempre el lado interpretador será avistado desde el punto personal en función de una cultura propiamente estética, de allí que el interpretar conlleve una suerte divorcio respecto a la intencionalidad real del poeta. Por otro lado, cuando un escrito resulta bastante objetivo, llámese en una nota informativa o dentro de un ensayo las interpretaciones resultan de pronto más concienzudas y menos divagables, pero aún así no resultan tan convergentes, dado el hecho mismo que lleva implícito una interpretación que es ante todo una visión personal, y por ende distinta entre una y otra, en fin.

Sea como fuere, estoy seguro y discrepo abiertamente con quienes conciben a  la escritura como un don místico propio de una clase selecta, esto me resulta patético, y admitirlo, aún más, reconozco sí, que la escritura, entendida en sí misma como una virtud del Ser humano, es uno de los canales de expresión - porque el otro es la oralidad- más importantes, siendo por tanto necesario cultivarla, y se cultiva, practicando, escribiendo día a día, el leer ayuda mucho, amplía el vocabulario, nos acerca a un estilo propio, no copiado, por tanto la escritura se trabaja constantemente hasta hacerla una habilidad motora fina, pero esto es sólo una parte de ello. La práctica enseña, pule, perfecciona; sin embargo, y allí está la mayor responsabilidad a la hora de escribir: la otra parte, la más relevante, que es el uso que se le da a ella en sí misma respecto a la ciudadanía, cuando es hecha con honestidad, limpieza y transparencia alejada de toda intención burda, de todo lenguaje soez, y de toda intención manipuladora y perjudicial. La escritura es indefectiblemente vivificadora y formadora, no tergiversadora, por eso he allí, el gran compromiso de los que hacen de la escritura su trabajo, porque la escritura es en sí misma un trabajo que requiere dedicación propia.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

Jorge Luis Borges: El hacedor de sus palabras.

Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo xviii, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor. Seria exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páinas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición. Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y sólo algún instante de mi podrá sobrevivir en el otro. Poco a poco voy cediéndole todo, aunque me consta su perversa costumbre de falsear y magnificar. Spinoza entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser; la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre. Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en sus libros que en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra. Hace años yo traté de librarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas. Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro.

No sé cuál de los dos escribe esta página.


De: "Borges y yo". en en libro de poemas: "El hacedor". Buenos Aires: Emecé, 1960.




Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

viernes, 23 de agosto de 2013

Entre el ser y el parecer

Hoy, no tuve palabras para ti, nada, nada, absolutamente nada, y eso, y eso fue lo más extraño y raro, tan raro como el hecho de sentirme otra vez de pronto envuelto en esa ya conocida sensación de dilapidación involuntaria, sí, sí, esa misma que tanto detesto, pero que no puedo abandonar, y es que detesto, detesto todo, todo lo que pueda provenir de esa árida resignación mental de ver y dejar pasar, de mirar y conjeturar, de observar y otra vez de pensar. (Porque necesito pensar, pensar sobrecogido a mi propio silencio, sí, sí, a ese pobrecilllo y tontillo silencio que también detesto, pero en quien también hallo poderoso consuelo.) Salí, salí a caminar, a caminar otra vez, pero esta vez ya no por manía de hacerlo, sino por necesidad de encontrar amparo en la noche, amparo bajo la noche. Dos perros me miraron tristes, o al menos los noté tristes, tan tristes que pensé que dicha tristeza sólo podría provenir de un alguien, un alguien ajeno a estos pobres irracionales, y ese alguien tal vez sería mi propia consciencia, mi estúpida, irascible y nada servil consciencia. Los contuve, los contuve a mí por un momento, les di pan, y sentí, sentí la sensación que los tres nos abrazamos bajo una misma necesidad, afecto, nada más que eso, de ese claro y purísimo afecto. Uhm, lo que siguió en adelante, sombras, intervalos de lloviznas breves, gatos deambulantes por carriles y corredores, uno que otro mirón desafortunado, indigentes por allá, frazadas tendidas por acá, una madre cubriendo a una hija bajo un puente negro, tan negro como la consciencia del que miró conmigo estas espectrales figuras, figuras que sólo se dejan ver de noche, en noche, mientras todos duermen, duermen cansados de tanta rutina;

*** textos, textos, textos, innumerables textos***

lo que vino luego ya no tiene caso contar, salvo el decir con propiedad de inclemente, que después de dos horas me quedé pensando en ese amarillo cuarto a la orilla de la cama también amarilla, me quedé pensando a la orilla de la cama amarilla toda la noche - o lo que quedó de ella-, y pensé, pensé cada minuto en la noche, sí, sí, en esa misma noche, fue así que pensé, tanto, tanto que pensé en todas y ninguna cosa al mismo tiempo, cosas, razones, disvariaciones, piadosas voces, infatigables voces, todas provenientes del "qué",  "porqué", o "para qué", (sentir de pronto esa angustia de no saber responder nada, nada que no lleve un "no lo sé", un único y repentino "no lo sé", "diantre, te juro que no lo sé"), y no supe porqué, porqué, pero pensé en nosotros, y te recordé de pronto así: límpida, laxa, hermosa en el letargo del recuerdo absoluto, y cerré, cerré fuertemente los ojos, tan fuerte que pensé que no los volvería a abrir más, y entonces me volví a pensarme a mí mismo junto a ti, junto a ti misma, a ti y a todas esas cosas tuyas, tan tuyas de ti misma, y entonces pedí a los ángeles de mis progenitores que vinieran, que vinieran a mí, pero no vi nada, nada, salvo la sombra de una corpórea forma impoluta y bella, ah, eras tú, y pensé que eras tú, tan tuya misma con tu cuerpecito diminuto, tan diminuta que corrí despavorido de mi tormento para caer en tus brazos, para sentirme en tus únicos brazos por un rato hasta sentirme dormido en mis propios sueños auscultos, y es que las cosas de los trastornos de la piedad y de la redención son así, de pronto, yo digo que te amo a ti, y lo demás, sí, sí, lo demás es eso mismo, eso mismo que que ya no sé con claridad lo que es, pero lo supongo, porque supongo lo que debe ser,  tanto como ser en mí mismo, y en ti misma, y parecerme a mí mismo y ti misma. Lo demás?, lo demás?, sí, sí, sabes que todo lo demás queda comprendido en eso mismo que se llama, demás.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

sábado, 27 de julio de 2013

Percepciones para una degradación

La realidad prevista

De pronto vino a mí una ligera percepción, que empezó cual espiral cuyo centro alojado en una parte remota de mi consciencia fue retumbando más y más, desbordando, sí, sí, desbordando más y más, hasta convertirse en un todo y gigantesco inmediato, y ésa - percepción extraña que no era la mejor- terminó dejándome vacío, totalmente vacío, un vacío tan similar a aquél que sólo está lleno de ese propio vacío inhumano. Y es que sucedía - y hasta me parece ya casi un hecho consumado a estas alturas de la lucha honesta- que muchas consciencias habían declinado a eso que otros defendimos por mucho tiempo como calidad humana. Pensé con estremecimiento frío e impasible en ese mismo momento, en esa misma calle, en esa misma puerta, en esa mismo instante de espacio -tiempo en el que me encontraba que la etapa de la descomposición social y moral estaba en camino sin marcha de retroceso.

De pronto corrí por las calles gritando, gritando a fuerte voz cual pregonero precursor en épocas de luchas por la independencia, pero no encontré sino un eco mayor y más vacío que la sensación de espiral misma -sentida hasta hace poco- en las personas, algunas con pancartas al interior de cuyas filas ya se hablaban de complot deshonesto y de repartijas menores, denunciándose entre sí mismos la presencia de posibles infiltrados. Vi a otros, y a otros más menores leyendo libros caros hechos - paradójicamente- por autores cuya pobreza emocional es demasiado notoria, personas comprando y pagando por libros que no comprendían del todo pero que eran suficientes para aplacar ese voraz deseo de culturalización mediática e inmediata que solía invadir y reinar de vez en cuando - y de forma patética- a la clase media porque el sttus cultural- según ellos- daba poder y notoriedad, ese poder único para sentirse superior a otros, superioridad asolapada en poses snobistas y muy bien aprovechadas por grupos de élites comercializadoras que han terminado haciendo y ejerciendo un abuso exagerado del fin de un libro en sí mismo olvidando que la esencia no está en la maquinaria de consumo -porque siendo claros, todo hoy se ha vuelto materia de consumo indecente- sino en la reflexión final del escrito en sí mimo, en fin. Estoy seguro que de saber un Beckett, o un Solzenitsin, o un Vallejo, o tal vez un Ribeyro, o un Cortázar, o un Camus, que sus obras terminarían siendo usadas hoy en esa suerte de prostitución cultural tal vez retirarían sus propios trabajos, pero y está, todo ya está, está en proceso y curso. Comprendí entonces el porqué de ese fenómeno que todo el mundo empresarial libresco temía, ese fenómeno llamado piratería.

La pandemia  generalizada 

Seguí viendo, percibiendo hasta notar grupos de indigentes acostados en las paredes con miradas llorosas y feas recubiertos por cartones y mantas asqueadas; uno de ellos se atrevió  a pedirme una especie de colaboración, di lo que tenía, no más ni eso que podía ser motivo de solidaridad monetaria, le pregunté entonces que opinaba de la palabra degradación, "no lo sé, no lo sé maldita sea, no sé que sea eso", me dijo entrecortadamente al mismo tiempo que embarraba sus barbas encanecidas en una naranja que hace pocos segundos había sacado del bolsillo izquierdo el abrigo marfil desgastado. Vi policías dispuestos a atacar en el caso de algún descontento popular que no saludaron a una señora que hizo un pequeño gesto de reverencia, vi ebrios y ciegos abrazados alrededor de la estatua de una virgen, vi prostitutas desayunando más con pena que con gloria porque para ellas el Gobierno - y sus medidas- importa nada o poco, aquí lo importante es la actividad de obtener dinero fácil, o sea una suerte de trabajo incomprendido. Escuché quejas e improperios al exterior de unos pórticos hospitalarios envueltos en completo desasosiego. Vi vendedores de periódicos y revistas en cuyas portadas sólo habían dos cosas: descontento general, y verdades dichas a medias.

Escuché a alguien quejarse - y pensar que hasta hace poco alguien había censurado la queja pero para tranquilidad mía la queja siempre estará a la orden del día, no por manía pura de pesimismo, sino por necesidad imperiosa de profundización-, quejarse de la formación profesoral, del nivel de educación, de la aculturación y de otras cosas más que dudé -por un momento- que mi condición también sea la de ser maestro. Indudablemente que la visión devastadora de la realidad sólo significaría a esas alturas del momento, una cosa, una única y necesaria cosa: la presencia de una devastadora crisis al interior del alma propia acompañada de una sensación ya más visible, una sensación  aunque extraña pero cierta, una especie de descomposición racional y moral. La degradación humana había empezado a mostrar sus afilados zarpazos de una manera ya epidémica, era como una especie de pandemia generalizada, y para cuya solución - aún incierta- un medicamento o vacuna resultaba pobre, paupérrima, misérrima porque ésta, no era una pandemia de salud física, sino de salud del espíritu y de la consciencia. Esa mañana me di cuenta que el proceso de degradación estaba en marcha, y lo peor era que unos pocos empezaban ya a darse cuenta de esta presencia invisible, pero el poder del ego propio era más fuerte que preferían callar y dejarse llevar. "No nades contra la corriente", se empezaba a escuchar al interior de estos pequeños colectivos humanos.  Debí reconocer y aceptar esa mañana que los que empezábamos esta lucha éramos pocos, y probablemente muchos podríamos quedar en el camino con el transcurrir del tiempo que tal vez duraría un poco más de treinta años, y sin embargo era necesario empezarla, alguien debería empezarla con la esperanza de recibir más solicitudes de adherentes en el camino. La lucha estaba echada, y las únicas armas serían en adelante: el valor coherente y firme, el accionar ejemplar, y la determinación del pensamiento, fuera de esto ya todo sonaba a   estremecimiento de moratoria psicosocial  afincada de pronto en cada  alma humana porque esa "peste" de Camus había regresado, pero esta vez era más fuerte, más violenta, desoladora y destructiva, esa peste era ahora una pandemia de degradación humana.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

domingo, 14 de julio de 2013

W. Somerset Maugham: Un observador e interpretador de la vida.

Foto tomada del portal:
http://www.waydn.com/frases/10-frases-de-william-somerset-maugham/
"Soy un pasajero que en época de guerra espera en el puerto la salida de su barco. No sé que día zarpará, pero estoy listo para partir en cualquier momento. Leo los periódicos y hojeo las páginas de una revista , pero si alguien se ofrece a prestarme un libro lo rechazo porque quizá no tenga tiempo de terminarlo y, de todos modos, ante la perspectiva del viaje, no estoy de humor para concentrarme en su lectura... Entablo conversación con quienes encuentro en el bar o en la mesa de juego, pero no intento trabar amistad con gente de la que pronto me separaré. Estoy a punto de levantar el vuelo".

El barco que W. Somerset Maugham esperaba llegó en diciembre de 1965. Tenía entonces noventa y un años y había escrito veintiséis libros, veintinueve obras de teatro y noventa y un cuentos. Su muerte desencadenó un diluvio de artículos y libros en los que los críticos literarios rendían tributo unánime de admiración al gran escritor.

Sin embargo, su vida y su personalidad fueron consideradas con más severidad. Los biógrafos comenzaron inmediatamente a analizar y criticar la vida de aquel millonario solitario, que había dicho: "La vida de los escritores es más bien aburrida", y que había esperado tanto y tan impacientemente su muerte.

Su propia historia contenía elementos de triunfo y de desengaño muy parecidos a los que trazó en sus obras.

Aquejado por una tartamudez de la nunca se curó, sus años escolares fueron clásicamente desdichados. Estudió medicina y, como a tantos otros médicos, el conocimiento que su profesión le proporcionó de la vida de los menesterosos y los desgraciados lo impulsó a escribir. Su primera novela, Liza of Lambeth, alcanzó enorme éxito. Lo pusieron por las nubes y las damas más encopetadas se disputaban su presencia en sus salones. Abandonó la medicina para dedicarse exclusivamente a la literatura, y entonces sufrió una serie ininterrumpida de fracasos. Cesaron las invitaciones. Puso sus miras en el teatro y comenzó a escribir piezas al estilo de Oscar Wilde. Al principio, no logró estrenar ninguna; luego súbitamente, los empresarios comenzaron a asediarlo pidiéndole obras. En 1909 batió el récord con cuatro piezas representándose al mismo tiempo en los escenarios londinenses.

La fama había vuelto y ya no lo abandonaría jamás, pero aún no había escrito sus mejores obras. En 1914 publicó su más destacada novela, Servidumbre humana, y luego durante la guerra, actuó como agente del Servicio Secreto en Suiza y Rusia. Este extraño episodio de su vida produjo un cambio vital en su carrera, agudizó su afición a viajar  y le suministró el material para los cuentos que probablemente constituyen su más perdurable monumento. Son ellos, y algunas de sus novelas, los que le permitieron alcanzar una posición única dentro de la literatura.

Otros escritores han ganado fama, o riqueza, o las alabanzas de la critica;: unos pocos han ganado las tres cosas, pero ninguno en la medida sin precedentes en que lo consiguió Somerset Maugham.

Sin embargo, a pesar de su enorme éxito, no se sentía feliz cuando en su magnífica villa de la Riviera, rodeado por su colección de valiosos cuadros, echaba una mirada retrospectiva a su amargada vida por el fracaso de su matrimonio, la pérdida de su fe religiosa que nunca pudo recobrar y la sensación de la soledad. Tenía una legión de admiradores, pero muy pocos amigos,  y por ellos sabemos que bajo su timidez se ocultaba la bondad más que el cinismo, y que la riqueza nunca logró superar  su modestia. Es preciso reconocer, asimismo, que su soledad constituyó para él una fuente tanto de fortaleza como de pesar. Maugham fue ante todo un hombre que observaba y escuchaba, que veía las cosas como realmente eran.

Fuente: Biblioteca de selecciones. Volumen III, 1969. Págs. 334-335

Dejo un enlace al libro: Servidumbre humana, 1914 en versión PDF
http://www.gutenscape.com/documentos/4074803a-53ec-48a9-91c9-7789f9120cad.pdf

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

Una movilización sin sustento: el objetivo, aglutinar a la manada; la gran mentira, la democracia

La consciencia de un valor cualquiera sea este da la libertad al individuo, le confiere responsabilidad, acción y fe en el futuro. Los hij...