miércoles, 13 de julio de 2011

La literatura de Jorge Luis Borges

«Que un individuo quiera despertar en otro individuo recuerdos que no pertenecieron más que a un tercero, es una paradoja evidente. Ejecutar con despreocupación esa paradoja, es la inocente voluntad de toda biografía.» J.L.Borges




La obra: El aleph es una colección de cuentos filosóficos. Fue publicado en 1949, y reeditado por el autor en 1974. Característico del escritor bonaerense, sus textos hacen uso de una infinidad de fuentes y bibliografías, y mediante ellas reconstruye los mitos y las metáforas de la tradición literaria universal. La obra está compuesta por diecisiete cuentos. He aquí el cuento: La casa de Asterión.

***

Y la reina dio a luz un hijo que se llamó Asterión.
Apolodoro: Biblioteca, iii, I.

Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo) son irrisorias. Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito)[1] están abiertas día y noche a los hombres y también a los animales. Que entre el que quiera. No hallará pompas mujeriles aqui ni el bizarro aparato de los palacios pero si la quietud y la soledad. Asimismo hallará una casa como no hay otra en la faz de la tierra. (Mienten los que declaran que en egipto hay una parecida). Hasta mis detractores admiten que no hay un solo mueble en la casa. Otra especie ridicula es que yo, Asterión, soy un prisionero. ¿Repetiré que no hay una puerta cerrada, anadiré que no hay una cerradura? Por lo demás, algún atardecer he pisado la calle; si antes de la noche volví, lo hice por el temor que me infundieron las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta. Ya se había puesto el sol, pero el desvalido llanto de un niño y las toscas plegarias de la grey dijeron que me habían reconocido. La gente oraba, huía, se posternaba; unos se encaramaban al estilóbato del templo de las Hachas, otros juntaban piedras. Alguno, creo, se ocultó en el mar. no en vano fue una reina mi madre; no puedo confundirme con el vulgo, aunque mi modestia lo quiera.

El hecho es que soy único. No me interesa lo que un hombre pueda trasmitir a otros hombres; como el filósofo, pienso que nada es comunicable por el arte de la escritura. Las enojosas y triviales minucias no tienen cabida en mi espiritu, que está capacitado para lo grande; jamás he retenido la diferencia entre una letra y otra. Cierta impaciencia generosa no ha consentido que yo aprendiera a leer. A veces lo deploro, porque las noches y los días son largos.

Claro que no me faltan distracciones. Semejante al carnero que va a embestir, corro por las galerías de piedra hasta rodar al suelo, mareado. Me agazapo a la sombra de un aljibe o a la vuelta de un corredor y juego a que me buscan. Hay azoteas desde las que me dejo caer, hasta ensangrentarme. A cualquier hora puedo jugar a estar dormido, con los ojos cerrados y la respiración poderosa. (A veces me duremo realmente, a veces ha cambiado el color del día cuando he abierto los ojos). Pero de tantos juegos el que prefiero es el de otro Asterión. Finjo que viene a visitarme y que yo le muestro la casa. Con grandes reverencias le digo: Ahora volvemos a la encrucijada anterior o Ahora desembocaremos en otro patio o bien decía yo que te gustaría la canalta o Ahora verás una cisterna que se llenó de arena o Ya verás como el sótano se bifurca. A veces me equivoco y nos reimos buenamente los dos.

No sólo he imaginado esos juegos; también he meditado sobre la casa. todas las partes de la casa están muchas veces, cualquier lugar es otro lugar. No hay un aljibe, un patio, un abrevadero, un pesebre; son catorce [son infinitos] los pesebres, abrevaderos, patios, aljibes. La casa es del tamaño del mundo; mejor dicho, es el mundo. Sin embargo, a fuerza de fatigar patios con un aljibe y polvorientas galerías de piedra gris he alcanzado la calle y he visto el templo de las Hachas y el mar. Eso no lo entendí hasta que una visión de la noche me reveló que también son catorce [son infinitos] los mares y los templos. Todo está muchas veces, catorce veces, pero dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez: arriba, el intrincado sol; abajo, asterión. quizá yo he creado las estrellas y el sol la enorme casa, pero ya no me acuerdo.

Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de todo mal. Oigo sus pasos o su voz en el fondo de las galerías de piedra y corro alegremente a buscarlos. La cremonia dura pocos minutos. uno tras otro caen sin que yo me ensangrinte las manos. Donde cayeron, quedan, y los cadaveres ayudan a distinguir una galería de las otras. Ignoro quiénes son, pero sé que uno de ellos profetizó, en la hora de su muerte, que alguna vez llgaría mi redentor. desde entonces no me duele la soledad, porque sé que vive mi redentor y al fin se levantará sobre el polvo. Si mo oído alcanza todos los rumores del mundo, yo percibiría sus pasos. Ojalá me lleve a un lugar con menos galerías y menos puertas. ¿Como será mi redentor?, me pregunto. ¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?

El sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre.
—¿Lo creerás, Ariadna? —dijo Teseo—. El minotauro apenas se defendió.

[1] El original dice catorce, pero sobran motivos para creer inferir que, en boca de asterión, el número catorce vale por infinitos.

***

Sobre el autor:

Jorge Luis Borges fue un escritor argentino, uno de los autores más destacados de la literatura del siglo XX. Publicó ensayos breves, cuentos y poemas. Su obra, fundamental en la literatura y en el pensamiento humano, ha sido objeto de minuciosos análisis y de múltiples interpretaciones, trasciende cualquier clasificación y excluye cualquier tipo de dogmatismo.

Es considerado como uno de los eruditos más grandes del siglo XX, lo cual no impide que la lectura de sus escritos suscite momentos de viva emoción o de simple distracción. Ontologías fantásticas, genealogías sincrónicas, gramáticas utópicas, geografías novelescas, múltiples historias universales, bestiarios lógicos, silogismos ornitológicos, éticas narrativas, matemáticas imaginarias, thrillers teológicos, nostálgicas geometrías y recuerdos inventados son parte del inmenso paisaje que las obras de Borges ofrece tanto a los estudiosos como al lector casual. Y sobre todas las cosas, la filosofía, concebida como perplejidad, el pensamiento como conjetura, y la poesía, la forma suprema de la racionalidad. Siendo un literato puro pero, paradójicamente, preferido por los semióticos, matemáticos, filólogos, filósofos y mitólogos, Borges ofrece —a través de la perfección de su lenguaje, de sus conocimientos, del universalismo de sus ideas, de la originalidad de sus ficciones y de la belleza de su poesía— una obra que hace honor a la lengua española y la mente universal.

Ciego a los 55 años, personaje polémico, con posturas políticas que le impidieron ganar el Premio Nobel de Literatura al que fue candidato durante casi treinta años, Borges siempre soñó con que la posteridad le perdonara sus errores y le concediera la gloria de que se lo recordase por sus mejores textos.

Víctor Abraham les saluda
Desde la Ciudad Capital del Perú

domingo, 10 de julio de 2011

El mundo humanizante de Asturias



Su obra:

El Señor Presidente es una novela de Miguel Ángel Asturias. La narración tiene por objeto la descripción y denuncia de la dictadura de Manuel Estrada Cabrera, sanguinario dictador guatemalteco de la primera mitad del siglo XX y, por extensión de todas las dictaduras latinoamericanas. Pero en otra parte Miguel Ángel Asturias muestra aspectos sociales y políticos de Guatemala, la miseria de ese tiempo. Asturias nos lleva a otra dimensión donde lo mágico con lo real se fusionan y nos entregan esta increíble novela que le ayudó a ser galardonado con un Premio Nobel de literatura.





Fragmento:

Los pordioseros se arrastraban por las cocinas del mercado, perdidos en la sombra de la Catedral helada, de paso hacia la Plaza de Armas, a lo largo de calles tan anchas como mares, en la ciudad que se iba quedando atrás íngrima y sola.

La noche los reunía al mismo tiempo que a las estrellas. Se juntaban a dormir en el Portal del Señor sin más lazo común que la miseria, maldiciendo unos de otros, insultándose a regañadientes con tirria de enemigos que se buscan pleito, riñendo muchas veces a codazos y algunas con tierra y todo, revolcones en los que, tras escupirse, rabiosos, se mordían. Ni almohada ni confianza halló jamás esta familia de parientes del basurero. Se acostaban separados, sin desvestirse, y dormían como ladrones, con la cabeza en el costal de sus riquezas: desperdicios de carne, zapatos rotos, cabos de candela, puños de arroz cocido envueltos en periódicos viejos, naranjas y guineos pasados.

(...)

Comidos y con el dinero bajo siete nudos en un pañuelo atado al ombligo, se tiraban al suelo y caían en sueños agitados, tristes; pesadillas por las que veían desfilar cerca de sus ojos cerdos con hambre, mujeres flacas, perros quebrados, ruedas de carruajes y fantasmas de Padres que entraban a la Catedral en orden de sepultura, precedidos por una tenia de luna crucificada en tibias heladas. A veces, en lo mejor del sueño, les despertaban los gritos de un idiota que se sentía perdido en la Plaza de Armas. A veces, el sollozar de una ciega que se soñaba cubierta de moscas, colgando de un clavo, como la carne en las carnicerías. A veces, los pasos de una patrulla que a golpes arrastraba a un prisionero político, seguido de mujeres que limpiaban las huellas de sangre con los pañuelos empapados en llanto. A veces, los ronquidos de un valetudinario tiñoso o la respiración de una sordomuda en cinta que lloraba de miedo porque sentía un hijo en las entrañas. Pero el grito del idiota era el más triste. Partía el cielo. Era un grito largo, sonsacado, sin acento humano.

Los domingos caía en medio de aquella sociedad extraña un borracho que, dormido, reclamaba a su madre llorando como un niño. Al oír el idiota la palabra madre, que en boca del borracho era imprecación a la vez que lamento, se incorporaba, volvía a mirar a todos lados de punta a punta del Portal, enfrente, y tras despertarse bien y despertar a los compañeros con sus gritos, lloraba de miedo juntando su llanto al del borracho.

Ladraban perros, se oían voces, y los más retobados se alzaban del suelo a engordar el escándalo para que se callara. Que se callara o que viniera la policía. Pero la policía no se acercaba ni por gusto. Ninguno de ellos tenía para pagar la multa. «¡Viva Francia!», gritaba Patahueca en medio de los gritos y los saltos del idiota, que acabó siendo el hazmerreír de los mendigos por aquel cojo bribón y mal hablado que, entre semana, algunas noches remedaba al borracho. Patahueca remedaba al borracho y el Pelele —así apodaban al idiota—, que dormido daba la impresión de estar muerto, revivía a cada grito sin fijarse en los bultos arrebujados por el suelo en pedazos de manta que, al verle medio loco, rifaban palabritas de mal gusto y risas chillonas. Con los ojos lejos de las caras monstruosas de sus compañeros, sin ver nada, sin oír nada, sin sentir nada, fatigado por el llanto, se quedaba dormido, pero al dormirse, carretilla de todas las noches, la voz de Patahueca le despertaba:

—¡Madre!...

***

Sobre el autor:

Miguel Ángel Asturias (Guatemala, 1899 – París, 1974) Poeta, narrador, dramaturgo, periodista y diplomático guatemalteco, considerado uno de los protagonistas de la literatura hispanoamericana del siglo XX. El empleo personal que hace de la lengua castellana constituye uno de los mundos verbales más densos, sugerentes y dignos de estudio de las letras hispánicas.

Se graduó de abogado en la Universidad de San Carlos, en Guatemala, donde participó en la lucha contra la dictadura de Estrada Cabrera, hasta que éste fue derrocado. Fundó y dirigió la Universidad Popular en 1922. Ya en ese entonces empezó escribir. Partió luego a Europa, donde vivió intensamente los movimientos y sucesos que la transformaban. Estudió lingüística y antropología maya con Raynaud, y de esa época es su traducción del Popol Vuh, junto con José María Hurtado de Mendoza.

Regresó a Guatemala en 1933, donde ejerció la docencia universitaria, fundó el Diario del Aire, primer radio periódico del país y vivió una agitada vida cultural y académica. En el período revolucionario de 1944 a 1954 desempeñó varios cargos diplomáticos. En 1966 ganó el Premio Lenin de la Paz y en 1967 el Premio Nobel de Literatura. Murió en Madrid el 9 de junio de 1974, pero sus restos reposan en el cementerio de Pere Lachaise, en París.

Para comprender su obra se debe tomar en cuenta el profundo influjo que ejercieron en él tanto la cultura maya como la vida europea. Lo maya se arraiga en la cosmovisión de un mundo que está asentado en un profundo y auténtico pensamiento mágico y que atrapa en sus relatos. Por otro lado, el influjo del surrealismo, la amistad con P. Eluard, el contacto con el Ulises de J. Joyce, son las otras fuerzas que marcan su escritura. Asturias es considerado precursor del boom hispanoamericano por su experimentación con estructuras y recursos formales propios de la narrativa del siglo XX.

Su obra se inserta en la vanguardia literaria y abarca géneros diversos. Según Albízurez Palma, un exhaustivo estudioso de la obra de Asturias: "Como poeta lírico, ha dejado constancia de sus ricas posibilidades en variedad de creaciones, algunas de temas íntimos, otras vinculadas a temas folclóricos, otras políticos, otras con sugestiones mágicas, barrocas y de sorprendente fuerza imaginativa. Como dramaturgo, creó un teatro tocado por el realismo mágico, denso en significación humana y de notable poderío verbal. Como narrador, Asturias alcanzó su máximo prestigio. Sus novelas y cuentos revelan una apasionada y subjetiva captación de la realidad en diversas facetas: la tragedia de las dictaduras, el mundo mágico del indígena, el mundo de magia y ensueño de la niñez, las tradiciones de Guatemala, en sus novelas asoman los influjos entremezclados de diversas tendencias, movimientos y corrientes literarias".



Un gran saludo a los hermanos guatemaltecos por tan significativo aporte a las letras hispanas.
Desde la Civdad de Los Reyes Del Perv.
Víctor Abraham les saluda

jueves, 7 de julio de 2011

La llamada a crear conciencia joven: Nuevas generaciones.

Para todo joven artista las ilusiones positivas son el motor de su vida. Son las utopías las que permiten nuestro crecimiento y es en el día a día donde nos forjamos y aprendemos. Las lecciones son cada vez más enriquecedoras si van precedidas por fuertes emociones, sean positivas o negativas. No es esto lo importante, sino el nivel de intensidad con que las haga vibrar. Artistas los hay. Existen, yacen en su lejanía y crecen en diversos puntos. He dicho los hay en toda su calidad.

Nuestros lazos siempre serán los mismos: el deseo del arte, de ver nuestras esperanzas utópicas cada vez más reales. Somos generaciones que nos formamos en nuestras andanzas y nos perfeccionamos con nuestros conocimientos adicionales como el pulir lo ya manejado. Recurramos a los enormes y talentosos artistas que nos antecedieron y aprendamos de ellos. Hoy somos ese mensaje claro de luz y voluntad. Mañana serán otros los que sigan nuestro arte. Cada generación inspira a su menor hemana generacional, la alimenta, ya que cuando a ésta, hoy fresca adolescencia, le llegue su momento de estar al frente de sus otras menores harán lo mismo; esto será posible si hoy les enseñamos a hacerlo.

Somos nosotros los llamados a aportar y dejar mensaje de ejemplo a nuestra adolescente generación que nos precede, sean nuestros hermanos pequeños, alumnos, familiares, amigos o simplemente pequeños vecinos; de ellos es el futuro, claro está guiados por lo que logremos. Apostemos por ellos. Apostemos por nuestros muchachos. Un saludo a todos mis contemporáneos y a los que me preceden. Los llevo en mi corazón.

Insto a mi generación contemporánea a seguir adelante, conocidos o aún desconocidos, lejanos o distantes, no importe su profesión o su ocupación dando muestras de noble ejemplo y noble moral.

Desde la Civdad de Los reyes del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

Víctor Abraham les saluda

domingo, 3 de julio de 2011

Música ligera de Soda stereo



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Sobre el recordado grupo argentino y su tema principal:

"De música ligera" es una canción y sencillo creada por Gustavo Cerati e interpretada por la banda argentina Soda Stereo, es uno de los temas más conocidos, populares y emblemáticos del grupo, cuya influencia musical ha sido notable en la historia del rock latino desde hace más de dos décadas y que es considerada un himno del rock latino y del Rock en español. Fue lanzada como tema Nº 6 del álbum Canción Animal, que salió a la venta el 20 de diciembre de 1990, considerado la obra maestra del grupo. Precisamente la letra habla de esta secuencia de sonidos (Música ligera). Ha sido considerado el 2º mejor tema de la historia del rock hispanoamericano y 4º mejor tema del Rock latino como del argentino.

Fue con esta canción con la que Soda Stereo culminó el legendario último concierto de la banda (El Último Concierto), tras el cuál la banda se separó luego de 15 años juntos. Al finalizar el tema, Cerati, evidentemente emocionado, dió un agradecimiento a todos los fanáticos y colaboradores que, de una u otra forma, hicieron posible su éxito y al finalizar pronunció la emblemática y - y a partir de ese momento - famosa frase, "gracias... totales". Este momento es recordado como uno de los más emocionantes de la historia de el rock latino y la música latina en general de todos los tiempos.

Desde la Civdad de Los Reyes del Perv.
Víctor Abraham les saluda

martes, 28 de junio de 2011

Monólogos del hombre de la flor en la boca de Luigi Pirandello, Premio Nobel de Literatura 1934


He venido aquí, a este café de la estación. Es la una, a las cuatro tomo el primer tren. Miro a través de las vidrieras a los viajeros que salen con los paquetes colgados en la mano o bajo el brazo... los sigo con la mirada hasta que se pierden de vista... imaginándome... ¡Ah! ¡Cuántas cosas me imagino! No puede usted hacerse una idea. No dar un momento de descanso a la imaginación, adherirse con ella a la vida de los demás... pero no de la gente que conozco. No, no. ¡Con ésa no podría! ¡Siento un fastidio, ¡si usted supiera! Verdadera náusea. ¡A la vida de los extraños, en torno de la cual mi imaginación puede trabajar libremente, pero no a capricho, sino más bien teniendo en cuenta las mejores apariencias descubiertas, en éste o en aquel! ¡Y si supiera usted cómo trabajo, y hasta dónde consigo penetrar! Veo la casa de éste o del otro, vivo en ella, me siento allí como en la mía, hasta percibir ese aliento particular que tiene cada casa, la de usted, la mía, pero... en la nuestra..., nosotros ya no lo notamos, porque es el mismo aliento de nuestra vida. ¿Me explico? ¡Ah! Veo que usted asiente... Necesito aferrarme con la imaginación a la vida de los demás, pero así, sin placer, sin interesarme siquiera... Más bien... para sentir su fastidio, para juzgar la vida tonta y vana, de modo que a nadie pueda importarle acabar. Y esto es fácil de demostrar, ¿sabe?, con pruebas y ejemplos continuos, implacablemente en nosotros mismos. Porque el deseo de vivir no sabemos de qué está hecho... pero... está ahí, ahí. Lo sentimos todos aquí, en la garganta, como una angustia que no se satisface nunca, no puede satisfacerse nunca porque la vida, en el mismo acto de vivir, es siempre tan voraz de sí misma, que no se deja saborear. El sabor está en el pasado que nos queda vivo dentro. El deseo de vivir nos viene de eso, de los recuerdos que nos tienen atados. Pero, ¿atados a qué?, a esta tontería... a este disgusto... a tantas ilusiones estúpidas... ocupaciones insulsas... sí, sí. Esto que ahora, aquí, es una tontería, esto que ahora, aquí, es un aburrimiento, y hasta podemos decir, esto que ahora nos parece una desventura... sí señor... a la distancia de cuatro, cinco, diez años, ¡quién sabe qué sabor tendrá... qué gusto tendrán las lágrimas de ahora! Y la vida. Al solo pensamiento de perderla... especialmente cuando se sabe que es cuestión de días... ¡Mire!... ¿Ve usted allí? Allí en aquella esquina... ¿ve usted aquella sombra de mujer? ¡Mire! ¡Ya se escondió! ...

De: "El hombre de la flor en la boca". Luigi Pirandello.



Sobre el autor:

(Agrigento, Italia, 1867-Roma, 1936) Escritor italiano. Hijo de un rico comerciante, estudió en las universidades de Palermo, Roma y Bonn. Tras graduarse en ésta última en 1891, regresó a Italia. En 1894, una vez hubo concluido su primera novela, L'esclusa, contrajo matrimonio y publicó su primer libro de relatos, Amores sin amor. En 1897 fue contratado como profesor de literatura italiana, y en 1904 apareció su novela El difunto Matías Pascal, que recogía muchos elementos biográficos del autor y constituyó un enorme éxito. A la publicación del ensayo L'umorismo siguieron el drama Pensaci, Giacomino!, el volumen de relatos La trampa, y la novela Si gira...

Con la representación, en 1917, de la pieza teatral Así es si así os parece, se decantó claramente por el género dramático, en el cual creó escuela por su peculiar construcción de la pieza teatral, sus recursos escénicos y la complejidad de sus personajes. A partir de 1920 publicó varias comedias, entre ellas La señora Morli, que abordaba el tema de la doble personalidad, y Seis personajes en busca de autor, que fue un fracaso clamoroso. Con Enrique IV, puesta en escena en 1922, recuperó el favor del público.


Tras abandonar la enseñanza para dedicarse por entero a la creación literaria, y reconocido ya en todo el mundo, en 1925 asumió la dirección del Teatro d'Arte de Roma y cuatro años después fue nombrado miembro de la Academia de la Lengua de Italia. A esta época pertenecen los dramas Esta noche se improvisa, Lázaro, Como tú me quieres y No se sabe cómo. La obra dramática de Pirandello extrema los elementos en plena disolución de un realismo en crisis y la ficción teatral en varios planos para romper el espacio escénico tradicional. En 1934 le fue otorgado el Premio Nobel de Literatura.

Desde la Civdad de Los Reyes del Perv.
Víctor Abraham les saluda.

viernes, 24 de junio de 2011

La náusea de Sartre





Sobre el autor:

Jean-Paul Charles Aymard Sartre (París, 21 de junio de 1905 – ídem, 15 de abril de 1980), conocido comúnmente como Jean-Paul Sartre, fue un filósofo, escritor, novelista, dramaturgo, activista político, biógrafo y crítico literario francés, exponente del existencialismo y del marxismo humanista. Fue el décimo escritor francés seleccionado como Premio Nobel de Literatura en 1964, pero lo rechazó explicando en una carta a la Academia Sueca que él tenía por regla declinar todo reconocimiento o distinción y que los lazos entre el hombre y la cultura debían desarrollarse directamente, sin pasar por las instituciones. Fue pareja de la también filósofa Simone de Beauvoir.


Víctor Abraham les saluda

martes, 21 de junio de 2011

Fue un lunes 20 de Junio invernal.

Lunes 20, Junio invernal.

6.30 am: mañana con presencia estival asunte, más bien fría. El día de ayer llovió por espacios cortos; más bien cayó garúa fuerte. El reloj de la residencia amaneció malogrado. Gente atiborrada a la salida del edificio que aún me cobija. Las calles van tomando su dimensión real de urbe capital. Las movilidades motorizadas van tomando sus usuales dimensiones avenidales. Escolares cruzan la calle precipitadamente. Hombres y mujeres disponen un día más de su vida a la jornada diaria de labor. El poeta sale a la calle y describe, pero ante todo observa, piensa y escribe.

Fue un lunes como hoy, que desperté y me vi el rostro al espejo. Estaba más roído que de costumbre. Son tantas amanecidas pasadas, que aún no me han permitido darme cuenta de cuándo, cómo o porqué terminé así. Hoy es la festividad No 29 que sobrecoge a este cuerpo mío, con todo y espíritu. Veintinueve estaciones traslacionarias de Tierra, veintinueve veces mirando cada mañana el Sol, desde que lo recuerde en mi uso de razón, veintinueve otoños con sus vecinos inviernos. Veintinueve vividos. La verdad que cuando uno vive a escarpadas y cuestas, a espaldas de todo, (¡He dicho de todo!) uno no llega a sentir en su conciencia: cuándo es que se nos va la vida. Simplemente la vida se escurre entre las yemas de las manos; y lo que es más trágico, una vez escurrido ya no vuelve ni el mínimo instante de hálito vivido ¡Cómo es la vida!

Uno come, duerme; hace las cosas más elementales de la vida.

No es que uno no haga o deje de hacer por descuido las cosas más elementales de la vida sólo por sacrificar éstas a cambio de un puñado de sueños. No digo eso. No quiero ser negativo, sino sentirme vivo en mi más honesta expresión. L'Être Humain debe ser honesto, no trágico ni exagerado. El día de ayer nada más creía ser adolescente; hoy al despertar me siento más vivo, no he dicho más adolescente ni más adulto. El soñador vitalista en esencia nunca está más joven ni más viejo: simplemente está vivo. Eso es todo.

La vorágine vertiginosa del tiempo se detiene una vez al año para hacernos reflexionar, no importa si esté friolenta la mañana, o si amanece lloviendo. No importa si estemos en casa o en la calle observando detalles. Lo importante es que ese día sirve para detenernos y pensar no una, ni dos veces; ni siquiera la tercera parte por diez valdría; ni siquiera las veinticuatro horas y otros 1440 minutos: es más que ese tiempo. Es un tiempo inmedible porque se antepone al tiempo real y orgánico. Necesitaríamos alrededor de las veintinueve vidas que ya hemos cumplido y las veintinueve vidas que nos queden por vivir. Como ya dije esta vorágine se detiene para hacernos reflexionar sobre cuánto ya hemos avanzado en nuestro camino real o simplemente no. El camino es largo y a la vez efímero. No niego, ni siquiera pongo en materia de cuestión estos cambios cronológicos o temporales, físicos o morales, y lo que ellos implique y lo que acarree de por sí. No voy a decir que el tiempo es ingrato. Es insensato pensar así, simplemente aprovechamos nuestros instantes vitales cada vez mejor o los dejamos discurrir: nosotros elegimos.

Mi padre (...)siempre se preocupó por mi bienestar, no sólo físico, sino también moral e intelectual. Me enseñó el trabajo y el esfuerzo, de cómo éstos se resumían en una sola frase: “Luchando, cayendo y levantando”. Tres gerundios, tres oraciones simples unidas por una coma y una conjunción. (Dios bendiga el ánima de este gentil hombre donde quiera que se encuentre)

(Hago un paréntesis... Después culminaré esta crónica apreciativa.)

(11.17 am: Regreso a la jornada de escritura)

(…)

De mi madre guardo los más tiernísimos afectos y devociones, si es que es permisible decir esto de un Ser Humano al que se le llama con justa razón: madre. Ha sido siempre una mujer hacendosa. Lacónica en momentos difíciles, pero risueña en otros no tan difíciles. Sus cabellos, de un liso oscuro retinto que impresionantemente se resistían a morir de la forma más albicante posible. De ella, he aprendido la determinación y la libertad. Libertad entendida como capacidad para discernir entre lo correcto y lo incorrecto. Ella puso en mi camino, siempre eso mismo: caminos. Caminos de Libertad. Recuerdo aún una expresión suya: “Hijo, es pasable ser pobres, pero no corruptos y deshonestos.”

Creo, que estos calificativos denigrantes constituyen en el individuo sus mayores pecados mortales: Seguir haciendo de este mundo un universo sistémico más intolerante, desigual, distante y corrupto. Como diría el genial poeta noruego Bjornstjerne Bjornson: “... tú nos proveíste de una nueva iglesia; pero, también, la llenaste de un espíritu nuevo, y no exactamente de amor. Es verdad, nos has construido nuevos caminos, pero caminos a la destrucción, como se evidencia claramente en las desgracias de muchos. Es verdad, has reducido nuestros impuestos; pero, también, has aumentado aquellos sobre nosotros mismos; juicios, protestas y equivocaciones no son bendiciones para una comunidad.

Por lo mismo consiguiente, me atrevería a seguir su línea y reforzarla afirmando que: se nos han dado desde que tenemos uso de razón alimentos materiales, la infraestructura adecuada en algunos casos, el vestir correcto o la moda apropiada, las normas morales etiquetadas y aceptadas por cada circulo social según credos y razas; pero lo que ha faltado es: habernos alimentado de verbo espiritual, de ideas y de optimismos. La paz sosegada del cuerpo satisface el espíritu.

Mi madre era siempre una religiosa convicta y confesa. Siempre procuró darnos el alimento espiritual. Era, hasta cierto punto diría yo, una persona sumamente católica. Aunque esto, no impedía nunca, ni podría impedir ahora el espíritu liberal hogareño que tenía. De no ser por esta hermosa cualidad, tal vez hoy mi libertad, no constituiría mi esencia. (Ídem) Ya he dicho no constituiría mi esencia y la que me sigue sosteniendo.

Son tantas cosas las que uno vive y toca cuando es niño, que quedan impregnadas para siempre en el corazón adulto. Cito textualmente una frase de los proverbios bíblicos que tomé de las Sagradas Escrituras, y que usé para epígrafe de una de las secciones de mi primer libro de poemas: “La palabra verdadera se instala para siempre, lo que es falso dura sólo un momento.” (Prov. 122., 19) (…)



Víctor Abraham les saluda y agradece por su amabilidad constante.
Desde la Civdad de Los Reyes del Perv.

jueves, 16 de junio de 2011

Premio Cervantes 2007: Un reconocimiento al maestro argentino






Juan Gelman - Lamento por el sapo de Stanley Hook


Stanley hook llegó a Melody Spring un jueves de noche con un sapo en la mano
"oh sapo" le decía "sapito mío íntimo mortal y moral y coral
no preocupado por esta finitud
no sacudido por triste condición furiosa" le decía
"oh caballito cantor de la humedad ph pedazo de esmeralda"
le decía stanley hook al sapo que llevaba en la mano
y todos comprendieron que él amaba al sapo que llevaba en la mano
más allá de accidentes geográficos sociológicos demográficos climáticos
más allá de cualquier condición
"oye mío" decía "hay muerte y vida día y noche sombra y luz"
decía stanley hook "y sin embargo te amo sapo
como amaba a las rosas tempranas esa mujer de Lesbos
pero más y tu olor es más bello porque te puedo oler"
decía stanley hook y se tocaba la garganta
como raspándose el crepúsculo que entraba y avanzaba y le ponía el pecho gris
gris la memoria feo el corazón
"oye sapo" decía mostrándole el suelo
"los parientes de abajo también están divididos ni siquiera se hablan"
decía stanley hook "qué bárbara tristeza" decía ante el asombro popular
los brillos del silencio popular
que se ponía como un sol

esa noche naturalmente stanley hook se murió
antes le dio terribles puñetazos a las paredes de su cuarto en representación de sí mismo
mientras el sapo sólo el sapo todo el sapo
seguía como el jueves
todo esto es verdad:
hay quien vive como si fuera inmortal
otros se cuidan como si valieran la pena
y el sapo de stanley hook se quedó solo.





Mujeres


Decir que esa mujer era dos mujeres es decir poquito debía tener unas 12397
mujeres en su mujer era difícil saber con quién trataba uno en ese pueblo de mujeres ejemplo:

yacíamos en un lecho de amor
ella era un alba de algas fosforescentes
cuando la fui a abrazar se convirtió en singapur llena de perros que aullaban

recuerdo cuando se apareció envuelta en rosas de agadir
parecía una constelación en la tierra
parecía que la cruz del sur había bajado a la tierra
esa mujer brillaba como la luna de su voz derecha

como el sol que se ponía en su voz
en las rosas estaban escritos todos los nombres de esa mujer menos uno
y cuando se dio vuelta
su nuca era el plan económico
tenía miles de cifras y la balanza de muertes favorables a la dictadura militar
nunca sabía uno adónde iba a parar esa mujer
yo estaba ligeramente desconcertado
una noche le golpié el hombro para ver con quién era y vi en sus
ojos desiertos un camello

a veces
esa mujer era la banda municipal de mi pueblo
tocaba dulces valses hasta que el trombón empezaba a desafinar
y los demás desafinaban con él
esa mujer tenía la memoria desafinada

usté podía amarla hasta el delirio
hacerle crecer días del sexo tembloroso
hacerla volar como pajarito de sábana
al día siguiente se despertaba hablando de malevich

la memoria le andaba como un reloj con rabia
a las tres de la tarde se acordaba del mulo que le pateó la infancia una noche del ser
ellaba mucho esa mujer y
la devoraron todos los fantasmas que pudo alimentar con sus miles de mujeres
y era una banda municipal desafinada
yéndose por las sombras de la placita de mi pueblo

yo compañeros una noche como ésta que nos empapan los rostros que a lo mejor morimos
monté en el camellito que esperaba en sus ojos y me fui de las costas tibias de esa mujer

callado como un niño bajo los gordos buitres que me comen de todo menos el pensamiento de cuando ella se unía como un ramo de dulzura y lo tiraba en la tarde



Desde Lima, ciudad capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda

Una movilización sin sustento: el objetivo, aglutinar a la manada; la gran mentira, la democracia

La consciencia de un valor cualquiera sea este da la libertad al individuo, le confiere responsabilidad, acción y fe en el futuro. Los hij...