jueves, 19 de febrero de 2015

Visita a Pepe

Hoy salí muy temprano. Decidí ir a visitar a Pepe Pazurro, lo que pasa es que hoy era su cumpleaños número sesenta y nueve, y cuando eso sucedía, él no iba a trabajar. Él era muy respetuoso de las convencionalidades, de las formas, de las fechas memorables. Además Tito y Juanita, lo querían mucho. Lo engreían bastante, y con mayor razón tras la muerte de Sofía, su mujer.

José se había dedicado también a los negocios como yo, había sido toda su vida vendedor de frazadas, las que llevaba y traía constantemente de Arica o de Desaguadero, en muchos casos burlando la frontera. Lo conocí en la Escuela Técnica de Comercio allá por los años de 1960, ambos éramos estudiantes de contabilidad. Siempre me decía que algún día formaría una cadena de tiendas, parecidas a Super Rey, que era la tienda importadora más grande de ese momento en Trujillo. Su padre, al igual que el mío también sirvió al ejército, pero no murió en ninguna guerra, mas bien fue a morir de cáncer a la próstata debido, decía él, a las muchas mujeres que había tenido fuera de su matrimonio. Ambos, Pepe y yo, fuimos, y hasta hoy hemos sido buenos amigos. Nos frecuentábamos mucho. Un tiempo trabajó en el “Tayuén Hnos.”, pero luego se fue a “Super Rey”, donde trabajó cinco años más en que empezó su propio negocio, compra y venta de frazadas al por mayor y menor. Gozó de buenas épocas. Él, no muy alto, rechoncho, moreno, de ojos vivaces y cabello levemente ondulado; yo, flaco, algo escurrido, medio palúdico, no tan vivaz, y de cabello liso castaño. Fuimos buenos amigos.

Solía visitarme periódicamente al “Tayuén Hnos”, donde conoció por a mí a Sofía. Ella era una joven delgada que rozaba sus diecinueve años, usaba anteojos que descansaban graciosamente sobre una nariz respingada y siempre movible por un extraño y curioso tic que en vez de hacerse notar prominentemente, daba a ella un aire de niña eterna, sí, infantil y eterna, digna de una emperatriz de la época, de tez un poco blanca. Solía llevar atuendos sobrios y largos, cuando no vestidos florales con vivaces colores, y hasta a veces llevaba sobre sí, estilos naif a lo Jacqueline Kennedy, esto es vestidos de un solo color, conjuntados siempre con chaquetas de punto. Los pantalones de campana anchos y rectos también estaban dentro de sus exquisiteces de vestir. Cuando salíamos con Pepe, o sea los tres, ella llevaba un bolso de asa corta, pequeño, y de charol. A veces sombreros de hala corta y en otras boinas curiosas. Los pañuelos de colores, en la cabeza o en el cuello, también eran de su preferencia. Recuerdo que una vez, para ir al cine, se presentó ante nuestros ojos con unas botas altas, que le daban casi por la rodilla, eran de charol y con tacones algo gruesos, añadidas a una minifalda recta y blanca.

Sofía, vivía con una tía en un cuarto alquilado. Decía que su madre había muerto de una extraña enfermedad dejándola muy pequeña al cuidado de su padre. Tenía por esas épocas una hermana, siempre hablaba de ella con nostalgia. Decía que murió cinco años después de la muerte de su progenitora, enfermedades del corazón. Al quedar ella sola se fue a vivir con su padre, que se volvió un alcohólico empedernido al poco tiempo debido a la impresión familiar que tuvo a raíz de estos sucesos, y que por cierto, al poco tiempo desapareció para no volver más. Ella decía que también había muerto, aunque a veces se contradecía renegando de él y su abandono repentino. Se fue a vivir con la señora Gloria que era la hermana mayor de su madre, una anciana solterona y muy católica. Vivían en la calle Independencia 854, donde hoy funciona una agencia de pagos de luz. (Parece que el predio de esa casona antigua fue vendido a la agencia de cobranza por sus propietarios legítimos).

Sofía se casó posteriormente con un trabajador de la hacienda azucarera “Roma”, que pagó todos los derechos de nupcias correspondientes, un tal Filipo de Charat, zona de la sierra de Trujillo, pero que al poco tiempo, dos años creo, murió. Yo estaba por ese tiempo con mi madre en Lima. (No sé de qué murió exactamente, ella nunca lo quiso confesar, pero una vez oí decir a Julio, ya años después, que ese hombre padecía trastornos cardíacos, en fin).

Ella, Pepe, y yo fuimos muy buenos amigos solíamos ir al cine los domingos, o frecuentar de pronto concursos de marinera en épocas de fiestas. A mí me apasionaba el teatro; a él, los bailes; y a Sofía el cinema. No sé cómo, pero una vez ellos me dijeron riendo, que algún un día yo tendría una mujer muy buena y comprensiva a mi lado, de buen vestir, conversadora, y trabajadora, y que por fin pondría un orden a mi desordenada vida. Era evidente, que no se referían a ninguna otra mujer que no hubiera sido en ese momento Sofía, hasta inclusive Pepe me hacía bromas de vez en cuando, “Eh, pillón, dale el sí, se ve que te gusta, y tú a ella, no lo dudes porque si no mira que aquí hay otro gavilán escueto, jajaja”.

José Pazurro también se casó, pero al poco tiempo enviudó. Su mujer había muerto de un derrame cerebral. Solo le dejó una niña pequeña, Juanita, que llevaba el mismo nombre de su madre. Ya el tiempo hizo que ambos, Pepe y Sofía se enamoraran, y se casaran. Fueron muy felices, y me invitaron a su boda. Boda a la que no asistí por razones de juicios pendientes que había heredado por los terrenos de mi madre, que por esas épocas estaban en litigio con un hermano mayor que intentaba arrebatárselas. Fueron muy felices, ya dije, y ambos tuvieron un hijo, Tito, quien sacó los mismos ojos y la nariz de la madre, aunque el cabello y la complexión eran notorio que le pertenecían al padre. Me hice su padrino. Aún tengo conmigo la foto de los tres, y al pequeño bebé sobre mis brazos. Cómo ha pasado el tiempo desde ese entonces.

Tito, hijo único de ambos, había heredado de su madre ese extraño tic de mover la nariz constantemente. Algo que detestaba mucho su padre, pero que terminó finalmente enamorándolo de Sofía. Ambos decidieron que era mejor darle una profesión, total, “es la educación, decía, ella, su madre, el mayor legado que los padres pueden dar a sus hijos”. Fue así como Juanita, se hizo contadora, y Tito, arquitecto. Yo por esas épocas, ya había abierto un negocio propio dedicado al rubro de licorerías, bares y restaurantes. Seguía soltero, viviendo y velando únicamente por mi madre. Los tres, nos seguimos frecuentando con continuidad hasta que me casé. Supe luego, que ambos cambiaron de residencia. Perdí el rastro, hasta que años después me los volví a encontrar, un día por la Plaza de Armas cuando estaba paseando con María, ya había nacido Mauricio. Me dejaron su dirección, y su número, pero los perdí posteriormente. Con Pepe, nos seguimos viendo, se había dedicado, ya viejo, a manejar y hacer servicios de taxi a turistas. Nos encontrábamos esporádicamente, hasta el miércoles de la semana pasada en que me contó el trágico desenlace de su mujer. Muerte, cardiopatía coronaria.


***

Hoy, al llegar a casa por la noche, me encontré con una sorpresa. María había comprado una torta de chocolate, según ella por iniciativa de mi hijo Mauricio. Me habían guardado una parte en el conservador. Además, Rosa me alcanzó un dinero, eran S/. 250 soles que mi hijo había dejado para mis gastos. A ellas también les había dejado una propina. Me fui a mi cuarto, y lloré dando gracias a Dios por tener a un hijo tan agradecido. “Con este dinero”, dije para mis adentros, “podré pagar finalmente los trámites para mi evaluación por parte de la Junta Médica Evaluadora del hospital Lazarte, que me exige la OEP, para mis trámites de jubilación. Y es que sucede que últimamente no he podido llevar a cabo estos exámenes, debido a la falta de dinero, y en las dos únicas veces que lo he intentado por el SIS (Sistema Integral de Salud), me han dicho que, para caso extraño mío, no cubre los exámenes porque estos son muy costosos, además que escapa al presupuesto establecido por este sistema, que por cierto está destinado a gente como yo, que no tiene nada, ni seguro, ni condición económica que ampare nuestra vida. Vida de paupérrimos. A veces pienso, que todo esto de los fondos de salud y de jubilación se mueven por fuerzas cercanas de apego al dinero, por intereses de ambición particulares, en el que conviven diariamente abogados, funcionarios públicos y hasta médicos, quienes han terminado usufructuando la profesión del servicio por la vida humana, porque en ellos, en los agentes de la salud, está la vida de las personas, pobres o ricas, elevando así esa necesidad particular de obtención cada vez mayor de mercancías económicas sobre el plano de su propia condición de seres humanos. Pienso luego, con una relativa tristeza, que la mayoría de estos profesionales han terminado soterrando su verdadera pasión de servicio reemplazándola por otra, de ganancias y de status sociales. Por Dios, qué degradación profesional.

Hoy escribí en el diario una reflexión de ANDRIEUX, que leí por la mañana en uno de los escaparates de una boutique, y que decidí anotar en su momento:
Día 6
Vivir en sí mismo no es nada. ¿A quién podré ser útil, ser agradable hoy? He aquí cada mañana lo que debes decirte. Y por la noche, cuando la luz del cielo ves irse, feliz si tu corazón en voz baja ha respondido: El día que termina, Señor, no lo he perdido; merced a mis cuidados vi en un rostro humano, la señal de la alegría, el olvido de una pena. François Guillaume Jean STANISLAUS ANDRIEUX. 
(…) 
Espero Dios Mío, ampares a mis tres hijos siempre, y a María, que son lo único que tengo. Imprime alegría al camino de Pepe, y de su familia. Ten en tu misericordia al alma de Sofía, dále, por favor, descanso eterno. Haz, Señor, que estos médicos certifiquen de una vez por todas mi precario y difícil estado de salud para poder agilizar mis papeles del seguro. Ablanda su corazón PADRE, y dales paz a su vida como a la de sus familias. AMÉN. 
11.15 pm.


Del cuaderno de: "Los días van y vienen". Lima, 2015.
De: Víctor Abraham

martes, 17 de febrero de 2015

Lunes 7 de julio, de "Los días van y vienen". Lima, 2015


Pasamos el día tranquilo. Todo volvió a su calma, era evidente que el enorme hoyo dejado por Mauricio en nuestros corazones es muy notorio. María, retomó su quehacer silencioso; Rosa, su vida melancólica; y Lupe, sus ausencias matinales. Fue hoy a estudiar temprano. Por la mañana atendimos en el negocio con el desayuno. Sí, sí, nuestro trabajo consiste en tener listo todos los insumos posibles que sirvan para desayunar, entre sándwiches, mermeladas, pan de todas las variedades, quinua, avena, soya, leche, mantequilla, aceitunas, tortillas, en fin, y bueno, uno que otro plato de comida ligero, como lomo al jugo, o pescado frito con yuca. Ahora bien, para ello se necita levantarse muy temprano, cuatro y media a más tardar y empezar por lo básico y esencial que es prender la cocina a querosene, freír las papas, lavar las verduras, y empezar a preparar las tortillas; de allí a hacer la limpieza del salón, limpiar los mostradores, las mesas y las sillas, hacer la pizarra del día, y bueno, abrir finalmente, no sin antes poner la música de la mañana, melodías acompasadas por instrumentos de cuerda y de viento, en otras veces rancheras mexicanas, o pasillos breves. A María, mi mujer le gusta las notas de El Cholo Berrocal; a mí, las rancheras de Pedro Infante, que siempre fue para mí desde niño mi máximo ídolo, en fin.

Del mismo modo, es necesario precisar que la mayor parte de los clientes son, en su gran mayoría, cobradores y choferes conductores, miembros de la empresa de micros azules Santa Rosa de La Esperanza, además de taxistas, y algunos que otros escolares que pasan a su colegio temprano, o bien padres de familia que llegan a coger su movilidad para ir al trabajo, al centro de Trujillo.

Trujillo es una ciudad muy pequeña, una urbe que se comporta como cosmopolita, sin serlo. Llena de callejuelas pequeñas y estrechas, eso sí bien pintadas y coloridas. Su centro histórico acoge a muchas personas laboralmente hablando. Casi todos los centros de trabajo están dispuestos dentro de la histórica avenida circular España, compuesta de unas veinticuatro cuadras pequeñas, -y esta a su vez circunscrita por una avenida circular más grande, que se divide en norte y sur, la gran avenida América-, por supuesto que hay algunos centros laborales en las periferias a ella. Sobre todo de calzado, y de telefonías. Las universidades también se encuentran a su alrededor. La estructura del centro antiguo tiene forma de tablero de damas, una plaza, que dicen sus pobladores ser amplia, pero no la es, límpida, sí, es muy limpia. Cuando era niño vivía con mi madre en pleno centro histórico, en un cuarto alquilado del 525 de San Martín. Los almacenes “Tayuén Hnos”, donde trabajé con Aurea, la hermana de Gellman; y con Sofía, la que en vida fue mujer de Pepe Pazurro, y gran amiga mía, quedaba en el 345 de la calle Gamarra cerca al Mercado Central, y pensar que fue allí donde me empecé a trabajar por primera vez, hace ya mucho tiempo desde que era un jovencito. 20 años. Sí, 20 años que me arrojaron un tiempo de servicio útil, con el cual pude comprar por fin mi terreno propio en Buenos Aires, y levantar mi casa en compañía de mi madre y María, mi esposa. ¡Cómo cambió Trujillo desde ese tiempo!, antes había más dignidad en el vivir, digo esto porque hasta el vestir era sencillo. Algo sencillo, pero fino. Una vida muy reservada y conservadora, cuando no, con ensoñaciones de pequeñas aristocracias dada la condición de los apellidos Santa María, Ganoza, Landauro, en fin. Uno de ellos, Juan Servat Santa María, se hizo médico, y luego alcalde, para finalmente afiliarse al Partido Aprista, y una vez en el poder despacharse con todas las resoluciones departamentales de obras médicas. Lo último que supe de él es que se fue a Lima, y hasta hoy sigue sirviendo fideísta, y servilmente a su jefe que ya no es ni la sombra de lo que solía ser en sus años mozos, hoy día convertido en un político viejo, arrugado y parlanchín. Y es que a veces los individuos son así de repulsivos cuando se vuelven adictos al poder, enfermizos por este, oscuros, al extremo de volverse cosas raras y degradables, en las que sin darse ya no hay esencia propia, sino caretas. Sí, y son estas caretas las que se enquistan en sus rostros para siempre, desde el momento mismo en que abandonan sus ideales. Caretas, que han terminado cubriendo finalmente sus rostros y consciencias.


***

En el almuerzo dos, tres clientes; por la tarde y por la noche, la venta fue escasa.

María fue hoy a Trujillo a hacer algunas compras. Leyendo el diario, encontré interesante esta máxima del día
"Después de saber cuándo debemos aprovechar una oportunidad, lo más importante es saber cuándo renunciar a ella". Benjamin DISRAELI.

Hoy terminé escribiendo:
Día 5
SOBRE LOS USOS DEL CUESTIONAMIENTO 
El poder se levanta sobre la ignorancia, el fideísmo estúpido, y el circo de la mordacidad diaria; éste, teje argucias - y está seguro de lograrlas- porque sabe que hay seguidores y fideístas enceguecidos que por un cargo temporal son capaces de socavar su propia dignidad. Es triste ver ahora a jóvenes repartiendo volantes, pintando paredes, vistiéndose absurdamente o consiguiendo firmas para inscribir a sus partidos. Si actuamos bajo esas sórdidas premisas entonces se estará dando mal ejemplo a las generaciones que están tras de ellos. Un joven, no puede doblegar su fresca capacidad libertaria y su autonomía creativa por una galleta o una propina monetaria, porque - y seamos claros-, ya de antemano se sabe quién toma las riendas al interior de un partido. Sucede que simplemente quien decide ofrecerse lo hace a sabiendas que nada obtendrá allí, salvo -como ya dije- un pequeño cargo temporal que lo tendrá atado al servilismo permanente.

Por otra parte, los dirigentes políticos compran el poder, o simplemente lo heredan, esa es la verdad. Esto que afirmo, tal vez no lleve nada novedoso, salvo por una excepción, que quienes los eligen jamás reciben nada a cambio de sus votos- es más, ni se interesan en exigir algo-. Los ciudadanos se contentan con obras provenientes de presupuestos participativos, que en muchos casos son seleccionados por burócratas al interior de oficinas cerradas. Así, un contribuyente de a pie jamás hace respetar sus derechos porque sencillamente predomina la viveza de estos primeros. y si hablamos de herencia política que recibe un ciudadano, sí, sí hay una herencia, hay muchas herencias, y estas son entre otras, obras hechas a última hora, pistas que se descascaran, fuentes de aguas de colores, monumentos estrambóticos, estrechas lozas deportivas, pero nada, absolutamente nada, que tenga que ver con programas de talleres artesanales para jóvenes, programas de productividad familiar, e inclusive mejoras en la calidad educativa de los niños y niñas. "¡Qué va!", dicen ellos, "¡Dale un circo, lugares para que se tomen fotos y de vez en cuando ponles un concierto!". Uhm, ¿Qué pasaría- y parafraseo al genial Czeslaw Milosz, escritor polaco-, si el poder cambiara de manos?, en fin.

Es por ello que, el cuestionamiento es importante porque hace que las personas no sojuzguen su propio poder de realización creyéndose desmerecedores de su propia felicidad. Si la gente aprende a cuestionar, a criticar, a negarse a seguir, esto es si la gente destierra por completo todo intento de fideísmo entonces, será capaz de rebelarse a su propia debilidad individual de sólo oír y callar para pasar a convertirse en entes activos que promuevan actos colectivos abiertos y propongan teorías de pensamiento, en fin. Luego, el acto del pensar es importante porque nos hace darnos cuenta de quiénes somos realmente e individualmente, ya que vale más el no seguir que el obedecer. De allí que sea imperioso reafirmar ahora más que nunca que se necesitan escritores comprometidos con los cambios radicales; se necesitan pensadores que formulen teorías y propongan sugestivas propuestas desde sus múltiples campos de aplicación cognitiva, amparados y fundamentados sólo en eso que se puede llamar subversión mental y consciencia crítica. Se necesitan individuos disidentes y claros a la hora de expresarse, alejados de todo lenguaje retórico, procaz y mordaz.

Todo ello me lleva a pensar finalmente que, yo no puedo ni podré criticar una corrupción jamás, si soy parte de ella, si convivo con ella, o si disimuladamente le saco la vuelta a mi consciencia con el fin de soslayar lo que debe ser cuestionado en su momento. El hecho de que yo denuncie una corrupción, no me hace menos corrupto: si alguien calla o no, eso es cuestión de cada quien. No me interesa el hecho de que alguien salga y pregone su moralidad, la consciencia juzga mejor. Luego, - y pienso mucho en ello- hay una forma de combatir socialmente la corrupción de una vez por todas, y esta radica precisamente en decirle (y enseñarle) a la gente a cuestionar, a reclamar, a no callar. Si enseñamos a la gente a revelarse contra su propia debilidad y miseria moral estoy seguro que habremos empezado a cimentar nuevos tiempos. Esto me hace pensar en una parábola, aquella que habla del trigo y la cizaña, pues aquí ambas deben crecer juntas, cuestionamiento y corrupción, y una vez listas para ser segadas corresponderá a las nuevas generaciones cortar las indicadas o no indicadas. ¿Y nuestro papel? Ah, sí, claro, el nuestro, por supuesto, para no olvidar, nosotros pasaremos a ser adscritos a esa generación de hombres y mujeres que quedó en el pasado llena de precursores y próceres de una nueva sociedad.

9.00 pm

Fragmento de: "Los días van y vienen. Lima, 2015. Víctor Abraham


Deber de educar

Abro el periódico de la mañana y leo, veo, y percibo sentimientos de frustración, dolor, reclamo, angustia, superficialidad, temas irrelevantes. Es indudable que nuestros periodistas, para nada independientes, siguen afanosos de llenarnos - cuánto no, de transmitirnos- sentires absurdos, sin embargo, esto no hace más que afirmar mis especulaciones diarias en cuanto a la pobreza del alma humana. La televisión, convertida hoy en aparato de degradación sistemática ya no tiene nada que ofrecernos, salvo programas irresponsables de cable, en muchos casos llenos de películas ficcionarias, magazines divertidos, con algo de cultura es cierto porque no voy a negarlo, pero poco, poco en comparación a lo que debería ser o hacerse desde ese medio comunicativo (además, me pongo a pensar ahora que no es la gran mayoría la que accede a una señal de cable, sino una minoría, a pesar de la baja de tarifas económicas. Al diantre con esto, la gente en su mayoría tiene - y ve todo por- señal abierta). Escucho a los líderes de opinión decir, "ni la televisión ni la prensa educan, sino la escuela, es tarea de los padres y profesores", y pienso en dos cosas: qué irresponsable e infantil manera de zafarse de esa responsabilidad de la conscientización permanente que urge de más héroes anónimos en vez de acusadores de actos ajenos, pero también tal vez tengan razón, nadie da lo que no tiene, dudo que estos señores periodistas de prensa escrita o señoritas animadoras de TV, tengan algo que dar, y eso es lo más lamentable; sí, es lamentable cuando alguien, probablemente más por el hecho de no poder, que de no querer, tira la toalla y dice, "esto es así, o no es así, no sé pero no es mi problema".
 Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

domingo, 15 de febrero de 2015

Convicciones y razones, dedicada a Rosario Salazar

Pero, si hay algo que me apasiona más, mas que el hecho de ser un vendedor de libros, o encontrar lectores, es ser un trabajador constante de la palabra, y encontrar amigos y amigas, encontrarlos en espacios, momentos, bancas, situaciones inesperadas, por la mañana, por la tarde, por la noche, con el fin de poder aprender algo - o quizá mucho- de ellos, ya que pienso luego, que es esa la necesidad de ser y hacer amigos, la razón de ser de la prolongación de la existencia. Un buen amigo es una bendición permanente, y mantenerlo todos los días es de héroes, en fin. Una amiga de Huancayo, muy apreciada y querida, me pregunta, ¿por qué no escribes para un portal de maestros y publicas tus escritos allí? La verdad es que lo pienso, y decido decir que no, sé muy bien cuál es la realidad del magisterio peruano hoy en día, y sé muy bien que valoración tendrían mis escritos allí. Hay mucho por contribuir, lo sé, quién más que yo para saberlo como educador mismo, sin embargo entiendo que para eso están los técnicos y especialistas en tecnología educativa. Y no soy un tecnólogo educativo, ni un edecán de las formalidades del Ministerio. Estudié para ser maestro, no para ser funcionario público. Mi necesidad de escribir, mi propio desasociego, apunta a contribuir al desarrollo del espíritu mismo, de la conscientización misma, al margen de cualquier actividad formal o ciudadana. Me obliga y me preocupa más aportar significativamente a este cambio sistémico global que durante años ha estado aletargado. Lo sé, sé muy bien, que las generaciones de esta patria - y probablemente las de otras patrias más- han caminado sumisas durante años, en sí, salvo momentos heroicos en circunstancias admirables como las de Argelia o las de Egipto, o las de República Dominicana, en fin, y tantos otros hermosos ejemplos de amor por la tierra que los vio nacer, pero cómo decía al margen de éstas, la mayoría de las consciencias ya están hechas para bien o para mal. Ya se formaron y tienen sus propios ideales e idiosincracias provenientes de sus legados anteriores, que los respeto, que respeto mucho, pero que soy muy exhaustivo e incisivo al momento de compartirlos.

Me interesa más hacer un trabajo, tal vez uno que quede como plataforma o base, ya no para éstas que están con nosotros, que nos acompañan diariamente, sino para que tal vez, unas terceras o cuartas (generaciones) posteriores a las nuestras puedan ser mejores. Me agrada alguien que ve que algo que está incompleto, o que no le agrada, y entonces dice, "¡Tenemos que hacer las cosas ya!", y a partir de allí, empieza a hacerlo desinteresandamente.

Es por ello que debemos seguir, seguir dando lo mejor de nosotros mismos, sigamos haciendo de nuestros análisis propios y diarios, claras muestras de rebeldía sistemática, porque hay mucho por hacer y cambiar aún: Que nuestras palabras y nuestros actos sean sinónimo de nobleza y apunten siempre al cimiento y fortalecimiento de mejores individuos, que abracen ellos mismos, movidos por nuestras propias intenciones, la imagen de ese hombre por el hombre, y de esa mujer por la mujer, de esa escritura que redime; en suma, que abracen ese ideal de construir un mejor ser humano.

El acto de ser quien se es

Hace una semana atrás, Rosario Salazar, una poetisa amiga, muy sensible y comprometida con las causas nobles de la gente, y que vive por cierto, en el estado mexicano de Mérida, tuvo el gesto de hacerme una entrevista en su programa " Yo amo las letras", la misma que se trasmite todos los jueves por la tarde. Salió muy amena la plática, y es que conversamos de todo, nos reímos mucho, y disfrutamos bastante de este espacio, hecho que fue trasmitido por una emisora virtual llamada Radio Más, en fin. Ahora bien, entre las tantas preguntas hechas llegó una que me llamó la atención y que me ha dejado pensando hasta hoy . me decía ella, "Víctor, hasta dónde quieres llegar con todo esto de la conscientización? Me llamó la atención, lo pensé entonces, y tras meditar la respuesta atiné a decir brevemente, "La verdad", dije, "es que solo sé que de pronto uno está allí parado, y decide hacer algo, y bueno... lo demás, ya no nos corresponde a nosotros, sino a los otros, que escuchan, y deciden ser partícipes o no de ello, en fin".

Yo pienso, respecto a ello, que escribir es una forma de rebelarnos contra nuestras propias limitaciones, frustraciones, vacíos e inconsistencias, contra nuestra rutina, y animadversiones. Escribir, es un proceso que tiene su propio curso, nace a partir de una experiencia detonante que remece el sentir del individuo; crece y se desarrolla dentro una maraña emocional- con la que incluso tiene que aprender a lidiar-, la maraña de la fugacidad y del libre -y propio- albedrío del corazón mientras aún se es joven en edad, tiempo mismo que implica un sobreponerse para no desmayar; madura en la soledad del silencio reflexivo, y de los yerros de la experiencia; para finalmente, no morir, sino consumarse en el acto mismo de la trascendencia liberadora. Se escribe para decir, yo soy, esto quiero, y esto estoy haciendo, tras estas verdades, más nada.

Por otra parte, soy un hombre que cree convencido en que la moral y la ética deben volver a instalarse en los actos de las personas... no somos perfectos, eso lo sé, pero es bueno ir mejorándonos aunque sea de a poquitos cada día, y para eso es necesario un llamado personal a nuestra propia sencillez de corazón. Una vez, en las postrimerías de su vida, mi padre me llamó y me dijo, "Hijo, el hombre no es malo, él se comporta así porque nadie se ha mostrado bueno con él. El odio y el resentimiento son malos, nunca dejes que ellos se aniden en tu corazón. Obra siempre con rectitud, pero lo más importante, sé siempre sencillo porque el hombre mientras más sepa, debe ser más entendible y cercano a la gente". Sinceramente, luego de estas palabras, sucedieron pocos diálogos. Fueron dos días más creo (ya no lo recuerdo con claridad, lo siento) los que siguieron a este, mis viajes a Lima, mis ajetreos diarios, no permitieron más conversaciones como estas, sin embargo, luego volvieron a mí, volvieron estas palabras a mí, años después, como un címbalo moral para hacer enormes boomks sobre mi cabeza. Francamente, que sí, debo reconocer que fue mi progenitor el hacedor del hombre que soy ahora, por supuesto un ser muy distinto y diferente, de aquel que mi educación formal de aquellos años, cuando era niño y adolescente, esperaba que fuera algún día.

Ahora bien, por otro lado, creo convencidamente que los escritores hoy en día, tienen que decir quiénes son, qué piensan, y que están haciendo, por sus próximas generaciones, tal vez por las terceras o cuartas, como ya he dicho anteriormente, a estos mismos. Digo esto, de mostrarse como se es, no por la necesidad de mantener una pose puramente snobista y simplista, sino porque ello debe implicar algo más grande, un acto de sensiblización y de transparencia, en fin. Un acto que no tiene fin, pues no debe tenerlo, sin embargo, sí permanencia y sostenibilidad en el tiempo. Pienso en todo esto, y se me viene a la mente, el eco estentóreo de esas magníficas palabras que un día Miguel Hernández, dejara a Vicente Aleixandre, otro poeta de su tiempo, "...una herencia, un instrumento que viene rodando desde la eternidad de la nada hasta nuestro corazón esparcido".

En cuanto a mí, soy un escritor, sí, pero también un ciudadano que siente, y dice lo que piensa. Luego, haber entregado mi vida a ser un periodista independiente, y un maestro de escuela a jornada completa, me ha ayudado mucho - al menos a mí- a esta tarea del pensamiento.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Domingo 6 de julio, de Los días van y vienen.

“Dia del maestro”, día de reconocimientos y homenajes a todos los maestros como mi hijo, maestros y maestras, hombres y mujeres anónimos, que hacen de nuestras sociedades con su labor sacrificada, sociedades educadas y formadas, en fin. Siempre he guardado un respeto profundo y una admiración por esta noble entrega de sacrificio humano. Mauricio descansó hasta buena hora. (¡Pobre chico, debe de trabajar mucho allá!) Minutos después, luego de levantarse, nos ayudó a atender al público. (Hubo mucha gente hoy, faltaron manos). Más tarde, departió con nosotros, sus hermanas, su mamá y conmigo, el desayuno. Leche, mantequilla, pan, y unos cuantos chicharrones de pescado. Creo que este ha sido uno de los mejores desayunos de mi vida, no por la comida en sí, sino por las personas sentadas alrededor de ella, en fin. Hubo de todo, preguntas, respuestas, risas, ocurrencias, juegos como antaño, como mis hijos eran pequeños. Me dio gusto por ellos. Los quiero. Hasta Rosa que es poco comunicativa, terminó riendo. Esmeralda advirtió que era mejor tomarnos una fotografía, y así fue. Así fue como obtuve la última fotografía familiar, la misma que ha quedado pegada en el álbum dorado de fotos convenientemente y que cuido con mucho celo personal. Es raro sentirse atado a estas imágenes del pasado, es algo así como si el solo hecho de tenerlas conmigo me hiciera más feliz, más dependiente de mi felicidad última.

Son pocas veces, lo sé, las que podemos estar juntos, reconozco ello. Cuánto quisiera que retroceda el tiempo para poder hacer todo lo que por mis hijos aún no he podido hacer. Entiendo la distancia de Mauricio respecto a nosotros, el trabajo que nos imbuye entre clientes, lavadas de platos, vueltos, preparación de sándwiches, deshilachados de pollo, en fin, todos los días de cada día, pero allí estamos para darnos siempre espacios familiares. Nos contó que regresaba a Lima. Con un poco de pena comprensiva, nos quedamos en silencio. Luego, se levantó y salió para alistar su equipaje, un maletín y unos libros. Cómo ha crecido este muchacho, me siento orgulloso de él. Pienso, que a veces él ha logrado lo que yo no pude en mi tiempo, ser profesional. Perdí a mi padre, estando yo en las inmediaciones de mi primera infancia, y los recuerdos que tengo de este son muy borrosos, creo que de no ser por una foto - otra vez estas imágenes fotográficas-, no tuviera el recuerdo exacto, de saber que fue sargento mayor, y que murió defendiendo a su patria en una guerra absurda que pudo en su tiempo haberse evitado de no ser por las intransigencias y demandas del momento, de allí que mi rechazo sistemático por las guerras sea total, y la percepción que pueda tener de los conflictos ajenos siempre terminen produciéndome un cierto asco porque es allí donde la gente, guiados por otros, sus superiores – o esa estúpida irracionalidad propia de sentirse con poder-, matan y son matados por otros, denigran y son denigrados por otros. Cuando era niño, mi madre me contó que un día, ese apuesto y moreno caballero de quien se había enamorado se fue con la promesa de volver antes de cumplir un mes. Luego de dos meses, un día, tocaron a la puerta del cuarto alquilado donde vivían en Trujillo. “Señora”, dijo un joven flaco y esmirriado con corte militar, “Debo decirle, que…”. Llantos desconsolados, una ropa sucia con manchas de sangre, y una inscripción hecha en una carta de papel de sello de agua con el símbolo del ejército, con letra casi indescifrable, según mi madre, que decía, “Lucía, te amo, siempre te he amado, tanto como amo a nuestro pequeño Vicente, nuestro hijo, cuídalo, cuídalo mucho, y haz de él un hombre de bien. Te quiere, Tomás”. Eran los años de 1942. Lo que vino en adelante, diantre, qué dolor para los deudos, fueron trabajar, trabajar mucho, luchando, cayendo y levantando. Sí, esa fue mi frase desde ese momento, algo que siempre les inculqué también a mis hijos. Nunca llegamos a tener nada, mi madre murió, siempre en la misma casa alquilada. Yo tuve un poco de suerte. Mi liquidación, luego de veinte años de trabajo, en “Tayuén Hnos”, me dejó un pequeño dinero, con el cual me fui a comprar un terreno cerca de una playa, llamada Buenos Aires, en el norte del Perú. Ahora que recuerdo debo agradecer a esta empresa que me permitió, gracias a un sueldo estable y nada indecoroso poder llevar mis cursos de contabilidad en la Escuela Técnica de Comercio, ya que había truncado mis primeros estudios de Contabilidad en la Universidad Nacional, en fin. Así fue como empecé a rechazar de mi vida sistemáticamente la violencia, el odio irracional, la guerra, la brutalidad, la destrucción y la muerte causada por estos actos. Un trauma quedó en mí, que nunca pude superar, no concebía que mi padre, hubiese muerto, por defender algo absurdo que tranquilamente podría hacerse evitado con entendimiento y diálogo. No entendía cómo había gente insana dispuesta a morir por servir los ideales de otros, de terceros, de superiores, de personas que nunca mueren, pero que mandan a otros a morir por ellos. Fueron años duros de pobreza y conmiseración durante mi infancia. Por aquellos años, vendimos con mi madre perritos para subsistir, y promocionar una marca de jabón en las plazas de la ciudad, actividades de las que obteníamos ganancias minúsculas, pero que servía para sobrevivir dentro de una vida modesta. “Te extraño papá”.
***

Salí a comprar un ratito al mercado cebolla y zanahoria. A las 11.00 am se despidió de nosotros mi hijo. Su mamá fue a dejarlo a la agencia. Se dirigieron al terminal del Óvalo Grau. Yo me quedé a cargo de la venta. Encontré limpiando la vitrina los recibos de luz y de agua. Caramba, cuánto ha subido el nivel de vida dentro de los seis últimos meses, pagamos ahora el 30% más de lo que ya estaba estipulado, y es que debe ser en el caso del agua, por la fuga que tenemos. El problema es no poder encontrar un gasfitero honrado que haga bien su trabajo, y no saque plata por sacar. Recuerdo que en mis tiempos, había buenos hombres dedicados a este oficio, e inclusive hasta los materiales eran de mejor calidad, ahora ya nada es lo mismo, o bien trabajan como debe ser, pero cobran un dineral que no se les puede contratar, o bien vienen, dan picotazos en la pared, en el piso, se hacen los que pegan codos, miran, y vuelven a taparlos con cemento, que al poco tiempo se termina descascarando, ya lleva tiempo este problema, en fin, seguiremos buscando. A la hora del almuerzo llegó el Sr Castaño con su esposa y sus dos hijos, ellos, los chicos, han sido siempre compañeros de estudio de mis hijas. También llegó la hermana Eva y su esposo, miembros de mi comunidad religiosa a visitarme. Después de un día muy agitado cerramos a las 7.00 pm. Hoy solo anoté algo breve en el diario.
Día 4
REFLEXIÓN 1 
"La deshumanidad, la intolerancia y la brutalidad no pueden vencer a los nobles sentimientos y bondades del hombre y de la mujer. La vida antes que la muerte. La sonrisa antes que la tristeza. La emoción antes que el cálculo frívolo y trivial. Lo hermoso ante lo bello. Lo plural ente lo singular. El amor ante el encono. La solidaridad total, total. Ese es el mundo que debemos buscar, ayudémonos todos y démonos fortaleza. La meta es larga, pero no imposible". 
REFLEXIÓN 2 
Querer con el corazón siempre, a todas las personas, a todas sin excepción. Sé que es duro y cuesta, lo digo porque es cierto; sin embargo es necesario, ahora más que nunca es necesario. Esta sociedad hoy hace más difícil ese querer con el corazón, sin embargo para eso estamos, para querer y dejarse querer. El orgullo no es a veces lo mejor. Hemos perdido tanto por hacerlo notar, tal vez más de lo que nos hayamos imaginado y ganado, sin embargo no hay marcha atrás. No la hay. Los yerros enseñan a hacer las cosas bien. Ofrecer disculpas y seguir. Seguir para adelante. Un "lo siento" nunca está demás como tampoco está demás un "gracias". Querer, querer con el corazón siempre y dejarse querer también con el corazón siempre, ojalá sea esa en adelante la mayor consigna que los años que han de venir nos hayan de demostrar.

8.25 pm

Extracto de: "Los días van y vienen". Lima, 2015 de Víctor Abraham
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Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.

miércoles, 4 de febrero de 2015

Sábado 5 de julio

A las ocho de la mañana. Llegó de Lima mi hijo Mauricio. Nos dio mucha alegría verlo en casa después de varios meses. Nos trajo regalos. Para mí, una bonita chompa color beige y gruesa, especial para abrigarme en este invierno. Esmeralda recibió un lindo delantal a cuadros, en cuya esquina angular derecha resaltaba un frase que decía en letras cursivas y bordadas, “Para mi mamá con cariño”; Lupe, un reloj de pulsera color dorado, cuyo brazalete tenía la forma de pequeños corazones unidos y entrelazados entre sí mismos; y Rosa, una cadenita de plata, cuyo dije tenía la forma de la primera letra de su nombre. Un hermoso gesto de gratitud para la familia, el mismo que sé, Dios recompensará en su momento. Esmeralda preparó un cuy para el almuerzo que todos saboreamos con apetito. No sé, pero por primera vez después de mucho tiempo me sentí el jefe de la familia. Todos mis hijos, por fin reunidos al lado mío y de mi esposa. Dimos gracias a nuestro creador. Después, por la tarde, Mauricio se fue de compras con su mamá. Yo me quedé cuidando el negocio. En tres horas solo se vendió un par de bebidas, media bolsa de biscochos, y tres plátanos, en fin, “algo es algo”, pensé. Me senté en mi rincón favorito, y aprovechando mi soledad natural y la caída de la noche, decidí anotar algo breve para el diario que vengo escribiendo, y que espero algún día sirva a mis hijos, o a los hijos de estos. Y es que la vida es a veces tan insensible con los individuos, que apenas podemos anteponernos a sus retos. Somos débiles en el fondo, pero no por ausencias de fuerza, sino por demasía de ella, en fin. Transcribí un fragmento de uno de los pensamientos de Constancio C. Vigil., llamado “Hijo mío”.(*)
Día 3
Para tu dicha, hijo mío, levántate con el sol y traza el plan de tu día.
Ten una sonrisa a tiempo, una palabra bondadosa a tiempo.
No des a quien no merezca.
Condena el mal con la alabanza de lo opuesto.
Para corregir al malo, elogia ante él lo bueno.
Avanza en línea recta hacia tus fines.
Abrevia siempre el camino yendo derechamente a tu propósito. Si éste es perjudicial, así lo será menos.
Prepárate, hijo mío, para vivir un día o diez mil días. Esta actitud, esta tranquila y valerosa guardia ante lo impenetrable, es la suprema dignidad del hombre.
El hombre crea su mundo. Un día es el padre de los días que siguen. Vienes de tu propio ayer.
No esperes al porvenir: avanza hacia él.
Te aseguro, hijo mío, que llegarás adonde quieras.
Te aseguro que puedes lanzar certeramente a tu ser como a la flecha, desde el tenso
arco de tu voluntad, y que irá adonde pongas la mirada.
Te aseguro que nada de la tierra ni del cielo se opone a tu destino.
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(*) Versos extraídos de “El Erial”. Uruguay, 1915. “Hijo mío”, de Constancio C. Vigil.
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Por la noche no asistí a mi asamblea “Bodas de Samaria”, una congregación que se dedica a estudiar la biblia, y los consejos morales que lleva implícita en su interior. (Se desarrolla todos los sábados en la capilla “Espíritu de luz”, y son años los que llevo como congregante ya). Me sentía cansado, además tenía que atender a mi hijo y conversar con él, soy su padre, y así nada más es difícil nuestro encuentro. Su trabajo. La distancia. La escasez de dinero para comunicarnos. Le leí el fragmento de Constancio C. Vigil, el mismo que transcribí hoy por la tarde. “Espero seas un buen hombre”, dije, “pero no porque seas mi hijo o porque yo sea tu padre, no, no por eso, ni por una gratitud de quedar bien conmigo, sino porque es un deber, un compromiso con el mundo. Necesitamos hombres verdaderos hijos, necesitamos hombres de luz”. Mauricio me miró, quiso decir algo. Calló. Pensé por un instante en el viejo candelabro de mano que estaba sobre la mesa, el mismo que heredé de mi abuelo; me parecía que durante aquel instante paternal no solo iluminaba la oscuridad del cuarto ni los bordes de la cama sobre la que nos encontrábamos, sino que daba lumbre a nuestra propia penumbra del alma, a nuestro propio desasosiego. Y sentí un breve un calor filial que hizo estremecerme, me sentí más humano, más protector, más sabio. Conversamos sobre sobre sus próximos planes laborales, su próximo viaje, su próximo proyecto de escribir un libro, sobre su vida sentimental. “Con cuidado”, le aconsejé, “Haz de caminar siempre con cuidado, y pisar firme sobre el llano de las inconsistencias, porque ellas, tarde o temprano, acecharán tus mayores ideales personales” “Gracias padre”, dijo. Creo que fueron tres cuartos de hora. No tenía el reloj a la mano. Se levantó, y esta vez fue él, fue Mauricio, quien me dio un beso en la frente. Se fue. Me quedé sentado al borde la cama. Derramé unas ligeras lágrimas. Pedí perdón a Dios por haber faltado a mi reunión de cada sábado, y alabé a mi Señor en mi cama como todas las noches. Hice una oración breve por mi familia. Dios, perdóname por no reunirme hoy con mis hermanos de comunidad, pero tú señor, sabes las razones, bendice a mi familia, y a sus familias también. Conduce siempre por el camino de la rectitud a mis hijos. Líbralos de todo mal, y provéeles de gozo en su corazón. Que puedan acercarse a ti, y servirte como yo te sirvo. Haz de nosotros instrumentos de tu amor porque eso somos señor, instrumentos de una obra más grande. AMÉN.

Me recosté sobre la cama. Apagué el candelabro, y me sobrevino a la mente la imagen de mi padre, un padre que nunca conocí, pero que sin embargo, sé que se hubiera sentido orgulloso de mí por intentar serlo con mi hijo. Afuera las ramas de la planta de plátano del jardín que cultivamos silbaron con el viento.
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Fragmento de "Los días van y vienen. Lima, 2015. de Víctor Abraham

martes, 3 de febrero de 2015

Vejámenes e inconsistencias durante épocas difíciles

"Yo tomé la decisión no debía ser tan complicado, después de todo, llevar cartas de los caudillos estudiantiles a los dirigentes sediciosos a cualquier hora, de cualquier forma, en cualquier lugar" 

De: "De cómo una carta jamás fue leída" por Hugo Velazco Flores. 
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Con estas palabras Hugo Velazco, de Huancayo, Perú,  ha retratado la imagen de ese hombre, ese cartero, estudiante, muchacho, iluso, y cuzqueño de nacimiento llamado Nicanor Blancas, alguien, quien debe ser perfectamente el ícono de cómo no debe un joven actuar hoy en día, y mucho menos pecar de seguidor ferviente. Pero también se ha acercado a la sociedad contemporánea del protagonista, la sociedad de Blancas, la sociedad peruana de finales del 80, e inicios de 1990, una sociedad marcada fuertemente por la crisis insana  y estúpida que sacudió al Perú durante esos años a raíz del terrorismo. Días, donde todo escaseaba, y la vida no valía nada. Todo era un caos, y un desorden colectivo. El Perú estaba quebrado institucionalmente, económicamente, solidariamente, moralmente. Pueblos de la sierra, y de los ejes de selva, que agitados y reducidos no tenían otra opción- en muchos casos- que hacer frente, por sus propios medios, a estos fanáticos redentores suicidas, enmascarados, cubiertos de pasamontañas, y fusiles al hombro. Agentes del odio que aterrorizaban a la ciudadanía entera, en una sola palabra, criminales. Eran los años en que Alan García, había fracado como presidente constitucional, y abandonado a su suerte los destinos de un país. Situaciones abruptamente engorrosas por los políticos de ese tiempo. Una clase política podrida y alejada totalmente de los intereses del pueblo, o en todo caso pasiva a los requerimientos de ella. Universidades nacionales que alimentaban el odio terrorista, y violento, entre sus miembros, a cuyo fin servían profesores fideístas y nada racionales, so pretexto de imponer justicia y castigar con la cólera del pobre, mal usado cliché, que sirvió para meterse al bolsillo a más de medio sector joven y descontento del momento. Eran los tiempos del MRTA, y Sendero Luminoso, agrupaciones letales portadoras de muerte y destrucción. Eran los tiempos de la Policía Nacional del Perú y sus redadas nocturnas, de los apagones de luz, producto de torres voladas de un momento a otro, Eran los tiempos de las colas interminables por comprar alimentos, y de la devaluación de la moneda nacional. Eran los tiempos de las operaciones de Polay,  y de Abimael Guzmán más conocido absurdamente como "Presidente Gonzalo". Ayacucho, y parte de la serranía, y de la selva sufrirían los más salvajes vejámenes.

Serían los años posteriores, los de Alberto Fujimori, los que acabarían con estos desmanes y reestablecerían el orden público, pero bajo un nuevo modelo económico impuesto, el neoliberalismo, sistema económico que en sus inicios apenas dejaba ver una embrionaria óptica consumista, y corrupta que los demás gobiernos venideros gozarían hasta hoy, en fin. Pienso ahora, años más tarde, que hay una verdad, y esta es, que si bien es cierto por un lado la dictadura impuesta por este mandatario o sencillamente, "chino", así llamado popularmente, acabó este mal por la fuerza, fecundó, al mismo tiempo, un nuevo poder, un poder macabro y sistemático manipulador de consciencias. Yo era niño en ese entonces, y veía con cierta pena cómo mis maestros se diluían entre el temor de enseñar a pensar a sus estudiantes, o hacerlos de pronto callar por la autoridad y la fuerza. La generación adulta que hoy tenemos, mi generación es resultado de ese tiempo histórico. Varios solo aprendieron a hacer lo que en las escuelas se les enseñó. Nunca más, nunca se les enseñó a cuestionar ni a criticar, y cuando ahora quieren hacerlo, ya es tarde, todo es parte de un inmenso boomk comercial y pragmático, donde la razón utilitaria ha terminado aplastando al ideal de ser mejor. El odio ha terminado siendo inminente, y los juicios y razones valorativas junto con la crítica  ha terminado deformándose hasta convertir a las personas en sujetos de hilaridad y comedia del otro.

Pero volvamos a la historia de Velazco, indudablemente, que Nicanor y su historia, me ha dejado triste, pero también solidario respecto a los pueblos alejados de nuestra patria. Es, él mismo, un hombre, un llevador de cartas, un tonto útil para los intereses de un terrorismo que nunca más debe volver a imperar, ni en las zonas alejadas, ni en las zonas urbanas, porque solo es portador de frustración y división para el futuro de su mismas sociedad.
La sociedad- explica- puede ser una posición cómoda, hoy día lo es; pero hay momentos que no toleran ese tipo de actitudes y es urgente tomar un partido por uno u otro bando. Nicanor Blancas, muy presto para las ideas y el análisis, no consideraba pertinente "la acción", ese requisito inexcusable para atizar la revolución. Craso error. En las aulas universitarias de los 80 no solo adquirió los fundamentos para rebatir y asimilar la la vergonzosa realidad nacional, sino que también se relacionó con camaradas, dispuestos a la explosión verbal, a la impulsividad y a la persuación ideológica. Tuvo que aprehender la jerga panfletaria (....), la receta doctrinaria pro China y finalmente para consagración suya, asumir un cargo, una función clave dentro del "Partido". Al inicio fue por presión - aclara-, luego fue por voluntad propia:"Yo tomé la decisión no debía ser tan complicado, después de todo, llevar cartas de los caudillos estudiantiles a los dirigentes sediciosos a cualquier hora, de cualquier forma, en cualquier lugar"  (Pág. 18)
Imagen (Archivo del autor Hugo Velazco)
Así es como el joven autor de "De cómo una carta jamás fue leída", se acerca a nosotros, los lectores, con una prosa limpia y sencilla, sin tantas maromas estúpida cargadas de frases soeces, como las que imperan en nuestra literatura limeña, en su gran mayoría, sino que alejado de ello, nos muestra - y confirma una vez más en mí mismo- que nuestras sociedades, hoy requieren de gente preparada mental y espiritualmente, ya que la inconsistencia no puede vencer a la nobleza. Somos ciudadanos ante todo, vivimos dentro de un Estado de Derecho, y es deber nuestro decir sí, a las cosas correctas, al estudio, al razonamiento y al cuestionamiento, y no, a lo incorrecto, lo degeneradamente subversivo y anárquico. El debate de ideas, debe imponerse ante todo, sí un debate ideológico por encima de estos líderes de opinión e intelectuales, pobres espiritual y moralmente, que solo están preocupados por llenar el cerebro, colgarse medallas en el pecho, o llenar las paredes de sus casas con diplomas absurdos.

La historia termina con un final trágico propio de las historias ambientadas por el terrorismo, Nicanor Blancas torturado por una policía sedienta de corroborar la participación de "el mensajero" dentro de la organización terrorista mediante el encuentro de una carta, de la que jamás se llegó a saber su contenido, y puesto en libertad finalmente, y el terrible desenlace antes de la intervención militar al campus universitario del autor de la misma, asesinado. (Nos imaginamos ya por quienes: por estos mismos fanáticos y redentores suicidas, para quienes el valor humano no vale nada).
"El 12 de enero de 1990, cinco meses antes de que el ejército realizara su primera incursión en la UNCP*, y detuvieran a más de un centenar de estudiantes, el estudiante dirigente, autor de la carta, fue asesinado en el campus universitario". (Pág. 18)
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Finalmente, felicito a Hugo Velazco, por tan impecable entrega dentro de la revista Incontrastable, editada en Huancayo, Perú , coincidiendo al mismo tiempo con su director, Sr. Sergio Girón Santibañez, que sobre el autor dice,"el poeta y narrador Hugo Velazco nos sorprende (...) atrapa, conmueve y hace reflexionar aquella época que nunca debemos de olvidar".

Mis aprecios hasta Huancayo, a Sergio Díaz Gurón, a su equipo peridodístico, a Hugo Velazco Flores, autor de la crónica literaria que hoy se ha analizado, pero sobre todo a la profesora Patricia Tauma Romero, colaboradora personal y amiga mía, quien me dejó esta semana un ejemplar de la revista Incontrastable, en su edición No 9, durante su última visita a Lima. Hecho, sin el cual no hubiera podido acceder a tan importante escrito, en fin.

Imagen: Portada de la Revista Incontrastable de Huancayo, Perú.
(archivo del equipo periodístico)
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(*) UNCP (Universidad Nacional del Centro del Perú. Huancayo, Perú)


Desde Lima del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

jueves, 29 de enero de 2015

De: Los días van y vienen. Lima, 2015

Viernes 04 de julio

Hoy salí muy temprano con rumbo al estudio de abogados “Cáceres Vigo & asociados”, lugar donde trabaja el Dr. Vitela, “o véngase pasado mañana, tal vez haya algo”, me había dicho el último día que fui a verlo y que encontré atareado. Me recibió cortésmente. No había nada concreto. Me dijo que aún estaba estudiando los documentos enviados por la OEP para entablar la demanda ante el Poder Judicial, y así poder reclamar mi pensión de invalidez (jubilación). “Asombro, me produce asombro su caso”, dijo, “es que ya llevamos tres años, y aún no vemos avances”. “Mire”, volvió a decir, “conozco muchos casos como el suyo. Casos de personas como usted, que demandan justicia ante la ley, personas que solo buscan, se les reconozcan sus derechos, que se les pague, y se les de lo que con derecho les corresponde”. Vi entonces un cuadro en la pared que decía, “Venid a mí, los que estáis agobiados”, se trataba de una pintura que llevaba impresa sobre su lienzo muy bien trabajado la imagen de un Cristo cogiendo a un cordero pequeño. El lienzo era mediano, estaba justo ubicado encima del asiento reclinable del Dr. Vitela. Me llamó la atención, sí, me llamó mucho la atención –más por el hecho de tratarse de un estudio como estos, lugar en donde se supone que los abogados no creen en Dios, en fin-. Indudablemente que aquella imagen era un símbolo de cristiandad. Pensé por un momento en la formalidad (probablemente, razón única de exposición), o quizá, estética misma, o tal vez después de todo, lo que había escuchado desde siempre no era tan cierto, eso de que los hombres del Derecho no están con Dios, y tantas otras sugestiones más, sin embargo, sea como sea, allí estaba la imagen y me estaba mirando. Por un momento pensé, todos somos hijos de Dios al fin y al cabo. Sin embargo, de lo que sí estaba seguro, era de que ese cuadro tenía un propósito, dar aliento, inyectar esperanza en tanto desesperanzado, en tanto jubilado, en tanto desamparado que por allí, por esa cuadrangular oficina pudiese llegar. Y es que a veces cuando uno ya es viejo, anda siempre muy agobiado, es como si de pronto nos llegara a pesar, no los años, sino el alma, la consciencia pura del alma, no la del cuerpo, sino esa misma, la del alma. Hayamos hecho bien, o hayamos hecho mal, todo ya está vivido, y ahora queda confrontarnos con los actos de nuestro pasado, y es allí precisamente dónde el tiempo se hace más justiciero, más omnipresente, más temeroso, más sabio. El tiempo, en estos instantes nos da lo que nos debió siempre dar, o bien para morir con dignidad, o bien para retorcernos con dolor compasivo. Luego decimos, por qué no hice esto, o por qué no hice aquello, ¡Pamplinas, ya lo hicimos y punto!

“¡Cómo le dije, señor Vicente, es cuestión de esperar, de seguir esperando!”, dijo.

Me pareció que el tiempo había pasado rápido. Vi el reloj de pared. Ya eran las 12.00 pm. Esmeralda podría necesitarme. Di las gracias, y quedé en volver a llamarlo- o en todo caso a visitarlo a fin de mes-. Se paró cortésmente, nos dimos un apretón de manos. Era algo raro el tipo, sin cabello, totalmente calvo, de cara alargada, y con un bronco timbre de voz. Unas mangas blanquísimas, y una corbata con coquitos blancos. Impecable. Al inicio, cuando lo conocí, pensé que era un cínico y un badulaque embaucador y convencional, pero con el paso del tiempo (¡Otra vez el tiempo!), me pareció que no, pensé que me había equivocado, pienso que lo juzgué mal, quedó en ayudarme, en cobrarme luego, “Yo veré su caso”, dijo la primera vez que nos conocimos; además, qué culpa tenía este hombre de ejercer la profesión del demonio, en fin. Di la vuelta, caminé algunos pasos, y cuando giré el picaporte dorado de la puerta de su oficina, le escuché decir, “La OEP, Sr Vicente, sea convertido en una institución podrida moralmente, en el que sólo tiene voz y voto el convidado de la autoridad gubernamental, o el representante de alguno de los “servidores” públicos, es raro esto, pero lo sé, lo sé, señor, no sé con qué cara pueden autodenominarse “servidores”. De todas maneras, veré que puedo hacer, caso contrario haré una junta con mis colegas, y le tendré información, espero antes de este fin de mes. Véngase el 30 para conversar, y darle ideas más claras, ¿de acuerdo? Que tenga buen día”. “Gracias”, unas teclas se empezaron a escuchar.

Caminando por el pasillo con rumbo a la salida, me percaté por primera vez, que esto se parecía a un hospital, sí, todo silencio, piso lustroso, paredes blancas, y estudios que parecían cuartos de enfermos, hombres con anteojos. Crucé el pasadizo, y me percaté de una rendija, una rendija que se había formado por una puerta entreabierta, el rabillo de mi ojo derecho se desvió por un momento para mirar aquel cuarto. No sé cómo pero me asaltó un extraño presentimiento, una punzada en el corazón, y por un momento vi todo blanco, un muchacho arrodillado al borde de una cama, y creí escuchar un diálogo entrecortado que provenía de un cuarto adyacente al de la puerta entreabierta, un hombre que pedía agua, me oprimió el pecho, cerré los ojos intensamente, me sobé el pecho, y asido a una de las paredes laterales del pasillo caminé lentamente hasta dejarme caer pesadamente sobre una pequeña silla oscura unida al piso. Unos segundos, y había pasado todo. Una señorita me alcanzó un vaso de agua, “Tiene que descansar”, dijo. “Gracias”, sonreí levemente.

Era raro, pero solo en un hospital las imágenes religiosas cobraban tanto interés y expectativa, el pasillo mostraba algunas imágenes, “El buen pastor”, “El sembrador”, “El hijo pródigo”, todas mostraban algo, y era, piedad, piedad no religiosa, sino piedad humana. Sea como fuere, estaba seguro, que esas imágenes representaban esperanza, esperanza en esa justicia moral que tal vez algún día volvería a ser impuesta en la sociedad. Sobre distintos fondos y bajo variados matices, las representaciones reflejaban una paz, pero no una paz de esas cristianas, que suelen evocarse en los templos antes de finalizar los rituales eucarísticos dominicales, una paz cristiana que hace que la gente de vueltas en una y otra dirección para buscar a alguien y palmearle el hombro superficialmente, no, no era ese tipo de paz, la reflejada por estos cuadros, sino una paz verdadera, una paz del alma que solo es capaz de ser retratada por un verdadero artista del espíritu.

***

Por la noche, todos se fueron a dormir temprano, yo me quedé unas horas más, antes de irme a mi cuarto. Anoté algunos apuntes, reflexioné, los taché, los volví a leer, y decidí escribirlos en el cuaderno de “Los días van y vienen: cuaderno de vivencias, pareces, opiniones, recuerdos, ocurrencias y frases célebres”.
Día 2 
Hoy tuve una sensación rara, una revelación, creo que vi mi muerte, esto es en dos palabras unidas por un enlace, “Voy a morir”.

A veces, los preámbulos de la muerte no son otra cosa que el inicio de la agonía. La muerte, es el escape a esta vida, a esta represión, a esta enfermedad, a este olvido sistemático, pero diablos, cómo duele morir”. 
La existencia es corta, el olvido inmediato, pero las obras que se han hecho con el corazón, que se han construido con obstinación, que se han levantado sobre ideas de bien, en suma, sobre el amor; sí, estas, son eternas. GRACIAS DIOS MÍO.
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Fragmento de: "Los días van y vienen". 1era Edic. Lima, 2015
De. Víctor Abraham
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Desde Lima, ciudad capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

miércoles, 21 de enero de 2015

Fragmento de "Los Dias van y vienen"

Hoy resolví escribir en este cuaderno amarillo parte de mi vida, sí, parte de esta misma existencia mía- y que a veces me pesa llevarla sobre los hombros-, sí, escribir algunos de esos pasajes que los recuerdos traen a uno mismo cuando ya se es viejo para atormentarlo o bien – que es muy raro sentir aquello- para apaciguarlo. Pienso, ahora en todo lo que pudo haber sido antes, y que al final no fue, sí, en eso que resultó no ser, y de como este no fue, terminó convirtiéndose en lo que hoy no se es, pero en fin, no es culpa de nadie, mucho menos mía, y es que sucede que muchas veces cuando se es joven: o bien se deja pasar muchas oportunidades que luego pesan al cuerpo en su más misericordiosa alma, o bien se aprovechan estas para ser finalmente eso que años después renegamos ser. ¡Oh, Virgen María, libra al hombre de sus propios juicios valorativos!, en fin.

Ya que no se me ocurrió que otra cosa más podía hacer, terminé por comprar un cuaderno esta mañana aprovechando que salí a comprar cosas al mercadillo cercano a donde vivimos para el almuerzo, con el único fin de entretenerme, de anotar en él vivencias, pareces, opiniones, recuerdos, ocurrencias, frases célebres, en fin, algunas cosas gratas, y bueno también otras ingratas. Supongo, que ese es el fin de un diario ¿no?, si se puede llamar diario a ese registro, sino continuo al menos esporádico, de lo que uno percibe en su día a día, además tengo que ser honesto también conmigo mismo. (Sucede que una vez cuando era muy joven decidí escribir un libro a modo de diario, lo iba a llamar “Registro de los días que van y vienen”, pero no tuve continuidad, todo quedó trunco, hice algunas anotaciones en él, algunas confesiones, algunas un poco raras y maniáticas, pero hasta allí nada más quedé. Me desanimé, o debería decir que me desanimó la idea de poder convertirme de pronto en biógrafo de mi propio modus vivendi, ya que siempre fui muy reservado).

Debo confesar que por un momento quise ser escritor, quise transmutarme de pronto en una especie de héroe anónimo de mi propio destino, un hombre capaz de crear y de dar vida a mi propia ficción, quería ser de pronto como esos ingleses Charles Dickens o ese Robert Louis Stevenson, los admiraba, verme de pronto retratado en un ser similar a ese pequeño David Copperfield, “Whether I shall turn out to be the hero of my own life, or whether that station will be held by anybody else, these pages must show.”, corriendo por la calles de Inglaterra nada ajenas a esa revolución industrial de 1840; o quien sabe verme convertido de pronto en ese Jim Hawkins, I remember him as if it were yesterday, as he came plodding to the inn door, his sea-chest following behind him in a hand-barrow—a tall, strong, heavy, nut-brown man, his tarry pigtail falling over the shoulder of his soiled blue coat, his hands ragged and scarred, with black, broken nails, and the sabre cut across one cheek, a dirty, livid white. I remember him looking round the cover and whistling to himself as he did so, and then breaking out in that old sea-song that he sang so often afterwards: ‘Fifteen men on the dead man’s chest—/ Yo-ho-ho, and a bottle of rum!”, esperando a que de pronto un día, llegase a mi vida un misterioso Billy Bones, y me revelase por fin los misterios de la navegación, o porqué no, un mapa del tesoro, en fin.

Pero mis sueños de convertirme en escritor murieron, como murió en mí ese espíritu noble y generoso de la escritura, a partir de allí sería, un aficionado. Es curioso, pero el tiempo, la perfección, el orden natural de las cosas… (a quién quiero engañar con eso, ¡va!, debería decir, que dejé mi sueño de ser escritor el mismo día que nació Mauricio, y que tuve que darme cuenta que necesitaba trabajar más. Total, no se puede vivir de la fantasía, hay que comer a veces, y el estómago de los hijos es primero). Ahora, años después me di cuenta que albergué siempre la esperanza de convertirme en escritor, hasta viejo: me casé a los cuarenta y dos años por andar divagando, en -según yo- mi eterna y dorada juventud. ¡Ah, cosas, cosas, cosas! Tengo que darme ánimos hoy, de alguna u otra manera, al menos por mis hijos, y claro también por mi mujer, en fin. Creo que me he terminado convirtiendo de pronto en un Moses Herzog del presente. ¡Diantre, qué resignación!. A veces pienso que el darse ánimos no solo consiste en ir, pararse de pronto frente al espejo y mirarse tontamente para decir, “¡Mira, tú eres ese hombre, así que vamos, báñate, cámbiate de ropa, y sal a la calle a divertirte; el mundo está allá afuera esperando por ti. Al diantre los problemas y las preocupaciones!” (Uhm, pensar esto, francamente me reduciría a ser un viejo simplón e indecoroso, ocultar mi verdadera esencia, y lo que es peor suponer- engañándome a mí mismo que soy otro hombre, y no precisamente ese que está frente a mí parado al otro lado del espejo: ese hombre con sabor a viejo, variciento, con los brazos blanquecinos y flácidos, y el estómago abultado. Ni qué decir de las bien acentuadas bolsas oscuras que se me han formado bajo los ojos, malditas ojeras, pero en fin , ya está hecho ese soy yo, y ni modo. Esa es mi realidad. Detesto cuando los viejos como yo de pronto, se creen de un momento al otro, unos mozos de lozana virilidad, y salen a impresionar a jovencitas que lo único que ven en ellos solo es una billetera y tarjetas de crédito. Pensar esto, me hace concluir en que ser viejo duele en el alma, pero más en el ego).

Ya dije, tengo que darme ánimos para seguir encontrándole sentido a esta vida, sé que no es gran cosa lo que me pasó hoy: los ajetreos de siempre, los gastos, los gritos de mi mujer, los chirridos desagradables que dejan escapar los vehículos de la calle al frenar, llegó el recibo de la luz, y eso que recién estamos a inicios del mes (Tan apurados estarán estos tipos que no esperan a que el consumidor, porque eso es lo que somos al fin y al cabo: consumidores, pueda descansar aliviado). Hoy no salí de casa, mas que a comprar al mercadillo del lugar donde vivimos por la mañana. Por la tarde, todos salieron, Lupe y Rosa a estudiar; Esmeralda, a visitar a sus sobrinas. Ahora, por fin puedo sentarme, y escribir entonces, llamaré a este cuaderno, “Los días van y vienen: cuaderno de vivencias, pareces, opiniones, recuerdos, ocurrencias y frases célebres.

Día 1
Soy un obrero, siempre lo he sido y me siento orgulloso de haberlo sido. Soy un hombre que ha caminado mucho durante toda su vida, un solitario que apenas si llegué a hacer una familia corta, un buscador de respuestas que nunca han terminado de saciar su existencia. Un trazador de objetivos. Sin profesión alguna, eso sí, con muchas ocupaciones, un trabajador manual y mental por excelencia. Amante de los buenos libros y respetuoso de las creencias ajenas por más absurdas e inexplicables que me hayan parecido. Me he desempeñado como hotelero, animador eventual de espectáculos, muchos de los cuales fueron histriónicos y sin sentido, vendedor de objetos raros -pero necesarios-, trabajador de almacén, peluquero, cocinero, empaquetador, ayudante de bares y de restaurantes. Empecé una carrera que podía haberme significado éxitos, pero que quedó truncada por procesos judiciales que no quiero recordar ahora. Nunca viajé, y no conozco más allá que un par de ciudades, pero las suficientes para haberme enseñado a vivir. Con una culpa de consciencia que jamás olvidaré y que ha golpeado mis recuerdos desde siempre. Es curioso percatarse que cuando uno llega a ser viejo, sí, sí, mortalmente viejo, el pasado cobra mayor nitidez, y mientras más años lleve de vida este pasado, más nítido se vuelve, tal vez más nítido que el presente mismo, con confesar que ya hasta olvidé el color de vestido que mi hija llevaba puesto ayer, o si al perro de la casa le dieron o no de comer, claro que es mi trabajo hacer recordar este acto cada día a los otros, pero la verdad es que a veces lo olvido, lo olvido tanto. No es mi culpa, y sin embargo lo siento, lo siento mucho. 
Entre mis gustos: leer la biblia, transcribir pensamientos célebres, ver películas mexicanas, coleccionar libros, ojear revistas, y extraer figuras recortadas de periódicos viejos como anuncios de matrimonios, recetas de cocina, mujeres atractivas y artistas de cine clásico. Soy un ferviente ser católico, eso lo supe desde que mi madre me llevaba a las misas dominicales cada fin de semana. Un trabajador rutinario comprometido con mis obligaciones, un silencioso huraño también, y un orgulloso, eso sí, muy orgulloso, pienso ahora, que el orgullo es lo único que nos vuelve invulnerables ante cualquier situación hostil a nosotros dándonos valor para sobreponernos. Nunca me ha interesado saber lo que puedan pensar los demás sobre mí, total, no vivos de ellos. Aunque sí me es necesario saber que piensa mi familia de mí. Ella es mi única razón de vida. Por otro lado siempre he vivido en una casa grande sin arreglar, pues nunca me ha llamado la atención arreglarla a pesar de los continuos pedidos de mi esposa y de mis hijos, pero en fin, quien toma las decisiones siempre he sido yo, y eso lo saben muy bien ellos. El próximo enero cumpliré los 72 años. Es curioso verme ahora ya encanecido y envejecido; sabía que en algún momento de mi existencia llegaría ese día de confrontarme con mis propias arrugas, pero no esperaba que fuera tan pronto, sí, justo ahora cuando uno recién comienza a hacer los descubrimientos más elementales e importantes de su vida, pero las cosas son así y hay que saber encarar al destino trágico y oscuro. El tiempo, el tiempo y sus múltiples encarnaciones, es el más grande y eviterno ser omnipresente que vuelve pequeño al ser humano, y lo coloca donde debe estar, o debió haber estado siempre, en fin. Pienso ahora que, solo los hombres valientes afrontan con el mayor aplomo el último tramo de su vida. 
Recuerde- si alguien llega a leer estas notas en algún tiempo próximo-, que siempre he sido muy perceptivo, muy agudo en mi pensamiento, generoso, pero no tonto; escuché siempre voces estando despierto por las noches llegando al extremo de creer que a mí se me había revelado poder saber lo que pensaban las personas a través de sus muecas raras y grotescas, de intuir cosas y sensaciones que luego pasaron y que advertí en su momento. Soy alguien que si no habla, piensa; alguien que sabe lo que es usted ahora, ni más ni menos que esa apariencia que le acompaña, estoy hecho de ideas como usted está hecho de convenciones, suelo reír y entristecerme de vez en cuando- y usted, sí,sí, usted, ha visto esas dos partes mías, por lo que me alegra-. Suelo escribir sensaciones en hojas blancas, amarillas, de distintos tamaños y colores cuando no las puedo vivir, tal vez sea porque me he acostumbrado a ello. Sí, sí, soy ese alguien que quiere mucho y que abraza de pronto cuando debe abrazar sin importarle lo demás, alguien que ejecuta ademanes más de la cuenta y que grita cuando está emocionado, alguien que sabe lo que es y lo quiere, aunque esto es lo único que le quede. Alguien, sí, sí, alguien que siempre tuvo esa sensación extraña de estar acá y de no estar en ningún lado, alguien a quien ese sentimiento de pertenencia que invade a los hombres jamás ha importado, alguien que encontró en las palabras su medio de moverse y de realizarse. ¿Rebelde?, pues claro que fui un rebelde, toda mi vida fui rebelde, pero un rebelde honesto, un satírico de la vida, un interpretador y un buscador -por eso, siempre entendí a los buscadores-, ese soy yo; ah, olvidé decirle que también soy alguien que olvidó desayunar esta mañana y comprar el diario del día de hoy. En fin, no somos perfectos.

Uhm, ahora bien, debo reconocer que últimamente, de pronto, percibo muchas lloviznas invernales y breves – caray, cómo ha cambiado el clima de un tiempo acá, todos hablan de un cambio climático, y sin embargo quienes más hablan son los que contaminan más, e inclusive llegando al extremo de contaminarse a sí mismos, su mente, su cuerpo y su espíritu, ¡Qué pamplinas es hablar de todo esto de la preservación de las cosas!-. Ahora hasta se pueden ver más seguido en el cielo tumultos de nubes borrascosas, hasta los meses me parecen últimamente más insensibles de lo que deberían ser, en fin. Supongo que en adelante condiciones climáticas como las de hoy marcarán el inicio retrospectivo de muchos otros amaneceres que el destino habrá de traer consigo a mi vida como vayan transcurriendo los días, claro está. Tal vez haya llegado el momento imperioso de empezar a escribir un diario monótono – es raro que me exprese así de este cuaderno, pero ya está, ya lo dije, y cuando digo o pienso algo jamás me retracto, menos lo borro- que reseñe las ansias, los recuerdos, los sucesos últimos, las necesidades, las alegrías y penas – si es que las hay aún-, las ocurrencias, y bueno todo lo demás que esta consciencia mía vieja y achacosa pueda ser capaz de percibir. (Siempre escribí diarios desde mi juventud no monótonos, sino divertidos, cuando los terminaba, los quemaba por situaciones de confidencialidad; los últimos, los he acabado de quemar, puesto que a nadie le interesa la vida ajena del prójimo; bueno pero si aparece de pronto, algún buscón respetable tratando de hurgar en nuestra propia vida, lo mejor es dejarlo, es mejor no decirle nada ni engañarle o ocultarle ciertas verdades vitales, está en su derecho de tantear en la vida de uno. Total, ese es su oficio al fin y al cabo, la de ser un buscador).
Julio, 6.00 pm.

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Fragmento de: "Los días van y vienen". 1era Edic. Lima, 2015
De. Víctor Abraham
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Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

viernes, 16 de enero de 2015

Hola, Perú

Hola, amiga o amigo del Perú:

Te escribo porque tengo buenas razones para hacerlo, esperando puedas entenderme.

DOS RAZONES

Este, territorio grande y generoso en materia de recursos naturales, y de ancestral cultura, que se supone debería ser, una tierra de - y para todos- los peruanos, pero que sin embargo no es así, no. Sólo mira como ejemplo, nuestra quinua, y nuestros espacios ecológicos; la primera, muy de moda en los mercados internacionales, pero no tan accesible para la familia peruana del común. Tal vez sea por ello- y siga siendo- un escéptico cuando se habla del impulso de la quinua como cultivo estratégico para la seguridad alimentaria del país, por su valor nutricional y comparación proteica frente a otros granos andinos; Esto es, en la práctica real, una mentira más. Sabes por qué?, porque se trafica con ella, prueba de ello, la necesidad de sembrarla en el llano, o sea en la costa. Y esto, créeme no hace más que favorecer a los intermediarios. Además, dudo que una familia común pueda acceder a ésta, Pero, por Dios, qué familia del conglomerado popular tiene seis o siete dólares para gastar por kilogramo, cuando el sueldo básico es de 8 o 9 dólares diarios. (Puedo deducir a partir de allí, el porqué de tanta informalidad, ya que según el BCR. o Banco Central de Reserva del Perú, de 100 trabajadores, el 80% son informales). Que va, Norman Loayza, en su informe, "Causas y consecuencias de la informalidad en el Perú", para cuya fuente detallo al final, sostiene, respecto a la informalidad, que- y cita al economista del sistema, Hernando De Soto-:
" es producto de la combinación de servicios públicos deficientes, de un régimen normativo opresivo y de la débil capacidad de supervisión y ejecución del estado. Dicha combinación resulta especialmente explosiva cuando el país se caracteriza por tener bajos niveles educativos, fuertes presiones demográficas y estructuras productivas primarias. (...)El sector informal está constituido por el conjunto de empresas, trabajadores y actividades que operan fuera de los marcos legales y normativos que rigen la actividad económica. Por lo tanto, pertenecer al sector informal supone estar al margen de las cargas tributarias y normas legales, pero también implica no contar con la protección y los servicios que el estado puede ofrecer."
A ver, Sres Norman Loayza, y Hernando De Soto, si hay informalidad en el Perú es simple y llanamente por dos razones, porque todo se entrampa en trabas burocráticas, sin contar que los costos de circunscribirse al marco legal y normativo son superiores a los beneficios que se recibe. Ahora bien, si yo me formalizo- y me pongo en la lógica del informal por un momento- se supone que es para estar protegido y amparado ( es por eso que pago mis impuestos), por los organismos tutelares del Estado, pero -y vuelvo a la práctica real-, si me roban o fracaso, o en todo caso necesito un aval o documento probatorio, lo primero que encuentro en mi camino es papeleos, coimas y sobornos que se da desde el trabajador primerizo hasta el más experimentado funcionario público. Ahora bien, la pregunta del millón, ¿qué me ofrece el Estado?, sino un circo mediático diario, mentiras, y una mañosa democracia que obra en favor de los grandes, o sea de los de arriba, porque para los pequeños esa palabra, solo queda en lo que pudieron aprender en la escuela como curso de Formación ciudadana y cívica. Ahora bien, de que exista o no débil capacidad de supervisión y ejecución, ya no es culpa del informal, sino de la misma clase burócrata, y de su endeble moralidad, aquí abunda la corrupción, que pienso que, lo lamento por muchos pareceres optimistas, pero seguirá siendo la peor lacra del presente siglo. por otro lado, si los bajos niveles educativos, las fuertes presiones demográficas y las estructuras productivas primarias conllevan a la informalidad, tampoco es culpa de la ciudadanía, sino - y vuelvo a repetir- del mismo papá Estado, y de todo su servil "staff" de colaboradores mediocres que lo rodean desde las administraciones públicas. Porque seamos claros en algo, quién profesa amor al prójimo desde las oficinas administrativas. Esto, sí que es una utopía, en fin

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Ahora bien, respecto al segundo punto, basta ver las imágenes que se propagan por la internet, o escuchar de pronto, las decenas de historias ciudadanas de pobladores afectados por la contaminación de su propio medio ambiente natural, que día a día cuentan su propio calvario. Ya dije una vez, están matando nuestra tierra, y a la especie que la habita con ella, incluido el poblador mismo. Escribí una crónica al respecto, en alusión a todo este rollo de la COP20 que se llevó a cabo en Lima, en este diciembre último, y que me permito citar sólo un extracto de ello:
"Por otro lado, se está matando nuestra propia tierra, con sus recursos y su propia gente. Ahora bien, el cambio climático, no es producto- y en eso hay mucha verdad- de la actividad humana en general, esa es una mentira que nos hacen creer, sino de la expansión de un sistema capitalista muy grande - y demasiado ,sanguinario- al que el país como tantos otros solo funcionan como alcancías, y cuyos gobernantes solo son piezas de un juego mayor, la desertización. Aquí, en este macrosistema la producción, distribución y consumo de mercancías, basado todo ello, en la competencia, la búsqueda incesante de la ganancia y de la acumulación, se apoya en la superexplotación de los trabajadores del campo y la ciudad y en la utilización de un sistema energético de combustibles fósiles (reservas que se agotan) como el petróleo y sus derivados, el gas natural y carbón mineral; ahora bien, el problema acá que es de gran envergadura, si se tiene en cuenta que estos combustibles constituyen casi el 80% de la oferta mundial de la energía." (Domingo, 14 de diciembre de 2014)

Me quedé sorprendido hace poco, y a la vez muy consternado, al ver la imagen de una tortuga arrastrándose en medio de un lodazal de petróleo, hecho mismo que me llevó a escribir en mis cuentas de redes sociales, lo siguiente; dudo de que el Sr. Mario Vargas Llosa, "nuestro Premio Nobel de Literatura" como lo sienten muchos de mi generación, o algún representante de los jurados del Premio Copé, se hayan manifestado, pero en fin, es parte de la idiosincracia de nuestros intelectuales, mal ubicados como referentes culturales solo porque publican uno que otro libro, ganan algún premio, o escriben alguna columna de tinte "cultural", en fin, como decía, y escribía entonces:
"Pienso que ha llegado el momento de empezar a escribir sobre lo que está pasando en La Oroya, Pasco, o lo que está sucediendo en la reserva Pacaya-Samiria, Loreto. Sí, hay que decir las cosas claras, como el hecho que PLUSPETROL, y PETROPERÚ, sí, ese mismo organismo que da los premios Copé, y de Cultura anualmente, están destruyendo esta reserva junto con todos sus territorios cercanos. Significado real, es otra paradoja, siendo el Perú el tercer país en el mundo más afectado por el cambio climático, se norma la ley 30230 que rebaja las sanciones por contaminación, asimismo rebaja los controles para las actividades petroleras. (...) No, actos como estos no pueden, no deben quedar sin comentarse, sin difundirse. Insto a los escritores independientes, promotores culturales militantes de su propio accionar consciente a manifestarse, profesores, artistas, trabajadores, qué sé yo, y demás ciudadanos en general, a escribir esto, a investigar sobre esto."
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DESIDIAS ESTRAMBÓTICAS

Finalmente amiga o amigo mía, o mío en todo caso, este país se ha convertido en un territorio de grupos partidarios, de gremios políticos enardecidos, de fanáticos religiosos marginadores de su propio prójimo cuando este piensa o tiene ideas contrarias, y ni que decir, de grupos empresariales que han visto en la educación su inversión redonda, una fuente de ingreso lucrativo, su peculio particular porque saben que aquí, en el medio, en la gran mayoría de actores educativos, ya casi nadie piensa, es mas, solo se sigue sumisamente, o en todo caso se es calco y copia de aquí o de allá, y a esto sumémosle, el abandono de los miles de padres y madres peruanos, que so pretexto de trabajo dejan a sus hijos a expensas de una televisión mediocre.

Sabes? Hay algo más, hoy subsisten, y seguro que ya no será novedad par ti esto, que los medios de comunicación están amañados, sí, medios, para cuyos periodistas, en su gran mayoría sirven lacayamente a intereses creados y ajenos, y que hasta a veces para colmo, ni ellos mismos conocen personalmente de quién proviene, la orden superior, aquí, la consigna es acatar, y punto.

SOBRE LA TELEVISIÓN Y SUS MODISMOS

Escribo esto, te escribo, porque me sorprende que hoy en día, los líderes de opinión joven sean, escandalosos gays- y esto no es homofobia, sino repudio a la desfachatez y a la procacidad soez-, o meretrices arropadas bajo el cliché de modelos, u hombres y mujeres dependientes de esteriodes anabólicos con el fin de vender un cuerpo distorsionado, a corto plazo "llamativo", pero a largo plazo destructivo para el mismo individuo. Sí, es lamentable que la televisión haya dejado de ser un elemento de diversión e información sana para convertirse en un desagradable aparato de degradación sistemática. Esta tarde, nada más escuchaba durante la hora del almuerzo, durante la trasmisión de señal abierta, en el restaurante donde iba a comer, que una docena de jovencitas formadas en fila iban pasando por el "ojo crítico" de supuestos jurados de la moda haciendo cada una de ellas ademanes estrambóticos y hasta ridículos con el fin de sacar a relucir los pechos, o las caderas, inclusive, dos de ellas decían, "yo admiro a "x persona", y a "y persona" porque es lindo", mientras otra solo atinó a decir, "yo hago ejercicios hasta que me duela, hasta que ya no aguante, porque quiero ser una modelo teen como "z" persona, en fin. (Hasta donde estamos llegando,  hasta el punto mismo del cinismo, es mas, veo con preocupación que una gran mayoría de nuestras adolescentes peruanas quieren ser modelos o anfitrionas, al mismo estilo del sueño americano o mexicano que nos vende la televisión; los muchachos están en otra cosa, "affaire", looks, y operaciones de nariz o cambios de peinado, en fin. No más comentarios.

DEBER CIUDADANO

Finalmente, hay mucha endeblez, sobre todo a nivel moral y ético, pésima calidad educativa, y una desigualdad bárbara. Eso me preocupa mucho, créeme. Sabes? Yo no creo en la democracia, porque esta es uno más de los clichés nominativos que los ricos y poderosos usan a su antojo, como tampoco creo en agrupaciones políticas que se levantan sobre sus caudillos y fideístas seguidores, o religiones que vuelven sumisos a la ciudadania a merced de sus enfermizos redentores amparados tras una biblia o símbolo nominativo; yo pienso que el individuo siempre está tentado a mentir en el plano real porque la mentira es el arma más poderosa de sobrevivencia de ese "Yo" social, y por tanto, si no hay una madurez y una consistencia moral, se hace imposible de pasar;  ella es en sí misma la mayor inconsistencia que destruye al individuo, sumiéndolo en su propia pequeñez y baja estima. El reto, no está en ser perfectos, sino en que cada día intentemos ser, al menos, un poco mejores.

Ahora bien para terminar, todo esto que te he planteado,  no me hace partícipe del caos, de la anarquía, de la brutalidad, de la burla, de la crítica panfletaria o negativa, no, como tampoco me hace alejarme de pronto, del conocimiento y profundización espiritual, o de la firme necesidad de creer en un Dios cercano a los hombres, y no solo posicionado en los altares, o elevado a un limbo supra- terrenal, no. Yo creo sí, imperiosamente en la regeneración de las personas, creo que estas pueden cambiar, pero para hacerlo necesitan de otras, necesitan ser ayudadas, entendidas e impulsadas desde la reflexión, el ejemplo, y el esfuerzo diario por la coherencia de vida, en fin.

Bueno, no más palabras, espero que tengas cuidado siempre en los pasos que des, que la buena razón y la firmeza te acompañen siempre, y que tu fe en tus propias ideas no desfallezcan como tampoco tu esperanza diaria, porque hoy más que nunca necesitamos impulsadores de esperanza y de consistencia, no actores de la irracionalidad y la imprudencia.

Un abrazo y luz para tu camino.
Recuerda que caminamos del mismo sendero.

Atte.
Víctor Abraham, desde Lima
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FUENTE PRINCIPAL PARA ESTE ARTÍCULO:




Una movilización sin sustento: el objetivo, aglutinar a la manada; la gran mentira, la democracia

La consciencia de un valor cualquiera sea este da la libertad al individuo, le confiere responsabilidad, acción y fe en el futuro. Los hij...