sábado, 26 de enero de 2013

Conocimiento del amor.

Yo no la conocía a ella, ella estaba allí. Me parece que siempre estuvo allí esperándome, no lo digo por esa tarde de primavera que fue el día del conocimiento mutuo, sino por todas las tardes que estuvo esperando al hombre verdadero. Salió a buscarlo muchas veces, anduvo sola, a veces acompañada, conoció a personas sin darse cuenta. Todas dejaron en ella huellas que quiso ver como positivas a pesar de las múltiples tempestades que trajeron consigo a su joven vida. Sus ilusiones afectivas aguardaban vívidas tras una puerta que se abría algunas horas y al promediar las diez se cerraban, eso no importaba, importaban más los bellos instantes que pudieran haberse suscitado una vez puesta en libertad. No la juzgo, la entiendo, la quiero, ella tuvo fe, mucha fe, jamás he visto y he sentido de cerca fe más inquebrantable que la suya. Estoy orgulloso de ella -no por lo que parezca a los ojos de un buen crítico, sino por lo que me ha demostrado ser-, es ella, nadie más. 


Ella es risueña, siempre está alegre, hay mucha decisión tras sus palabras, aunque ella tal vez no lo note, o no quiera reconocerlo, no porque no sepa, sino porque hay sencillez en su corazón, hay humildad tierna que siembra en ella un espíritu de servicio. Siempre he sido un hombre que ha llevado como principios: el estudio y la comprensión de las emociones humanas, el servicio y la sencillez de las personas. Principios, sin los cuales jamás mi teoría de la bondad regenerativa encontraría sustento. Ella me ha ayudado desde su aparición a dar forma a estas ideas sueltas, a estos papeles sueltos, a estas emociones contenidas y fallidas tantas veces, a estas verdades incomprendidas. Ella es en sí misma mi mayor colaboradora, mi compañera. Ella también cree que es posible que las personas en esencia sí sean buenas. A menudo dice, "no todas las personas expresan lo que sienten, y tal vez eso se deba a que no se les ha enseñado a confiar y a creer en los demás". Conjeturas que escucho y analizo. Analizo todo lo que pueda escuchar de ella, analizo lo que pueda sentir yo mismo en ella. 


Tantas veces anduve explorando las inmensas avenidas con sus nocturnos faroles y silenciosos sonidos, los verdes campos que olían a soledad, los callejones sin irrisoria significación para cualquier mortal, los reductos humanos olvidados, las calles anidadas de mariposas nocturnas sin sueldo y de viejos desdentados. Anduve espacios abiertos y cerrados, cenáculos repletos de críticos, poetas, profesores, religiosos, en fin. Anduve, cuerpos y talles que sobrecogí en momentos de orfandad maternal. Anduve cimientos que se levantaban una noche, pero al amanecer desfallecían. Anduve plazas, playas, dorados trigos. Anduve experiencias, consuelos y espacios alegres, pero también tristes que pedían a gritos reconciliaciones humanas. Anduve crisis, crisis no tan existenciales, otras demasiado existenciales, pero existenciales al fin al cabo. Anduve por escuelas en las que enseñé dejando amigos en el camino. Anduve ferias, mítines, olas violentas. Anduve tantas y tantas veces sobre recuerdos que ya nada tenían que hacer, pero sin embargo persistían en quedarse (Escuché, los escuché a todos, a todos esos recuerdos). Anduve sobre presentes y futuros de otras gentes que sin mezquinarme nada terminaron confiándome sus más anhelados sueños. Gracias. Mil gracias. Anduve tantas y tantas veces sobre mis propios pasos hasta que olvidé seguirlos, pero los pobrecillos me supieron esperar para indicarme mi camino, el camino verdadero. Fue entonces que ella apareció en ese camino verdadero para acompañarme diciéndome, "no estás solo". Apareció cuando penaba en la oscuridad más profunda de la tierra, a veces pienso que fueron esa misma tierra y la vida las que nos reunieron. 

(De: Conocimiento del amor. Lima. 2013)

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

lunes, 14 de enero de 2013

Mario Aguilar Rodríguez

He escrito esta nota breve, que obedece a dar respuesta a muchas interrogantes que se han formulado en torno a mí, es normal que alguien se pregunte, del porqué un hombre toma la decisión de hacer suyo para nominarse un nombre distinto al que está impreso en la partida original de nacimiento. Escribí una vez para una crónica a propósito del Premio Nobel 2012 chino Mo yan, seudónimo de Guan Moye, que una decisión de "autodenominarse" de otra manera tiene como trasfondo un propósito que muchas veces guarda relación con sus escritos y su vida misma, y es verdad: la vida de un hombre toma muchos matices con el transcurrir del tiempo. Cambiamos para bien o para mal, aunque yo preferiría optar por la primera idea. Total como ya dije, el seudónimo no determina nada, el nombre tampoco; sí, los actos férreos y convicciones permanentes.  

Muchos me han preguntado si soy  Mario Aguilar Rodríguez, o Víctor Abraham, interrogantes por cierto un poco incómodas de responder. Qué importancia tiene esto a la hora de llamarme. Aquí, el detalle no es cómo llamar a la persona, sino con qué fin nombrarla. Aunque debo reconocer que es importante siempre esclarecer las cosas, sobre todo cuando uno ha llevado los primeros años de su vida enmarcados en un espacio nominativo. La explicación, tal vez esté en relación a un hombre que fue mi progenitor.

Foto extraída de: pureviejo.bandcamp.com  
Mi progenitor era un hombre de avanzada edad, recuerdo que cuando entré en uso de razón ya lo había conocido así, así, roído por el tiempo, yo aún era un chiquillo. Siempre he dicho que de no haber sido por este hombre jamás hubiera tenido esa formación compleja que años más tarde agudizaría mi capacidad intelectual aún más. Nunca lo vi satisfecho, era un inconformista, he escrito tanto sobre él que esta memoria no debe sonar a más que una simple anotación. Ese hombre llevaba dos nombres, Mario Vicente. A sus apellidos no doy mucha importancia, quizá no ahora en esta crónica, más adelante tal vez lo haga. A veces pareciera que los nombres son más importantes que los apellidos porque estos nos nominan y nos configuran a lo largo del tiempo, somos lo que somos por ellos. Los apellidos son los complementos.

Debo decir que mi padre fue hijo unigénito de un soldado en grado de Sargento, un tal Pedro Aguilar, a quien nunca conoció, ya que murió en una absurda guerra limítrofe. Digo absurda, porque una guerra nunca debe llegar a convertirse en eso precisamente, una guerra. Dónde queda el lado diplomático, en fin. (Esto no está en discusión ahora.) Su madre, María Lucía Rodríguez Zavaleta, una joven mujer que quedó huérfana de esposo a edad prematura atreviéndose a llevar sola por el resto de su vida una gran responsabilidad, la crianza de un hijo, también huérfano pero de padre.

Sí, Mario Aguilar Rodríguez era ese hombre reservado, lento y callado, dedicado toda una vida a los negocios y comercios, a las cosas ocultas, al trabajo absoluto. Creyente en un Dios que nunca abandonó. El día que se fue, llevó un rosario y una biblia en su pecho, esa fue su voluntad. Quienes vivimos con él jamás vimos feriados. Un hombre con una voluntad férrea al momento de defender sus ideas - un clásico soñador, diría yo-. Era un tipo marcado por la sencillez de una vida rutinaria, pero con un espíritu reflexivo y desprendido a la hora de mostrar su amor a los demás. Una persona preocupada por desarrollar su paz interior que no sé si la llegó alcanzar al final. Él, guardaba un respeto casi sagrado por la palabra escrita y sus creadores. Un amante de los buenos libros, las revistas y los diarios. Convencido siempre de que las personas en su esencia eran buenas, y que era obligación nuestra mostrarles el camino hacia esa bondad. Un  hombre que jamás se "rajó" como dirían las películas mexicanas que tanto le atraían, pues sí, era un admirador de la cultura mexicana, preocupado siempre por aprender más de ésta. Escribió cuanto pudo, en cuadernos que él mismo compraba y forraba, y estudió por su cuenta temas variados desde cocina manual hasta filosofía trascendental. Creo que siempre fue un niño grande, o al menos lo parecía por sus exabruptos cambios intempestivos de demostración de afecto. Un niño que jamás abandonó a su héroe Tarzán encarnado por el estadouniudense de origen austríaco Johnny Weissmuller. Un hombre casado con una mujer relativamente joven, a la que nunca dejó de amar por más extrañas y raras muestras de cariño. En fin.

Yo, sólo he seguido algunas de las directrices trazadas por él en mí, otras las he asimilado de otros lugares y experiencias. Siempre digo, que los primeros años determinan el desenlace de la vida futura, y que debemos a ellos, a nuestro primeros años, lo que somos en gran parte, tal vez no todo, pero sí, un gran porcentaje. Por que sin duda, como diría Ausubel esos son los aprendizajes significativos. Debo mi nombre, el de partida procesal, al deseo expreso de mi padre, al deseo vehemente de continuar su legado. Sin embargo, mi camino está lejos de ser un legado propiamente exclusivo de una persona.

Mis derroteros de vida son otros, como lo son mi carácter y mis experiencias. Mis convicciones y preocupaciones llevan - en parte- un sello paterno, sin embargo, otras como mi  fe y mis creencias son distintas. Debo a los sucesos, a los hábitos, a los deseos  y a las destrezas de mi vida mi propia denominación; debo mi nominación a dos aspectos circunstanciales que he sujetado desde niño a mi existencia, esas son : la victoria y el amor. Debo uno de mis nombres: Víctor, a la denominación latina "victoris", o "aquél que es vencedor" que apareció en una de las tantas citas que solía subrayar cuando era aún un adolescente universitario. (Años más tarde, en Lima la recordé y la recuperé.) Mientras el otro nombre, debe al grato recuerdo de uno de los cuentos del génesis que tanto me encandilaron en la infancia, sí, ese relato maravilloso del pacto entre Dios y el hombre que sería llamado luego, "padre de generaciones": Abraham.

Foto: Archivo personal.

Desde Lima del Perú.
Víctor Abraham

martes, 8 de enero de 2013

Ser un escritor.

Foto: Gabriel Faba
en Fronterad. Revista digital
Ser un escritor conlleva a muchas responsabilidades, entre ellas: a la defensa honesta de la propia decisión y la defensa de las libertades humanas. Un escritor está obligado a decir "no" cuando de ser preciso para allanar un camino se requiera un imperioso "no", pero también a avalar las buenas ideas - sin importar de donde provengan- que a juicio de él mismo crea conveniente. Aunque muchas veces se tenga la idea de remar en soledad contra la corriente. La inquebrantable fe en los principios diarios del vivir y las buenas prácticas en defensa del bien colectivo enriquecen y afirman su trabajo. Sin embargo, debo admitir que esas - las responsabilidades morales - precisamente no están catalogadas como normales en una sociedad como la nuestra, y de ser aceptadas sólo lo son de manera mediática o paliativa. No, esas formas de vida, son incomprensibles, raras, tediosas, hasta inverosímiles y vetadas. Optar por este estilo de vida sólo puede significar una cosa: una muerte social segura, pero eso no debe importar. Un escritor debe ser siempre un comprometido con el bienestar colectivo, con la sencillez, con el perdón y la regeneración anteponiendo ante todo su propio ego que nada tiene que ver en esta misión noble de decir siempre la verdad porque la verdad es belleza. He allí por eso mismo la importancia de llevar la pasión de la escritura con férrea vocación hasta convertirla en una profesión. Lo demás, es lo de menos. En suma, seguir el ejemplo y las directrices dejadas por los grandes hombres y mujeres de la palabra escrita, sí de esas hermosas convicciones que han alimentado el espíritu rebelde e insumiso de las colectividades que nos antecedieron. La labor de un escritor jamás termina, no tiene horario. Él está obligado a convertirse en un personaje de sus propias historias, emociones y pensamientos, todo sirve a su trabajo. Está obligado a llevar su propia vida a los fondos más oscuros de su propio "yo" y a las cúspides más elevadas de su espíritu, porque es allí donde todo cobra sentido de tiempo y espacio. El llanto, el dolor y el sufrimiento alimentan, pero el servicio, el amor y el afecto vivifican la esencia de su propio destino.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

sábado, 5 de enero de 2013

La incongruencia de ser representantes de un pueblo y no estar a la altura de ello

Foto: Diario El Comercio.
En días previos a la navidad, un señor llamado Víctor Isla, parlamentario oficialista y presidente del congreso peruano, uno de los tres poderes básicos del Estado Peruano, un 19 de diciembre para ser más exacto, salió a la opinión pública y dijo a través del diario La República, en alusión a un incremento del bono congresal por representación que se empezará a cobrar desde este año, “Necesitamos que los congresistas lleguen a todos los sitios y esto se debe ver como una mejora en la representación y en la comunicación de las necesidades de los pueblos, lo que debe sentirse en normas que los beneficien y en una activa labor congresal de fiscalización". Luego añadió, “Estoy seguro de que no es una medida popular, pero consideramos, en aras de fortalecer la representación, que es una medida necesaria”.

Es probable que sea necesaria esta medida, eso no está en duda, señor Isla, lo que está mal, es que ese aumento sea de S/. 7617 a S/. 15234.  (más que el doble). Llegando así inclusive a convertirse en uno de los mayores parlamentos mejor pagados de Sudamérica. Lo que está mal, señor Isla, es que pretendan hacernos creer que cantidades como éstas, más bien diría yo, abusivas, sean parte de una medida necesaria. Usted sabe que no es así. En fin.


Foto: Virgilio Grajeda (La República)
Si usted, señor Isla,  preguntara a un ciudadano de a pie, dudo mucho que este esté de acuerdo con su "medida necesaria". Es más, sería muy repudiado. Yo me pregunto al final, ¿qué peruano, en su condición de empleado, subempleado o desempleado se siente realmente representado por este Poder del Estado que sin el menor recato fija sus propios bonos extras, y lo que es peor: exorbitantes, a vista y paciencia de todo un pueblo que sigue viviendo a expensas de sus propios "representantes"? La respuesta creo que sería muy obvia, y más cuando de un tiempo acá el parlamento ha sido duramente cuestionado por su falta de ética y compromiso con la ciudadanía, y cosa paradójica habiendo en su interior una comisión ya de ética parlamentaria. En fin.

Si digo todo esto es porque hoy se aprobó lo que parecía hasta hace poco iba a ser un hecho replanteable,  sin embargo las críticas y sugerencias populares a través de los medios y las redes sociales no pesó, ni siquiera la indignación de ciertas autoridades políticas y religiosas del país, no, esto no pesó en absoluto, no, esto no pesó mucho a la hora de votar. El diario "El comercio", en su portal web indicaba, que "fue la decisión del Consejo Directivo del Parlamento, que ratificó el aumento con 17 votos a favor y 2 en contra, y por tanto dicho incremento empezará a regir desde este mes."

Mal, muy mal señores. Es una lástima que aún hayan seres que quieran valerse de la política de la manera más pobre formativamente hablando. Esto sin duda, traerá mucho desconcierto popular, y lo que es peor hace que peligre la estabilidad política del país, justo ahora cuando el ejecutivo lleva como bandera la tan ansiada inclusión y justicia social. Sin duda, que todo esto no nos lleva, sino a una deducción más que lógica, ambición de poder que desprestigia al poder mismo. En fin, veremos que incidentes posteriores acarrea esta mala decisión.

Desde Lima del Perú.
Víctor Abraham les saluda. 

lunes, 24 de diciembre de 2012

Los caminos hacia un sentido más humano y espiritual

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Cree siempre, cree siempre en las personas a pesar de todo, no les mezquines nada, sonríeles, abrázalas, prodígales cariño y ternura, entiéndelas, escúchalas y si está en tus manos ayudar: ayúdalas, no hay mayor muestra gentil de sencillez tras estos nobles actos. Créeme. Es difícil, créeme, pero pienso que no hay otra salida para enseñar a los demás a ser mejores personas, ese es mi compromiso y quiero que también sea el tuyo, ¿me has entendido?, ¿me has entendido, verdad? 
(De: Conocimiento del amor. Lima. 2013)

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La fe en un Dios cercano a los hombres  

Hoy es 24, veo el reloj y me doy cuenta que estamos a escasas tres horas de celebrar una nueva fecha especial en nuestro calendario, si bien no es la última reunión del año, por lo menos pienso que es la más principal de todas, y esa fiesta se llama precisamente: la navidad; sí, sí, esa navidad, esa blanca navidad que desde pequeño mis padres me inculcaron a respetarla y a guardarle cariño y afecto, no por los regalos ni por las personas, sino porque según nos decía mi padre, que ese día nació el niño Jesús en Belén en un pesebre, y éste era ya un motivo más que suficiente para estar alegre.

Aprendí lo que era un pesebre, por la construcción de un nacimiento elaborado cada año por nosotros. Era toda una tradición seguida por mi padre, mi madre, mis hermanas y yo. (Ahora que recuerdo mi padre era el que más se emocionaba con ello, él traía de su trabajo las cajas y los pliegos de papel de molde pintados de marrón o verde bajo el brazo, y los guardaba en un cuarto que llamaba depósito hasta llegado los días previos a esta fiesta navideña). En una esquina de la casa sobre una de las mesas del negocio que teníamos- porque fui hijo de comerciantes-, todos nos preparámos para edificar ficticios cerros y ficticias praderas, un espacio era destinado para la gruta, en cuyo interior depositaríamos a los personajes clásicos hechos de yeso antiguo con sumo cuidado para no romperlos, pues debíamos de conservarlos para el próximo año.  La vaca blanca, el burro oscuro, y el buey echados sobre un pasto ficticio hecho de paja escoltaban a la Sagrada familia: José, María y por supúesto al niño Jesús, nunca faltaron tampoco los tres corderitos blancos, uno que otro pastor, la estrella de Belen, en fin. Como ya dije, construir un nacimiento en casa era toda una conmoción.

De mi familia aprendí este modo de evocar el momento crucial del nacimiento de "El salvador", aprendí de ellos a esperar la navidad con entusiasmo y a celebrarla, aprendí a compartir el chocolate con leche y los bizcochos con las demás personas que nos rodeaban por esas fechas: los vecinos y amigos del barrio de Buenos Aires, Buenos Aires del Perú. Nadie más. Cuatro horas antes, era para nosotros ley sagrada ir a misa, y dar gracias a Dios por todas las bendiciones adquiridas durante el año. Mis padres fueron una pareja de fervientes católicos. La misa ofrecía una representación viva del nacimiento, era todo un espectáculo teatral muy llamativo, recuerdo que una vez fui invitado a participar como pastor llevando un corderillo vivo. El acto teatral estaba a cargo de un grupo de jóvenes pertenecientes al mismo movimiento católico al que pertenecíamos nosotros, nuestra familia. Terminada la misa entonábamos, mis hermanas y yo, los villancicos junto con los demás niños y niñas de nuestra edad. Panderetas, tambores, bombos, sonajas, guitarras acompañaban nuestras febriles voces aún pueriles. De regreso a casa, nos sentábamos alrededor de la mesa, y departíamos lo que con tanta impaciencia había preparado mi madre. Mi padre, a veces nos daba modestos regalos.

Siempre he dicho que son nuestros primeros años los más trascendentes,  y por tanto las primeras experiencias marcan la vida de una persona. Mientras más jóvenes seamos, el impacto es mayor, en un niño las primeras experiencias echan raíces muy fuertes que perduran para toda la vida. Éstas justamente cobran mayor solidez, son éstas las más significativas. Lo que viene luego -con los años-, sólo consolidan, moldean y complementan a las primeras. Recuerdo todo, absolutamente todo en mi memoria.

Mi primera formación fue católica. Mi familia profesó el credo católico. Mis padres fueron creyentes de un Dios vivo. Aprendí también a tener fe en este Dios vivo. Mi primera formación como escritor tiene mucho de ello, y por supuesto dejo claro que en el camino de mi vida he ido reafirmando y consolidando algunos principios aprehendidos durante estos primeros años en cuanto a mi fe; otros los he cuestionado duramente tachándolos para siempre, sin embargo esto no me lleva a considerarme un ateo o un no creyente. Creo en un Dios, creo en un Dios- como ya he dicho - no alejado de los hombres y de las mujeres, sino cercano a ellos y a ellas, a sus sufrimientos, a sus dichas, a sus frustraciones, y cercano a sus miedos y temores. En fin.

Un año de sucesos inesperados

Por otro lado, este año, indudablemente que ha sido muy inesperado, debido a algunos acontecimientos mundiales acaecidos, sólo por citar entre ellos: los sucesos en el Medio Oriente, para ser más precisos el conflicto árabe - israelí que sigue ocasionando muertes, ésta vez ha tomado la vida de niños y niñas. Alguien diría, que ya no es novedad que en esta zona del mundo estemos acostumbrados a ver violencia más seguida, pero creo que el rechazo colectivo siempre está latente. Empero, me deja tranquilo, sin embargo la resolución de Las Naciones Unidas que en un intento -creo yo- preciso,  reconoció a la Autoridad Nacional Palestina (ANP) como un Estado observador no miembro. En una votación directa en el pleno de la Asamblea General, la resolución impulsada por el líder palestino, Mahmud Abbas, contó con 138 votos a favor, 9 en contra y 41 abstenciones. Todo un hecho histórico que habilitará en adelante a los palestinos a integrarse a las agencias de la ONU y firmar tratados internacionales. Un claro avance -queramos admitirlo o no- en el intento de pacificación sobre esta zona. 

En Occidente, los tiroteos en Estados Unidos han dejado develado una vez más la psicosis social generalizada por las que atraviesa un gran sector de la población de ese país. El nuevo gobierno mexicano deberá trabajar duro para poder ganarse el respaldo de la población, pues confío que México aún tiene mucho por dar y la imagen desgastada de Felipe Calderón no ha sido suficiente para llevar a cabo un amplio consenso social que tanto hace falta en ese país.  Si bien es cierto, Europa se ha puesto de pie, con la designación del Premio Nobel de la Paz para la Unión Europea, hecho que desde ya compromete a solidificar las relaciones entre los países miembros, aún hay mucho por hacer sobre todo con la ola de indiganados que aún persiste y las altas tazas de desocupación en España, o las corrupciones económicas desatadas en algunos países de la Eurozona, como diría en noviembre del año pasado  Guillermo Arbe, aludiendo al caso Berlusconi, "lo único que les interesa a los mercados financieros es si los gobiernos pueden pagar sus deudas o no. No les interesa la corrupción". La visita del Papa a  Cuba y a México ha sido un gran paso, si de intentos de acercamiento a la fe hablamos, a pesar de los duros cuestionameintos, sobre todo por un sector de cubanos.

Pienso que estos hechos deben ser vistos y recibidos como experiencias para seguir corrigiendo lo malo, y fortaleciendo lo bueno. Total, cada tiempo que transcurre es una nueva experiencia, y de los errores aprendemos a fortalecer  nuestro camino. Cada nuevo tiempo que nos abraza siempre trae nuevas oportunidades de vida unidos a nuevos proyectos, a nuevas opciones laborales, a nuevas personas por conocer- o ya conocidas, que simplemente esperan conocernos mejor-.  Cada nuevo tiempo siempre trae nuevos caminos por recorrer, aunque desconocidos a primera vista, nuevos al fin y al cabo, y  en nosotros está tomarlos y caminarlos.

Preocupados por el bienestar espiritual más que material

Saul Bellow, escritor estadounidense de origen judío y laureado con el Premio Nobel de Literatura por "la comprensión humana y el análisis sutil de una cultura contemporánea que combinaba en su obra",  dijo la noche del 12 de diciembre de 1976 en su discurso de recepción en la Academia Sueca para ser más exactos, que "nuestros logros colectivos al final excedían por sí mismos justificando así lo que siempre hemos sido desde nuestros orígenes, mientras tanto, mientras que no hayan logros colectivos, no era muy necesario creernos respecto a  lo que creemos ser".

Tras esas formas gramaticales de expresión, subyace como fondo principal, una enorme cualidad, la sencillez, y es precisamente esa muestra de sencillez la que debe primar en las consciencias de las personas de este tiempo. John, gran amigo mío, una noche de setiembre me dijo- y aún lo recuerdo con claridad-, "que las personas no importan tanto como sus legados". Pienso, que tiene razón, que lo más importante son los legados, los logros colectivos, la necesidad de dejar algo en los demás, no un "algo" material - que ya de por cierto es muy loable -, sino más espiritual y significativo, y pienso que lo más significativo está precisamente en poder cimentar la nobleza del espíritu o la formación humana incluído todo tipo de educación que de ella se desprenda porque queramos o no, una persona educada y bien formada vale, vale mucho.

Saul Bellow, elogiaba a los escritores europeos del siglo XIX, porque habían asumido una empresa rara e incomprensible para muchos de su generación, esa empresa humana. Los escritores de Oriente (Europa), distaban mucho de los escritores de Occidente, quienes habían levantado sus creaciones paradójicamente conmocionantes para el público, sí para ese público que ellos mismos sólo tocaban en sus momentos de inspiración, pero nada más. Detrás de esto no había nada más, no había sencillez verdadera, no había nada, salvo exhorbitantes y frenéticos desenlaces. Sin embargo, el público fue paciente con ellos, inteligente, continuaron leyendo con la esperanza de encontrar algo más. Ese algo más era necesidad de aproximación a una teología, una filosofía, una teoría social, o tal vez una ciencia pura, en fin. Y fue así como el siglo XX, según Bellow, trajo consigo desde el centro de la humanidad una lucha entre los poderes colectivos populares frente a los poderes desmedidos de brutalidad y engaño, los conocidos autoritarismos que trajeron con ellos persecuciones, odios y miedos, una lucha significativa de las personas humanas por hacer prevalecer su libertad, fue así como el panorama tocó otro matiz- siempre humano-, una lucha contra la deshumanización del alma. Ésa fue la puerta que se tenía que abrir. Fue ese propio contexto social, el que presentó esa puerta a los escritores del siglo XX dándoles la libertad para  abrirla y entrar o simplemente no, la lucha en defensa de la deshumanización estaba echada. Ellos más que nadie fueron libres de entrar, nadie más, y otra vez los escritores europeos estuvieron presentes. En Occidente, algunos tomaron el camino de cruzar esa puerta. El existencialismo, estaba servido a los ojos de la interpretación individual que un gran colectivo intelectual de ese tiempo escudriñó y después deploró.

Para Bellow, "la esencia de nuestra condición humana está en la complejidad, la confusión y el dolor del que somos partícipes cada uno de nosotros". Él afirma, que "Tostoi y Proust las consideraban ideas verdaderas, y que muchos saben que estas cosas existen y atañen nuestras consciencias, pero no encuentran las palabras para explicarlas porque estos estados provienen de lo más profundo de nuestro interior, o lo que llamaríamos el espíritu."

Las trampas de la mercantilización exagerada

Si hay algo que debo reconocer son los grandes saltos tecnológicos que ha dado la humanidad en este último siglo, y tal vez no me sorprenda que más adelante en este siglo XIX hayan mayores desarrolllos en estos campos, inclusive en cuanto a creación de nuevos artefactos y sistemas logísticos. Eso está muy bien, sin embargo muchos son diseñados sin un propósito real, su único propósito son las ventas y ganancias que de ellos se desprendan so pretexto de facilitar la vida humana, por tanto resulta muy paradójica y muy falsa toda afirmación respecto a sólo la tecnología pueda llevarnos a la felicidad e incluso hacernos creer que ésta pueda depender exclusivamente de ella. 

Digo paradójico porque "hoy nuestra felicidad, no es completa ni satisfactoria porque la anteponemos y la condicionamos siempre y a cada instante a factores externos que nada tienen que ver con ella, como la cosificación (mercantilización)del género -ya sea hombre o mujer-, la materialización de ambiciones que escapan al normal deseo de tener -sólo por el hecho de lactar cosas ya no necesarias, sino innecesarias-, la necesidad de mostrarse superior al otro, la anteposición de status socioeconómicos -o de piel en el peor de los casos-, y hasta las necesidades de cuerpos físicos. Todo esto, me temo que resulta incompatible con lo que solemos llamar felicidad, y lo que es peor esto no indica más que una pobreza del espíritu, sí, de ese espíritu humano que olvidamos que llevamos dentro."

Tal vez como ya dije en crónicas anteriores, si se logra un equilibrio entre el pensamiento que desea tener y la sensibilidad que necesita sentir habremos dado un gran paso, para volver a ser esos seres más conscientes, reflexivos y respetuosos de los demás, pero sobre todo seres más afectivos y valorativos por el prójimo.

Acotaciones finales

Finalmente no importa si los caminos que tomamos para llegar a una verdad sean distintos, no importa eso, de verdad no importa, lo que sí importa es llegar a esa verdad, la misma que tanto defendía en vida Julio Cortázar, llegar a esa verdad, percibirla por uno mismo y repetirla cada día con la misma fe, pero no sólo a los mismos amigos y en mismo café como él mismo refería, no, no sólo a ellos, sino -pienso-, que esa verdad debería ser repetida a la mayor cantidad de sensibilidades posibles. Esto es al fin y al cabo lo más importante!

Del mismo modo pienso que hoy y más que nunca es necesario creer mucho en la bondad de las personas, creer en la educación como única fuente de desarrollo y creer en la intensidad de las emociones como fuente de humanidad y consciencia social.

Es para mí al final, tras un breve análisis, no por el mero hecho de una crítica social sin fundamento o "tonterías" como alguien dijo por allí una vez, sino más bien de aproximarme a una teoría social esperanzadora, una teoría social humana y existencial.  Felicidades por el año que viene y sendas reflexiones por el que se va. Entrañablemente para todos de manera abierta y sin medida un fraternal saludo desde donde me encuentre, sea cercano o lejano a cada uno de ustedes. Atentamente. 

Víctor Abraham

Lima, Perú. 2012


jueves, 20 de diciembre de 2012

Me gustas


Me gusta pensarte, retenerte en mí -aunque sea en recuerdos míos-, imaginarte, descubrirte, saber cómo eres, percibirte en mi tacto nocturno a ti y a toda parte íntima que pertenezca a tu cuerpo diminuto y femenino, en fin.

Me gusta comprenderte, escuchar tu repentino silencio, mirarte con esos ojos cansados que dices que tengo, quererte tanto como he aprendido también a querer los domingos con sus tardes y sus noches, instantes que duran sólo cinco o tal vez seis horas, pero los suficientes  para ir descubriendo el repentino y frenético conocimiento del amor verdadero.

Me gusta amarte hasta perderme en tu revoltoso éxtasis  y sentirme en dentro de ti, dentro de tu fecundo amor humano.

Me gusta saludarte, saludarte por las tardes, por las noches, llamarte, en fin, verte, verte a ti, abrazarte, abrazarte no por manía rutinaria de hacerlo, sino por sentirme abrazado a tu propia alegría, pues tu alegría siempre trae un sabor distinto, un sabor a tierna mujer.

Me gusta escribirte, tal vez no sea mucho, tres cartas creo o algo más, no lo recuerdo, pero eso sí, las más significativas, de eso no lo dudo. Me gusta saber que estás allí, que coincidimos en afectos, que coincidimos en caracteres similares y simétricos, en fin, en deseos y besos, besos prodigados en lugares y puntos exactos de nuestro dual mapa corporal.

Me gusta acariciarte, acariciarte a ti y tocarte con mi pensamiento, hacerte el amor tras palabras y gestos, estar pendiente de ti, de tus alegrías y tus manías. Me gusta escuchar música contigo, de ésa misma que envuelve nuestra estancia cuando estamos tú y yo solos, solos lejos de esos lugares ruidosos e inquietantes que sobran en nuestro amor.

Me gusta cargarte, cargarte a ti y darte vueltas en campana, una y otra vez, y otra vez de nuevo, y las veces que vengan tras esos "de nuevo". Me gusta oírte hablar, escuchar de ti todas tus palabras, las que vengan destinadas a mí, y las que no tengan destino seguro. Me gusta tanto tu sencillez como la sencillez de tus notas escritas que dicen poco, pero lo suficiente, lo suficiente para expresar valientemente lo que sientes.


Me gusta, me gusta tanto saber que eres tú, y que detrás de ti siempre estará tu voz, sí, esa frágil y sutil voz destinada a mí, y tras ésta el recuerdo de tus manos sobre mis mejillas, tu cara risueña, en fin. Qué más te puedo decirte, sólo que me gustas.

(Conocimiento del amor. Lima. 2012)


Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

domingo, 16 de diciembre de 2012

El escritor humanista Saul Bellow: Premio Nobel de Literatura 1976


"Ahora puedo decir que me he librado de la principal ambigüedad que afecta a los intelectuales: y es que los individuos civilizados odian a esa civilización que hace posibles sus vidas. Lo que les atrae es una imaginaria situación humana inventada por su propio genio y que para ellos es la única realidad humana verdadera. ¡Qué extraño! Pero la parte de toda sociedad mejor considerada y más inteligente suele ser precisamente la más desgraciada."

(De: Herzog 1964)

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" Los hechos comienzan a abrumarme, y enseguida siento una opresión en el pecho. Luego se desencadena una avalancha desordenada: ¡Mis padres, mis esposas, mis novias, mis hijos, mi granja, mis animales, mis hábitos, mi dinero, mis clases de música, mi ebriedad, mis prejuicios, mi brutalidad, mis dientes, mi cara, mi alma! Y no me queda más remedio que clamar: ¡No, no, aléjense de mí, malditos! Déjenme en paz! ¿Pero pueden acaso dejarme en paz? Me pertenecen, son míos. 
(...)
Si la gente se desmorona frente a ti, no deberías intentar reconstruirla. Deberías dejar que ellos mismos recompongan sus fragmentos. "

(De: Henderson, el rey de la lluvia. 1959)

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" El camino de vuelta de una persona a su identidad primitiva es el regreso del exilio espiritual, porque a eso se reduce su historia individual, a un exilio.
(...)
Mi primer amor Amy Wustrin, en ella hay invertido medio siglo de sentimiento, fantasía, especulación y dedicación, de conversaciones imaginarias. "

(De: The Actual. 1997)

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 Sobre el autor: 


Saul Bellow fue un novelista estadounidense galardonado con el Premio Nobel. Nació en Lachine (Quebec). Estudió en la Universidad de Northwestern y fue profesor de la de Chicago. Su primera novela, Hombre en suspenso (1944), refleja la ansiedad y la preocupación de un joven que espera ser movilizado en tiempo de guerra. A esta primera novela le siguió La víctima (1947). Tras obtener una beca de la fundación Guggenheim, Bellow vivió durante un tiempo en Europa, donde escribió la mayor parte de su novela, Las aventuras de Augie March (1953). Esta novela, un largo relato libremente estructurado con un héroe de corte picaresco, ofrece un vivo y humorístico retrato de la comunidad judía de Chicago a través de un joven en busca de su identidad. La humanidad moderna, amenazada con perder su identidad pero aún no destruida espiritualmente, es el tema de sus obras posteriores, Carpe Diem (1956) y Henderson, el rey de la lluvia (1959). Herzog (1964) y El planeta de Mr. Sammler (1970), galardonadas con el National Book Award (Premio Nacional del Libro), retratan a los intelectuales judíos en su lucha contra el malestar espiritual que los rodea. Bellow recibió el Premio Pulitzer en 1976 por El legado de Humboldt (1975) y tres meses más tarde fue laureado con el Premio Nobel de Literatura (1976). El autor prosigue su análisis de la cultura contemporánea en El diciembre del Decano (1982). Ida y vuelta a Jerusalén (1976) es un estudio reflexivo de su visita a Israel, mientras que en la novela Son más los que mueren de desamor (1987), Bellow regresa al escenario del Medio Oeste de Estados Unidos. En 1994 publicó una colección de ensayos titulada Suma y sigue. Fallece por causas naturales en su casa de Brookline, Massachusetts, el 5 de Abril del 2005.


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Cito esta fuente, pues considero muy necesaria si se desea acercarse a la personalidad de Bellow



Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

viernes, 14 de diciembre de 2012

Respuesta para una pregunta inesperada


Usted, usted que me ha preguntado esta noche, “¿Quién soy yo?”, que “¿Quién soy yo?”, curiosa pregunta para alguien que tal vez no esté familiarizado a las respuestas vacías y escabrosas, imprecisas, vagas y llenas de laberínticas palabras; sin embargo para mí ya nada causa extrañeza, y más cuando la persona fulminantemente interrogada - como yo- vive en ese vacío extraño todos los días, cuando esa misma persona cuestionada justamente ha aprendido a dirigir sus pasos entre lo común y lo anormal, entre lo trivial y lo extraordinario, y a diferenciar muy bien entre el silencio del oficio y el silencio del desdén, desdén que lo categoriza todos los días como estrambótico, iluso e irremediable,  una persona acostumbrada a divagar entre lo amable y lo desagradable, entre el afecto y el rechazo, y a lidiar entre lo mayoritariamente "bueno" para muchos, pero incorrecto para pocos, los realmente justos, ya que de eso se trata no?, de separar la paja del trigo, en fin, esta misma persona que ya no define nada salvo remotas esperanzas de fe en las individuos que aún puede reconocer como próximos a él mismo.

Usted, usted que me ha preguntado esta noche que “¿Quién soy yo?”, permítame decirle que lo que voy a escribir a continuación, no lleva de una pizca de explicación común (y ojalá pueda usted entenderme, como yo ahora mismo trato de entenderle con mi más humana empatía), probablemente estoy seguro que usted no merece una respuesta trivial o floja, sino una esmerada y consciente, y este esmero en responderle está en que también usted sea un poeta, tan poeta o tal vez más poeta que yo mismo según afirman sus conocidos, en fin. Eso no importa ahora, sólo cumplo hoy con responderle como trato de responder siempre a las personas que me preguntan cosas, es por cortesía no quedarse callado en el vacío absoluto, nuestros interlocutores no merecen desaire alguno jamás.

Soy Víctor Abraham para servirle, hijo de un padre cultísimo de quien aprendí que la humildad y la nobleza son ante todo las mejores armas para un hombre de bien, y que las personas en esencia son buenas. De mi madre he bebido lo más substancial de la vida, de mi vida: mi fe en un Dios, no el distante, sino el cercano a los hombres, y mi libertad para actuar según mis propios códigos de verdad. Mis primeras nociones de vida  y raíces deben a un lugar que me ata siempre, allí empezó mi aprendizaje, y debo a esta ribera, porque es una ribera,  mi mayor respeto y cariño, Buenos Aires, Buenos Aires del Perú.  

He viajado algo y conocido personas, muchas personas cuyos recuerdos hoy guardo en  mi corazón, a algunas las he perdido en el camino para no volverlas a encontrar, y otras han decidido irse para no volver más, sin embargo no las juzgo, ¿cómo podría yo, un hombre que cree en la libertad, juzgarlas o retenerlas? No, eso jamás. Cuando ya no sienten necesidad de estar en un estado o lugar, lo mejor es dejarlas ir. Pienso, que la aparición de las personas como el proceso ordenado de los sucesos diarios son imprevistos, agradables, pero también desagradables, estos mismos van y vienen, o tal vez deba emparentarlos con los días y experiencias que también vienen y se van, algunos para enseñarnos algo, otros para no dejar nada, salvo angustias y dolores que nos fortalecen con el paso del tiempo.

Ya una vez me definí en una pregunta similar a la de usted, pero no precisamente porque me lo preguntara alguien externo a mí mismo, sino porque me lo preguntara yo mismo, la autodefinición siempre es mejor, subyace a cualquier ropaje mediático, formal o celebratorio, e inclusive falso. La autodefinición parte de nuestro fondo más profundo y sus raíces están entregadas al fondo más introspectivo producto de muchas miradas retrospectivas. Debo admitir que es usted la primera persona que me lo pregunta directamente, sin tapujos ni rodeos- muchos lo han hecho, pero de perfil-, y felicito su interés por querer conocerme, aunque es tan posible que mi respuesta resulte para usted lejana a la que hubiera querido leer. Desde ya lamento desilusionarlo, en fin.

Siempre he dicho que soy ante todo un hombre cuya vida está ligada a la observación de los detalles que nos muestra la vida diaria, al compartir de experiencias sencillas con los otros – los que nos rodean-, y a la descripción que se pueda extraer a partir de estas dos primeras con las palabras. Me defino como un hombre de ideas y de acciones. Mi compromiso es con toda sociedad abierta al progreso humano. Mi patria es el Perú. Mi talento, escribir lo que pienso. Mi profesión, la escritura. Mi búsqueda, la libertad. Hago y deshago maletas cuando tengo que partir en busca de nuevos aprendizajes. Mi ciclo de formación aún es incipiente, sin embargo mis deseos, mayores. Me proyecto al tiempo y al espacio, no como simple especulador, sino como su mayor actor. Un hombre de mundo. Me entristece la indiferencia que socava los corazones humildes. Me regocija una sonrisa y si viene de algún menor, aún mi alegría es mayor. Mi concepción humanista social es el faro que trata empecinadamente de llevarme cada día a buen puerto.

Lamento todo incidente que le pudiera generar, pero si me conociera sabría de mis buenas intenciones para con su joven amiga y las demás personas que rodean a ella, permítame decirle que nunca he amado tanto a una mujer como a ella, lamento que sea precisamente a ella y no a otra que usted quisiera que fuera. Debo decirle que las personas tienden a juzgar lo que sus ojos a primera vista les muestran, o lo que sus oídos sin mesura alguna escuchan. Por lo demás soy un escritor que profundizo mucho sobre las cosas más elementales de la vida, desde las más alegres hasta las más infelices. Soy un escritor que cree en el enorme poder de las palabras para traducirse en actos de bien, no de mal, en actos de optimismo y en intenciones de motivación para algún agraviado. Mi formación como escritor se basa en las enseñanzas de viejos maestros que conocí a través de los viejos libros que leí y que fueron desdeñados por otros lectores, que tal vez sin conocerlos dejaron pasar,  entre ellos Saul Bellow, Pirandello, Sartre y Camus, Heinrich Boll, Beckett,  Hesse, entre otros que omito para no extender esta respuesta. Sí, mi formación como escritor no ha terminado, al contrario: le diré que estoy en el inicio, apenas si recién he aprendido a valorar la vida mía y la de los demás, como escritor existencialista que soy pienso que si no se conoce – o por lo menos se intenta aproximarse- durante el ciclo vital al amor verdadero, a la pasión verdadera, a la bondad tierna, todo quedará reducido a verdades ignoradas, existencias mezquinas de cuerpos  y espíritus que flotan en sus propios cuerpos y espíritus.  La existencia empieza cuando uno mismo es capaz de decir lo que ama y expresar lo que siente.

Lamento todo este impase, porque sé que esto me llevará a repensar muchas cosas, y a reformular otras, puesto que no me gusta hacer daño a nadie. Las situaciones no las forzamos, se dan, tal vez en algún momento usted pueda entenderme. Hasta entonces un grande abrazo y cuídese mucho, luego de este somera respuesta no tendremos más que hablar sobre estos detalles sin importancia acerca de mí, todo está en los libros y notas que he podido escribir, ya dije una vez que el seudónimo no determina nada, el nombre tampoco; sí, los actos férreos y convicciones permanentes. El nombre encasilla a difusas realidades que muchas veces no muestra del todo.  Le agradecería pudiera reflexionar sobre lo que le he escrito y arreglar sus diferencias de la manera más ordenada y prudente. Estoy para servirle, totales saludos.


Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

Una movilización sin sustento: el objetivo, aglutinar a la manada; la gran mentira, la democracia

La consciencia de un valor cualquiera sea este da la libertad al individuo, le confiere responsabilidad, acción y fe en el futuro. Los hij...