sábado, 27 de julio de 2013

Percepciones para una degradación

La realidad prevista

De pronto vino a mí una ligera percepción, que empezó cual espiral cuyo centro alojado en una parte remota de mi consciencia fue retumbando más y más, desbordando, sí, sí, desbordando más y más, hasta convertirse en un todo y gigantesco inmediato, y ésa - percepción extraña que no era la mejor- terminó dejándome vacío, totalmente vacío, un vacío tan similar a aquél que sólo está lleno de ese propio vacío inhumano. Y es que sucedía - y hasta me parece ya casi un hecho consumado a estas alturas de la lucha honesta- que muchas consciencias habían declinado a eso que otros defendimos por mucho tiempo como calidad humana. Pensé con estremecimiento frío e impasible en ese mismo momento, en esa misma calle, en esa misma puerta, en esa mismo instante de espacio -tiempo en el que me encontraba que la etapa de la descomposición social y moral estaba en camino sin marcha de retroceso.

De pronto corrí por las calles gritando, gritando a fuerte voz cual pregonero precursor en épocas de luchas por la independencia, pero no encontré sino un eco mayor y más vacío que la sensación de espiral misma -sentida hasta hace poco- en las personas, algunas con pancartas al interior de cuyas filas ya se hablaban de complot deshonesto y de repartijas menores, denunciándose entre sí mismos la presencia de posibles infiltrados. Vi a otros, y a otros más menores leyendo libros caros hechos - paradójicamente- por autores cuya pobreza emocional es demasiado notoria, personas comprando y pagando por libros que no comprendían del todo pero que eran suficientes para aplacar ese voraz deseo de culturalización mediática e inmediata que solía invadir y reinar de vez en cuando - y de forma patética- a la clase media porque el sttus cultural- según ellos- daba poder y notoriedad, ese poder único para sentirse superior a otros, superioridad asolapada en poses snobistas y muy bien aprovechadas por grupos de élites comercializadoras que han terminado haciendo y ejerciendo un abuso exagerado del fin de un libro en sí mismo olvidando que la esencia no está en la maquinaria de consumo -porque siendo claros, todo hoy se ha vuelto materia de consumo indecente- sino en la reflexión final del escrito en sí mimo, en fin. Estoy seguro que de saber un Beckett, o un Solzenitsin, o un Vallejo, o tal vez un Ribeyro, o un Cortázar, o un Camus, que sus obras terminarían siendo usadas hoy en esa suerte de prostitución cultural tal vez retirarían sus propios trabajos, pero y está, todo ya está, está en proceso y curso. Comprendí entonces el porqué de ese fenómeno que todo el mundo empresarial libresco temía, ese fenómeno llamado piratería.

La pandemia  generalizada 

Seguí viendo, percibiendo hasta notar grupos de indigentes acostados en las paredes con miradas llorosas y feas recubiertos por cartones y mantas asqueadas; uno de ellos se atrevió  a pedirme una especie de colaboración, di lo que tenía, no más ni eso que podía ser motivo de solidaridad monetaria, le pregunté entonces que opinaba de la palabra degradación, "no lo sé, no lo sé maldita sea, no sé que sea eso", me dijo entrecortadamente al mismo tiempo que embarraba sus barbas encanecidas en una naranja que hace pocos segundos había sacado del bolsillo izquierdo el abrigo marfil desgastado. Vi policías dispuestos a atacar en el caso de algún descontento popular que no saludaron a una señora que hizo un pequeño gesto de reverencia, vi ebrios y ciegos abrazados alrededor de la estatua de una virgen, vi prostitutas desayunando más con pena que con gloria porque para ellas el Gobierno - y sus medidas- importa nada o poco, aquí lo importante es la actividad de obtener dinero fácil, o sea una suerte de trabajo incomprendido. Escuché quejas e improperios al exterior de unos pórticos hospitalarios envueltos en completo desasosiego. Vi vendedores de periódicos y revistas en cuyas portadas sólo habían dos cosas: descontento general, y verdades dichas a medias.

Escuché a alguien quejarse - y pensar que hasta hace poco alguien había censurado la queja pero para tranquilidad mía la queja siempre estará a la orden del día, no por manía pura de pesimismo, sino por necesidad imperiosa de profundización-, quejarse de la formación profesoral, del nivel de educación, de la aculturación y de otras cosas más que dudé -por un momento- que mi condición también sea la de ser maestro. Indudablemente que la visión devastadora de la realidad sólo significaría a esas alturas del momento, una cosa, una única y necesaria cosa: la presencia de una devastadora crisis al interior del alma propia acompañada de una sensación ya más visible, una sensación  aunque extraña pero cierta, una especie de descomposición racional y moral. La degradación humana había empezado a mostrar sus afilados zarpazos de una manera ya epidémica, era como una especie de pandemia generalizada, y para cuya solución - aún incierta- un medicamento o vacuna resultaba pobre, paupérrima, misérrima porque ésta, no era una pandemia de salud física, sino de salud del espíritu y de la consciencia. Esa mañana me di cuenta que el proceso de degradación estaba en marcha, y lo peor era que unos pocos empezaban ya a darse cuenta de esta presencia invisible, pero el poder del ego propio era más fuerte que preferían callar y dejarse llevar. "No nades contra la corriente", se empezaba a escuchar al interior de estos pequeños colectivos humanos.  Debí reconocer y aceptar esa mañana que los que empezábamos esta lucha éramos pocos, y probablemente muchos podríamos quedar en el camino con el transcurrir del tiempo que tal vez duraría un poco más de treinta años, y sin embargo era necesario empezarla, alguien debería empezarla con la esperanza de recibir más solicitudes de adherentes en el camino. La lucha estaba echada, y las únicas armas serían en adelante: el valor coherente y firme, el accionar ejemplar, y la determinación del pensamiento, fuera de esto ya todo sonaba a   estremecimiento de moratoria psicosocial  afincada de pronto en cada  alma humana porque esa "peste" de Camus había regresado, pero esta vez era más fuerte, más violenta, desoladora y destructiva, esa peste era ahora una pandemia de degradación humana.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

domingo, 14 de julio de 2013

W. Somerset Maugham: Un observador e interpretador de la vida.

Foto tomada del portal:
http://www.waydn.com/frases/10-frases-de-william-somerset-maugham/
"Soy un pasajero que en época de guerra espera en el puerto la salida de su barco. No sé que día zarpará, pero estoy listo para partir en cualquier momento. Leo los periódicos y hojeo las páginas de una revista , pero si alguien se ofrece a prestarme un libro lo rechazo porque quizá no tenga tiempo de terminarlo y, de todos modos, ante la perspectiva del viaje, no estoy de humor para concentrarme en su lectura... Entablo conversación con quienes encuentro en el bar o en la mesa de juego, pero no intento trabar amistad con gente de la que pronto me separaré. Estoy a punto de levantar el vuelo".

El barco que W. Somerset Maugham esperaba llegó en diciembre de 1965. Tenía entonces noventa y un años y había escrito veintiséis libros, veintinueve obras de teatro y noventa y un cuentos. Su muerte desencadenó un diluvio de artículos y libros en los que los críticos literarios rendían tributo unánime de admiración al gran escritor.

Sin embargo, su vida y su personalidad fueron consideradas con más severidad. Los biógrafos comenzaron inmediatamente a analizar y criticar la vida de aquel millonario solitario, que había dicho: "La vida de los escritores es más bien aburrida", y que había esperado tanto y tan impacientemente su muerte.

Su propia historia contenía elementos de triunfo y de desengaño muy parecidos a los que trazó en sus obras.

Aquejado por una tartamudez de la nunca se curó, sus años escolares fueron clásicamente desdichados. Estudió medicina y, como a tantos otros médicos, el conocimiento que su profesión le proporcionó de la vida de los menesterosos y los desgraciados lo impulsó a escribir. Su primera novela, Liza of Lambeth, alcanzó enorme éxito. Lo pusieron por las nubes y las damas más encopetadas se disputaban su presencia en sus salones. Abandonó la medicina para dedicarse exclusivamente a la literatura, y entonces sufrió una serie ininterrumpida de fracasos. Cesaron las invitaciones. Puso sus miras en el teatro y comenzó a escribir piezas al estilo de Oscar Wilde. Al principio, no logró estrenar ninguna; luego súbitamente, los empresarios comenzaron a asediarlo pidiéndole obras. En 1909 batió el récord con cuatro piezas representándose al mismo tiempo en los escenarios londinenses.

La fama había vuelto y ya no lo abandonaría jamás, pero aún no había escrito sus mejores obras. En 1914 publicó su más destacada novela, Servidumbre humana, y luego durante la guerra, actuó como agente del Servicio Secreto en Suiza y Rusia. Este extraño episodio de su vida produjo un cambio vital en su carrera, agudizó su afición a viajar  y le suministró el material para los cuentos que probablemente constituyen su más perdurable monumento. Son ellos, y algunas de sus novelas, los que le permitieron alcanzar una posición única dentro de la literatura.

Otros escritores han ganado fama, o riqueza, o las alabanzas de la critica;: unos pocos han ganado las tres cosas, pero ninguno en la medida sin precedentes en que lo consiguió Somerset Maugham.

Sin embargo, a pesar de su enorme éxito, no se sentía feliz cuando en su magnífica villa de la Riviera, rodeado por su colección de valiosos cuadros, echaba una mirada retrospectiva a su amargada vida por el fracaso de su matrimonio, la pérdida de su fe religiosa que nunca pudo recobrar y la sensación de la soledad. Tenía una legión de admiradores, pero muy pocos amigos,  y por ellos sabemos que bajo su timidez se ocultaba la bondad más que el cinismo, y que la riqueza nunca logró superar  su modestia. Es preciso reconocer, asimismo, que su soledad constituyó para él una fuente tanto de fortaleza como de pesar. Maugham fue ante todo un hombre que observaba y escuchaba, que veía las cosas como realmente eran.

Fuente: Biblioteca de selecciones. Volumen III, 1969. Págs. 334-335

Dejo un enlace al libro: Servidumbre humana, 1914 en versión PDF
http://www.gutenscape.com/documentos/4074803a-53ec-48a9-91c9-7789f9120cad.pdf

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

domingo, 7 de julio de 2013

Carta a una joven escritora

6 de julio

Decidí redactar esta carta, hoy, después de nuestra habitual conversación vespertina de cada sábado; porque más allá de una simple intención de escribir, quise dejarte estas palabras con el deseo de hacerme un espacio dentro de tu solidaridad creadora. Y es que a veces sí resulta creíble ver como las palabras se agolpan de un momento a otro y fluyen sobre esa blanca superficie en que se las deja de pronto tan liberadas y llenas de sensibilidad para cobrar vida. Una vida estacionaria sobre una hoja simple de papel.

Sigue escribiendo, nunca desistas a tus propios escritos, a tus convicciones de joven mujer; temple es lo que hoy en día más se necesita -y hasta llego a pensar que de manera desmedida-, sí, así es, un temple único capaz de remecer los cimientos de nuestra propia consciencia individual y de llevarnos a la firmeza de carácter- y no digo de autoridad ególatra, sino de carácter, de carácter ético- porque es cierto: estos elementos ligados al compromiso nos hacen mejores seres humanos, más allá del género y las absurdas ideas que intenten disgregarnos todos los días directa e indirectamente: somos iguales al fin y al cabo. Nunca lo olvides.

¿Sabes? Corregimos lo que hay que corregir, y afianzamos lo que estamos construyendo al interior nuestro, a nuestro alrededor: por eso debes escribir, escribir siempre que puedas. Tal vez nunca llegaremos a tomar el poder porque ese es oficio de los ejércitos, empero es deber sagrado nuestro combatir a esos ejércitos con la verdad, sí, a esos grupos que el francés Albert Camus llamaba, ejércitos de la tiranía. Combatirlos desde nuestra reflexión diaria, nuestro análisis, y a partir de nuestra propia interpretación sobre los hechos y acontecimientos que se suscitan a cada hora, a cada minuto, a cada instante, definir nuestra propia posición porque hay que tener claro en esta vida lo que se quiere, al menos para uno mismo.

No abandones nunca tus escritos, no los abandones en las memorias del olvido, una joven escritora como tú jamás debe desdecirse de lo que escribe o piensa para sí misma, al margen del parecer ajeno, porque recuerda que fácil resulta seguir la corriente. La contracorriente, no caprichosa: sí, responsable, es lo más admirable y difícil de mantener, y qué mejor si detrás de esta subsiste una fe y certeza interior de que hicimos lo correcto. Siempre he escuchado decir que los temas de una mujer escritora solo se reducen a la sensualidad y al placer estético, visión que considero muy superficial, porque la mujer es un cúmulo de sensaciones, pero también de experiencias, de esas mismas que los hombres de mi género no entendemos, o simplemente no queremos entender a veces. Por otra parte, tampoco puedo dejar de manifestarte que el escribir es una forma de aliviar nuestro propio desasosiego y de encontrarnos con nosotros mismos, pero solo parcialmente, pues la otra, la vital, es la escritura del compromiso diario con quienes viven con –y- junto- a- nosotros.

Finalmente, quiero mostrarte ejemplos, quienes aún jóvenes también definieron su vida a partir de la escritura, la polaca Wislawa Szymborska, creyente en la poesía transformadora y el impacto que tendría sobre las sociedades colectivas, sobre sus esperanzas y sobre sus apaciguamientos no dudó en usarla y perfeccionarla; del mismo modo Gabriela Mistral, preocupada por que las palabras tuvieran el sentido justo a lo que significaba ser mujer desde su acepción más sagrada, la maternidad y el amor, cruzó camino sin descanso. La joven francesa Simone de Beauvoir, conocedora por el poder inventivo de las palabras, entendió que el espíritu de libertad consciente, de pensamiento libre y de rebeldía innata significaba punto de inflexión a todo intento de menosprecio a su propio género, y era por ello que se debía escribir, se convirtió así escritora tan igual como la introvertida maestra noruega Selma Lagerloef que llevada por un espíritu investigador, descriptivo y generoso usó las palabras para mostrar al mundo a través de un viaje maravilloso de su personaje infantil Nils Holgersson la geografía de todo un pueblo nórdico mostrándolo como rico ante los ojos del mundo. Y así, así, podría seguir citándote mujeres y cualidades con sus escrituras y compromisos, sus formas de pensar: rumano-alemana Herta Müller, y su escritura en favor de los desposeídos, la anglosajona Doris Lessing, y su solidaridad con las voces femeninas no escuchadas y censuradas de su tiempo, en fin, muchos y muchos ejemplos más, que sólo tú terminarás descubriendo, comprendiendo y articulándolos a tus propias experiencias de mujer creadora.

Fraternalmente
Víctor Abraham

jueves, 4 de julio de 2013

Ironías que marchan y prostestan

Yo no pienso que la Ley de Servicio civil atente y recorte los derechos laborales de los ciudadanos y ciudadanas. No creo que eso sea cierto, sólo los obliga- en el mejor de los casos, si son funcionarios públicos, - a hacer mejor su trabajo de servicio. Todos ganamos con esto, a veces es importante comprender que la preparación constante en el puesto que se desempeña debe ser justamente eso, constante, sí, es así como estoy seguro que es, defiendo la propuesta del Gobierno. Por otro lado, ya dije anteriormente y lo vuelvo a reafirmar que la Ley de Reforma universitaria debe darse sí o sí, contra viento y marea porque hará posible que los egresados tengan para sí mismos un mayor nivel académico, producto de una exigencia más rigurosa, porque entendamos bien: se está formando a profesionales idóneos. Es necesario por eso, regular y fiscalizar las administraciones al interior de las universidades públicas y privadas, y esto no tiene porqué afectar a los estudiantes universitarios del país. 


Foto: Diario El Comercio
Rechazo tajantemente los intentos sin fundamento de personajes que sólo buscan parte de una torta mediática, y por ende la desestabilización del Estado, es deber nuestro apoyar cuando nuestro sentido común y racional es más fuerte que nuestro sentido pasional y caprichoso; quienes dicen que hay corrupción y la burocracia, pienso que primero deberían ponerse a meditar sobre que es lo que más conviene al país, no así mismos. Por tanto, nos guste o no, las reformas son un intento por mejorar, y por ende dentro del marco constitucional son democráticas. De algo si estoy seguro, que estas reformas atentarán - y mucho- contra la mediocridad de servicio estatal que es paupérrimo hoy en día en la mayoría de casos, así como contra ese espíritu maquiavélico empresarial que inyecta a la educación un estilo más "tecnócrata y superfluo" que científico y humanístico, en el mayor de casos, si hablamos del sector privado, o contra ese cuerpo de ancianos iluminados y corruptos que se confabulan con alumnos sin moral alguna para perpetuarse en el poder autónomo superior al interior de las universidades públicas.

Recojo esta noche una de las ideas del dramaturgo italiano Darío Fo, Premio Nobel de Literatura 1997, quien con ironía jocosa, pero salida de su propio corazón en su obra "Muerte accidental de un anarquista"  afirmaba que el mundo necesitaba a veces reformas, hoy puedo entender la intencionalidad que quiso llegar, y es que es verdad a veces el mundo necesita reformas, es más, pienso que se necesita hoy en día, reformas, muchas reformas, incantidad de reformas, e inclusive promesas de reformas que ahoguen todo intento nuevo de espíritu mediocre y servil que bien puede ser mejor, pero que influenciado por otros espíritus mediocres cansados de servir y de vivir terminan cediendo a lo que parece irremediable, más desidia y servilismo.


Por otro lado, y sin apartarme del contenido central de este apunte perceptivo, hoy por la mañana me enteré que hubo una protesta en el centro de Lima, y me vi obligado a actuar con cierto espíritu impasible frente a tantos reclamos insidiosos cuando me preguntaron, ¿qué opinaba al respecto? Frente a esto, dije lo que tenía que decir, no más ni menos que eso, y es que todo me parece a veces  irónico, tan irónico como cegarse ante lo evidente, en fin. Pero lo más absurdo fue leer dos aspectos lamentables, pero del todo ciertas.

Por un lado, decía el portal -que sito a continuación: http://www.americaeconomia.com/politica-sociedad/politica/policia-peruana-lanza-gases-estudiantes-en-protesta-contra-ley-universita- "La protesta se salió de control cuando la policía lanzó bombas lacrimógenas a los inconformes que se encontraban en las inmediaciones de la sede del Legislativo, a lo que los estudiantes respondieron con piedras, con saldo de varios heridos.(...)El presidente de la Federación de Estudiantes del Perú reiteró la demanda de que se archive la propuesta de Ley Universitaria a la que calificó de unilateral y autoritaria."



Más adelante refería: "Paralelamente, las marchas de las universidades peruanas coincidió con otra marcha de trabajadores estatales, que protestaba contra la recién aprobada Ley del Servicio Civil, que busca reformar el sistema laboral en las instituciones públicas. En otras ciudades del país, informaciones provenientes de estas zonas también destacaron las protestas en contra de la propuesta de ley y en rechazo a la reforma laboral en las entidades públicas."

Yo me pregunté en ese momento y me sigo preguntando hasta ahora con una sensación de poco entendimiento, "¿Qué quieren las autoridades "académicas" universitarias ahora, tanto al interior como al exterior de ellas? ¿Qué quiere el Sr. Ortiz, presidente de la FEP, ahora?" Pienso luego, "Por Dios, dejen de manejar las consciencias y las libertades de los estudiantes que nada tienen que ver acá. Las cosas no se arreglan con tirar piedras y proferir atropellos verbales, menos con obstruir pases exponiendo sus propias vidas, sino con ideas y aportes. Se construye y se reclama usando diálogos alturados que se fundamentan con logros y resultados tangibles de lo que se ha hecho o trabajado. Así se defiende lo que se reclama, con fundamento, no con una tara de palabras sin sentido. Sin duda, debe haber un llamado a la reflexión y al entendimiento."


Ni que decir finalmente, sobre los funcionarios públicos peruanos, salvo una pregunta, ¿Por qué tanto miedo a ser evaluado o fiscalizado?


Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

domingo, 23 de junio de 2013

No existe en nosotros...

No existe en nosotros el sentido de nuestro origen y de nuestro final; 
existimos y ya, morimos y ya; y sin embargo es necesario 
conducir nuestros actos y hábitos de la manera más clara y duradera: 
nuestros actos tienen la facultad de vivir 
más allá de lo que podemos vivir nosotros mismos 
porque sencillamente determinan todo, 
absolutamente todo, 
y actúan -algo así- 
como si fueran variables determinantes 
a la hora de medir 
la intención que tuvo el pasar por este vivir material. 
Luego, estamos para demostrar 
que aún las personas son, en esencia, buenas, muy buenas...

(De: Los latidos secretos del corazón. Lima. 2013). Víctor Abraham





Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

miércoles, 19 de junio de 2013

Sobre los aciertos y desaciertos de los hombres


(...) luego fui dándome cuenta de que esa habilidad - sea innata o trabajada por varios de nosotros- para escribir y para interpretar no debía quedar encerrada en un mero placer por ser leído de la manera más ególatra posible por un grupo de amigos o de allegados a la palabra escrita cada fin de semana en algún confortable recinto; fui entendiendo de a pocos, a veces por mis propias decepciones de quienes me rodeaban, y también por esos solitarios y extraños  acercamientos a los viejos maestros de los libros antiguos de la post guerra -de quienes he aprendido mucho, y a quienes debo mi formación intelectual y humana-, que debía tomar otro derrotero, y salir de todo círculo o cofradía para alcanzar mayor sinceridad posible en mis pensamientos. Sentí que necesitaba una renovación, aún no sé si para bien o para mal, la verdad que hasta ahora no lo sé, sin embargo soy consciente de que toda reforma siempre es para bien. Desde entonces esta visión mía que tengo de las cosas y situaciones que me rodean se ha agudizado, de hecho de un tiempo acá se ha vuelto más cruda y realista, pero que a la vez ésta no ha debilitado mi fe en el cambio generacional, o lo que llamo siempre, el cambio para bien de las personas  y las nuevas oportunidades. Y es que a veces cuando uno pertenece a a...., siempre está metido y enfrascado en esa necesidad de pertenencia a a..., pienso por tanto que los hombres y las mujeres deben de romper esas pertenencias  hacia ciertas as..., para CONVERTIRSE finalmente en verdaderos trabajadores del pensamiento, libres en el mayor de los casos y sin temores a expresar lo que piensan o quieren para sí mismos o para los demás, así se tenga que correr el riesgo de ser apartado o denigrado.

A veces el hacer las cosas correctas es difícil, porque fácil es decir, pero hacerlas es otra cosa, pero me quedo con el hacer, y sin embargo vuelvo a pensar que está en uno mismo tomar el camino de hacerlo o de no hacerlo, y más cuando lo que necesita hoy este país, y creo que los demás países y sociedades, es justamente eso, no se necesitan -por tanto- redactores de términos sofisticados y de figuras retóricas paliativas, menos narradores ficcionales, o séquitos snobistas del pensar y del razonar, porque créanme, que los hay, los hay a montones, en todos los lugares y según las distintas convenciones sociales a las que pertenecen. Es mi punto de vista y apreciación consciente por tanto, que lo que hoy nuestro país necesita son hombres y mujeres que no tengan miedo a decir la verdad, sino a construir sobre esa verdad, ya sea construir sus propias familias, o construir sus propias ambiciones y sueños; se necesitan hoy en nuestra patria: hombres y mujeres que sean capaces de mostrarse como son, que intenten evidenciar lo que quieren o intentan conseguir, y defenderlo, sí, sí, defender sus propias convicciones a cualquier precio cada día, y en cada momento. Por último añado que lo que necesita este país no es gente que hable o escriba decorativamente, sino razonablemente sin caer en excesos, en recelos, en odios figurativos; gente que concerte antes que disuelva, que crea antes que dude, que cimiente esperanza vez de que la debilite con ironías a zancadas, por qué entonces no nos dejamos de ironías tontas e hipocresías remendadas y tendemos de una vez las cartas sobre la mesa para decirnos quiénes somos realmente. En fin...


Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.


viernes, 14 de junio de 2013

Usted: Apuntes para una novela.

Usted, sí, sí, usted, es a usted a quien hablo, a usted que se ha atrevido a decirme que soy un tipo torpe, pero a la vez interesante; un honesto, pero también un pésimo desquiciado; un ingenuo útil imprescindible para sus propósitos (No me dijo esto, pero sus argucias tontas y enredos ocasionales al dirigirse a mí me lo hicieron notar). Le hablo a usted, sí, sí a usted mismo que me ha dicho que detrás de esa ingenuidad que más pareciera trabajada hay un ser informe, elemental, trabajable. (Me río de sus palabras, me río sarcásticamente, y no por lo que es usted, sino por la clase de hombre que quiere ser. Es que ahora tantos quieren ser quienes no son. Discúlpeme si pienso así.) Me habla a mí como si fuera el tipo más elemental que hubiera conocido - y no lo juzgo, total ya me lo lo hizo saber-, y sin embargo no, no soy nada de lo que usted piensa, lamento decirle que no lo soy, no soy eso, ni nada, sólo soy un producto social de un tiempo que no debió haber sido nunca el mío ni el vuestro, y sin embargo nos fue imperioso encontrarnos aquí, sí, aquí mismo en este meollo, usted, bajo su lineamiento miserable de orgullo, y yo por otro lado, bajo mi épico intento por vivir de la manera más simple, más apacible, más rutinaria y monótona, más endeble y caótica. Y es que los hombres no torpes, sino simples -y no hay que confundir simpleza con torpeza aquí-, somos así, así de desquiciados, de informes y naturales. Los hombres como yo, jamás alcanzamos éxitos más allá que de lo que el promedio mediocre exige, ¿y sabe a qué me refiero con esto de mediocridad, verdad? ¿Sabe usted lo que es la mediocridad verdad? dígame que lo sabe, dígamelo por favor, me urge que lo sepa. (Silencio). ¿Sabe usted que los tipos como yo estamos condenados - de manera que no considero injusta porque eso sonaría a queja, sino más bien circunstancial- a llevar como camisa de fuerza el cliché de mediocre precisamente y de modo paradójico por los propios y reales mediocres, pero, ¿sabe?, esto sinceramente me tiene sin cuidado, al menos al interior de mi consciencia todo me tiene sin cuidado; creo que los vientos de mi propia brújula aún soplan en la dirección correcta, y sólo es cuestión de paciencia, de mucha paciencia,  trabajo diario, y de tiempo para dar en el clavo, jajajaj.

¿Sabe?, éste es nuestro tiempo, y no se me haga el difícil de entender, peor, ni siquiera intente justificarse, o justificar las cosas porque ellas son como son, aprendí de mi padre que no podíamos tapar el sol con un dedo cuando todo era evidente; pienso luego que sólo los imbéciles, o los cómodos, o los innecesarios moralmente, o los timoratos de consciencia, siguen tales procedimientos y lo que es peor: obran siguiendo tales procedimientos, en fin. Sí, tenga en cuenta que vivimos dentro de un tiempo donde se nos ha enseñado desde las escuelas y las propagandas televisivas a identificar al "emprendedor" y "exitoso" con una empresa- aunque fantasma legalmente, pero empresa al fin y al cabo-, con un fajo de dinero que hace posible el descalabro sexual y racional cada fin de semana, y con una capacidad de poder adquisicional bárbara que todo lo retiene, todo lo puede, todo lo compra- inclusive consciencias, nombres y famas-. Aplausos, aplausos respetables para este seudocrecimiento, y sin embargo pienso que no se nos ha enseñado que tras ese emprendedor hay un desfalco de desigualdad humanitaria, porque seamos claros y entendamos que ese crecimiento que usted halaga, se levanta sobre el excedente económico mal adquirido a partir del trabajo extra que no se paga, de esos contratos que se firman sin ser llenados o explicados, de esas cuentas que se blanquean, de esas buenas disposiciones de aquéllos que no son dueño de nada, salvo de su propio oficio o profesión que sin darse cuenta hay arrastrado su necesidad hasta la proletarización de sus propias bondades. Sí, sí, si esta es su categoría de exitoso, debo advertirle que no lo soy, y sin embargo tengo, tengo lo esencial para ser yo mismo, y eso, eso señor, es lo que me hace feliz, entera y existencialmente feliz.

De: Víctor Abraham en "Degradación humana" Lima. 2013.

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Desde Lima, Ciudad Capital del Perú. Víctor Abraham les saluda.

sábado, 8 de junio de 2013

Esperanzas fallidas... Sr Presidente.

Siempre he sostenido como parte de mis ideas y creencias que toda persona puede cambiar, es más creo en el cambio regenerativo de las conductas y de las actitudes de los individuos; no somos perfectos, y sin embargo bajo esta expresión no quiero justificar los actos deplorables e insanos que atentan contra la honra del prójimo, no soy partícipe de las disoluciones de parejas, ni de las piedras que se tiran de un extremo a otro desde nuestro lado más cómodo y oportunista, ni de las condenas que sentencian incomprensivamente bajo el odio y la hipócrita rectitud de hacer prevalecer justicia. 


Siempre he creído que es preferible conceder y dar, otorgar y ayudar, perdonar y olvidar, volver a empezar y dar ejemplo empezando por uno mismo, siempre creo y seguiré creyendo que no se debe privar a nadie de una oportunidad para mejorar. Detesto todo tipo de acción cobarde que se escuda tras otro rostro, tras otro lema, tras otro papel, tras otra frialdad e insensibilidad. Detesto todo acto cobarde que se escuda tras el silencio y la mirada esquiva. 

Pienso que cada persona tiene la respuesta a su propia duda o la salida a esta misma por más indecisa que ésta sea o parezca, pero me parece patético y tonto el dar vueltas a un asunto que de antemano no se tiene intención de aclarar; es más escribí hace poco que cada persona era libre de tomar la decisión que creyera conveniente, cualquiera sea esta: sabia o absurda, inteligente o necia, pero sin embargo sí era obligación humana - y nuestra- tomar la mejor decisión que a consciencia propia sabemos que es la correcta, sí, sí, la obligación para tomar la mejor decisión, aquélla que no permitiera nunca dañar a otra persona ni así misma, Sr. Presidente Ollanta Humala, usted me ha decepcionado una vez más, no por la decisión tomada de no otorgar un indulto de gracia a un individuo al margen de quien sea, sino porque no ha sido capaz de enseñarnos a perdonar, sí, sí, exacto, exacto, su error ha sido no enseñarnos a perdonar ahora que nuestra sociedad más requiere de muestras de conciliación y de amor, sí, sí justo ahora cuando nuestra sociedad - y lo seguiré repitiendo las veces que sea necesaria- se devora a sí misma entre odios, insensibilidades y carencias afectivas. En fin... 

Ya sostuve una vez en un artículo que pude escribir el año pasado, y cuando aún mi esperanza era mayor y mejor respecto a este caso, me preguntaba en ese momento: ¿A qué tacho estamos enviando hoy por hoy nuestra sensibilidad? ¿A qué tacho estamos tirando esa frase que aprendemos cuando somos niños: "Ama a tu prójimo como a ti mismo"? ¿y dónde queda la expresión que fervientemente repetimos cuando participamos de las celebraciones cristianas los domingos, los Te Deum, o cualquier otra fecha: "Perdona nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores"?, en fin, ¿ A qué tacho estamos tirando nuestra calidad humana?

Por otro lado no me interesa ni me ha interesado nunca - lo aclaro ahora, como lo he hecho siempre que he podido- pertenecer a ningún partido político, gremio, colectivo cívico o social, frente, logia, movimiento literario o círculo de vanguardia que lleve en su organización un estatuto al que tenga que obedecer para no ser "expulsado" o "discriminado" o tachado de anormal, no necesito de esto para decir lo que pienso y expresar lo que siento, hablo y escribo lo que a mi juicio creo más conveniente cuidando siempre de que las palabras que puedan acompañarme en cada defensa o sustentación épica mía frente a los demás sean las más necesarias y correctas. Un escritor está obligado a ser un pulsómetro de consciencias, antes que ser un cómodo beneficiario de esas consciencias. Mi única motivación es el ejercicio pleno y consciente de mi propia libertad para opinar.


Finalmente, entiendo el malestar que mis palabras puedan generar en sus ópticas y sentires, pero si afirmo lo contrario sería mentirme a mí mismo para seguir una corriente ajena que no comparto, y sin embargo respeto; por otro lado, sería tonto de mi parte reír cuando no estoy de ánimos para reír, o aplaudir lo que detesto, o lo que ya es peor tirar por la borda lo que creo e impulso cada día que es la conscientización de personas, total, soy un humanista social que usa como método de trabajo el existencialismo, mi filosofía de vida es esa, y ni modo. En todo caso gracias por escribir y compartir.


Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.

Víctor Abraham les saluda.

domingo, 2 de junio de 2013

Las cosas de los individuos

Ser hombre antes que poeta, y ser ciudadano antes que ser escritor. Ser honesto antes que ser perfecto, y ser mejor persona antes que ser cristiano. Preferir el silencio antes que cualquier alegría hipócrita, y decir, decir lo que se piensa y expresar lo que se siente antes que cualquier suposición absurda. Leer lo que llegue a nuestras manos, no importa qué, pero leerlo al fin y al cabo. Y dar amor, amor desinteresado, aunque parezca tonto y melodramático. Volver a las memorias de nuestros orígenes siempre que busquemos en ellas fortaleza para avanzar. Ayudar, ayudar mucho en la medida que nos sea posible. Seguir los ejemplos de los viejos maestros; y enseñar, enseñar aunque no se tenga nada previsto de por medio porque a veces los mayores aprendizajes son los menos esperados. Anotar todo lo vivido, todo lo existencialmente vivido. Usar como método de vida la franqueza. Optar por la sencillez porque pienso que es un camino perfectivo. No olvidarse de Dios como fuerza creadora de bien, ni alejarlo del pensamiento de los hombres y de las mujeres con argucias tontas e infundamentadas. Servir, servir al próximo más inmediato; y esperar con fe, trabajar por la fe, sumarse a la fe colectiva para contrarrestar esa pobreza emocional que invade las consciencias. En suma, ser cada día un mejor ser humano.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

domingo, 26 de mayo de 2013

Tipologías

Cuando me preguntan el motivo del porqué soy un atípico que jamás usa su nombre o por qué un tipo pesimista y sin respeto por las convenciones "correctas", como he escuchado muchas veces hasta el cansancio, sólo atino a mirar, tomarme un tiempo para terminar de escuchar y responder que cómo se puede ser un tipo positivo y convencionalmente típico cuando se ve - y se vive a diario- en todo lugar y en todas partes una degradación de valores familiares y sociales, un desarraigo político y moral de nuestros líderes que prefieren callar por conveniencia propia confabulados con medios informativos que no son capaces de discernir - o al menos es mi opinión- nada, absolutamente nada, en fin. Qué cómo puedo ser un tipo positivo, cuando percibo cada vez que paso por una calle una desconsideración real por los perros y gatos callejeros y los toros, qué decir de estos animales que ni siquiera su muerte violenta puede generar consciencia en nuestros amantes de la tauromaquia que sabiendo que está mal siguen aplaudiendo hechos deplorables, en fin. Oh, si hasta nuestro Premio Nobel admira esa estoica forma de morir animal. No, jamás podría ser un tipo positivo cuando veo que aún se trafica asolapadamente animales aquí y en el mundo- y hasta personas para colmo-, a pesar de las prohibiciones constantes. Es increíble percibir hasta dónde puede llegar a distorsionarse la condición humana. Eh!, y si hablamos de un cuidado ambiental aún estamos lejos de devolver a la naturaleza lo que ella nos ha ofrecido, aunque en eso debo reconocer que ha habido avances gracias a la política de consciencia mundial, pero que sólo países como el nuestro con poca injerencia en las decisiones mundiales estamos obligados a cumplir. Es por esas razones que creo - sin miedo a equivocarme- que jamás podría encasillarme como un tipo común, eso sería mentirme a mí mismo, eso sería callar y callarme a mí mismo, no, eso no es lo mío, lo mío es decir lo que pienso con las palabras más sinceras posibles, lo demás me parece puro sensacionalismo, convencionalismo o lo que yo llamaría tendencia a la aceptación desmedida.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

jueves, 23 de mayo de 2013

Consciencia e inconsciencia.

Algunas veces es mejor vivir en austeridad, sin complicaciones ni aventajamientos respecto a los pensamientos ajenos del prójimo. Es mejor mostrarse callado, y apesadumbrado a hacer daño con las palabras a personas inocentes que nada tienen que ver con esos arranques desquiciados e infantiles del momento. Es mejor -pienso yo-  seguir persistiendo desde el anonimato a fuerza de ideales en un cambio. Es mejor ser un honesto triste con sobresaltos de alegría - aunque pasado de moda- capaz  de decir, lo siento, me equivoqué, a caer en las pomposas y mezquinas necedades sin sentido de los orgullosos que en nada contribuyen a hacer sentir bien al otro.

Es mejor escribir nuestra vida y nuestra sensación de soledad y angustia, aunque ello nos conlleve a vivir también -tal vez no, directamente proporcional; sí inversamente proporcional- nuestra escritura, y esto, créanme que es lo más traumatizante que pueda existir porque autor y personaje son lo mismo, son la misma cosa, la misma esencia, la misma virtud y el mismo remedo; y sus vidas, sus amores, sus sueños, sus ideales, sus frustraciones y sus desventuras están retratados en cada episodio, relato, verso épico. Miente quien dice o intenta decir que está separado de su propia angustia, de su propia vacilación y de su propio temor a ser engañado por sí mismo.  Alguien dijo una vez que esto de escribir era una terapia, y sin embargo, yo creo que no, que esto de escribir mas que una terapia, es sólo un intento - no sé si justificado o injustificado- de ser uno mismo en su propia  ficción que  sueña y que muy pocos entienden.

Es bueno ser un hombre que busque cada día las palabras esenciales para decir lo justo y lo necesario, al margen de los juzgamientos de terceros; es que hemos magnificado tanto últimamente el juzgamiento hasta llegar a sentirnos dueños del todo y la parte ajenos que nada tienen que ver con nosotros. Sería tonto hoy afirmar, que lo más importante es perdonar, olvidar y dejar pasar, pero ¡qué va!, a quién le importa esto ahora. Al tacho el perdón, que pague por lo que ha hecho, mándalo al diablo, y seamos amigos todos los que quedemos, los limpios, ¿no?. Uhm, sólo de pensar en esta posibilidad me produce un asco terrible. Y es que detesto todo espíritu de frivolidad, desdén y viveza ajena.

¡Bienaventurados los pobres de espíritu, los mansos, los que padecen odios y persecuciones, los violentados y los injustamente culpados, bienaventurados todos, todos bienaventurados!

Por otro lado, es duro tratar de reconfortarse en una idea cuando no se tiene más que temores y dudas al interior que desgajan de vez en cuando parte de las esperanzas que uno guarda consigo mismo. Ahora que pienso en lo que conversé con Magaly Victoria hace dos noches atrás sobre todo esto -ella me escucha, me escucha, y hasta parece que lo sabe todo, que sabe todo de mí, en fin- , sobre esto de los talones de Aquiles de las personas me doy cuenta que era cierto, que el mayor dilema y preocupación de un hombre acostumbrado a roer palabras en su pensamiento aparece cuando éstas no logran enhebrarse a tiempo o hacen un caos caótico en su pensar producto de algún artificio externo malintencionado. (¡Boom, boom!, así retumban en la cabeza.) Esto sí que es una considerable pena porque cuando el pensamiento no está bien, dudo que esté bien el cuerpo, y por ende lo externo que rodea al cuerpo. Cuando la mente de un hombre es su mayor arma y ésta está desquiciada puede ser un factor muy peligroso para él mismo, aunque innecesario para los demás.

A veces es mejor ser sencillo y corriente que ser un arrogante e impetuoso, se vive mejor siendo de este lado. Cuando salgo en la mañana y tomo el carro para ir al trabajo, noto que todo sigue igual; de este lado estoy yo, y del otro lado los demás. Miro en direcciones contrarias y me apuro a pasar la pista antes que el semáforo cambie a rojo, odio y detesto tener que esperar los cambios funcionales de esos tres colores, pero  sin embargo espero, sigo esperando el juego de vacilaciones de luces, y en algunas ocasiones siento que estoy condenado a esperar, a esperar eternamente todo, luces de semáforo, muestras de gentileza, de cariños, de afectos, de pagos de fin de mes, de saludos de buenos días, o de buenas tardes o de buenas noches, que ya a nadie parece importar, sin embargo para un patético del formalismo como yo es preciso y necesario.

El día que murió mi padre, sólo dejo escrito un cuaderno amarillo, y un papel separado de éste que en una irreconocible letra, alcanzaba a notarse: "Tu fe te ha salvado". En ese momento, no visualicé nada que no fuera importante salvo las letras irreconocibles de la frase, empero años después recapacité su contenido de fondo: "tu fe...", "la fe", "nuestra fe". Y es cierto, sólo la fe, la fe en las personas, en su cambio, en su recomposición o lo que yo llamo regeneración, es probable que pueda ser nuestra tabla de salvación para sortear todas estas deshumanidades de forma, estas deshumanidades que tanto daño hacen al corazón, a la inocencia, a la alegría, a la voluntad, a la amistad, y al amor y que no traen más que nefastos dolores y vacíos emocionales.

Anoche - y con esto quiero terminar -, sí, sí, anoche, escribí una nota a una persona, era a una mujer que estimaba mucho, y recordé de pronto a todas esas mujeres a quienes he estimado mucho. Allí escribí, le escribí a ella que era curioso que las imágenes del acercamiento inicial entre dos seres absolutamente desconocidos, así como las figuras de los primeros años de vida -cuando somos niños- guardadas en el corazón, en ambos casos queden como huellas indelebles en la memoria de un hombre porque eso eran al fin y al cabo, sólo imágenes, construcciones mentales, recuerdos puramente vívidos. ¿Lo demás?, ah sí, lo demás sólo son cosas, cosas puramente secundarias.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

Una movilización sin sustento: el objetivo, aglutinar a la manada; la gran mentira, la democracia

La consciencia de un valor cualquiera sea este da la libertad al individuo, le confiere responsabilidad, acción y fe en el futuro. Los hij...