domingo, 29 de marzo de 2015

Dinero

El dinero es importante, nadie puede cuestionar eso: quien diga, yo no necesito dinero miente. Sin embargo hay otra dimensión mayor entre la relación: individuo -cosificación de las cosas. Yo podría decir por ejemplo, que no me importa el dinero, y eso podría ser cierto, no porque no lo necesite, sino porque este no podría determinarme a mí ni a mis actos o desiciones que pudiera tomar para decir o expresar lo que pueda estar pensando.

A propósito de esto, Oscar​, un buen amigo mío, me dijo una vez cuando fuimos a cenar, "Víctor, es probable que antes a los escritores se les persiguiera y condenara por sus actos y sus palabras, se les reprimiera, empero parece que hoy se les compra, todo funciona con dinero, si de pronto se quiere que alguien importante deje de hablar, o de opinar abiertamente sobre un tema con una posición alturada, simplemente se le ofrece el premio, la dotación económica, o el reconocimiento". Uhm, recuerdo estas palabras, las recuerdo muy bien, y pienso, pienso en esto muy bien, e infiero que esta aproximación que hace Oscar es interesante, es más agregaría que "si se quiere crear un prototipo de hombre o de mujer acorde a las necesidades del consumo, un seudohéroe o líder de opinión, los grandotes dicen, ponle prensa, notas informativas, mételo a la televisión, contáctalo con la editora x o z, córrele ese libro, ubícalo en el puesto y o z, el que te pida, no importa yo pago, yo lo respaldo, es mi muchacho o muchacha, y así empieza a operar toda una maquinaria humana de inconsciencia, ni qué hablar de los políticos, de los abogados, de los médicos, de los controladores, y de todas esas formalidades del sistema burocrático".

Luego, sin apartarme de la premisa inicial del dinero, creo que lo justo es que cada quien obtenga sus réditos de la forma cómo mejor le venga en gana o lo planifique, no hay reglas ni moralismos para este tema, siempre claro está en que esto de la adquisición sea de la manera más digna, y sin caer en estafas o degradaciones personales por supuesto. Ahora, no veo problema en que alguien tenga o no dinero en sus bolsillos o en sus cuentas, eso no me preocupa ni me interesa, ya dije esto de percibir dinero por un trabajo, sea cual sea la forma, es sinónimo de justicia; mi preocupación va por otro lado: está en el hecho de que el individuo pueda caer tarde o temprano, por un poco de esto (dinero)-sino está cimentada su consciencia en esa escala de valores-, en el servilismo, la baja autoestima, o el rechazo de sus propios ideales. Esto sí que sería mortalmente grave. Por lo que a mí respecta, sé arreglármelas para sobrellevar, dentro de esta existencia mía, esta compleja relación: dinero- necesidad; dinero-uso. La pregunta sería, ¿cómo seguir haciendo sostenible esta relación?

Desde Lima, ciudad capital del Perú
Víctor Abraham les saluda 

lunes, 16 de marzo de 2015

Día 12, de Los días van y vienen

María cambió hoy de lugar vitrinas y muebles, decía que toda la casa era un desorden. Toda la tarde se convirtió en una hacendosa hormiga. Ella, ella siempre es muy ordenada en sus cosas, lo ha sido desde siempre: muy metódica y sistemática. Desde que nos conocimos a inicios de los ochenta, siempre me pareció una mujer muy cautelosa y muy trabajadora. Continuamente me hacía ver mis propios desórdenes y desbarajustes. “Cosas tiradas por allá, cosas dejadas a medio hacer, y algunas otras dejadas por acá”, decía a menudo.


A María la conocí una tarde de octubre, un primero para ser exacto. Yo tenía 43 años: estaba aún soltero. Una desilusión de mi juventud me había atado a mi propia noria solitaria por mucho tiempo, una decepción grande, y es que sucede que durante mi estadía en Lima, en la que viví por casi dos años conocí a una joven que marcó prácticamente toda mi vida: se llamaba Carola, secretaria, de 22 años, alta, de tez blanca, y de buen vestir y sutil comportamiento. Nos conocimos en una empresa de registro contable. Siempre me pareció muy agraciada. “Vicente, algún día te quedarás a vivir acá, compraremos una casa aquí en Jesús María, y tendremos una niña hermosa, se llamará Lucía, por tu madre, y Esmeralda, por la mía, así es, Lucía Esmeralda, la llamaremos”. Por supuesto que nada de esto llegó a concretarse, fueron dos años, dos inolvidables años, que no sirvieron para nada, salvo para quedar fijada su imagen en mí y en mi desilusión permanente. Acompañado de mi madre fui a pedir la mano de Carola, quería hacerlo, quería hacer las cosas bien, por lo legal, hacer una pedida formal y oficial, sin embargo el padre de esta, no tuvo mejor idea que echarnos de su casa y decirnos, “Vagabundos, no vuelvan más por acá, Carola fue educada para vivir de otra manera, no soy abogado por las puras, y sé muy bien qué conviene a mi hija y qué no: ella se merece todo, todo menos la compañía de unos muertos de hambre como ustedes”. No volvimos a verla nunca más, no volvió al trabajo, rondé su domicilio durante muchas semanas -meses diría yo-.


Casi al finalizar el año, la Sra. Agnes, una anciana que tenía una bodega aledaña a la casa de Carola, me dijo un día “Ella, ya no vive acá, su padre la envió a Piura, a la casa de unos tíos lejanos, y por lo que sé, pronto se irán del todo. Ese hombre es muy ignorante, dice ser abogado pero siempre está ganándose pleitos con la gente, no sé si sea bueno en su profesión, pero de algo sí estoy seguro, que es muy malo como persona, su mujer me contó todo, créame cuánto lo siento, siempre me percaté que ustedes eran pareja, me dio pena el día que supe que su padre le impidió casarse con usted, ella me contó todo llorando, ya le dije, me dio pena por esa niña, que salió más a su madre que a este mal hombre, ella es un ángel del Señor, lo sé, lo sé muy, quién más que yo para saberlo, la conocí desde pequeña, la quería mucho también. Supe que él, su padre, fue destacado a la Corte Superior de Justicia de allá. Pidió su cambio. Mire joven, yo sé muy bien como son estas cuestiones del corazón. Usted va a encontrar a otra mujer que lo va a querer, no sé si más o menos que esa niña, pero de que va a ser una buena compañía, no lo dude. Llegará en su momento. A veces Dios sabe por qué hace las cosas. Mire, en estos asuntos del amor, lo impredecible siempre está latente. Uno puede amar mucho a otro ser, y este corresponderle, pero entonces aparece la propia familia, las amistades mismas, e inclusive las propias inseguridades y miedos del propio individuo que dice amarnos, y todo eso termina haciendo que lo hecho a veces se convierta en nada. En el amor, nada está definido porque sencillamente esto que yo llamo, consentimiento de felicidad mutua implica un trabajo diario, un querer diario, un querer con el corazón diario, un ceder para ganar, un dar para recibir, un sonreír para evitar un llanto seguro, o por qué no, un llorar para enternecer al otro.

A veces, las personas dicen amar a su pareja, dicen querer mucho, certifican con esas palabras, “te amo” que efectivamente aman al otro ser, luego, se abrazan, se besan, hacen el amor, y sin embargo pasado el tiempo sus actos parecen que ya no van evidenciando ello, luego uno vuelve a preguntar, “¿me amas?”, y recibe como respuesta, “Sí, claro, tú sabes que te amo”, pero los actos ya no van siendo los mismos, entonces uno piensa y dice, “es la rutina, es la apatía”, llega la desesperanza, la irritación, la frustración, y entonces un día, ¡zas!, se acabó. El problema entonces no está en eso, no está en que ya no nos dicen “te amo”, o nos regalan flores y chocolates, o nos invitan a pasear o bailar. Sucede que todo se estabiliza, y entonces sale a relucir la personalidad del otro, otro acostumbrado a amar a su propia manera, pero a amar de todos modos. Entonces, de pronto uno dice, “pero cómo es que ya no sale conmigo, ya no me regala flores ni me abraza ni me dice, “mi cielo”, si yo le sigo dando lo mejor de mí, le sigo preparando la comida, le sigo ayudando y diciendo cosas agradables”. No, así no funciona el amor, o al menos esta etapa: aquí, el impulso genésico ha cedido paso a una forma que sobrepasa el cariño, una etapa llamada altruismo, una etapa donde entonces cobra juego y vida, esa otra necesidad, la de entender y comprender, la de velar y seguir ayudando al otro. No es que la persona haya dejado de amar, es solo que entonces ha vuelto a su personalidad inicial, a su forma particular de amar, de sentir y de querer, y eso, créame, eso es lo más duro a veces de asimilar.

Joven, cada quién ama de la manera como concibe este acto, cada quien ama a su manera, de acuerdo a las idiosincrasias y herencias culturales con las que fue educado, ya que la personalidad es única, y el carácter también, por lo tanto he allí el deber conyugal, seguir dando lo mejor, y seguir enseñando a amar, seguir ayudándole a concebir este sentimiento hermoso que cubre el corazón de los seres humanos, enseñarle a amar. Por ejemplo, mi madre, que en paz descanse, nunca nos dijo , “Hijos los amo”, pero nosotros lo sentíamos, de ese mismo modo como tampoco jamás la vi abrazarse con mi padre, pero sabía que probablemente en su intimidad eran felices, a su modo claro está, es más yo creo que ellos fueron felices a su modo, puesto que el arreglo que hicieron al conocerse los llevó a cimentar su propio compromiso marital que se mantuvo por casi treinta años hasta que mi padre murió, y entonces ella jamás se volvió a casar. A veces, decía con cierta pena, “Tu padre me decía esto, o solía hacer aquello”. Yo creo que mi madre siempre lo quiso a él a su manera, y que fue mi padre, el que le tocó el trabajo de entenderla y ayudarla, en fin.
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Fragmento de: "Los días van y vienen", Lima, Perú. 2015
Víctor Abraham 

sábado, 14 de marzo de 2015

Televisión vs. Población

El atraso en la educación responde a una estrategia de la clase dirigente del país que desea la ignorancia para el pueblo y de esta manera poder tenernos sometidos y distraídos en banalidades. Por eso es que la gente consume tanto la televisión basura en los medios, les dan aquello a lo que ya se han acostumbrado. Lo peor es que algunos no se dan cuenta de la realidad y otros no desean salir de la oscuridad en la que se encuentran. 

Oscar Rojas Montoya, poeta peruano.

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Yo pienso que se ha declarado una guerra moral en el Perú, con la que me siento orgulloso - y honrado- de poder colaborar. Coincido mucho con las afirmaciones de Oscar, poeta y amigo personal, ello me hace mucho recordar a las tantas afirmaciones de Saramago, y que por cierto el español Fernando Gómez Aguilera reunió en un libro bajo el título, "Saramago en sus palabras"; bueno pues, precisamente allí el autor de "Ensayo sobre la ceguera", afirma respecto al compromiso y ciudadanía que, "son las personas las llamadas a ejercer un papel comprometido, y es responsabilidad aún mayor de los escritores e intelectuales contribuir a ello, ya que últimamente más parecen meros autores de libros que formadores y agitadores de consciencia ciudadana", así, luego afirma que " tenemos dos opciones totalmente respetables y aceptadas, o nos quedamos con los brazos cruzados sin hacer nada aduciendo nuestras nimiedades, o intentamos por lo menos hacer algo".

Muchas veces, se le dice a la gente, "tú no lees, eres ignorante; tú no haces esto ni aquello, eres conformista; tú no haces nada, eres ocioso", pero sin embargo no se les enseña cómo leer, o qué leer, cómo hacer esto o aquello, o simplemente porqué no hacerlo, o cómo hacer algo provechoso. La responsabilidad parte primero por los mayores, luego no puedo decir a un niño o adolescente, "mira, eres un malcriado", si yo me expreso con lenguajes soeces cuando estoy con amigos. O, "ama a tu patria", si yo no soy capaz de asumir actitudes ciudadanas, luego cómo podría decir, "respeta a tu madre, si yo no soy agradecido con la mía", en fin tantos casos que podríamos citar ahora, pero lo que me mueve a escribir esta nota es el hecho mismo de que hay momentos en la vida individual, que tenemos que empezar a discernir, y tomar elecciones, es más, ser proclives al intento de compartirlas, y levantarlas como banderas de nuestros actos. Pienso, que quien da y comparte, es más feliz, y dar no solo, en materia objetiva, sino en tiempo, dedicación y fortaleza.

Ahora bien, retomando el tema que me conllevó a escribir esta nota, es que me parece que sí, hay una contienda muy fuerte acá, que parte desde Lima, y se extiende a todo el corazón de la patria, a todos y en todos los rincones de este país, la misma que empezó un 27 de febrero en el Campo de Marte, tarde en el que la gente decidió decir por fin, "NO a tanta estupidez mental", y es que la gente que quiere un cambio, y que es capaz de cantar el Himno Nacional en las calles, y marchar desinteresadamente, siempre es más.

Es hermoso escuchar, "Somos libres, seámoslo siempre...", afuera del congreso de la República, como se hizo ayer. Estoy seguro -y seguirá mi posición firme respecto a ello-, al pensar que esta sociedad tiene que cambiar, sino en su estructura, al menos en su pensamiento respecto a la recepción de lo que puede llegarle a su percepción acerca de cómo concibe las cosas. Vendrá una marcha más, tal vez otra más, y las veces que sean necesarias para entonar otra vez este hermoso Himno en las calles, porque decir, BASTA YA!!!, es un ejercicio de civismo moral ciudadano, puesto que el pasivismo, la indiferencia, y la brutalidad del poder televisivo consumista no podrán, no deberán nunca calar en el corazón de los hombres y mujeres de este país que sí queremos un futuro mejor para nuestras próximas generaciones. 

Saludos fraternales, y mis felicitaciones a quienes siguen de pie en esta lucha, y a quiénes se han ido sumando en el camino. Gracias Ángel Valeriano, gracias Oscar Rojas, poetas.

Es necesario seguir insistiendo, ya que no podemos dejar que la televisión siga cosntituyéndose en ese cáncer mental que destruye la consciencia de nuestra ciudadanía. Víctor Abraham
Los abrazo con mi esperanza y amistad sincera.
Desde Lima,Víctor Abraham les saluda.

martes, 10 de marzo de 2015

De la vida

DECÁLOGO

1. Amar a Dios, ese Dios cercano a los hombres, porque es un principio moral.

2. Amar a la Patria y respetar sus símbolos porque es deber ciudadano hacerlo.

3. Ser responsable en el cumplimiento de los deberes porque es sinónimo de respeto a los demás.

4. Ser sencillo y veraz en las palabras y actos, honrado en todas partes. Las personas merecen de nosotros ello.

5. Cultivar la puntualidad permanente, hay que ser conscientes de los demás.

6. Ser limpio y ordenado, así construiremos armónicamente nuestra vida.

7. Cumplir con amor los trabajos y compromisos, ya que son oportunidades vitales que los otros nos confían..

8. Practicar permanentemente los buenos hábitos porque estos dicen mucho de nosotros.

9. Reconocer y respetar el derecho de los demás porque somos seres individuales, comprender antes de juzgar, y enseñar antes de minorizar.

10. Guiar la vida personal de acuerdo a las normas de la convivencia, así viviremos más felices y alegres.


En: Los Latidos secretos del corazón. Lima, 2015 de
Víctor Abraham 

domingo, 8 de marzo de 2015

Mujeres

Mujeres:

Siempren busquen un hombre, un hombre que cuando tenga que tomar una de estas dos opciones respecto a ustedes, esa misma de hacerlas quedar en su corazón y en su recuerdo temporal, o en su vida -esto es, para siempre-, opte por la mejor opción que al final dignifique sus corazones. Sé, sé que no es fácil para un hombre tomar la elección correcta, y sin embargo es necesario que ustedes ayuden a ello, ayuden mucho a ello, con su sencillez y su nobleza, pero también con su lucha y firmeza. Sean fieles, abnegadas, detallistas, amen a sus parejas, pero sobre todo ámense a ustedes mismas. Hagan de sus lazos conyugales, lazos indestructibles y verdaderos, lazos francos y desinteresados, no permitan que el consumismo, el sin sentido y la banalidad de lo superfluo tome su corazón. Recuerden que al lado, al costado de un gran hombre, de un gran hijo, de un gran esposo, de un gran hermano siempre habrá una gran mujer, una enorme y hermosa mujer. Luego, un Lev Tolstói, jamás habría sido lo que fue sin una Sofía Behrs, ni un César Vallejo sin una Georgette Philippart, menos aún un José Saramago sin una Pilar del Río, o un Samuel Beckett sin una Suzanne Dechevaux-Dumesnil, en fin.

Feliz día mujeres de este país, de nuestra hermosa Hispanoámerica, y del mundo. 
Feliz 8 de marzo!

Desde Lima, ciudad capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

sábado, 7 de marzo de 2015

Martes 8 de julio, de "Los días van y vienen"

Mis dolores se están empezando a agudizar. El doctor de la posta médica, a la que fui por la mañana, me ha recomendado que después de unas horas de trabajo o de ejercicio siempre descanse con los pies levantados: me ha dicho que no permanezca muchas horas seguidas de pie para que así mis várices que sufro en ambas piernas no avancen. Me ha dado una receta con variados tipos de alimentación, desde extractos raros, carne especial, legumbres seleccionadas hasta pastillas y cápsulas coloridas. (Estos médicos y sus recetas, que no coma aquello, que coma esto, como si uno tuviera plata suficiente para comprarse todo lo que a uno le piden en las consultas).

Reclamé a María, un día de descanso dentro de la semana. Entiendo, que la necesidad de conseguir dinero sea grande, pero creo que es necesario a veces una tregua. Ella es muy trabajadora, de eso no hay duda; es más, el día que me casé con ella, apenas si disfrutamos nuestra luna de miel. Viajamos por la mañana a Chiclayo, estuvimos por la tarde en Pimentel, y salimos por la noche otra vez de regreso para llegar luego a trabajar. Eran tiempos jóvenes ahora que lo recuerdo, en fin. Discutimos, sin llegar a circunstancias mayores claro está, pero es que yo ayudo todos los días desde las cinco de la mañana hasta las ocho-o tal vez un poco más, nueve de la noche, creo-. A esa hora termino cansado para caer en mi cama como una piedra. Mi cuarto está abandonado, no tengo tiempo para lavar mi ropa, o bañarme, o atender mis cosas personales. María sin embargo, parece que a veces no me entendiera. Me reclama constantemente, sin validación de juicio, mi condición de desempleado, pero es que a mi edad es difícil encontrar trabajo, y el último que tuve fue un fiasco. 

El Sr. Tánatos me hacía trabajar más de la cuenta, llegada la quincena me daba la mitad de lo acordado, y me sugería seguir adelante. Por supuesto que a fin de mes me pagaba, pero no era lo esperado, siempre había una excusa, o se perdió una toalla, o faltaba dinero, o no cobré una habitación, o simplemente se malogró una cañería -y también era mi culpa-. Todo era mi culpa. Diez, a veces veinte, y hasta a veces cincuenta soles, eran los descuentos, una vez inclusive me llegó a descontar cien soles porque dijo que había recibido un billete falso, algo absurdo, pero bueno, como no me gustaba liarme con mi jefe sólo lo escuchaba, y aceptaba el resto del dinero. Así trabajé en su hotel diez años (años que aguantaba debido a mi edad, una edad avanzada y achacosa para los demás, aunque mis ideas y ganas de promover iniciativas estaban intactas, pero bueno, todo esto solo quedaba allí: en mí mismo, porque en la realidad, apenas eran consideradas mis opiniones, en fin). Un día llegado el 24 de diciembre, se le ocurrió botarme a la calle sin seguro ni nada por el estilo, diciendo borracho - porque en estado etílico había llegado -, que se había aburrido de mirarme todos los días el bigote, y los pantalones oscuros, sí, dijo haberse aburrido de mis supuestas prédicas morales a mis demás compañeros de trabajo, (pero es que él no puede entender que a los jóvenes hay que orientarlos, y mucho) “Vaya usted a evangelizar a su casa”, gritó estentóreamente delante de dos clientes, que intentaron hacerle entrar en razón, clientes en realidad del hotel, ambos, comerciantes de frazadas de Juliaca, cuya visita por estas fechas era fija. “Usted merece algo mejor”, sólo escuché decir en uno de ellos al salir. ¡Pobre hombre!”, repetía el otro constantemente. Esa fue la última vez que vi al Sr Tánatos, no volví a saber nada de él, porque al cabo de un año - con tal de no pagarme lo que me debía- había transferido todo el edificio a nombre de su hija, quien se desentendió de mí para siempre. (Paciencia por Dios, ya saldrá mi jubilación)



María, señaló finalmente pues, el día miércoles de cada semana como día de descanso.


Hoy no tuve ganas de escribir en el cuaderno, absolutamente nada. Quise meditar en mi cama pensando en María por primera vez (y es que, caray, tiempo que ya no le dedico un espacio de mi vida a ella, al menos en mi pensamiento). Fue así como llegué a una sola conclusión,

“María no es mala, sino muy exigente: es una gran mujer después de todo. Siempre me ha cuidado. Tuve la dicha de conocerla hace ya casi treinta años, y ese día, el día que la conocí supe que sería mi mujer, y yo su marido para toda la vida. Así fue como le propuse matrimonio un día, al poco tiempo de conocerla, y ella aceptó. Los rechazos por parte de su familia vivieron luego, decían que era muy viejo para ella, o que no tenía el mismo nivel social y económico. María era joven y yo ya era maduro para ese entonces, pero eso no nos importó, al menos a mí no me importó porque la quería, la quería mucho, y la amaba, la amaba tanto como hasta ahora. ¡Por Dios, son veintinueve años!, nada es perfecto lo sé, pero allí estamos y seguimos juntos. Una vez un amigo me dijo, “Con María debe sucederte algo así como a mí con Cristina. Tú tienes dos opciones, siempre tendrás dos opciones. Cuando conocemos a una mujer, y decidimos de pronto invitarla a quedarse con nosotros, o bien obramos emocionalmente- y encauzamos nuestras acciones y afectos- para que se quede para siempre en nuestro corazón, o bien, para que esta se quede para siempre en nuestra vida. Por lo menos a mí”, dijo, “opté porque Cristina se quede aquí en mi vida, no en mi corazón. Tengo treinta y cinco años de casado”.

Uhm, “…no en mi corazón, sino en mi vida”, volví a parafrasear para mis adentros. Era indudable, el día que la conocí, que conocí a María, supe que sería mi esposa para siempre. No dudo que ha sido difícil el camino del matrimonio, pero allí estamos, luchando, cayendo y levantando. Ella y yo somos uno solo, o como diría Neruda en uno de sus tantos escritos, “creo que fue la misma tierra, la que nos reunió”.

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Fragmento extraído de "Los días van y vienen". Lima, 2015
Por Víctor Abraham

sábado, 28 de febrero de 2015

Ciudadanía vs. TV

Escribió una vez, el británico, filósofo, y Premio Nobel de Literatura 1950, Bertrand Russell, por esos años en uno de sus libros, "Los caminos de la libertad. Socialismo, Anarquismo y Sindicalismo", "La miseria es el síntoma; la enfermedad es la esclavitud. Los extremos de riqueza y miseria siguen inevitablemente a los extremos de libertad y esclavitud". Pensar en ello, sin lugar a dudas me lleva a arrojar dos conjeturas, por un lado nuestra idea que tenemos respecto a la riqueza, y por lado, la idea que nos sobreviene al pensar en la esclavitud.

Riqueza, si bien es cierto, en el estricto orden de las definiciones, es la acumulación de bienes materiales, y que produce -como un consecuencia de esta misma- un poder, que extrañamente acarrea otra palabra, esclavitud, entendida como opresión, y servidumbre perpetua, la misma que genera atraso colectivo, y trastorno en la dignidad humana. Pienso a todo ello, que nosotros, ciudadanos de un nuevo mundo nos queda, o bien validar en nuestras sociedades propias estas afirmaciones y hacerlas - con resignación- nuestras, o bien, rechazarlas tajantemente, como quien rechaza un intento de maldad o tiranía. Decir, "Sí", o decir, "No", es de libre voluntad individual, es cierto, pero también conlleva un compromiso de asumir las consecuencias de estas desiciones. Recuerdo mucho, que mi maestra de historia en la escuela, allá por los años en que era un adolescente, nos dijo, un pueblo callado es un pueblo coactado, expresión tan acertada como aquélla que expresa, "un pueblo que olvida su historia, está condenada a repetirla, en fin. A todo esto, es importante, tomar siempre decisiones, pero no de forma apresurada, sino tras mucho discernimiento. Optar, como a veces digo, por una alternativa, siempre es bueno, pero más si es la correcta o indicada, y eso cómo se sabe, solo en la conciencia misma de los actos y convicciones.

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Gracias a esos jóvenes universitarios, a esos padres con sus niños y niñas que estuvieron allí ayer, a esos adolescentes, a esos maestros y obreros manuales que acompañaron y gritaron, "El pueblo luchando también está educando","Queremos cultura", "Pueblo, escucha, y únete a la lucha".Ver de pronto carteles y pancartas, expresando en frases tan simples, verdades tan duras como la que tenían dos jóvenes adolescentes a mi lado, "Democracia protege a la basura porque la basura come de la democracia", e inclusive llegar a percibir por momentos, llantos desbordados de impotencia entre madres acompañadas de sus hijos pequeños al momento de dejar los pliegos de reclamo en los distintos canales de televisón, en fin.

Ahora bien, yo no puedo y no quiero pensar que haya gente del Perú que no quiera ver la realidad, que no quiera asumirla, solo trato de ver que los medios de información han cumplido- y siguen cumpliendo hasta hoy "bien"- sus cometidos, respecto a introducir letargos en el pesamiento, en fin . Ahora, es fácil salir a reclamar cuando se choca con nuestros bolsillos, ¿verdad?, pero lo que se hizo ayer, pienso yo, no fueron caminatas de desadaptados o de personas que no tenían nada que hacer, siempre hay algo que hacer en las casas, amigos, nadie tiene tiempo libre para malgastarlo.

Esta mañana, confirmé algo que era lógico, solo un diario informativo en su primera plana informaba esto, los demás? con las trivialidades de todos los días, policiales, escándalo, negocios en el mundo, en fin. Yo pienso que en este país, como en cualquier otra parte del mundo existen también deberes sagrados que cumplir, hechos por ejecutarse, marchas por asistir o petitorios por firmar. Esas son nuestras obligaciones como ciudadanos de un nuevo mundo, obligaciones que debemos asumir, sí, así es, asumirlas como ese algo tan sencillo y pequeño de decir, pero tan complejo de asimilar y comprender, eso que se llama, el bien. GRACIAS A QUIENES ASISTIERON A ESTA MARCHA EN LIMA, Y EN LOS DISTINTOS PUNTOS DE NUESTRO PAÍS. Marcha, que no duró tres horas como dijo un diario en su portal web, sino 4 horas y media, y no con una cantidad de apenas mil personas, sino con un cáculo aproximado de 10 000 personas.GRACIAS, finalmente a quienes también por el recorrido se fueron sumando. VAMOS PARA ADELANTE, y cómo ya dije anteriormente, ya desde anoche, hemos empezado a poner en jaque al gran empresariado nacional y trasnacional, les guste o no. Que venga ahora una SEGUNDA MARCHA EN CONTRA DE ESTA TELEVISIÓN QUE TANTO DAÑA LAS CONSCIENCIAS CIUDADANAS.



Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham 

miércoles, 25 de febrero de 2015

El Sr Oscar Sumar, y su sentido de relativismo pragmático

Hace unos días, estuve revisando unas páginas web. Trato siempre de hacerlo en mis ratos libres, luego de hacer pausas a mi trabajo de escritura diaria. De pronto me llamó mucho la atención un artículo, a propósito de todo lo que se ha dicho, y se sigue diciendo respecto a esta marcha contra la "TV Basura" (lamentable desde ya que se haya llegado a estos calificativos, pero cierto en el fondo de los argumentos), convocada para este viernes 27 de febrero. Artículo que a criterio mío, puede ser muy interesante, dependiendo de la óptica de quien sojuzgue su lectura, en fin.

La posición del Relativismo pragmático respecto a lo ético

Un abogado de la PUCP y analista en el portal web "Gestión", Diario de economía y negocios del Perú", de nombre Oscar Sumar, quien además es master en Derecho por la Universidad de California, Berkeley, profesor universitario e investigador en la Facultad de Derecho de la Universidad del Pacífico, en Lima, y por cierto actualmente -según sostiene en su página- se encuentra en Berkeley haciendo un doctorado (¡títulos, títulos, y más títulos!), refiere que "esa idea (de la marcha) no solo carece de sentido, sino que es peligrosa desde varios puntos de vista", por lo que sitúa dos puntos de vista a evaluar,

(1) Los gustos son relativos… y qué es “basura” también

(2) Es políticamente peligroso establecer “objetivamente” que determinados gustos son basura.

Ahora bien, respecto al primer punto, refiere que: "aquellos que se creen cultos podrían no serlo a la vista de personas que consumen arte más elevado, y además los gustos son suficientemente subjetivos, por lo que es peligroso y arbitrario privar a las personas de sus placeres, (...) no lo deberíamos hacer". Dice el Sr Sumar:
"¿Cuál es la definición de alguien “culto” entre los jóvenes (y algunos chiqui-viejos) de Lima? Necesitas saber quien es Marcelo Wong o Fito Espinoza, escuchar a grupos “alternativos” como Arctic Monkeys y haber ido por lo menos una vez al museo de Mario Testino. Puntos extra por David Bowie y Andy Warhol. Con eso basta, por el momento. Una vez que hagan eso, podrán juzgar sin remilgos los gustos de los demás y tildarlos de ignorantes si no conocen algunos de sus ídolos pop. También podrán decir que la televisión es “basura”. (...) A ustedes les puede parecer basura la tecnocumbia, comparado al rock o pop que escuchan; pero luego viene alguien que escucha música clásica. A ustedes les puede parecer que ir al cine a ver El Francotirador es basura, porque ustedes ven películas de cine independiente europeas; pero luego viene alguien que ve películas de Ingmar Bergman… y así sucesivamente…"
Luego, respecto al segundo punto, afirma que:
"Una vez que comienzo a tildar a las cosas de basura, ¿qué sigue? ¿Podría censurar también a los periódicos? (algunos de ellos incluso reproducen contenidos de la “TV Basura”). ¿Dónde pararía la censura de la TV Basura? Combate es basura, ok, ¿pero también los concursos de canto? Para mi son basura. Para mi incluso varios noticieros son basura. ¿Los sacamos del aire también? (...) Luego, ¿podría clasificar a las personas por sus gustos? ¿No somos acaso todos iguales? ¿Nuestros gustos no merecen la misma protección que nuestras creencias? Si alguien puede decirme que mis gustos son una basura, también puede decir que mis opiniones lo son y por lo tanto no tengo libertad de expresión. (...) Es todo parte de la definición de “snob”, que es esencialmente la base de un tipo de discriminación. Existe un motivo por el cual el Estado es neutral (o debería serlo) en temas de creencias y opiniones.(...) Nosotros no respetamos la opinión o las creencias porque sean buenas objetivamente o culturalmente elevadas, las respetamos porque respetamos la individualidad de cada persona, su igual valor y su libertad para elegir".
La realidad de las cosas. Hacia una interpretación humana de lo absurdo

Una vez existió un hombre que escribió
"Cierto es que, tú nos proveíste de una nueva iglesia; pero, también, la llenaste de un espíritu nuevo, y no exactamente de amor. Es verdad, nos has construido nuevos caminos, pero caminos a la destrucción, como se evidencia claramente en las desgracias de muchos. Es verdad, has reducido nuestros impuestos; pero, también, has aumentado aquellos sobre nosotros mismos; juicios, protestas y equivocaciones no son bendiciones para una comunidad." (De: La vía del tren y el patio de la iglesia)
Este hombre se llamó Bjornstjerne Bjornson, prolífico escritor y político noruego. Ahora bien, cito estas palabras, porque al hablar de este tema tan controvertido como lo es la televisión, y su contenido nada acertado, pareciera ser que estas ideas cobran fuerza, a pesar de haber sido escritas hace un siglo atrás. Los equipos, las multimedias, las innovaciones, los programas televisivos y sus estúpidos ratings, las religiones, y hasta la misma prensa, dan la ilusión diaria al individuo de que está viviendo bien, cuando en realidad no es así. En realidad, no se está viviendo dentro de un orden natural y apropiado desde el punto de vista humano.

Es más, y vuelvo a parafrasear a Bjornson, "las viejas ideas del bien y del mal, tan firmemente establecidas en nuestra conciencia, han participado en todos los ámbitos de nuestra vida, son parte de nuestra búsqueda de conocimientos y de nuestra sed de la vida misma". Sustento por el cual, entonces atiendo a la lógica del Sr. Oscar Sumar, acerca de su idea, respecto de que los gustos sean relativos, y a partir de ello, qué es entonces "basura", a la hora de referirse a la televisión y medios informativos, los mismos que al parecer él no puede entender como estos degraden la consciencia del individuo.

Sr. Sumar, existe una expresión llamada Sentido común, que funciona algo así, como libre albedrío para discernir, luego de un análisis y razonamiento pertinente, lo que conviene o no conviene a alguien. Esas viejas ideas del bien y del mal, están en nosotros, podrían ser tratadas como relativas, tal vez, pero no creo sean acertadas. Para que una idea sea acertada, debe pasar por una validación personal, pero no solo de interés para un provecho individual, sino para un interés de bien mayor, más general, más humana, más colectiva, y aparece entonces allí la expresión que yo siempre defiendo, la necesidad de conscientizar. No todo, estimado profesor, debe caer en el saco de la interpretación relativa. Que alguien prefiera ver las películas de Ingmar Bergman, o escuchar de pronto la música de Arctic Monkeys, o visitar el museo de Mario Testino, o decidir comprar sus libros necesariamente a una de esas tantas Ferias Internacionales de Libro que hay por allí, que lo haga, es decisión de cada quien. Si tiene posibilidades, tiempo o puede viajar, o qué se yo invertir en ello, bienvenido. Sin embargo, pienso que este no es el punto acá, ni debe ser el sustento para decir que quien hace esto es más culto que otro, y luego viene otro que hace mejores cosas que las que hace el primero y se vuelve más culto que este primero,  y así sucesivamente según esta cadena de lo relativamente absurdo. (Este tipo de interpretación relativa de las cosas me hace suponer algo tan frívolo y nada comprometido con lo que en realidad significa una degradación sistemática).

Leyes y miradas nuevas

Ahora bien, se habla mucho de una ley, la misma que sustenta esta marcha denominada "Marcha contra la "TV Basura", acto cívico que considero justo y necesario por el impacto que pueda tener en adelante sobre sucesivas y futuras maneras de cómo ver los medios de comunicación ante nuestras propias idiosincrasias personales que nos atan siempre a un convencionalismo injusto para la gran mayoría, pero cómoda para una escasa minoría.


Es indudable que con estas propuestas Sr. Oscar Sumar, las mismas que usted tacha como preocupantes y peligrosas políticamente hablando, porque según su óptica,  resulta peligroso y arbitrario privar a las personas de sus placeres, o gustos. ya que según usted, se estaría incurriendo en un desmerecimiento de ellos, lo que originaria el comienzo de una supresión de opiniones, y por ende de una libertad de expresión. No señor catedrático y abogado, la colectividad peruana, no, la política, sino la del pueblo mismo pone en jaque ¿sabe?, al gran sector del empresariado nacional y transnacional que escondidos tras sillones cómodamente reclinables y desde oficinas con lunas polarizadas envían a sus "hombres de prensa" o "conductores de televisión", cada día a desvirtuar la realidad cultural, social, estructural y moral del individuo mismo. Aquí, señor, no hay intento de amordazar a nadie, sí, un intento de tirar abajo - o en todo caso frenar- toda esta maquinaria de degradación sistemática. La televisión es el opio del pueblo ignorante, nos guste o no, queramos admitirlo o no. Se nos acusa a los hijos del Perú, de ser incultos, y banales, hecho cierto, de tener una pésima educación, que también es cierto, y de no entender lo que lee, que en su gran mayoría también es cierto, porque pocos - y esa es una gran verdad- pueden acceder a niveles educativos con calidad y bajo los parámetros de los estándares internacionales, no porque no tengan dinero - a excepción de gente pobre que efectivamente no tiene-, sino porque no reciben una orientación adecuada por parte de sus formadores de lo que es urgente y necesario para el futuro.

La pobreza material es bárbara, eso lo sé, quién más que yo para saberlo, está latente cada día, pero creo que mayor es la pobreza moral de nuestros ciudadanos, hecho que es un fundamento más para salir a la calle y reclamar. Ahora bien, ¿De cómo o por qué la gente ve esto de los programas que no tienen ningún tipo de sustento? No lo sé con certeza, pero creo saberlo por inducción, y eso es algo que debo a mi carrera de maestro de formación básica, al estar rodeado casi todos los días de estudiantes adolescentes reales, con problemas reales y con padres reales, y obviamente desde escuelas reales, porque para un observador ser partícipe de la realidad es mejor que estar frente a universitarios provenientes de universidades caras, o inmerso en esferas ficticias que distorsionan la realidad, y que catedráticos o recintos universitarios saben muy bien, pero poco o nada hacen el esfuerzo por interpretar esta, salvo claro está, si hay una pensión de por medio para investigar o una trabajo de habilitación por sustentar para ascender de categoría, en fin.

Pero volvamos a nuestro objetivo central se pide específicamente el cumplimiento de un artículo, el 40 de la Ley de Radio y Televisión N° 28278, la cuál habla del horario de protección del menor, así como el hecho de que "La programación que se transmita en el horario familiar debe evitar los contenidos violentos, obscenos o de otra índole que puedan afectar los valores inherentes a la familia, los niños y los adolescentes. Este horario es el comprendido entre las 06:00 y 22:00 horas." (Empezar por esto, es ya un intento de limpieza moral y de orden público ciudadano).

Presencia necesaria. Deber ciudadano

Es por eso que, y vuelvo a reafirmar mi compromiso de escritura en ello, y espero me entienda Sr. Oscar Sumar, que es necesario y urgente salir a la calle, y reclamar por una señal abierta para todos -y en favor de todos y todas- en materia televisiva, porque es un deber moral y social como ciudadanos peruanos porque hay una realidad, y esa es que la televisión ha dejado de ser un medio de entretenimiento e información sana para pasar a convertirse -como ya dije- en un desagradable aparato de degradación sistemática; ahora, eso de que "el que no quiere ver que cambie de canal", o "apaga tu televisor y no veas", o "mejor veo mi cable", es una estupidez más de la indiferencia social que no debe imperar en el corazón de gente que quiere un cambio generacional. Ahora bien, el hecho de que exista un motivo por el cual el Estado se ha mantenido hasta ahora neutral en estos temas, no es por el hecho del respeto a las creencias y opiniones, o la individualidad de cada persona, su igual valor y su libertad para elegir, no, no señor Sumar, eso es lo que nos hacen creer en los centros de enseñanza, ¿sabe?, la razón es porque simplemente no quiere hacerlo, pero qué va a hacerlo si convive con los intereses de los grandes monopolios comerciales de este país, en fin.

Mis saludos y mis afectos, por otro lado, a quienes están moviendo todo este preparativo del 27 de febrero. Estaré presente. Gracias.

Fuente:
http://blogs.gestion.pe/menulegal/2015/02/marcha-contra-la-tv-basura-yo-tambien-quiero-ser-un-pulpin-snob.html

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

sábado, 21 de febrero de 2015

Día 10 de "Los días van y vienen"



Hoy, fue un día más que normal. No salí de casa. Todo el día pasé trabajando en el negocio. También llegaron los pedidos, las bebidas, los jugos en caja, los chupetines, los biscochos. María fue a hacer las compras de la semana al Mercado Central junto a Rosa. Mauricio llamó para saludarnos muy temprano. Dijo que estaba bien, y que estaba metido en unos trabajos de escritura. Quiere publicar un libro. Parece que a él le gusta también todo esto del escribir, que bueno por él. Pienso que tal vez ello obedezca al hecho de que es profesor, en fin. Recuerdo que una vez cuando era muy pequeño me dijo, “Papá, siempre he visto que tú escribes, que lees mucho, y que te gusta bastante este mundo de los libros y de sus escritores, que los coleccionas, hasta haz hecho en la casa cuatro bibliotecas, ¿por qué no escribes algún día un libro, y lo vendes? Así, te convertirías en un escritor muy importante”. Recuerdo que en ese momento estaba escribiendo un block de notas sobre las incidencias del día, ya que siempre me gustó escribir sobre los sucesos del día a día, comprar cuadernos y llenarlos de anotaciones personales, reflexiones, motivaciones, máximas y citas de autores clásicos del pensamiento universal, en fin. En ese momento, levanté mi vista, lo miré detenidamente, y vi que un mechón de su cabello lacio había caído sobre su cara, tapándole el ojo izquierdo. Tenía algo de doce años creo, Mauricio era aún un adolescente. Levanté mi mano derecha, y delicadamente, se lo retiré. Le di una sonrisa de agradecimiento, la misma que creo fue llevada más por la sensación de tener frente a mí, no a un hijo, sino a un lector que esperaba de mí grandes cosas, pero ya era muy viejo para ello, sí era muy viejo para dedicarme a ser escritor. Tal vez esa cobardía mía. Mi miedo a encontrarme de pronto frente a esa sensación de decir, que voy a hacer ahora que he decidido ser un escritor. Ese miedo a la incomprensión. No, no era posible, es mas, jamás hubiera sido posible para mí dedicarme a ello. Ello implicaba muchos sacrificios. Tal vez mi temor a la soledad, la necesidad de mi familia, María, sí, sí, ¿qué le diría a ella, “Mira, soy escritor, y tendremos que acoplarnos a esta vida”?, ¿y el negocio? ¿Y mi madre? ¿Y la economía de mi madre? Imaginé entonces a los muchos escritores que había leído durante mi infancia: todos, producto de obsequios que mi madre, a pesar de su esfuerzo hacía por conseguirme, ella me compraba muchos libros. Dickens, Balzac, Tolstói, Stevenson, Salgari, Bunin, Kipling, Shaw, Carducci. Lagerlöf. Imaginé sus vidas, sus inspiraciones y aspiraciones, sus juventudes, sus adulteces. Imaginé que algún día, ellos también sintieron el llamado de esa hermosa vocación, y cómo afrontaron a ello, al llamado de este oficio. Por un momento me sentí orgulloso, sí, sentí una gran alegría interna y una satisfacción personal por haber dejado que estos maestros de la palabra entraran a mi vida de pronto un día, por haberles permitido tomar mi mano, mi niñez y mi adolescencia, por haber pernoctado conmigo en los momentos más duros de mi primera existencia donde la miseria material era absoluta, y suplir así, de esta manera, las carencias culturales que mi fallecido padre no pudo darme. Mi madre no sabía leer ni escribir, pero se entretenía con las historias que yo le contaba luego de mis lecturas hechas, decía ella, “Hijo, haz de aprender a vivir como esos hombres y mujeres, haz de ver en ellos, en sus vidas, un ejemplo. Haz de mirar en estos modelos para tu existencia”. Cuando crecí, me dije que algún día me convertiría en escritor, y entonces viajaría, y escribiría mis propias historias, crearía mis personajes, y me convertiría así en héroe de las causas buenas. Dediqué mis primeros años a leer, a leer de todo, a coleccionar recortes de pensamientos, a armar álbumes con recortes de mis escritores favoritos. Con los años, cuando empecé a trabajar procuré – y me prometí a mí mismo- comprar cada fin de mes un libro diferente. Pensaba que esa sería la cuota de agradecimiento mía en pago a esas sabias enseñanzas y entretenidas ficciones que recibí por mis primeros años, y así ha sido hasta hoy: libros de literatura clásica que fueron ampliándose en temática a medida que fueron pasando los años, y que han ido desde superación personal, sexualidad, medicina, religión, alimentación, cocina, administración, economía, historia, psicología, educación, filosofía, familia, junto con revistas artesanales, de negocios, de magazine, de marketing y publicidad, y por supuesto diarios y suplementos culturales.


Los años que vinieron para mí luego, me llevaron a decidirme por los negocios, a optar por seguir los estudios de contabilidad y finanzas. Tenía otro sueño, tener un negocio propio, y así fue. Nunca llegué a estudiar en la Universidad Nacional por problemas judiciales que siempre envolvieron a mi madre, debido a la tenencia de sus terrenos en la sierra de Charat, Trujillo. Un hermano mayor quería quitárselas, y así fue finalmente, uno de sus hijos, venidos de una relación extramatrimonial terminó por quedarse con todas las tierras que mi madre había heredado de sus padres. Fueron años duros de luchas burocráticas, duraron casi treinta años, años que hicieron que yo pierda mis estudios de preparación, años de dureza económica, de líos con abogados que cada mes cobraban honorarios por mentir, y esconder o fraguar documentos. Testimonios perdidos en el proceso, tiempos de espera para que el Consejo de la Magistratura resolviera, y mientras eso sucedía cada día mi madre envejecía y yo maduraba más a la vida, a la rebeldía, a la necesidad de tratar de entender, ¿qué móvil inducía a los seres humanos a dañarse entre ellos mismos? ¿por qué esa ausencia de justicia en los estamentos burocráticos? ¿por qué esa necesidad enfermiza de mentir y alargar un proceso absurdo que podía haber durado dos años o hasta uno más? Fue así como fui entendiendo que los valores humanos cuando había de por medio dinero no valían nada, al menos no tenían consistencia para estos señores de ternos, corbatas, camisas blancas con gemelos, zapatos lustrosos, y pantalones bien planchados. Hombres que sabían muy bien cómo sacar brío a sus cartones, medallas y congratulaciones que estaban dispuestos sobre la pared de sus viviendas, viviendas a las que llegábamos con mi madre a dejar el dinero todos los fines de mes en sobres cerradas y blancos con la única inscripción, que me era indicado escribir, “Por concepto de honorarios para…., la cantidad de …”. Este proceso fue un terrible lastre que consumió mis esperanzas. Una rémora para mis sueños y mis anhelos futuros. Los almacenes del “Tayuen Hnos.”, fueron mi única tabla de salvación económica por esos años. Al final, ese tal Braulio, hijo bastardo de mi tío, terminó comprando a toda la mesa judicial rompiendo la mano de muchos abogados, e inclusive por lo que supe, también de jueces de la Corte de Justicia de Trujillo. Perdimos todo lo que habíamos intentado retener. (Pensar en esto ahora, sólo me arroja una conjetura, las herencias materiales sólo generan disociación entre los miembros familiares, generan atraso, necesidad de quitar, pero sobre todo ambiciones y sensaciones de envidia. Pienso ahora que más feliz es quien vive despojándose de lo absurdamente terrenal, y opta por una vida sencilla. Así es, ahora soy un convencido pleno de que el único legado y herencia válida y razonable que un padre o una madre pueden dejar a su hijo es su educación y su cultura porque con ello, este individuo podrá conseguir sus propios medios materiales, conservarlos, y saber hasta qué punto desistir a ello, al confort mediático o a esa necesidad de lactar cada vez más y más cosas de consumo). Ahora bien, creo fueron estas circunstancias las que me hicieron desistir a mis propósitos de escritura, y optar por convertirme empíricamente en un especialista de la administración.

***

Mi hijo seguía mirándome. Yo dije, volviendo por un instante a nuestros diálogos, “Hijo, un escritor no es cualquier individuo, la escritura se revela a estos hombres en un momento de su vida, y los invita a caminar los senderos de la consistencia moral y espiritual, del desprendimiento material, empujándolos a optar por una vida simple y sencilla. Un escritor, hijo mío, ve el alma humana, y no es fácil, créeme, para ello se requiere años de paciencia, de dedicación, de experiencia y de lucidez mental. Un escritor…”, dije, y resoplé, “es un comprometido con su sociedad, es un poeta, pero también un narrador, puede ser un dramaturgo o por qué no un ilusionista, pero lo más importante es que tras estos fondos, solo subyace una realidad es un ser humano, que se entrega a su trabajo de escritura diaria, y que hace de su oficio su vida, y de esta un servicio. No basta con escribir libros, uno tras otro, y venderlos todos. Un escritor, Mauricio, es un sabedor, un leído, un instruido en la gramática y todas esas cosas, que a mí me faltan. Pero sobre todo, es un ser que siente, que entiende, que comprende, y que intenta, a pesar de sus errores ser un poquito mejor cada día un ciudadano, un héroe de su propia vida y un interpretador de las demás vidas ajenas que cruzan la suya. Ese es un escritor pequeño Mauricio”. (Él, mi primogénito solo sonrió y dijo, “Papá, seré algún día escritor”, y se fue).

***

Hoy por la noche escribí, luego de leer unas frases del escritor italiano, Salvatore Quasimodo:

Día 7 
Tal vez haya que entender al ensayista honesto como un poeta crítico y realista, cuando no, social y político- un comprometido-, como decía Salvatore Quasimodo, "Un inconformista que pasa de la poesía lírica a la poesía épica para hablar sobre el mundo y el tormento racional y emocional en el que vive el hombre." Si atendemos a esta lógica, entonces el poeta estaría encumbrado en ser ese conscientizador del espíritu perpetuo, no mediático, total, asimilando el perfil propuesto por el autor de "El poeta y el político" se puede partir de una nueva concepción de poeta, un inconformista de la vida que no busca penetrar la cáscara de la civilización literaria falsa, porque seguramente ya haya descubierto que hay en su interior, una civilización llena de torres de defensa como en la época de las comunas medievales. El poeta, tal vez muy lejano a esta civilización a la que considera extraña, tal vez opte por estar solo, opte por recorrer las periferias, buscando encontrar en ellas cada día, encontrar en sus calles una imagen que contenga en sí mismo al hombre de los sueños, a la enfermedad y disvariamento del hombre, a la redención del hombre, a la miseria de la pobreza emocional. Por tanto, entre un hombre de letras y un poeta haya finalmente mucha diferencia, un político seduce al hombre de letras, pero no a un poeta porque el poeta va más allá de las simples pasiones políticas, partidarias, sectarias, un poeta universaliza consciencias practicando - no simulando o fingiendo- ante todo ese lado puramente ideal de nobleza en el Ser Humano.

10 pm

Fragmento de "Los días van y vienen", Lima, Perú. 2015
De: Víctor Abraham.

jueves, 19 de febrero de 2015

Visita a Pepe

Hoy salí muy temprano. Decidí ir a visitar a Pepe Pazurro, lo que pasa es que hoy era su cumpleaños número sesenta y nueve, y cuando eso sucedía, él no iba a trabajar. Él era muy respetuoso de las convencionalidades, de las formas, de las fechas memorables. Además Tito y Juanita, lo querían mucho. Lo engreían bastante, y con mayor razón tras la muerte de Sofía, su mujer.

José se había dedicado también a los negocios como yo, había sido toda su vida vendedor de frazadas, las que llevaba y traía constantemente de Arica o de Desaguadero, en muchos casos burlando la frontera. Lo conocí en la Escuela Técnica de Comercio allá por los años de 1960, ambos éramos estudiantes de contabilidad. Siempre me decía que algún día formaría una cadena de tiendas, parecidas a Super Rey, que era la tienda importadora más grande de ese momento en Trujillo. Su padre, al igual que el mío también sirvió al ejército, pero no murió en ninguna guerra, mas bien fue a morir de cáncer a la próstata debido, decía él, a las muchas mujeres que había tenido fuera de su matrimonio. Ambos, Pepe y yo, fuimos, y hasta hoy hemos sido buenos amigos. Nos frecuentábamos mucho. Un tiempo trabajó en el “Tayuén Hnos.”, pero luego se fue a “Super Rey”, donde trabajó cinco años más en que empezó su propio negocio, compra y venta de frazadas al por mayor y menor. Gozó de buenas épocas. Él, no muy alto, rechoncho, moreno, de ojos vivaces y cabello levemente ondulado; yo, flaco, algo escurrido, medio palúdico, no tan vivaz, y de cabello liso castaño. Fuimos buenos amigos.

Solía visitarme periódicamente al “Tayuén Hnos”, donde conoció por a mí a Sofía. Ella era una joven delgada que rozaba sus diecinueve años, usaba anteojos que descansaban graciosamente sobre una nariz respingada y siempre movible por un extraño y curioso tic que en vez de hacerse notar prominentemente, daba a ella un aire de niña eterna, sí, infantil y eterna, digna de una emperatriz de la época, de tez un poco blanca. Solía llevar atuendos sobrios y largos, cuando no vestidos florales con vivaces colores, y hasta a veces llevaba sobre sí, estilos naif a lo Jacqueline Kennedy, esto es vestidos de un solo color, conjuntados siempre con chaquetas de punto. Los pantalones de campana anchos y rectos también estaban dentro de sus exquisiteces de vestir. Cuando salíamos con Pepe, o sea los tres, ella llevaba un bolso de asa corta, pequeño, y de charol. A veces sombreros de hala corta y en otras boinas curiosas. Los pañuelos de colores, en la cabeza o en el cuello, también eran de su preferencia. Recuerdo que una vez, para ir al cine, se presentó ante nuestros ojos con unas botas altas, que le daban casi por la rodilla, eran de charol y con tacones algo gruesos, añadidas a una minifalda recta y blanca.

Sofía, vivía con una tía en un cuarto alquilado. Decía que su madre había muerto de una extraña enfermedad dejándola muy pequeña al cuidado de su padre. Tenía por esas épocas una hermana, siempre hablaba de ella con nostalgia. Decía que murió cinco años después de la muerte de su progenitora, enfermedades del corazón. Al quedar ella sola se fue a vivir con su padre, que se volvió un alcohólico empedernido al poco tiempo debido a la impresión familiar que tuvo a raíz de estos sucesos, y que por cierto, al poco tiempo desapareció para no volver más. Ella decía que también había muerto, aunque a veces se contradecía renegando de él y su abandono repentino. Se fue a vivir con la señora Gloria que era la hermana mayor de su madre, una anciana solterona y muy católica. Vivían en la calle Independencia 854, donde hoy funciona una agencia de pagos de luz. (Parece que el predio de esa casona antigua fue vendido a la agencia de cobranza por sus propietarios legítimos).

Sofía se casó posteriormente con un trabajador de la hacienda azucarera “Roma”, que pagó todos los derechos de nupcias correspondientes, un tal Filipo de Charat, zona de la sierra de Trujillo, pero que al poco tiempo, dos años creo, murió. Yo estaba por ese tiempo con mi madre en Lima. (No sé de qué murió exactamente, ella nunca lo quiso confesar, pero una vez oí decir a Julio, ya años después, que ese hombre padecía trastornos cardíacos, en fin).

Ella, Pepe, y yo fuimos muy buenos amigos solíamos ir al cine los domingos, o frecuentar de pronto concursos de marinera en épocas de fiestas. A mí me apasionaba el teatro; a él, los bailes; y a Sofía el cinema. No sé cómo, pero una vez ellos me dijeron riendo, que algún un día yo tendría una mujer muy buena y comprensiva a mi lado, de buen vestir, conversadora, y trabajadora, y que por fin pondría un orden a mi desordenada vida. Era evidente, que no se referían a ninguna otra mujer que no hubiera sido en ese momento Sofía, hasta inclusive Pepe me hacía bromas de vez en cuando, “Eh, pillón, dale el sí, se ve que te gusta, y tú a ella, no lo dudes porque si no mira que aquí hay otro gavilán escueto, jajaja”.

José Pazurro también se casó, pero al poco tiempo enviudó. Su mujer había muerto de un derrame cerebral. Solo le dejó una niña pequeña, Juanita, que llevaba el mismo nombre de su madre. Ya el tiempo hizo que ambos, Pepe y Sofía se enamoraran, y se casaran. Fueron muy felices, y me invitaron a su boda. Boda a la que no asistí por razones de juicios pendientes que había heredado por los terrenos de mi madre, que por esas épocas estaban en litigio con un hermano mayor que intentaba arrebatárselas. Fueron muy felices, ya dije, y ambos tuvieron un hijo, Tito, quien sacó los mismos ojos y la nariz de la madre, aunque el cabello y la complexión eran notorio que le pertenecían al padre. Me hice su padrino. Aún tengo conmigo la foto de los tres, y al pequeño bebé sobre mis brazos. Cómo ha pasado el tiempo desde ese entonces.

Tito, hijo único de ambos, había heredado de su madre ese extraño tic de mover la nariz constantemente. Algo que detestaba mucho su padre, pero que terminó finalmente enamorándolo de Sofía. Ambos decidieron que era mejor darle una profesión, total, “es la educación, decía, ella, su madre, el mayor legado que los padres pueden dar a sus hijos”. Fue así como Juanita, se hizo contadora, y Tito, arquitecto. Yo por esas épocas, ya había abierto un negocio propio dedicado al rubro de licorerías, bares y restaurantes. Seguía soltero, viviendo y velando únicamente por mi madre. Los tres, nos seguimos frecuentando con continuidad hasta que me casé. Supe luego, que ambos cambiaron de residencia. Perdí el rastro, hasta que años después me los volví a encontrar, un día por la Plaza de Armas cuando estaba paseando con María, ya había nacido Mauricio. Me dejaron su dirección, y su número, pero los perdí posteriormente. Con Pepe, nos seguimos viendo, se había dedicado, ya viejo, a manejar y hacer servicios de taxi a turistas. Nos encontrábamos esporádicamente, hasta el miércoles de la semana pasada en que me contó el trágico desenlace de su mujer. Muerte, cardiopatía coronaria.


***

Hoy, al llegar a casa por la noche, me encontré con una sorpresa. María había comprado una torta de chocolate, según ella por iniciativa de mi hijo Mauricio. Me habían guardado una parte en el conservador. Además, Rosa me alcanzó un dinero, eran S/. 250 soles que mi hijo había dejado para mis gastos. A ellas también les había dejado una propina. Me fui a mi cuarto, y lloré dando gracias a Dios por tener a un hijo tan agradecido. “Con este dinero”, dije para mis adentros, “podré pagar finalmente los trámites para mi evaluación por parte de la Junta Médica Evaluadora del hospital Lazarte, que me exige la OEP, para mis trámites de jubilación. Y es que sucede que últimamente no he podido llevar a cabo estos exámenes, debido a la falta de dinero, y en las dos únicas veces que lo he intentado por el SIS (Sistema Integral de Salud), me han dicho que, para caso extraño mío, no cubre los exámenes porque estos son muy costosos, además que escapa al presupuesto establecido por este sistema, que por cierto está destinado a gente como yo, que no tiene nada, ni seguro, ni condición económica que ampare nuestra vida. Vida de paupérrimos. A veces pienso, que todo esto de los fondos de salud y de jubilación se mueven por fuerzas cercanas de apego al dinero, por intereses de ambición particulares, en el que conviven diariamente abogados, funcionarios públicos y hasta médicos, quienes han terminado usufructuando la profesión del servicio por la vida humana, porque en ellos, en los agentes de la salud, está la vida de las personas, pobres o ricas, elevando así esa necesidad particular de obtención cada vez mayor de mercancías económicas sobre el plano de su propia condición de seres humanos. Pienso luego, con una relativa tristeza, que la mayoría de estos profesionales han terminado soterrando su verdadera pasión de servicio reemplazándola por otra, de ganancias y de status sociales. Por Dios, qué degradación profesional.

Hoy escribí en el diario una reflexión de ANDRIEUX, que leí por la mañana en uno de los escaparates de una boutique, y que decidí anotar en su momento:
Día 6
Vivir en sí mismo no es nada. ¿A quién podré ser útil, ser agradable hoy? He aquí cada mañana lo que debes decirte. Y por la noche, cuando la luz del cielo ves irse, feliz si tu corazón en voz baja ha respondido: El día que termina, Señor, no lo he perdido; merced a mis cuidados vi en un rostro humano, la señal de la alegría, el olvido de una pena. François Guillaume Jean STANISLAUS ANDRIEUX. 
(…) 
Espero Dios Mío, ampares a mis tres hijos siempre, y a María, que son lo único que tengo. Imprime alegría al camino de Pepe, y de su familia. Ten en tu misericordia al alma de Sofía, dále, por favor, descanso eterno. Haz, Señor, que estos médicos certifiquen de una vez por todas mi precario y difícil estado de salud para poder agilizar mis papeles del seguro. Ablanda su corazón PADRE, y dales paz a su vida como a la de sus familias. AMÉN. 
11.15 pm.


Del cuaderno de: "Los días van y vienen". Lima, 2015.
De: Víctor Abraham

martes, 17 de febrero de 2015

Lunes 7 de julio, de "Los días van y vienen". Lima, 2015


Pasamos el día tranquilo. Todo volvió a su calma, era evidente que el enorme hoyo dejado por Mauricio en nuestros corazones es muy notorio. María, retomó su quehacer silencioso; Rosa, su vida melancólica; y Lupe, sus ausencias matinales. Fue hoy a estudiar temprano. Por la mañana atendimos en el negocio con el desayuno. Sí, sí, nuestro trabajo consiste en tener listo todos los insumos posibles que sirvan para desayunar, entre sándwiches, mermeladas, pan de todas las variedades, quinua, avena, soya, leche, mantequilla, aceitunas, tortillas, en fin, y bueno, uno que otro plato de comida ligero, como lomo al jugo, o pescado frito con yuca. Ahora bien, para ello se necita levantarse muy temprano, cuatro y media a más tardar y empezar por lo básico y esencial que es prender la cocina a querosene, freír las papas, lavar las verduras, y empezar a preparar las tortillas; de allí a hacer la limpieza del salón, limpiar los mostradores, las mesas y las sillas, hacer la pizarra del día, y bueno, abrir finalmente, no sin antes poner la música de la mañana, melodías acompasadas por instrumentos de cuerda y de viento, en otras veces rancheras mexicanas, o pasillos breves. A María, mi mujer le gusta las notas de El Cholo Berrocal; a mí, las rancheras de Pedro Infante, que siempre fue para mí desde niño mi máximo ídolo, en fin.

Del mismo modo, es necesario precisar que la mayor parte de los clientes son, en su gran mayoría, cobradores y choferes conductores, miembros de la empresa de micros azules Santa Rosa de La Esperanza, además de taxistas, y algunos que otros escolares que pasan a su colegio temprano, o bien padres de familia que llegan a coger su movilidad para ir al trabajo, al centro de Trujillo.

Trujillo es una ciudad muy pequeña, una urbe que se comporta como cosmopolita, sin serlo. Llena de callejuelas pequeñas y estrechas, eso sí bien pintadas y coloridas. Su centro histórico acoge a muchas personas laboralmente hablando. Casi todos los centros de trabajo están dispuestos dentro de la histórica avenida circular España, compuesta de unas veinticuatro cuadras pequeñas, -y esta a su vez circunscrita por una avenida circular más grande, que se divide en norte y sur, la gran avenida América-, por supuesto que hay algunos centros laborales en las periferias a ella. Sobre todo de calzado, y de telefonías. Las universidades también se encuentran a su alrededor. La estructura del centro antiguo tiene forma de tablero de damas, una plaza, que dicen sus pobladores ser amplia, pero no la es, límpida, sí, es muy limpia. Cuando era niño vivía con mi madre en pleno centro histórico, en un cuarto alquilado del 525 de San Martín. Los almacenes “Tayuén Hnos”, donde trabajé con Aurea, la hermana de Gellman; y con Sofía, la que en vida fue mujer de Pepe Pazurro, y gran amiga mía, quedaba en el 345 de la calle Gamarra cerca al Mercado Central, y pensar que fue allí donde me empecé a trabajar por primera vez, hace ya mucho tiempo desde que era un jovencito. 20 años. Sí, 20 años que me arrojaron un tiempo de servicio útil, con el cual pude comprar por fin mi terreno propio en Buenos Aires, y levantar mi casa en compañía de mi madre y María, mi esposa. ¡Cómo cambió Trujillo desde ese tiempo!, antes había más dignidad en el vivir, digo esto porque hasta el vestir era sencillo. Algo sencillo, pero fino. Una vida muy reservada y conservadora, cuando no, con ensoñaciones de pequeñas aristocracias dada la condición de los apellidos Santa María, Ganoza, Landauro, en fin. Uno de ellos, Juan Servat Santa María, se hizo médico, y luego alcalde, para finalmente afiliarse al Partido Aprista, y una vez en el poder despacharse con todas las resoluciones departamentales de obras médicas. Lo último que supe de él es que se fue a Lima, y hasta hoy sigue sirviendo fideísta, y servilmente a su jefe que ya no es ni la sombra de lo que solía ser en sus años mozos, hoy día convertido en un político viejo, arrugado y parlanchín. Y es que a veces los individuos son así de repulsivos cuando se vuelven adictos al poder, enfermizos por este, oscuros, al extremo de volverse cosas raras y degradables, en las que sin darse ya no hay esencia propia, sino caretas. Sí, y son estas caretas las que se enquistan en sus rostros para siempre, desde el momento mismo en que abandonan sus ideales. Caretas, que han terminado cubriendo finalmente sus rostros y consciencias.


***

En el almuerzo dos, tres clientes; por la tarde y por la noche, la venta fue escasa.

María fue hoy a Trujillo a hacer algunas compras. Leyendo el diario, encontré interesante esta máxima del día
"Después de saber cuándo debemos aprovechar una oportunidad, lo más importante es saber cuándo renunciar a ella". Benjamin DISRAELI.

Hoy terminé escribiendo:
Día 5
SOBRE LOS USOS DEL CUESTIONAMIENTO 
El poder se levanta sobre la ignorancia, el fideísmo estúpido, y el circo de la mordacidad diaria; éste, teje argucias - y está seguro de lograrlas- porque sabe que hay seguidores y fideístas enceguecidos que por un cargo temporal son capaces de socavar su propia dignidad. Es triste ver ahora a jóvenes repartiendo volantes, pintando paredes, vistiéndose absurdamente o consiguiendo firmas para inscribir a sus partidos. Si actuamos bajo esas sórdidas premisas entonces se estará dando mal ejemplo a las generaciones que están tras de ellos. Un joven, no puede doblegar su fresca capacidad libertaria y su autonomía creativa por una galleta o una propina monetaria, porque - y seamos claros-, ya de antemano se sabe quién toma las riendas al interior de un partido. Sucede que simplemente quien decide ofrecerse lo hace a sabiendas que nada obtendrá allí, salvo -como ya dije- un pequeño cargo temporal que lo tendrá atado al servilismo permanente.

Por otra parte, los dirigentes políticos compran el poder, o simplemente lo heredan, esa es la verdad. Esto que afirmo, tal vez no lleve nada novedoso, salvo por una excepción, que quienes los eligen jamás reciben nada a cambio de sus votos- es más, ni se interesan en exigir algo-. Los ciudadanos se contentan con obras provenientes de presupuestos participativos, que en muchos casos son seleccionados por burócratas al interior de oficinas cerradas. Así, un contribuyente de a pie jamás hace respetar sus derechos porque sencillamente predomina la viveza de estos primeros. y si hablamos de herencia política que recibe un ciudadano, sí, sí hay una herencia, hay muchas herencias, y estas son entre otras, obras hechas a última hora, pistas que se descascaran, fuentes de aguas de colores, monumentos estrambóticos, estrechas lozas deportivas, pero nada, absolutamente nada, que tenga que ver con programas de talleres artesanales para jóvenes, programas de productividad familiar, e inclusive mejoras en la calidad educativa de los niños y niñas. "¡Qué va!", dicen ellos, "¡Dale un circo, lugares para que se tomen fotos y de vez en cuando ponles un concierto!". Uhm, ¿Qué pasaría- y parafraseo al genial Czeslaw Milosz, escritor polaco-, si el poder cambiara de manos?, en fin.

Es por ello que, el cuestionamiento es importante porque hace que las personas no sojuzguen su propio poder de realización creyéndose desmerecedores de su propia felicidad. Si la gente aprende a cuestionar, a criticar, a negarse a seguir, esto es si la gente destierra por completo todo intento de fideísmo entonces, será capaz de rebelarse a su propia debilidad individual de sólo oír y callar para pasar a convertirse en entes activos que promuevan actos colectivos abiertos y propongan teorías de pensamiento, en fin. Luego, el acto del pensar es importante porque nos hace darnos cuenta de quiénes somos realmente e individualmente, ya que vale más el no seguir que el obedecer. De allí que sea imperioso reafirmar ahora más que nunca que se necesitan escritores comprometidos con los cambios radicales; se necesitan pensadores que formulen teorías y propongan sugestivas propuestas desde sus múltiples campos de aplicación cognitiva, amparados y fundamentados sólo en eso que se puede llamar subversión mental y consciencia crítica. Se necesitan individuos disidentes y claros a la hora de expresarse, alejados de todo lenguaje retórico, procaz y mordaz.

Todo ello me lleva a pensar finalmente que, yo no puedo ni podré criticar una corrupción jamás, si soy parte de ella, si convivo con ella, o si disimuladamente le saco la vuelta a mi consciencia con el fin de soslayar lo que debe ser cuestionado en su momento. El hecho de que yo denuncie una corrupción, no me hace menos corrupto: si alguien calla o no, eso es cuestión de cada quien. No me interesa el hecho de que alguien salga y pregone su moralidad, la consciencia juzga mejor. Luego, - y pienso mucho en ello- hay una forma de combatir socialmente la corrupción de una vez por todas, y esta radica precisamente en decirle (y enseñarle) a la gente a cuestionar, a reclamar, a no callar. Si enseñamos a la gente a revelarse contra su propia debilidad y miseria moral estoy seguro que habremos empezado a cimentar nuevos tiempos. Esto me hace pensar en una parábola, aquella que habla del trigo y la cizaña, pues aquí ambas deben crecer juntas, cuestionamiento y corrupción, y una vez listas para ser segadas corresponderá a las nuevas generaciones cortar las indicadas o no indicadas. ¿Y nuestro papel? Ah, sí, claro, el nuestro, por supuesto, para no olvidar, nosotros pasaremos a ser adscritos a esa generación de hombres y mujeres que quedó en el pasado llena de precursores y próceres de una nueva sociedad.

9.00 pm

Fragmento de: "Los días van y vienen. Lima, 2015. Víctor Abraham


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