domingo, 4 de noviembre de 2012

¿Qué está pasando en realidad?: Preguntas y respuestas

La preocupación: Respuestas a una interrogante formulada  

Hace una semana conversaba por una de las redes sociales con Hanna Hernández, una psicóloga, activista mexicana y muy amiga mía a quien tuve la oportunidad de conocer durante su paso breve por Lima a finales del año pasado. De nuestras conversaciones siempre rescato muchas cosas, hablamos de todo, de cultura, de lugares turísticos, formas de pensar y modos percibir las cosas, en fin. Debo reconocer que aprendo mucho de su amistad, pues su espíritu noble de servicio social es muy digno de seguir. La cito ahora, porque hace dos días leí una pregunta que ella había lanzado a los ciberlectores -bueno, yo me considero uno de ellos-. Ella se preguntaba,  

¿Por qué en algunas empresas piensan que la vida humana tiene un valor monetario y se creen con derecho de disponer de la totalidad de tu vida -la del trabajador, interpreto-?  

Esta pregunta, dio en mi cabida a una respuesta corta primero, pero luego más profunda. En ese entonces, sólo atiné a referir dos opiniones:  

1. Por que estamos en el contexto histórico de la deshumanización, nos dirigimos hacia él, y me temo que esto será inevitable tarde o temprano, sin embargo pienso que es necesario hoy ayudar a sensibilizar en las emociones, tal vez esto - me refiero al mundo de las emociones-, sea el freno más contundente en nuestro intento por retardar este proceso y en parte - aunque utópico para muchos- a detenerlo.  

2. ¡Las emociones!..., en la sensibilidad de las emociones humanas está la solución a tanta irrisoria barbarie abyecta y falta de compromiso....hoy perceptible, producto de una incoherente sociedad generalizada.  

Esta nota, descrita a modo de ensayo, lleva el sello de una respuesta reflexiva y final:  

Me temo que sí, que sí es cierto que hoy no sólo las empresas, apreciada Hanna, sino los individuos en su gran mayoría- y esto es lo penoso y decepcionante- han pasado a darle a la condición humana un valor monetario, y por lógica si se trata de dinero, a usarla disponiendo de ello al libre albedrío irresponsable e insensible, y lo que es aún peor, no tan solo las condiciones humanas propias, sino también las ajenas.   ¿Qué está pasando en realidad? ¿Qué está sucediendo con las personas?, hoy enviaba una pregunta abierta por mi cuenta de facebook, ¿seguir creyendo en la personas o no? Supongo que el resultado de estas respuestas, dará pie a otro ensayo breve.  

Luces para una salida  

Me temo, como ya dije en la respuesta 1, mencionada líneas más arriba, y me reafirmo que hoy el contexto histórico que nos circunda es la: deshumanización, ésta, tarde o temprano cubrirá todos los espacios y será irremediable- y lo siento, por los más jóvenes-, no hay escapatoria. Sin embargo, puedo alentar desde esta tribuna a mantener la fe, el derecho y la obligación asimismo a defender nuestras convicciones - si es que aún las tenemos o las que aún nos queden, y que permitan revivir las ya gastadas-, sí sólo puedo decir por ahora, que no podemos fracasar en nuestro intento por ser mejores personas y decirle no, a los malos ejemplos. Decir, que ser firmes tal vez no sea la tabla de salvación para tantas barbaridades, pero estoy seguro que nuestra firmeza permitirá que las nuevas generaciones, qué digo, las presentes generaciones vean como modelos - esta es mi mayor esperanza-. Decir hoy más que nunca que ser uno mismo vale, vale por mil o tal vez más, al margen de todo, de todo lo demás. Decir que las mentiras jamás han tenido ni tendrán cabida, no deben tenerla ahora, con mayor razón. Decir desde esta ventana virtual, que la rebeldía es buena y saludable porque imprime un deseo generoso de libertad, no de libertinaje- entendámoslo bien-, sino de libertad. Decir que en las emociones, en la sensibilidad de las emociones puede estar la esperanza que pueda detener o retardar este proceso maquiavélico, que hoy pocos se den cuenta o no se nieguen a entenderlo.
 
Finalmente, hacer un compromiso todas y todos para ponernos de pie y decirle: ¡NO!.......a la vida vacía y frívola carente de sensibilidad y valoración a lo que somos realmente, la misma que sólo conlleva a la angustia estúpida del cada día. Decirle:¡SÍ!, en cambio a las emociones, sentimientos y pasiones, a todos los afectos y sensaciones, a todos!............... AFECTOS, TOTALES AFECTOS!!!!!!!!!  

Soy un escritor, y ese es mi mayor compromiso con todos y todas ustedes.  

Hanna, un grande abrazo a ti, y tu patria mexicana que tanto aprecio y valoro.  

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

miércoles, 31 de octubre de 2012

Una interpretación existencialista de la vida

"¿Pero, es que nadie está dispuesto a sentir?",  dijo mirando -de una vez por todas- con las lágrimas apenas contenidas para no seguir sollozando. Miraba a todas esas caras angulosas y desdeñosas, algunas de las mismas transitaban entre el test blanco y el tono mestizo, sin embargo eran al fin y al cabo, caras indiferentes.  

Estaba decidido esa tarde a hacer el encaramiento más valeroso que jamás volvería a intentar en adelante, seguro que sí, no por que no se atrevería después, sino porque ya no había tiempo. Su destino sería cortado dentro de poco por la misma inexistencia vacía de su vida . Luego, gritó inconteniblemente: "¡Necesitamos emociones, sentimientos, pasiones, en fin..., humanas sensaciones!" 

(...)

El suicida gritó: "¡Sólo un hombre que bordea el caos cerebral puede contemplar los límites de la vida misma, lo demás es pérdida de tiempo, te lo aseguro, una maldita pérdida de tiempo!" Le miré con los ojos, sí, sí con esos únicos ojos y con esas únicas miradas, que sólo un suicida que merece respeto debería recibir.

"¿Hay otra propuesta fuera de esta irresoluta pérdida de tiempo?", dijo mostrando unas lágrimas desesperantes, las mismas que discurrían piadosa y desconsoladamente por su faz tierna y desesperada.

"¡Sí, sí, la hay, la hay, le juro que la hay, esa, esa es la fe!", dije.

"La fe, nada más que la fe, la justa y necesaria fe en quienes creemos y de quienes esperamos- y volví a afirmar-, no perdemos, sino ganamos, y no importa si alguien se da cuenta, o no de ello al final. Lo importante es el intento de creer cada día y seguir creyendo con más fe cada día."

(...) 

(De: Los días van y vienen. Lima. 2012)


***

Introducción al problema

El cuaderno de:  "Los días van y vienen" constituye un libro de relatos. Allí se trata de hacer una interpretación existencial a la vida humana, por el momento está inacabado, pero si hay algo que debo afirmar es: que se viene retroalimentándolo de vivencias, sí, de esas humanas vivencias diarias, algunas propias y otras ajenas. Todos estos relatos tienen un similar corte -al menos en su mayoría, hecho que me enorgullece desde ya-, estos - en muchos casos- están tejidos bajo una misma madeja: la autobiográfica, quiero decir escritas en primera persona. Aunque aclaro: No siempre los escritos en primera persona llevan necesariamente relación directa con las vivencias del autor, tal vez indirectamente hayan pasajes propios sin quererlo, pero jamás habrá una proporción certera ni fehaciente. El grado de relación sólo lo sabe el autor. 


Decidí incluir a esta nota que hoy escribo, más crítica y analítica que literaria, fragmentos de uno de los relatos, tal vez con la única finalidad de ejemplificar lo que afirmaré posteriormente, y por supuesto dejar también en libertad a los lectores para que puedan emitir su fallo, total todos pensamos e interpretamos las cosas de diferente manera.


Las afirmaciones e interpretaciones filosóficas



Hoy parecería que las ideas han quedado supeditadas a los poderes económicos, esa hipótesis quizás sea más adelante una de las formas lógicas de explicar el por qué estamos atravesando una grave crisis de valores. 


Hoy más que nunca se hace necesario que entre las personas se promueva un llamado radical para despertar en las demás personas un compromiso individual de sensibilidad y una consciencia emocional para elevar la calidad de eso que llamamos en formación cívica, seres humanos.

Tal vez nuestra felicidad, hoy no es completa ni satisfactoria porque la anteponemos y la condicionamos siempre y a cada instante a factores externos que nada tienen que ver con ella, como la cosificación (mercantilización)del género -ya sea hombre o mujer-, la materialización de ambiciones que escapan al normal deseo de tener -sólo por el hecho de lactar cosas ya no necesarias, sino innecesarias-, la necesidad de mostrarse superior al otro, la anteposición de status socioeconómicos -o de piel en el peor de los casos-, y hasta las necesidades de cuerpos físicos. Todo esto, me temo que resulta incompatible con lo que solemos llamar felicidad, y lo que es peor esto no indica más que una pobreza del espíritu, sí, de ese espíritu humano que olvidamos que llevamos dentro. 

Hoy está claro que los problemas de estas sociedades actuales radica en sobremanera en su pobre estado de consciencia emocional, o lo que llamaríamos pobreza emocional. Tal vez hoy, el existencialismo sea una forma de explicación a los problemas emocionales de este mundo presente, porque es a través del existencialismo que se percibe al ser humano en toda su intensidad, en sus miedos, anhelos, sensaciones, frustraciones, odios, contradicciones y esperanzas de fe fallidas. 

El existencialismo más que una forma de suicidio mental como refieren muchos estudiosos de la psicología y de la filosofía, es al contrario el punto de partida para entender y comprender los móviles que mueven las acciones de los hombres y de las mujeres de este tiempo. Sólo por citar claros ejemplos: Heidegger, Rainer Maria Rilke, Dostoyevski, Kafka, Sábato, Fernando Pessoa, Hermann Hesse, Camus, Ingmar Bergman, Cèline, Heinrich Böll, en fin sólo por citar a algunos como ya dije.

Pessoa y Hesse, dos interpretaciones distintas de asumir un modo de existencialismo


Una amiga mía y escritora, Patricia Tauma Romero, tuvo el buen gesto de compartir parte de este texto que hoy lo presento en toda su extensión, pues tengo por costumbre compartir fragmentos de mis crónicas y notas en las redes sociales previos a su construcción, los mismos que finalmente termino depositando en este blog o página virtual, o como quieran llamarlo. Precisamente, un joven hacía un cuestionamiento a estas palabras, por eso aclaré al inicio, son interpretaciones mías, nada más y cada quien es libre de dar también su propia interpretación a estas palabras. Él refería dos cosas, que considero necesarias e importantes analizarlas: 



  • la primera, que el existencialismo de Fernando Pesoa no era sino una actitud contemplativa y de permanente duda propia sobre el cristianismo esotérico. 



  • la segunda, que Hesse sería un existencialista, tal vez más cercano al sentido original de la sensación de Kierkegaard, pero con la diferencia que su compromiso apuntaba hacia otro lado.

Bueno, en primer lugar resaltaría algunos aspectos del existencialismo, como es la preocupación por el "yo" subjetivo, la nada, la desesperación e inclusive la angustia que no son más que engendradas por las emociones. Bajo esa óptica, debo reconocer que  Fernando Pessoa no existió, tal vez se resistió a existir, he allí su multiplicidad por lo que debo reconocer lo acercaría más a un post estructuralismo francés - que radica en la multiplicidad, sí esa multiplicidad que nos indica a un Pessoa que sólo existió como un cliché que nombraba a un cuerpo despedazado en múltiples personajes literarios - sus heterónimos-, o dramas de gentes que él firmaba, un hombre perdido en su obra, en sus personajes, que se animaron a cobrar la vida que Pessoa jamás pudo cobrar, sin embargo su preocupación y acercamiento a la razón, a la esencia, al sujeto lo acercarían, sino en forma, por lo menos en fondo, he allí me atrevería a citar su "Libro del desasosiego". 


En segundo lugar, Hesse y sus historias: "El lobo estepario", y "Siddhartha", sólo por mencionar estás dos nos da una evidencia clara sobre la preocupación existencialista, en la primera novela: el dilema expuesto sobre la identidad humana, el hombre y el lobo, la virtud y la humanidad, en contraste con la satisfacción salvaje del instinto y la misantropía -aversión al género humano-. En "Siddhartha", con una óptica más religiosa, cargada de una profunda desilusión e infelicidad. Este mundo está lleno de miseria humana, nos intenta decir, amargura de vivir entre seres deshechables, pero que es necesario adentrarnos al mundo interior pare encontrar las respuestas a los actos - tal vez he allí el lado más religioso y filosófico que sobre Hesse se pueda hacer-. Me quedo con estas interpretaciones más que suficientes para indicar que las emociones existencialistas de Hesse alcanzan mayor dimensión si son elevadas a la sabiduría filosófica. 

Hacia un deseo de búsqueda e interpretación existencialista


La respuesta, claro, claro que debe haber no una, sino muchas respuestas. El intento, debe hoy radicar en que nuestros estudiantes de la psicología, de la filosofía, de la antropología, y de las demás humanidades empiecen a desarrollar dentro de sus tesis de investigación muchas, hartas, bastantes teorías que expliquen y defiendan las emociones. Pues el papel de interpretar los múltiples problemas -de esos que yo llamo vacíos emocionales, y por ende existenciales y que es necesario hoy en día darles interpretación- , recae hoy más que nunca en los estudios de las humanidades.



Estar comprometidos con la historia hoy en día, significa estar preocupados por sentir, por querer, por sentir mucho, por querer mucho, por sentir mucho uno mismo, y por hacer sentir también a los demás, hacer sentir sensaciones de bienestar, hoy el reto es ese, sin embargo este mismo reto adquiere mayor dimensión cuando dejamos que esas sensaciones se hagan posibles en los otros, quiero decir cuando queremos a otros y nos dejamos querer también por los otros.

Como ya dije anteriormente en otras notas o crónicas que suelo escribir que son, han sido y serán las relaciones familiares a lo largo de la historia -esas, que se dan de padres a hijos, de hermanos a hermanas, o de cónyuge a cónyuge-, la tabla de salvación para encaminarnos hacia una sociedad de futuro más humana, más afectiva y sensible. Por tanto, es allí donde se requiere trabajar más, y este no es sólo un trabajo de los psicólogos o los maestros, menos de los religiosos, sino de cada componente social al interior de cada familia propia.

Al final, pienso que no somos más que fragmentos de experiencias conducentes a esa gran obra- tal vez esa obra cumbre que tanto busca un escritor joven en vida ensayando papeles tras papeles cada noche al interior de su cuarto y que siente que ya está cerca y sin embargo aún no llega-, sí, no somos más que instrumentos de una obra mayor, obra que casi nunca esta terminada sino hasta que el destino invisible hace un corte trágico a su desarrollo, siendo por fin terminada y presentada no por el que lo ansía, sino por otro u otros, todos pertenecientes a un distinto y posterior tiempo. Esa obra maravillosa hasta las lágrimas futuras, e irreconocible -producto del silencio absoluto que lo envolvió en el presente-, será finalmente develada. Total, trabajar en medio del silencio para proyectarse en el momento indicado, es lo mejor que podemos hacer para darnos esperanza.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

Carta para un corazón de melón (apuntes de "Libertad bajo comparecencia". Lima. 2012)


Corazón de melón:

Sabes?, no podía concebir el sueño, es raro para algunos, y tal vez lo sea para ti también, verdad?, aunque debo decir que para mí esto es frecuente- ¡Lo siento!, tal vez porque sé que te preocupas por mí-, sin embargo debo afirmar que es la noche la que da materiales a mi trabajo de creación cada día, ha sido así siempre, en fin,… Sólo quería escribirte hoy,  a pesar de ser muy tarde, o ser muy noche o estar envuelto por una nueva amanecida.  ¡Diantre!, qué rápido se pasa la hora, ya es muy temprano del día presente.

Es curioso, que sin pensarlo haya sido posible pactar un encuentro casi sin saberlo  y sin proponerlo hace sesenta y cuatro o sesenta y cinco días- tal vez más- no lo sé, ni recuerdo. Tal vez eso ahora sea lo de menos. Sin embargo lo que no puede ser menos es el juego del destino- esa especie de suerte invisible- que me ha conducido todo este tiempo a buenos puertos – esos buenos cariños y buenos afectos que he recibido de ti-.  Fue un sábado, uno de esos tantos y apáticos sábados a los que estaba acostumbrado. Es curioso que de pronto haya podido encontrarte, pero no tanto porque sin pensar te busqué, sino porque sin buscarte te he terminado pensando. Pensando demasiado. ¿Cuánto ha transcurrido desde hoy en que nos vimos por primera vez? ¿Lo recuerdas? ¿Lo recuerdas? , yo hago el remoto esfuerzo por recordarlo. Ya he perdido el cálculo desde ese entonces, ya ni recuerdo los detalles externos, pero sí tengo vivos los detalles internos- que son al fin y al cabo los más importantes-. Las cosas que solemos decir, las cosas que solemos hacer, las cosas que solemos pensar, todas estas cosas son las que realmente importan, ¿me has entendido?, son estas y nada más.

Cuando un escritor alcanza la etapa de la creación propia, no ajena, sino ésa que va acompañada del estilo, la intencionalidad y la temática de su pensamiento muchas cosas cambian, cambian alrededor de su vida y su visión por la comprensión general. Sólo cuando un escritor alcanza esa etapa, se puede decir que está empezando a escribir lo que realmente debe escribir, lo anterior  a esto, sólo constituye el legajo de borradores imprecisos y miedos impropios de una mente aún infantil.  La mente revela al cuerpo. El escritor que empieza a alcanzar la etapa de la creación propia pule la mente, y esta se revela al cuerpo, ya no de manera imprecisa, sino precisa.

Espero, que al leer esta nota, sólo puedas regalarme dos cosas, aunque no pueda verte: la primera, una sonrisa, y la segunda, otra sonrisa. Esto es lo más importante, lo importante debe ser siempre estar alegre, lo importante debe ser siempre sonreír, no una, ni dos, sino las veces que te sea posible hacerlo. Vale? Un abrazo sincero y te estaré esperando hasta el próximo regreso.

Pequeña querida, mi querida pequeña.

Pd.- ¿Sabes lo que haré cuando te vea?, ¿Lo sabes, verdad?, dime que lo sabes…

Inmensamente tuyo.

V.A.

(De: Libertad bajo comparecencia. Lima. 2012)


***
Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

martes, 30 de octubre de 2012

Apuntes de: "Libertad bajo comparecencia". Lima. 2012.


(...)

-No importa quiénes seamos, o cuál sea nuestro nombre o apellido, ni siquiera nuestra procedencia ni nuestro estrato o la piel artificial que solemos llevar cada día para impresionar a otros u otras, no, nada de eso importa más que nuestros actos. No importa si somos mayores o menores en edad o en estatura física, no importa si nos critican por lo que parecemos, o hacen halago de nosotros sin conocernos -total sólo son apariencias pasajeras-, eso en realidad es lo de menos, lo más importante es ser nosotros mismos y esmerarnos cada día en mostrarnos así. Me has entendido? -

-Los actos, los actos, sí , sí, ya sé que me vas a decir que son los actos los que determinan todo, las palabras, las interminables palabras ayudan, dan fe y esperanza también, te he escuchado decir esto siempre, tantas veces, tantas veces que ahora lo sé, lo sé muy bien, papá, lo sé muy bien, sé muy bien, lo que debemos ser, lo sé-.

***

Nuestros diálogos simétricamente iban de una dirección a la otra, yo lo miraba, él me observaba, las palabras se iban sucediendo - a veces verticalmente, otras horizontalmente, los tonos casi siempre variados, se tornaban gentiles y alegres, y eso era suficiente para sentirme protegido. Sus nobles palabras eran sinónimo de protección y amistad, más que padre e hijo, éramos un viejo sabio y roído por el tiempo, y un pedacito de pequeño niño. Hablábamos, y hablábamos a veces también con el silencio, nuestro silencio, silencio que era suficiente para saber que hablábamos de lo mismo, o al menos que nuestra intención era la misma. En un extremo de la esquina amarilla, frente a frente separados por una cuadrada mesa sobre la cual se esparcían muchos periódicos amarillos y viejos, yacía una conversación, una agradable conversación, afuera el viento silbaba y las olas del mar se estremecían a cada golpe invernal de setiembre. 

(De: Libertad bajo comparecencia. Lima. 2012)

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Perdona nuestras deudas así como nosotros..., ¿perdonamos a nuestros deudores?

“Si se va a morir en un mes o dos meses, hay que soltarlo,..." 
(Alejandro Toledo, expresidente de la República del Perú y líder del partido político Perú Posible, en declaración para la prensa)

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¿Un mes o dos meses para morir?¿Soltarlo? Sr. Alejandro Toledo, por favor, esas no son palabras de un exmandatario, sino de un hombre que habla con el odio. ¡Dios, Sr.Toledo hablamos de un Ser Humano, no de una bestia!


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Ayer, martes 24, cuando regresaba a casa por la tarde, luego del trabajo diario, me detuve brevemente en un puesto de periódicos como siempre lo hago a leer las portadas de los diarios del día. (Es una costumbre mía adquirida desde hace mucho tiempo, es curioso que no recuerde desde cuando lo hago, pero sin duda que este hábito lo hago con frecuencia.)

Un futuro matrimonio de una pareja de espectáculos -con parte y todo-, bien por ellos; un par de conductores otra vez se amistaban -¿no sería mejor que lo hicieran de manera privada-, pero entiendo su necesidad de publicidad-; temas de un indulto que tiene dividido a la mitad del país; temas de política nacional; un cuestionado fútbol versus un ovacionado voley; temáticas internacionales; temas culturales otros de espectáculos, todo igual, sin embargo me llamó la atención las declaraciones del Sr. Toledo - y no es la primera vez que escucho o leo sus declaraciones algo ligeras sobre algún tema determinado-. El pronunciamiento esta vez era sobre un tema coyuntural tan delicado que tiene dividido, como ya dije al país desde hace varios días. Mi posición irrestricta - como ya lo dejé expresada en una nota que escribí hace más de quince días, sito el texto en http://mariodelperu.blogspot.com/2012/10/hacia-una-sociedad-del-perdon.html -, se inclina en favor de la defensa de la vida, y respeto por la persona humana, sin importar filiación política o clase socio- económica. Afirmo esto, porque he recibido duras críticas, e incluso no hubo quienes me quisieron encasillar dentro de un partido político, hecho que me llama la atención. 


La verdad, es que no pertenezco a ningún partido político, no porque no quiera asumir un compromiso social, sino porque para ser sincero me cuesta someterme a una disciplina reglamentaria. Me cuesta someterme a las ideas carentes de ideologías de grupos amplios o reducidos que equivocan la visión del quehacer político, debo reconocer que me cuesta también seguir las indicaciones o acciones de los líderes que guían estas agrupaciones. Respeto a quien o quienes lo hacen. A veces es necesario, es vital, reflexionar antes de convertirse en seguidor o adepto de algo o de alguien. Hay que cuestionar, cuestionar mucho; en el juicio crítico está la mayor comprensión, la mayor comprensión a los sucesos diarios. No necesitamos embanderarnos en ningún partido o agrupación política para asumir una posición de sensibilidad humana. (Sin embargo, entiendo cuando alguien dice: "en grupo puedes alcanzar ser escuchado", aunque dudo mucho que así sea, en fin cada quien es dueño de sus decisiones.) La posición que uno adquiere muchas veces respecto a algo está fundada más que en meros deseos mediáticos, en experiencias personales o en ideologías que se ha asumido como forma de vida.


Decir que podemos "soltar" a una persona - como si estuviera enjaulada-, hecho que me parece no tan prudente por la expresión no es correcto, como tampoco lo es decir: "si va a morir en uno o dos meses". Me llama la atención que aún haya personas que vivan del rencor. Yo pregunto: ¿A qué tacho estamos enviando hoy por hoy nuestra sensibilidad? ¿A qué tacho estamos tirando esa frase que aprendemos cuando somos niños: "Ama a tu prójimo como a ti mismo"? ¿y dónde queda la expresión que fervientemente repetimos cuando participamos de las celebraciones cristianas los domingos, los Te Deum, o cualquier otra fecha: "Perdona nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores"?, en fin, ¿ A qué tacho estamos tirando nuestra calidad humana? Yo recomendaría- con el mayor respeto de la agrupación política del Sr. toledo-, que alguien asesore mejor a su líder al momento de proferir palabra alguna.


Termino esta apreciación citando una expresión que ya dije una vez, y lo reafirmo: "Entiendo que siempre se nos haya enseñado a juzgar a las personas por sus actos y a condenarlos o a premiarlos, pero está en nosotros ampliar esta visión y llevarla más allá de cualquier entendimiento.  No, no estamos para promover una sociedad de odio. No, así no funcionan las cosas. Nosotros somos parte – o debemos serlo, si aún no lo somos- de una nueva generación que no está cimentada por el odio , sino por la oportunidad de cambio, de perdón y entendimiento. "




Desde Lima, Ciudad Capital del Perú. 
Víctor Abraham les saluda.

lunes, 22 de octubre de 2012

dos adolescentes, dos relatos, un estilo: a propósito de un concurso de relatos.

De mi niñez a mi adolescencia 
(Nota autobiográfica. Fragmento)

Autora: Stefanny Vasallo Drago. (13 años)
Primer premio: 2do año secundaria
Colegio: Nuestra Señora de La Merced. San Borja.


Hace muchos años atrás era una muy pequeña y linda niñita, muy dulce diría yo. Empecé a asistir al nido. Tenía muy buenas notas, siempre iba y venía con mis stickers pegados en la frente, -cuando no- un chupetín como premio por haber respondido bien.

(...) conocí a muchos amigos allí, a algunos frecuento hasta hoy. Es curioso que en el nido lo único que aprendas es a pegar bolitas de papel crepé, o intentar pintar una figura sin salirte de la línea.

Niñez divertida, jugaba con mis muñecas y con mi hermano que me lleva algunos años.

En la niñez no faltan las caídas, cuando corres o intentas huir de tu mamá, sólo por el hecho de quererte dar de comer o algo por el estilo. Recuerdo que tenía siempre conmigo un peluche de conejo -aún en la mayoría de las fotos salgo abrazándolo-, hasta ahora lo tengo guardado.

(...) me gustaba el Heber, una marca de papilla, especialmente el de manzana; siempre la pedía y comía muy rápido.

(...)años después crecí y pasé a primaria. Creo que mi primaria no fue difícil, recuerdo que siempre me sacaba veinte en los dictados. Tenía buenas notas.

(...) fue una de mis profesoras preferidas, siempre me ayudaba sino entendía algo hasta que tuve que pasar al tercer grado y me tocó la profesora más mala de todas, me odiaba totalmente, me jaló en matemática y tuve que ir a nivelación de verano.

(...) finalmente pasé a la secundaria. Después de algunos años me cambiaron de colegio, dejé demasiados amigos y más de cinco años de estudiar ahí. Recuerdos...ahí.

Así que debo mejorar en mis cursos y otras cosas más, ya que estoy en la adolescencia y es una de las edades donde los chicos se desequilibran más.


***

3MSC (CORAZÓN) (Fragmento)

Autora: Olenka Navarro. (13 años)
Primer premio: 1er año secundaria
Colegio: Nuestra Señora de La Merced. San Borja.

Él estaba ahí. Se llamaba Hugo, pero le decían "H". Él era un chico muy lindo, corría motos. 

Yo me estaba yendo a la escuela, bajé la ventana de mi carro y vi a un chico, me dice "fea", lo único que hice fue mirarlo y volver a subir la ventana. Luego, llegué a mi escuela, y justo había un examen sorpresa. ¡No había estudiado nada!

Regresé a casa, estaba muy cansada, pero justo me envían un mensaje diciendo: "Hoy, fiesta en mi casa." Me alegró mucho. Ya era de noche, decidí cambiarme, bañarme y ponerme un vestido muy lindo de color blanco. Salí. 

Cuando llegué estaban todos los de mi colegio, había música y un DJ. Se veía divertida la fiesta. Vi a mis amigos, ellos estaban adentro de la casa, pero se veía que se estaban divirtiendo mucho. En la puerta, algunos chicos que hacían demasiada bulla -nunca faltan-. Era él, el mismo chico que me había dicho temprano "fea", lo reconocí. Me miró, me sonrió y a mí definitivamente no me caía.

Luego, me fui con mis amigas a bailar. Estaba aburrida y estresada (necesitaba desestresarme). No me di cuenta cuando fue que él me terminó agarrando la cintura. Le tiré un puñete, y dije: "¡qué haces acá!". Él dijo:"¡Parece que el destino nos une!". Me quedé callada y me fui. 

Al poco rato, en la casa, las cosas se salieron de control. Él y sus amigos estaban haciendo desorden, mucho desorden. La casa era de Celeste, mi amiga y anfitriona. Ellos estaban haciendo burbujas en la piscina. Hugo -que así se llamaba-, me cogió y tiró, como estaba cerca de la piscina, caí. Caímos los dos. Dije: "¿Qué te pasa estás loco?". Él sonrió, dijo: "Estás bonita". Me fui, me sequé. Decidí irme a casa. mi amigo se ofreció en llevarme. Estábamos hablando tranquilos, cuando de repente vi atrás, cinco motos (en una de esas estaba Hugo)

(...) habíamos quedado Hugo y yo.Él me miró y dijo:¿No vas a dejar que yo te lleve? Yo le dije:"¡Claro que no!". Se rió. Dijo:"Bueno". Justo pasaba un taxi, hice que parara para llevarme a casa. El taxista dijo:"Bonita, te llevo con gusto", Hugo dijo, "No lo hará, lárgate." El hombre del vehículo amarillo se fue y tuve que subirme a la moto de mi joven acompañante. (...) Me despedí de él, quien me abrazó, dijo "Quiero salir contigo". Yo le dije: "Bueno, no lo sé, déjame pensarlo." "Está bien", dijo él. Le sonreí y me fui.

(...)Sonó la campanada de la salida y estaba ahí, me dio una carta diciendo: "Tú yo, tres metros sobre el cielo (3MSC) (CORAZÓN). Sonreí, sólo sonreí. (...)


***

NOTAS ACLARATORIAS: 

Ambos relatos presentados a continuación tienen un similar corte, ambos están tejidos bajo la misma madeja autobiográfica, quiero decir escritas en primera persona. Aunque aclaro: No siempre los escritos en primera persona llevan necesariamente relación directa con las vivencias del autor, tal vez indirectamente hayan pasajes propios sin quererlo, pero jamás habrá una proporción certera ni fehaciente. El grado de relación sólo lo sabe el autor. 

Decidí escoger estos trabajos dentro de los muchos presentados al concurso de relatos llevado a cabo este año en el lugar donde vengo ejerciendo mis labores docentes, siempre con el mayor compromiso de resaltar los aportes adolescentes a la literatura, en este caso a la literatura juvenil.

Los relatos presentados aquí - por situación de espacio- son de modo fragmentario. Ambos pertenecientes a dos estudiantes del curso de Comunicación, ambas indistintamente ajenas a grado de estudios, pero estoy seguro idénticas en cuanto a estilo. Un estilo, en el primer caso, sencillo y directo, digo sencillo por el lenguaje expresivo claro, y directo por el mensaje nostálgico vivencial que trae en su estructura.

En el segundo relato, la trama se hace más suelta y alcanza libertad expresiva -hasta rebelde podría decir - tanto en situaciones como en diálogos. Aquí la trama está sujeta a una visión adolescente de la narradora, y su afán por describir esas emociones juveniles que hacen más inquietas y vibrantes el deseo de por interpretar esas sensaciones por la que muchos hemos pasado, sólo que en distinto tiempo y contexto. 

Felicitaciones a Olenka y a Steffany. A seguir escribiendo. 

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

jueves, 18 de octubre de 2012

Apuntes de "Libertad bajo comparecencia" Lima. 2012

(...) decicí hacer un alto para escribirte tal vez porque más tarde no pueda. (...) lo escribí cuando regresaba en el carro esa noche después de dejarte, esa misma noche me vine pensando en tantas cosas que me habían pasado durante este año, pensé en otras que buscaba y que no se dieron, y también en aquellos detalles que sin pensarlo o imaginarlo aparecieron (...) Cuando escibí esa noche al llegar a casa pensé en ti y en aquéllas personas que transitaron por mi vida en el pasado entre ellos mi padre y sus palabras, sus consejos,(...) En fin, cosas que recuerdo. Hemos conversado tantas cosas a través de este medio y bueno sólo he atinado a recordarlas y a darles forma- es mi trabajo al fin y al cabo-. (De: Libertad bajo comparecencia. Lima. 2012)

***
¿Lucharla?, Sí, lucharla, lucharla cada día. Tienes razón, coincido también contigo. ¿verdad? ¿verdad que coincides también conmigo?. Eso sí, no ceder, no ceder jamás, jamás ¿me has entendido? No ceder a nuestras propias convicciones de lucharla juntos, por más atormentadoras o ingenuas, o ridículas, o estrambóticas que parezcan ser, son nuestras convicciones al fin y al cabo. Sólo nosotros conocemos la intensidad de esa lucha, nadie más. Sólo nosotros, y a nosotros nos son atados nuestros propios demonios internos con los que tenemos que luchar para hacerles frente. ¿Tienes miedo? ¿Miedo a la crítica, a la burla histriónica tal vez? No hagas caso a eso, total eso mismo es lo de menos. Lo importante es no fallarle a nuestra propia lucha, sí a ésta no fallarle, porque de ella dependen nuestras alegrías, nuestras ansias, y nuestras realizaciones. ¿Qué si estaré contigo? Claro, que sí, estarás conmigo, y yo contigo, y estaremos con los otros, y los que vengan atrás de nosotros y también de los otros, jamás moriremos. Te juro que jamás moriremos. Y si mañana ya no estoy, y si mañana ya no estás tú, o tal vez si mañana - en el peor de los casos, no estén ninguno de nuestros huesos-, no importa, no importa que ya no estemos, no importa que ya no estemos nosotros entre los otros. Si nuestras convicciones hallan nido mañana, entonces habrá valido la pena habernos conocido. (De: Libertad bajo comparecencia. Lima. 2012)


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Concordamos en ideas pares. Las hacemos nuestras, propias. Tú sostienes las mías; yo, sostengo las tuyas. Son nuestras convicciones, nuestras creencias, nuestras esperanzas, son en suma nuestra fe. Nada más que eso. Hoy, como lo será mañana y pasado mañana y un día después de ese pasado mañana seguiremos vivos por nuestras esperanzadoras convicciones. Se lo diré a Carlitos, apenas amanezca, y a Gabriel, y a Susana, y a Pepe y a Sofí, y a todos los que encuentre en la calle, a todos. Les diré sonriendo y extremadamente feliz que anoche hemos asumido un compromiso, más que de cuerpos, y más que de espacios físicos, y más que de amores furtivos, y más que de cenas costosas, y de cartas, y de saludos convencionales, y de tantas y tantas otras, y otra vez tantas y tantas cosas que nada tienen que ver con este compromiso que es real. No lo puedo creer, ni las lágrimas pueden creer que esto sea real. Les diré, sí, sí a todos que ambos hemos asumido un compromiso, más que de espacio finito, de reconocimiento, más que eso, mucho más que eso, un compromiso de proyección al tiempo, a la sociedad, a las consciencia, a esos niños y niñas, a esos jóvenes, a esas criaturas mal llamadas bestias, en fin al orbe que se mueve en ese tiempo infinito. (De: Libertad bajo comparecencia. Lima. 2012)

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Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

Apuntes y fragmentos de nuevos trabajos. Lima. 2012


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entre viajes fuera de la ciudad, regresos a los sitios de infancia, caminatas hasta altas horas de la noche, clases que uno da todos los días por la mañana, trabajos de escritura que nunca faltan y que hago con sutil dedicación por la tarde para sortearlos al próximo día entre los posibles diarios honestos que aún queden, salidas a comer en cualquier lugar, y regresos solitarios a la misma habitación amarilla para seguir haciendo lo mismo hasta que llega un momento en que voces suplicantes aparecen: "ya está bien, párala". Descansos entrecortados breves hasta que amanece, y salidas otra vez para conocer personas nuevas que casi nunca retienes, muchas son desconocidas, pero eso me ayuda a vivir como comprenderás. Conozco, tal vez sin proponérmelo a mucha gente; otros dicen conocerme, y sin embargo yo no - es raro todo este juego de rostros y palabras. Así vas pasando, pasando los días que van y vienen y bueno también vas viviendo y también aprendiendo. Risas, muchas risas, ajaaja, cosas mías, cosas mías; pero cuéntame tú, háblame de ti ¿Quieres? (De: Los días van y vienen. Lima.2012)

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Nunca se está definida una confianza del todo hasta que la percibes directamente y es bueno percibir eso. Es mejor así, tal vez sea porque te dejé un libro mío, tal vez porque te miré aquella tarde que ya no la recuerdo, o porque te hablé de no sé qué cosas. A veces sucede no sé cómo, pero creo que alguien encomienda esos pasos del acercamiento. Luego, nada es igual, todos somos diferentes, y si vamos a olvidar olvidamos, olvidamos esos, esos que se llaman malos momentos de una vez por todas, tenemos cinco minutos, tal vez cinco días, cinco semanas o cinco meses, tal vez sean cinco años. No lo sé, te juro que no lo sé. Y si mejor, no lo olvidamos nunca. Mejor no lo olvidemos. (De: Libertad bajo comparecencia. Lima. 2012)

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Cuando era niño, él me introdujo en este mundo de las palabras, él era un obrero que cada fin de mes durante toda su juventud se dedicó a comprar libros. Lo admiraba aunque nunca se lo dije, tal vez fue una esas pocas personas a quien hube admirado tanto en los albores de mi niñez. Llegó a armarse bibliotecas grandes en casa, muy grandes que el tamaño mismo que me acompañaba resultaba insuficiente para competir con ellas. Tal vez allí, entre esos libros empolvados y entregados al tiempo sin memoria se haya gestado, tal vez sin saberlo el inicio para mí de esta aventura por dar vida a la ficción y entenderla en mi mente aún cerebralmente infante. Fue una etapa emocionante. Después de haberlo conocido, ya nadie me ha leído nada. Ese hombre fue mi progenitor. (De: Libertad bajo comparecencia. Lima. 2012)

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Sí, renuevas mi compromiso diario con esa escritura comprometida con el día a día. Pienso convencido, que sin personas tan gratas y generosas en sus palabras nada tendría razón de ser. Un escritor debe mucho a esas personas nobles de sentimientos, porque sin saberlo ellos mismos alimentan sus vivencias diarias. Sigamos haciendo grandes cosas. Vale? Sigamos impulsando las bondades correctas y corrijamos otras. (De. Libertad bajo comparecencia. Lima. 2012)

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Darse un tiempo para escribir cada día, aunque sea algo corto pero escribirlo al fin y al cabo. Compartirlo. Esto pule nuestra redacción y eleva nuestra capacidad de coherencia y análisis. Leer también es importante, aunque sea un pedazo de periódico viejo de la cocina, leer permite el manejo de un vocabulario más variado y echa las raíces para una mejor comunicación. (De: Profesión del pensamiento. Lima. 2012)

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pasé toda mi infancia en un entorno en el que los poderosos de la tierra no tenían lugar en la tierra de los pobres y los humildes. Su lugar era otro. Ese lugar prohibido, que los niños de mi edad con nuestros padres jamás podríamos visitar algún día. Fue así que el amor y respeto a la cotidiana vida rutinaria del humilde y a sus criaturas era el único mandamiento moral que llevé sobre los hombros de mi infancia. Tal era la única convicción, no hacer daño a un ser vivo y colocar a los pequeños y humildes por encima de todo lo demás.(De: Libertad bajo comparecencia. Lima. 2012)


Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

lunes, 15 de octubre de 2012

Sobre el compromiso y la sensibilidad


En un mundo plagado por tantas miradas indiferentes, por tantos silencios absurdos que parecieran dispuestos a hablar con el odio en la mano, por tantas mentiras que luego son disimuladas por sonrisas forzadas, en fin pobres vacíos que se niegan a llenar su existencia de amor porque piensan que el juzgar es mejor y allí están juzgando - y lo peor que para mal, ni siquiera en son de crítica constructiva-. Si en ese mundo donde pareciera que ya no hay espacio para el perdón, ni para la reconciliación salvo que se compartan los mismos clichés partidarios o niveles sociales. Si en ese mundo donde parecería que no hay camino, salvo camino a la degradación humana. Si en ese mundo es necesario hoy salir con otras armas contrapuestas totalmente a estas mencionadas amenazas, para una mirada indiferente, una mirada de aceptación; para un silencio, una palabra firme y sincera; para una mentira, una verdad, aunque tonta -pero, al fin y al cabo que sea verdad-; para un vacío acostumbrado a juzgar sin importarle aportar, actos de calidez humana, abrazos si es necesario; para esa condena falto de perdón, una reconciliación total, total - he dicho una reconciliación total-; y para esos caminos de degradación, sembríos de esperanza y de fe. 


(De Víctor Abraham en: Profesión del pensamiento. Lima. 2012)



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Querer con el corazón siempre, a todas las personas, a todas sin excepción. Sé que es duro y cuesta, lo digo porque es cierto; sin embargo es necesario, ahora más que nunca es necesario. Esta sociedad hoy hace más difícil ese querer con el corazón, sin embargo para eso estamos, para querer y dejarse querer. El orgullo no es a veces lo mejor. Hemos perdido tanto por hacerlo notar, tal vez más de lo que nos hayamos imaginado y ganado, sin embargo no hay marcha atrás. No la hay. Los yerros enseñan a hacer las cosas bien. Ofrecer disculpas y seguir. Seguir para adelante. Un "lo siento" nunca está demás como tampoco está demás un "gracias". Querer, querer con el corazón siempre y dejarse querer también con el corazón siempre, ojalá sea esa en adelante la mayor consigna que los años que han de venir nos hayan de demostrar.


Ya una vez escribí para una crónica que redactara el año pasado, y en la cual hacía varias anotaciones sobre esto que llamamos sensibilidad. Porque es mi trabajo y mayor motivo de estudio y comprensión para la construcción de mis escritos, el análisis de esto que llamamos: sensibilidad humana.


Aquí refería que: 

"La deshumanidad, la intolerancia y la brutalidad no pueden vencer a los nobles sentimientos y bondades del hombre y de la mujer. La vida antes que la muerte. La sonrisa antes que la tristeza. La emoción antes que el cálculo frívolo y trivial. Lo hermoso ante lo bello. Lo plural ente lo singular. El amor ante el encono. La solidaridad total, total. Ese es el mundo que debemos buscar, ayudémonos todos y démonos fortaleza. La meta es larga, pero no imposible." 

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Supongo que es mi deber como escritor, seguir los lineamientos de los buenos hombres y de las buenas mujeres. Muchas veces otros no somos más que continuadores de esa gran obra, somos instrumentos de una obra mayor, y pienso que esa es la armonía del espíritu producto de la sensibilidad humana. Comulgo con dos de mis maestros más serviciales, cuyos nombres sé que desde que los mencione opacan ya tremendamente mi persona. Debo mucho a sus enseñanzas y vivencias plasmadas en ensayos y escritos literarios, pero también a su perfil coherente de vida. 


He visto siempre en el francés Albert Camus - y supongo que seguiré viéndolo así-, un ejemplo de servicio, un deseo por hacer del arte un arte humano que es la verdadera esencia. Ninguna obra, nada que no lleve en su construcción impregnada esos ingredientes de solidaridad humana y compromiso social. Vale la pena. Pues tenía razón - y ahora lo siento más -, cuando decía que: "El artista se forjaba en ese perpetuo ir y venir de sí mismo a los demás; equidistante entre la belleza, sin la cual no podía vivir, y la comunidad, de la cual no podrá nunca desprenderse."


Es cierto, el artista no desdeña nada, está obligado a comprender en vez de juzgar, a combatir todo intento de mentira y falsedad y denunciarla. El artista obligado muchas veces desde su soledad y anonimato a no callar, a denunciar las tiranías y a resaltar las virtudes más pequeñas, hasta las más desconocidas, y claro, también a elevar el espíritu humano. Un artista que ponga su arte no al servicio de quienes hacen la historia cada día, sino en favor de quienes sufren los atropellos cada día, también he aprendido esto, y del mismo modo asumo mi compromiso de contribuir con mis palabras a estremecer el mayor número de consciencias posibles.

Del mismo modo, debo una comunión absoluta con el alemán Heinrich Böll,de quien he aprendido que todo artista no concibe en su vida más que la búsqueda y entendimiento por comprender su propio sufrimiento por vivir cada día - tal vez más que material, moral- al que, sin quererlo está atado. Son como él refiere, en el payaso Hans Schnier, uno de sus personajes, que son la miseria y la lucha con sus propios demonios los que engrandecen su visión y comprensión del mundo y de las sociedades que les circunda. 




La posibilidad de que convivan en el hombre actos e ideas, de la manera más coherente, sí es posible. Y más cuando esa voluntad está intacta cada día que amanece. Por eso, el escritor debe convertirse en un pulsómetro que mida cada vez-  y de la manera más eficaz y precisa-, esas sensibilidades humanas que no pueden ser ajenas a nuestro trabajo de interpretación y animación de consciencias colectivas diarias. Por eso es importante sembrar en nuestras generaciones venideras esos espíritus críticos, reflexivos, pero también emotivos y sensibles.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.

Víctor Abraham les saluda.

Una movilización sin sustento: el objetivo, aglutinar a la manada; la gran mentira, la democracia

La consciencia de un valor cualquiera sea este da la libertad al individuo, le confiere responsabilidad, acción y fe en el futuro. Los hij...