sábado, 5 de abril de 2014

Sobre la perfección, la obra moral, la vida y el tiempo

Estuve revisando hace poco mis apuntes, y encontré descrita en ellas, en sus registros fechados, una anécdota muy curiosa que hoy he querido compartir con ustedes, se trata de una práctica docente, y de lo que se pudo obtener de ella.

Sucede que una vez introduje esta frase en una de mis conversaciones habituales con mis estudiantes de Literatura, sí, sí, en ese tipo de conversaciones en las que uno puede tomarse una licencia breve, luego de concluido el saber teórico con el fin de profundizar en eso que yo llamo, la esencia del Ser o del individuo, dije entonces- y la escribí en la pizarra ahora que recuerdo-: "Mientras estemos vivos no estaremos acabados en la perfección, es el tiempo  el que determina la consecución de una obra moral".

A algunos les agradó la frase, a otros que la leyeron repetidas veces, les pareció algo "filósofa" (así, con esta palabra me la describieron). Algunos ceños se fruncieron, y otros la copiaron en sus cuadernos. De pronto, uno de ellos me dijo, "Profesor, a qué se refiere con ...acabados en la perfección... y ... la consecución de una obra moral". Añadió luego, "¿Cree usted entonces que la vida obstaculiza la perfección, y que el tiempo es determinante? ¿Qué es el tiempo entonces? ¿Cómo determina el tiempo el proceder de las personas?".

La verdad, es que este cuestionamiento llamó mucho mi atención, pues francamente no esperaba este tipo de preguntas. Entendí, entendí una cosa, y esa era que debía dar una respuesta meditada y sincera, porque siempre he pensado que cuando se nos pone delante un estudiante capaz de elaborar interrogantes o premisas acuciosas, éstas deben ser resultas con la mayor admiración posible. Total, qué sería de los profesores, sino tuvieran del lado opuesto estudiantes que reten sus posiciones y teorías respecto a tal o cual tema, ya sea de índole académico o puramente trivial, y se me ocurre pensar aún más en que si estos jóvenes se les añade la categoría de inconformes acostumbrados a cuestionar duramente - y a diario- las leyes que rigen su propio orden buscando desafiarlas a partir de sus propias observaciones, ya referimos otra cosa: necesidad de saber real, o tal vez eso que muchos colegas míos llaman, aprendizajes para la vida, en fin.

Miré claramente a la clase, y vi al estudiante inquisidor allí, allí metido entre todos y en medio de todos. Vi entonces a través de sus ojos pardos esa necesidad casi "filósofa" de encontrar respuestas a sus inquietudes. Los demás jóvenes hicieron unos cuantos murmullos breves, y luego callaron.

"Indudablemente", dije, "indudablemente que cuando las palabras llegan a calar en las consciencias individuales de los otros hasta el punto de ser tomadas por éstos como propias recién cumplen su función real, ya que la palabra sólo tiene un único objetivo, hacer posible un cuestionamiento de la conducta, remecerla, y promover a partir de ella nuevas actitudes reflexivas y sistemáticas que lleven al individuo a sentirse - y a obrar- mejor".

Acabados en la perfección...

"...Acabados en la perfección", implica, dije, "reconocer las  propias limitaciones del individuo, y entenderlo a partir de allí como un ser sujeto de imperfecciones, pero también siendo conscientes de que éste no puede estar escudándose en esas fallas y errores ocasionales para desistir de su propósito de enmienda, y más aún entregar esta disposición a un círculo vicioso que se sostiene bajo el popular adagio, "nadie es perfecto, por eso yo hice esto o aquéllo", ...¡no!", expresé luego, "así no funcionan las cosas".

"Sucede", añadí, "que la gente actúa como lo hacen los niños, hay que ayudarlos, cuidarlos, protegerlos, pero sobre todo enseñarles, no sé si nuestro trabajo sea ser de soporte permanente o de bastón, pero de lo que si estoy convencido es que aún no ha llegado el momento que puedan hacer uso de su libertad plena, lo otro, lo que se vive sólo es libertinaje que daña al  mismo individuo por eso es menester del hombre cultivar su espíritu a límites insospechados. Luego, la clave está en enseñarles a pensar, en hablarles claro y con la verdad, pero sobre todo internalizar en su mente, en la mente de las personas, que nosotros los mayores -y no me refiero a la edad, sino a la madurez del espíritu que sólo se alcanza a través de la profundización del pensamiento-, siempre estaremos actuando como ese padre que nos muestra el evangelista San Lucas a través de la parábola del Hijo Pródigo, sí, sí, ese padre que siempre estará con los brazos abiertos para contener la desesperación, angustia y dolor de ese menor hijo, de quien sólo sabe que en su búsqueda de libertad, se equivocó, y sin embargo supo que sería perdonado. En suma, la gente necesita ser perdonada, entendida y ayudada, pero esa ayuda ya debe ir al plano de la reflexión y de la confianza en que podrá mejorar. Debemos de creer que la gente como esos niños que dicen voy a cambiar, y que demoran en evidenciarlo porque es un proceso, necesitan acompañamiento, respeto, cariño y acompañamiento. Que el mayor enseñe al menor entonces, y que el firme invite al débil también a la construcción de su propia fortaleza, pero cuál es ese primer paso, sino que el perdón".

...la consecución de una obra moral en el tiempo

"Por otro lado", dije, ".. la consecución de una obra moral", implica ser conscientes de que el Ser humano tiene algo, una responsabilidad, que se convierte de pronto en un imperativo difícil de esquivar, y ése, ése es el de dejar - según Vallejo en sus apuntes de: "El arte y la revolución", un arte socialista que implica según sus palabras-", leí entonces, "una obra que responda al concepto universal de masa y a sentimientos, ideas e intereses comunes a todos los hombres sin excepción(...) una obra... que responda, sirva y coopere a esta unidad humana por debajo de la diversidad de tipos históricos y geográficos en que esta se ensaya y realiza". Cerré el libro, "Eso, eso jóvenes es lo que se llama obra humana, que asociada a la búsqueda de la nobleza se constituye como moral, por lo que nosotros no somos sino instrumentos de esa gran obra".

"Cuando nos preguntamos", dije,  "acerca de si la vida obstaculiza o no la perfección, deberíamos preguntarnos, ¿qué hacemos nosotros durante nuestro lapso de vida en pos de alcanzar esa perfección, y de qué manera nuestros propios juicios y esquemas mentales obran sobre nuestros actos de aceptación o no aceptación obstaculizando ese propósito sano del corazón que enaltece nuestra existencia?"

"Hoy en día", dije, "las personas necesitan sentirse en sí mismas sujetos de credibilidad, y esto implica decir - y pensar- que aún se puede creer en ellas mismas, pero dependerá mucho de los actos concretos que ellas mismas puedan evidenciar en su práctica diaria, ya que las palabras sencillamente no sirven de mucho, sino van acompañadas de estos actos, si no hay coherencia: las palabras sólo se convierten en motivadoras que sólo sirven para contentar, o para alegrar, pero no para dar fortaleza ni base ni ningún sentimiento valorativo, lo otro, lo otro - y me refiero a la fortaleza-, lo enriquece las muestras sencillas y concretas del día a día. Total, sigo pensando que ese querer con el corazón y dejarse querer también con el corazón -siempre que se pueda-, debe de ir tomando forma diariamente bajo ese único sello que se llama, voluntad para hacer lo correcto".

"Jóvenes, últimamente, merced de esta sociedad de consumo que prolifera por todos los estamentos sociales, la gente desconfía, desconfía mucho del otro, y esto es harto entendible -y hasta comprensible- debido a lo que se percibe todos los días en las televisoras y prensas locales: la inseguridad en las calles, y al interior de las propias casas. Siento que la gente anda a la defensiva, con temor, con dudas respecto del otro, esperando de pronto un traspiés ajeno para asestar el duro golpe o "Knock-out" a la consciencia del otro, ya dije, esto es razonable, sin embargo, también pienso que puede llegar a ser patógeno. No me cabe ahora en mi cabeza la idea de pensar en que la gente contrae matrimonio pensando en que se va a separar en algún momento, y lo que podría salvarlo en el futuro es esa expresión casamiento por bienes separados (pensamiento algo absurdo y hasta estúpido pensando en que el futuro nos es incierto siempre, ya que uno mismo determina su futuro con sus acciones, en fin)".

"Por otro lado jóvenes, el tiempo, sí, sí, el tiempo es determinante en el proceder humano. Se me ocurre ahora un vídeo que vi hace poco sobre la presentación del libro, "El viaje del elefante", en el que José Saramago, su autor portugués, dice recordando una pregunta que le hiciera un entrevistador en Lisboa, "Usted, ahora que está en todo, premio nobel, gloria, fama,... qué más quieres buscar", a lo que el escritor agrega,  "tiempo...vida...tiempo y vida para continuar con mi trabajo, con mi mujer y para vivir con toda mi vida de ahora y sus partes, para vivir como vive un viejo, y para continuar  alimentándose, para vivir y para fructificar la felicidad que hay en mí, y la felicidad que hay en otros".

Jóvenes, el tiempo determina el proceder del individuo, determina su originalidad o su no originalidad, calibra la madurez de sus palabras, y confiere rigidez y templanza a sus actos y respuestas manifiestas de éstos. El tiempo es relativo y valioso, es como una saeta que una vez soltada no regresa más, se me ocurre pensar -y parafrasear- ahora una cita de Ernesto Sábato, el autor de "El túnel" - y que el diario "El Comercio" presentara en un artículo corto-, que dice, "cuando uno realmente empieza a entender y comprender la vida hay que morirse". Esta expresión, jóvenes, lleva mucha verdad, el tiempo opera de tal manera que nos cambia y nos hace entender las cosas de una manera más clara y abierta. ¡Luego de ello...!, ¿hay que morirse, no?, en fin.

Tocó el timbre, la clase había terminado.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú. Víctor Abraham les saluda.

domingo, 23 de marzo de 2014

La consciencia moral del individuo: sobre la búsqueda del amor, el problemas de género, y la necesidad del cuestionamiento

Los patrones de búsqueda

La búsqueda del supuesto amor obra en los individuos como una sucesión de hechos repetitivos y contradictorios ajenos a la propia felicidad humana. Puesto que aquí se parte de un imaginario de "mundo feliz", de la necesidad por constituirse en ese "Ser feliz" individual, que sólo piensa para sí mismo, en su propia comodidad dentro de su propio espacio personal, descuidando y -lo que es peor- olvidando que esa búsqueda inicial del supuesto amor conlleva a deberes y obligaciones en beneficio del otro. Luego, yo no podría buscar a alguien pensando en mí mismo, en mi propia satisfacción de placer material o fisiológico, de hacerlo estaría sobredimensionando ese egoísmo patógeno del inconsciente que me dice, "piensa en ti, luego en el otro: si no funciona, ni modo".  Esto que sostienen muchos psicooterapeutas no tiene fundamento humano ya que crea seres disociados de su propia esencia, para quienes  sólo hay un tipo de felicidad, la pragmática y utilitaria, o lo que ellos llaman la felicidad relativa que no es visible ni medible, cuanto menos ejemplificable, ésa, defendida por muchos sectores consumistas y libertinos de la sociedad- y se me ocurre ahora citar a las feministas, los fanáticos religiosos, los vouyeristas de la cultura, los intelectuales carentes de matiz ideológico, en fin, y tantos otros que desde sus propias posturas defienden la felicidad individual y por ende el acomodo o conveniencia-.

Cuando el señor Walter Riso dice, "Depender de la persona que se ama es una manera de enterrarse en vida, un acto de automutilación psicológica donde el amor propio, el autorrespeto y la esencia de uno mismo son ofrendados y regalados irracional-mente", se está olvidando de una noción de amor fundamental que sobredimensiona la caridad por el otro, y ése es el amor altruista, que echa cimientos en la relación de pareja. Aquí no se trata de depender de nadie, sino de asumir cuál es el papel que cada miembro de la pareja acepta dentro de la relación, y ser simplemente justos con éste, al hombre, lo que es del hombre, y a la mujer, lo que es de la mujer. ¿Existe otra propuesta?, claro, claro que existe, ésa, que promueven - como ya he afirmado- movimientos de boom consumista y libertino, pero que no sirve de nada porque sume al individuo en su propia soledad de "independencia" haciéndole creer que en la medida que está sólo, desprovisto de emociones, pero con una autosuficiencia material está mucho mejor porque entonces puede elegir qué hacer y no hacer. Sinceramente, no me veo pensando en esto porque ello sólo promueve individuos operativamente y funcionalmente mejor, pero afectivamente y espiritualmente peor.

El problema de los géneros

Imagen tomada de: http://www.elexitoenvida.com/
Tal vez sea por eso que yo no creo en feminismos ni en machismos porque estos originan libertinajes descarados y abiertos, sentimientos de superioridad hacia el otro género al que menoscaban, así como una serie de frustraciones y resentimientos enloquecedores en los que sus propios actores terminan siendo envueltos por su propia desidia convirtiéndose a su vez  en víctimas "activas" de ese boom insano que lo único que hace es promover toda serie de incapacidades morales y espirituales que entorpecen el camino hacia la propia felicidad consecuente. Luego, todo intento de liberación exagerada del Ser termina dañándolo así mismo porque lo empobrece a nivel de su propia consciencia humana.

Se habla hoy en día -y con mayor reincidencia en algunos sectores femeninos, y hasta masculinos-, que desde el punto de vista antiético las mujeres son vistas como meros objetos sexuales, y es deber de la sociedad orientar a la ciudadanía desde sus tempranas edades hacia una corriente de pensamiento que deseche este mental razonamiento, y eso se hace, estamos en camino de la conscientización, esto es cierto, muy cierto, pero también es cierto, que los hombres son vistos hoy en día como meros objetos de mercancía económica, ¿los ejemplos?, ah, claro, los ejemplos, los ejemplos que saltan a la vista en los medios de información, pero veo que poco se avanza en este aspecto o se promueve en reorientar este punto de vista también antiético. Esto no hace más que afirmar lo que yo llamo: Cosificación de las relaciones personales entre los individuos, y es que en la práctica las mujeres jamás han aceptado ni aceptarán esta subvaloración personal y social, hecho que aplaudo, a diferencia de los hombres que se han terminado conformando con quedar encerrandos en esta triste categorización. Luego, una cosa es defender los derechos de género, y otra muy distinta- y hasta patógena diría yo- es abusar de las libertades que proporcionan estos derechos negándose a reconocer que detrás de ellos también hay deberes y respetos por el otro.

Escribo esto, y recuerdo a Simone de Beauvoir, y a Gabriela Mistral - librepensadoras  que jamás debatieron en torno a un café-, escribiendo en los tiempos de la postguerra sobre las luchas de género, su lucha entonces pienso que era honesta, pues estaban cimentadas en una verdadera razón,  y ésta era la urgencia de libertad ante una sociedad que reprimía con desdén los derechos de una mujer; de reconocimiento y de valía ante la concepción de una mujer desdeñada y culturalmente vejada; las sociedades eran distintas en ese entonces, había - pienso yo- una ideología sana tras esa ambición de independencia, sin embargo hoy en día, los pliegos de estas protestas ya no tienen sustento de libertad cultural, sino que se cimientan en un confort mediático de consumo, de no ver la realidad, y de aprovechamiento por el otro, y esta es una verdad que muchos colectivos feministas no quieren ver porque sencillamente choca con los intereses de quienes reciben respaldo.

La importancia del cuestionamiento a partir de la experiencia y la lectura

Finalmente, para tal fin, es importante que el manejo de las relaciones humanas esté siempre fundada en ello que yo llamo, mayor comprensión de la vida, y esto sólo se alcanza cuando se lee, y se profundiza o reflexiona a partir de ello, cuando se la contrasta con la experiencia del día a día, ya que la teoría muchas veces da soporte no sólo intelectual, sino también moral, puesto que el haber leído tantas historias, apuntes o enfoques nos ayuda a sobrellevar con mayor entereza nuestro paso por esta vida, caso contrario nos haríamos siempre trizas a nosotros mismos culpando a los otros de nuestra propia infelicidad inmediata. Y he allí el problema, cuando la persona trata de tapar sus propios vacíos emocionales con otro tipo de vacíos materiales, sin hacer nada por cuestionar este proceder y superarlo, mas bien acomodándose a esto que él mismo repite cuando escucha decir a la sociedad pragmática y relativa de la que él forma parte pasiva que esto no es sino un "nivel de vida" con el que hay que aprender a convivir. Por tanto, no me imagino asumiendo este nivel de vida sin cuestionarlo duramente, sí, sí , no me imagino no cuestionar este nivel de vida pasivo y escabroso donde operan mentiras y verdades a medias junto con ilusiones utópicas de "bienestar individual y social" alimentados por egos absurdos de comodidad mediática, y que - y eso es lo peor- atañen la consciencia de la propia persona humana. Es  por ello necesario inculcar en el otro el deber de leer, pero también inculcarle qué cosa leer o  por qué leer, y lo más importante orientar al otro a cómo traducir a la obra diaria de la experiencia lo que lee, caso contrario estaremos convirtiéndonos en agentes vouyeristas y snobistas  de una cultura vacía y frívola desentendida de toda acción real. En suma, si no traduce a la práctica lo que se lee, de nada sirve, y si no se cuestiona el propio proceder diariamente tampoco en nada se avanza.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

viernes, 14 de febrero de 2014

Mientras esperábamos la presentación de Keiko Matsui.

A Ricardo Postigo

Sobre el atrapar la vida con las palabras

Siempre tengo por costumbre atrapar instantes de la vida - y ser feliz con ello a partir de esta experiencia-, y cuando digo esto me refiero a atraparlos a través de sus detalles más ocasionales, más simples, usando cómo único método válido que conozco y sé usar, que es la observación, ¿y la escritura?, la escritura sólo es el instrumento que utilizo para describir las cosas más elementales con las que me topo a diario. Cuando hablo de describir, no me refiero sólo al mero hecho de decir, "esto es así", o, "esto de de este color", o, "esto se estaba allí parado o sentado", no, no me refiero a esa suerte de descripción vacía y  convencional que no analiza ni profundiza, sino que sólo se remite a decirnos cómo es, o cómo está algo, en fin.

A veces, producto de mis andares, ni siquiera el color rimbombante de algún objeto mostrado tras la ventana de un escaparate, o accesorio decoroso adjunto al cuerpo de algún ciudadano o ciudadana puede atraparme y enternecerme con tanta fijación hasta acaparar mi mayor atención y detenerla por instantes, a veces segundos, a veces minutos, y hasta algunas veces horas completas, como cuando veo la cara de un niño alegre, o tal vez de pronto la de una joven llorando, o el gesto simbólico de un perro extraño que levanta la pata y no puede orinar nada, y hasta inclusive creo que el tono de voz de alguna señora que viene a mí a pedir algo, en fin.

Ahora pienso, en cómo del mismo modo también un fotógrafo podría percibirse así mismo, luego de captar alguna imagen en movimiento teniendo como único método válido al igual que yo, la observación, pero con la diferencia del instrumento que sería, el lente de la cámara. Luego, debe ser feliz, debe consistir en que se siente de pronto más feliz, si la fotografía sale como él lo ha planeado y enfocado previamente, en fin.

Nuestro encuentro con Ricardo Postigo

Imagen: Asociación Peruano Japonesa.
Escribí esta pequeña crónica hoy a pedido de un amigo, en realidad debía hacerlo ayer por la tarde, pero la entrevista intempestiva que tuve en la universidad me obligaron a dejarla por la mitad. Hoy, ya en un nuevo día me siento a terminarla. Bueno, sucede que hace dos días salimos Magaly Victoria y yo, con destino a la Asociación Peruano Japonesa, aquí en Lima, ¿el motivo?, sí, el motivo era llegar a tiempo al Recital de Piano que ofrecería ya entrada la noche la reconocida pianista japonesa Keiko Matsui. Según el programa el evento presentaría piezas de jazz, smooth y new age. No nos quedó de otra que hacer la fila, nos dieron el boleto 53 y 54, que luego dejaríamos en la entrada. Lo curioso, aunque no tanto para mí, fue encontrar a Ricardo, Ricardo Postigo, una persona que se presentaba ante nosotros como gentil y grata, tenía el boleto 52- me imagino ahora, debido al orden correlativo-. De trato amable y voz pausada, atento y servicial. Es algo curioso sentir de pronto esa extraña sensación que se llama, impresión a primera vista, cuando uno conoce a cierto tipo de persona, porque hay que ser claros acá, la primera impresión siempre cuenta, y más si se trata de estimular en el otro una impresión agradable de amistad., en fin. Conversamos muchas cosas entre temas de desarrollo personal, filosofía, pedagogía, y hasta de investigación, así también tocamos temas más personales. Nos hicimos preguntas, y nos formulamos nuestras propias respuestas. Reímos. Mencionamos algunas opiniones. Hablamos de Tony Buzan y su libro de los mapas mentales, de Goleman y de cómo se hizo conocido y popular en el terreno de la psicología, hablamos sobre los nombres raros y sus formulaciones a partir de los antiguos Almanaques Bristol, que por cierto me hizo recordar a mis abuelos porque ellos lo usaban más, en fin.

Entre conversaciones nos tocó ingresar, lado derecho del Auditorio Dai Hall, quinta o sexta fila, si más no recuerdo. Magaly Victoria se sentó a mi lado izquierdo, y Ricardo, a mi lado derecho. Hubo una demora de casi veinticinco minutos aproximadamente, tal vez un minuto más, tal vez un minuto menos. Hubo incomodidad general, eso no hay que negarlo por la hora, sin embargo, seguimos conversando los tres. Y en una de esas fructíferas palabras, surgió un tema interesante, el cómo un escritor puede atrapar la vida a través de las palabras, intercambiamos opiniones que coincidieron, opiniones que se han desarrollado expositivamente en  los tres primeros párrafos de esta crónica, sin embargo creo que esto es sólo una pequeña porción de lo que significa realmente atrapar la vida a través de las palabras. No sé, pero esto me trae a colación ahora las múltiples autobiografías escritas. (Ricardo piensa que yo debería escribir la mía, pero no creo que tenga mucho que contar a mi edad, en fin. Tal vez algún día cuando esté más viejo, y haya cosas que realmente merezcan ser contadas y compartidas, es que sucede que a veces esto cae, si no se cuida bien la intencionalidad de lenguaje en una suerte de chisme que a nadie interesa). Luego, pienso que las autobiografías no son sino modelos de vivir expuestos con sumo valor humano, lo importante acá no es contar por contar, sino que finalidad subyace como trasfondo a este contar. Finalmente hablamos de Saramago, y de Pilar su esposa, me habló de un vídeo que vi hace apenas unas tres horas atrás, sumamente digno y ejemplar, sobre todo cuando Saramago refiere que son el tiempo y la vida lo que un hombre ansía a los 86 años para vivir, para amar a su mujer, para seguir haciendo lo que hace un escritor, escribir. Recomiendo ese vídeo, lleva por título, José & Pilar - O filme. 

Imagen: Asociación Peruano Japonesa.
Bueno, empezó la función, y con juego de luces impecables como trasfondos, y unas melodías genuinas Keiko Matsui dejó a su auditorio satisfecho. Los timbres acústicos de sonido estuvieron impecables. Estuvimos tres cuartos de hora con Magaly Victoria, luego nos retiramos. Nos despedimos de Ricardo y salimos. Quedé en escribirle, y espero que pueda leer ahora que ya está terminada esta crónica. Sin lugar a dudas que fue un día de nuevas experiencias. Fue miércoles 12 de febrero.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham te saluda, ahora amigo Ricardo.

lunes, 10 de febrero de 2014

Inclusión ministerial: sueldos que van y vienen.

Es que sucede que yo no creo que el aumento de sueldo burocrático, que llega en cuantía mayor a los 10 600 dólares y en menor escala de 1760 dólares, dirigido en su primera etapa a ministros, viceministros, gerentes de Gobiernos Regionales, gerentes municipales y demás funcionarios adjuntos a ellos,  -y es probable que progresivamente alcance también a funcionarios del Estado- que se ha refrendado por Decreto Supremo a nivel del Gobierno, y que el Sr. Castilla, ministro de Economía sostiene y ratifica, vaya a servir substancialmente en el tema de una mejor salud, una mejor educación, una mejor seguridad ciudadana u otros esperados cambios sociales que se evidencien en el contento popular de la gran mayoría poblacional. Es que sucede que esto no es cierto. Un señor que se apellida Pulgar Vidal - y que es ministro de Ambiente- dice, en entrevista a Canal N, el día de hoy, que los ministros vienen trabajando como si fuera el último día de su vida, y que lo aumentos responden a una meritocracia. Uhm, dudo de que eso sea cierto.

El día ayer (domingo 9 de febrero) vi esta noticia en la mayor parte de diarios aquí en Lima, en muchos casos llevaban en sus portadas ácidas críticas, hasta cierto punto entendidas y comprendidas, acompañadas por frases prioritariamente indignantes. Esto si que me era aún más comprensible. Esto es algo que no me causa particularmente novedad alguna. (Esto ya lo veía venir - y pienso ahora con mayor afirmación, he allí la consecuencia de alargar esta supuesta victoria de La Haya, último psicosocial que la prensa peruana ha venido alimentando a modo de distractor ciudadano durante estos últimos días.) La última reunión de ministros llevada a cabo en Tacna, el último viernes 7, y no me cabe la menor duda que fuera para tratar también este tema de aumentos, y sellarla, era ya un sobreaviso a esta noticia que explotaría dos días después, en fin.

El portal web de la Nacion.cl, de Chile, informaba así la noticia, bajo este titular: "Presidente Humala se reúne con ministros en Tacna", sito la noticia en: http://www.lanacion.cl/noticias/mundo/peru/presidente-humala-se-reune-con-ministros-en-tacna/2014-02-07/142715.html. Si menciono todo este marco coyuntural político es para ejemplificar que detrás de algo que se "cocina" sospechosamente, siempre hay toda una trama, o como estamos acostumbrados a llamar algunos sectores poblacionales, "cortinas de humo", en fin.

Los mayores problemas: ejemplos reales

Digo esto porque el problema aquí, no radica en la intención de doblar los sueldos, es preocupante sí, y más por la precariedad de sueldos promedio de la gran mayoría de peruanos, sólo por citar el sueldo mensual de un profesor promedio entre los 352 y los 530 dólares, de un médico fluctuante entre 1080 y 1 320 dólares, y hasta la de un policía que va entre 394 y 740 dólares, ni que hablar del sueldo básico del poblador de a pie que se ha fijado en 264 dólares, sólo por hacer comparaciones expongo esto, pero sin embargo como ya dije el problema no radica acá, en la intención de doblarse los sueldos, sino en el que se pretenda engañar a la población con frases de, " los aumentos serán para todos", "esto obedece a una normativa que tiene como meta mejorar la eficiencia, efectividad y meritocracia", "la ley del Servicio Civil ampara esta medida", entre otras frases nada creíbles (no me imagino ahora la intención de doblar el sueldo de todos los maestros, policías, médicos e inclusive doblegar el sueldo mínimo).

El problema radica en creer que porque se incremente el sueldo de un ministro o burócrata cualquiera todo va a mejorar. Sucede más bien, que hay problemas mayores como:
  • Los bajos presupuestos que se tienen hoy en día para atender a sectores claves del desarrollo social como son: educación, salud y seguridad.
  • La escasa y deficiente capacidad para operativizar mejor los recursos para sueldos y salarios, además de infraestructuras frente al entrampamiento de procedimientos legales a la hora de realizar obras y proyectos versus la agilidad con transparencia y honradez-,  con que se cuentan a nivel de las carteras ministeriales, regionales y municipales.
  • La administración de recursos bajo un régimen de no tan clara transparencia, que de por cierto es muy alto y preocupante.
  • El problema de los gastos públicos personales exagerados, mal venidos y usados, y cierta debilidad a la hora de proyectar una administración pública eficiente . 
Todo esto me hace preguntarme a mí mismo cosas tan simples como, ¿el incremento de sueldo que se plantea ahora en la más alta burocracia en cuanto tiempo reducirá la ejecución de obras, o atenderá el mantenimiento anual de la infraestructura en colegios estatales, incluidos sus servicios higiénicos?, pienso luego, ¿este incremento servirá para reducir los días que se tiene que esperar por una cita en los hospitales, o la espera por una operación en el MINSA(Ministerio de Salud universal), o ES SALUD (Seguro Social de los asegurados)? ¿Cómo contribuirá esta propuesta a equipar farmacias al interior del SIS (Seguro Integral de Salud) haciendo posible que estén mejor surtidas con toda clase de medicamentos y que no sea necesario que el poblador beneficiario tenga que salir a la calle a buscarlos en farmacias de dudosa credibilidad?, finalmente, ¿en qué medida el elevar sueldos burocráticos hará más viable que un titulo universitario se abarate, o el costo de pensiones en los pregrados en algunas universidades reduzca considerablemente? Y las atenciones a los jubilados, o al de sus viudas o deudos, ¿será diferente a partir de este doblamiento salarial?. La eficiencia en este caso, ¿radica en más capacidad o menos corrupción? Pienso, pienso mucho en todo esto.

Yo no creo lo que dice el Sr. Pulgar Vidal, acerca de que el Perú está creciendo económicamente, única y sencillamente porque el ciudadano de a pie de los sectores D y E no ve reflejado en su economía diaria y sus servicios ciudadanos este incremento. He allí en parte el desconcierto, sólo por mencionar los programas MI VIVIENDA, que promueve  el Gobierno, y que sólo están hechos para los sectores socioeconómicos B y C. Eso es bueno. Es harto saludable, sin embargo el problema es que no están pensados para los sectores D y E. Esto si que es algo preocupante. Una familia cuyo ingreso económico no cumple las expectativas bancarias, y que no llega al nivel requerido de aprobación está cada vez más lejos de ver realidad su sueño de la casa propia de calidad por modesta que sea, en fin.

Conclusiones finales

En conclusión, un incremento de sueldo que no cae bien en el sector más importante de la población, ese que sitúa al ciudadano de a pie como usted o como yo, es para preocupar y discernir, y no porque se trate de si sea merecido o inmerecido, sino más bien porque es incongruente e incoherente a esa inclusión social que tanto promueve el Gobierno. El problema aquí no se trata de dinero, ni de nombres de personas beneficiadas con este exceso- que a pesar de todo siempre van a defenderlo-, sino de mentiras reiterativas porque se miente, se miente mucho a la población, pregúntenle entonces sólo para constatar a un anciano fonavista cuántas veces se le ha mentido, en fin. Y me pregunto al final, ¿por qué esa excesiva necesidad patética del Gobierno por seguir defendiendo esa gran mentira que afirma que el Perú está creciendo económicamente y con justicia social cuando no es así?, sino vayamos a dos indicadores claves que me hacen formular ello, los endeudamientos por créditos por un lado, y la incongruencia desatada entre la microeconomía y la macroeconomía que no armonizan entre sí mismas por el otro lado. Total, dejo a buen criterio esta última interrogante, ¿Se ha reducido la brecha existente entre los mas ricos y los mas pobres que distingue a las sociedades modernos?

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

viernes, 7 de febrero de 2014

Definiciones. Capítulo XXX

Pero qué podría decir un hombre como yo acostumbrado siempre a caminar en solitario, a observar minuciosamente todo tipo de muecas raras e histriónicas, a conversar de pronto con algunas gentes, y vagabundear errante por pasajes algo confusos e inesperados, sí, sí, un hombre como yo acostumbrado a llevar constantemente a límites insospechados su propia capacidad de raciocinio mental al punto de ser capaz de definir lo indefinible, y de cuestionar lo incuestionable. Un hombre acostumbrado a vivir siempre en lugares algo fascinantes y hasta a veces nada envidiables, acostumbrado a viajar, a leer libros de hojas amarillas que ya casi nadie lee o no prefiere leer, acostumbrado a vivir las vidas de sus propios héroes ficcionarios. Un hombre que encontró en un payaso alemán, un profesor melodramático norteamericano, un ciudadano argelino degradado al absurdo, un fonetista inglés sus mayores íconos de realización, en fin. Un hombre como yo habituado a cuestionarse así mismo cuando sus métodos de trabajo existencial no les son provechosos o no alcanzan los resultados que desearía, acostumbrado a toparse diariamente con la sinrazón y lidiar con los continuos desvaríos emocionales de su propia sociedad que no puede entender que está enferma porque es cierto, es cierto eso, cómo podría estar sano un individuo que se introduce en máquinas de juego de azar madrugadas enteras aspirando humos de cigarro o alcoholizando de pronto su sangre aduciéndose a sí mismo que está bien, que todo esto está bien. 

Pienso que el gran problema de la mayoría de nuestros escritores e intelectuales del pasado es que no atendieron ni cuestionaron duramente la consciencia moral ni los juicios éticos de valor de sus propias sociedades a partir de sus propias consciencias individuales, y me temo - con relativa pena colmada- que tampoco interesa ésto a los escritores e intelectuales de este tiempo. Cómo podría yo, denunciar algo, que yo mismo ejecuto en cada pasaje de mi vida bajo la acepción extraña de "nadie es perfecto...", en fin. Se habla de delincuencia en las calles, pero no se habla de lo que se está logrando al interior de las escuelas, de lo que están logrando los maestros al interior de las escuelas, se denuncia el mal manejo político de las autoridades, corruptelas, desidias y otras cosas, pero no se analiza a nivel personal el manejo ético de cada sujeto en la sociedad. Yo no podría pedirle a un joven que respete a su madre, si yo no respeto a la mía, como tampoco podría hablar de consciencia ciudadana a adolescentes cuando en mi prioridad no está el ejercicio axiológico personal que me obliga a ser un ciudadano correcto, en suma cómo podría yo decirle a una persona cualquiera que haga algo bueno cuando mi esencia no está definida por la bondad, cuando no hago- y lo que es peor- no intento hacer algo bueno. Luego, pienso que la consciencia de un valor cualquiera que sea éste, da la libertad al hombre, por lo tanto le confiere responsabilidad, un deseo de acción y una fe en el futuro. 

¿Me preguntaste anoche que soy yo? ¿no te basta con todo lo que hemos hablado? ¿No te basta con lo que conoces de mí? ¿que más puedo decirte para que me conozcas?, dime, ¿qué más?, soy escritor, profesor y periodista, aunque he trabajado en todo y de muchas maneras, he conocido a muchas personas en mi vida entre buenas, malas, sencillas y funestas y a quiénes he tenido que sobrellevar, en algunas casos perdonar, y en otros tantos recurrir a su perdón para aliviar en parte mi consciencia. Soy un hombre con mis propios planes de vida definidos, con mi rutina habitual de escritura por las noches, mis cenas relativamente austeras, y mis repentinas salidas fuera de la gran ciudad que me obligan a permanecer por estadías cortas ocasionalmente en Buenos Aires en donde están mi madre y mis hermanas. Un hombre para cuyos ocasionales estallidos de ánimo que se contrastan entre sí mismos, van y vienen al punto de dañar algunas veces a quiénes más quiero, acostumbrado a mis asiduos paseos solitarios de madrugada por estas calles de Lima, ciudad a la que he llegado a querer tanto (es más, diría que nunca me he sentido tan cómodo en ningún lugar como me siento acá); con una mujer que conocí una tarde de septiembre, y a la que amo hasta el delirio, con unos deseos irresistibles de tocar todo, absolutamente todo por medio de la palabra escrita y hablada- porque hay dos tipos de palabras-, con las palabras de mi padre que se convierten cada cierto tiempo de pronto en una especie de moral sobre los hombros que me cuestiona cada día, y con unas experiencias del pasado que me atormentan cada día, ah, ya está, ya está, ya ves que ya está, que ya te dije esto.

¿Qué más quieres que te diga ahora? ¿lo de mis libros, los que he escrito?, ¿los tres que he escrito?, en realidad no son nada, creo que ellos pueden hablarte más de mí mismo, es más, creo que ellos tienen por sí mismos vida propia, y es que sucede que a veces no es necesario hablar sobre las cosas que uno mismo ha escrito, los libros son por sí mismos entes con vida, pueden defenderse solos. Cuando el hombre es más grande que sus propias creaciones está condenado al olvido porque el hombre no es eterno, en cambio las ideas lo son, las obras son imperecederas y sirven a generaciones de otros tiempos. El artista es sólo un artesano que sirve de puente entre los tiempos de generaciones nuevas, unas a otras, pero nuevas al fin y al cabo. El hombre alcanza notoriedad cuando es servil, cuando sus deseos de autorrealización- según Maslow- son implacables consigo mismos. El hombre alcanza notoriedad cuando prodiga a los demás su propio oficio. El arte no es servil, el arte es puro, tan puro como un niño menor de cinco años. 

¿Sabes?, ¿sabes algo más?, te voy a confesar algo más, son mis escritos y mis libros, no los que he escrito, sino los que leído- y sus autores que han actuado como maestros míos-  los que me han servido como tabla de salvación frente a muchos intentos de desesperación segura, e inclusive de desarrollar cierta locura somática irreversible, en fin. Pienso luego, que de no haber sido por ellos, por estos formidables obreros de la palabra escrita, y sus ejemplos de vida otro hubiera sido el virar de mi existencia. ¿amigos, amigos, que sí tengo amigos?, tú, tú eres mi amiga. Te estimo mucho, y eso lo sabes. 

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Apuntes para el libro de: "La degradación humana". Lima. Perú. 2014.


Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

sábado, 1 de febrero de 2014

Sobre la valoración del amor, la gratitud, y los problemas que genera la admiración

Los deberes del amor

A veces no son necesarias las formalidades, las intenciones exageradas y las palabras difíciles para identificarse como amigo o amiga - o en todo caso para dar amor al otro-, ni siquiera las reiteraciones de éstas son imprescindibles. Basta la sencillez que albergamos en nuestra consciencia personal, ésa que sale de nuestro espíritu y que nos embarga por momentos - y que románticos clásicos definieron en su tiempo "guardar en el corazón para amar con el corazón"-, para demostrar con gestos concretos nuestra amistad, afecto o cariño a quienes realmente nos son significativos. Pienso que en la medida en que los individuos seamos capaces de mostrarnos más auténticos, y comencemos a aceptar nuestro deber de amar al otro y de corresponderle con todo bien posible vamos a sentirnos más felices con nosotros mismos, empero, ¿qué es la felicidad?, dirían contrariamente los teóricos del relativismo pragmático, sino algo relativo y ocasional que no es duradera porque pasa según las intenciones y los móviles de los individuos, y que además obedece a las relaciones de cosificación que ellos mismos han terminado estructurando para sobrevivir.  Esto, tal vez en parte sea muy cierto, sobre todo en el aspecto de la cosificación de las relaciones humanas, sin embargo a mí personalmente no me convence esta idea, me seduce más la otra posición que plantea Kierkegaard, cuando refiere en sus "Obras del amor", que "el amar es la gran revolución en el sentido de la eternidad, algo desconocido totalmente para el juego dinámico de las pasiones. Sólo como deber, el amor estará protegido eternamente contra todo cambio, eternamente liberado y eternamente asegurado contra la desesperación". Luego, concluyo afirmando y preguntándome, si esta es mi verdad, entonces, ¿por qué no seguir persistiendo en esto que yo mismo creo? ¿por qué no tomar como opciones de vida el camino del servicio que implica el dar, y el de la sencillez que implica el mostrar?

Total, en realidad, todos intentamos ser buenos, todos somos buenos, nuestra esencia es la bondad porque somos seres humanos, sin embargo a veces pienso que lo olvidamos, en fin.

Sobre las relaciones de gratitud y admiración entre los individuos

Por otro lado, el problema está en que mitificamos o deificamos mucho a las personas tan simples y comunes a nosotros diciéndoles cumplidos absurdos, o en todo caso atribuyéndoles características inexistentes que nosotros mismos - y eso lo sabemos con certeza- forzamos en nuestros razonamientos. La admiración es muy relativa, es efímera, es una categoría banal e intrascendente (diría incluso convenida); decimos admirar a alguien por lo que hace, por lo que es,o lo que ha logrado, sin embargo no hacemos nuestras estas acciones en la práctica, empero la gratitud es diferente, es distinta, es una categoría reconfortarte y hasta muchas veces superior a la vacía admiración momentánea. La gratitud nos hace personas mejores porque nos permite estar cuando muchos ya no están, esta categoría nos hace reconocer nuestras propias limitaciones y las de los demás. Esta tiende puentes y nos acerca más, nos eterniza y nos une porque nos hace apreciarnos a pesar de nuestras imperfecciones y flaquezas a diferencia de la admiración que nos supone perfectos e inalcanzables cuando no es así. Tal vez por eso sea que los "fervientes" seguidores siempre terminen desilusionándose de sus "benefactores" y perfectos líderes: muestra clara, el fideísmo patético que se forma al interior de los movimientos ciudadanos, y partidos políticos.

(Anotaciones para el libro de la : "Teoría de las emociones". Lima, Perú. 2014)

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Desde Lima, Ciudad Capital del Perú. Víctor Abraham les saluda.

jueves, 30 de enero de 2014

Capítulo XXV de la Degradación humana.

La miré claramente, directamente, la miré a los ojos y le dije que después de todo era una buena persona, no le mentí, en realidad siempre fue así, una buena persona; sin embargo pienso que ella misma no se lo creía, que no se creía a sí misma un ser con bondad, hecho harto razonable y hasta comprensible debido a los repetitivos errores que se aspectaron sobre su vida, en su vida, y que terminaron por marcarla, por sellarla socialmente hasta  encasillarla injustamente en esa categoría que se llama maldad, y que por consiguiente hace mala a una persona. Pero, me pregunté qué es la maldad, sino algo muy relativo que bien puede ser cubierta de bondad cuando se trata de algún aprovechamiento mezquino. Volví a ella, e imaginé ahora todo el inmenso peso de sus angustias, el inmenso pesar, las sinuosas trivialidades, y todo eso que durante años tuvieron cautivo su espíritu, ese espíritu cubierto de miedo, y que sin embargo parecía a mis palabras albergar una ligera esperanza, una pequeña certeza: era cierto, muy cierto que también poseía en su configuración humana una certera nobleza. A veces es difícil reconocer la bondad inmanente en nosotros, sí, sí, es difícil que el mismo individuo pueda reconocerse así mismo como sujeto de derechos y de fortalezas, ello debido tal vez a los prejuicios tontos del stato quo que nos condena sarcásticamente todos los días, y que sin dudas pone nuestras debilidades a expensas de la aceptación de los demás. Pienso ahora por otro lado, que no es el individuo en sí el que se daña así mismo, sino que es la aceptación de los otros lo que genera su irreversible daño, lo que lo lleva a sentirse culpable o aceptable según el grupo social al cual pertenezca éste, en fin. La invité a sonreír, y le dije que que me sentía orgulloso, muy orgulloso, que me enorgullecía de que haya podido formar al fin su propia familia - creo que ese lado moralista afloró en mí en ese momento-. Y es que a veces pienso que las palabras también sanan y curan. No dijo nada, al menos eso pareció, me miró tímidamente cómo queriendo decirme algo, esperé un rato, y luego supuse que me hablaría con total soltura, me equivoqué, dijo, "Gracias". Pero no parecía un  "gracias" por cumplimiento, sino que provenía de su más interna gratitud y respeto. ( Y jamás mi percepción fue tan inequívoca como en ese instante). Me abrazó levemente, ese fue el final. No la volví a ver más. Pude refrendar entonces que todas las personas pueden cambiar, necesitan cambiar, pero es sabido que también necesitan un apoyo, una certeza de palabras, una fe en sus acciones, un perdón, en fin. Creo que mi teoría de la bondad regenerativa del individuo después de todo podía descansar tranquila sobre esa pequeña y grata experiencia  que duró casi dos horas, en fin.

(Anotaciones para la "Degradación Humana". Lima, Perú. 2014)

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Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

lunes, 20 de enero de 2014

La singularidad del filósofo

Insisto, pues, en mi pretensión de que no hay que confundir los trabajadores filosóficos y, en general, a los hombres de ciencia, con los filósofos, y que en este punto hay que observar escrupulosamente la regla: “a cada cual lo que le es debido” y no dar a éstos mucho y a aquéllos poco. Pudiera ser que fuese necesario, para la educación del verdadero filósofo, que éste haya subido todos los escalones en los cuales sus servidores, los obreros científicos de la filosofía se encuentran detenidos y deben encontrarse detenidos; quizá debe él mismo haber sido crítico escéptico, dogmático, historiador y también poeta, compilador, viajero, adivinador de enigmas, moralista, vidente, “espíritu libre”: haber sido casi todo, en fin, para recorrer el círculo de los valores humanos y del sentimiento de los valores, para poder mirar, con ojos y con conciencia dotada de facultades múltiples a todas las lejanías y a todas las alturas y a todos los horizontes. Pero esto no representa más que las condiciones primarias de su tarea; esta tarea exige otra cosa más: exige que “cree valores”. Todos los obreros filosóficos, plasmados sobre el noble modelo de Kant y de Hegel, tendrán que fijar y reducir a fórmulas un vasto estado de valores, es decir de valores establecidos, creados antiguamente, que se han hecho predominantes, y, durante un cierto tiempo, han sido llamados “verdades”, valores en el dominio lógico, político (moral) o artístico. Corresponde a estos investigadores hacer visible, concebible, tangible, manejable todo lo que ha pasado y ha sido estimado hasta ahora, abreviar todo lo que es largo, el “tiempo” mismo, y subyugar todo el pasado: tarea prodigiosa admirable, al servicio de la cual todo orgullo delicado y toda voluntad tenaz pueden encontrar satisfacciones. “Pero los verdaderos filósofos tienen por misión mandar e imponer la ley”. Ellos dicen: “Esto debe ser así”. Determinan, ante todo, la dirección y el porqué del hombre y disponen para esto del trabajo preparatorio de todos los obreros filosóficos, de todos los sojuzgadores del pasado; cogen el porvenir con mano creadora, y todo lo que ha sido les sirve de medio, de instrumento, de martillo. Su “investigación del conocimiento” es “creación”, su creación es legislación, su voluntad de verdad es…”voluntad de poderío”. ¿Existen hoy en día semejantes filósofos? ¿Hubo jamás semejantes filósofos? ¿No será preciso que haya semejantes filósofos? 
Por Friedrich Nietzsche

Imagen extraída de: http://elespiritudelchemin.wordpress.com/2011/01/01/
como-debemos-mirar-a-nietzsche-por-el-profesor-de-filosofia-
mario-teodoro-ramirez-version-munch/
Mayor información ver: La naturaleza de la filosofía, sito en http://biblio3.url.edu.gt/Libros/2012/Anto/02.pdf

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

jueves, 16 de enero de 2014

Capítulo XXX de la "Degradación humana"

Porqué no nos reunimos mejor, nos sentamos de pronto en cualquier lado, tomamos una bebida corta -porqué no, tal vez una de esas tantas bebidas transparentes que andan por allí expuestas, por esas vitrinas y escaparates extraños-, y dialogamos. Hace tanto tiempo que no hacemos esto, porque no hablamos, porque no conversamos. Hablemos, dialoguemos sobre nuestros pasados, nuestros presentes y nuestros futuros, contémonos nuestros desvaríos, nuestros tormentos, nuestras alegrías, nuestros miedos, sí, sí, ya sé, ya sé que a veces nunca quieres hablar, sincerarte y ser franca, detesto esto, lo sabes, empero te entiendo, te entiendo demasiado bien.

¿Sabes?, a veces tengo un miedo, un miedo repentino, raro e  histriónico que se posa sobre mí, sobre mi lado consciente; pero no se trata de ti, de lo que veo en ti, sino de lo que no veo, pero que percibo con claridez e infundada tristeza, sí, es un absurdo miedo a tu extraña personalidad, a tus vacíos cerebrales, a veces he llegado incluso a pensar que estás desquiciada, tan desquiciada como yo, tal vez sea por eso que trato de comprenderte, ¿sabes?, creo que tu neurosis es como un enorme iceberg, como una irresoluta caja de Pandora, como un literal aparato psicosomático que no opera en tus actos voluntarios, sino en tus actos reflejos, en esos en los que tu consciencia es nula, pero no te preocupes - al menos tu desquiciadez es honesta, y eso es lo mejor, lo mejor es proclamarse un insensible honesto, un calculador honesto, un atormentado honesto, un tonto honesto, es mejor todo eso, a vivir sumido en caretas alegóricas-, y es que a veces las personas somos así, así de inexplicables y así de irremediables, ¿quién define lo correcto?, o sencillamente ¿quién define lo incorrecto?, todo, todo esto, no son sino relatividades o interpretaciones personales: actuamos movidos por fingimientos, por aprovechamientos, por desidias, por temores, actuamos sencillamente -y en esas actuaciones: reímos, lloramos, decimos amar y también querer, decimos estimar, decimos odiar, nos preocupamos, les fallamos a gentes, nos fallamos a nosotros mismos (y eso es lo más peor), pero allí estamos viviendo y actuando, o a veces simplemente dejando pasar nuestros instantes de tiempo por ocuparnos desmedidamente del día a día y de sus múltiples responsabilidades junto con todas sus sofisticadas maquinarias electrónicas (imagínate que hasta para comer dejamos de mirarnos por mirar más nuestros aparatos electrónicos, y hasta cuando hacemos el amor alguien de pronto llama, y damos más importancia a ello), luego nos esperanzamos, nos consolamos, pedimos disculpas, y decimos que ya no lo vamos a volver a hacer, y allí estamos otra vez, volviendo a empezar, te quiero, en sobremanera te quiero, eso lo sabes, sé que también me quieres, pero a tu manera ¡Ah, esa rara manía tuya de querer, en fin!

Porqué no nos cogemos de la mano de pronto, nos abrazamos también de pronto, nos ponemos buenos, porqué no intentamos hacer eso que Géraldy propone, portarse uno bien, y el otro ser más bueno, en fin. Delia, siempre admiraba de mí mi nobleza, mi caballerosidad, siempre decía que yo llevaba implícito en mí un móvil raro de bondad, y que hasta veces sufría por las puras, ella, siempre me decía que yo era uno de esos extraños personajes salidos de los libros mágicos que de pronto se trasmutaban así mismos. Delia había sido por muchos años mi amiga, y mi compañera. La quería, pero no con ese querer que siento por ti, a ella la quería con cuidado, cuidándome de que mi cariño sea sentido por ella con mucho cuidado. Contigo, contigo es otra forma de cariño, contigo todo más auténtico, más puro, más bruto, contigo todo es más sutil, pero también más práctico. Pobre Delia, ella jamás alcanzó a ver esa extraña dimensión mía que los años se encargarían de gestar en mí, y que ahora tú sí conoces. Soy ahora más analítico, como reflexivo, algo así como menos ingenuo, menos tonto, aunque a veces me divierte adquirir esas poses de vez en cuando, en fin.

La otra noche me encontré con uno de esos amigos tuyos durante mis recorridos nocturnos, me dijo que estaba loco, que estaba irresolutamente loco, que estaba perdiendo la cordura, que me estaba perdiendo a mí mismo, que ya hace tiempo me había perdido a mí mismo junto con todas esas teorías mías de individuo, de tiempo y de espacio. "Un individuo que ya no entra en razón ya no vale ni sirve", me dijo, sonrió, o al menos presumí que sonrió. ¿Sabes?, pensé luego para mis adentros, "qué va estos tipos jamás sonríen". Di la vuelta y me marché, la conversación había terminado, o al menos para mí, no había nada rescatable mientras duró, quise hacerlo, quise rescatar algo en él, créeme, creo que más por el hecho de significar algo para ti que para mí, en fin, pero era inevitable, la locura que - según él- llevaba adentro, conmigo mismo, atada a mi piel vacía, había sido el impedimento. Salí corriendo a la calle, y grité (discúlpame la cobardía), y por una única vez en mi vida grité, "estoy loco, estoy loco". No sé si alguien me vio, o si dijo algo, sólo dos perros me miraron y creyeron entenderme o tal vez no darme importancia porque a la brevedad se volvieron a dormir. Reí, reí luego y me di cuenta, me di cuenta que sin saberlo acabé girando la ruleta de mis pensamientos y por una única vez me sentí más cuerdo, más feliz, más emocionado, más catastróficamente emocionado. Indudablemente que había llegado el momento que más temía, mis propias ficciones se habían empezado a volver realidad, el tiempo ya no me pertenecía, sino el eterno, el inconmensurable eterno. Era las tres de la madrugada, y llovía, llovía raudamente.

Ya pasados estos ardores de juicios y de razonamientos, me recosté en una colosal piedra con cara de persona, ojalá hubieras visto su cara fea, y me quedé, me quedé allí laxo, mojado, pensando en ti. "Y es que te quiero, es que irremediablemente te quiero, Jeremías te quiere mucho", escribí en un pedazo de hoja de papel mojado que luego resolví guardar en el bolsillo izquierdo. (De: Degradación humana. Lima. 2017)

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

domingo, 12 de enero de 2014

Apuntes para un libro de los pensamientos.

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Mi padre siempre creía que parte de la felicidad de las personas radicaba en encontrar finalmente a su par, sí, sí, a su par sentimental, luego de tantas peripecias y trajinares afectivos que uno suele experimentar mientras se está vivo. Indefectiblemente que una unión conyugal, sí, esa misma que nosotros conocemos como matrimonio, es algo maravillosa, no tanto por la celebración en sí misma, sino por el arraigo indisoluble que ésta trae consigo para los seres que se aman y asumen un compromiso, y que sin lugar a dudas sirve para fortalecer el camino personal, en fin. Hoy en día, precisamente cuando elementos tangibles de nuestra sociedad crean barreras frívolas de obstinación, de orgullo y de prejuicios insanos se hace necesario una mayor apuesta por la felicidad dual desde donde se ubiquen nuestros afectos por el otro y para el otro, y no tanto por nosotros mismos, total, siempre ha de prevalecer la esperanza. Luego, los obstáculos siempre habrán de estar presentes, pero estos no deben vencernos ni dejarnos arrastrar por la esquivez ni la indiferencia, al contrario ha de ser imperioso que nuestra entereza, nuestra prudencia, nuestra templanza y nuestra fidelidad siempre prevalezcan. 

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La libertad de elección es una cosa maravillosa, tanto como el servicio del dar, pero ambos llevan consigo un increíble riesgo, incluyendo el riesgo de una rebelión fortuita o intencionada, y la posibilidad de que el amor real pueda ser rechazado en algún momento, y hasta mal interpretado. Luego, el amor verdadero no puede venir de una criatura preprogramada, el amor verdadero no puede ser forzado ni fingido, tampoco el dar, ambos deben ser voluntariamente dados de manifiesto.

De: Profesión del pensamiento

Víctor Abraham

domingo, 5 de enero de 2014

Sobre el papel del escritor en el Perú

Los usos de la escritura

El resultado de escribir tiene que verse concretado, hoy en día, en una masificación general en pro de la conscientización colectiva, el resultado de escribir debe concretarse en ello, en llegar a la mayor cantidad de personas ciudadanas. Por Tanto, las ventas, las regalías, los intentos de protagonismos exacerbados y ridículos, las camaraderías etílicas, las "bohemias" mal comprendidas y definidas, todo eso debe pasar a un segundo plano, al plano menos importante, aquí no están en juego la cantidad de libros vendidos o la cantidad de premios alcanzados, no, no debe ser una excusa decir, "no hago esto o aquéllo porque nadie lo hace ni lo intenta", o "no hago esto porque no me generará rentabilidad", menos aún afirmar, "no hago esto porque quedaré en ridículo ante los demás", todas estas son bobadas.

Aquí no importan los canales del mensaje- si son impresos o virtuales o los pecunios que se reciban de ellos-, lo importante es aquí la acción y la ejecución, lo importante es tomarse en serio su oficio, este oficio de escribir porque aquí hay una verdad: todo debe quedar escrito y descrito, todo, absolutamente todo el pensamiento, tiene que ser así. Por otro lado, el escritor hoy en día tiene que llegar a las personas, a la mayor cantidad de ellas sin importarle edades, estratos sociales, niveles culturales, credos e inclusive razas, si son conocidas o no, si son vecinos suyos a no, si son partícipes de sus afectos o no, aquí hay una tarea más importante que debe sublimar a todo acto afectivo, y esta tarea mayor consiste en llevar a cabo una revolución en el orden mental de los individuos. Luego, no debe importar acá si quienes acceden a sus escritos - vaya a saberse bajo qué situación o eventualidad- son o no lectores suyos: el escritor tiene que llegar a la gente sí o sí, desprovisto de todo ropaje de cordero moralista, de todo intento de modas snobistas y poses melodramáticas de superioridad ególatra. Uhm, se me ocurre de pronto, la idea de ya no leer simplemente por placer estético, mucho menos escribir bajo esa dirección, sino movidos por una necesidad de comprensión y asimilación verdadera.

Compromiso de pensar también en la sociedad

Hay mucho trabajo por hacer, y eso nos debe quedar claro a todos y a todas. Pienso que debemos dar el giro a la escritura tradicional, y a la lectura convencional que más cerca está de hacerse cómplice con un Sistema de opresión mental que mueve sus tentáculos con ayuda también de ciudadanos ( actitudes a veces comprensibles, dadas la debilidad moral de los mismos, y la ausencia de determinaciones claras para tomar decisiones) que se prodigan por premios y los pecunios (onerosos ingresos económicos) que vienen consigo tras estos, por bebidas y comidas caras en lugares exclusivos, por puestos de trabajo complacientes, e inclusive por confort placentero individual.

Imagen de la Fundación Telefónica. Perú.
La escritura y la lectura en el Perú tiene que tomar nuevos giros, nuevos bríos, empezando por las escuelas, puesto que son ahí- y parafraseo la cita de Russell Crowe en el papel del profesor Nash  en la película "Mente Brillante" al dirigirse  a los estudiantes de su clase adjetivándolos como "mentes del mañana", en fin-,  donde se forman los ciudadanos peruanos. Me imagino ahora a las escuelas peruanas como enormes fábricas de mentes, de actitudes y de comportamientos, esa es una realidad, la otra muy diferente es que adolecen también de compromiso con sus mismos beneficiarios, en fin, muestra de ello: los seudo-planes lectores frívolos alejados de todo matiz vivificador con contenidos filosóficos y cuestionadores, esos planes lectores son más en sí mismos descartables porque no sirven para el otro año que viene - o al menos eso queda evidenciado en sus mismos beneficiarios-.

 Sobre el escritor y sus lectores

El escritor debe actuar- y asumir el papel, o en todos los casos asumirse en sí mismo este papel de conscientizador, de filósofo- como mediador, como guía de una procesión a la que debe encaminar  por derroteros claros de juicio critico y ético; el escritor debe ser el punto cercano, el punto amigo, el punto maestro, el punto padre entre los individuos: es claro ver como se disuelven hoy en día los instantes de tiempo entre los espacios mediocres, y absurdos de la publicidad televisiva. Veo - y con una pena extraña- que hoy en día hay un divorcio grande, muy grande entre el escritor y su lector, es más, diría yo, entre el ego del escritor y la orfandad del lector, malinterpretada siempre como una indiferencia por el primero que se anda quejando que los ciudadanos no leen, no, aquí no hay indiferencias, no en el lector, lo que hay es falta de orientación sobre qué leer o para qué leer. Luego, el escritor hoy en día tiene que llegar a las personas, sentirlas, sentirlas amigas, frecuentándolas, pero también respetándo sus espacios de reflexión, un escritor debe estar comprometido con lo que hace, debe ser un colaborador cercano a los individuos sociales en la medida que le sea posible, y no solo usarlos utilitarimente para conseguir de ellos ventas escrupulosas; el escritor hoy en día tiene que llegar a la gente, y hablarles claro, expresarles lo que quiere, lo que siente, lo que le desquicia, lo que le fastidia, lo que proyecta y visiona en sí mismo y compartirlo; el escritor debe pensar con ellos, debe pensar con la gente hasta hacerlos partícipes también de sus utopías por más quijostecas que parecieran, a ellos les toca tomar o dejar lo que asimilan; el escritor no debe sentir a la gente como una carga permisiva, sino para dejarle abiertas un sinfín de propuestas viables para ser reflexionadas; tiene que ser así, es así como tiene que ser; no hay otra salida.

El Peru urge de cambios, pero de cambios a nivel de pensamiento. Todos debemos ser partícipes del conocimiento, no puede haber excusas,  caso contrario los intentos quedarán relegados una vez más,  como  ha sido el caso de las muchas generaciones anteriores a la nuestra que quedaron fijadas en los problemas de la tierra, en los problemas antropológicos del indio y de las etnias todas bajo una visión provinciana, en los modelos feudales y sus explotados y marginales, en las polarizaciones absurdas de derechas e izquierdas políticas, y muchas otras más que sirvieron a su tiempo. Los tiempos de Segura, Aliaga, de Melgar, de Adan, de Palma, de Eguren, de Valdelomar, de Eilson, e inclusive los del mismo indigenismo de Arguedas y tantos otros, ellos constituyen ahora nuestra mayor herencia de tradición y cultura que debemos verlas con respeto, pero también pensando en que la dialéctica histórica que nos envuelve hoy ha evolucionado y por tanto es menester de esta generación de escritores buscar ahora nuevas respuestas a nuevos problemas, y se me ocurre plantear ahora - y citarlas como fuentes de estudio-, los planteamientos de Alexander Neill y su pedagogía libertaria, los estudios del psicoanálisis y del exitencialismo filosófico, las muestras humanistas de Maslow, los acercamientos urbanos de Ribeyro, y los diversos estudios culturales con los que se intentan abordar hoy en día los problemas que aquejan a nuestras sociedades.

Los tiempos del latifundio pasaron, los tiempos de las huelgas y de las tomas golpistas de poder también pasaron, ahora hay un problema mayor, y ése radica en el nivel de consciencia que cada individuo asume para sí mismo y cómo opera asimismo ésta dentro de su participación social al interior de las colectividades. Por tanto, nuestra generación peruana debe afianzarse hoy en día - y trabajar mucho- este aspecto, este aspecto que yo llamo conscientización no de forma, sino de fondo. Finalmente, o somos conscientes o simplemente no lo somos; o somos honestos, o no lo somos; o ayudamos o dejamos pasar; o hacemos las cosas correctas o simplemente dejamos de hacerlas, en fin.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú. Víctor Abraham les saluda.

Una movilización sin sustento: el objetivo, aglutinar a la manada; la gran mentira, la democracia

La consciencia de un valor cualquiera sea este da la libertad al individuo, le confiere responsabilidad, acción y fe en el futuro. Los hij...