jueves, 15 de enero de 2015

Día miércoles 02 de julio. fragmento.


Miércoles 02 de julio 

Me levanté muy temprano hoy, creo que eran las 4 o a las 5, pero de lo que sí estoy seguro es que no podía haber sido a las 6, aún era de noche, además no podía ser esa hora, que va, a esa hora Esmeralda ya está terminando de alistar el desayuno para la venta. Y por tanto yo debo, tengo que ayudarla. Además, hay que preparar el desayuno temprano para que ni bien abramos la puerta se venda desde las primeras horas, total, hay que aprovechar el tiempo, en fin. Es curioso, pero cuando era joven dependía del despertador, años más tarde me acostumbré a la radio, prendía de pronto esta, que era a pilas, escuchaba la hora ahí, y bueno, me levantaba; ahora, ya no preciso de ningunas, aunque no he dejado del todo mis noticias de la madrugada, jajaj. Hoy, hice lo mismo, es raro, pero ya los años me han llevado a una conclusión, algo sombría, pero al fin y al cabo es esa, una conclusión; creo que sencillamente a mi edad ya no se puede dormir, o al menos ya no como antes que se llegue a ser viejo. Pienso que los viejos tenemos algo así como un reloj natural, como una medida exacta de sueño. Sonaría algo loco, pero es cierto. Cuando era joven siempre fui un respetuoso del tiempo. Siempre fui un admirador del tiempo, de ese extraño y eviterno fenómeno natural que cierne sobre nuestra vida su impoluta presencia. Una vez cuando era aún un muchacho escribí,

“A veces me acecha la inexactitud, me acecha ese respeto inmenso que le tengo al tiempo, ya que este es un fenómeno natural omnipresente que rige todo, y enmarca todo, dando a cada cual lo que le es permitido recibir. Sí, así es, porque es el tiempo quien determina el orden de las cosas, y hace que las maduraciones mentales alcancen la mayor sabiduría o profundidad en pro de una mayor comprensión de la vida. Por tanto, es él, el tiempo, el mayor castigador de la banalidad, y de quien ose no aceptar - o subvalorar- su presencia dentro de su propia existencia.”

(Este frío acá es intenso, lo siento en mí, y aunque sé que mi cuerpo me pide, me mantenga unos minutos más en cama; mi voluntad me exige, me levante a ayudar a Esmeralda. Ella no se abastece). 


***

A las 10 am, me apersoné a la oficina del Dr. Vitela llevando los papeles de la OEP, que recibí ayer. Estaba muy atareado, así que fui citado para el día viernes de la próxima semana. Me dijo, “o véngase pasado mañana, tal vez haya algo”. Tenía que revisar muchos papeles. A mi salida, bajando por las escaleras del piso inferior me encontré con una mujer, algo extraña. Iba de subida. Llevaba un atuendo oscuro, era un vestido de una sola pieza que caía sobre sus rodillas huesudas, y digo huesudas porque la mujer era flaca; un chall también oscuro encima de los hombros le daba un aire de mujer enigmática. Era delgada, de cuello delgadísimo, del cual pendía una gargantilla que llevaba un dije de plata en forma de corazón; sobre su cabeza, un sombrero de paja adornado de extrañas flores bordadas que dejaba ver un curioso flequillo. Debía tener algo de 45 años, o al menos eso me parecía; tenía ojeras, pronunciadas ojeras, que se habían formado como bolsas debajo de sus amarillos ojos palúdicos, y su boca de finos labios color carmesí hacían de ella una figura de las décadas antiguas, recordé entonces a esas modelos de los 50, años por los que los sombreros sobrios, y los peinados dignificaban más a una artista, la misma que sin necesidad de llegar a tanto maquillaje y tantas operaciones estéticas se mostraba hermosa en toda la flor de su género. Recordé entonces las magníficas interpretaciones de Audrey Hepburn, en fin. Llevaba en sus manos unos fólderes manila. Sus zapatos prietos relucientes dejaban escapar unos golpecitos de toc, toc, a cada subida de peldaño. No iba apurada, parecía algo confusa. Tal vez sería una viuda, o alguna mujer de oficina, pero no pudo ser una abogada. No podía, y estaba seguro de ello. Hizo un ademán gracioso que me llamó mucho la atención, un extraño tic de movimiento de cabeza. Fue ascendiendo y cuando estuvo frente a mí, cuando coincidimos, sonrío levemente, sí, me sonrío como si me conociera, y me dijo en tono sarcástico, “Estos abogados…”. Su toc, toc, se fueron perdiendo a medida que yo fui bajando.

A la salida, del establecimiento, un taxi, alguien tocó el claxon. Di vuelta, y era Pepe Pazurro, otro de mis amigos de infancia, “Que tal, eh, hola Vicente, sube”. Me hizo un gesto de cordialidad. Me negué a subir en primera instancia, porque supuse que estaría trabajando, y no quería quitarle su tiempo. (Él pobre sale por las mañanas, y tiene que hacer recorrido para llevar algo a su hogar). “Hola Pepe”, dije, “yo estoy de paso, no te preocupes”. “¿Cómo vas con el juicio de la OEP, ya salen las cosas?”. “No”, añadí. “Vente para la casa hombre, vamos Juanita estará alegre de verte. Sube y vamos”. Subí, pero solo le dije que iríamos a tomar alguna bebida refrescante- hacía calor-, y después me marcharía, “Esmeralda me espera, quedé en ir temprano porque ella tendrá una reunión más tarde, y por tanto debo quedarme a cuidar el negocio” “Bien, bien hombre, como tú digas, pero es un gusto verte”.

“¿Recuerdas a Sofía, la pequeña Sofía? “Sí, claro” “Murió” “¡Pero, cómo!” “El corazón, el corazón, achaques del corazón” “Entiendo, mi sentido pésame Pepe, yo…” “Ella siempre te apreciaba, y el día que murió, me hizo prometer que seguiría viendo por Juanita, y por Tito” “Ya veo” “Pobre mujer, primero su difunto esposo, luego su madre y hermana, y finalmente, su padecimiento coronario” “No supe, discúlpame” “Yo, al menos intenté darle felicidad durante el tiempo que estuve con ella. No sé si me llegó a amar de la misma intensidad que a su primer marido, pero creo que lo nuestro de trataba más de una suerte de altruismo del uno por el otro. Mira, ella me ayudó a comprar el carro” “Si entiendo, hacían una buena pareja, por fin la noté alegre la última vez que la vi con su delantal a cuadros que decía, le habías comprado” “Sí, Vicente, creo que ella nunca te olvidó. Siempre decía que tú eras un caballero, y que Esmeralda había tenido mucha suerte contigo, en fin”.

Las conversaciones que siguieron solo me llevaron a conjeturar algo más tarde, el amor implica un altruismo, implica un dar en vez de recibir, un hacer el bien sin mirar a quién, y creo que con más razón si se trata de una pareja. Pepe, Sofía y yo siempre fuimos buenos amigos, claro que él (Pepe) siempre me molestaba con ella. Decía que algún día formaríamos una familia, y cuando llegara ese día, él iba a ser nuestro padrino de matrimonio. Como es la vida, terminé siendo el padrino de Tito, el único hijo que tuvo con ella, a la muerte de su esposa. Ambos perdieron a sus parejas muy jóvenes. Tal vez ello hizo que se acercaran más. Con Sofía, también trabajé en el “Tayuén Hnos”. Se casó con un trabajador de la hacienda azucarera “Roma”. Fue una boda inesperada. Yo por esos años estaba en Lima trabajando con mi madre. Vivíamos en el Jr. Washington del centro histórico.

***

Por la tarde, Esmeralda fue a su reunión semanal de Legión de María en la Parroquia Devota Piadosa, que está cerca de donde vivimos. Yo me quedé cuidando con la puerta abierta. Vendí una bebida, un alfajor, y una decena de bizcochos. El panadero no trajo hoy el pan. Saqué mi biblia, leí un salmo, e hice una oración,
“Señor, encomienda el alma de Sofía, y de mi madre.
Da fuerzas a Pepe, y a Gellman.
Bendícelos en sus horas más difíciles,
como bendice a sus familias también.
Sigue haciendo de mí, un instrumento tuyo,
me pongo en tus manos, Señor,
como pongo en tus manos a toda mi familia,
a Esmeralda, a Rosa, a Lupe, y a Mauricio.
Quisiera Dios Padre,
prepares nuestros caminos para encontrarnos con tu misericordia.
Amén”
***

Por la noche, Mauricio nos comunicó por teléfono que vendría a visitarnos. Llegará el sábado 05 por la mañana.


***

Fragmento de: "Los días van y vienen". 1era Edic. Lima, 2015
De. Víctor Abraham

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Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

miércoles, 7 de enero de 2015

Manifiesto en favor del compromiso y de la esperanza

Sabes? A veces me acecha la inexactitud, me acecha ese respeto inmenso que le tengo al tiempo, sí, como has escuchado, puesto que creo convencido que este es un fenómeno natural omnipresente que rige todo, y enmarca todo, dando a cada cual lo que le es permitido recibir. sí, así es, porque es el tiempo quien determina el orden de las cosas, y hace que las maduraciones mentales alcancen la mayor sabiduría o profundidad en pro de una mayor comprensión de la vida. Es él, el tiempo, el mayor castigador de la banalidad, y de quien osa no aceptar - o subvalorar- su presencia dentro de su propia existencia, en fin.

Interpretaciones

Pienso, y escribo esto a modo de manifiesto porque un manifiesto es eso, una declaración por escrito pública de principios e intenciones que un artista hace a partir de su propia concepción del mundo que le rodea. Sucede que para intentar explicar algunas cosas que siempre se me pregunta, o se me supone desde la otra mirada, decidí hacer un alto a mis escritos, y escribir - o en todo caso describir porque los actos humanos obedecen a descripciones-  qué está sucediendo conmigo. Sucede, pues bien que desde hace muchos años atrás, y tal vez para acercarnos más a esa exactitud sincera, creo que desde que murió mi padre, hace casi ocho o nueve años, y que son los mismos tiempos por los que- probablemente un año más o un año menos- decidí venirme a vivir a Lima, o tal vez haya influido mucho ese viaje a Centroamérica que realicé en su momento hace nueve años, y que por cierto, tuvo lugar allí esa plática desgarradora que de un haitiano desconocido extraería para mi vida . Sí creo que fueron por esas épocas en que empecé a entender cuál debía ser en adelante el rumbo de mi propia supervivencia, o vida para referirme a lo mismo, en adelante, o de mi línea de trabajo permanente de la que hoy, y más que nunca, considero firme y realista, porque no se trata de un sueño ya, sino de una concreción ideológica y programática, y al decir esto, que lejos me veo de un partido doctrinario político, o de una institucionalidad religiosa, o quizá de un grupo literario específico, no, y no porque se trate de ser un antisocial, o un desarticulado de la acción política como he escuchado que de mí se ha dicho. No, no considero que esto sea así, el compromiso es importante, es más dignifica al individuo que desarrolla este oficio del escribir. Considero simplemente que soy libre pensador, un buscador, un observador y un cuestionador, y aquí hay que zanjar algunas cosas, no considero que un libre pensador tenga ataduras con nadie, es más  no debe tener deudas morales con nada ni nadie, ni siquiera deudas de ideas, o lo que muchos llaman plagios, título peyorativo de los académicos que francamente, me parece una ridiculez, porque una cosa es plagiar, y eso todos saben en qué consiste, y otra muy distinta es asimilar la comprensión de los mensajes, y tomarlos como rumbos propios, no para ser iguales, sino para ser diferentes, y marcar nuestra propia línea. Sería algo, estúpido querer ser tal o cual persona, cuando en realidad debería elegir, ser distinta, o en todo caso propia, ya que uno mismo es sujeto histórico de su propio tiempo.

Ahora bien, esto que expreso me lleva a situarme en Buenos Aires del Perú, en mi niñez y en mi adolescencia. Mi vida a escasas cuadras de esa enorme playa con la que cohabité y por donde pude andar en su momento, jamás imaginó que veinticinco años después, terminaría haciendo esto, dedicándome a esto, y tomándole cariño a esto que hoy hago, que es escribir, sí, jamás imaginaba por esas épocas en que solía mirar a las gaviotas o a los pelícanos o a los muy muyes corriendo hasta hacer pequeños huecos en la arena mojada en el que se metían hasta desaparecer con todo y colita, en fin. Sí, no imaginaba por esas épocas que luego, años después, me sentiría de pronto seducido por esos geniales hombres y mujeres de la palabra escrita que leí desde siempre, hasta dejarme arrastrar por este tentador laberinto del pensar y del escribir, del escudriñar en la mente entre presentes, pasados y futuros con el único fin de sacar de esos mundos internos, acepciones e interpretaciones, así como personajes con sus extrañas, absurdas y hasta desquiciadas vidas ajenas, sacar emociones conmovedoras y conspiraciones rebeldes, en fin, tantas resultantes que solo el inimaginable orbe de la creatividad nos puede dar.

Camino al compromiso y a la esperanza

Luego, si hablo constantemente del hecho de sembrar esperanza y plantar ilusiones, como una buena amiga expresó en sus palabras, pienso que se debe más a una revelación que se dio en su momento porque pienso que el pensamiento y toda esa posibilidad detrás suya del conocer y del analizar se revelan en su momento, producto  del devenir de la vida y de las múltiples inconsistencias que ella trae consigo, es allí que se va dando forma a nuestro carácter, a nuestro temple, a nuestro sentir, y todo eso que tenga que ver con nuestra propia personalidad, y es más, es bastante probable, que sean estas inconsistencias las que nos hagan diferentes unos de otros. Ahora bien, también hay otra posibilidad, y esa obedece a una construcción que se haya ido dando por periodos, y en los cuales mis propias crisis existenciales jugaron papel importante en todo esto de reafirmar las convicciones y luchas morales mías.

A continuación, debo reconocer que el espíritu comprometido que aviva en mí, esos deseos de esperanza, y que se ha convertido en luz de mi propio camino, no se hubiera gestado nunca, o tal vez de gestarse, se hubiera derrumbado pronto frente a tantos debacles morales al no encontrar cimiento verdadero, y esto me lleva a citar la parábola del hombre que construyó su casa sobre la roca, y que pasó la lluvia, el desborde de los ríos, y el soplo de los vientos, mientras que el otro que construyó su morada sobre arena, no sobrevivió, fue un desastre; así pues cual roca de mis pensamientos debo mucho- lo he dicho siempre, y lo seguiré diciendo mientras viva-, a esos maestros de la posguerra europea y norteamericana, hombres y mujeres ejemplares que nunca llegué a conocer, pero capté y asimilé bien sus mensajes, al punto de sentir en mis momentos de soledad angustiosa que me hablaban a través de sus acciones y personajes. Encontrarme de pronto con Sartre, y su compromiso con la libertad, o con Saramago, y su desasosiego permanente no tuvo comparación, como no tendría comparación alguna, recordar de pronto esa hermosa carta que el joven poeta Miguel Hernández, escribiera a Aleixandre, y que sirvió como preámbulo para "Viento del pueblo" en la España de 1936, "Vicente: A nosotros, que hemos nacido poetas entre todos los hombres, nos ha hecho poetas la vida junto a todos los hombres"; creo que han sido estos aportes enormes los que han definido mi templanza y mi decisión de optar por una escritura más abierta y cercana posible a cuánto hombre o mujer pudieran acceder a lo que escribo. Cómo no recordar a Camus, y sus dos preciados ejemplos del rechazo a la tiranía, y el hecho de no mentir respecto a lo que se sabe. Boll? Heinrich Böll?, ese estoico y moral escritor alemán, y su entrañable Schinier, a quien siempre respeté desde que pude acceder a sus cuestionamientos y sufrimientos solo por el simple hecho de que no se puede convivir con la mediocridad de la indiferencia, en fin, ¡Ah, el pobre de Herzog!, es por este hombre, por ese maestro desahuciado y maltratado por una sociedad que lo rechaza a él, y a su ideal de ser mejor solo por el hecho de considerarlo raro y melodramático, y que muy bien retrató Saúl Bellow, pues es cierto, aprendí de él, de este maestro canadiense y norteamericano, que sí se debía retratar al ser humano debería hacerse a partir de su propia derrota, y angustia. Es por ello, créeme, que pienso que estos hombres de la literatura, no murieron en balde, como tampoco vivieron en balde, sino al contrario siempre trasmitieron esperanza, transmitieron un modelo de sociedad, de futuro, Ahora, espero comprendas porqué me empeño tanto, en recordar que caminamos juntos el mismo sendero, acción que francamente considero indispensable si queremos vernos como agentes reales de cambio y de una mejor colectividad.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

martes, 6 de enero de 2015

Martes 1 de Julio, de "Los días van y vienen". Fragmento 2

Cuando regresé a casa encontré un sobre y un paquete amarillo de volumen regular en la mesa del comedor; Rosa, mi hija, lo había recibido. Al parecer, su interior contenía sendos impresos. Supuse sin leer el remitente, quien pudo haberlo enviado. Lo esperaba hace mucho. Por un momento, las sonrisas de ambos se dibujaron en nuestros rostros. Nos abrazamos. “Ya ves”, dije, “Quien confía en Dios nunca es olvidado”. Ella asintió con la cabeza, “con toda justicia te lo has ganado, papá”. Efectivamente, allí estaba impreso el remitente claro y en negrita:

REMITE:
OFICINA ESTATAL PENSIONARIA. OEP
Jr. Chincha 123. Lima cercado. Lima 01
Presente.

La OEP, u ONP, como también se la conocía, era la entidad del Estado que veía las jubilaciones pensionarias de los ciudadanos una vez cesados de su tiempo laboral o - en mi caso - por llegar a una edad como la mía, o sea a una Edad vieja; por tanto, ese sobre significaba para mí, y creo que para todo hombre de mi edad, una vida de trabajo, una vida de sacrificios y dedicaciones respecto a los muchos empleos laborales que todo jornalero cumple y que al final de su vida busca ver recompensada en una pensión, aunque indecorosa por la cantidad -eso lo sabía-, al menos útil para los años de vida que probablemente a uno pueda quedarle, en fin. No era un sueño. Era una realidad. Allí estaba el sobre aún sobre la mesa del comedor. Había sido enviada por la OEP desde Lima. 

Esmeralda, mi esposa, ya tenía lista la comida así que decidí esperar un poco, no sin antes pedirle a mi pequeña hija no comentar con nadie la llegada de tan importante misiva, quería que todo fuera una sorpresa y ella así lo entendió. Guardó el paquete. (No sé si hice bien en esto, de esconder la llegada de tan importante comunicación, al fin y al cabo son mis cosas, además siempre he sido partidario de la prudencia. Momentos después, me daría cuenta de que hice lo correcto). Como ya dije, nos sentamos a comer a la mesa: el almuerzo estaba servido, un arroz con guisado de pollo y una sopa de trigo acompañada por una limonada; ahora bien, para aliviar y calmar mi curiosidad atiné a realizar cortas bromas, pues en la casa últimamente ya no habían muchas risas que digamos. El silencio, a veces dejaba notar su presencia por los corredores de la casa, era estruendoso, eso lo sé, quién más que yo para saberlo, y demasiado hondo por cierto, tediosamente insufrible; a veces allí, se respiraba silencio, debido a las muchas tensiones económicas por las que se pasaba cada día. Rosa, Lupe y Esmeralda eran mi única compañía. Eran mi familia.

Después de almorzar mis ansias me llevaron a abrir la correspondencia tan esperada. Sólo llamé a Rosa (ahora me doy cuenta que sea cuál hubiera sido la respuesta en ese mismo momento, quería que ella estuviese conmigo, la quería mucho por haber sido la mayor de las mujeres, ¡Perdóname hija!). Un violento ciclón emocional destrozó mi alegría esa tarde. Tarde hiriente. Mis ojos leían con impotencia y allí estaba otra vez, por segunda vez, no me había equivocado: ¡Denegada!. ¡Denegada!. No podía ser. Sentí una gran desilusión al leer la resolución que me negaba por segunda vez mi pensión por invalidez. ¡Estaba inválido, maldita sea, y sufría de trombosis arterial aguda en la pierna derecha. Caminaba con lentitud y dolor! Había presentado todos los documentos probatorios, los mismos que también adjuntaron a los impresos dentro del sobre. Encontré allí también las copias certificadas de los documentos que obraban en mi expediente administrativo que mi abogado el Dr Vitela solicitó. Es él quien ve mi caso, fue este hombre quien se decidió a ayudarme con la condición de que una vez aceptado, y aprobada la resolución, tendría él las tres cuartas partes de los devengados que del total se pudieran acceder, así como un pago porcentual del monto total, al momento de la evaluación final. No me quedó otra, sino agradecerle infinitamente, qué podía hacer.

Llevados ambos por la impotencia de no poder ser felices, de no poder regalarnos una alegría, me abrace a mi hija, nos abrazamos, y lloré. Ella sin preguntarme palabra alguna también hizo lo mismo. Sentí por mis hombros unas lágrimas que caían hasta el frio piso de un cuarto pequeño y entreabierto. Conjugaron nuestras penas, unos suspiros tristes de padre e hija. Después, ella se retiró lentamente no sin antes, darme aliento para continuar en la demanda. Se fue. Me senté sobre mi cama de catres asquientos y retorcidos y comprendí que la mejor solución era seguir teniendo paciencia. Sobreponerme, aunque no sé si la vida me prestará un tiempo más para tenerla. Comprendí que era mejor resignarse por el momento y seguir trabajando en el restaurante. Pienso ahora, sí, pienso más que nunca decididamente hacer caldo por las noches para vender y así poder afrontar los gastos del hogar; además, mis hijas y Esmeralda que alumbran esta existencia mía, no merecían mi desconcierto y mi derrota; ellas, Lupe, y Rosa aún son chicas, están estudiando y requieren de mi esfuerzo. Rosa se prepara en la academia para tratar de ingresar a la universidad nacional, mientras Lupe aún acaba de ingresar. Debo sacar fuerzas de donde no haya. Mi esposa y yo nos quedaremos atendiendo el negocio hasta tarde. Mi hijo Mauricio que es profesor se encuentra trabajando en un colegio en Lima, y aunque el pobre tiene la intención de ayudarnos sé que con las justas le alcanza para conllevar su soledad.

***

Unas hojas cayeron afuera, un frio viento recorrió la amplia avenida, prendí mi cocina y puse las primeras presas junto con las papas cortadas esperando llegue el primer cliente. Caía así la primera noche del martes 1 de julio.

Fragmento de: "Los días van y vienen". 1era Edic. Lima, 2015
De. Víctor Abraham
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Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

sábado, 3 de enero de 2015

Martes 1 de Julio, de "Los días van y vienen". Fragmento.

Martes 01 de Julio

Salí muy temprano de casa. Afuera, se podía percibir aún la invernal llovizna breve que como último rezago parecía sobrevivir a la noche anterior; en el cielo, aún un tumulto de nubes borrascosas dibujaba la escena más perfecta de aquella mañana fría e insensible. Era ya julio. (Cómo ha pasado el tiempo tan rápido, la verdad es que francamente ataviado con tantas cosas recién he podido darme cuenta de ello, del tiempo, en fin, creo este mañana empezará a marcar el inicio de muchas otras que el destino, pienso que traerá consigo a mi existencia.) Fui a pagar el teléfono S/. 30.00. Me atendieron rápido, y a la salida decidí ir a visitar a la familia Lúa, que por esos días atravesaba una dura crisis familiar. Se trataba de Gellman, estaba muy enfermo. Él era el mayor de los hermanos. Ambos fuimos amigos de toda una vida, estudiamos juntos nuestra primaria. Su edad avanzada le había jugado una última pasada: cayó de la escalera, y se fracturó la cadera, ello sumado al cáncer avanzado que indudablemente estaba dispuesto a no dar tregua, ahora parecía que la vida ya no estaría dispuesta a ser más generosa con él. Sentía una pena porque este hombre siempre fue muy correcto y amable.

Los Lúa viven en la calle Junín 625 a media cuadra de la oficina de pagos de la Central de teléfonos. Siempre han vivido allí, y supongo que lo seguirán haciendo, pues la casa fue una herencia que su padre les legó a su muerte. Ellos siempre fueron mis amigos desde la infancia. Conocí a sus padres, ya que solía visitarlos permanentemente, luego de clases cuando estudiaba por aquellos años de infancia en el “Mariscal José Cáceres”. Luego, cuando mis cursos de contabilidad en la Escuela Técnica de Comercio iniciaron, seguí frecuentándolos. Trabajé un tiempo con Aurea, la menor, en el “Tayuén Hnos”, almacén que por esos años era el principal centro de abastos en materia de licorería más solicitado que tenía Trujillo. Ya con los años, la amistad que mantuvimos se terminó acentuando cada vez más. Es curioso que esa consigna mía de viejo moralista que he tenido desde siempre, me haya hecho siempre valorar esa necesidad de visitar a las personas que han sido gratas para mí y, que han estado en las buenas y en las malas conmigo y mi corta familia. Pienso que la amistad, es lo más hermoso que puede – y debe- cultivar un hombre respecto a sus demás semejantes.

La familia Lúa es sencilla de describir: Trabajadora y honesta, solidaria entre sus miembros, y muy gentil, además de ser muy corta tras la muerte de sus padres, Gellman, Susi y Aurea. Los progenitores de estos fueron inmigrantes chinos, pero ellos- los hijos- nacieron aquí, en estas tierras, en Trujillo. Los conocí hace ya muchos años cuando mi madre, aún viva, y yo, aún muchacho, solíamos vender jabones y detergentes baratos en la plaza. Terminada la faena diaria pasábamos a visitarlos. Yo solía distraerme con Gellman jugando esos juegos que alcanzaron a ver los chicos antiguos de mi época. Allí nos quedábamos algunas veces hasta entrada la noche en que todos juntos nos sentábamos a la mesa y compartíamos el pan que nosotros solíamos llevar para la cena, marraquetas crocantes y tostadas, cena que una vez terminada debíamos dirigíamos a casa, a pocas cuadras de esta. Vivíamos en el Jirón San Martín dentro de una quinta con paredes muy altas de quincha y adobe. Ah, cuanto tiempo ha pasado desde entonces.


Foto: Joaquín Sorolla Bastida, (1863-1923):
 “El viejo del cigarrillo”.
Hemos sabido cultivar nuestra amistad desde entonces, toda. A veces pienso que la amistad no se busca, aparece fortuitamente. No pensamos, o al menos no existe alguien cuerdo que diga, “Hoy me levantaré muy temprano, sonreiré a todo el mundo y para la tarde volveré a casa con un amigo”. O quien piense, “Este amigo será tal o cual persona que veo constantemente porque me cae bien, me halaga y me presta para mi pasaje cuando necesito”. No. La amistad no funciona así, ella simplemente aparece cuando menos lo imaginamos; siempre está allí esperándonos y cuando se manifiesta de alguna u otra manera, hay que intentar cultivarla y hacer lo mejor por estas personas, que ahora pasan a convertirse en amigos, sean pequeños o grandes, estén cercanos o distantes”. Concluyo ahora, que tantos buenos amigos con que pueda contar un individuo en su momento, no se debe al hecho de que este los haya elegido, sino a que fueron estos, “conocidos primero”, quienes luego de tanto tiempo y tantas situaciones de paciencia, tolerancia y comprensión -donde se pusieron a prueba la estimación y el respeto-, decidieron otorgar a este la categoría de “amigo”.

***

La casa del 625 no había cambiado mucho desde esas épocas, seguían las paredes de adobe, los andamios, que en el pasado se mostraban repletos de frutas, hoy estaban vacíos. El vestíbulo del corredor seguía decorado por los dibujos y frases motivadoras que Gellman y yo habíamos hecho durante nuestras horas de ocio cada vez que el tiempo nos prestaba unos instantes. La puerta desvencijada del final de la sala, aún crujía más desde la última vez, y el sonido que producía, aunque chirriante, era acogedor. El piso de tierra bien barrido como siempre. Sin duda, la casa no había cambiado casi nada desde la última vez que pude visitarlos. (Ahora que lo pienso después de tanto tiempo, he vuelto a reparar en estos detalles que en ocasiones diferentes obvié, en fin.) Salieron Susi y Aurea, ellas, bien cariñosas, me invitaron una ensalada de frutas. Conversamos un poco e intercambiamos una breve plática de cordialidad. Me pidieron esperar un momento. Asentí con la cabeza. (Gellman fue siempre mi amigo, mi compañero de carpeta desde la primaria, mi compañero de trabajo durante mi juventud, mi socio en alguno que otro negocio durante mi madurez; a él debo la adquisición del terreno sobre el cual pude levantar mi casa en el que vivo con mi esposa y mis tres hijos. Ahora, comparto con él mi senectud. Ya estamos viejos. Gellman ha sido siempre un hombre de moral inquebrantable y de una conciencia limpia criado a la antigua, pero bien criado).

“Cómo has estado”, preguntó a media voz. Su voz quebrada y pálida, pálida como su semblante, semblante que a pesar de la angustiosa enfermedad reflejaba la más apacible sonrisa de niño viejo. Allí estaba frente a mí cubierto con una boina negra, una camisa blanca impecable bajo un suéter beige algo gastado, pero limpio; un pantalón azul bien planchado y unos zapatos negros bien lustrados. Sentí una gran pena por él, es curioso que esto ya lo haya dicho, pero así era. Allí estaba de pie frente a mí. Me saludo y se sentó de pronto junto a una mesita pequeña de estar. Sólo atiné a sonreír y dije algo triste: “Muy bien. Vine a visitarte a ti, a Susi y a Aurea; espero que…”. “Me queda poco tiempo Vicente”, dijo intempestivamente cortando mi expresión oracional que intentaba transmitir apoyo moral, “Cáncer, es cáncer, y está en su etapa terminal, me han dicho que cualquiera de estos días me toca seguir los pasos de mi madre”. Me quedé atónito, pero a la vez con una sensación de impotencia y resignación. Luego, ya algo más calmado, como si el sólo hecho de confesármelo directamente desahogara su tensión por revelar a alguien su secreto y demostrarse a sí mismo su valentía para afrontar la penosa adversidad, añadió: “Pero eso no me importa ahora, amigo mío, ya estoy viejo y he vivido lo suficiente para darme cuenta de qué es lo bueno y qué es lo malo. Haya vivido bien o mal, ya lo viví. ¡Al dientre!”, expresó con resignación. “No digas eso”, repuse, “eres muy fuerte y sé que saldrás de esto”, aunque sabía que esto era imposible en todo cálculo posible. (Deduzco que el fallo médico estaba echado) Yo estaba perplejo por la que sería la última confesión de Gellman. “Siempre he estado aquí, somos dos viejos fuertes, eres como mi hermano y yo lo soy para ti. Eso es lo importante.”, dije. Sonrió por un momento, y me dijo: “Sí, tienes razón; somos sólo eso, dos viejos hermanos que no se separarán hasta que la muerte se lleve a uno de nosotros, pero no creo en eso por ahora, somos dos leones enérgicos”, afirmó en tono de broma. Reímos y empezamos la que debería ser nuestra última conversación. Esa mañana nunca más habría de repetirse -murió un mes después-. Esa mañana, habríamos de recordar nuestras viejas andanzas sentados como lo que éramos, dos viejos seniles que se sientan a contar sus vejedades y, a contar de cómo esa llama vital cada día que pasa se va consumiendo más. Aún Gellman tenía las fotos, las fotos de una vida, de nuestra vida, que descansaban guardadas en un álbum amarillo. Así, conversamos, reímos; intercambiamos bromas, recuerdos y palabras. Me regaló algunas estampas que coleccionábamos de adolescentes y que él las había guardado durante todos estos años. No recuerdo la hora, pero me hice muy tarde. Ya era hora del almuerzo y sentí que era momento de despedirme. Nos dimos el último abrazo. Me despedí de Susi y Aurea también. Los dejé juntos; los vi por última vez, por última vez vi sus tres rostros juntos. (Las retinas de mis ojos guardaron ese día la escena más nostálgica y filial que sólo se llegará a extinguir más adelante, cuando yo muera) Crucé el umbral de la puerta de su modesta vivienda y me marché.

Fragmento de: "Los días van y vienen". 1era Edic. Lima, 2015
De. Víctor Abraham

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Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

De cómo el niño se convirtió en escritor, y el maestro se volvió aprendiz.

El compromiso con los nuevos ciudadanos

Hay  personajes que están ahí. Y la imagen de las cosas tiene mucho que ver con la persona que somos, con la mirada que tenemos, con la sensibilidad que transportamos dentro. Cuando yo me encontré con la naturaleza en mi aldea de Azinhaga, era un niño. 
José Saramago, 2007

Cuando el autor de "Ensayo sobre la ceguera", escribía esta nota, probablemente ya sabía que su tiempo de existencia estaba llegando a su fin; sin embargo - y pienso también que- al mismo instante se activaba en él, en su memoria más vívida, más intensa, más fecunda, una imagen, la imagen frágil, infantil e inquieta de un niño, el niño de Azinhaga, el niño que de pronto se quedaba inquieto mirando una tarde al sapo, o conviviendo días completos con olores y vidas nada sofisticadas de bueyes, cerdos, carneros, cabras, en fin: aprendería a partir de allí -soslayo- a descubrir la vida, la existencia, la naturaleza, o lo que yo llamo a veces, el orden natural de las cosas, en fin.

José Saramago murió tres años después (Me enteré de esta noticia justo cuando viajaba a Trujillo a visitar a mi madre y mis hermanas.) Particularmente lo sentí mucho, creo que más que por el hecho de haber obtenido el Nobel de Literatura, por haber sido un ciudadano, un ciudadano de primera clase, es mas, si hoy tengo definido en mí, mi propio concepto de ciudadanía es gracias a este hombre. Así es, el escritor portugués murió, pero dejó claro en su pensamiento una palabra: compromiso, sí, exacto, compromiso ético. En una entrevista, ocho años antes de su partida, que diera para La Nación de Buenos Aires, el 13 de diciembre de 2000, este hombre se planteó - o mejor dicho, nos planteó- una pregunta, "¿Qué estoy haciendo yo en este mundo?"

Ahora bien, a puertas de cerrar un año más, y de iniciar otro, en una semana aproximadamente, me sobrecojo a esta premisa inicial, ¿qué estamos haciendo nosotros en - y por- este mundo? Indudablemente, que si hacemos un recuento del año que se va, nos daremos cuenta de que no hemos avanzado gran cosa desde el punto de vista formativo e integrador porque aún vemos un mundo que va caminando hacia una degradación inminente desde todas las aristas por las que se intente mirar. 

Triste consuelo, y mención aparte, de haber sido otorgado este año el Nobel de la Paz para dos personajes símbolos de la niñez y de la educación como son la joven paquistaní Malala Yousafzai, y el indio Kailash Satyarthi «por su lucha contra la represión de los niños y jóvenes, y por el derecho de todos los niños a la educación». Percibo, y es lo que más me preocupa, que seguimos subvalorando, esto es: minimizando a esas generaciones pequeñas que están tras de nosotros, a nuestros niños y niñas, a nuestros adolescentes, y no digo a nuestros jóvenes porque ellos ya son el presente. Salvo ejemplos destacados en la práctica real de nuestros anónimos maestros en las escuelas, o personas comprometidas con instituciones que trabajan por los derechos de los más pequeños, aún seguimos en deuda con ese cambio generacional que espero este 2015 pueda irse cuajando al menos un poquito más, y digo un poquito porque es un trabajo que nos compromete- y debe seguir comprometiéndonos- a todos y a todas desde donde nos encontremos, porque señores, el compromiso no conoce territorios, ni idiomas, ni credos, ni fronteras. El compromiso histórico es un llamado unívoco a nuestra propia consciencia y a partir de esta a nuestro propio modo de vida.

La primeras experiencias 

Ahora bien, ¿por qué insisto tanto - y con tanta premura- en un cambio generacional? Por una sencilla razón fundamental, porque esta sociedad presente está lejos de ver con claridad la brújula del camino correcto, y no porque no sea capaz de poder verla, sino porque no quiere. Pienso convencido que en la educación está la salida, el sendero, pero no en esta clase de educación que tenemos hoy en día, porque esta solo sirve a un sector. Ya dije una vez, y lo volveré a escribir siempre que pueda, si queremos un cambio inteligente, este debe partir por iniciativa nuestra, de nuestras propias convicciones, y de la consciencia crítica que podamos ejercitar desde nuestras propias familias, ya sean hijos o hermanos, en fin: porque la mayor parte de escuelas y de universidades están lejos de ofrecernos ello.

Ahora bien, mientras más tiempo demos a nuestras familias, mayores serán las recompensas esperanzadoras de cambio. Solo por ponerme a pensar de pronto en mi propia experiencia, llego a la conclusión que si no hubiera tenido un padre que me leyera reflexiones e historias, que me contara relatos morales y describiera las vidas de los escritores como él lo hacía, y al mismo tiempo una madre que me corrigiera las pequeñas mentiras a las que está tentado de decir un niño a su edad para salvaguardar su imagen de, eso mismo, de "niño", o me alistara para ir a la pequeña iglesia de Buenos Aires a recibir mis clases de catesismo sabatino, otro hubiera sido mi destino, al menos mi destino moral. 

Y es que es la verdad, son los padres quienes construyen al ciudadano a su imagen y semejanza, y no los maestros, porque ellos solo moldean lo que ya se trae de casa. Total, ya escribí una vez para una crónica breve, "El compromiso con la educación no solo es de los profesores, ni de los jóvenes, es de los padres, y de la formación que han dado o dan estos a sus hijos en el tiempo que les toca ser padres, o en todo caso van a serlo, sí, desde sus familias. Ahora bien, si no hacemos de nuestros hijos e hijas hombres correctos y en la medida de lo posible, seres humanos, no hemos hecho nada. La primera formación es la del hogar, de la familia, la otra, la otra formación solo es complementaria a la primera. Cómo puedo pedir un hijo con valores, cuando yo no soy capaz de darle ese mismo cimiento, y por qué, porque sencillamente carezco de fortalezas axiológicas y morales. Es un engaño pensar que el niño o adolescente va a la escuela para ser un buen ciudadano, eso no es cierto, el individuo, ya viene formado del hogar. No lo digo yo, lo deduce Freud, sobre quien recae esa dedicada investigación psicoanalítica, las primeras experiencias determinan al ser humano futuro".

Ahora bien, creo que esta gratitud que le tengo a las letras, y ese cariño entrañable por la escritura me deviene de mi padre. Sí, pienso que a partir de esas primeras experiencias con este ser, y mi relación afectiva que tuve siempre con él me permitieron acceder a ese imaginable mundo de los libros con todos sus personajes y reflexiones. De él aprendí la valoración de un libro, y también el hecho mismo de que ser un escritor es ser un comprometido con la vida misma. Yo era pequeño entonces, y debo mucho a este hombre que fue mi progenitor. Por otro lado, es mi madre la gestora de ese espíritu rebelde y libertario que acompaña mi desasosiego permanente. A veces pienso, qué hubiera sido de mí (tal vez nada de lo que soy ahora), si mi padre hubiera sido un médico o un abogado, y mi madre, una mujer sofisticada, o tal vez si no hubiese transcurrido mi infancia en la suave ribera de Buenos Aires del Perú con toda su miseria cultural. Indudablemente que sin estos preciosos elementos hoy sería otro mi destino, un destino que tal vez detestaría tremendamente. 

Del mismo modo debo a un maestro de primera enseñanza básica las habilidades cognitivas que hasta hoy me acompañan, como el hecho de saber leer respetando los signos de puntuación,  escribir con buena letra, hacer un subrayado, comprender una lectura, analizar una situación problemática, y a una religiosa de la congregación agustina, que se convertiría en mi primera mentora personal, el hecho de aceptar en mí el radical papel de enseñar, porque es verdad, el enseñar siempre me ha parecido un reto, un eje radical de transformación, un acto heroico como diría Mariátegui. Así, la enseñanza siempre me ha enorgullecido; empecé a enseñar a los catorce años, doctrinas teológicas y oraciones breves a un puñado de niños y niñas como yo, que también como yo alternaban la misma edad. Y pienso convencido que a partir de ese instante tomaría en mí forma la figura del profesor que soy ahora, convertirme de pronto en un maestro, fue algo que nunca imaginé, pero que acepté con la plena convicción pura de que algún día me volviese un aprendiz de ellos, porque hay aquí una máxima cierta, un verdadero maestro, el verdadero y trascendente, es aquel que da el complemento - y digo, complemento, no cimiento- cognitivo y moral a su aprendiz, pero que un momento de la vida llega a ser superado por este mismo, cuando eso sucede, entonces valió la pena haber dedicado la vida a la enseñanza, en fin.

Los nuevos retos 

Ahora bien, volvamos al inicio de esta crónica que tiene un sello de reflexión y de sobrecogimiento final, Cada inicio de un ciclo temporal implica un nuevo reto para mirar previamente nuestros errores con detenimiento y a partir de allí, poder analizarlos. "De los errores se aprende", reza un viejo adagio popular en mi país, pero también, del mismo modo, reza otro, "No siempre debemos escudarnos en el hecho de "nadie es perfecto". Y es que hace falta coraje a veces para decir lo que se piensa y expresar lo que se siente sin miedo, sin temor al fracaso inmediato, o a las insulsas interpretaciones, o a esas comparsas burlescas que salen sobrando. Agrego finalmente, que hay desde hoy mismo una tarea grande para el año que se viene, una tarea de justicia ética, y esa es la de hablar, la de escribir, la de enseñar, la de poner sobre la mesa las cosas que están sucediendo alrededor de nuestras sociedades, las cosas que no se dicen, o que no se quieren tocar con claridad, o con nombres propios; como el hecho de que se está matando la propia tierra con toda su gente, especies y recursos.

Además del hecho de que la educación se está elitizando cada vez más convirtiéndose así todo esto en una suerte de mercaderes y compradores donde el dinero y la institución pesan más que una formación moral. Es una realidad también ver hoy en día, y debemos cuestionar ello, que este mundo se está llenando de seres acartonados, de membresías, de resoluciones y títulos, de corbatas y de funciones decorativas, de ofertas sin sentido y de entrampamientos judiciales, sí, un  mundo donde el médico y el político han perdido su sensibilidad porque importa más el poder adquisitivo y el status social, donde el ejercitador del Derecho ha agudizado su maldad, su desidia y su frivolidad, donde el confesor ha perdido su credibilidad obligando al niño a perder su inocencia, sí, un mundo donde las superficialidades, las muecas desdeñosas, los vaivenes del corazón por el orgullo, y las tibias formas de amar están a la orden del día. Es por ello, infiero, que este año debemos mirar bajo una óptica más conscientizadora y crítica dichos sucesos.

Sobre el peregrinaje y el desprendimiento


El año pasado en una de mis últimas crónicas, referí que los peregrinos eran como seres extraños, sí, extraños y paranoicos en sus resultados, maniáticos en sus virtudes propias y distantes respecto a las conductas ajenas que observaban, y que en muchos casos cuestionaban o sencillamente se limitaban a entender desde la soledad. Cuando el novelista danés y Premio Nobel de Literatura en 1917, Karl Adolph Gjellerup escribió su "Peregrino Kamanita", allá por inicios del siglo pasado, intentó mostranos a un hombre, sí, un hombre quien de pronto un día cansado de su aciaga vida  moral decidió salir al encuentro de todas las satisfacciones terrenales que la existencia podría conferirle, así fue como conforme las iba alcanzando notaba en estas fragilidad, muchísima fragilidad. Vio como de pronto, todos aquéllos buscadores de lo terrenal, incluyéndose a sí mismo, iban destruyéndose, destruyendo sus consciencias y su alma a cambio de nada, sintió como su espíritu, y sus esperanzas, se desvanecían para despertar aquí, en medio de la banalidad, "Dejaron sus capullos de loto, sus matices vivos- nos dice- para participar de una danza  ajena, ajena porque no les pertenecía; en vez de danzar al lado de los bienaventurados y someterse a las nuevas encarnaciones, tras lo cual sus almas trasmutarían en una nueva existencia dentro del imperio de Buda, dentro del imperio de los cien mil ciclos".

Es así, y lo pienso mucho, que la única verdad de vida y de redención posible está en asumirse colectivamente- o al menos para uno mismo- en sujetos de valores universales, sujetos del respeto, por ejemplo, o sujetos de la tolerancia, o de la solidaridad, o de la honestidad, o de la sencillez y caridad, o de la prudencia, qué sé yo. Cada quien ha de encarnarse en el valor que mejor pueda representarle - y presentarle-, sin importar, claro está, la latente posibilidad de convertirse en héroes anónimos o solitarios, incomprendidos o hasta desdeñados por una sociedad adversa y contraria a esos principios que intentemos formar. Total, y esto debe ser lo más importante a tener en cuenta, "los caminos para llegar a las virtudes más humanas nunca deben ser dejadas ni apartadas de la visión integradora de los hombres y de las mujeres, sino al contrario, deben estar siempre presentes, en fin". (Miremos el ejemplo, del buen pastor y de la oveja perdida.)

Ahora bien, finalmente planteo -a modo de exégesis- convencido de que una de las mayores virtudes de un individuo debe ser su disposición al desprendimiento, y en ello debe trabajar constantemente. Si este, no aprende a desprenderse de lo que le es irrelevante, de lo banal, y de lo tumultuoso entonces su vida girará en torno a nimiedades, a rezagos de cosas sin importancia, a superficialidades. Luego, ha de valorarse más el tiempo que se está - o en todo caso, que se pueda estar- al lado del otro, porque este omnipresente fenómeno es así, así de justiciero, lo que no se aprecia en su momento, difícilmente vuelve a presentarse ante los ojos mismos del próximo inmediato.

Palabras finales

Si bien es cierto, hablar de cómo un niño se convirtió en un escritor, o de cómo un maestro se volvió un aprendiz, parafraseando el título de esta crónica, no resulta tarea fácil. Tomé este título porque creo convencido que podemos hacer de estos niños y adolescentes aún grandes personajes de su propia vida, podemos hacer de ellos aún sujetos de bien. No todo está perdido, aunque las desidias y superficialidades graviten hondamente, debe estar allí el ejemplo que podamos dar los mayores. Nadie es perfecto, ya lo dije, pero intentemos regalarnos a nosotros mismos y -porqué no-, a los demás también, detalles un poquito más perfectos. Son los maestros los llamados y obligados a devolver la esperanza y la crítica a estas generaciones nuevas, y las que estén tras estas. La vida, debe llenarse de maestros y de maestras reales y significativos, educadores y educadoras del bien, y no de individuos titulados en pedagogía o graduados "en y para..." sin compromiso alguno, o decisión, eso es una estupidez más del sistema, es un engaño pensar que solo educan los profesores de pedagogía (Escribí en uno de mis libros que también un insospechado y minúsculo ser podría erigirse tranquilamente como maestro de un cenáculo de canas y arrugas, sólo con su ejemplo.) Y es que hay una gran verdad, los escalafones y las carreras públicas magisteriales, sólo sirven para ascender de nivel y ganar más, pero no para medir -cual pulsómetro moral y de compromiso- si se está haciendo una buena labor desde las aulas. Señores, necesitamos educadores visionarios de obras claras y concretas, de pensamientos profundos, y no agitadores programáticos que tiran la piedra, porque alguien dice que la tiren, y luego esconden la mano.

Es por ello, que insto a los individuos conscientes de mi generación, y a los que antecedan a esta, si es que aún pueden entenderme, a actuar y participar ciudadanamente con convicción y entereza desde nuestros propios actos humanos, porque aún somos eso, seres humanos, aunque este Sistema del capital y  de los negocios nos muestren a pensar distinto. Aquí, en este pedido por ser de justicia, las latitudes y longitudes han de quedar a un segundo plano, como también las cercanías o distancias. El pensamiento ha de hermanos, en fin.

Finalmente, un abrazo grande para todos y todas porque sé que sin ustedes nada tendría sentido, han sido ustedes estudiantes y amigos quienes sin proponérselos han sido mis mayores maestros y amigos. Gracias una vez más, y que un nuevo y renovado año sea siempre con ustedes.

Recuerden que caminamos en todo momento el mismo sendero.

Desde Lima del Perú

Víctor Abraham les saluda.


sábado, 20 de diciembre de 2014

Alejandro Romualdo, poeta épico del compromiso con la poesía y la lucha

Si me quitaran las palabras,
o la lengua,
hablaría con el corazón
en la mano,
o con las manos en el corazón.

De: Si me quitaran totalmente todo. 
en Edición extraordinaria. Alejandro Romualdo. 

Cuando Salvatore Quasiomodo, poeta italiano y Premio Nobel de Literatura, años más tarde, en 1959, escribía "Aguas y tierras", entre 1920 y 1929, y citaba entre sus versos "Cada uno está solo sobre el corazón de la tierra/traspasado por un rayo de sol:/ y de pronto anochece.", Alejandro Romualdo nacía en Trujillo, La Libertad, precisamente el año 1926, hace 88 años. Ahora bien, es para mí una satisfacción poder referir algunas líneas breves sobre su quehacer poético - dado la apreciación personal que siempre he tenido de su trabajo literario, y el respeto que le guardo por considerarlo uno de mis maestros de la escritura, a pesar de no haberlo conocido físicamente- a propósito también de esta semblanza que he podido escribir para compartir con ustedes, amigos y amigas, esta noche, por iniciativa de nuestro amigo y poeta Juan Benavente, y en ocasión del Homenaje póstumo por conmemorarse el LXXXVIII aniversario del natalicio de este insigne poeta nacional, hecho que desde ya me enorgullece por tratarse de un hombre comprometido con sus propios ideales y pensamientos, y que supo plasmar durante su vida: obra y pensamiento, y combinarlas para legarnos, a futuros lectores, esa idea clara de lo que significa un verdadero poeta, porque hay que ser claros en afirmar una verdad, el poeta es ante todo un comprometido con la vida, y con lo que acontece alrededor de ella. Sí, un quehacer poético intenso que sin duda, nunca se alejó de su visión social de ciudadano de un mundo imperfecto, y hasta muchas injusto. Porque precisamente, y siempre me dio la impresión que fue así, desde que pude acceder a sus trabajos, que la injusticia como inconsistencia permanente, y el desasosiego personal fueron- sino en gran parte, por lo menos en rasgo fundamental y esencial- importantes ejes de su creación.

Hablar de Alejandro Romualdo, es hablar de un poeta, es hablar de un periodista, pero sobre todo es hablar de un comprometido con la lucha del pensamiento social, es hablar de un hombre que nunca dejó de bregar con afán esperanzador desde la palabra, con el único fin de ver cambiada parte de esta realidad peruana, la misma que él, cual sensible observador preciso y atento pudo percibir: como las duras represiones de los Gobiernos Militares que llenaron las cárceles de militantes partidarios en su época; fue también un espectador realista de los cambios en las dinámicas sociales, y estructurales de las familias de ese tiempo, las migraciones del campo a la ciudad, las olas violentas del terrorismo, y las complacencias del poder político ante un sistema capitalista monetario que recién empezaba a mostrarse en su gran dimensión, y que lamentablemente muchos intelectuales de su tiempo preferían esquivar para ver la vida un poco más romántica, pura o abstracta.

Pasó por las aulas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, para luego viajar a España, a la Universidad de Madrid. Pienso luego, que encontrarse de pronto allá, solitario, en tierras desconocidas donde franquismo era inminente, pero también las voces poéticas de los españoles Rafael Alberti, Gabriel Celaya, José Hierro, entre otros, poetas de su generación vibraban claramente fue forjando el sentido real de lo que significaba, ser un escritor comprometido. El deseo de revolución heroica y el marxismo terminaron por absorver sus convicciones, móviles y pasiones.

El Canto coral a Túpac Amaru es una muestra de ello, esta oda completa es una exaltación plena de libertad que emula ese deseo de todo ser humano de sentirse libre, a pesar de los sufrimientos y tiranías por las que el individuo atraviesa en su lucha por hacer prevalecer su causa o su razón de vida. Aquí el elemento hombre, en su mayor acepción posible, vuelve a la misma tierra que lo ha engendrado, a pesar de que todo pareciera bíblicamente consumado, es decir acallado finalmente, para decirle no a la muerte, sí, a la libertad, sí a la vida porque donde triunfa la libertad perece la esclavitud y muerte.
Querrán volarlo y no podrán volarlo. Querrán romperlo y no podrán romperlo.Querrán matarlo y no podrán matarlo.Al tercer día de sus sufrimientos, cuando se crea todo consumado,gritando ¡LIBERTAD! sobre la tierra, ha de volver,¡Y no podrán matarlo! (De: Edición Extraordinaria. Lima, 1958) 
Dedicado al oficio del periodismo, y a la enseñanza, escribió sus artículos y poesías bajo el apodo - en algunos casos -de "Xanno", aunque para ser exactos Alejandro Romualdo siempre fue Alejandro Romualdo. así firmó, y así murió. Este hombre, a quien la crítica literaria peruana lo ha ubicado con justicia, dentro de la generación del 50, fue ante todo un poeta, un poeta del compromiso y de la lucha, sí, de la lucha por devolverle a la palabra misma esa connotación que ya Vallejo anunciaba en sus apuntes de "El arte y la revolución", el sentido de "la palabra justa". No dudo que sus viajes posteriores a las ciudades mexicanas de Octavio Paz, y a la Cuba, aún revolucionaria de la época terminaron por acentuar aún más ese rasgo característico que la consciencia introduce en los hombres independientes, el rasgo social.

Finalmente, debo aclarar que no cité inicialmente al enorme poeta Salvatore Quasimodo por pura casualidad, sino que encuentro en este, la similitud cuasi perfecta. Me imagino ahora, al escritor de " La torre de los alucinados" caminando el mismo sendero, que su par italiano a la hora de definir con claridad la función real del poeta, la misma que quedara expresada en las palabras de "El poeta y el político", discurso de aceptación al premio la noche del 10 de diciembre de 1959, quien refiere,
" El poeta es un inconformista y no penetra la cáscara de la civilización literaria falsa, que está llena de torres de defensa como en la época de las comunas. Él pasa de poesía lírica a la poesía épica para hablar sobre el mundo y el tormento en el hombre vive racional y emocionalmente. (...) El poeta se convierte en un peligro para los jueces de la Libertad Cultural, quienes ponen bajo sospecha sus actos y palabras, es así como por medio de la crítica conformista tratan de hacer que el concepto mismo de la poesía sea condenada a la inmovilidad." 
Indudablemente, y es una gran verdad, que Romualdo fue ese hombre que pasó de la poesía lírica a la poesía épica para hablarnos en algunos casos de modo estruendoso, y en otros de modo armónico, de ese tormento racional y emocional en el que está incrustado el individuo, producto de unos jueces sociales que intentan ver todo menos su propia consciencia, en fin. Ahora bien, amigos y amigas, a pesar de ya no estar físicamente entre nosotros este digno representante de la poesía peruana, porque murió la noche del 27 de mayo de 2008, su tiempo vivido fue suficiente para dejarnos ese gran pensamiento que implicaba desde ya una trayectoria limpia de amor por la literatura, de amor por la poesía, pero sobre todo de lucha poética en afán de ver en el futuro una sociedad cada vez más humana e igualitaria. 

Muchas gracias.
Atte. 
Víctor Abraham

***
Disertación en Homenaje póstumo por conmemorarse el LXXXVIII aniversario del natalicio del poeta nacional Alejandro Romualdo, celebrado en la ciudad de Lima, en ocasión de la edición 1031 de los Viernes Literarios, el viernes 19 de diciembre de 2014.

Imagen: Internet

Imagen: Afiche de la Edición 1031
de los Viernes Literarios. Lima, Perú



domingo, 14 de diciembre de 2014

El circo de la COP20 (parte 1)

Me preguntan, personas allegadas a mí, qué es lo que pienso yo respecto al caso: Greenpaece y las líneas de Nazca, ¿has visto me dicen?... Uhm..., medito mucho esta inquietud, y llego a una sola conclusión, compulsivos activistas que buscan hacer publicidad mediática porque saben que en este país, quien quiere portada es quien obra escandalosamente, y para ser sincero, lo han conseguido gracias a nuestros medios informativos mediocres... Ahora bien, según declaraciones del señor Ollanta Humala, "Nos han faltado el respeto...", sin embargo considero que sus discursos nacionalistas poco sostenidos en una política clara hacen que sus palabras queden sin piso, considero, al menos para mí que están demás, ya que vivimos en un país en el que a diario se falta el respeto a la ciudadanía, ¿y cómo es esto?.... Pues bien, pésima educación, corrupciones impunes, negociados ilícitos, desalojos intempestivos y abusivos, leyes sin pies ni cabeza, en fin. No sé que piense la mayoría de ciudadanos al respecto, pero me interesa más hacer un análisis riguroso sobre esta última COP20 que la considero evento más importante, no por la envergadura de tratarse de las Naciones Unidas o por su temática manoseada, sino porque considero que hay muchos cabos sueltos y que es necesario intentar atarlos, o por lo menos conocerlos. Es mas, creo que deberíamos dedicarnos a investigar a fondo ello, en fin... Personalmente, me importa más analizar lo que atenta contra la vida misma del individuo a gran escala, que lo que pueda pasarle a un patrimonio que ya de por cierto está tan olvidado, porque seamos claros, este como tantos otros del país...solo son retomados como "cultural" cuando conviene a las arcas del Gobierno a la hora de hacer prevalecer todas estas mentiras del turismo interno, Marca Perú, PromPerú, y etc..etc, uhm... así están las cosas.

Días de grandes celebraciones y encuentros de Coffee COP

La Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, COP-20, se llevó a cabo en Lima, del 1 al 12 de diciembre, hasta hace poco, y según nuestra prensa los ojos del mundo nos estuvieron mirando (Supongo que Greenpaece y sus fideístas activistas, no iban a dejar pasar esta oportunidad, en fin.). Fueron días -como lo vino informando la prensa- de continuos diálogos y debates, inclusive jóvenes universitarios del mundo, mandatarios, y personalidades del activismo ecológico.

No faltaron los recursos diplomáticos del MINCETUR, Ministerio de Comercio Exterior y Turismo, y sus palaciegas noches y tardes de brindis y coffee COP, como lo denominaron. Según el portal web de Gestión, diario de economía y negocios del Perú, del diario El Comercio, que cito al final de esta crónica, refería la mañana del viernes 12, "El Perú ha sido la sede del evento más importante del calendario anual de las actividades de Naciones Unidas para el cambio climático (...) nuestro país ha construido una reputación por buena comida, los ojos estaban alerta". Luego señalaba, "la COP 20 debió atender la demanda de alimentación de 14,000 asistentes registrados (...) se ofrecieron platos amazónicos. La organización escogió a los restaurantes El Ostrero y Amazonic Grill para esta área.
(...) las Coffee COP funcionaron las 24 horas con ensaladas, sándwiches, quiches, jugos, postres y un sushi bar. Para la bienvenida se trabajó junto a PromPerú para ofrecer un menú marino a 4,000 invitados. En los cocteles para las autoridades, ofrecidos en el Parque de la Reserva y el Teatro Nacional, se implementaron estaciones de quesos peruanos como el characato y se sirvieron platos como langostinos crocantes con miel de rocoto. Chefs mediáticos como Virgilio Martínez y Gastón Acurio también asistieron a la COP20. Este último preparó un cebiche vegetariano junto a Ban Ki-moon, secretario general de las Naciones Unidas. Acurio explicó que el cambio climático afecta directamente a los productos naturales que son la base de la cocina local."

El meollo del asunto

Como se puede apreciar, las atenciones palaciegas no se dejaron esperar, la pregunta sería, ¿Cuánto dinero no?¿Cuánto de ello se cederá a los proyectos de Medio Ambiente?¿Es coherente Gastón Acurio con sus precios, y cadenas de restaurantes, ahora bien, podrá un poblador de a pie de Cerro de Pasco o de La Oroya pagarse solo una semana de almuerzos en alguno de sus restaurantes?. La respuesta es simple, no señores, como tampoco creo destinen algo para proyectos de Medio Ambiente, por una razón sencilla, todo es negocio privado.

Por otro lado, El diario "La república", a través de su columnista Mirko Lauer, que cito como fuente No.2, sostiene que a puertas de cerrarse este capítulo, "La cobertura de esta COP como megaevento mundial ha disimulado los intensos conflictos entre delegados que son la norma en este ciclo de reuniones.(...) muchos participantes sostienen que el borrador presentado por los países desarrollados no está balanceado, y que más bien ha vuelto a ser concebido para permitirles zafarse de sus obligaciones. Lo cual equivaldría a patear hacia las calendas griegas medidas urgentes para avanzar en la lucha contra el calentamiento global, motivo de la reunión.". Añade también, "La madre del cordero fue que los co-presidentes de la Plataforma de Durban, el más sensible de la reunión por ser el que redacta las decisiones para el 2015 en París, insistían en redactar el texto de las decisiones y luego someterlo a votación. Esto se ha logrado, pero de todas maneras quedan intensos conflictos en el aire de la COP20".

Un alcance significativo que es necesario anotar

Un amigo mío,  miembro del PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores/as), para cuyo email cito convenientemente: demossocial@yahoo.es, para cualquier alcance mayor, me hizo llegar un comunicado que luego de un análisis profundo, pude inferir. Por un lado, como sostiene esta información, y que certifico como precisa, "quien mire el mapa geográfico del Perú encontrará que casi todo nuestro territorio está concesionado a las empresas mineras, petroleras y agroindustriales, y gran parte se superponen a los territorios de las comunidades nativas y campesinas. Además la mayor parte de conflictos en el Perú, es de carácter ambientalista".

Por otro lado, se está matando nuestra propia tierra, con sus recursos y su propia gente. Ahora bien, el cambio climático, no es producto- y en eso hay mucha verdad- de la actividad humana en general, esa es una mentira que nos hacen creer, sino de la expansión de un sistema capitalista muy grande - y demasiado ,sanguinario- al que el país como tantos otros solo funcionan como alcancías, y cuyos gobernantes solo son piezas de un juego mayor, la desertización. Aquí, en este macrosistema la producción, distribución y consumo de mercancías, basado todo ello, en la competencia, la búsqueda incesante de la ganancia y de la acumulación, se apoya en la superexplotación de los trabajadores del campo y la ciudad y en la utilización de un sistema energético de combustibles fósiles (reservas que se agotan) como el petróleo y sus derivados, el gas natural y carbón mineral; ahora bien, el problema acá que es de gran envergadura, si se tiene en cuenta que estos combustibles constituyen casi el 80% de la oferta mundial de la energía.

Uhm...

Este hecho me lleva a pensar que este es un ciclo que va a continuar irremediablemente nos guste o no: los próximos treinta años. Sin embargo, lo que si me indigna es la pasividad con la que nuestros intelectuales y líderes de opinión reaccionan, ...pero qué van a decir, si también son parte de esta degradación moral y social que a la larga conlleva a la misma desidia enmarañada de falsas verdades.

Ahora bien, hay que entender aquí una cosa, y de eso no me queda la mayor duda, que en este lapso de tiempo - al menos durante esta últimas semanas- considero que el Gobierno ha gastado decenas de millones de dólares para atender a la alta burocracia de la ONU y lanzar discursos demagógicos al exterior mientras que al interior del país se sigue atacando - y faltando el respeto, en palabras del Presidente citadas al inicio de este trabajo, a nuestra biodiversidad ecológica como todos los gobiernos neoliberales reprimarizadores de nuestra economía que le han antecedido y que sin duda alguna, los demás que vengan seguirán esta misma directriz, porque hay aquí una gran verdad: se da apoyo absoluto a las industrias extractivas de la minería y el petróleo, al mismo tiempo que se subsidia la economía de los empresarios saqueando la de los trabajadores. Esto significa que mientras a los empresarios se les provee adecuadamente, los intereses territoriales y ambientales de los campesinos, nativos quedan vulnerados, ni que decir de la economía de las regiones, en fin, dándoles así a los trabajadores de las ciudades una migaja a cambio de quitarles derechos laborales en seguridad y salud. Como vemos, así están las cosas por acá, por la "capital de la gastronomía mundial".

sábado, 6 de diciembre de 2014

Definiendo algunos rasgos de la vida: Entrevista

Escenario: Casa de la Literatura Peruana. Lima, Perú
Día: Domingo 30 de noviembre, 2014
La entrevista la llevan a cabo las estudiantes: Alison Miranda, Luz Souza, Pamela Silva y Xiomara Andrés
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- Buenas tardes, díganos, ¿cómo nace en usted el gusto por las letras?
- A partir de las primeras experiencias con mi padre, y mi relación afectiva que tuve siempre con él. De él aprendí la valoración de un libro, y también el hecho mismo de que ser un escritor es ser un comprometido con la vida misma. Yo era pequeño entonces, y debo mucho a este hombre que fue mi progenitor.

-¿Es necesario tener cierta edad para que el escritor pueda descubrir sus propias experiencias o inquietudes?
-Yo creo que sí porque como tú lo has dicho, todo basa en experiencias de vida, de aprendizajes que uno va recogiendo a lo largo de su existencia. Mientras se es joven no se valora ni se entiende el significado real de la vida misma; eso no pasa cuando ya vas madurando, o sea te vas haciendo cada día un poquito más viejo. Pero, claro está que eso no quita que puedes escribir desde una corta edad, sin embargo recuerda esto, que los años afianzarán más tu trabajo.

-¿Desde cuándo decidió escribir y por qué?
-Desde que era un adolescente tal vez, no podría precisar con detalle, sin embargo todo pienso que empezó con las primeras anotaciones en forma de versos que hacía para una chica que me gustaba en mi adolescencia, y bueno… allí inició todo, luego fui comprendiendo que habían otros temas más amplios y globales, preocupaciones mayores como el hecho de combatir la ignorancia y la mediocridad, además de denunciar los problemas sociales que percibía se iban sucediendo en la vida que me envolvía. Sabía, entonces porque así lo entendí, que había que usar un arma, y esa era la literatura comprometida, después de eso…pienso que nada. Claro está por supuesto que las necesidades varían de acuerdo a la edad del escritor, y lo que quiere para sí mismo, y eso lo sabe muy bien toda persona que se dedique a este oficio. Yo tengo la convicción clara de que si un escritor no se compromete con las causas buenas en su vida y en su obra, de nada sirve lo demás.

-¿Cuáles son los escritores que han influido en su creación literaria?
-Generalmente los escritores europeos de la posguerra, esto es: luego de la Segunda Guerra mundial, entre ellos el francés Jean Paul Sartre, el alemán Heinrich Böll; aunque debo citar también al ruso Alexander Solzhenitsin. Ah, también me he identificado mucho el estadounidense Saul Bellow, entre otros.

-¿En qué se inspira para escribir?
-En las cosas cotidianas y sencillas de la vida.

-¿Qué género escribe?
Generalmente ensayos de interpretación, crónicas y textos narrativos, aunque he publicado también poesía.

-¿Cuál fue su primera obra?
-Contemplaciones del Ser, Lima. 2008.

-¿Cuánto tiempo tarda para escribir un libro?
-Varía en realidad, porque eso depende del libro, lo que sucede es que uno siempre está corrigiendo cosas. Es difícil terminarlo. Sin embargo mi último trabajo “Sueños de la Realidad” me ha llevado casi 8 años.

-¿Para escribir un libro es necesaria una investigación previa?
-Depende del trabajo, si es histórico, sí. Pero, si partes de una experiencia personal, no.

-¿Cuál es el escritor que más admira o le gusta leer?
-En realidad guardo cierto afecto a muchos que considero han sido y serán mis maestros, de ellos he rescatado muchas virtudes que rigen hoy en día mi vida, son ellos de quienes hube de aprender lo que con mi padre quedó inconcluso en su momento. Mis maestros, los geniales escritores de la posguerra, de las entreguerras, de los períodos duros de la Guerra civil española, de la filosofía existencialista y humanista, de la psicología analista: aquéllos hombres y mujeres a quiénes nunca conocí, pero asimilé demasiado bien.

-¿Para quién escribe?
- Creo que para todos y a la vez para nadie, sucede que un hombre obedece más a sus convicciones e imperativos morales.

-¿Fue difícil abrirse paso como escritor   en un principio?
-Como todo: cuando uno empieza, empieza de cero. Sin embargo es luego, la persistencia la que te va dando un espacio relativo entre los lectores. Aunque debo aclarar que eso a mí no me preocupa, creo que mejor es ser un desconocido a veces.

-¿Qué eslogan propondría para una campaña nacional de la lectura?
-“Decir lo que se piensa y expresar lo que se siente. Ser honestos consigo mismo”, todo eso se afianza leyendo: no uno, sino muchos libros.

-¿Qué consejo daría a los jóvenes que quieren seguir sus pasos como escritor?
-El ser uno mismo siempre, a pesar de las contrariedades o duras e incomprensivas críticas diarias y ajenas. Total, lo demás, siempre será lo de menos.

- Gracias Sr. Víctor Abraham.
-No, gracias a ustedes, y muchos éxitos en los años académicos que vengan para ustedes en adelante.

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(Ya se va cerrando todo. Son las siete y treinta y cinco de la noche. La gente se va retirando. Se ha pactado una nueva reunión para el día de mañana Lunes 1 de diciembre con el fin de poder firmar el trabajo concluido para ser presentado a la maestra del curso).










Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

jueves, 4 de diciembre de 2014

De profesión, profesor y periodista... de oficio, escritor

A Alison Miranda, Luz Souza, Pamela Silva y Xiomara Andrés
jóvenes estudiantes que inspiraron esta crónica... 

De profesión, profesor y periodista

Escribí estas líneas, a partir de una entrevista que me hicieron unas estudiantes este fin de semana. Sí, cuatro jovencitas que no dudaron en desafiar mis propios límites del asombro intelectual para poder absolver a algunas de sus preguntas, y es que es una verdad, me gustan los retos intelectuales, y cuando me topo con jóvenes muy acuciosos me veo obligado a usar ese tono un poco moralista y retador, en fin. Sin embargo debo afirmar que casi no me gustan las entrevistas, las detesto, ni entrevistar, ni que me entrevisten; alguien diría algo ilógico para usted que es periodista, pero es la verdad. Casi nunca me gusta contestar a lo que refiere a mi trabajo de escritura porque sucede que a veces me siento corto y hasta algo nervioso por ello creo, o tal vez sea porque no me gusta nada de lo que tenga que ver con eso de los egos, y es que es la verdad, cuando uno responde a algo, a veces puede estar tentado a caer en ese error, en hablar más de lo debido, pero en fin. Ahora bien, cuando sucede esto, sólo atino a decir, "lean mis libros, allí está todo, y si no tienes uno, te lo doy ahora mismo". Porque debo reconocer una verdad, no me gustan las entrevistas, y cuando accedo: lo hago bajo dos razones, o es porque se trata de jóvenes que me lo piden, o bien porque se trata de alguna tarea escolar de adolescentes; mas allá de eso, no me interesan. 

Por otro lado, si relato esto a modo de crónica es porque, como ya dije inicialmente, cuatro jovencitas acompañadas de una mamá se me cruzaron de pronto, ocurrió inesperadamente, y debo reconocer que me resultó muy gratificante. Me resultó grato porque pude hablar con jóvenes adolescentes, y es que siempre me ha fascinado estar rodeado de ellos, tal vez... ello explique el porqué de mi profesión, y es que es verdad soy profesor. Estudié para eso, y eso es lo que sé hacer, después de escribir, claro está, y jamás he puesto algo por encima de estas dos actividades. Dediqué cinco años de mi vida a convertirme en profesor. Luego de llevar a cabo una tesis sobre actitudes científicas que concluí en un primer momento- y digo esto porque aún hay investigación para rato-, obtuve por fin el diploma que me acreditaba para ejercer la enseñanza básica, hecho que me sigue enorgulleciendo hasta el día de hoy, y es que hay una gran verdad, o al menos para mí...debo todo a esta hermosa profesión. Sí, debo mucho de lo que soy a ellos, los jóvenes adolescentes con los que me he topado. Vivo de mis estudiantes como trato de que ellos vivan de sus propias experiencias. He aprendido tanto y pienso, sin temor a equivocarme, que han sido ellos sin proponérselo mis mejores amigos y maestros.

Ahora bien, una vez en Trujillo, cuando yo aún tenía algo menos de 16 años, y estaba justo parado en la larga cola de inscripción para postular a la universidad, alguien me preguntó- supuse que vio el rótulo del formulario que llené, y que por consiguiente decía, CARRERA PROFESIONAL: EDUCACIÓN-, “¿por qué quería ser profesor?”. No respondí, sólo supe que quería serlo. Éste “alguien”, sólo sonrió, y me dijo, “que tengas suerte”. Comprendí luego, que la esencia de una carrera profesional que en el futuro se ejercitaría, sino iba cimentada desde el inicio de un fuerte sentido de vocación personal, de nada serviría, es más no llenaría más adelante mis expectativas. Dieciséis años después me di cuenta que sí, que sí era como lo pensé esa remota tarde, la vocación personal es la que hace posible que un individuo viva orgulloso de lo que hace. Sentirse en muchos casos contento con lo que uno hace, y más aún percibir un sueldo por ello, francamente no tiene comparación.

Y es que mucha gente me ha preguntado, cómo, cómo si usted es escritor y estudió periodismo por qué no ejerce ello, o escribe para un diario, por qué se conforma usted con ser un simple maestro de escuela, por qué se condena al anonimato y se niega a hacer lo que al escritor le es permitido a hacer. Uhm, sinceramente, que escuchar esto, de vez en cuando, me pone francamente en una situación algo incómoda, nunca respondo, o tal vez esquivo esta respuesta, y es que sucede que mandé en un par de ocasiones un par de artículos a la prensa para que los revisaran, me los aceptaron y los publicaron por intermedio de un amigo, luego vinieron dos publicaciones más, hecho que agradecí en su momento, sin embargo esta vez este amigo quería dinero, lo mandé al diablo, y dejé de hacerlo, después fui invitado enviar trabajos a algunas personas más ligadas a revistas y medios culturales impresos, y es que sucedía entonces - para sorpresa mía- dos cosas, o no querían del todo mi trabajo porque era, según ellos, muy fuerte y les asustaba, o segundo me lo publicarían a cambio de reducir algunos términos o enunciados: igual los mandé al diablo, al margen de ello, he seguido escribiendo para el blog de La Generación Desconocida desde hace siete años. Por otro lado, un tiempo la BBC MUNDO estuvo recibiendo mis comentarios, pero perdí el contacto: emitía opiniones y juicios sobre temáticas internacionales, pero ya dije, perdí el contacto. Me he preocupado desde entonces a usar las redes sociales y tener como vehículo, las escuelas en las que he laborado con el fin de difundir los trabajos, sí, debo reconocer que mis viajes también me han ayudado en dicho propósito, aunque para ser sincero, no me interesa correr detrás de alguien para buscar la novedad e imprimir el titular del día, me interesa más y me seduce más el acto de conscientización en si mismo que pueda generar entre mis propios estudiantes.

De oficio, escritor

Cuando pienso en lo que significa un oficio, no puedo dejar por mi cabeza, las impresiones primeras que tenía acerca de este término antes, y entonces se me viene a la mente, los múltiples trabajos que realizaba mi padre para proveer nuestra subsistencia diaria mientras dependimos de él cuando éramos niños, mis hermanas y yo. Mi padre era un hacedor de oficios, un inventor de trabajos que - sabe Dios cómo- traía algo a la casa por las noches, desde hotelero hasta vendedor de cosas absurdas. Uhm..., pero así era. Supongo que a él le pagaban por lo que hacía, que si bien no era mucho ya era algo, y eso era lo más importante, en fin. Desde niño siempre se me venía a la cabeza cuando escuchaba la palabra oficio, las imágenes de un cartero, un peluquero, un zapatero, un sastre, y otras actividades más, pero jamás cruzó por mi cabeza la idea de un nominativo más, escritor. Pero es la verdad, un oficio es algo que se aprende por cuenta propia, que se descubre por sí mismo al darse cuenta de que hay - o en todo caso se reúne de- ciertas habilidades. 


Un oficio lleva un sello más de estilo práctico y de adiestramiento interior, implica dedicación y cariño por lo que se hace. No hay un sustento académico o un diploma que avala ello, son los visitantes, los que se sirven del trabajo hecho por este tipo de hombre, quienes reconocen generosamente esa dedicación desplegada. Aquí no hay motivación más intrínseca que la satisfacción de hacer un buen trabajo o de servir mejor al otro que acude en búsqueda de la solución al problema. El oficio está lejos de ser una profesión porque simplemente no hay más crédito por lo que se hace, que el que puedan darle sus beneficiarios. Una profesión está enmarcada en un rango social que obliga a competir por escalar posición. Un oficio no, un oficio es una actividad más sencilla, más libre, aquí no hay presión: hay dedicación, sí, exclusiva dedicación, que no está enmarcada en nada, salvo en una propia necesidad de satisfacer una necesidad del otro a cambio de una pequeña y hasta a veces ínfima cantidad pecuniaria. Un oficio- y no he dicho carrera técnica porque eso es otra cosa-, es libre de ser ejercido cuando las circunstancias lo requieren. Una profesión, no. Una profesión demanda profesionalización, demanda roce social, demanda diplomas y estudios de especialización. Un oficio en cambio, demanda mayor compromiso consigo mismo, mayor entereza y mayor destreza, cuando no, a veces hasta una cuota mayor de ingenio para poder sobrevivir en el mundo injusto de titulados. Un oficio es más libre de ser ejecutado; una profesión, no, está atada al convencionalismo de ser o de estar dentro de algo, necesita de ese algo para sobrevivir porque simplemente el mundo exige más. Ello no quiere decir que hablemos de dejadez, no, simplemente pienso que un oficio implica mayor tentación a la precariedad y al vacío de la rudimentariedad. En consecuencia, y puestas sobre las íes todas estas expresiones, debo afirmar que el oficio de la escritura está acompañada de muchos matices complejos que van desde un compromiso mayor de energía misma y consigo-mismo hasta una voluntad de desprendimiento total...

Bueno, si decidí escribir esto fue porque debía aclararme- al menos a mí mismo- sobre lo que implicaba esta actividad, ante una de las preguntas de estas jóvenes adolescentes...¿Desde cuándo decidió escribir y por qué?

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

Una movilización sin sustento: el objetivo, aglutinar a la manada; la gran mentira, la democracia

La consciencia de un valor cualquiera sea este da la libertad al individuo, le confiere responsabilidad, acción y fe en el futuro. Los hij...