jueves, 11 de octubre de 2012

"Mo Yan", el seudónimo de un Nobel que lo describe cómo realmente es

Cuando las personas se acercan a alguien cuyo nombre no es el de su partida de nacimiento, es escritor y lleva una vida cargada de utopías y comprometida con su trabajo de escritura diaria muchas veces la primera pregunta que asalta su inquietud es ¿por qué decidió llamarse así, o por qué no usa su nombre verdadero para firmar sus trabajos o simplemente qué esconde? Preguntas que para ser sincero con muy incómodas de responder. Supongo que tras esta decisión de "autodenominarse" de otra manera tiene como trasfondo un propósito que muchas veces guarda relación con sus escritos y con su vida misma. El seudónimo no determina nada, el nombre tampoco; si, los actos férreos y convicciones permanentes.

Se me viene ahora al recuerdo una de las expresiones que leí hace mucho tiempo, la misma que apertura el libro autobiográfico de Charles Dickens, " David Copperfield", aquí el autor sostenía "Si soy el héroe de mi propia vida o si otro cualquiera me reemplazará, lo dirían las siguientes páginas", y es la verdad no somos más que los héroes solitarios de nuestras propias vidas, las mismas que sólo pueden tomar vida eternamente cuando son traducidas a una hoja de papel. Siendo el nombre real que se estampe sobre la portada o el seudónimo el que quede grabado, de todas maneras contará una única existencia, la propia y autobiográfica - o biográfica en el menor de los casos-, por más conjugaciones en "terceras personas" que pudieran aparecer. Ésta - me refiero a la existencia- sumada con la magia de las situaciones o la fantasía nacida de las utopías dan vida a lo que muchos llaman la obra en sí misma.

He querido iniciar esta apreciación esta tarde con estas palabras que me preceden, en alusión al nuevo nombre que se abre entre los escritores de todos los tiempos, el Premio Nobel de Literatura que este año ha recaído en un hombre de origen chino capaz de crear novelas míticas y originarias combinadas en muchos casos con las propias vivencias de una infancia contemporánea a la misma historia plasmada. Es decir realidad y fantasía, la fórmula que usaran el siglo pasado Gabriel García Márquez y su maestro William Faulkner, ambos también Premios Nobel de Literatura.


Hoy se habla de Mo Yan, tal vez nombre con el que se le identifique más, sin embargo si refiriéramos que Guan Moye es su verdadero nombre daría igual puesto que como ya he referido, el nombre no determina nada.

Mo Yan, "No hables" en mandarín describe a un hombre directo al hablar y de pocas palabras. Un seudónimo sobrio y mesurado que va acorde con sus obras y sus palabras: " ganar no representa nada" tras conocerse la decisión de la Academia esta mañana en horas peruanas. Según la Academia Sueca Mo Yan ha mostrado capacidad para crear obras que describen con un "realismo alucinatorio" la agitada historia de su país y su apego a los paisajes contemporáneos de la China oriental de su infancia. 

¿Pero quién es Mo Yan?, ah, claro, un escritor censurado y polémico por la temática de sus obras por citar su novela "Fengru feitun" (Pechos grandes y caderas amplias) de 1995, la misma que causó polémica en China por su contenido sexual. Este escritor chino nacido en 1955 en una familia de granjeros abandonó los estudios para trabajar en el campo y después en la fábrica hasta el año 1976 en que se enroló al ejército chino. Fue allí en la que nace esta iniciativa por escribir. Su novela más célebre "Sorgo Rojo" llevada el cine que describe la imagen de una mujer china que se casa con un hombre que su padre ha dispuesto: un anciano rico que padece lepra, y posee una destilería de sorgo (similar al maíz y que representa una opción nutritiva para las personas  con trastornos digestivos por poseer propiedades curativas.). Ella, sin embargo elle se enamora de uno de sus sirvientes.

Mas información recomiendo leer: el portal web del diario Ibiza.es, sito en:
Sea como fuere, indudablemente pienso que todo escritor es ante todo un comprometido con su trabajo diario y consecuente y con sus posturas e ideales, porque son éstas formas las que determinan su esencia y estilo creativo. Felicitaciones a Mo Yan, saludos al pueblo chino, y a los múltiples seguidores y lectores de este género conocido como Realismo Mágico. 



Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

jueves, 4 de octubre de 2012

Hacia una sociedad del perdón

Yo estoy de acuerdo con el indulto al Sr. Fujimori. No es una cuestión de coyuntura política, ni de normas legales. Reconozco y respeto sin embargo los procedimientos que se tengan que tener en cuenta, sin embargo creo que esto va más allá de una medida de fuerza, de urgencia o de pedido humanitario, es una medida de plano ético en cuanto a mejores condiciones humanas para una persona se refiere.

Sr. Presidente Ollanta Humala de ejemplo de perdón y demuestre su lado concertador, estados que hoy tanto hacen falta a esta sociedad que nos envuelve. Al diablo, si los informes médicos dicen o no lo necesario para proceder a esta medida porque es sabido que por más temas de constitucionalidad internacional referidos, al final la soberanía presidencial es vital para llevar a cabo esta acción que considero justa y necesaria. Estoy seguro que estos papeles o informes médicos no expresarán jamás lo que es convenientemente ético. La consideración a la persona es ante todo más importante.

He escuchado decir a varias personas que probablemente no compartan esta opinión – y desde ya respeto su decisión-, que el Sr. Fujimori está encerrado en una cárcel de oro y que vive mejor que muchos de nosotros. (Hecho que no lo creo porque la libertad siempre será sinónimo de bienestar, y quien no la tenga o la tenga parcialmente dudo que viva bien o mejor que otro, y más si hay una enfermedad de por medio.)

En busca de una sociedad del perdón

Entiendo y comprendo esta desazón. También la he sentido a veces, sé también – y tal vez más que nadie-.como muy bien refieren algunos que existen desconocidos que mueren en el olvido, no sólo en cárceles, sino en hospitales, o en la desidia. Sin embargo, como ya dije este hombre -el Sr. Fujimori- hoy se presenta como una clara oportunidad para entender todos la importancia vital que debe tener en nuestras sociedades el perdón, al margen de la probable persona a indultar, no me refiero a personas, a nombres, a si están o no en cárceles doradas. Me refiero a personas que son capaces de perdonar y promover concertaciones de paz. Pienso ahora con la única esperanza que me sobrecoge que tal vez ese sea el inicio para que otros hombres o mujeres puedan ser perdonados e indultados. La culpa ya la tiene la persona que ocasionó lo desagradable. El detalle es que precisamente ahora la pelota está en la cancha del otro, y es obligación no política ni coyuntural, sino humanitaria mostrar ese lado conciliador y noble que tiene la persona humana. Mi posición supongo que ya está afecta y expresa.

Hay quienes dicen también que  esto del indulto se hace con fines políticos sosteniendo una  polarización de fuerzas políticas e inclusive alegan exámenes médicos de por medio, hablan de crímenes de lesa humanidad y de corrupción generalizada, hablan de querer escuchar un perdón primero para ser perdonado. En realidad, pienso que todo esto es muy absurdo, pues ya no estamos en la época en la que rige la ley del Talión o “lex talionis” : “Ojo por ojo”, sino en la que rige una cultura de paz, de diálogo y de concertación.


Ya dije que hablar de un indulto para un hombre es una cuestión de perdón y de sensibilidad humana. Entiendo que siempre se nos haya enseñado a juzgar a las personas por sus actos y a condenarlos o a premiarlos, pero está en nosotros ampliar esta visión y llevarla más allá de cualquier entendimiento coyuntural o de odio de fuerzas políticas. No, no estamos para promover una sociedad de odio. Dónde está lo que tanto buscamos los humanistas cuando hablamos de una cultura de tolerancia, de paz y de humanidad, si seguimos enarbolados en nuestros pasados. No, así no funcionan las cosas. Nosotros somos parte – o debemos serlo, si aún no lo somos- de una nueva generación que no está cimentada por el odio , sino por la oportunidad de cambio, de perdón y entendimiento. Estamos hablando de un hombre que merece estar con su familia en estos momentos más álgidos de su vida, nada más. Esto no es más que un principio de humanidad. Entendámoslo, de humanidad.

Como ya dije anteriormente llevo el mismo sentir y entendimiento de muchos compatriotas peruanos, soy tan joven o tal vez algunos lo sean más que yo, eso no importa. Sé muy bien las consecuencias funestas que este régimen dictatorial político significó para el país. Sé muy bien lo que significó vivir parte de mi infancia y parte de mi adolescencia dentro de un gobierno como el del Sr. Fujimori, las consecuencias hoy saltan a nuestro alrededor, este caos moral y esta selva de atropellos a la sensibilidad, esta falta de compromiso social y vacío individual de algunos tantos de mi generación -hoy profesionales, tal vez más que yo- a quienes no juzgo, sino entiendo porque sin proponérselo ellos mismos son los niños de éste régimen ambientados en el silencio y el miedo a expresar lo que piensan y sienten, ambientados en la desconfianza (Sin embargo, me llena de esperanza el hecho de saber que hay nuevas generaciones que están dispuestas a ser distintas, nuevas generaciones más insumisas e inconformistas, más rebeldes y libres y creo que también más cercanas al desarrollo y seamos justos aquí para reconocer también los logros de este régimen en materia de desarrollo: un Perú con nuevo rostro, más estable y abierto al mundo en materia de desarrollo sostenible.)  Entiendo todo, lo entiendo muy bien, sin embargo sigo pensando que al margen de acciones y de condenas debe primar ante todo nuestra cultura del perdón, esa de la que tanto adolecemos muchos. 

Que este hecho, como ya dije sirva más que para dividir, para mostrar al mundo que también nuestra sociedad ha evolucionado o al menos está evolucionando en materia de sensibilidad y reconciliación.

Para terminar  debe quedar claro que el "indulto" es una especie de perdón. El reo no queda excluido de la culpa, sino que se le libera por diversas causas.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

lunes, 1 de octubre de 2012

Querer con el corazón

Querer con el corazón a todas las personas, cuanto más si se trata de aquellas que engrandecen cada día nuestras alegrías, sean amigos cercanos nuestros o no tan cercanos nuestros, pero al fin y al cabo amigos. Pienso que basta ya el solo hecho de ser nuestros conocidos, o de haber pasado transitoriamente por nuestra vida para quererlos tan igual como a los demás. Las personas pasan, muchas, bastantes son las que pasan por nuestra vida  y sin proponérselo ellos mismos dejan en nuestras consciencias enseñanzas que debemos agradecer siempre. Siempre debemos ser agradecidos.

Querer a las personas y con más razón si forman importante parte también de esa pequeña afecta parte de nuestra vida. Quererlos y quererlas con el corazón sencillo y amable. Querer con el corazón grato y sincero a quienes cumplan años, no sólo a los de hoy, sino a todos, a todos los demás de los demás días. Saludarlos. Darse un tiempo para dedicarles una canción o una postal pequeña. Estoy seguro que así contribuiremos a acrecentar la fe en la alegría diaria, porque la alegría diaria es posible, es muy posible, pero depende mucho de nosotros, de nosotros y de los otros.

Pero saludar también a quienes no cumplan años en el día. Darse un tiempo también para ellos. Estos saludos son muchas veces los más importantes, los que quedan y los que cimientan las amistades verdaderas. Que éste día sea uno de esos en los que uno come torta- si está de cumpleaños o no, qué importa-. Que éste sea uno de esos días en los que uno mismo se proponga estar alegre, pero alegre más de la cuenta. Que este día sirva para reír, para reír más de la cuenta. Que este sea un día para recibir saludos de quienes jamás espera y sin embargo le alegra.

Que éste sea uno de esos días en los que a uno se le canta alegre un canción - cualquiera que sea-, y se le entregan pequeños detalles a modo de sorpresa. Un día en que uno recibe abrazos, y por supuesto agradece, pero sobre todo un día en los que uno piensa y vuelve a comenzar y a vivir con intensidad  muchas experiencias más, pero sobre todo a seguir conociendo a muchas personas buenas más, si es que ese "más" con tilde podría significar conocer mejores personas que nos ayuden a seguir adelante.

Finalmente querer a las personas, por qué no, más de la cuenta. Querer a las personas que no dudan de nuestra voluntad, ni cuestionan nuestros procederes. Entenderlas si lo hacen. Ayudarlas en todo momento, en todo momento. Enseñar a los que quieren aprender, pero con mayor razón enseñar más a quien le cuesta aprender porque estoy seguro que estos son en realidad los que Ausubel llama aprendizajes significativos.

Querer de la manera más abierta posible al próximo inmediato a nosotros, y al próximo distante a nosotros. Querer a todos. Reír, tratar de reír para todos, para todos por igual. No incomodar, sino agradar. No juzgar, sino entender. Proveer en vez de restar y quitar. Sumar en vez de dividir. Multiplicar y reproducir . Esa es la clave, querer, querer mucho a las personas. Esto no es cuestión  de obligación, sino de humanos principios.


Desde Lima, ciudad capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

El problema de los medios informativos en el Perú. (Parte I)

Un columnista que escribe para un diario popular hoy ha dicho: "Esta sociedad está engendrando cada vez más seres fríos, indiferentes e insensibles"- yo, supongo que esto ya no es novedad-, es más cita a Francisco de Quevedo, el poeta del Siglo de Oro español, habla de los tiempos de las cavernas, de una sociedad moderna macabra, malos hijos, ocupados padres, familias robóticas, gente que piensa en dinero, personas sin valores y sentimientos, sociedad de psicópatas, en fin tantos calificativos que han salido a relucir de manera mediática cuando sucede algo inesperado, como un crimen. (El problema es que esto no se soluciona hablando y denunciando un día, dos días, una semana, no así no se soluciona. Es más, esto es un trabajo diario y constante, no de uno, ni de dos días o semanas, sino de todos los días. Es un trabajo de enseñar todos los días, habiendo o no motivo mediático alguno.) Este columnista se pregunta finalmente "¿Pero, que estamos haciendo nosotros para lograr esto? Yo le respondería. Abra usted, la sección de fiestas y espectáculo de su mismo diario y de paso ojee la imagen que presenta el reverso de su periódico. Ahí, señor columnista, está su respuesta.

***

El mercado televisivo peruano ofrece muchos programas -bueno al menos los de señal abierta-, pero la gran mayoría de ellos son considerados por sus mismos consumidores como apáticos y descartables porque tienen baja calidad estética y moral. Los propios líderes de opinión que se sientan cada noche plácidamente en sus reconfortables sofás frente al lente del televisor sólo quedan en corbatas y sacos -si son hombres-, y en muñecas de andar donoso y vestir refinado - si son mujeres-. Escudándose bajo la "bendita" libertad de expresión creo que corrompen más que cualquier ciudadano de a pie común y corriente. Esta sí que es una realidad muy, muy decepcionante. 

El problema es que éste no termina sólo en una decepción, sino que traspasa los límites de la pantalla reflejándose al televidente quien llevado por un puro intento de imitación busca copiar los modelos - a veces inconscientemente-. Hay quienes proponen coger el control remoto y mover el canal. El año pasado fui a una capacitación en la que se exponían muchos temas de índole valorativo. Todo iba bien hasta que al moderador se le ocurrió exponer un corte sobre una muestra de un programa que a decir verdad fue sacado del aire. Era uno de esos programas escandalosos y mediáticos en los que  la gente - artistas del medio- solían exponerse a crueles e insanas torturas psicológicas y físicas mientras cantaban. Era uno de esos programas estúpidos con  rating. (Es algo muy común en estos tiempos ver que estos programas como bestias televisivas se peleen por competir entre ellos mismos, cual caníbales. El problema es que no aportan nada, salvo carcajadas histriónicas en sectores populares.) 


Como ya dije la exposición de este corte televisivo en plena capacitación dio cabida a muchas opiniones poniéndose bajo el tapete esa palabra controversial para muchos y - con pena- utópica para otros: La libertad. A alguien se le ocurrió entonces hablar sobre la libertad - y precisamente la libertad de expresión y de acción-, hubo muchos debates, algunos acalorados e intensos. Recuerdo mucho que una señora en un tono muy drástico sentenció: "La culpa no es del programa televisivo, sino del que lo ve, quién les manda a ver esos programas." El moderador, entonces asintió como correcta y oportuna la participación de esta dama  Yo me pregunté, y se lo expresé a los dos dentro y fuera de la reunión, que dichas apreciaciones eran  correctas, sin embargo no podemos exigir a quien no está preparado para hacer lo correcto, menos tomar una elección correcta, pero qué es lo correcto para alguien a quien no se le enseña a ver lo que está mal o no está está mal. Más valdría pensar que es ahora el momento de empezar a enseñar lo que es bueno y lo que no es bueno.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Dar, sólo eso...dar


Tal vez haya certeza en la expresión "compartir", no lo dudo, tal vez esta expresión sea más justa y equitativa, sin embargo temo que no todos comprenden esta expresión, o al menos la hacen suya en la práctica. Admiro a los que suelen compartir, admiro a los que hacen suya la expresión "compartir", los admiro y las admiro, bien por ellos y por ellas. Aprendí desde pequeño que el dar era superior al compartir, así lo he internalizado y lo he asumido siempre, me temo que a estas alturas de mi vida jamás cambiaré mi percepción. Por lo que a mí respecta es preferible e incuestionable el acto de dar, se da sin esperar nada, al menos uno da, se da, y lo demás es sólo el complemento a esta acción de ofrenda. Nada más que eso...complemento.



Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

sábado, 15 de septiembre de 2012

Fragmentos de "Libertad bajo comparecencia". Lima. 2012.

sin embargo es necesario demostrar, demostrarlos,
demostrar  esos sentimientos en cada momento 
a cada paso, a cada instante...

(De: Los hermanos de la  tierra. Lima. 2012)
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Los hermosos jardines


Es curioso que un joven haya afirmado decididamente esta mañana que estamos, "...para no encerrarnos en un hermoso jardín, sino para actuar en el mundo real." Esto me trajo a pensar lo que anoche también me dijo John, otro gran amigo mío, que no estamos para soñar sino para pisar la realidad - siempre me lo dice, y la verdad que lo entiendo-. (Sin embargo, y ese el problema que soy tan realista, tal vez más que el mismísimo John)



Uhm, ambas apreciaciones son entendibles y comprensibles desde un punto de vista, sin embargo pienso que indefectiblemente, si no tomamos como punto de referencia esos "hermosos jardines" jamás enseñaremos a los demás a ver optimismo y esperanza en la vida presente, porque mal que bien estos mundos, son mundos de sensibilidad. La realidad ya la conocemos, sabemos cómo es y que apariencia tiene. Nuestro trabajo debe ir más allá, debe consistir en abrazar objetivos más amplios, más nobles y sensibles. Nuestro trabajo debe alcanzar la comprensión y el entendimiento. El detalle es mostrar esos lados gentiles que nos ofrecen la posibilidad de cambiar para bien. El detalle no es soñar por soñar, sino soñar para proyectar gracias a estos sueños posibles soluciones. En todo caso concuerdo con ambos que de alguna u otra manera, el mundo que nos rodea es el que hoy existe y debemos afrontar con mucho, mucho optimismo.



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La vida ajena

Llega el momento en la vida de un hombre en el que uno mismo empieza a analizar muchas cosas de su vida, de la vida de los demás o de las innumerables vidas que se piden prestada a los demás, en fin...cosas humanas, algunas extrañas, otras raras, no falta algunas que otras exageradas o minimizadas,  pero todas comprensibles. Si a esto sumamos el hecho de vivir cada día como si fuera el último - es curioso que todavía recuerde esa expresión, sí esa misma expresión estampada en el mural de la universidad cuando la pintaron algunos callejeros allá en Trujillo hace ya muchos años-. Como ya dije intentar convertirse en un hombre que analiza cada cosa, y depender únicamente de los trabajos diarios que se tienen que hacer sí o sí para poder tener un sustento, no es tan fácil de comprender. Algunos se quedarían en un solo estado, o el trabajar o el analizar, pero por Dios jamás ambos, jamás. Algunos la considerarían idiota, ociosa, o porque no aburrida o difícil,  hasta hay quienes pensarían que es admirable o extraordinaria. Lo cierto es que no es ni lo uno ni lo otro, ni ociosa ni aburrida, cuanto menos admirable, no, no lo es, es simplemente una vida ajena.

El viajar enseña tanto a un hombre como las personas que uno conoce allí en esos remotos y exóticos lugares, los mismos que luego quedan convertidos en amigos, son innumerables. Y hasta afirmaría con mi mayor convicción que se termina aprendiendo- y creo que en mayor medida-, de los adolescentes y jóvenes que uno frecuenta por cada espacio escolar que se recorre: producto de los múltilpes trabajos en las aulas. Ellos dan mucha materia a nuestra vida, me refiero cuando la vida está relacionada justamente con ese extraordinario oficio de enseñar - pero también de aprender-.  La vida a veces resulta no ser tan fácil como se piensa y sin embargo sus azares nos están tentando casi todos los días. 



***


Los consentimientos de felicidad



Indudablemente, que el sufrimiento siempre será la otra cara de la felicidad, y para alcanzar la comprensión de la segunda y poderla irradiar a los demás se necesita en primer lugar atravesar necesariamente por la puerta de la primera. Supongo que estas palabras resultarán por ahora, inexplicables y extrañas pero aunque queramos negarlo no veo mayor realidad que esta.

Por eso,
Querer  Zuzanne
querer mucho a las personas
y aceptarlas como lo que realmente son
-al diablo con sus defectos-,
no hay perfecciones, en realidad no las hay.
Estamos cubiertos todos de errores
obramos sin pensar
y decimos cosas sin sentir
(y debo admitir que ese es el problema ahora)

el problema ahora
es que nadie quiere sentir
el problema ahora
es que todos quieren estar seguros de los demás para dar el primer paso
- o al menos, eso pareciera que quisieran dejar por expreso 
para que los demás las percibamos-,

el problema ahora 
es que antes de actuar 
haya que medir para no equivocarse-  es una insensatez-,
muy pocos sienten ahora
como debieran hacerlo en realidad
es algo no entendible, pero supongo que debe ser comprensible.

Es muy raro percibir tan seguido estas extraños afectos,
pero lo que encuentro cada noche al ir a cenar
o cada tarde al escribir
e incluso cada mañana al pararme frente jóvenes 
es ya preocupante.

Las personas que deberían ejercer un liderazgo 
-los llamo líderes porque
fueron bendecidos con cualidades y talentos de líderes
y sin embargo no hacen nada-, 
hacen que sus talentos convivan con sus fríos hermetismos (¡que paradojas!)
no faltó alguien que una vez decidió usarlos 
pero sólo para lograr conveniencias mediáticas y
-como tenía que suceder- todo salió mal. 
Esto fue ya patético. 

Supongo que éste es el mundo real ahora 
¿verdad Zuzanne?
quedan pocos, pocos "ilusos" ahora, 
quedan pocos "tontilllos", pocos, 
pero nobles de corazón
de intención
o de acción que es lo más importante. 

***

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Barrabás, la solitaria imagen de un hombre arrollado por la historia.

Barrabás era un mocetón de unos treinta años, robusto, de pálida tez, barba rojiza y cabellos negros. Las cejas parecían también negras, los ojos se hundían en las órbitas, como si la mirada hubiera querido esconderse. Bajo uno de ellos descollaba una profunda cicatriz, que desaparecía en la barba..
(...)
Aquella infeliz tras ser ultrajada numerosas veces por todos los miembros de la cuadrilla de bandidos, que capitaneaba Eliaho, fue vendida a una casa pública de la ciudad. Allí, cuando se dieron cuenta de su estado, la echaron a la calle, donde, poco después, apareció su cadáver. Nadie sabía de quien era la criatura y la misma madre no lo hubiera podido decir; pero la había maldecido en sus entrañas. 
"


De: Barrabás. 1950
***

“Barrabás” es una novela que Lagerkvitz ofrece al lector para proponerle una desgarradora metáfora sobre la soledad del hombre. Soledad ante la vida, ante el destino, ante sus congéneres, ante la trascendencia y ante sí mismo.Porque, en Barrábás, todo es… soledad,absoluta y aterradora soledad.


“Barrabás” es un relato breve, de algo más de 100 páginas, alejado de erudiciones omniscientes, de coloridas y espectaculares escenas, de épicas batallas o de milimétricas reconstrucciones arqueológicas del pasado. No hay tópicos históricos ni “historicismo” alguno en Barrabás. Y apenas congrega en sus páginas a algún personaje de esos que la propia Historia reconoce como protagonistas.

La vida de Barrabás reside, en buena parte, en la imaginación del autor, y, en otra, bebe de la leyenda; sus desventuras hunden sus raíces en las más antiguas tradiciones orales cristianas, tan apócrifas como etéreas e indemostrables. Pero el relato se ambienta, claro está, en otras geografías (desde la Palestina de Cristo a la Roma imperial) y en otros tiempos, entre el pasado real, el legendario y el imaginario, recreados con verosimilitud y realismo.

“Barrabás” narra el periplo existencial del bandido indultado por Pilatos momentos antes de dictar la sentencia de muerte de Jesús. Es la historia de un hombre arrollado por el torrente del destino, el mismo que un día lo favoreció y que lo persigue inexorablemente desde entonces hasta el final de los tiempos. Es el paradigma del maldito, la imagen del hombre marcado para siempre con el estigma del oportunismo y del oprobio, el rostro que insufla dolor en la conciencia de sus semejantes porque sus ojos reflejan la vergüenza de quien los mira.

El relato fue publicado en 1950 y contribuyó de manera decisiva al encumbramiento del autor, que recibiría el Nobel de Literatura al año siguiente. Su prosa es fluida, ligera, sencilla, abundante en diálogos y ágiles escenas que, magistralmente combinadas, sumergen al lector, de un modo tan sutil como inevitable, en una espesura existencial de creciente angustia que acaba engullendo al protagonista. Y esa dolorosa angustia, la de su Barrabás es, en realidad, la de Pagerkvitz, la misma que destila e inspira toda su obra.

Porque pese a la presencia -un tanto vaporosa, enigmática y surrealista-, de personajes secundarios que revolotean intermitentemente en torno al protagonista (la gorda y la mujer del labio leporino entre los mejores), la atmósfera de soledad que envuelve irremisiblemente a Barrabás acaba volviéndose irrespirable, asfixiante, inhumana, letal. Soledad física ante la crueldad humana y soledad del alma ante el imperturbable silencio de la Trascendencia. Esa es la reflexión y a un tiempo el reto que Lagerkvitz propone al lector inquieto e inconformista, a aquel que, bajo el manto de la recreación histórica o legendaria, busca con frecuencia algo más que batallas, héroes, atrezzo y fuegos artificiales.

Sobre el autor:

Pär Lagerkvist. Suecia, (1891-1974). fue un escritor, poeta, ensayista y dramaturgo sueco, Pär Lagerkvist fue uno de los grandes autores teatrales de su país, miembro de la Academia Sueca y nombrado Premio Nobel de Literatura en 1952.

Lagerkvist estudió en Uppsala y París, viviendo la I Guerra Mundial en Dinamarca. De hecho, su primer libreto teatral, El último ser humano, estuvo marcado por sus experiencias frente a la guerra.

De vuelta a Suecia comienza a colaborar con distintos periódicos mientras mantiene una constante actividad literaria, publicando sus primeros poemas y cuentos, antes de comenzar en los años 30 a escribir novela.

De entre la obra de Lagerkvist habría que destacar títulos como El verdugo (1933), El enano (1944) o Barrabás (1950), su novela más conocida y que fue adaptada al cine en 1961 con Anthony Quinn como protagonista.





Desde Lima, Ciudad Capital del Perú. Víctor Abraham les saluda.

sábado, 8 de septiembre de 2012

Daniel P. Mannix y su interpretación de una sola vida, la animal.


“Ninguno de los dos tenía un enemigo tan poderoso como el hombre.”
EL ZORRO Y EL SABUESO. Daniel P. Mannix. 

Portada del libro original Traducido. FUENTE: INTERNET

El zorro hizo un último esfuerzo por trepar al tronco y volvió a desplomarse. Esta vez quedó inmóvil. Copper avanzó tambaleándose, cayó, se levantó, y consiguió llegar hasta el zorro. Zarandeó débilmente el cuerpo de su víctima y luego se desplomó sobre el cadáver. (...) A fuerza de cuidados, el amo consiguió devolverle poco a poco la salud . Habían desollado al zorro, y la piel estaba allí colgada, sujeta a un tensador como en los viejos tiempos.
(...)

Sin embargo Copper no tardó en advertir un nuevo cambio. Cada vez iba menos gente. La cabaña se venía abajo y el amo se tornaba de día en día más taciturno y bebía más que nunca. Ahora sacaba raras veces a Copper de pase, y el viejo animal solía pasar el tiempo tumbado en un montón de sacos, frustrado y perplejo (...). Un día volvió el sujeto de la voz desagradable, aquél del edificio sombrío donde no dejaban entrar a los perros. También esta vez lo acompañaban hombres que olían a cueros. Venían con ellos otras personas conocidas, los mismos tipos que le habían prodigado palmadas cuando el amo y él dieron caza al último zorro. Ahora sus voces sonaban indignadas; señalaban airados la vieja cabaña (...).

Oyó un ruido que no había oído nunca en su vida : el amo lloraba. Se había sentado en el borde de la cama , sollozando; las lágrimas fluían entre sus dedos. Copper se abrió paso entre la gente y lamió, anhelante, las manos del amo, ofreciendo su ayuda. El amo le frotó la cabeza cariñosamente, como en los viejos tiempos, y Copper tembló de alegría .

El amo se acercó a la pared, cogió la escopeta y la cargó. Copper se puso a ladrar y a hacer cabriolas de felicidad. ¿Volvían a salir de caza y el amo lo llevaba con él? Sí; el amo lo llamó y, pasando entre la gente salieron.

El amo lo llevó a poca distancia de la cabaña, se sentó junto a él y empezó a acariciarle la cabeza. Copper le lamió la cara y gimió. Habían matado al zorro grande, el que durante años se les había escapado.

(...)

El amo lo hizo tenderse; luego le tapo los ojos con una mano. Copper estaba tumbado, lleno de confianza. El amo sabía lo que hacía. ¿Recordaba lo bien que lo habían pasado juntos y aquélla última partida de caza que había durado un día, una noche y parte de orto día? Desde luego que sí. Copper lamió por última vez la mano del amo. No le importaba lo que sucediera con tal de no verse nunca separado de él , porque habían matado al zorro grande, y en aquella tierra desgraciada y corrompida ya no había sitio para zorros, perros ni seres humanos.

De: EL ZORRO Y EL SABUESO (1967)

***

La historia:

La fiera rivalidad entre el zorro y el perro es tan antigua como los vastos campos y bosques donde se desarrolla. Desde que nacen, uno y otro poseen instintos y recursos que serán decisivos en la confrontación final por la supervivencia. Pero lo cierto es que pocas veces estos rivales tienen conocimiento directo de la bondad ni de la crueldad del hombre.

Durante el primer año de su vida, Tod, el zorro, fue criado por un granjero. Mientras el hombre lo alimentaba y jugaba con él, el corazón del pequeño zorro seguía siendo salvaje, y finalmente pudo más el ansia de libertad. Copper, el perro, mostró durante toda su vida devoción sin igual por su dueño y por la caza.

La historia de lucha entre Tod y Copper, larga y ancha de astucia, pone de manifiesto un extraordinario conocimiento acerca del mundo de estos dos animales. Ambos animales se presentan como inteligentes, si bien no en el grado de los seres humanos. La novela hace hincapié en que ambos son criaturas que dependen del olfato, sobre todo Copper, tanto como los seres humanos dependen de la visión.

La novela termina con la muerte de los dos personajes principales. La piel de Tod es clavada en la pared por el dueño de Copper, y el cazador le practica la eutanasia a Cooper con el rifle.

Conmovedora, aunque desprovista de sentimentalismo, está llena de una profunda nostalgia por la desaparición del mundo que habitan tanto el zorro como el perro porque el hombre, el primer amigo, es el enemigo final.
Nadie que ame los animales o a la Naturaleza podrá evitar que este magnífico libro le emocione profundamente.

Referencias:
De: Biblioteca de selecciones. Volumen III, 1969


Sobre la novela y su adaptación al cine:

El Zorro y el Sabueso (Inglés: The Fox and the Hound) es una novela de 1967 escrita por Daniel P. Mannix e ilustrada por John Schoenherr. Narra la vida de Tod, un zorro rojo criado por un ser humano en su primer año de vida, y Copper, un medio Perro de San Huberto, propiedad de un cazador local, conocido como el Maestro. Después de que Tod causara la muerte del perro favorito del hombre, el hombre y el perro sobreviviente persiguen al zorro para cazarlo, contra los contextos duales de un mundo humano cambiante y de una vida normal de Tod en la búsqueda de alimento y en la búsqueda de un compañero además de la defensa de su territorio. 

La novela ganó el Dutton Animal Book Award en 1967, que dio lugar a su publicación el 11 de septiembre de ese año por E.P. Dutton. Fue en 1967 cuando fue seleccionado como el libro del club de Reader's Digest y además selecciónado ganador del Premio Literario Ateneo.

Fue bien recibido por las críticas, que elogió a detalle el estilo de escritura de Mannix. Walt Disney Productions adquirió los derechos cinematográficos de la novela, cuando ganó el premio Dutton, aunque no comenzó la adaptación para la producción sino hasta 1977. Muy modificada a partir del material de origen, The Fox and the Hound de Disney fue estrenada en los cines el 10 de julio de 1981 y se convirtió en un éxito de taquilla.

Portada del libro, versión película  Walt Disney Productions.

https://www.youtube.com/watch?v=B6gPOn-E6Ho

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Sobre los caminos de la verdad.

Lo importante es saber dónde está la verdad
y repetirlo y repetirlo cada día
a los mismos amigos en el mismo café.

Julio Cortázar

Sabemos por historia general que los modos de producción variaron a partir de la ya harta conocida revolución industrial - máquinas que superaron el trabajo artesanal y manual-, hecho aparecido entre la segunda mitad del siglo XVIII y principios del siglo XIX ,y que cambió sin duda el nuevo panorama de las relaciones entre los individuos, los flujos de poder, las relaciones humanas, la economía, pero sobre todo los estilos de vida de los individuos. Precisamente esta nueva etapa abrió nuevos horizontes al progreso industrial que con los años terminaría afianzando la tecnología y la comunicación. Ha habido notables avances después de todo, muchos aplaudibles y otros no tan aplaudibles. 

Estos significativos avances del industrialismo dio pie a un nuevo modelo que todos hoy conocemos como capitalismo. El capital, obra humana de la necesidad por mejorar materialmente, y vaya que esta necesidad ha quedado más que satisfecha. Con este término aparecieron otros como por ejemplo: empresa, plusvalía, excedente económico, fábrica, libertad económica, usufructo, propiedad privada, libre mercado, renta, división del trabajo, producción, competencia, en fin tantos variados vocablos que omito, ya que mi intención de escribir esta apreciación va más allá de hacer una mera lista con datos y definiciones. 

Hemos visto a lo largo de la historia que la concentración del capital condujo a la formación de empresas gigantescas administradas por burocracias jerárquicamente organizadas donde cada individuo era una pieza, una pieza enorme y vital  dentro de una máquina de producción organizada, que habría de funcionar con suavidad y sin  interrupción. Aquí el individuo comenzó a ser manipulado y llevado a una esfera de consumo cada vez más grande (en la cual éste supone que expresa libremente sus  preferencias), del mismo modo comenzó a ser dirigido y manipulado. ¿El alivio?  Ah, sí la remuneración, eso está bien. ¿Pero, qué hacer con la remuneración? Devolverla al movimiento cíclico del capital, para esto habría que seguir promoviendo más y más campañas de consumo. Y sea cual sea la forma de consumo la sugestión comenzó a funcionar con dos propósitos:

a) Aumentar constantemente  el apetito - hasta cierto punto desmedido-, hacia nuevas adquisiciones cada vez más publicitadas, sofisticadas y novedosas - no discuto el valor que proveen a la superación y mejoría material, si escindo lo necesariamente importante y útil de lo secundario y superficial.

b) Dirigir esos apetitos por los conductos más provechosos: la comodidad relativa y la aceptación colectiva a través de la masificación de modelos estandarizados que no existen más allá de la fantasía del que vende.


Así entonces el individuo pasó a ser el eterno consumidor cuyo único deseo explícito, no lo sé si también implícito (eso lo sabe cada uno) era consumir, consumir más y "mejores" cosas. Lactar cosas ya no necesarias, sino innecesarias. Empezó a crecer la ambición desmedida por mostrarse superior al otro por el sólo simple hecho de poseer. 



Ha pasado mucho desde entonces, pero cosa contradictoria, esto se ha agudizado más allá al punto de afectar no sólo los desniveles de vida, sino también las relaciones humanas afectivas. Nuestro sistema económico está  empeñado en crear esos hombres y esas mujeres adecuadas a los requerimientos y necesidades, que como ya dije no sólo son del individuo mismo y los de su familia, sino de terceros: los beneficiarios directos, los organizadores y promotores de esta fiesta en la que sólo gozan unos cuántos. Hoy el estudio de la macroeconomía está empeñado en mostrar cifras exorbitantes que determinen aceptación internacional, al margen de la aceptación popular interna - me refiero a los pobladores de a pie como usted y como yo apreciado lector-. Hoy se requiere poner en evidencia  seres que quieran consumir más, se ha de crear hombres con gustos uniformes, hombres que puedan ser influidos fácilmente y de cuyas necesidades puedan preverse.


Es obvio que hoy nuestro sistema necesita de hombres que se sientan libres e independientes, pero sin embargo hagan lo que se espera de ellos, lo que se les encomienden, que hagan lo necesariamente "justo y correcto" para la empresa, hombres que encajen en el mecanismo social sin fricción, que puedan ser guiados sin recurrir a la fuerza, hombres conducidos sin líderes y dirigidos sin otro objetivo que el de "hacer todo bien para encajar bien". 


Aquí la autoridad jamás desaparece, jamás se debilita, sino que se vuelve tácita y anónima y opera bajo el mecanismo único de persuasión y sugestión.

En otras palabras, para ser adaptable, el individuo de este tiempo, y me parece que de todos los tiempos – aunque hoy es más preocupante-,  se ve obligado a alimentar la ilusión de que todo se hace con su consentimiento, aún cuando ese consentimiento se le extraiga mediante una manipulación sutil. Ese consentimiento es obtenido a espaldas de su consciencia.

¿Esto debe ser llamado tiranía? ¿Hay víctimas? ¿Estamos caminando mal? ¿Cuál debe ser entonces nuestro propósito como individuos dentro de una sociedad que se degrada lentamente a merced del libre consumo, el confort superfluo y la insensibilidad? Son pocos hoy los padres con el valor y la independencia suficiente para preocuparse más por la felicidad de sus hijos mque por su “éxito” social, esto lo menciono por puro  deseo de ejemplificar este caos que no creo que sea nada aliviante.

Albert Camus por ejemplo, hacía referencia que estamos obligados a mantener firmes nuestra negativa a mentir respecto de lo que se sabe, a  no mentir  y a hacer resistencia a la tiranía. Del mismo modo hablaba de ponernos siempre que podamos  al servicio no de quienes hicieran la historia, sino  al servicio de quienes la sufrían, y pienso ahora  que allí está el mayor reto que nos toca afrontar a cada uno de nosotros estemos donde nos encontramos. Total, debe ser éste nuestro compromiso diario: un compromiso de servicio a la verdad y a la libertad. 


Pero, me pregunto, ¿cuál es esa verdad? ¿Dónde está esa verdad de la que hacen referencia Cortázar y Camus? Acaso sea el mostrarse por fin como uno realmente es?, o el hacer por fin lo que uno tanto ha anhelado y disfrutarlo?, y si la verdad que tanto buscamos está cerca de nosotros, a nuestro lado manifestada en la persona que queremos o en la familia con la que compartimos o en esos amigos que están allí para ayudarnos? Conjeturas, muchas conjeturas, conjeturas mías al fin y al cabo, pero de algo estoy seguro, que hay una gran verdad, sí la hay,  y ésta es precisamente el hecho que somos seres humanos, y son los valores- esos códigos de verdad absolutos asimilados en nuestra primera formación de casa-, los que nos dan casualmente esa categoría misma de seres "humanos" y por los cuales debemos seguir apostando continuamente.

Del mismo modo pienso que hoy y más que nunca es necesario creer mucho en la bondad de las personas, creer en la educación como única fuente de desarrollo y creer en la intensidad de las emociones como fuente de humanidad y consciencia social.

Finalmente no importa si los caminos que tomamos para llegar a una verdad sean distintos, no importa eso, de verdad no importa, lo que sí importa es llegar a esa verdad, la misma que tanto defendía en vida Julio Cortázar, llegar a esa verdad, percibirla por uno mismo y repetirla cada día con la misma fe, pero no sólo a los mismos amigos y en mismo café como él mismo refería, no, no sólo a ellos, sino -pienso-, que esa verdad debería ser repetida a la mayor cantidad de sensibilidades posibles. Esto es al fin y al cabo lo más importante!



Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

domingo, 26 de agosto de 2012

La escuela de Buenos Aires.

A Daniel Velásquez Padilla, y a los grandes amigos y amigas encinistas,
a quienes me une una gran fraternidad bonaerense.


No era exactamente así hace veinte años, pero sin duda debo tanto o tal vez más que eso a este lugar, a sus maestros y a su paciencia, y a los amigos que hice allí y que acompañaron mi niñez, algunos de los cuales aún puedo ver cuando regreso a Buenos Aires, ese pequeño y significativo poblado ubicado en algún punto del norte del Perú, origen de mi origen, raíz de mis raíces. A veces pienso que la niñez es esa ávida etapa en que el ser humano empieza a balbucear sus primeros intentos de interpretación y reconocimiento del mundo, que más adelante la madurez  cimentará. Sí, esa misma niñez que sólo es capaz de ser moldeada por las primeras vivencias diarias al interior  una escuela primaria. Lo que viene en adelante sólo es complementario, cognitivo, instructivo, de forma más que de fondo y de formación. Son las primeras vivencias y las primeras manifestaciones tempranas las que marcan la vida de un individuo. Ahora entiendo a Freud, a Piaget, a Ausubel, a Bandura, a Rogers, a Maslow y a tantos otros interpretadores de la mente infante que leí en mis épocas universitarias.

Como ya dije, debo tanto a esta escuela estatal que lleva el número 81025 - lo recuerdo por las interminables veces que la solía poner a inicios de cada año en las etiquetas de los cuadernos, mi padre los forraba-, pero sobre todo que lleva el nombre de un gran maestro y ensayista del Perú profundo, José Antonio Encinas. Tal vez, haya sido casualidad o no, ese hecho mismo de empezar mi vida escolar allí. Es curioso que por cosas del destino fortuito sin buscarlo y también sin saberlo muchos años después seguiría el camino de este insigne peruano y uniría mi futura vida a estas dos nobles tareas: la de maestro y de escritor. Jamás iba a imaginarme, que veinte años después me dejaría arrastrar por este tentador laberinto de pensar y de escribir, de escudriñar en la mente entre presentes, pasados y futuros con el único fin de sacar de estos mundos internos acepciones e interpretaciones, personajes con sus extrañas, absurdas y hasta desquiciadas vidas ajenas, emociones conmovedoras y conspiraciones rebeldes, en fin tantas resultantes que sólo nos ofrece el inimaginable orbe de la creatividad.

En el recuerdo de esta escuela 81025 José Antonio Encinas, han quedado atrapadas mentalmente las primeras experiencias que palpé de primera mano, el primer 20 en matemática - cosa curiosa que haya sido el primer examen de mi vida por sumas y restas-, las historias primeras que leí, los cuentos, las leyendas, la gran historia aún inverosímil para mí sobre la fundación del Imperio Inca- una gran historia de formación cultural de un pueblo que subsistió por casi trescientos años y que hoy a pesar del tiempo sigue siendo un orgullo para todos los peruanos-. Han quedado allí en este lugar, los primeros aprendizajes cívicos y formativos de respetar a mis mayores, y ser agradecido con todos, las primeras clases de Historia con sus héroes, sus próceres y sus precursores, pero también con esas masas deseosas de libertad e independencia. Han quedado retratadas las primeras clases de Ciencias naturales en las que aprendí con dificultad la variada taxonomía de la vida y su origen, apuntes que no comprendía aún, pero entendería a la perfección con los años, las primeras oraciones y el primer acercamiento a un  Dios que si bien no veía, me decían que se sentía. Las primeras clases de un lenguaje y ese interminable y delicioso mundo de las palabras que se convertirían con los años en las mayores armas para afrontar mi existencia vital. Recuerdo mis primeras aproximaciones a la gramática, a la sintaxis y a la ortografía y caligrafía, los dictados diarios y las competencias de concursos que se celebraban en octubre cada año. En fin tantas cosas que hoy han dado consistencia a mi presente vida.

No puedo terminar esta crónica sin dar gracias, sin dar esas totales e infinitas gracias a mis primeros maestros, a esos maestros encinistas quienes dejaron todo para hacer de nuestra generación hombres de bien, y de quienes bebí particularmente esos primeros conocimientos que se fueron perfeccionando luego. Gracias a ese buen maestro Hely León Navarretty, que me tuvo en su aula de clase durante seis años invariables, y a quién debo el mayor milagro intelectual que haya recibido en la vida: el hecho mismo de sumar, restar, leer y escribir. Gracias a los cuarenta y dos alumnos de esa promoción de primaria "María Reiche"del año 93´, de quienes aprendí el valor de la amistad y los juegos. Gracias a todos ellos de la manera más amplia y a tantas innumerables gentes que pasaron por mi niñez, las  mismas que siempre aparecen intempestivamente en la memoria a la hora de retratar los primeros cimientos. Recuerdo todo, absolutamente todo en mi memoria. Creo ahora más convencido que hay muchas personas que nos marcan, que marcan nuestra vida y más aún si ésta está unida a nuestros primeros años. Son nuestros primeros años los más trascendentes, y mientras más jóvenes seamos el impacto es mayor. Son estos los aprendizajes más significativos. Lo que viene luego, como ya lo he dicho es complementario.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

lunes, 20 de agosto de 2012

"Berenice" y "El corazón delator": Dos filos de la interpretación psicológica del terror

BERENICE

(...)

Berenice y yo éramos primos y crecimos juntos en la heredad paterna. Pero crecimos de distinta manera: yo, enfermizo, envuelto en melancolía; ella, ágil, graciosa, desbordante de fuerzas; suyos eran los paseos por la colina; míos, los estudios del claustro; yo, viviendo encerrado en mí mismo y entregado en cuerpo y alma a la intensa y penosa meditación; ella, vagando despreocupadamente por la vida, sin pensar en las sombras del camino o en la huida silenciosa de las horas de alas negras. ¡Berenice! Invoco su nombre... ¡Berenice! Y de las grises ruinas de la memoria mil tumultuosos recuerdos se conmueven a este sonido. ¡Ah, vívida acude ahora su imagen ante mí, como en los primeros días de su alegría y de su dicha! ¡Ah, espléndida y, sin embargo, fantástica belleza! ¡Oh sílfide entre los arbustos de Arnheim! ¡Oh náyade entre sus fuentes! Y entonces, entonces todo es misterio y terror, y una historia que no debe ser relatada. La enfermedad -una enfermedad fatal- cayó sobre ella como el simún, y mientras yo la observaba, el espíritu de la transformación la arrasó, penetrando en su mente, en sus hábitos y en su carácter, y de la manera más sutil y terrible llegó a perturbar su identidad. ¡Ay! El destructor iba y venía, y la víctima, ¿dónde estaba? Yo no la conocía o, por lo menos, ya no la reconocía como Berenice.

(...)


El golpe de una puerta al cerrarse me distrajo y, alzando la vista, vi que mi prima había salido del aposento. Pero del desordenado aposento de mi mente, ¡ay!, no había salido ni se apartaría el blanco y horrible espectro de los dientes. Ni un punto en su superficie, ni una sombra en el esmalte, ni una melladura en el borde hubo en esa pasajera sonrisa que no se grabara a fuego en mi memoria. Los vi entonces con más claridad que un momento antes. ¡Los dientes! ¡Los dientes! Estaban aquí y allí y en todas partes, visibles y palpables, ante mí; largos, estrechos, blanquísimos, con los pálidos labios contrayéndose a su alrededor, como en el momento mismo en que habían empezado a distenderse. Entonces sobrevino toda la furia de mi monomanía y luché en vano contra su extraña e irresistible influencia. Entre los múltiples objetos del mundo exterior no tenía pensamientos sino para los dientes. Los ansiaba con un deseo frenético. Todos los otros asuntos y todos los diferentes intereses se absorbieron en una sola contemplación. Ellos, ellos eran los únicos presentes a mi mirada mental, y en su insustituible individualidad llegaron a ser la esencia de mi vida intelectual. Los observé a todas las luces. Les hice adoptar todas las actitudes. Examiné sus características. Estudié sus peculiaridades. Medité sobre su conformación. Reflexioné sobre el cambio de su naturaleza. Me estremecía al asignarles en imaginación un poder sensible y consciente, y aun, sin la ayuda de los labios, una capacidad de expresión moral. Se ha dicho bien de mademoiselle Sallé quetous ses pas étaient des sentiments, y de Berenice yo creía con la mayor seriedad quetoutes ses dents étaient des idées. Des idées! ¡Ah, éste fue el insensato pensamiento que me destruyó! Des idées! ¡Ah, por eso era que los codiciaba tan locamente! Sentí que sólo su posesión podía devolverme la paz, restituyéndome a la razón.

Y la tarde cayó sobre mí, y vino la oscuridad, duró y se fue, y amaneció el nuevo día, y las brumas de una segunda noche se acumularon y yo seguía inmóvil, sentado en aquel aposento solitario; y seguí sumido en la meditación, y el fantasma de los dientes mantenía su terrible ascendiente como si, con la claridad más viva y más espantosa, flotara entre las cambiantes luces y sombras del recinto. Al fin, irrumpió en mis sueños un grito como de horror y consternación, y luego, tras una pausa, el sonido de turbadas voces, mezcladas con sordos lamentos de dolor y pena. Me levanté de mi asiento y, abriendo de par en par una de las puertas de la biblioteca, vi en la antecámara a una criada deshecha en lágrimas, quien me dijo que Berenice ya no existía. Había tenido un acceso de epilepsia por la mañana temprano, y ahora, al caer la noche, la tumba estaba dispuesta para su ocupante y terminados los preparativos del entierro.

Me encontré sentado en la biblioteca y de nuevo solo. Me parecía que acababa de despertar de un sueño confuso y excitante. Sabía que era medianoche y que desde la puesta del sol Berenice estaba enterrada. Pero del melancólico periodo intermedio no tenía conocimiento real o, por lo menos, definido. Sin embargo, su recuerdo estaba repleto de horror, horror más horrible por lo vago, terror más terrible por su ambigüedad. Era una página atroz en la historia de mi existencia, escrita toda con recuerdos oscuros, espantosos, ininteligibles. Luché por descifrarlos, pero en vano, mientras una y otra vez, como el espíritu de un sonido ausente, un agudo y penetrante grito de mujer parecía sonar en mis oídos. Yo había hecho algo. ¿Qué era? Me lo pregunté a mí mismo en voz alta, y los susurrantes ecos del aposento me respondieron: ¿Qué era?

En la mesa, a mi lado, ardía una lámpara, y había junto a ella una cajita. No tenía nada de notable, y la había visto a menudo, pues era propiedad del médico de la familia. Pero, ¿cómo había llegado allí, a mi mesa, y por qué me estremecí al mirarla? Eran cosas que no merecían ser tenidas en cuenta, y mis ojos cayeron, al fin, en las abiertas páginas de un libro y en una frase subrayaba: Dicebant mihi sodales si sepulchrum amicae visitarem, curas meas aliquantulum fore levatas. ¿Por qué, pues, al leerlas se me erizaron los cabellos y la sangre se congeló en mis venas?

Entonces sonó un ligero golpe en la puerta de la biblioteca; pálido como un habitante de la tumba, entró un criado de puntillas. Había en sus ojos un violento terror y me habló con voz trémula, ronca, ahogada. ¿Qué dijo? Oí algunas frases entrecortadas. Hablaba de un salvaje grito que había turbado el silencio de la noche, de la servidumbre reunida para buscar el origen del sonido, y su voz cobró un tono espeluznante, nítido, cuando me habló, susurrando, de una tumba violada, de un cadáver desfigurado, sin mortaja y que aún respiraba, aún palpitaba, aún vivía.

Señaló mis ropas: estaban manchadas de barro, de sangre coagulada. No dije nada; me tomó suavemente la mano: tenía manchas de uñas humanas. Dirigió mi atención a un objeto que había contra la pared; lo miré durante unos minutos: era una pala. Con un alarido salté hasta la mesa y me apoderé de la caja. Pero no pude abrirla, y en mi temblor se me deslizó de la mano, y cayó pesadamente, y se hizo añicos; y de entre ellos, entrechocándose, rodaron algunos instrumentos de cirugía dental, mezclados con treinta y dos objetos pequeños, blancos, marfilinos, que se desparramaron por el piso.

FIN




***

EL CORAZÓN DELATOR

(..)

Al llegar la octava noche, procedí con mayor cautela que de costumbre al abrir la puerta. El minutero de un reloj se mueve con más rapidez de lo que se movía mi mano. Jamás, antes de aquella noche, había sentido el alcance de mis facultades, de mi sagacidad. Apenas lograba contener mi impresión de triunfo. ¡Pensar que estaba ahí, abriendo poco a poco la puerta, y que él ni siquiera soñaba con mis secretas intenciones o pensamientos! Me reí entre dientes ante esta idea, y quizá me oyó, porque lo sentí moverse repentinamente en la cama, como si se sobresaltara. Ustedes pensarán que me eché hacia atrás... pero no. Su cuarto estaba tan negro como la pez, ya que el viejo cerraba completamente las persianas por miedo a los ladrones; yo sabía que le era imposible distinguir la abertura de la puerta, y seguí empujando suavemente, suavemente.

Había ya pasado la cabeza y me disponía a abrir la linterna, cuando mi pulgar resbaló en el cierre metálico y el viejo se enderezó en el lecho, gritando:

-¿Quién está ahí?

Permanecí inmóvil, sin decir palabra. Durante una hora entera no moví un solo músculo, y en todo ese tiempo no oí que volviera a tenderse en la cama. Seguía sentado, escuchando... tal como yo lo había hecho, noche tras noche, mientras escuchaba en la pared los taladros cuyo sonido anuncia la muerte.

Oí de pronto un leve quejido, y supe que era el quejido que nace del terror. No expresaba dolor o pena... ¡oh, no! Era el ahogado sonido que brota del fondo del alma cuando el espanto la sobrecoge. Bien conocía yo ese sonido. Muchas noches, justamente a las doce, cuando el mundo entero dormía, surgió de mi pecho, ahondando con su espantoso eco los terrores que me enloquecían. Repito que lo conocía bien. Comprendí lo que estaba sintiendo el viejo y le tuve lástima, aunque me reía en el fondo de mi corazón. Comprendí que había estado despierto desde el primer leve ruido, cuando se movió en la cama. Había tratado de decirse que aquel ruido no era nada, pero sin conseguirlo. Pensaba: "No es más que el viento en la chimenea... o un grillo que chirrió una sola vez". Sí, había tratado de darse ánimo con esas suposiciones, pero todo era en vano. Todo era en vano, porque la Muerte se había aproximado a él, deslizándose furtiva, y envolvía a su víctima. Y la fúnebre influencia de aquella sombra imperceptible era la que lo movía a sentir -aunque no podía verla ni oírla-, a sentir la presencia de mi cabeza dentro de la habitación.

Después de haber esperado largo tiempo, con toda paciencia, sin oír que volviera a acostarse, resolví abrir una pequeña, una pequeñísima ranura en la linterna.

Así lo hice -no pueden imaginarse ustedes con qué cuidado, con qué inmenso cuidado-, hasta que un fino rayo de luz, semejante al hilo de la araña, brotó de la ranura y cayó de lleno sobre el ojo de buitre.
Estaba abierto, abierto de par en par... y yo empecé a enfurecerme mientras lo miraba. Lo vi con toda claridad, de un azul apagado y con aquella horrible tela que me helaba hasta el tuétano. Pero no podía ver nada de la cara o del cuerpo del viejo, pues, como movido por un instinto, había orientado el haz de luz exactamente hacia el punto maldito.

¿No les he dicho ya que lo que toman erradamente por locura es sólo una excesiva agudeza de los sentidos? En aquel momento llegó a mis oídos un resonar apagado y presuroso, como el que podría hacer un reloj envuelto en algodón. Aquel sonido también me era familiar. Era el latir del corazón del viejo. Aumentó aún más mi furia, tal como el redoblar de un tambor estimula el coraje de un soldado.

(...)

Sin duda, debí de ponerme muy pálido, pero seguí hablando con creciente soltura y levantando mucho la voz. Empero, el sonido aumentaba... ¿y que podía hacer yo? Era un resonar apagado y presuroso..., un sonido como el que podría hacer un reloj envuelto en algodón. Yo jadeaba, tratando de recobrar el aliento, y, sin embargo, los policías no habían oído nada. Hablé con mayor rapidez, con vehemencia, pero el sonido crecía continuamente. Me puse en pie y discutí sobre insignificancias en voz muy alta y con violentas gesticulaciones; pero el sonido crecía continuamente. ¿Por qué no se iban? Anduve de un lado a otro, a grandes pasos, como si las observaciones de aquellos hombres me enfurecieran; pero el sonido crecía continuamente. ¡Oh, Dios! ¿Qué podía hacer yo? Lancé espumarajos de rabia... maldije... juré... Balanceando la silla sobre la cual me había sentado, raspé con ella las tablas del piso, pero el sonido sobrepujaba todos los otros y crecía sin cesar. ¡Más alto... más alto... más alto! Y entretanto los hombres seguían charlando plácidamente y sonriendo. ¿Era posible que no oyeran? ¡Santo Dios! ¡No, no! ¡Claro que oían y que sospechaban! ¡Sabían... y se estaban burlando de mi horror! ¡Sí, así lo pensé y así lo pienso hoy! ¡Pero cualquier cosa era preferible a aquella agonía! ¡Cualquier cosa sería más tolerable que aquel escarnio! ¡No podía soportar más tiempo sus sonrisas hipócritas! ¡Sentí que tenía que gritar o morir, y entonces... otra vez... escuchen... más fuerte... más fuerte... más fuerte... más fuerte!

(...)

FIN

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

Una movilización sin sustento: el objetivo, aglutinar a la manada; la gran mentira, la democracia

La consciencia de un valor cualquiera sea este da la libertad al individuo, le confiere responsabilidad, acción y fe en el futuro. Los hij...