domingo, 19 de julio de 2015

Tiempos de decisiones, tiempos de urgencia, tiempos de revisión de valores

Época de utopías necesarias

Resulta que un buen amigo, va a ser medio año de ello creo, una madrugada me compartió una canción, referente a unos niños, en ella, muchos pequeños de distintos puntos del orbe estaban unidos y cantaban alegremente orientados y guiados por unos músicos excepcionales; manifestación extraña de la vida, esa la de unir en voces y sonidos armoniosos, niñez y adultez, en fin.

"What a Wonderful World", o en palabras castellanas, "Qué mundo tan maravilloso". ¿Maravilloso?, me pregunté en ese instante, "maravilloso", me respondí también en ese instante, convencido de que así era, y es que resulta que mientras hayan nuevas nuevas y frescas manifestaciones de vida, este mundo todavía resultará ser maravilloso. Total, todos nacemos, crecemos, envejecemos y morimos, y detrás de nosotros va a ver siempre nueva gente, nuevas generaciones, más niños, y más niños que seguirán cumpliendo este inevitable y - para quien sabe sobrellevarla- ejemplar ciclo de vida. 

"I hear babies crying, I watch them grow. They’ll learn much more than I’ll never know...",  o en nuestro idioma hispano, "Oigo a bebés llorar, y los miro crecer. Ellos aprenderán mucho más de lo que yo nunca sabré...", dice parte de esta canción del género jazz,  interpretada a hace muchos años por Louis Armstrong, músico norteamericano en 1967,  a raíz del fuerte clima político y racial de la década de 1960 en dicho país, y recogida años más tarde, 2002 para ser exactos según fecha de lanzamiento del video, por la Playing For Change, movimiento creado para inspirar y conectar el mundo a través de la música, interpretada en esta ocasión, por el abuelo Elliott, conocido internacionalmente como Tío Remus, músico de Louisiana, Estados Unidos, quien unido a un coro de niños de todo el mundo nos hacen ver y sentir que aún subsiste ese mundo alternativo que está en nosotros mismos seguir afianzándolo, tal como fuera la iniciativa de sus creadores allá por mitad del siglo pasado, Bob Thiele y George David Weiss.

Y es que es cierto, un mundo maravilloso, que bien podría resultar utópico para muchos, no resultaría posible nunca ni concretable, sino se empieza a caminar, al menos a partir de esa "ingenua" utopía ideal, desdeñada por muchosc"realistas" entre comillas, y nada saludable para quienes no quieren cambios futuros generacionales, Galeano decía, que la utopía sirve para caminar, hecho totalmente validero, en fin.

Época de consciencias generalizadas

La escritura es y seguirá siendo un ejercicio libre del pensamiento, una "creación heroica" en palabras de José Carlos Mariátegui, pensador peruano de inicios del siglo pasado, un acto de rebeldía permanente, y un proceso largo de obstinada pasión. Un hecho que no puede alejar al individuo de su realidad inmediata. Un acto de madurez mental que no puede caer en el servilismo de convertir a su autor en pródigo de su propio trabajo para dejarlo abandonado a su suerte, merced de estas hienas editoriales existentes hambrientas de consumo exacervado. Ejercer una escritura consciente y comprometida es marcar a fuego su propia generación, es convertirse en un producto histórico de su tiempo, en un sujeto dialéctico propiciador de cambios, con la esperanza ver mejores ciudadanos futuros. Luego, en palabras de Camus, "la nobleza de nuestro oficio arraigará siempre en dos imperativos difíciles de mantener, la negativa a mentir respecto de lo que se sabe, y la resistencia a la opresión".

En este país que se llama Perú, y que bien podría generalizarse al resto de nuestras patrias hispanoamericanas, dadas las condiciones similares de salvajismo y explotación consumista, imperialista y nada humano, urge el desarrollo de una nueva consciencia individual y social, una nueva consciencia nacional al interior de cada núcleo social, es decir desde los niveles más simples que se llaman familias empezando por los progenitores para terminar afianzándose en las amplias proles y mayorías participativas ciudadanas. Y sin embargo, a pesar de que pareciera ser siempre recalcitrante, y hablar a partir de lo que sucede en este país, mi preocupación se extiende más allá, porque no podemos negarnos a ver las realidades ajenas que están sucediendo en el resto de Hispanoamérica, narcoestados, corruptelas, pérdida de valores, seudopartidos políticos, mentiras burdas amparadas tras esa palabra democracia, medios de comunicación nada serios, niveles educativos de ínfima calidad, crestas inconmensurables de inseguridad y de violencia social dentro y fuera de las mismas familias, en fin, y tantos otros que bien podrían pintar la realidad de cualquier país de nuestra tierras hispanoamericanas.

Cuando leo artículos en los principales portales web del mundo hispano, e inclusive en los periódicos comprados en Lima, o algunos otros que me llegan gracias a modestos amigos de otros puntos del país mi preocupación se engrandece. Uhm, más diría mis preocupaciones se agigantan, se generalizan porque sé que el opio moderno que se les da a los pueblos, a nuestros de Hispanoamérica, y pienso que también a los pueblos del mundo entero devienen de intereses muy grandes, más cosmopolitas, más fuertes, más destructores que no están acá, solo en mi patria, sino en otros puntos lejanos a ésta. Eso lo tengo claro desde siempre. Lo que sucede es que me preocupa, sí, así es, me preocupa -y me entristece- lo que pasa acá. Por lo que no puedo quedarme, solo en mis libros publicados, o en mis temas genéricos de apreciación global objetiva, ya sean de carácter literario, cultural, económico, social, religioso o político, sino que me urge, me es necesario volver la mirada a mi país, al Perú, e intentar ayudar, en favor de impulsar las consciencias individuales y estructuralmente sociales, con el arma más subversiva y poderosa que es la escritura, la escritura consciente y programática. Ahora bien, siempre creí - y he sido consciente de ello- que cuando se nos entrega una habilidad o destreza personal al inicio de nuestra existencia, y que por cierto uno va puliendo con los años, es para ponerla al servicio de los demás; por lo que mi visión de escritor comprometido me obliga a no ser incoherente con este principio que anido en mi corazón. No podría perdonarme jamás el claudicar a estas propias ideas gestadas desde mi infancia, y maduradas en mi juventud.

Tiempos de cambio: 

Ser ejemplo de dignidad, de lucha y de resistencia!!


Por lo anteriormente expuesto, urge en todo nuestro orbe hispanoamericano de una nueva generación de educadores, de escritores y artistas, de profesionales y técnicos, de familias. Se requiere urgente de un cambio generacional, un cambio planteado y propiciado por nosotros mismos, por hombres y mujeres de este tiempo, ciudadanos del presente, de a pie, que como usted y como yo: queremos también futuras vidas inteligentes para esas terceras o cuartas generaciones que esperan desde hoy, nuestras decisiones del presente.

Revisión de nuestros valores

El futuro espera nuestras decisiones del ahora, se construye a partir de ello. Luego, las decisiones se toman y punto, esto es lo que legamos al final, resultado de elecciones: por tanto no hay nada más allá de ello, de esta existencia misma, que no valga la pena un compromiso. Si digo esto y lo afirmo con total convencimiento es porque percibo- y es una realidad innegable ello- que las antiguas estructuras y valores morales por las que hemos dependido quizá, por generaciones, sí, esas mismas legadas por padres y ancestros, se están derrumbando, y es necesario asumir una postura frente a este gran conflicto ético. Pienso por tanto, que eso es bueno, porque ha llegado entonces nuestra gran oportunidad para hacer historia, pero adyacente a esta, una enorme responsabilidad, de volver a reconfigurarnos como nuevas sociedades, con nuevos principios y valores humanos. Intentemos crear nuevos códigos de verdad, intentemos escudriñar en nuestros propios valores ciudadanos, dejados por nuestros progenitores, cuáles de ellos siguen vigentes, y libres - en el sentido estricto de la palabra-, y cuales ya no lo son, o en todo caso terminaron siendo sometidos y maquillados a intereses privados nada convenientes  ni saludables, porque han sido tomados como banderas de esta fuerza grande que se llama, estructura sistémica, digo esto, y pienso por ejemplo en la justicia, algo tan falso, corrompido y mal usado por los fervientes seguidores de esa palabra democracia, que al final resultan ser los grandotes del mundo.

"Esta tarea exige otra cosa más: exige que “cree valores”, decía Nietzsche, en su "Singularidad del filósofo", en alusión a la tarea humana de la crítica individual que del medio se hace o se intente hacer, "recorrer el círculo de los valores humanos y del sentimiento de los valores, para poder mirar, con ojos y con conciencia dotada de facultades múltiples a todas las lejanías y a todas las alturas y a todos los horizontes", nos dice este filósofo alemán para reafirmar finalmente, "abreviar todo lo que es largo, el “tiempo” mismo, y subyugar todo el pasado(...) que se han hecho predominantes, y, durante un cierto tiempo, han sido llamados “verdades”, valores en el dominio lógico, político (moral) o artístico". Y es que todo ello, pienso, encierra una verdad indudable tan latente, pero que nadie - o muy pocos- quieren ver, y eso pasa por el hecho que los valores capaces de enaltecer hoy en día a los individuos de este tiempo, sí nuestros valores, parece que no han tenido repercusión en las consciencias indivioduales porque sencillamente se han yuxtapuesto a otras necesidades de tipo estrafalarias, salvo el amor que es imperecedero, los demás han pasado a convertirse en alegorías disimuladas de ejecución. Yo propongo, como valores fundamentales de este presente inmediato solo tres, principales para mí en todo caso, la consciencia, el compromiso, y la sencillez.

El uso de las correctas decisiones

Por otro lado, las propias decisiones suelen definir a todo hombre y a toda mujer, he allí la razón de su existencia, estas determinan sus actos y su ser. Luego, los sentimientos profundos nos llevan a pensar a la hora de tomar estas decisiones, el miedo, la alegría, la conmoción, el dolor, la fe e inclusive la misma necesidad de redención. Pienso que la religión es una probable respuesta -paupérrima en realidad, si sólo queda en el aspecto institucionalizador -a los sucesos de orfandad que rigen nuestra vida, pero sin embargo no es todo, decir que yo creo en algo o alguien es importante, pero más importante es ir más allá, es ir más allá del simple "creo", la idea es ir a desentrañar la idea del ¿por qué creo en esto o en aquéllo?

Es importante saber aquí- qué- y- cómo- está pensando la ciudadanía respecto a determinado aspecto o punto en común, respecto a cada noticia, a cada suceso del día a día. Indudablemente que en este camino del conocimiento diario, del aprendizaje mayor -no de aquel tipo operativo de saber fórmulas algorítmicas o normativas gramaticales, no, no de ese aprendizaje sistemático, sino de ese aprender a vivir, y por ende a convivir- siempre estamos allí parados con un cuaderno y un lápiz convertidos en neófitos aprendices. Uhm..., pienso luego que a ello ayudan mucho las propuestas colectivas, las propuestas individuales, ya que hacen posible el análisis.

Recuerdo ahora que una vez escribí para una crónica, "debemos acostumbrarnos a proponer, no a imponer, luego, lo otro, ya le toca a cada quién tomarla o no para su existencia, pero eso sí, cada quién será responsable de su propia elección". Por otro lado -y sin apartarme de la propuesta inicial del saber qué y cómo se piensa- pienso que hoy -más que nunca-, debemos tener claro que lo más importante es estar al servicio de la vida, de la razón y de la verdad, ya que todo fideísmo, apasionamiento, o mitificación siempre sobra y entorpece los pasos que demos por este camino de la construcción de nuestra propia identidad. Ergo ahora, como ciudadanos autónomos, ha de primar siempre en nosotros una respuesta moral clara, un rechazo hacia todo intento de mentir respecto de lo que se sepa porque está en cada uno tomar su propia posición respecto a lo que pueda o no ser correcto, ya que es indudable que somos libres de expresar nuestras propias determinaciones y de convertirlas - o no- en actos para determinados momentos de nuestra historia personal, así como responsables de nuestras propias elecciones. Ojalá que nuestros actos siempre hablen por nosotros.

Finalmente, a modo de resumen de esta nota, es por tanto, menester nuestro, intentar ser mejores seres humanos, puesto que ser un ser humano, es único, y en palabras de Camus, "este, no tiene definición...!!"

Desde Lima, ciudad capital del Perú.

Víctor Abraham les saluda.

PD.- Dejo la canción "What a Wonderful World", en sus dos versiones, la de 1967, interpretada por Louis Armstrong, y una de las últimas versiones producidas por la Playing For Change, interpretada por el abuelo Elliott, unido a un coro de niños de todo el mundo.





sábado, 11 de julio de 2015

Del hombre, su ciudad y su trabajo

El escritor y su ciudad

Nunca me he sentido tan cómodo como me siento acá, en Lima, no porque sea la capital del Perú simplemente, sino porque he encontrado acá el espacio perfecto, que estos últimos diez años de mi vida han hecho producir en mí: sanas tomas de consciencia y de reflexión, las mismas que han servido de génesis y exégesis para esas ideas mías que me acompañan. Magaly Victoria está acá, mis actividades periodísticas y docentes están acá, mi visión de país está acá. Mis tres libros que he escrito están publicados acá, y dentro de poco verá luz el nuevo trabajo que estoy preparando, ese que he resuelto, llamar, "Los latidos secretos del corazón", un pequeño universo provisto de ideas, de retazos de análisis, de propuestas, de reflexiones vertidas a modo de máximas, relatos breves, ensayos cortos, artículos de opinión y colaboraciones, aforismos tal vez, en fin. Claro, que he conocido otras ciudades, producto de mis esporádicos viajes, pero siempre he tenido la necesidad de volver acá, no tanto porque se trate de ser peruano, porque al fin y al cabo, ese solo es un aspecto de individualidad geográfica, de pasaportes, de carné de ciudadanía, sino porque siempre he sentido una deuda con este hermoso pueblo que es el mío, y con la educación que se le da a su gente.

Mis preocupaciones son generales porque sé que el opio moderno que se les da a los pueblos, a nuestros de Latinoamérica, y pienso que también a los pueblos del mundo entero devienen de intereses muy grandes, más cosmopolitas, más fuertes, más destructores que no están acá, solo en mi patria, sino en otros puntos lejanos a ésta. Eso lo tengo claro desde siempre. Lo que sucede es que me preocupa, sí, así es, me preocupa -y me entristece- lo que pasa acá. Por lo que no puedo quedarme, solo en mis libros publicados, o en mis temas genéricos de apreciación global objetiva, ya sean de carácter literario, cultural, económico, social, religioso o político, sino que me urge, me es necesario volver la mirada a mi país, al Perú, e intentar ayudar, en favor de impulsar las consciencias individuales y estructuralmente sociales, con el arma más subversiva y poderosa que es la escritura, la escritura consciente y programática. Ahora bien, siempre creí - y he sido consciente de ello- que cuando se nos entrega una habilidad o destreza personal al inicio de nuestra existencia, y que por cierto uno va puliendo con los años, es para ponerla al servicio de los demás; por lo que mi visión de escritor comprometido me obliga a no ser incoherente con este principio que anido en mi corazón. No podría perdonarme jamás el claudicar a estas propias ideas gestadas desde mi infancia, y maduradas en mi juventud.

Plaza San Martín. Lima, Perú.
Por otro lado, muchas veces se da un extraño caso de dualidad entre el escritor y su ciudad, relación provista de profundo significado para la obra, el tiempo, el contexto y el autor mismo. Aquella presupone una simbiosis particular, la ciudad nutre al autor, a su pequeño mundo sensible, es el caparazón delicado, cubierto de símbolos inmanentes, de figuras humanas, de eventos circunstanciales y experimentales, da materia de ideas, de creación al autor, tanto como este devuelve retratos de ella y de su gente- y aquí, la gente, la gran masa de personas adquiere vital importancia-. La ciudad que puede ser adoptiva en muchos casos como Munich, para Heyse, Weimar para Goethe, Madrid para Alberti, París para Vallejo, o como Lanzarote lo fue para Saramago, en fin, termina determinando los momentos claves de su existencia y pensamiento. (Escribo estas líneas, y tarareo las letras del genial Joe Arroyo, "En Barranquilla me quedo...").


Buenos Aires del Perú
Buenos Aires del Perú. Imagen de mi última visita.

Sí, es cierto que mi lugar de procedencia es otro, nací y me crié en Buenos Aires, mi infancia le pertenece a esa ribera lejana, apacible provista únicamente de miseria cultural y material porque allí no habia nada, salvo una comunidad casi fantasmal y de poca gente, quienes por las tardes, o muy temprano del día siguiente, no hacían más actividad que una pesca milagrosa, o uno que otro pequeño comercio en cada puerta abierta de casa. Ese era el lugar a dónde mi padre cuando era muy niño nos llevó a vivir a mi madre y mis dos hermanas, pues pasé mis primeros años allí, en un entorno en el que los poderosos de la tierra no tenían lugar en la tierra de los pobres y los humildes. Su lugar era otro. Ese lugar prohibido, al que los niños de mi edad con nuestros padres jamás podríamos visitar algún día. Fue así que el amor y respeto a la cotidiana vida rutinaria del humilde y a sus criaturas era el único mandamiento moral que llevé sobre los hombros de mi infancia. Tal era la única convicción, no hacer daño a un ser vivo y colocar a los pequeños y humildes por encima de todo lo demás.

Luego, es necesario precisar la casa grande porque sirve a estas memorias, la morada grande y vieja de adobe, la casa inmensa de mi padre, cuyos cuartos y corredores alrededor de un jardín, nos llevaban a un solo lugar, al cuarto de la biblioteca. Leer allí, las obras de "El Erial" de Constancio Vigil, las docenas de libros de psicología del Dr Vander, "Las mil y una noches", las decenas de libros religiosos, periódicos viejos y amarillentos de épocas pasadas, libros de historia, de gramática antigua, de urbanidad y buenos modales, revistas de selecciones de Reader's Digest , Life, que le pertenecían a mi padre, entre otras, es más creo que nunca olvidaré ese precioso libro llamado Biblioteca de Selecciones, volumen II, 1969, que años más tarde me traje a Lima conmigo, mi primer libro grueso que leí, un libro de cuatro historias, novelas cortas, que agrupaban: "Trío", una colección de relatos de W. Somerset Maugham; "Nicolás y Alejandra", de Robert K. Massie, la historia novelada de la sociedad rusa a través de la vida  de su último zar y su zarina, más preocupados por la hemofilia del pequeño Alexis hasta el punto de entregar la nación a un nombre apodado Rasputín, todo ello previo a la Revolución de 1917; "El capitán" de Jan de Hartog, ese emocionante relato de los convoyes de Murmansk, y del conflicto sentimental hasta erótico de su joven capitán Martinus Harinxma; e inclusive la tierna historia de "Rafa", de Weldon Hill, creo, hasta cierto punto considerado por mi pequeña personalidad de ese tiempo, mi propio "alter ego", sí, ese niño granjero de nombre Rafael Laydon, quien de ser un pésimo jugador de beísbol se convierte de pronto en el protagonista de una historia que pondría a prueba la fuerza y valor para encarar asuntos maduros en mundo de gente también madura, en fin. Tantas y tantas buenas lecturas cosas que solo me hicieron entender una cosa por aquellos años, un mundo allí, diferente al que había afuera en las polvorientas calles de paraderos de carros varados. Mi padre era un cultor de estos trabajos, y yo me convertí en algo así, como su guardián.


La influencia del padre


Siempre he dicho, y diré que cuando era niño, él, me introdujo en este mundo de las palabras, él era un obrero que cada fin de mes durante toda su juventud se dedicó a comprar libros. Lo admiraba aunque nunca se lo dije, tal vez fue una esas pocas personas a quien hube admirado tanto en los albores de mi niñez. Llegó a armarse bibliotecas grandes en casa, muy grandes que el tamaño mismo que me acompañaba resultaba insuficiente para competir con ellas. Tal vez allí, entre esos libros empolvados y entregados al tiempo sin memoria se haya gestado, tal vez sin saberlo el inicio para mí de esta aventura por dar vida a la ficción y entenderla en mi mente aún cerebralmente infante. Fue una etapa emocionante. Después de haberlo conocido, ya nadie me ha leído nada. Ese hombre fue mi progenitor.

Nuestros diálogos simétricamente iban de una dirección a la otra, yo lo miraba, él me observaba, las palabras se iban sucediendo - a veces verticalmente, otras horizontalmente, los tonos casi siempre variados, se tornaban gentiles y alegres, y eso era suficiente para sentirme protegido. Sus nobles palabras eran sinónimo de protección y amistad, más que padre e hijo, éramos un viejo sabio y roído por el tiempo, y un pedacito de pequeño niño. Hablábamos, y hablábamos a veces también con el silencio, nuestro silencio, silencio que era suficiente para saber que hablábamos de lo mismo, o al menos que nuestra intención era la misma. En un extremo de la esquina amarilla, frente a frente separados por una cuadrada mesa sobre la cual se esparcían muchos periódicos amarillos y viejos, yacía una conversación, una agradable conversación, afuera el viento silbaba y las olas del mar se estremecían a cada golpe invernal de septiembre. 

De vuelta al compromiso 

Entre viajes fuera de la ciudad, regresos esporádicos a los sitios de infancia que siempre me vuelven a recordar el pedacito de niño que aún subsiste en mí, caminatas hasta altas horas de la noche por las grandes avenidas de Lima, clases que uno da todos los días por la mañana, descubrimientos nuevos tras conversaciones en patios con jóvenes estudiantes, trabajos de escritura que nunca faltan y que hago con sutil dedicación por la tarde para sortearlos al próximo día entre los posibles diarios honestos que aún queden, subidas y bajadas en la estación de tren, salidas a comer en cualquier lugar por la noche- algunas veces con Magaly Victoria, otras con Ángel, en fin-, para finalmente tejer regresos solitarios, cual madejas distintas que me devuelvan a la misma habitación amarilla para seguir haciendo lo mismo, leyendo, escribiendo, preparando las próximas clases, hasta que llegado el momento, voces suplicantes aparecen otra vez, estados de la consciencia y del compromiso. Descansos entrecortados breves hasta que amanece, y salidas otra vez para conocer personas nuevas cuyos nombres casi nunca retienes - ello, debido a ese despistado espíritu de la retención de cosas exageradas que a veces nos embarga-, muchas personas: a veces desconocidas, pero eso me ayuda a vivir como comprenderás. Conozco, tal vez sin proponérmelo a mucha gente; otros dicen conocerme, y sin embargo yo no - es raro todo este juego de rostros y palabras-. Y así vas pasando, pasando los días que van y vienen y bueno también vas viviendo y también aprendiendo. Risas, muchas risas, jaajaj, cosas mías, cosas mías; pero cuéntame tú, háblame de ti, ¿quieres?

Ahora bien, me preguntan muchas veces personas allegadas a mí, otras, simples conocidas mías, si soy un moralista o espiritualista, si soy un izquierdista o un católico creyente en Dios (cuándo no, hasta me han tildado de anarquista y francotirador porque sencillamente no pertenezco ni quiero pertenecer a "a...", o a "b..."). Uhm, yo no sé qué cosa encierran estos chiclés - y así lo supiera no tendría por qué asumir esas poses-. Lo que digo, y lo que expreso tiene que ver mucho con mi diario vivir, con lo que sueño y lo que aspiro para mí y para los demás que me rodean o estarán en un futuro tras de mí, nueva gente: esta forma de concebir mi existencia se debe a algo simple, a que soy profesor de escuela. Mi filosofía no pertenece al budismo, ni a ninguna religión. Luego, el existencialismo me ha ayudado mucho como método de trabajo a orientar mis derroteros, sí, no puedo negar ello, empero sin embargo mi filosofía, la filosofía que intento comunicar es otra, es una filosofía de la consciencia y del compromiso, ya que el trabajo de la consciencia es largo y requiere consistencia permanente, requiere constancia, valor, no hay feriados para ello ni retribución alguna, es algo que se hace porque se siente y punto, pero usted, sí, usted mismo, tal vez dirá por qué? Uhm..., porque sencillamente sucede que cada día hay algo nuevo que decir!, y eso, créame que es lo más extraordinario que uno puede experimentar sobre sí mismo.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú. Víctor Abraham les saluda.

lunes, 6 de julio de 2015

Hely León Navarrety

Era un hombre delgado, de pocas palabras, eso sí, muy cano y a veces algo risueño. Infundía en cada una de sus clases esa extraña norma conservadora que muchos llamarían respeto y solemnidad. Seis años convivimos con él: tiempo en que nosotros, aún niños, mirábamosle con cierto temor y distancia, pero también con mucha consideración y gratitud. Hely León Navarrety, dejaba marcado su sello de revisión en cada cuaderno, o esa firma impecable provista de una caligrafía muy ejemplar. Fue esta persona, a quien guardo hasta hoy mucha gratitud, la responsable directa de que yo aprendiera a leer y a escribir, a sumar y a restar, a respetar y a valorar a mis mayores. Era nuestro maestro de enseñanza primaria, o se conoce también en algunos lugares como básica. Por lo que supe luego, fuimos su última promoción de escuela, la del 93´, pues dejaría de laborar allí al año siguiente. No lo volvimos a ver más por Buenos Aires, lugar donde viví mi primera infancia. Ahora que puedo recordar, jamás supimos de él lo que era una huelga porque nunca parábamos, siempre había un lugar para estudiar. Yo era el primero de la lista, y era el primero que debía responder por mis actos y por mis obligaciones escolares.

Me contó mi padre que terminado el jardín, porque ese nombre recibía el lugar a donde uno tenía que ir a hacer su primera escolaridad, una especie de lo que hoy algunos llamrían kinder, tenía serias dudas, si dejarme estudiar en donde vivímos o llevarme al centro, al centro de Trujillo, e inscribirme en el Centro Viejo, uno de los colegios más antiguos de esa ciudad. Decía a menudo, que en donde vivíamos no me darían una buena educación. "Tamaño error", diría años más tarde, "qué equivocado estaba". Por suerte para mí, no había vacante en ese lugar, asi que me terminó matriculando en el número 81025, escuela llamada hasta hoy, "José Antonio Encinas", que paradójicamente, llevaba asimismo el nombre de ese gran educador peruano inicador de la Escuela Activa por los inicios del siglo pasado. Jamás me imaginaría porque así lo he sentido desde entonces que este nombre, este maestro de primaria y sus ejemplares muestras de valor y estoicismo, y estas primeras experiencias como beneficiario infantil de mi propio proceso educativo quedarían marcados en mí  como una especie de estigma flagrante que acompañaría y marcaría mi futura existencia.

Así fue ahora que lo recuerdo, así fue que en esta escuela. un hombre nos recibió el año 88, y a partir de allí jamás nos dejaría. Exigente con la caligrafía, descubrirdor de mi apego a las letras. Pienso, evocando aquéllos años de trabajo infantil dentro de la escuela, que de no haber sido por este maestro, no hubiera llegado a desarrollar mis primeras habilidades comunicativas ni morales, ni qué decir de esas primeras pinceladas de niño pensante. Soy un resultado de lo que un hombre intentó hacer una vez conmigo, enseñarme y educarme. Fue un proceso como todo en la vida, lo sé, pero sirvió de mucho, en fin.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

domingo, 5 de julio de 2015

Anotaciones alrededor de una madrugada.

Parecería que a veces podría ser un ingrato con quienes me escriben, me cuentan, me dejan ver las motivaciones de su alma, las preocupaciones permanentes de su sentido común, las razones de su diario sentir, y tantas otras cosas más: parecería que la ingratitud cierne esos espacios de silencios y de vacíos verbales, pero no, no es así, no..., sucede que me tomo el tiempo con mi día a día y mi vivir intenso, me tomo un tiempo para pensar también, para caminar, para detenerme en cualquier lugar de pronto, para reír, para escuchar vivamente, de mis propios oídos, lo que acontece en las calles de Lima, ver sobre que se está hablando en los centros de comida, en los supermercados, en las reuniones de amigos, leer que se está escribiendo en la prensa nacional, visitar personas muy queridas, regalarme un tiempo con Magaly Victoria, dialogar reunidos en una mesa con Ángel, con Eberth, o pasarme algunas horas de la noche y parte de la madrugada en plena avenida Alfonso Ugarte con Oscar , con Fernando, encontrarme con alumnos, exalumnos ya jóvenes, saludarlos gratamente y abrazarlos, en fin.... Luego, volver para ver una vez más lo mío, para regresar a mi trabajo de escritura, a mi compromiso, y las tantas fraternas letras de amigos y amigas, hecho causante de una alegría efusiva, de saber y ver que allí estamos caminando ese mismo sendero, pensando en esa misma preocupación, anidando esa misma esperanza, encontrando seres comprometidos, estudiantes preocupados y hasta una niña mexicana indignada - agradezco a Montserrat Marrugat, amiga de la tierra de Octavio Paz, por el enlace-, preguntándose por qué. Francamente que esto me lleva a arrojar una cosa, indefectiblemente se necesitan, nuestras sociedades urgen con apremio de consciencias morales, de voces morales, de referentes morales, y esto qué significa..., dos palabras, ciudadanos responsables.

Preocupaciones constantes 

Por otro lado, en aras de agregar sendos acápites a la última crónica que pude escribir para esta página blog, referente a mi propia decepción respecto a lo que significa esa palabra "democracia", al menos para mí, y que pareciera seguir descancarándose cada día más, a pesar de los esfuerzos que hacen los grandotes por sostener lo insostenible a la luz del sentido común: para muestra un botón, las enormes arcas financieras que se engrosan todos los meses con el sueldo de la población y cuyos funcionarios no pueden ser juzgados, so pretexto del derecho jurídico que les asiste. Sí, así es, esa misma incompatibilidad me lleva a pensar en una cosa, preferir de pronto que alguien me diga, "eh, es usted un hombre sin puerto fijo, un buscador, un librepensador", a que me exprese -cosa más ridícula-, "eh, es usted un demócrata, un hombre con altos principios democráticos".

Debería, pienso luego, haber un curso en las escuelas que se llame, CORRUPCIÓN: Puesto que todo ese rollo que se imparte dentro de las currículas educativas de nivel medio secundario, SI DE ASIGNATURAS HABLAMOS, llamadas por ejemplo, aquí en el Perú, FORMACIÓN CIUDADANA Y CÍVICA, no hacen más que caer en el mero vacío de la hipocresía social al no llamar a las cosas por su nombre, y a los individuos por sus actos. Luego, ESTOY SEGURO QUE SI NUESTROS TECNÓLOGOS DE LA EDUCACIÓN SE ATREVERÍAN A ESTO, ESTARÍAMOS COMO MAESTROS CONTRIBUYENDO POR LO MENOS A SER MÁS SINCEROS CON NUESTROS ESTUDIANTES MISMOS, Y BUENO, DE PASO HACIENDO MUCHO POR CONVERTIRLOS EN PERSONAS MÁS CRÍTICAS Y MENOS CONTEMPLATIVAS CON ESTA LACRA CONDUCTUAL que corroe nuestras sociedades presentes, en fin.

Finalmente, llego a pensar, a modo de respuesta crítica, que votemos por quien votemos, siempre perderemos: ahora entiendo a los jóvenes españoles cuando simplemente deciden no acudir a una urna o en todo caso, viciar su voto... al final, pienso que un voto viciado es más limpio que un voto en blanco, y más honesto que una seudolibertad de elección. En cuanto a mí, respaldaré y mentendré mi posición firme de apoyar a los colectivos juveniles de Lima que se vienen gestando (...fundamentaremos si es necesario!!!), quienes en su intento por crear consciencia poblacional están pensando, desde ya, anular su voto, no blanco, sino viciado, lo que resultaría más saludable, en fin. Que así sea, estas cosas recién empiezan! Pienso que ha llegado el momento de que el Perú, como población de inmensas mayorías, le diga por fin, no esa clase seudopolítica que intenta seguir administrando este país, bajo encargo de los grandotes, quienes en su mayoría ni siquiera viven acá.


Imagen: Foto extraído del portal web del diario El Comercio
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Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

lunes, 22 de junio de 2015

Los trastornos de la democracia

La mentira más grande

Respeto mucho la fe que determinadas personas abrigan cuando se habla de "democracia", pensando en la posiblidad que algún día pueda ser finalmente materializada. Leo sus opiniones, y las respeto mucho, las medito reflexivamente, sin embargo tengo mis propias conjeturas respecto a lo que significa esa palabra en la práctica real, y lo lejana que aún está de esa concreción de lo que debería ser, en fin. Yo pienso, y fundamento mi rechazo absoluto, en una verdad muy chiquita, sin embargo tan notoria, que paradójicamente pocos quieren ver, y esa radica en que dentro de una sociedad democrática, la educación de la población -se supone- debería ser marco fundamental porque es el derecho humano más importante, luego del derecho a la vida, es más creo convencido que la educación, dada su condición de puente para lograr la libertad, debiera ser el valor fundamental de la democracia, pero miremos que tenemos a nuestro alrededor..., en fin. Tal vez por eso, yo no creeré, ni apoyaré jamás nada de esto, es por principio personal..., basta y sobra mirar a sus representantes, ungidos de vinchas y banderas rojas por un extremo, o bien encorbatados y acartonados tras una mesa gubernamental por el otro, extraños y ridículos personajes, gente sin escrúpulos y nada compremetida con la libertad verdadera, remedos y titeres de un sistema repleto de demagogias. ¿Un ejemplo?, sí, sí, un ejemplo claro en este país, el Sr. Humala, y sus garantes, ah, sí y también... esa izquierda entre comillas que siempre está buscando pan debajo de la mesa...Luego, mientras no vea cambios consistentes, educativamente hablando, o sea, personas realmente libres y acuciantes, pensantes, esto es, o sea nunca, mi posición seguirá siendo la misma.

La defensa de los derechos democráticos

Yo no defiendo esa palabra, tan manoseada por los gobiernos, llamada "democracia", porque en la práctica, esta no existe; es un engaño de los grandes dueños del poder que dirigen el orden social; bajo esta forma estos gobiernos, mal llamados democráticos, junto con todos sus funcionarios y camaraderías incluídas amparan sus corrupciones, roban y mienten a las grandes masas poblacionales distorcionando su educación, o en todos casos haciéndola inaccesible debido a ranking absurdos, so pretexto de mejorar la calidad educativa. No, esa democracia, tal y como la conocemos es producto de invisibles ejes de ejecución que obedecen a esa necesidad enfermiza de acumulación de riqueza. Lo que yo defiendo, y me empeño en proteger es el cumplimiento de los derechos democráticos, de esos derechos que al hombre y a la mujer les son conferibles desde su nacimiento. Ahora bien, una cosa es defender los derechos democráticos, y otra muy distinta alentar al desorden y anarquía. Aquí no se trata de defender golpes de estado, sino de hacer prevalecer el derecho propio fundamental dentro de un orden ciudadano, y cómo, sí, cómo se logra esto, leyendo, estudiando y discerniendo entre lo bueno y lo malo. Ello, me lleva a pensar algo más, un pueblo instruído probablemente pueda cimentar en el futuro un Estado realmente participativo. 

Luego. uno construye las riendas de su propia vida a partir de elegir un camino, o se cruza uno de brazos y no hace nada - que es algo normal, y hasta comprensible- , o simplemente uno se compromete, y hace las cosas- que también sería algo normal y hasta entendible-. Alguien diría diría de pronto, "Espero que te comprometas a "a..." o a "b...", que te involucres en "a..." o en "b..."; yo prefiero decir, "ya estás involucrado o involucrada en ese "a..." o "b...", haz algo". Total, somos sujetos históricos de un tiempo que gira tan rápido, que si no atendemos a su llamado de puerta, ya habrá pasado nuestro ciclo, nuestro momento histórico. Es por ello, que tal vez la juventud sea tan preciada y requerida por el poder,( Me imagino ahora a Wilde retratándose a sí mismo en Dorian Gray, en fin), Por eso jóvenes, la juventud es la mayor capital de esperanza.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

domingo, 21 de junio de 2015

En el nombre del padre...


Foto: Internet
Cuando intento recordar esa primera vez que llevé mi pulgar derecho a la frente con el fin de decir, "En el nombre del Padre...", siempre aparece en mí, la imagen de mi progenitor, de ese hombre flaco y taciturno, en cuyo rostro siempre se dibujaban dos mostachos, y cuyos pómulos morenos y cabellos encanecidos, daban la apariencia de viejo, sí, de un ser mortalmente viejo, pero a la vez - extraña coincidencia- con rasgos también de niño. Un extraño personaje, que de un momento a otro, mientras nos dirigíamos a hacer las compras del mercado, se metía intempestivamente dentro de un templo con el fin de dar gracias a Dios, o elevar sus plegarias, como refería, llevándome de la mano también a mí porque había que ser agradecido, me decía, y entonces..., "has de coger tu pulgar derecho y llevarlo a tu frente siempre, con el fin de decir estas palabras...", y repetía esa fórmula corta y piadosa que hasta hoy me acompaña, la señal de la cruz.

Conceptos de moral que hoy cimentan mi existencia, extrañas manías de sentarme de pronto a conversar con alguien desconocido -y sin razón alguna aparente-, ese respeto absoluto por los libros y sus creadores, ese particular modo de ver la vida a través del próximo inmediato, sentencias, herencias culturales, amor a la tierra en que uno nace, y ni qué decir de esas ideas del bien y del mal, "Ideas", como diría el poeta noruego y Premio Nobel de Literatura 1903, a inicios del siglo pasado, Bjornstjerne Bjornson, "tan firmemente establecidas en nuestra conciencia, que han participado en todos los ámbitos de nuestra vida, y son ahora parte de nuestra búsqueda de conocimientos", en fin, todo esto me fue modelado por mi padre, un eterno moralista, un lector de periódicos viejos y amarillentos, uno de esos tipos que muchos llamarían, ferviente católico, cultor y admirador de una cultura mexicana, llegada a mí bajo la forma de "Cine de oro", en donde un Jorge Negrete, un Pedro Infante, una María Félix, un Cantinflas, siempre acompañaban nuestras tardes de ver televisión.

El meollo del asunto, cuando se dice, papá

Si he mencionado anteriormente, párrafos arriba, estas experiencias de aprendizaje que pude asimilar de mi padre, solo ha sido bajo un fin real y concreto, intentar acercarme a la figura paterna, y dejar por sentado esa imperiosa necesidad que para un niño en formación llega a alcanzar esta figura dentro de su temprana vida, y por ende dentro de sus primeras experiencias.

Ahora bien, es raro que hoy en día muy poca gente defienda esa necesidad de autoridad paterna, esa virilidad masculina clave para la formación de un hogar, ese modelo icónico del buen hombre que puede llegar a ser buen padre; es preocupante hoy ese detrimento moral que se le viene acuñando a la figura paterna. tanto como es inconcebible escuchar al interior de nuestras sociedades que se esté perdiendo esa autoridad varonil al interior de las familias. Las sociedades evolucionan, eso es sabido, y no soy el primero en afirmarlo, lo dicen los apuntes del materialismo dialéctico, pero en nuestro caso, en el caso de esta generación que hoy vivimos parecería más tratarse de una involución, que de una evolución propiamente dicha.

Vemos todos los días, denuncias de abortos por presión del hombre, abandonos familiares, parricidios y violencias al interior de las familias. Nos quejamos que el hombre no trabaja, que no aporta al hogar, a las necesidades del consumo diario, e inclusive que no cumple como hombre, sexualmente hablando, llegando a la ridiculización más burda de esto. Hombres sin personalidad, y sin moral, padres que son proclives a profanar sus propios recintos familiares. Acudimos a la imagen frecuente del divorcio, de la separación conyugal - o de bienes, en algunos casos- por esa simple, y sencilla expresión, "no nos entendemos", o "no era lo que pensábamos", dejando así a la propia prole, a los propios descendientes, en la mayoría de casos niños menores de edad, al total abandono.

Ver esta óptica, solo me arroja dos cosas, o intentamos revertir esta situación, y salvaguardar así ese nombre del padre, con cierto estoicismo ciudadano, o  dejamos que esta  misma nomenclatura sea devorada por la desconfianza, por la desidia, por el materialismo frívolo y consumidor que solo reconoce en él no seres humanos con aciertos y errores, sino objetos de numeración y seriación a los que hay que tirar cuando salen mal fabricados, o no sirven al propósito para el que fueron creados, en fin. Es cierto por otra parte,  que este "tiempo de consumismo histérico", tiempo en donde esa misma categoría, conocida como"tiempo", es lo más difícil de conseguir, y que nadie está dispuesto a dar..., haya terminado por sumir esta categoría "papá" hasta doblegarla - y malformarla-, so pretexto de la perfección consumista, olvidándonos así del hecho que cualquier persona puede ser sujeto de errores y de vicios morales. Decir esto, no me lleva a apañar cualquier acto de violencia, o de irresponsabilidad dentro de mi propio género, sino al contrario mi empeño encuentra justificación en el acto del reflexionar en torno al hecho de cómo estamos mirando al otro, cómo nos estamos mirando entre nosotros, hasta parecemos a veces esos buitres que esperan el menor descuido de su presa para devorarla.

En defensa de la paternidad


En un mundo actual como el nuestro, en el que parece ser que el matriarcado, y el libertinaje se vienen convirtiendo en las nuevas modas de existencia, en los nuevos remedios para llenar tantos vacíos emocionales, a los que muchos teóricos de la psicología educativa aún no pueden responder, salvo con recetas paliativas y medidas permisivas en cuanto a conducta y enseñanza se refieren, porque sencillamente no quieren aceptar que la brújula moral al interior de las familias está descompuesta, y que es deber de padres y maestros recomponerla: les cuesta tanto admitir a estos señores teóricos de la pedagogía, y la psicología que hay una verdad innegable, y esa es la ausencia de autoridad que debería ejercer el padre, y que sin embargo poco o nada se hace para abordar esta problemática, o en todo caso ayudar a reivindicar, ¿y por qué?, porque sencillamente, como ya dije, se vive hoy una guerra de géneros, que parte de esos sectores mal llamados feministas y democráticos y que esta "sociedad de las sangres"- que vuelvo a parafrasear- alimenta, porque sencillamente alguien tiene que imponer un control, un status quo, un "nuevo" modus vivendi, y esto resulta interesante porque así, cada vez más, todo se vuelve números, tarjetas de crédito, códigos, estadísticas, demandas, multas, pensiones de alimentos, e inclusive gastos absurdos por tener o por alcanzar. Decir francamente, que me preocupa.

Por otro lado, esta sociedad de consumo, que solo nos recuerda una vez al año, que existen padres, porque hay que comprarles en tal o cual tienda, una corbata, un suéter o cualquier accesorio de marca, llámese Valentino, Versace, John Holden, o qué se yo..., es la misma que el resto de días, o sea los 364 restantes, nos dice a través de sus televisoras, de sus prensas, que el padre, es un malo, un mal hombre, un mal marido, un mal hijo, un mal hermano, por Dios, qué incongruencia. Las noticias fabricadas por intereses de los grandotes, sumadas al bajo nivel educativo de las masas poblacionales hacen que estas se resignen y terminen por generalizar estos actos condenables, hasta enrostrársela en la cara de esa propia categoría, llamada PADRE, sí, así es los intereses creados hacen que estos pobladores no les queda otra que resignarse y aceptar que viven o conviven en un orbe de malos padres.

Hará dos años escribía para una columna; datos, que hoy vuelvo a citarlos porque considero vigentes, además que sirven para el análisis que esta redacción persigue.
(...)últimamente las demandas económicas y sociales sumadas a los nuevos estilos contemporáneos de vida por asegurar la estabilidad familiar reclaman hoy en día también una dinámica laboral de la mujer - hecho desde ya muy loable y sacrificado por parte de este noble género femenino-, pero sin embargo advierto que estos nuevos modos de vida que hoy rigen sobre nuestras sociedades también están trayendo una mayor superficialidad en las relaciones familiares, una pérdida significativa del rol real que corresponde tanto a padres como a hijos porque de algo estoy seguro que los roles de los padres siempre serán los mismos y muy distintos a los roles de los hijos, pues ambos roles son complementarios para establecer la armonía en el hogar. Sí, pareciera que estos nuevos estilos contemporáneos de vida y sus múltiples ajetreos de espacio y de tiempo, están menoscabando hasta cierto punto el compromiso de la paternidad llegando en algunos casos al detrimento, desgasto o deterioro de esa imagen perfecta de ser padre. El ausentismo es hoy mayor en las mesas a la hora de almorzar, o la hora de cenar, entendible por un lado supongo, pero por otro, debería tomarse con cuidado. Falta de compromisos personales de padres que aún no han terminado de ser hijos, y conyugales también son de cuidado y de delicada observación porque hacen meollo en este asunto de la estoica paternidad, pero a pesar de todo- y créanme que es cierto-, que la figura paterna, la progenitora, no la secundaria ni la civil que se contrae en unas segundas nupcias, sino esa figura real y primigenia siempre será irremplazable en un hogar. Triste consuelo de aquéllas personas, cuyos padres están durmiendo piadosamente por múltiples circunstancias, sin embargo pienso que hoy, el solo hecho de evocar su sola imagen ya es suficiente para seguir haciendo bien las cosas como buenos hijos. 
Llamados al buen ejemplo

Rescatemos los valores paternales, ayudemos al género de los hombres a retomar su senda, su buen proceder como lo tuvieron nuestros viejos, nuestros antepasados, queramos a nuestros padres, guardemos respeto y gratitud para ellos. Basta ya de hacer leña del árbol caído, o de intentar generalizar las malas prácticas paternales. A ustedes hijos e hijas, no juzguen a sus padres, entiéndanlos, no les toca a ustedes juzgarlos, trasmítanles alegría, ayudemos, no carguemos más cruces interminables de condena.

A ustedes mujeres ayuden a sus esposos, a sus parejas, sean brazo fuerte y firme con ellos, en la crianza y educación de sus hijos, en esa lucha por dignificar sus hogares, no se desautoricen, ni intenten comprar el cariño de sus protegidos con cosas irrelevantes, materialmente hablando, tengan paciencia, intenten comprender que el matrimonio es abnegación, es sacrificio, es lágrimas, pero también es cuna de frutos ejemplares, de hijos nobles, de ciudadanos de bien, y esto se logra solo en unidad conyugal, la comunicación, y es que a veces es bueno, ceder un poco para ganar, así funciona esto de las relaciones humanas.

Finalmente, a ustedes hombres, padres, que ya lo son, o están esperando con ansias serlo muy pronto, vean en el ejemplo de sus padres y abuelos modelos de bien, no vean en esta sociedad de superficialismos, vean en su interior, escudriñen, no sigan haciendo lo que la inmensa mayoría hace o intenta hacer cada día, muchos de ellos, agentes sin personalidad ni firmeza que solo sirven a este sistema de degradación sistemática. Hagan y busquen en ustedes mismos esa conversión, la sociedad del futuro necesita de ustedes, porque estoy seguro que no hubo nunca sociedad tal como la de hoy, que los necesite tanto, y que los pida a gritos, en fin. Quiero terminar diciendo, en la memoria de ese progenitor mío que conocí una vez, y llamé padre, "Feliz día del padre". Recuerden que mi visión de sociedad, ligada siempre a esa preocupación permanente por salvaguardar la identidad familiar y el buen uso de los valores, siempre estará de parte de ustedes, con ustedes. Un abrazo para todos, colegas de la escritura, del periodismo, de la enseñanza y amigos.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

domingo, 17 de mayo de 2015

Ambición ciudadana

"Me enorgullece mucho cuando encuentro a personas que se acercan a mí sin conocerlas, me hablan, o me escriben, sin importar latitudes, luego, intercambiamos algunas palabras, o dialogamos, me cuentan lo que hacen o me expresan lo que piensan. Ello, me ayuda a tener un panorama, una opinión de su posición respecto a su propia existencia. Me agrada cuando alguien me dice sin miedo, "mi sueño es...", le digo entonces, "está bien... es perfecto" (Esto me hace recordar que en una ocasión un joven adolescente me dijo, "Señor, yo tengo un sueño", "qué bien", le dije, "Martin Luther King también tenía un sueño, mira a Eduardo Galeno, él también soñaba el mundo que quería que sea, en fin"). Y es que sucede que a veces suelo conversar con estas personas, si bien es cierto no en extensos discursos, pero sí los suficientes para darme cuenta y permitirme ver en ellos, su calidad de lucha y de pensamiento, que es loable, su extraordinario desprendimiento, o tal vez- porque todos tenemos virtudes- su valor para atreverse a romper con los cánones establecidos. Cuando estas personas llegan a mí, entonces los llamo amigos, porque eso es ser amigo, un amigo hace y desea al otro todo el bien".
He escrito todo esto en mi ambición de seguir levantando consciencias, porque el trabajo comprometido con este fin jamás termina, y estoy seguro que este delirio de cambio que me arremete por las noches, sino en todas por lo menos en muchas, no solo me abraza mí, sino pienso que del mismo modo a mucha gente que está también por allí, regada por el mundo pensando que vive en su propio microuniverso que algunos faltos de observación llaman soledad, empero no, no es así, sino es que se trata de responsabilidad.

Hombres ejemplares

No pude escribir para el blog una crónica precisa en memoria de dos hombres grandiosos - las únicas dos que hice, fueron compartidas en otros medios, puesto que el trabajo me había absorbido desde entonces, en fin-, pero como ya dije, fue una memoria después de todo, sin embargo debo reconocer que también esos días fueron muy tristes, pero a la vez muy reflexivos. (Al menos así lo asumí yo). El diario, "El País", de España, en versión impresa difundida en Lima, anunciaba por esos días de la quincena de abril, 13 para ser exactos, "Luto en las letras latinoamericanas y europeas". A continuación, impreso en tinta negra resaltada decía de la misma forma, "La izquierda llora la muerte de Galeano", en alusión al autor de "Las venas abiertas de América Latina", y espacios más abajo añadía, "Vamos a una tercera gran guerra", en alusión, a la última entrevista que concediera el Premio Nobel de Literatura 1999, por esos días recién fallecido, Günter Grass, y es que sí que duele, no tanto por el hecho de tratarse de que fueron un uruguayo, y un alemán, no, ni por el hecho de que fueron autores de libros, no por eso, ni por los premios, ni otras tribulaciones más tampoco, sino porque se trataba de dos hombres comprometidos con la consciencia ciudadana, con la consciencia de la vida humana. Así es, es por eso. "No han muerto dos escritores, no, sino han muerto Eduardo Galeano, y Günter Grass, pensadores, visionarios, y sobre todo pulsómetros de sus propias generaciones", dije- y así lo escribí entonces. Y es que sucede que luego de la muerte del argentino Juan Gelman en el 2014,  y anterior a este: Saramago, hecho que me llevo a escribir también, "Están quedando pocos héroes comprometidos, pocos hombres de pensamiento, salvo Gabriel García Márquez, y Galeano- por esas fechas aún vivo-, ya no quedan escritores de esa talla, urgen en nuestras sociedades nuevas generaciones libertarias y críticas,nuevos ciudadanos, dispuestos a retomar la posta del compromiso social e histórico porque la literatura es ante todo pensamiento, compromiso y acción".

La otra cara de la moneda por esos días recayó, para indignación personal, en las palabras desatinadas del Sr. Vargas Llosa, quien en una apremiante necesidad de definir su posición respecto al pensamiento del uruguayo, decía, "Creo que sus tesis sobre América Latina estaban completamente equivocadas(...) Presenta una descripción completamente caricatural, de un dogmatismo marxista que caricaturiza y falsea profundamente lo que es la realidad de América Latina". Uhm, ello me llevó a escribir entre otras cosas, "pero qué va a estar de acuerdo, con "Las venas abiertas de América Latina", si este libro es la antítesis del consumo, y el rechazo directo a la condición humana, que usted enerva hasta el paroxismo de llamar, "seudo democracias populistas y payasas" a las hermanas repúblicas de Bolivia y Nicaragua porque buscan el cambio. Es este trabajo de Galeano, la esquematización perfecta de la explotación, y del poder bestial que entrampa el vivir de los ciudadanos de Latinoamérica, es este discurso el que presenta la evolución orgánica de este eje sistémico".

De convicciones y pasiones 

Sucede que por esos días también escribí sobre las marchas llevadas a cabo aquí en Lima, y reflejadas a nivel nacional, en contra de estos programas televisivos que tanto dañan las consciencias ciudadanas, actividades que luego me llevaron a arrojar dos conclusiones, porque fueron tres, las marchas convocadas y a las que pude asistir y participar activamente, en fin. Ahora bien deduje entonces que, en primer término todo se hace por convicción moral, y no por presión mediática, y la segunda, que se necesita seguir conscientizando más. Me he quedado desde entonces con una arenga que un niño que estaba a mi lado en una de esas tantas manifestaciones, ayudaba a gritar, "las veces que sean necesarias volveremos a marchar porque una y otra vez hemos de luchar". Fue grato por esos días ponerse de pie, junto a varios jóvenes que por un momento, pusieron en jaque al empresariado televisivo nacional. Comprendí- y lo escribí así- que, "el camino es duro, lo sé, pero como ya dije, quedará la satisfacción de que al menos quienes estuvimos ahí, compartiendo ideales comunes, al menos seríamos más conscientes de decirles a nuestros hijos algún día, "fuimos muchos los de nuestra generación, héroes anónimos que un día nos atrevimos por fin a decir, basta ya de tanto flagelo soez y vulgar que no hacía más que arrojar espíritus de conmiseración ajena". Sí, así es, porque no importa cuantos Eric Jurgensen - para muestra un botón del poder real, púes de trataba de un Gerente General de un canal,- salgan a aseverar cosas estúpidas y sádicas, como el hecho de no ser mayoría, Uhm, aseveré entonces, "eso no es ahora importante, sino el saber - al menos para nosotros- qué- estamos- haciendo- y- porqué- lo- estamos- haciendo".

Compromiso perpetuo

Volviendo al presente, es indudable que el acto de analizar las cosas, sí, esa acción heroica de detenerse de pronto, y sentarse allí, en medio de un parque o en medio de alguna banca callejera, sea en la tarde, en la mañana o por la noche, desde nuestra comodidad de hogar, o en medio de un patio escolar, solos, hambrientos o saciados de comer y digerir, en fin, en cada caso, en cada lugar, qué sé yo, en donde de pronto se nos ocurriese, en fin, Sí, sí este acto del análisis permite el dar vuelta a las cosas en la cabeza, permite, hace posible dialogar con la propia existencia, y esto, ayuda, ayuda a tener una mejor idea de nuestro trabajo diario. Por eso sea ello necesario, esta actividad del pensar. Luego, pienso que sentir esa necesidad de querer entender el porqué de esas palabras que de pronto al encontrarlas en los libros, nos hacen llorar o nos permiten reir, no es sino la puerta al entendimiento de nuestras propias vivencias, vivencias que también pudieron haberse escrito, solo que en tiempo y espacio diferentes.

Uhm, ahora bien, podría entonces conjeturar a partir de lo escrito que todos estamos llamados a ejercer este oficio de la escritura -todos y todas, porque la literatura no es sino la suma de anécdotas, de complicidades, de actos heroicos y equivocados a veces, pero que hacemos para bien o para mal, para nuestra paz o para nuestro tormento-; sin embargo, sea como fuere para escritores o ciudadanos, escribir estos pasajes es necesario para que las historias de las luchas no queden entregadas a sepulcros sin memoria, recubiertas en tinieblas, sino al contrario, queden plasmadas, vivificadas en las consciencias. retenidas en las memorias de quienes no pudieron vivirlas en tiempo y espacio, ya que - y cito a las palabras de Camus en su discurso de repeción del Premio Nobel de 1957- "cada generación tiene una tarea  mayor: impedir que el mundo se deshaga."
 
Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

miércoles, 13 de mayo de 2015

Domingo 13 de julio de: " Los días van y vienen"

Hoy fue una mañana normal. Nos levantamos todos muy temprano. María, como de costumbre fue la primera. Hubo bastante venta, pues se terminaron las dos ollas de avena que habíamos preparado, es más, pedimos otro costalillo de pan. Los saltados del desayuno se acabaron. Al menos, creo que tanto esfuerzo sirvió, y servirá para pagar algunas cuentas pendientes respecto a los predios, que a propósito ya llevan cinco meses sin pagarse. Muchos recibos desde entonces. Nos han dado el ultimátum para poder subsanar esta quincena (al menos parte de nuestra deuda). “El primer lunes de la quincena”, decía la notificación de la municipalidad, algo que considero injusta porque quince recién es jueves, pero en fin. Y es que sucede que últimamente los gastos han sido fuertes, los estudios de Rosa y de Lupe, los pagos del agua, de la luz y del teléfono, los pasajes para ir a ver al abogado, que lleva los trámites de mi jubilación, los pedidos, hasta incluso: este mes se malogró también el refrigerador y había que arreglarlo, eso sin contar los gastos de mi medicina, que los vengo postergando mes a mes, ya que como no cuento con el Seguro Social, debido a que no hay ninguna resolución previa aún por parte de la Comisión Médica Evaluadora del Hospital Regional del Norte, no me queda otra que seguir esperando, felizmente mi mujer siempre fue una amante de la herbolaria – y bueno me ha tratado con hierbas hasta hoy-. Pienso que ya habrá oportunidad para atenderme como es justo. Por ahora, no hay nada.


A las once la mañana, pasó por la casa una caravana, con una banda de músicos, patrulleros y serenazgos. Venía presidiendo este desfile, el alcalde de nuestro distrito, Sr Carlos Agencio Vásquez, junto con todos sus concejales, quienes con su lema, “El gran cambio”, agradecieron las voces de viva y aplausos que el público les brindaba. Salimos con María y Lupe: era muy llamativo todo, puesto que no es muy común que eventos como este se den así nada más, y pasen por la puerta de la casa, salvo en campañas electorales, en fin. Empezó el cortejo, avivado, nada parsimonioso: tres flamantes compactadoras, es decir, tres modernos carros de recojo de basura que las autoridades ponen al servicio de la limpieza. (El mes pasado también fueron bendecidas las nuevas veredas y sardineles que se han construido en Vista Alegre y Huamán). Un hombre flaco y ojeroso que estaba parado a mi costado dijo, “en realidad, se ve la preocupación y el trabajo del Sr alcalde”. Pensé, “es evidente, pero qué habrá detrás de esta adquisición”. (Ideas que saltaron a mi cabeza, pero es que hoy en día todo anda acompañado de un desliz oscuro, y si no es un negociado ilícito, entonces es una suerte de viveza corrupta, pues ni modo, pero de qué había una verdad había, este burgomaestre indudablemente que se estaba metiendo al bolsillo a la ciudadanía a costa de veredas, plantas sembradas, columpios, y carros de basura).

Más tarde, pasado el ardor político, todo siguió igual. Vinieron a almorzar el Sr. Marroquín y sus familiares; también la hermana Eva y su esposo. Más allá de esto nada: Rosa salió a hacer unas tareas, Lupe se encerró en su cuarto, y María como de costumbre se fue a ver a sus sobrinas. Yo me quedé con la puerta abierta un rato más por si se vendía algo más. Nada. Una película de Cantinflas puso sello final a la tarde.

A propósito de mi espíritu incrédulo respecto de la política -pero es que soy así, y aunque tal vez alguien me dirá, “Por Dios, qué anticuado y pesimista es este viejo, que critica todo, inclusive hasta las obras municipales”, debo hacer caso a mis 73 años que me acompañan, los mismos que me llevan a no creer tan fácilmente, pues ni modo-, decidí por la noche transcribir un pequeño extracto que encontré dentro de un diario amarillo, antiguo, y picado por la polilla, y que pertenece por cierto al primer Presidente de los Estados Unidos, palabras tan precisas que atesoro y guardo con sumo cuidado y orgullo desde entonces. Diario: VISIÓN. Fecha: 26 de octubre de 1986, consigna con letras azules en un extremo izquierdo del recorte dicho fragmento. (Diantre, manía mía ésa, la de coleccionar retazos de papel añosos, es más estoy pensando hacer próximamente un álbum con estos, aunque para ello tenga que luchar con mi mujer que detesta todo lo viejo que hay en la casa, en fin).

Día 10 
PALABRAS 
“No imitéis al pavo real, mirándoos por todas partes para ver si estáis bien ataviado y si el traje y el calzado os caen bien. Pensad antes de hablar, no pronunciéis de manera imperfecta ni precipitéis demasiado las palabras, sino enunciadlas distinta y correctamente. No os comprometáis a hacer algo imposible de realizar; cuidad más bien de cumplir siempre vuestras promesas. No profiráis reproches contra nadie, ni maldiciones o denuestos. Que vuestro continente sea placentero, pero impregnado de cierta gravedad cuando se trate de asuntos serios. No os burléis ni hagáis mofa de asuntos importantes, no lancéis chistes hirientes y, cuando digáis algo ingenioso, absteneos de celebrarlo primero. Asociaos con personas de valer si estimáis vuestra reputación, porque es preferible estar solo que encontrarse en mala compañía” George WASHINGTON.

9.08 pm

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De: Los días van y vienen. Lima. 2015.
Víctor Abraham les saluda.

domingo, 12 de abril de 2015

Espectadores y productores


Imagen: Diario El Comercio. Edición web
"En su primer día, más de 200 mil personas fueron a ver la historia..", dicen los principales periódicos de Lima en su portada; bravo, bravo, aplausos, sin embargo pienso que "Asu Mare 2"- y ahora más que nunca por el grueso estadístico de espectadores, al que francamente no sé si dar validez o no, dado el aspecto nada serio de la prensa nacional que por dinero es capaz de prodigarse hasta lo más bajo, en fin-, sí, esta película peruana, no es sino el reflejo claro de esta sociedad mediocre de consumo en la que conviven por un lado, ese interés burdo de los grandes, quienes para someter a la población con pastillas de adormecimiento mental intentan de todo: basta ver esa exacerbada - y hasta patógena- necesidad de publicidad abyecta que imprimen a diario sus propios emporios comerciales. Ahora bien, por otro lado, al extremo de la cuerda, está la pobre idiosincracia, con lenguaje y todo, de la gran masa poblacional peruana que está dispuesta, en su mayoría, a reírse de sus propias barbaridades, y a verse retratados en modelos de criollada simplona, so pretexto de decir, "esta es nuestra realidad", "esto es lo que somos", o "quién no ha vivido esto".

Me llega a mi correo personal un boletín del diario Gestión, "Diario de economía y negocios del Perú", con fecha 11 de abril de 2015, una nota informativa que dice, textualmente,
"Miguel Valladares, gerente de Tondero Producciones declaró, para el diario Gestión, que el 70% del presupuesto que se necesitó para esta película fue cubierto en un 70% por los auspiciadores que invirtieron en ella. “Cada patrocinio fue de 150 mil dólares y los auspiciadores invirtieron entre 30 mil y 50 mil dólares. La participación de firmas sumó otros 500 mil dólares. Tondero invirtió unos 200 mil dólares”, explicó."
Esto no hace más, que confirmar mi expresión, "basta ver esa exacerbada - y hasta patógena- necesidad de publicidad (...)". Ahora bien, y sigue afirmando el diario en su edición web,
"La primera parte de ‘Asu Mare’ fue un éxito de taquilla y le permitió a la productora recaudar más de 10 millones de dólares, cifra que fue proporcionada por la agencia de noticias AFP. Además, se llegó a estimar que la historia del popular ‘Cachín’ fue vista por más de 3 millones de personas, con lo que se convirtió en la cinta más vista en la historia del Perú."
¿Auge cinematográfico?, ...o simplemente ignorancia poblacional


Imagen: Página de ATV. PE. Edición web
Bien, sucede que esta película nacional, como tantas otras tiene de hecho un guión, un plano de proyección, una historia que contar, esto no tiene nada de malo; ahora bien, que se sienta identificado un poblador del Perú o no, con sus personajes, ya es otra cosa. Lo que me preocupa es que precisamente esta identificación nos lleve a situarnos en estos pasajes algo pobres, mediocres y de baja autoestima.

Si bien es cierto, "Asu Mare 2", es la secuela de una primera película ya estrenada en el 2013, no rompe con los esquemas de la ignorancia, para darnos una historia de calidad; al contrario, usando ingeniosamente esa pobre idisincracia que rodea al ciudadano de a pie del Perú, hace que este quede ensimismado - condenándolo a la vez- a volver a su propio espejo, y esquema mental de deficiente raciocinio, mostrando así la figura de héroes provistos totalmente de  ingeniosas criolladas, canalladas y vivezas estúpidas y sarcásticas de bajo nivel cultural y educativo, todo ello acompañado por rezongadas frases de sumisión, pasajes llenos de lenguajes totalmente procaces y soeces, y hasta de ausencia del buen sentido común: Se muestra entonces- y se intenta hacer creer asimismo- que el peruano es eso, un modelo exacto del personaje de película.

Imagen: Diario El Comercio, edición web
Ahora bien, si todo esto, lo vemos desde el punto de vista de la idiosincracia peruana, es natural pensar - y hasta anteponerse- que este éxito no haga más que confirmar, eso que se dice, "al pueblo dale diversión y estupidez y verás como responde". Preocupante ello, porque en un país, cuya educación es pésima, y su consciencia crítica, deficiente. Es fácil que filmes, o recetas estrambóticas de jococidad y diversión se levanten haciendo creer a la ciudadanía que se trata de un éxito, cuando en realidad, - y la verdad es otra-, simplemente se trata de un ingenio de productores mercachifles que usando este lastre social de la incultura e ignorancia, dicen ,"aquí hay una mina de dinero", y bueno, ya lo demás es harto conocido: auspiciadores, medios de comunicación y hasta sectores de la sociedad civil contemplativos de su propia desidia. (Digo esto, y se me vienen entonces a la mente todos esos programas y series de televisión insana que cada noche ingresan a las casas, bajo el pretexto de divertir, en fin).

A veces pienso -para dar fin a esta breve nota-, que aún hay mucho por trabajar, respecto a la manera de pensar del ciudadano común, ya que es una preocupación sentir, cómo este está concibiendo su propia vida y la de sus generaciones, al extremo de decir, "es gracioso, se parece a mi madre", "me gusta reírme de eso porque lo mismo hacía yo hace tiempo", o "¿acaso no hablamos y nos comportamos así?".

Visto, y analizado esto, solo un pedido más, "Luchemos por un lenguaje culto, y un debate alturado y fundamentado de ideas".

Desde Lima del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

sábado, 4 de abril de 2015

Agentes de la esperanza


Comprometidos con el tiempo histórico

Cuando al autor de "El mago de Lublin", el escritor judío y ciudadano polaco Isaac Bashevis Singer, le tocó ofrecer su discurso de aceptación del Premio Nobel, la noche del 8 de diciembre de 1978: éste durante toda la conferencia apeló insistentemente a la posibilidad de que un escritor entendiera que su trabajo reflexivo debía alejarlo de la posibilidad de erigirlo como un mero autor de libros-como más tarde, lo afirmaría también Saramago-, para convertirlo en un verdadero artista del espíritu, "no solo un predicador de los ideales sociales o políticos, sino preocupado por los problemas de su generación, no ajeno al hecho de que la creencia en la revelación es más débil hoy que en cualquier otra época de la historia humana, ni tampoco indiferente respecto al hecho de que más y más niños crecen sin la fe en Dios, sin la necesidad de escudriñar en los secretos de la inmortalidad del alma su salvación, e incluso escépticos de la validez de la ética. No puede (un escritor) ignorar el hecho de que las familias están perdiendo su base espiritual, y que el individuo no solo ha perdido la fe en la Providencia, sino también en el hombre mismo, en sus instituciones, y a menudo en aquellos que están más cercanos a él".

Ahora bien, respecto a este tema, pienso que hoy en día fácil es ser un autor de libros, uno publica, vende y ya está, pero difícil es ser un pensador, un escritor comprometido, un ciudadano cabal del mundo porque esto va más allá. La cabalidad implica dos cosas, ser conscientes y firmes respecto a nuestros actos e ideas, e intentar - como reverso de la otra cara de la moneda- ayudar a ser conscientes y firmes los actos y creencias de los demás. Esto me hace pensar que el mundo no necesita intelectuales, sino pensadores y natos cuestionadores, no necesita de académicos que vivan de espaldas a la realidad, sino de hombres y mujeres de lucha y de acción, al margen de la formación indistinta que cada quien pueda cargar sobre los hombros de su propio sentido común; así es: el mundo necesita de librepensadores, de individuos conscientes de sus actos, de gente análitica, rebelde y dispuesta a romper con sus propios paradigmas y modelos educativos impuestos durante su niñez, pero también seres preocupados por alimentar su espíritu con lecturas adecuadas y provechosas que sirvan a su propio crecimiento. Del mismo modo, todo esto, me hace recordar, y parafrasear un apunte que Kafka, mucho antes de convertirse en el hombre que sería más adelante, y de redactar su "Metamorfosis", o "El Castillo", escribió tras su paso por la Freie Schule («Escuela Libre»), a otro, también joven como él, y amigo personal por esas épocas, Oskar Pollak, durante sus clases de internado, "La educación que recibí durante mi infancia pretendía hacer de mí un hombre diferente del que he acabado siendo".

Sartre, alentaba el compromiso y la responsabilidad individual porque el Ser desde su concepción estaba condenado a ser un hombre libre, y por tanto a jugar ese preciado rol de asumirse como un sujeto histórico de su propio tiempo; así nos dice que, "son las propias acciones diarias y concretas, llevadas a cabo durante la existencia, las que determinan el ser del individuo, ya que sencillamente no existe una esencia humana predeterminada, una esencia ya hecha y fija, a la que podríamos acomodarnos de pronto plácidamente", es decir, según el autor de "La náusea", una esencia humana se construye a partir de la noción de un sujeto histórico que termina dándole finalmente su propio sentido de existencia.


Es sabido asimismo que un intelectual del presente: muchas veces, en su mayoría, más pegado al academicismo o al snobismo en afán de un reconocimiento mediático o decorativo, se olvida de que detrás de la verborrea de sus propias palabras están las convicciones y las acciones concretas, que detrás de sus ideologías partidarias están los valores éticos- o lo que yo asumo y llamo, códigos de valor individual-, o que detrás de la búsqueda personal y de la conveniencia está el deseo de trascendencia colectiva y de servicio comunitario, en fin. Yo podría decir, "hagan esto o aquello", escribir sobre los actos morales, y sobre el valor de defender la libertad colectiva, e inclusive crear hermosos versos o nutridas novelas llenas de figuras retóricas e mágenes, todo bien hasta acá, pero si no soy capaz de participar de una marcha colectiva, de defender las causas justas y solidarizarme con quienes intentan desde sus bases sociales promover una cosncientización masiva, es decir, si yo no concibo esto de la consciencia como prioritaria en mi vida, o esto de la educación y la consciencia crítica como punto central de mi agenda de trabajo de escritura, todo queda en saco roto.

Por tanto, cada quien es libre de levantarse como héroe anónimo de su propio trabajo, el detalle está en ponerse a pensar qué veo a mi alrededor, que estoy viendo ahora mismo a mi alrededor, y por qué estoy viendo esto a mi alrededor. Conjeturar a partir de allí, y entonces decir, "de qué lado estoy yo". Luego, todos y todas tenemos limitaciones, y no solo ello, también miedos, temores, dudas, frustraciones, total somos seres humanos, quien niegue esta verdad simplemente está mintiendo, y sin embargo lo más hermoso está en poder jugar maravillosamente ese juego de desbordar aquéllo para demostrarnos a nosotros mismos que podemos ir más allá- y también mirar más allá- de nuestras propias convenciones, en fin.


Preocupados por la educación de nuestros pueblos y la consciencia de nuestra ciudadanía 

Un niño escucha, atiende; un adolescente repiensa y se reinventa todos los días, un adulto mayor entiende y comprende, pero un joven o un adulto, en muchos casos, cree saberlo todo en su ignorancia, cree ser el dueño de su propia vida, y de las demás vidas, cree ser el dueño de un mundo sin orientar su vida antes, por la meditación y la reflexión de sus actos, tiene miedo de perder su status, su remuneración, su condición de seudolibertad, su belleza corporal, en fin. Ahora bien, ¿qué puede perder un niño o un adolescente?, nada, salvo una reprimenda o un castigo sin recreo, ¿una expulsión de alguna formalidad celebratoria, tal vez?. Eso no importa para él porque es rebelde, porque la sensación de cuestionar lo deja satisfecho por el momento, por otro lado, ¿el anciano? tampoco nada, porque a estas alturas de su vida, ya lo ha perdido todo o lo ha ganado todo, pero un joven que se vuelve adulto tiene miedo de perder su confort, y lo que es peor tiene miedo a mostrar una propia ridiculez -que no existe-, salvo porque se lo hace sentir el "modus operandi" del grupo.


Yo creo fervientemente convencido que la esperanza está en los niños y adolescentes de nuestras sociedades, estos que aún están en las escuelas, porque sencillamente su corazón aún no está corrompido, su esquema mental aún es moldeable tanto como sus ganas de cambio, por otro lado pienso que son nuestros adultos mayores, nuestros ancianos, quiénes - producto de su experiencia- han alcanzado un entendimiento mayor de la existencia. Ahora bien, si los niños y adolescentes de nuestras escuelas son nuestra esperanza, estos últimos, nuestros mayores, son esa fuerza moral y espiritual que esta sociedad a gritos necesita. Respeto mucho a estos dos extremos de la vida, porque mi generación, la mía, ya no tiene arreglo.


La importancia de renovar nuestra propia fe

No es que Dios haya olvidado a los hombres y sus problemas, no, estos han olvidado a Dios por eso se vive como está viviendo. Luego, detesto tremendamente cuando un adulto le dice a un niño o a un adolescente, "¿por qué crees en Dios, acaso lo has visto, te ha hablado?, y luego echa a reír sarcásticamente. Francamente, que eso me lleva a una deducción lógica. " Pobreza emocional y espiritual del adulto, ignorancia y falsa sapiencia, en una expresión, degradación moral"


Yo pienso, y creo que Dios, es esperanza, vida y reflexión, pero sobre todo amor! Siempre he creído en un Dios cercano y amigo de los hombres y mujeres, cercano a sus dolores y a sus sufrimientos, por tanto no comparto esa visión errada de concebirlo como un Ser entregado a los frívolos altares, castigador y omnipresente. Respeto la decisión de cada quien, respecto al hecho de creer o no creer en lo que yo crea para mí mismo y para mi corazón. Sin embargo, pienso que es obligación, no moral, ni ciudadana, sino del alma creer en alguien o en algo que fructifique su existencia. Un individuo sin una creencia, sin una fe, sin una comunión con su propia vida es como un hombre echado a un naufragio interminente, un Robinson Crusoe, o un Odiseo, que tarde o temprano se dan cuenta que volver a la comunidad o al afecto del otro es necesario, es paz, pero sobre todo es justicia de bienestar individual. Personalmente, siempre diré que soy feliz, diciendo dos cosas, "que creo en Dios desde que era un niño, y que este sentimiento no ha cambiado en absoluto a pesar de los años, y segundo que me siento bien siendo rebelde de mi propio estatuto católico porque no puedo dejar de- no- cuestionarlo. Soy libre y punto, en todo caso, asumo las consecuencias de mis propias críticas.


En defensa de un diálogo alturado y de la independencia del pensar

Lo más importante es siempre llegar a buenos puertos usando para ello nuestras iniciativas de conscientización permanente, y nuestros diálogos alturados, no con lenguajes enrevesados, sino simples y sencillos. Nosotros estamos en esta vida para proponer, para enseñar, para impulsar los ánimos de la gente, para dar palabras de esperanza, pero sobre todo estamos para servir siempre, no con el fin de lograr algo personal, sino porque hay objetivos mayores, deberes más sagrados que cumplir, y uno de ellos, el más importante diría yo, es el compromiso con la educación de nuestros niños y niñas, y las idiosincrasias - a veces sin querer- distorsionadas de nuestros pueblos, en fin. A veces pienso que esto de la educación, es muy importante, tan importante como el desarrollo de la consciencia crítica y del sentido común. Tenemos que trabajar estos puntos, no desatender estos puntos; puesto que parece que nuestras sociedades hoy en día están embrutecidas por televisión, por licor, por poder, por sexo, por necesidad emocional o demasiada tenencia material, por ansiedad de poseer al cuerpo perfecto, o mostrar el cuerpo perfecto, en fin. Luego, la brutalidad surge cuando el individuo dejar de usar su razón, su independencia, sus buenas palabras, y hasta su libertad, porque inclusive llega al punto de carecer de libertad de libre albedrío, de elección, para pasar a tener una libertad de cautiverio consumista y sensacionalista, y todo esto se termina levantando finalmente - y casualmente -por la ausencia de lo ya expresado, ausencia de educación, de crítica y de sentido común.

Un partido, una organización política a veces no basta al trabajo de un escritor comprometido porque es sabido que en las estructuras partidarias siempre subsiste un egoísmo perpetuo, una necesidad de creer en alguien o en algo fidedignamente. Allí, se empieza a gestar la figura prominente de un iluminado que piensa por los demás- y- que-decide- por- los- demás-, y que a su vez empieza a orquestar un programa que rige e impera verticalmente. Esto, no ayuda a la tarea de un artesano de la palabra si quiere hacer un trabajo consciente, ahora bien, ser parte de una agrupación cultural, ser parte de un círculo de intelectuales, ser parte de un colectivo de agremiados, tampoco basta - ni ayuda mucho- porque se trata de la misma estructura con que las agrupaciones rigen sobre sus asociados, en fin. Yo pienso que cuando "se es parte de", solo se percibe lo que importa o sacia a quienes conforman esa gran masa activa del "ser parte de", porque sencillamente aquí no hay mayores objetivos, salvo el lucro personal, el confort individual o grupal, o las ganancias que se puedan obtener tras estas asociaciones. Un escritor debe ser un libre pensador, un pulsómetro de consciencias, un "no atado a nada", a nada que no sean convencionalismos exagerados. Éste necesita decir constantemente, quién es y qué hace, qué está haciendo por su sociedad, cómo la está encaminando; necesita asimismo hacer de sus acciones o participaciones públicas una suerte de vasos comunicantes que impliquen en la práctica real un estar aquí y un estar allá, un escribir para todos, y a la vez no escribir para nadie, un llegar en el momento preciso y con las palabras precisas y bien colocadas. En suma, un escritor tiene que ser un libertario, un rebelde inquisidor, un cuestionador nato, y hasta un buscador: un individuo que obedezca únicamente a su propia fe individual y a sus propias convicciones morales.


Manifiesto de la esperanza

Estamos para aportar en este mundo, y para seguir instaurando esperanza en los corazones. La mediocridad del vivir diario no pueden terminar sumiéndonos en el hoyo de la frustración personal ante la necesidad de seguir lactando cosas innecesarias. Lo colectivo y el amor al prójimo está ante todo. Sartre comprendió tarde ello, ya que su concepto de libertad falló cuando dejó de ser percibido como una necesidad colectiva mayor para pasar a ser una necesidad fisiológica de individualidad. Si damos prioridad a lo individual, perdemos porque la libertad, sino está unida a esta, entre comillas y tantas veces desdeñada, fe burgués de solidaridad cristiana desdeñada por algunos filósofos y estudiosos del pensamiento, se convierte libertinaje, en muerte social, en destrucción, y ello caotiza y anarquiza a las sociedades empobreciéndolas en su propia angustia personal. Simone de Beauvoiry, lo pudo entender a tiempo, he allí "El segundo sexo", Sartre demoró. Entendamos una cosa, la libertad individual no existe en sí misma, sino está regida por la preocupación por los demás. Es más importante la libertad colectiva. Vallejo supo muy bien esto, he allí, "masa". Un punto y aparte, merece el ruso Aleksandr Solzhenitsyn, el ideólogo que una vez diría en 1971 que solo la belleza de los actos sería capaz de salvar al mundo algún día. Personalmente pienso, que si no se vive para servir, en balde se existe, y sin embargo, allí estamos cada uno de nosotros, parados cada día, de pie ante nuestra propia existencia tratando de demostrarnos que podemos ser diferentes, pero sobre todo mejores personas.

Siempre hay puentes y caminos paralelos que podemos sobrellevar juntos al margen de las diferencias individuales que cada quien trace como ejes permanentes e inmanentes a su vida. Luego, uno no es bueno porque ayuda a otro, o porque ha demostrado dar caridad al otro, no, uno no es bueno por eso, sino porque entiende, luego de un largo proceso de análisis personal, que dentro de sí mismo obra una enorme capacidad de dar, tal vez una capacidad que ni el mismo sea consciente de esta, y que al ser revelada, entonces recibe el nombre de desprendimiento; en suma, esto, esto del desprenderse es lo que hace bueno al ser humano indistintamente de su género. Es por eso que cuando yo afirmo creer convencido en la bondad regenerativa de los individuos, es por esto, porque sé que muchas veces no se es consciente del todo del enorme potencial que tenemos por una sencilla razón, nuestra sensación frívola y vacía de superioridad. Mientras más superiores nos sentimos, más frustrados -respecto a todo eso que se llama bien-, nos sentimos, en fin. Tal vez sea por ello que los niños son más felices porque su corazón no ha sido corrompido: su cólera y su llanto dependen más del momento que del eterno,


Nuestros desprendimientos

Ahora bien, de que sea un artesano de la palabra escrita, es probable que alguien diga eso, tal vez por los trabajos que me he pasado escribiendo y publicando durante estos últimos diez años de mi vida, los libros que han aparecido de pronto, pero eso no me encasilla en ser alguien diferente de lo que soy en realidad, un maestro de escuela, porque esto, esto del ejercicio del escribir permanente es para mí una labor más que hago con dedicación esperanzadora y alegría, es como una suerte de militancia personal, de compromiso perpetuo, mas la otra parte de mi vida está en las aulas, en los patios, en los auditorios escolares. Luego, me enorgullece cuando un niño o joven adolescente viene a mí, y me dice, "Profesor"

Para terminar estos apuntes, pienso que si nos decidimos y optamos por convertirnos desde hoy mismo en sujetos históricos de nuestro propio tiempo, entonces seremos parte de una generación que supo decir, "basta ya", a tanta mediocridad enlodada hasta sus codos por nimiedades, y superficialidades. Nuestros hijos, y las generaciones de estos contarán nuestros desprendimientos y de cómo un día decidimos empezar a creer de nuevo en nuestra propia esperanza. Por eso, ciudadanos del mundo, esto recién empieza, tenemos que ir hacia adelante: la indiferencia y el pasivismo ajeno es lo que menos debe importar ahora por eso, sigamos escribiendo, leyendo, interpretando, enseñando, rebelándonos y actuando con firmeza e intentos de coherencia personal.


Desde Lima del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

Una movilización sin sustento: el objetivo, aglutinar a la manada; la gran mentira, la democracia

La consciencia de un valor cualquiera sea este da la libertad al individuo, le confiere responsabilidad, acción y fe en el futuro. Los hij...