domingo, 15 de diciembre de 2013

La profesión del espíritu.

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http://centrokehila.wordpress.com/2013/01/09/
para-la-mesa-de-shabat-bendicir-a-lo-malo/
Estaba delatado, su propias palabras lo habían delatado. No era el hombre magnífico que se suponía que debía ser ante los ojos de la sociedad, de esa sociedad falsa e hipócrita que él mismo detestaba y rechazaba cada noche, empero pertenecía a ésta. Su relación con ésta -como hombre y como todo -era permanentemente de pertenencia e inclusión, y viceversa; ello, obra tal del principio impuesto desde siempre por la Lógica de clases y su Teoría de conjuntos, en la cual un elemento cualquiera que sea siempre pertenecería a un diagrama Venn, en fin. Y es que los seres humanos siempre pertenecemos a un conjunto mayor, a un universo mayor de seres también humanos como nosotros, nos dan esa misma categoría nuestras debilidades y pasiones, nuestros errores y nuestros aciertos, nuestras categorías personales de valores, y sin embargo, ello no quita el hecho que de pronto la relación de algún individuo deje de ser estrechamente de pertenencia para pasar a convertirse en una relación antípoda de no pertenencia, me explico: cuando diametralmente somos opuestos inversamente proporcional por principios y códigos de verdad ante los otros puntos o elementos del conjunto mismo. Total, cada quien es libre de definir el tipo de sus relaciones que a de asumir con respecto a sus otros pares dentro de este inmenso orbe de personas, en fin.

Me dijo, me dijo que era así porque sus propias autoridades en quiénes depositó su confianza por años le habían fallado, que no creía en nadie. Estaba preocupado, se le notaba preocupado, y no hacía falta mirarle a la cara, sus palabras eran suficientes, y es que siempre he tenido esa facilidad para denotar las expresiones de los rostros a través de las palabras: me resulta a veces fácil y en otras, divertido. Es más, creo que mejor he conocido a los hombres y a las mujeres por lo que escribían que por lo que su boca decía cuando los tenía frente a mí porque las personas son así de recelosas, en fin.

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Llegué a pensar que tal vez quería zafarse de mí, de ella, y hasta pensé que de su propia consciencia que la acusaba, porque es cierto: en estos asuntos de  la mentira, del sexo furtivo y frívolo, del aprovechamiento ocasional, de los besos de callejón, y de las relaciones de superioridad, su consciencia no podía ser del todo generosa con él mismo. Pobre hombre, indudablemente que sus palabras insuflaban una fe pobre y débil, ésta estaba corrompida por nefastos y pésimos seudoejemplos de acción y de coherencia desde que había empezado a convertirse en un  neófito aprendiz de profesor. Su profesión  de maestro- tal vez- pesaba mucho más que su personalidad misma, tal vez su propio ejercicio ciudadano de maestro resultaba demasiado para su pequeña autoafirmación de individuo. Y es que hay una verdad, y debe ser innegable, no cualquiera puede convertirse en un maestro y educador, pero la categoría maestro y educador puede descansar en cualquier individuo que tenga propósito de cambio, de determinación y de fe en el futuro.

No lo culpé, sólo leí sus comentarios. Sentí pena, una pena colmada. Cómo un hombre de la verdad como yo podría juzgarlo, como un analista como yo, acostumbrado a encasillarse en las consciencias de los otros, y a lidiar en ellas, en sus pensamientos, podría Juzgarlo cuando mi deber era entender y razonar antes que zaherir, proferir e injuriar. No, no podía, no tanto porque no sintiera nada -salvo una extraña deferencia comprensiva por sus actos equivocados-, sino porque compartíamos el mismo oficio. Ambos éramos maestros. No pude verlo, pero sentí sus expresiones, sus sudores, sus preocupaciones, sus incomodidades, sus entrecejos y palpitaciones cardíacas que iban incrementándose como un boom, boom, boooom; siempre fui muy perceptivo, pude darme cuenta de mentiras y fraudes dónde otros veían verdad, y ello debía imponerse ahora más que nunca.

Debo a mis maestros muchas virtudes que rigen mi vida hoy en día, en ese instante pensé en ellos, en los maestros de quiénes hube de aprender lo que con mi padre quedó inconcluso en su momento. Mis maestros, debo todo a ellos, a los geniales escritores de la postguerra, de las entreguerras,  de los períodos duros de la Guerra civil española, de la filosofía existencialista y humanista, de la psicología analista, aquéllos hombres y mujeres a quiénes nunca conocí, pero asimilé demasiado bien. Me pareció por momentos que me hablaban, que me hablaban cuando discurría mi mirada por cada línea de sus escritos, que me hablaban cuando estaba anímicamente y materialmente perdido. Siempre han sido - y los he sentido así: como enormes consejeros- los mejores educadores de mi oficio incierto de pulsómetro de consciencias.

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Me dijo no sé que palabras, me habló de su mujer y del divorcio que sobrevino a esta relación, de su aburrida existencia, de sus relaciones hipócritas con la gente, de su necesidad de sentirse apreciado y querido otra vez, de sus necesidades imperiosas de conseguir sexo a cómo de lugar en muchachas ingenuas y tontas- todas estudiantes suyas-, de sus hijos de quiénes esperaba sean mejores hombres que él mismo. Me habló de las religiones del mundo, de este mundo, de los falsos líderes políticos y de sus mentiras engorrosas y demagógicas, de sus compañeros de trabajo que también como él se acostaban con estudiantes suyas, obra de artimañas y chantajes mediocres de aprobación de cursos. No cabía la menor duda, el tipo buscaba justificarse, creo que todo lo que me contó eran pretextos suyos para esconderse falazmente, pensé, "estos tipos siempre se escudan en sus propias flaquezas espirituales sabe Dios porqué." Había traicionado mi confianza, era indudable, no sólo él sino también ella. Le dije que ambos eran unas víctimas más de este absurdo juego de mediocridad que tejen los sistemas adormecedores de espíritu. Le dije que no era su culpa, que dejara de autoculparse, que tratara de ser mejor, no lo dije más. Me calle por un instante, luego dije: " Yo no necesito encontrar a nadie que me sirva como ejemplo, es más, yo no creo en nadie, ni en autoridades, ni en religiones, ni en órdenes establecidas porque los sistemas ideológicos fideistas no van conmigo, no soy seguidor mucho menos los busco, creo en algo, y ese algo son mis propios códigos de verdad y mis principios: los muchos o pocos que asimilado en mi vida producto de mis propias frustraciones y alegrías. Estoy acostumbrado a lidiar con todo tipo de gente, con sus incomprensiones, sus vicios y sus reniegos, y no espero nada, sinceramente nada que no vea en ellos una couta al menos pequeñas de esperanza, porque la esperanza es la que nos permite sobrevivir en medio de tanta desidia."

Lo que vino en adelante, sólo fue un saludo cortés de despedida. Intercambiamos algunas palabras breves, parafraseamos otras, y algo, algo era indudable, tal vez más que indudable, aquella noche, una vez más la extraña naturaleza con forma de hombre triste había puesto a prueba mi capacidad redentora y esperanzadora.

Víctor Abraham
De: Libertad bajo comparecencia. Lima. 2013

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Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

martes, 10 de diciembre de 2013

De las necesidades patéticas del bienestar.

Moses Herzog - personaje central de la obra del escritor canadiense-estadounidense Saul Bellow- que lleva el mismo nombre que su protagonista- pensaba que nuestra civilización es burguesa, no por el mero hecho marxista de definición, sino porque el universo, según vocabularios modernos del arte y la religión, fue hecho para que pudiésemos disfrutar  de él sin peligro y para darnos comodidad y ayuda. Tal vez pienso, que llegó inclusive a coincidir con esa caracterización que Alexis de Tocqueville, su pensador de cabecera, daba a lo que conocemos como cambio social, ya que según este ideólogo francés, éste era el producto de la aspiración a la igualdad de los hombres, lo que supone por tanto que el impulso humano siempre estuvo y está orientado hacia el bienestar, y por tanto éste era y sigue siendo uno de los impulsos más fuertes dentro de una sociedad democrática, sin embargo- y vuelvo a las consideraciones de Herzog-  que este impulso de buscar bienestar así como genera satisfacción, genera también poder destructivo, poder estridente y tirano. Un ejemplo de ello, el hecho mismo de que los crímenes de ahora sean menos privados y más colectivos, menos desapercibidos, y más célebremente seguidos. Yo diría inclusive que los crímenes se han vuelto hoy en día organizacionales porque se actúa y se daña en grupo -me imagino y pienso por tanto que el bienestar ¿o se ha distorsionado o es que hay mucha necesidad imperiosa de bienestar?- lo cierto es que los crímenes de hoy son cada día más violentos e inhumanos sin respeto por la muerte del otro, ya no solamente se mata, sino se mutila el cuerpo, ya no solamente se acaba con el sujeto, sino con la familia de éste sin motor ni motivo, hablamos y eso es lo peor de una violencia enquistada dentro en las familias, dentro de las escuelas. Por tanto, el odio y las violencias- móviles principales de ese desfigurado impulso por lograr el bienestar personal antes que común- están llevando a ello, a un desarraigo completo de la condición humana que debe cimentarse en teoría en el ejercicio de los valores fundamentales de la persona, tal vez -pienso para mis adentros dos posibilidades de no realización ética, es que hoy estos valores: o son muy débiles en su ejercicio para no poder causar un impacto real , o son muy fuertes para no tener la coherencia y determinación suficientes de no practicarlos, en fin.

Me imagino que esa necesidad de bienestar está mal encaminada, producto del relativismo y consumismo en los que están sumidos la mayor parte de los elementos constitutivos de  nuestra sociedad de este tiempo. Las violencias ahora - gracias a los propulsores de leyes débiles, y juzgados confabulados con el comercio de consciencias- se amparan en justificaciones tontas, ni siquiera el mayor monto económico ofrecido y posteriormente suministrado  a un joven sicario, producto de la situación de pobreza o necesidad, o ausencia de escolaridad, o ausencia de padres, o corta edad, o lo que sea, pueden ser motivos justificables, razonables y defendibles. El respeto por la vida no puede ser subvalorado por dinero o poder. Por Dios, hablamos de personas humanas que violentan a personas humanas.


Sin embargo, a todo esto - y parafraseo a Herzog- "...en toda comunidad hay una clase de gente profundamente peligrosa para los demás. Y no me refiero a los criminales para ellos tenemos castigos. Me refiero a los dirigentes, a los jefes. Porque, invariablemente la gente más peligrosa es la que trata de tener el poder en sus manos. Estamos destinados a ser esclavos de los que disponen de ese poder para destruirnos." Indudablemente que esto es harto ya más razonable, pero a la vez disparatadamente incomprensible, pues los verdaderos peligros tal vez no sean después de todo estos delinquidores del orden público por más trastornados que parecieran -o lo estuvieran en el peor de los casos-, no, ellos no son, ni deberían ser el objeto de nuestras incomprensiones y condenas brutales, tristemente ilógico, ¿no?, total estos no son sino componentes abyectos de un Sistema más grande y mayor que se mueve y daña a escalas inimaginables, indudablemente que no matan nunca ni se tiñen las manos de sangre, les basta teñir sus consciencias, qué va, eso no es perceptible a la vista. Los dueños de los medios de comunicación, los que jalan las cuerdas desde lo más alto de las cúpulas partidarias, los agentes silenciosos de la burocracia estatal embarrados en la peor corrupción de uno más uno somos todos, sí, sí, ellos son la gente más peligrosa que promueven ignorancia, enquistan la frivolidad respecto del verdadero sentir al prójimo, callan por defender lo indefendible, los que llevan a los ciudadanos desde sus cortas edades a una ausencia total de consciencia social generando luego, en pequeños sectores de pensamiento honesto: rechazo, rebelión, manifestación, desborde de pasiones con matiz de indignación. Hecho que sólo promueve una cosa, un divorcio más marcado entre los mismos hombres.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

sábado, 7 de diciembre de 2013

El Perú y nosotros, los otros

Mi país, el Perú, es hoy una suerte de civilización en donde la corrupción se ha democratizado, en donde el fideísmo ha ganado terreno al interior de  la organizaciones políticas porque es un hecho claro que no hay –por dónde se mire-  liderazgo alguno, no hay ideólogos, subsisten, eso sí, seguidores, y el problema está allí porque cuando uno se propone seguir, ya de por cierto siembra una especie de conformismo en sí mismo, y esto en toda sociedad abierta debe ser rechazada siempre sin ningún tipo de contemplaciones.

Un país como el Perú va camino a convertirse – y es deber propio decirlo- en un lugar inviable en donde el vivir moral, social, económico y, hasta ecológicamente se va convirtiendo  en sombra de lo que debe ser y no es concretamente hablando, y que me temo se reafirmará con mayor agudeza los próximos treinta años ( Si es que ya de por medio no se toman en cuenta ciertos indicadores que hacen suponer esto como el inicio de esta grave generalización, por ejemplo: las violencias e ingratitudes al interior de las familias, cual explosiones sociales desordenadas obran de modo substantivo en la frivolidad de los comportamientos ; las defensas raras e indefendibles como la minería que dañan la ecología, y desnaturalizan los servicios básicos de las comunidades adyacentes a ella;  los procesos educativos a nivel de ministerio que ha olvidado cuál es el papel real de la educación llevando a sus beneficiarios directos por las ramas antes que al afronte y ataque del problema general , cual es la inconsciencia poblacional; medios de comunicación desprovistos de toda ética y faltos de compromiso para con la niñez y adolescencia de este país;  y esto es si menciono apenas la manipulación y adormecimiento de los espíritus críticos y argumentativos al interior de las escuelas públicas y privadas. En fin.)

Miradas equivocadas 

Nuestra generación - y entendámoslo bien-,  no es la generación de Vargas Llosa, en donde las dictaduras militares eran inminentes monstruos y lastras sociales, no niego que sus remanentes aún estén latentes, porque las hay, subsisten, esto es innegable, pero ya no constituyen la regla general, no me preocupa eso, pienso por tanto que quien se ocupa hoy en día de eso: está engañándose así mismo y haciendo creer a otros que el sistema aún funciona así, y que debemos combatirla en esa dirección con armas que no sirven, porque para el problema de la inconsciencia y de la desidia frívola – problema actual y existente- no hay arma más poderosa que la combata tenazmente que la educación misma, y ésa, ésa es la que está precisamente descuidada y minimizada.  

Digo esto, porque la democracia liberal sostenida por una economía de igual adjetivo que defienden Hernando de Soto, Pedro Pablo kuczynski y hasta nuestro ministro actual de economía y los agentes funcionarios del BCR (Banco Central de Reserva) es sinónimo, hoy en día, de una democracia manipulable que no sirve a la gente de a pie como usted o como yo, salvo a los grandes poderes internacionales del mundo, quienes al parecer se han dado cuenta que su intento por implantar dictaduras militares fue nefasta y con altos grados de repudio y rechazo generalizado. Pienso que para estos agentes de la economía liberal -amparados en regímenes tramposos y leyes de embudo- la manipulación informativa, obra y gracia de medios de comunicación y pequeños sectores de las redes sociales complacientes al poder les resulta más satisfactoria porque así compran consciencias de "seudoliderazgo" débiles, entretienen al poblador común con vulgaridades televisivas y periodísticas, y alcanzan sus objetivos que es enriquecerse más a causa de la mediocridad generalizada, sin descuidar por supuesto a sus detractores que como piedras en el zapato de vez en cuando causan problemas. El mundo está sí y es innegable su no cuestionamiento.  

Solos los días domingos y  feriados,  se habla de industrialización, nuestro PBI solo está copado y ”fortalecido “ por sectores de servicio, y de comercio, finanzas, planillas del Estado, en parte de un turismo volátil; en la práctica no existe la gran empresa industrial capaz por sí misma de resistir a los embates de la competencia transnacional, la realidad, sin embargo está provista de pequeñas industrias artesanales y familiares para cuyos miembros se autoexplotan así mismos  con tal de obtener un ingreso mayor, desprovistos en el mayor de los casos  de seguro médico. Así, bajo esta dinámica no es nada fácil imaginarnos  cuántos llegarán con rentas al final de sus días que les permitan alcanzar por lo menos una vida digna.

Realidades innegables

Por otro lado, soy un escéptico cuando se habla de la quinua y de todas esos alimentos caros para el consumidor normal, sólo por poner el caso, la revista AGRONOTICIAS en su edición 385, habla de la quinua como el cultivo estratégico para la seguridad alimentaria, de su valor nutricional y comparación proteica frente a otros granos andinos, de sus ventajas,  de su consumo y exportación, sin embargo me pregunto e invito a una reflexión  abierta y masiva que hay un hecho, y eso está claro que muy pocas familias peruanas hoy en día pueden acceder  a ésta porque sencillamente su precio fluctúa entre los nueve y diez dólares por kilogramo, sin contar a cuánto llegará en los mercados internacionales. Luego, la agroindustria será más realista y respetable, cuando la prioridad de la producción sea el mercado interno, muy  aparte de los sueldos a los que puedan acceder los trabajadores. En fin.

Es probable que el Perú sea un país de oportunidades, eso es innegable, pero también de oportunistas que dañan la imagen misma de lo que es un peruano en el exterior. Un país, donde la argumentación y justificación de los actos es pobre y leve, un lugar – y esto es lo que más me apena- donde la mediocridad y la vulgaridad han ido tomando forma rutinaria de entremés diario para muchas consciencias colectivas, pero me temo que más para las individuales. A veces pareciera que existe en el común denominador ese intento enfermizo y frustrado por parodiar nuestro sueño peruano a otro norteamericano u europeo que nada tiene de nosotros mismos. Hablamos del Perú como un país de emprendedores, eso es cierto, sin embargo muchos levantados  sobre el esfuerzo propio de otros más vulnerables y débiles. Me es indiferente la posición de aquéllos- estén arriba o abajo socialmente, me interesa más donde están ubicados cultural y formativamente-  que llevados por una pasión moralista de marketing, porque eso es lo que se hace con la moral hoy en día: venderla mediante anuncios publicitarios y titulares de prensa, intentan dar recetas de cómo ser un buen ciudadano. Cómo puede decirme alguien que haga bien las cosas, si este alguien que me lo dice nunca hace nada bien- o lo que es peor, ni siquiera lo intenta en sí mismo-.

Decisiones y acciones

Los escaparates falsos provistos de sentimientos y pensamientos de doble decir y de actuar sobreabundan hoy, y tal vez mañana será igual o un tanto peor, siempre han sobreabundado y sobreabundarán, esto es irremediable, empero pienso – y es un deber- hacer subsistir  la esperanza diaria porque están los otros, no sólo los tipos ajenos e indiferentes como los hubiera en cualquier espacio físico y tiempo, sino los otros, los sanos y los rebeldes, los inconformistas y preocupados, los progresistas aunque desconocidos que también aportan a este país. Luego, el pluralismo debe acercarnos más en ese camino fraterno, pero también soy consciente que  a veces el pluralismo no basta ni alcanza, sino está acompañado de ese espíritu crítico y creativo que no sólo debe ser mirado como forma de interpretación cálculos complicados y algoritmos difíciles, sino de aplicación práctica y de sentido común.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

viernes, 6 de diciembre de 2013

Treinta y un años después: Apuntes para una degradación humana.

Tomada del portal:
http://indisorder.com/artistas/coco-riot/
Tenía razón, tenía razón, después de todo Moses Herzog tenía razón, a setenta y cinco años de haber nacido- y cosa verdaderamente curiosa porque nació viejo, siendo profesor y con una frustrada y neurótica necesidad de escribirlo todo desde escribir a un héroe hasta escribirle a un muerto-, porque los personajes de las historias fortuitas de la vida somos así, caminamos confundidos entre las gentes sin ser percatados más tanto menos que nuestros creadores, yo, también profesor, neurótico y viejo, jamás hube de haber admirado a nadie que no haya sido un melodramático norteamericano de nombre judío, y un payaso alemán de corte escéptico, y debo confesarme a mí mismo que cuando los personajes encontramos nuestros pares, nos quedamos así, así de apareados por pensamientos y revoluciones, en fin. Como decía, hasta hace unos pocos treinta y un años - porque fue más o menos la época en que nos conocimos, en que hube de habérmelo cruzado por mi vida existencial una tarde otoñal de mayo-, y es que me parece como si hubiera sido ayer todo: el lugar, las circunstancias, los ropajes, y las palabras-, porque es cierto yo tenía entonces treinta y uno en ese entonces, era algo delgado y sin rumbo fijo como hasta hoy, eso sí con una solidez única de principios cuyos campos de acción eran- y siempre fueron -las consciencias individuales y colectivas, sí, sí, eso mismo, en fin.

Tomada del portal:
http://www.taringa.net/posts/salud-bienestar/17163575/
La-conciencia-individual.html
Ya dije, (refiriéndome a Moses) que después de todo había mucha certidumbre en sus pensamientos, y es que a propósito de ello, en los espíritus visionarios y sufrientes como nosotros siempre el pensar, el prevenir, el vislumbrar, y hasta cierto punto, el orientar se nos es ofrecido dionisíacamente por fuerzas extrañas, y creo que son nuestras personalidades difusas y nuestras divagaciones mentales las que obran este extraño poder de adelantarnos a nuestro propio tiempo- espacio inmediato. Coincido y reafirmo con una vaga tristeza que la vida de cada ciudadano si hace setenta y cinco años estaba convirtiéndose en un negocio, hoy, tres décadas después, ha terminado agudizándose con la mayor desidia abierta generalizada y abyecta sin que nada ni nadie haya podido detener: realidad que se ha hecho desde entonces más fuerte, creciendo, colmando y alimentándose a merced de la mediocridad insana colectiva diaria que terminó rebasando y minando sus pobres y propias consciencias humanas.

Es que un payaso, un melodramático, o un neurótico como yo no fuimos suficientes cuando advertimos en su momento estas cosas. Fuimos nosotros tildados de neuróticos, de radicales, de aburridos y hasta de insanos porque no complacimos  las demandas culturales de nuestros espacios físicos. Las generaciones de charlatanes del pasado - esos viejos que cada noche salían en las pantallas de televisión o en algunas columnas de diarios desprovistos de toda ética sana, y que fueron aplaudidos, sino servilmente por lo menos ignorantemente- ya no están físicamente, desaparecieron, y con ellos: sus teorías de la economía liberal, de los subsidios hipotecarios que dejaron a muchas familias al desamparo y al desconsuelo, de la educación sin contenido moral validada únicamente por cuantías porcentuales mediatas, sí, sí, desaparecieron los que escandalizaron a la población haciendo de titiriteros y cortineros de humo, porque hace treinta años todo era así, y nadie se percató de ello. He aquí los resultados que recién se están empezando a observar, una degradación sin marcha ni retroceso, en fin.

Imagen tomada del portal:
://el-pelifomano.blogspot.com/2010/04/la-strada.html
Señor Moses, como escribiría Usted en una de sus cartas sin destinatario fijo ni publicación precisa, que una de las peores interpretaciones que la historia, ya no del futuro, porque es el futuro, lamenta hoy, es que el sentido de la vida humana haya quedado relegado a eso mismo, a un negocio patético y consumista que no sólo dañó las relaciones humanas, sino al interior de ellas: sus confianzas. Indudablemente, que la indignación basta y sobra para llamar a todo esto injusticia, pero no me refiero a una injusticia social donde unos imperan sobre otros, sino a una injusticia personal donde uno impera sobre sí mismo, porque - y hay que decirlo y debo comunicarle- que cada uno supo lo que estaba haciendo, y a dónde caminaba, y sin embargo, nada o muy poco hicieron para contrarrestar esto, simplemente, decidieron que lo mejor era estar al margen debido al temor de no haber podido encarar por una única vez en su vida, su característica de distintos y que hoy viven con la nostalgia de no haber sido lo que debieron ser en su momento; muy pocos, muy pocos Sr. Moses hicimos algo, algunos que lo intentaron en muchos casos fueron comprados por poderes adquisitivos de su tiempo que supieron embadurnarlos en premios, en  reconocimientos, en cargos públicos, privados o eclesiales, en salarios exorbitantes, en condominios que sólo sirvieron para ilusiones porque los cimientos jamás fueron fuertes y cayeron, merced de los contratos corruptos de obras que se hicieron entre gobiernos y constructoras, fue un gran grupo ese. Los otros Señor, fueron desaparecidos, se exiliaron con sus familias porque debían protegerlas y escapar, algunos quedaron internados en sanatorios psiquiátricos o casas de retiros convencidos de que habían hecho algo malo, algo considerado más que un pecado mortal, su maldad era haber renegado contra el orden social impuesto y sus normatividades, y su castigo era por tanto, el desempleo y el infortunio- cuándo no la indigencia- que los llevó a una suerte de locura segura. Sólo pocos escapamos a este deseo de despedazar las pocas esperanzas que nos quedaban, vivimos aquí en medio de la gente, mezclados, pero a la vez sin nombres ni apellidos. Yo con suerte, sé que tengo aún el mío, y ése, ése Señor Moses Herzog es Isaac Jeremías, en otro tiempo profeta sin tierra, un tipo que ha reído las veces suficientes para poder olvidarlas, pero también ha llorado las veces necesarias para poder contarlas.

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Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Apuntes del cuestionamiento

El detalle es que eres incompatible con esa necesidad patética mía de defender la verdad, sí, sí, de decir siempre la verdad a toda hora y a cada momento. Sí, sí, tal vez dirás que estás harto de mí, de mí y de mi exquisita personalidad de bienhechor. No es mi culpa, a veces las cosas son así, no elegimos los senderos por los que ha de caminar nuestra alma durante nuestras primeras experiencias, no elegimos los espacios ni las fortunas e infortunios que esa suerte de azar misterioso haya provisto para ellos, no, ni siquiera elegimos las cualidades de nuestros padres, las aceptamos sin juzgarlas. ¡Ah, alma de niño, de ingenuo niño! Mi padre, mi padre, todo se lo debo a él, tal vez él sea el único a quien deba culpar siempre por estos raros, abruptos, desquiciadores, quisquillosos e impensados comportamientos míos. Nunca seré lo que fue él, ¿Estaré condenado a ser su sombra tal vez?, tal vez después de todo Freud y Alder tengan razón, en fin. Es que sucede que a veces también yo detesto la verdad, la detesto mucho, pero está en mí, en mi mente, es mi esencia, yo soy la verdad. 

(Silencio...ensordecedor silencio...Shhh). Ella, ronda mi pensamientos, mis hablares, mis decires, mis afirmaciones y hasta mis respuestas. Debo a ella, a esa patética y diaria urgencia mía de buscar y de decir siempre la verdad. Ya no recuerdo desde cuando ha anidado ella en mí, en mi alma, en espacio moral, proveyéndome de características harto conocidas por ti. Te he defraudado, creo que te he defraudado, pero no porque me haya encarnado precisamente dentro de una mentira, sino porque he reducido y quemado en mí todo intento de aproximación a ésta. Tal vez muchos no entiendan esto, ni siquiera entiendan sólo eso, el intento por ser verdadero. Soy diferente, lo sé, lo sé ahora, total qué más da. Sucede que cuando miento me recrimino a mí mismo, me odio a mí mismo, me detesto a mí mismo. Sólo el hecho de pensar en hacerlo me produce, de pronto, la frustración, sí, sí, la más tristísima de las frustraciones que mi propia consciencia pueda soportar.

(De: Degradación humana. Lima. 2014)

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

lunes, 11 de noviembre de 2013

Opiniones

Yo hablo de libertad, no de libertinaje; de bondad, no de ingenuidad; hablo de fe, no de obsesión; impulso y valoro el intento diario, no me interesa la perfección; me regocija la sencillez del individuo porque me siento cómodo allí. Detesto cuando alguien se siente importante y menoscaba al inferior. Me preocupa no, la pobreza material, sino la espiritual porque de allí devienen todos los problemas, total, el trabajo enmienda la primera. Me gusta cuando alguien viene a mí y me expresa claramente lo que quiere y lo que siente, sin tapujos ni necedades. Valoro a quien lee, y aplica lo que lee. Nadie da fórmulas de vida, menos yo, sin embargo es necesario no quedarse con lo que uno tiene guardado. No soy moralista, y si hablo de actitudes y de acciones es porque me interesa estudiar a las conciencias, y obtener respuestas de ellas. Creo en Dios a mi manera, y soy consciente de ello, creo en Dios, sí, sí, pero en un Dios cercano a los individuos aquí, cercano a sus dolores y frustraciones no lejano a ellos.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Fragmentos para una degradación

Veo tus comentarios, y me confirmo a mí mismo una vez más que los mediocres son eso mismo mediocres, siempre lo han sido y lo serán. Esto confirma una vez más mi propia decepción acerca de todos estos tipos que la sociedad llama equivocadamente poetas. Un poeta no miente, ni usa un lenguaje de doble moral. Las palabras de un poeta son limpias, claras y sencillas. El poeta está obligado a usar esas palabras en beneficio del servicio con el fin de ayudar a entender a las personas y a sacarlas de sus propias angustias, o de conscientizar a aquéllas que han perdido las esperanzas en sí mismas y tal vez en las de los demás. Un poeta siempre habla claro y directo y no se esconde en rostros falsos, ni nombres que no le corresponden. Su lenguaje está vivo porque piensa con la razón y habla con el corazón. De allí que mi decepción sea cada vez más grande de ese grupo vano que se empeña en mostrarse como ejemplo vivo cuando en realidad atrás todo ello no haya más que falsedad y estupidez, mayor razón aún si esta categoría de poeta está unida la categoría de profesor. Es una pena por los estudiantes que "forman", así entre comillas, porque tipos como ustedes dudo mucho, formen futuros para esta sociedad que nuestro país necesita. De allí tal vez sea cierta esa frase que dice, nadie da lo que no tiene, en fin. Por otra parte es una pena que la gente siga viendo en ustedes ejemplos y personas a imitar o seguir cuando no es así, en fin. No los culpo por eso, total qué pueden esperar inmersos en una sociedad que cada día se degrada más así misma, una sociedad en la que vivir armónicamente se convierte de pronto en una especie invisible de suerte o mala suerte al ya no saber quién es quién realmente, ni saber quién habla con la verdad y quién miente. Siendo tú, o quien quiera que seas si no es tu nombre ese, debo decir con resignación que si eliges el camino de la degradación, degrádate tú mismo, a ti mismo, pero no arrastres a la gente a tu degradación. Mide tus palabras y tu lenguaje al referirte a alguien, y más si vas a referirte a mí, me has entendido? Tras esta noche de ambivalencias insanas sólo me quedará una cosa más por afirmar: seguir firme en lo que pienso siempre, tal vez sea que no estemos lejos de eso que yo afirmo constantemente convencido al decir que esta sociedad está llegando a su propia degradación humana, donde todo lo bueno lo tomamos como malo, o como ingenuo o tonto, mientras que lo malo lo tomamos como heroico, imitable y bueno de seguir. Total, todo esto tal vez sea producto de los ejemplos que ustedes - y muchos actores del ridículo y de la desfachatez- hacen creer cuando escriben sus poemas llenos de abundantes metáforas y con palabras difíciles, y sin embargo carentes de sentido humano. Total, el lenguaje de los escogidos a la hora de decir la verdad siempre sobrará. 

Creo que ha llegado el momento de separar la paja del trigo, y de llamar a las cosas por su propio nombre, de decir quién es quién, y de sacar a la luz lo que hace. Finalmente, aplausos, aplausos, tal vez tengas razón, tal vez sea al fin y al cabo un pobre imbécil, total para un hombre como yo acostumbrado a recibir improperios e insultos por lo que piensa y escribe cada día, ya nada sorprende, sí, sí, nada sorprende. (De pronto, es curioso sentir que un hombre que no ha sido nunca fuerte, termine haciéndose fuerte, total,  la fortaleza y la fuerza si se alcanzan a nivel del espíritu se convierten en reconfortantes, en corazas, en torres de defensa, en filtros muy fuertes que hacen que la angustia no traspase el límite de la convicción. ) Sabes? Tal vez tengas razón en tus palabras que no me importan, nunca me ha importado lo que otros refieran de mí, son libres para hacerlo, pero debes agregar algo más a tu vacía descripción sobre mí, que también, también soy un honesto, un hombre para cuyas ideas y principios de eso que yo llamo ética, son muy fuertes. Te perdono, perdono tus palabras hacia mí, pero jamás tus actos porque con tus actos dañas a otras personas nobles, y la gente, la gente no merece recibir más daño del que ya tiene sobre sí misma producto de las angustias del destino y de la existencia misma. Algún día nos encontraremos y espero seas diferente no por ti, sino por tus alumnos y admiradores que ven en ti una esperanza de hombre cuando los dos sabemos que para llegar a esto falta mucho. Adiós, quien quiera que tú seas. Es una pena que me hayas terminado rehuyendo esta noche, en fin. Mi nombre es Víctor Abraham nunca lo olvides. Me has entendido? me has entendido verdad?

jueves, 17 de octubre de 2013

Los caminos de los hombres

A mi apreciado amigo Himer Gómez, 
allá en Buenos Aires, en Buenos Aires del Perú.


Los caminos rectos de la coherencia y de la transparencia están enfrente de nosotros, los tenemos, se nos muestran, o mejor afirmaría que el desarrollo del curso normal de la vida nos lo muestra; y sin embargo es discernimiento nuestro, sí, sí, nuestro, tomarlos o dejarlos. Es difícil, lo sé, y más cuando sé que la decisión de hacer lo correcto es obra y gracia de muy pocos agentes, entiendo, entiendo todo esto, como también entiendo que los ejemplos confeccionados a imagen y semejanza humana, porque es cierto, carecen de ese espíritu noble, son arquetipos con pizcas de humanidad forzadas, y esto, y esto es lo que nos vende la industria del consumo, de la mediocridad intelectual, de la vulgaridad, e inclusive de la estupidez misma de reírse de la nada y sin un sentido lleno de justificaciones humanas como lo afirmaría Bergson. Entiendo, entiendo que ahora, estemos más ocupados y forzados a ocuparnos de lo más trivial y poco trascendente, porque es una realidad, tenemos que vivir o subsistir en medios más rápidos y competitivos donde no gana el más sincero, sino el más servil; donde el éxito que hoy se consigue ya no nos dignifica, sino que viene a nosotros como una suerte de maldición. Preguntémonos entonces, es compatible el éxito con la felicidad hoy en día, sí lo es para algunos, aplausos, y qué bueno por ellos, sin embargo creo que para la gran mayoría tal vez no sea así. Una cosa es decir hipócritamente, "Soy feliz" "Mis libros, mis títulos, mi confort, mi placer y hasta mis ornamentos me hacen feliz", y otra cosa es serlo realmente. En fin, apreciaciones mías.

Los caminos de la firmeza

Entiendo que últimamente estén más de moda todos esos conceptos psicológicos, de autoayuda, de literaturas light, de marketing y de sistemas, que no dudo que sirvan en algo al desarrollo de las consciencias, pero sin embargo estoy seguro que sólo tocan el problema de la consciencia humana muy leve, casi mínima, tal vez porque detrás de esos conceptos propagados en conferencias y pensiones universitarias caras, círculos cerrados en cuyas puertas siguen apareciendo, -tal vez no expresa, pero estoy seguro que de manera tácita-, esa famosa expresión de "se reserva el derecho de admisión". Es lamentable todo esto porque detrás de esta maquinaria subsiste el lucro, pero no ese lucro de recuperar lo invertido, sino sórdido de ambición, de lactancia material desmedida. Yo les hablo no a los poderosos que tienen su dinero, sino a los pobres de consciencia, de reflexión, de decisión. Yo no me sitúo en medio de los pobres y los ricos para atacar o para apoyar, sino que mi lucha se debate en el centro de los espíritus, de la consciencia y de la inconsciencia de cada ser humano porque esto es lo más grave, lo más perturbador, lo más detestable. Cuando era un adolescente universitario siempre abracé la lucha por los que menos tenían, hoy en mi edad de buscador adulto abrazo la lucha por los que más necesitan. Sigo pensando que las personas en esencia son buenas, no más que eso, no más bondad que lo que les podamos dar. Nuestro trabajo hoy por hoy, pienso que es el compromiso, nuestro compromiso con el amor, con el amor en todas sus dimensiones, y bajo todas sus matices.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

domingo, 6 de octubre de 2013

Sobre la escritura y el arte

Cuando uno lleva implícito en la personalidad propia ese extraño sentimiento de escribir- y es consciente de ello- no anda por ahí dando recetas, ni explicando a los demás los misterios que encierran este proceso, ya sea el de escribir poemas, el de escribir narrativas fantásticas o detectivescas; pienso que eso al fin y al cabo obedece más a un aspecto de marketeo personal y económico que consiste en atiborrar escenarios con individuos provistos de cuadernos y lápices -previamente seleccionados-, aspectos que no he entendido hasta hoy porque no ha existido nunca ni existirá - al menos para mi imaginario propio- una escuela para creadores de la palabra, no se pueden formar creadores de palabras, expresiones, versos o párrafos así como así, quien hace esto: está mintiendo; sí  en cambio puedo imaginar escuelas de normatividad ortográfica reglamentadas al interior de universidades o instituciones competentes en ello, con sesiones de redacción validadas y llevadas a cabo por profesores especialistas, tal vez lingüistas, filólogos, o maestros de gramática, total, es esa su función, y están competentemente preparados para llevar este tipo de empresa a cabo, puesto que la escritura es una facultad humana inherente a cada uno de nosotros, es aprehensible, trabajable, asimilable en el sentido literal de la palabra, escribir desde ya nos hace escritores todos y a todas, sin embargo, lo otro, eso de la creación misma como arte, es otra cosa: esto va más allá de un simple interés ortográfico o gramático, e inclusive estético.

El creador siente las palabras y las coloca todas, todas una tras otra, seguidamente por impulsos cíclicos, algunas veces alegres, otras veces no tan alegres, estas relaciones de palabras obedecen más a sensaciones extrañas e inquietas de carácter interno que externo, esa capacidad se forma día a día a veces - inclusive- en la soledad misma, en la angustia personal, en el paroxismo emocional, en las vivencias propias, en los deseos internos, ect; por tanto pienso que son todas estas extrañas circunstancias que rodean al individuo -y que muchos llaman, inspiración-, lo que lleva a la escritura a convertirse para los críticos en aceptable o no aceptable, empero a veces todas esas extrañas sensaciones no son todo, no son suficientes; la otra parte vital, la otra formación, se consigue diariamente en base a las lecturas personales que cada quien selecciona y por la cual opta.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú. Víctor Abraham les saluda.

viernes, 4 de octubre de 2013

En torno al hombre común

Debe ser así como algo hermoso, y más humano ver allá, más allá de los ojos: un gesto, sí, sí, un gesto más solidario y apreciativo que por fin exprese sinceramente un "te acepto como eres". (Es que sucede que vemos tantos gestos durante el día, y probablemente también ofrecemos otros tantos que son los nuestros que francamente ya no sabemos cuáles evidencian ello, la aceptación sincera del ser.) Luego, sólo llevo una vida y es muy simple, la única que me ha permitido recoger tantas experiencias que a mi edad se me haya permitido asimilar en los distintos espacios y tiempos. Concluyo por tanto que un hombre que se topa a diario con desazones funestas, pero también con alegrías tiernas:  ya nada, nada de lo existente y mirado puede sorprender. Veo a diario a personas en todo lugar y a cada momento, de todas las edades y de todos los tamaños, eso, sin mencionar sus credos y colores de piel. Subo por la estación aérea del tren, no sin antes haber compartido una ligera fila con los otros con el fin de cargar mi tarjeta de transporte, todo eso pasa rápido, muy rápido, espero en la estación y me detengo a observar una línea amarilla que se ha dibujado en el piso con el fin de remarcar el límite que el pasajero no debe cruzar, y cosa curiosa veo que dos personas la cruzan. En fin, sigo mirando, pensando, anotando y repensando otra vez, en el tren me voy parado porque no hay asiento libre, una señora de anteojos recuesta su cabeza de pronto, son algo así como las ocho de la noche, hecho que me causa incomodidad, pero a la vez una ternura y comprensión extraña. Cuatro estaciones y bajo, todo esto sucede antes de ir a recoger a Magaly Victoria del instituto. Llego, y espero, aún nadie sale, la calle se pernocta vacía y negra, unos faroles la alumbran débilmente. Camino un rato un tramo de la misma calle, y sigo esperando. Pienso, pienso mucho en lo que veo y percibo y alcanzo a entender algo:

"El poeta anda hablando de su "propio yo" que aflora de su propia inconsciencia subjetiva, el filósofo anda buscando en su propio razonamiento consciente tantas miradas como le sea posible, miradas que no pueden provenir, sino del trato con los otros y del orden natural de las cosas. Sin embargo el individuo común, el individuo de a pie, ese hombre al que se le está negado los abstractos de las interpretaciones y las extrañas interpretaciones de metáforas sin sentido, sí, sí, a él y sólo a él, le está revelado sino los misterios generales de la vida por lo menos la de su propia y única vida, (y afirmar esto, es ya bastante)de la manera más clara, limpia y directa. Él, en su sencillez -que muchos pueden tildar de ignorancia- entiende cosas también, tal vez no a la gran escala "intelectual" de los primeros, sí al nivel prudente "objetivo" que lo hace feliz. (Eso, es ya mucho) El ríe cuando debe reír, y llora cuando debe llorar, eso entiende porque los estados de sus emociones le dicen que haga de vez en cuando estas dos acciones; cocina cuando debe cocinar porque tiene hambre; se cubre porque percibe frío; tiene necesidad de hacer el amor físico carnal porque sus instintos genésicos así le ordenan; gasta su dinero porque tiene necesidad de hacerlo; trabaja porque sabe que ésta es una forma de sostenimiento vital; abraza a su cónyuge como lo haría cualquiera de nosotros porque siente que la quiere; a veces también discute usando los peores lenguajes, se siente cómodo así, ese extraño y desconsiderado lenguaje le provee seguridad y fuerza, total, el bagaje cultural no le interesa porque no es prioridad en él mostrarse culto, no lo es y es feliz así. No ansía famas ni trascendencias que sí corroen al poeta y al filósofo de vez en cuando, y es que sucede que a veces no los entiende, y no entiende porque ellos deban empujar su vida hacia lo más absurdo e idiota. Qué va, esos tipos son unos locos para él, entiende su vida, y punto. Su pragmatismo maquiavélico y su relativismo absurdo -a veces- es lo único que tiene, y eso, eso es ya suficiente para entenderlo. Tal vez el filósofo y el poeta lo hayan tachado ya desde hace tiempo, y sólo se interesen por él: siempre y cuando sirva como pieza útil de interpretación, ellos piensan que ese hombre jamás estará al nivel suyo, no lo necesitan como tampoco él cree necesitarlos. Empero, si hay algo de saludable - e interesante- en estas formas de relaciones humanas son las distintas maneras de vivir, y ésas marcan la felicidad que cada uno siente sobre sí mismo, sobre su propio lado."

Pienso luego, en la felicidad de los hombres, pero también en su simpleza; y determino, que cada quien usa los recursos necesarios para edificarse a sí mismos como individuos felices, en algunos casos escribiendo libros -producto de inspiraciones mas o menos caústicas-, en otros casos anotando en papeles sueltos interpretaciones porque todo, todo debe anotarse para ellos, pero hay otros, los otros casos en los que simplemente se opera como único recurso para alcanzar la felicidad: el libre albedrío, esto mismo que expresado en pocas palabras, es el vivir por vivir no más. En fin, palabras, palabras mías.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Análisis de una noche: Sobre el ego, los seguidores, las fuerzas morales y los espíritus de la redención


Sobre el ego



Vivimos del ego, o lo desechamos totalmente, ya que esto degrada nuestros propios valores y encasilla nuestras habilidades que podrían arder aún más, empero sin embargo quedan reducidas, jamás desarrolladas en su dimensión real, ya que las atamos a simples opiniones, conjeturas externas, y hasta aplausos desmerecidos que terminan haciéndonos caer en el vacío de rebajar nuestro talento, nuestra esencia, nuestra firmeza de palabra, en fin, por congraciarnos con entes ajenos a nuestra propia realidad y consciencia. Luego, el ego, el afán desmedido, la relativa fama ilusoria hacen que ya no podamos reconocernos a nosotros mismos, puesto que anula nuestra razón y lógica haciéndonos caer en el hecho mismo de prodigar cada día, y con una mayor desesperación, nuestro propio trabajo. 

Sobre los seguidores

Se me acusa de ser un patético y dramático por lo que expreso, muy bien, aplausos, lo acepto, y no tendría porqué negarlo porque mi intención no es agradar, sí, decir la verdad. No busco seguidores; sí, personas capaces de pensar por sí mismos y de actuar según su propia decisión. Total, una persona rebelde que cuestiona y analiza producto de su propio razonamiento, y por ende se niega a seguir, vale más que otra que sólo se limita a echar flores de vez en cuando, y a admirar calladamente. Nadie merece mayor admiración que aquel hombre o mujer que hace de la humildad y la sencillez su camino perfectivo, y de su vida un trabajo solidario de todos los días.

Las fuerzas morales

Sed, uno mismo primero, luego trataos lo más concreto posible de estar dispersos, o al menos que nuestros pensamientos los estén porque es sabido- y es una gran verdad- que todos y todas tenemos mucho que decir y pensar, y finalmente uníos fuerzas, más que de índole brutal y sagaz, de índole mental y moral. Yo les digo, dense la mano. Caminen juntos, y busquen una comunión armónica entre el pensamiento que desea tener y la necesidad que necesita sentir haciendo a un lado todo tipo de juzgamientos insanos, de miradas indiferentes, y todo aquéllo que no nos ayude a crecer. 

Sobre los espíritus de la redención

Las cosas las digo de frente, no me escudo en nombres que no son míos ni creo conversaciones impulsadas por la doble intencionalidad porque las personas merecen nuestro mayor respeto y solidaridad, yo creo y pienso convencido que cada quien hace y orienta su vida según elecciones y decisiones que operan según nuestros propios valores, o lo que yo llamo códigos de verdad. No te guardo rencor, te perdono, tal vez porque mi ética y esa extraña coherencia mía con mis propias ideas es muy fuerte. De allí que mucha gente se pregunte sobre cómo puedo perdonar a quién me hace daño o me causa una frustración, o cómo puedo olvidar el daño que se me ha hecho, y más aún perdonar a esa persona, sin mencionar ese cómo puedo no ser feliz - o sentirme feliz- si estoy unido a personas que me causan dolor, interrogantes que nunca tienen respuesta porque no son halladas en eso que yo reconozco como redención o regeneración, porque entiéndelo bien, entiéndelo muy bien, que todos, absolutamente todos, estamos llenos de frustraciones, de miedos, de temores, de vacíos y contradicciones, e inclusive de locuras permanentes porque nuestra alma vive atormentada por recuerdos del pasado, circunstancias desfavorables del presente y por proyecciones de un futuro que aún desconocemos, estos, sí, sí, estos son estigmas que cargamos siempre, cruces existenciales sujetas a nuestro propio "Élan vital" o impulso vital que muy bien define Bergson en sus tratados filosóficos, y en el que yo también creo convencido, total, soy un hombre de hechos y de acciones concretas que usa como método de trabajo para mis propias interpretaciones, eso que llamamos existencialismo. No hablo aquí de personas que dañan, sino de sujetos que no olvidan esos daños porque sencillamente están recubiertos de sentidos falsos y de omisiones sanas de alegría. En fin. No más palabras, sí, sí, muchas reflexiones. Luego, espero, espero yo mismo y creo, creo asimismo, en ese querer con el corazón y dejarse querer también con el corazón.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

Una movilización sin sustento: el objetivo, aglutinar a la manada; la gran mentira, la democracia

La consciencia de un valor cualquiera sea este da la libertad al individuo, le confiere responsabilidad, acción y fe en el futuro. Los hij...