domingo, 21 de junio de 2015

En el nombre del padre...


Foto: Internet
Cuando intento recordar esa primera vez que llevé mi pulgar derecho a la frente con el fin de decir, "En el nombre del Padre...", siempre aparece en mí, la imagen de mi progenitor, de ese hombre flaco y taciturno, en cuyo rostro siempre se dibujaban dos mostachos, y cuyos pómulos morenos y cabellos encanecidos, daban la apariencia de viejo, sí, de un ser mortalmente viejo, pero a la vez - extraña coincidencia- con rasgos también de niño. Un extraño personaje, que de un momento a otro, mientras nos dirigíamos a hacer las compras del mercado, se metía intempestivamente dentro de un templo con el fin de dar gracias a Dios, o elevar sus plegarias, como refería, llevándome de la mano también a mí porque había que ser agradecido, me decía, y entonces..., "has de coger tu pulgar derecho y llevarlo a tu frente siempre, con el fin de decir estas palabras...", y repetía esa fórmula corta y piadosa que hasta hoy me acompaña, la señal de la cruz.

Conceptos de moral que hoy cimentan mi existencia, extrañas manías de sentarme de pronto a conversar con alguien desconocido -y sin razón alguna aparente-, ese respeto absoluto por los libros y sus creadores, ese particular modo de ver la vida a través del próximo inmediato, sentencias, herencias culturales, amor a la tierra en que uno nace, y ni qué decir de esas ideas del bien y del mal, "Ideas", como diría el poeta noruego y Premio Nobel de Literatura 1903, a inicios del siglo pasado, Bjornstjerne Bjornson, "tan firmemente establecidas en nuestra conciencia, que han participado en todos los ámbitos de nuestra vida, y son ahora parte de nuestra búsqueda de conocimientos", en fin, todo esto me fue modelado por mi padre, un eterno moralista, un lector de periódicos viejos y amarillentos, uno de esos tipos que muchos llamarían, ferviente católico, cultor y admirador de una cultura mexicana, llegada a mí bajo la forma de "Cine de oro", en donde un Jorge Negrete, un Pedro Infante, una María Félix, un Cantinflas, siempre acompañaban nuestras tardes de ver televisión.

El meollo del asunto, cuando se dice, papá

Si he mencionado anteriormente, párrafos arriba, estas experiencias de aprendizaje que pude asimilar de mi padre, solo ha sido bajo un fin real y concreto, intentar acercarme a la figura paterna, y dejar por sentado esa imperiosa necesidad que para un niño en formación llega a alcanzar esta figura dentro de su temprana vida, y por ende dentro de sus primeras experiencias.

Ahora bien, es raro que hoy en día muy poca gente defienda esa necesidad de autoridad paterna, esa virilidad masculina clave para la formación de un hogar, ese modelo icónico del buen hombre que puede llegar a ser buen padre; es preocupante hoy ese detrimento moral que se le viene acuñando a la figura paterna. tanto como es inconcebible escuchar al interior de nuestras sociedades que se esté perdiendo esa autoridad varonil al interior de las familias. Las sociedades evolucionan, eso es sabido, y no soy el primero en afirmarlo, lo dicen los apuntes del materialismo dialéctico, pero en nuestro caso, en el caso de esta generación que hoy vivimos parecería más tratarse de una involución, que de una evolución propiamente dicha.

Vemos todos los días, denuncias de abortos por presión del hombre, abandonos familiares, parricidios y violencias al interior de las familias. Nos quejamos que el hombre no trabaja, que no aporta al hogar, a las necesidades del consumo diario, e inclusive que no cumple como hombre, sexualmente hablando, llegando a la ridiculización más burda de esto. Hombres sin personalidad, y sin moral, padres que son proclives a profanar sus propios recintos familiares. Acudimos a la imagen frecuente del divorcio, de la separación conyugal - o de bienes, en algunos casos- por esa simple, y sencilla expresión, "no nos entendemos", o "no era lo que pensábamos", dejando así a la propia prole, a los propios descendientes, en la mayoría de casos niños menores de edad, al total abandono.

Ver esta óptica, solo me arroja dos cosas, o intentamos revertir esta situación, y salvaguardar así ese nombre del padre, con cierto estoicismo ciudadano, o  dejamos que esta  misma nomenclatura sea devorada por la desconfianza, por la desidia, por el materialismo frívolo y consumidor que solo reconoce en él no seres humanos con aciertos y errores, sino objetos de numeración y seriación a los que hay que tirar cuando salen mal fabricados, o no sirven al propósito para el que fueron creados, en fin. Es cierto por otra parte,  que este "tiempo de consumismo histérico", tiempo en donde esa misma categoría, conocida como"tiempo", es lo más difícil de conseguir, y que nadie está dispuesto a dar..., haya terminado por sumir esta categoría "papá" hasta doblegarla - y malformarla-, so pretexto de la perfección consumista, olvidándonos así del hecho que cualquier persona puede ser sujeto de errores y de vicios morales. Decir esto, no me lleva a apañar cualquier acto de violencia, o de irresponsabilidad dentro de mi propio género, sino al contrario mi empeño encuentra justificación en el acto del reflexionar en torno al hecho de cómo estamos mirando al otro, cómo nos estamos mirando entre nosotros, hasta parecemos a veces esos buitres que esperan el menor descuido de su presa para devorarla.

En defensa de la paternidad


En un mundo actual como el nuestro, en el que parece ser que el matriarcado, y el libertinaje se vienen convirtiendo en las nuevas modas de existencia, en los nuevos remedios para llenar tantos vacíos emocionales, a los que muchos teóricos de la psicología educativa aún no pueden responder, salvo con recetas paliativas y medidas permisivas en cuanto a conducta y enseñanza se refieren, porque sencillamente no quieren aceptar que la brújula moral al interior de las familias está descompuesta, y que es deber de padres y maestros recomponerla: les cuesta tanto admitir a estos señores teóricos de la pedagogía, y la psicología que hay una verdad innegable, y esa es la ausencia de autoridad que debería ejercer el padre, y que sin embargo poco o nada se hace para abordar esta problemática, o en todo caso ayudar a reivindicar, ¿y por qué?, porque sencillamente, como ya dije, se vive hoy una guerra de géneros, que parte de esos sectores mal llamados feministas y democráticos y que esta "sociedad de las sangres"- que vuelvo a parafrasear- alimenta, porque sencillamente alguien tiene que imponer un control, un status quo, un "nuevo" modus vivendi, y esto resulta interesante porque así, cada vez más, todo se vuelve números, tarjetas de crédito, códigos, estadísticas, demandas, multas, pensiones de alimentos, e inclusive gastos absurdos por tener o por alcanzar. Decir francamente, que me preocupa.

Por otro lado, esta sociedad de consumo, que solo nos recuerda una vez al año, que existen padres, porque hay que comprarles en tal o cual tienda, una corbata, un suéter o cualquier accesorio de marca, llámese Valentino, Versace, John Holden, o qué se yo..., es la misma que el resto de días, o sea los 364 restantes, nos dice a través de sus televisoras, de sus prensas, que el padre, es un malo, un mal hombre, un mal marido, un mal hijo, un mal hermano, por Dios, qué incongruencia. Las noticias fabricadas por intereses de los grandotes, sumadas al bajo nivel educativo de las masas poblacionales hacen que estas se resignen y terminen por generalizar estos actos condenables, hasta enrostrársela en la cara de esa propia categoría, llamada PADRE, sí, así es los intereses creados hacen que estos pobladores no les queda otra que resignarse y aceptar que viven o conviven en un orbe de malos padres.

Hará dos años escribía para una columna; datos, que hoy vuelvo a citarlos porque considero vigentes, además que sirven para el análisis que esta redacción persigue.
(...)últimamente las demandas económicas y sociales sumadas a los nuevos estilos contemporáneos de vida por asegurar la estabilidad familiar reclaman hoy en día también una dinámica laboral de la mujer - hecho desde ya muy loable y sacrificado por parte de este noble género femenino-, pero sin embargo advierto que estos nuevos modos de vida que hoy rigen sobre nuestras sociedades también están trayendo una mayor superficialidad en las relaciones familiares, una pérdida significativa del rol real que corresponde tanto a padres como a hijos porque de algo estoy seguro que los roles de los padres siempre serán los mismos y muy distintos a los roles de los hijos, pues ambos roles son complementarios para establecer la armonía en el hogar. Sí, pareciera que estos nuevos estilos contemporáneos de vida y sus múltiples ajetreos de espacio y de tiempo, están menoscabando hasta cierto punto el compromiso de la paternidad llegando en algunos casos al detrimento, desgasto o deterioro de esa imagen perfecta de ser padre. El ausentismo es hoy mayor en las mesas a la hora de almorzar, o la hora de cenar, entendible por un lado supongo, pero por otro, debería tomarse con cuidado. Falta de compromisos personales de padres que aún no han terminado de ser hijos, y conyugales también son de cuidado y de delicada observación porque hacen meollo en este asunto de la estoica paternidad, pero a pesar de todo- y créanme que es cierto-, que la figura paterna, la progenitora, no la secundaria ni la civil que se contrae en unas segundas nupcias, sino esa figura real y primigenia siempre será irremplazable en un hogar. Triste consuelo de aquéllas personas, cuyos padres están durmiendo piadosamente por múltiples circunstancias, sin embargo pienso que hoy, el solo hecho de evocar su sola imagen ya es suficiente para seguir haciendo bien las cosas como buenos hijos. 
Llamados al buen ejemplo

Rescatemos los valores paternales, ayudemos al género de los hombres a retomar su senda, su buen proceder como lo tuvieron nuestros viejos, nuestros antepasados, queramos a nuestros padres, guardemos respeto y gratitud para ellos. Basta ya de hacer leña del árbol caído, o de intentar generalizar las malas prácticas paternales. A ustedes hijos e hijas, no juzguen a sus padres, entiéndanlos, no les toca a ustedes juzgarlos, trasmítanles alegría, ayudemos, no carguemos más cruces interminables de condena.

A ustedes mujeres ayuden a sus esposos, a sus parejas, sean brazo fuerte y firme con ellos, en la crianza y educación de sus hijos, en esa lucha por dignificar sus hogares, no se desautoricen, ni intenten comprar el cariño de sus protegidos con cosas irrelevantes, materialmente hablando, tengan paciencia, intenten comprender que el matrimonio es abnegación, es sacrificio, es lágrimas, pero también es cuna de frutos ejemplares, de hijos nobles, de ciudadanos de bien, y esto se logra solo en unidad conyugal, la comunicación, y es que a veces es bueno, ceder un poco para ganar, así funciona esto de las relaciones humanas.

Finalmente, a ustedes hombres, padres, que ya lo son, o están esperando con ansias serlo muy pronto, vean en el ejemplo de sus padres y abuelos modelos de bien, no vean en esta sociedad de superficialismos, vean en su interior, escudriñen, no sigan haciendo lo que la inmensa mayoría hace o intenta hacer cada día, muchos de ellos, agentes sin personalidad ni firmeza que solo sirven a este sistema de degradación sistemática. Hagan y busquen en ustedes mismos esa conversión, la sociedad del futuro necesita de ustedes, porque estoy seguro que no hubo nunca sociedad tal como la de hoy, que los necesite tanto, y que los pida a gritos, en fin. Quiero terminar diciendo, en la memoria de ese progenitor mío que conocí una vez, y llamé padre, "Feliz día del padre". Recuerden que mi visión de sociedad, ligada siempre a esa preocupación permanente por salvaguardar la identidad familiar y el buen uso de los valores, siempre estará de parte de ustedes, con ustedes. Un abrazo para todos, colegas de la escritura, del periodismo, de la enseñanza y amigos.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

domingo, 17 de mayo de 2015

Ambición ciudadana

"Me enorgullece mucho cuando encuentro a personas que se acercan a mí sin conocerlas, me hablan, o me escriben, sin importar latitudes, luego, intercambiamos algunas palabras, o dialogamos, me cuentan lo que hacen o me expresan lo que piensan. Ello, me ayuda a tener un panorama, una opinión de su posición respecto a su propia existencia. Me agrada cuando alguien me dice sin miedo, "mi sueño es...", le digo entonces, "está bien... es perfecto" (Esto me hace recordar que en una ocasión un joven adolescente me dijo, "Señor, yo tengo un sueño", "qué bien", le dije, "Martin Luther King también tenía un sueño, mira a Eduardo Galeno, él también soñaba el mundo que quería que sea, en fin"). Y es que sucede que a veces suelo conversar con estas personas, si bien es cierto no en extensos discursos, pero sí los suficientes para darme cuenta y permitirme ver en ellos, su calidad de lucha y de pensamiento, que es loable, su extraordinario desprendimiento, o tal vez- porque todos tenemos virtudes- su valor para atreverse a romper con los cánones establecidos. Cuando estas personas llegan a mí, entonces los llamo amigos, porque eso es ser amigo, un amigo hace y desea al otro todo el bien".
He escrito todo esto en mi ambición de seguir levantando consciencias, porque el trabajo comprometido con este fin jamás termina, y estoy seguro que este delirio de cambio que me arremete por las noches, sino en todas por lo menos en muchas, no solo me abraza mí, sino pienso que del mismo modo a mucha gente que está también por allí, regada por el mundo pensando que vive en su propio microuniverso que algunos faltos de observación llaman soledad, empero no, no es así, sino es que se trata de responsabilidad.

Hombres ejemplares

No pude escribir para el blog una crónica precisa en memoria de dos hombres grandiosos - las únicas dos que hice, fueron compartidas en otros medios, puesto que el trabajo me había absorbido desde entonces, en fin-, pero como ya dije, fue una memoria después de todo, sin embargo debo reconocer que también esos días fueron muy tristes, pero a la vez muy reflexivos. (Al menos así lo asumí yo). El diario, "El País", de España, en versión impresa difundida en Lima, anunciaba por esos días de la quincena de abril, 13 para ser exactos, "Luto en las letras latinoamericanas y europeas". A continuación, impreso en tinta negra resaltada decía de la misma forma, "La izquierda llora la muerte de Galeano", en alusión al autor de "Las venas abiertas de América Latina", y espacios más abajo añadía, "Vamos a una tercera gran guerra", en alusión, a la última entrevista que concediera el Premio Nobel de Literatura 1999, por esos días recién fallecido, Günter Grass, y es que sí que duele, no tanto por el hecho de tratarse de que fueron un uruguayo, y un alemán, no, ni por el hecho de que fueron autores de libros, no por eso, ni por los premios, ni otras tribulaciones más tampoco, sino porque se trataba de dos hombres comprometidos con la consciencia ciudadana, con la consciencia de la vida humana. Así es, es por eso. "No han muerto dos escritores, no, sino han muerto Eduardo Galeano, y Günter Grass, pensadores, visionarios, y sobre todo pulsómetros de sus propias generaciones", dije- y así lo escribí entonces. Y es que sucede que luego de la muerte del argentino Juan Gelman en el 2014,  y anterior a este: Saramago, hecho que me llevo a escribir también, "Están quedando pocos héroes comprometidos, pocos hombres de pensamiento, salvo Gabriel García Márquez, y Galeano- por esas fechas aún vivo-, ya no quedan escritores de esa talla, urgen en nuestras sociedades nuevas generaciones libertarias y críticas,nuevos ciudadanos, dispuestos a retomar la posta del compromiso social e histórico porque la literatura es ante todo pensamiento, compromiso y acción".

La otra cara de la moneda por esos días recayó, para indignación personal, en las palabras desatinadas del Sr. Vargas Llosa, quien en una apremiante necesidad de definir su posición respecto al pensamiento del uruguayo, decía, "Creo que sus tesis sobre América Latina estaban completamente equivocadas(...) Presenta una descripción completamente caricatural, de un dogmatismo marxista que caricaturiza y falsea profundamente lo que es la realidad de América Latina". Uhm, ello me llevó a escribir entre otras cosas, "pero qué va a estar de acuerdo, con "Las venas abiertas de América Latina", si este libro es la antítesis del consumo, y el rechazo directo a la condición humana, que usted enerva hasta el paroxismo de llamar, "seudo democracias populistas y payasas" a las hermanas repúblicas de Bolivia y Nicaragua porque buscan el cambio. Es este trabajo de Galeano, la esquematización perfecta de la explotación, y del poder bestial que entrampa el vivir de los ciudadanos de Latinoamérica, es este discurso el que presenta la evolución orgánica de este eje sistémico".

De convicciones y pasiones 

Sucede que por esos días también escribí sobre las marchas llevadas a cabo aquí en Lima, y reflejadas a nivel nacional, en contra de estos programas televisivos que tanto dañan las consciencias ciudadanas, actividades que luego me llevaron a arrojar dos conclusiones, porque fueron tres, las marchas convocadas y a las que pude asistir y participar activamente, en fin. Ahora bien deduje entonces que, en primer término todo se hace por convicción moral, y no por presión mediática, y la segunda, que se necesita seguir conscientizando más. Me he quedado desde entonces con una arenga que un niño que estaba a mi lado en una de esas tantas manifestaciones, ayudaba a gritar, "las veces que sean necesarias volveremos a marchar porque una y otra vez hemos de luchar". Fue grato por esos días ponerse de pie, junto a varios jóvenes que por un momento, pusieron en jaque al empresariado televisivo nacional. Comprendí- y lo escribí así- que, "el camino es duro, lo sé, pero como ya dije, quedará la satisfacción de que al menos quienes estuvimos ahí, compartiendo ideales comunes, al menos seríamos más conscientes de decirles a nuestros hijos algún día, "fuimos muchos los de nuestra generación, héroes anónimos que un día nos atrevimos por fin a decir, basta ya de tanto flagelo soez y vulgar que no hacía más que arrojar espíritus de conmiseración ajena". Sí, así es, porque no importa cuantos Eric Jurgensen - para muestra un botón del poder real, púes de trataba de un Gerente General de un canal,- salgan a aseverar cosas estúpidas y sádicas, como el hecho de no ser mayoría, Uhm, aseveré entonces, "eso no es ahora importante, sino el saber - al menos para nosotros- qué- estamos- haciendo- y- porqué- lo- estamos- haciendo".

Compromiso perpetuo

Volviendo al presente, es indudable que el acto de analizar las cosas, sí, esa acción heroica de detenerse de pronto, y sentarse allí, en medio de un parque o en medio de alguna banca callejera, sea en la tarde, en la mañana o por la noche, desde nuestra comodidad de hogar, o en medio de un patio escolar, solos, hambrientos o saciados de comer y digerir, en fin, en cada caso, en cada lugar, qué sé yo, en donde de pronto se nos ocurriese, en fin, Sí, sí este acto del análisis permite el dar vuelta a las cosas en la cabeza, permite, hace posible dialogar con la propia existencia, y esto, ayuda, ayuda a tener una mejor idea de nuestro trabajo diario. Por eso sea ello necesario, esta actividad del pensar. Luego, pienso que sentir esa necesidad de querer entender el porqué de esas palabras que de pronto al encontrarlas en los libros, nos hacen llorar o nos permiten reir, no es sino la puerta al entendimiento de nuestras propias vivencias, vivencias que también pudieron haberse escrito, solo que en tiempo y espacio diferentes.

Uhm, ahora bien, podría entonces conjeturar a partir de lo escrito que todos estamos llamados a ejercer este oficio de la escritura -todos y todas, porque la literatura no es sino la suma de anécdotas, de complicidades, de actos heroicos y equivocados a veces, pero que hacemos para bien o para mal, para nuestra paz o para nuestro tormento-; sin embargo, sea como fuere para escritores o ciudadanos, escribir estos pasajes es necesario para que las historias de las luchas no queden entregadas a sepulcros sin memoria, recubiertas en tinieblas, sino al contrario, queden plasmadas, vivificadas en las consciencias. retenidas en las memorias de quienes no pudieron vivirlas en tiempo y espacio, ya que - y cito a las palabras de Camus en su discurso de repeción del Premio Nobel de 1957- "cada generación tiene una tarea  mayor: impedir que el mundo se deshaga."
 
Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

miércoles, 13 de mayo de 2015

Domingo 13 de julio de: " Los días van y vienen"

Hoy fue una mañana normal. Nos levantamos todos muy temprano. María, como de costumbre fue la primera. Hubo bastante venta, pues se terminaron las dos ollas de avena que habíamos preparado, es más, pedimos otro costalillo de pan. Los saltados del desayuno se acabaron. Al menos, creo que tanto esfuerzo sirvió, y servirá para pagar algunas cuentas pendientes respecto a los predios, que a propósito ya llevan cinco meses sin pagarse. Muchos recibos desde entonces. Nos han dado el ultimátum para poder subsanar esta quincena (al menos parte de nuestra deuda). “El primer lunes de la quincena”, decía la notificación de la municipalidad, algo que considero injusta porque quince recién es jueves, pero en fin. Y es que sucede que últimamente los gastos han sido fuertes, los estudios de Rosa y de Lupe, los pagos del agua, de la luz y del teléfono, los pasajes para ir a ver al abogado, que lleva los trámites de mi jubilación, los pedidos, hasta incluso: este mes se malogró también el refrigerador y había que arreglarlo, eso sin contar los gastos de mi medicina, que los vengo postergando mes a mes, ya que como no cuento con el Seguro Social, debido a que no hay ninguna resolución previa aún por parte de la Comisión Médica Evaluadora del Hospital Regional del Norte, no me queda otra que seguir esperando, felizmente mi mujer siempre fue una amante de la herbolaria – y bueno me ha tratado con hierbas hasta hoy-. Pienso que ya habrá oportunidad para atenderme como es justo. Por ahora, no hay nada.


A las once la mañana, pasó por la casa una caravana, con una banda de músicos, patrulleros y serenazgos. Venía presidiendo este desfile, el alcalde de nuestro distrito, Sr Carlos Agencio Vásquez, junto con todos sus concejales, quienes con su lema, “El gran cambio”, agradecieron las voces de viva y aplausos que el público les brindaba. Salimos con María y Lupe: era muy llamativo todo, puesto que no es muy común que eventos como este se den así nada más, y pasen por la puerta de la casa, salvo en campañas electorales, en fin. Empezó el cortejo, avivado, nada parsimonioso: tres flamantes compactadoras, es decir, tres modernos carros de recojo de basura que las autoridades ponen al servicio de la limpieza. (El mes pasado también fueron bendecidas las nuevas veredas y sardineles que se han construido en Vista Alegre y Huamán). Un hombre flaco y ojeroso que estaba parado a mi costado dijo, “en realidad, se ve la preocupación y el trabajo del Sr alcalde”. Pensé, “es evidente, pero qué habrá detrás de esta adquisición”. (Ideas que saltaron a mi cabeza, pero es que hoy en día todo anda acompañado de un desliz oscuro, y si no es un negociado ilícito, entonces es una suerte de viveza corrupta, pues ni modo, pero de qué había una verdad había, este burgomaestre indudablemente que se estaba metiendo al bolsillo a la ciudadanía a costa de veredas, plantas sembradas, columpios, y carros de basura).

Más tarde, pasado el ardor político, todo siguió igual. Vinieron a almorzar el Sr. Marroquín y sus familiares; también la hermana Eva y su esposo. Más allá de esto nada: Rosa salió a hacer unas tareas, Lupe se encerró en su cuarto, y María como de costumbre se fue a ver a sus sobrinas. Yo me quedé con la puerta abierta un rato más por si se vendía algo más. Nada. Una película de Cantinflas puso sello final a la tarde.

A propósito de mi espíritu incrédulo respecto de la política -pero es que soy así, y aunque tal vez alguien me dirá, “Por Dios, qué anticuado y pesimista es este viejo, que critica todo, inclusive hasta las obras municipales”, debo hacer caso a mis 73 años que me acompañan, los mismos que me llevan a no creer tan fácilmente, pues ni modo-, decidí por la noche transcribir un pequeño extracto que encontré dentro de un diario amarillo, antiguo, y picado por la polilla, y que pertenece por cierto al primer Presidente de los Estados Unidos, palabras tan precisas que atesoro y guardo con sumo cuidado y orgullo desde entonces. Diario: VISIÓN. Fecha: 26 de octubre de 1986, consigna con letras azules en un extremo izquierdo del recorte dicho fragmento. (Diantre, manía mía ésa, la de coleccionar retazos de papel añosos, es más estoy pensando hacer próximamente un álbum con estos, aunque para ello tenga que luchar con mi mujer que detesta todo lo viejo que hay en la casa, en fin).

Día 10 
PALABRAS 
“No imitéis al pavo real, mirándoos por todas partes para ver si estáis bien ataviado y si el traje y el calzado os caen bien. Pensad antes de hablar, no pronunciéis de manera imperfecta ni precipitéis demasiado las palabras, sino enunciadlas distinta y correctamente. No os comprometáis a hacer algo imposible de realizar; cuidad más bien de cumplir siempre vuestras promesas. No profiráis reproches contra nadie, ni maldiciones o denuestos. Que vuestro continente sea placentero, pero impregnado de cierta gravedad cuando se trate de asuntos serios. No os burléis ni hagáis mofa de asuntos importantes, no lancéis chistes hirientes y, cuando digáis algo ingenioso, absteneos de celebrarlo primero. Asociaos con personas de valer si estimáis vuestra reputación, porque es preferible estar solo que encontrarse en mala compañía” George WASHINGTON.

9.08 pm

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De: Los días van y vienen. Lima. 2015.
Víctor Abraham les saluda.

domingo, 12 de abril de 2015

Espectadores y productores


Imagen: Diario El Comercio. Edición web
"En su primer día, más de 200 mil personas fueron a ver la historia..", dicen los principales periódicos de Lima en su portada; bravo, bravo, aplausos, sin embargo pienso que "Asu Mare 2"- y ahora más que nunca por el grueso estadístico de espectadores, al que francamente no sé si dar validez o no, dado el aspecto nada serio de la prensa nacional que por dinero es capaz de prodigarse hasta lo más bajo, en fin-, sí, esta película peruana, no es sino el reflejo claro de esta sociedad mediocre de consumo en la que conviven por un lado, ese interés burdo de los grandes, quienes para someter a la población con pastillas de adormecimiento mental intentan de todo: basta ver esa exacerbada - y hasta patógena- necesidad de publicidad abyecta que imprimen a diario sus propios emporios comerciales. Ahora bien, por otro lado, al extremo de la cuerda, está la pobre idiosincracia, con lenguaje y todo, de la gran masa poblacional peruana que está dispuesta, en su mayoría, a reírse de sus propias barbaridades, y a verse retratados en modelos de criollada simplona, so pretexto de decir, "esta es nuestra realidad", "esto es lo que somos", o "quién no ha vivido esto".

Me llega a mi correo personal un boletín del diario Gestión, "Diario de economía y negocios del Perú", con fecha 11 de abril de 2015, una nota informativa que dice, textualmente,
"Miguel Valladares, gerente de Tondero Producciones declaró, para el diario Gestión, que el 70% del presupuesto que se necesitó para esta película fue cubierto en un 70% por los auspiciadores que invirtieron en ella. “Cada patrocinio fue de 150 mil dólares y los auspiciadores invirtieron entre 30 mil y 50 mil dólares. La participación de firmas sumó otros 500 mil dólares. Tondero invirtió unos 200 mil dólares”, explicó."
Esto no hace más, que confirmar mi expresión, "basta ver esa exacerbada - y hasta patógena- necesidad de publicidad (...)". Ahora bien, y sigue afirmando el diario en su edición web,
"La primera parte de ‘Asu Mare’ fue un éxito de taquilla y le permitió a la productora recaudar más de 10 millones de dólares, cifra que fue proporcionada por la agencia de noticias AFP. Además, se llegó a estimar que la historia del popular ‘Cachín’ fue vista por más de 3 millones de personas, con lo que se convirtió en la cinta más vista en la historia del Perú."
¿Auge cinematográfico?, ...o simplemente ignorancia poblacional


Imagen: Página de ATV. PE. Edición web
Bien, sucede que esta película nacional, como tantas otras tiene de hecho un guión, un plano de proyección, una historia que contar, esto no tiene nada de malo; ahora bien, que se sienta identificado un poblador del Perú o no, con sus personajes, ya es otra cosa. Lo que me preocupa es que precisamente esta identificación nos lleve a situarnos en estos pasajes algo pobres, mediocres y de baja autoestima.

Si bien es cierto, "Asu Mare 2", es la secuela de una primera película ya estrenada en el 2013, no rompe con los esquemas de la ignorancia, para darnos una historia de calidad; al contrario, usando ingeniosamente esa pobre idisincracia que rodea al ciudadano de a pie del Perú, hace que este quede ensimismado - condenándolo a la vez- a volver a su propio espejo, y esquema mental de deficiente raciocinio, mostrando así la figura de héroes provistos totalmente de  ingeniosas criolladas, canalladas y vivezas estúpidas y sarcásticas de bajo nivel cultural y educativo, todo ello acompañado por rezongadas frases de sumisión, pasajes llenos de lenguajes totalmente procaces y soeces, y hasta de ausencia del buen sentido común: Se muestra entonces- y se intenta hacer creer asimismo- que el peruano es eso, un modelo exacto del personaje de película.

Imagen: Diario El Comercio, edición web
Ahora bien, si todo esto, lo vemos desde el punto de vista de la idiosincracia peruana, es natural pensar - y hasta anteponerse- que este éxito no haga más que confirmar, eso que se dice, "al pueblo dale diversión y estupidez y verás como responde". Preocupante ello, porque en un país, cuya educación es pésima, y su consciencia crítica, deficiente. Es fácil que filmes, o recetas estrambóticas de jococidad y diversión se levanten haciendo creer a la ciudadanía que se trata de un éxito, cuando en realidad, - y la verdad es otra-, simplemente se trata de un ingenio de productores mercachifles que usando este lastre social de la incultura e ignorancia, dicen ,"aquí hay una mina de dinero", y bueno, ya lo demás es harto conocido: auspiciadores, medios de comunicación y hasta sectores de la sociedad civil contemplativos de su propia desidia. (Digo esto, y se me vienen entonces a la mente todos esos programas y series de televisión insana que cada noche ingresan a las casas, bajo el pretexto de divertir, en fin).

A veces pienso -para dar fin a esta breve nota-, que aún hay mucho por trabajar, respecto a la manera de pensar del ciudadano común, ya que es una preocupación sentir, cómo este está concibiendo su propia vida y la de sus generaciones, al extremo de decir, "es gracioso, se parece a mi madre", "me gusta reírme de eso porque lo mismo hacía yo hace tiempo", o "¿acaso no hablamos y nos comportamos así?".

Visto, y analizado esto, solo un pedido más, "Luchemos por un lenguaje culto, y un debate alturado y fundamentado de ideas".

Desde Lima del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

sábado, 4 de abril de 2015

Agentes de la esperanza


Comprometidos con el tiempo histórico

Cuando al autor de "El mago de Lublin", el escritor judío y ciudadano polaco Isaac Bashevis Singer, le tocó ofrecer su discurso de aceptación del Premio Nobel, la noche del 8 de diciembre de 1978: éste durante toda la conferencia apeló insistentemente a la posibilidad de que un escritor entendiera que su trabajo reflexivo debía alejarlo de la posibilidad de erigirlo como un mero autor de libros-como más tarde, lo afirmaría también Saramago-, para convertirlo en un verdadero artista del espíritu, "no solo un predicador de los ideales sociales o políticos, sino preocupado por los problemas de su generación, no ajeno al hecho de que la creencia en la revelación es más débil hoy que en cualquier otra época de la historia humana, ni tampoco indiferente respecto al hecho de que más y más niños crecen sin la fe en Dios, sin la necesidad de escudriñar en los secretos de la inmortalidad del alma su salvación, e incluso escépticos de la validez de la ética. No puede (un escritor) ignorar el hecho de que las familias están perdiendo su base espiritual, y que el individuo no solo ha perdido la fe en la Providencia, sino también en el hombre mismo, en sus instituciones, y a menudo en aquellos que están más cercanos a él".

Ahora bien, respecto a este tema, pienso que hoy en día fácil es ser un autor de libros, uno publica, vende y ya está, pero difícil es ser un pensador, un escritor comprometido, un ciudadano cabal del mundo porque esto va más allá. La cabalidad implica dos cosas, ser conscientes y firmes respecto a nuestros actos e ideas, e intentar - como reverso de la otra cara de la moneda- ayudar a ser conscientes y firmes los actos y creencias de los demás. Esto me hace pensar que el mundo no necesita intelectuales, sino pensadores y natos cuestionadores, no necesita de académicos que vivan de espaldas a la realidad, sino de hombres y mujeres de lucha y de acción, al margen de la formación indistinta que cada quien pueda cargar sobre los hombros de su propio sentido común; así es: el mundo necesita de librepensadores, de individuos conscientes de sus actos, de gente análitica, rebelde y dispuesta a romper con sus propios paradigmas y modelos educativos impuestos durante su niñez, pero también seres preocupados por alimentar su espíritu con lecturas adecuadas y provechosas que sirvan a su propio crecimiento. Del mismo modo, todo esto, me hace recordar, y parafrasear un apunte que Kafka, mucho antes de convertirse en el hombre que sería más adelante, y de redactar su "Metamorfosis", o "El Castillo", escribió tras su paso por la Freie Schule («Escuela Libre»), a otro, también joven como él, y amigo personal por esas épocas, Oskar Pollak, durante sus clases de internado, "La educación que recibí durante mi infancia pretendía hacer de mí un hombre diferente del que he acabado siendo".

Sartre, alentaba el compromiso y la responsabilidad individual porque el Ser desde su concepción estaba condenado a ser un hombre libre, y por tanto a jugar ese preciado rol de asumirse como un sujeto histórico de su propio tiempo; así nos dice que, "son las propias acciones diarias y concretas, llevadas a cabo durante la existencia, las que determinan el ser del individuo, ya que sencillamente no existe una esencia humana predeterminada, una esencia ya hecha y fija, a la que podríamos acomodarnos de pronto plácidamente", es decir, según el autor de "La náusea", una esencia humana se construye a partir de la noción de un sujeto histórico que termina dándole finalmente su propio sentido de existencia.


Es sabido asimismo que un intelectual del presente: muchas veces, en su mayoría, más pegado al academicismo o al snobismo en afán de un reconocimiento mediático o decorativo, se olvida de que detrás de la verborrea de sus propias palabras están las convicciones y las acciones concretas, que detrás de sus ideologías partidarias están los valores éticos- o lo que yo asumo y llamo, códigos de valor individual-, o que detrás de la búsqueda personal y de la conveniencia está el deseo de trascendencia colectiva y de servicio comunitario, en fin. Yo podría decir, "hagan esto o aquello", escribir sobre los actos morales, y sobre el valor de defender la libertad colectiva, e inclusive crear hermosos versos o nutridas novelas llenas de figuras retóricas e mágenes, todo bien hasta acá, pero si no soy capaz de participar de una marcha colectiva, de defender las causas justas y solidarizarme con quienes intentan desde sus bases sociales promover una cosncientización masiva, es decir, si yo no concibo esto de la consciencia como prioritaria en mi vida, o esto de la educación y la consciencia crítica como punto central de mi agenda de trabajo de escritura, todo queda en saco roto.

Por tanto, cada quien es libre de levantarse como héroe anónimo de su propio trabajo, el detalle está en ponerse a pensar qué veo a mi alrededor, que estoy viendo ahora mismo a mi alrededor, y por qué estoy viendo esto a mi alrededor. Conjeturar a partir de allí, y entonces decir, "de qué lado estoy yo". Luego, todos y todas tenemos limitaciones, y no solo ello, también miedos, temores, dudas, frustraciones, total somos seres humanos, quien niegue esta verdad simplemente está mintiendo, y sin embargo lo más hermoso está en poder jugar maravillosamente ese juego de desbordar aquéllo para demostrarnos a nosotros mismos que podemos ir más allá- y también mirar más allá- de nuestras propias convenciones, en fin.


Preocupados por la educación de nuestros pueblos y la consciencia de nuestra ciudadanía 

Un niño escucha, atiende; un adolescente repiensa y se reinventa todos los días, un adulto mayor entiende y comprende, pero un joven o un adulto, en muchos casos, cree saberlo todo en su ignorancia, cree ser el dueño de su propia vida, y de las demás vidas, cree ser el dueño de un mundo sin orientar su vida antes, por la meditación y la reflexión de sus actos, tiene miedo de perder su status, su remuneración, su condición de seudolibertad, su belleza corporal, en fin. Ahora bien, ¿qué puede perder un niño o un adolescente?, nada, salvo una reprimenda o un castigo sin recreo, ¿una expulsión de alguna formalidad celebratoria, tal vez?. Eso no importa para él porque es rebelde, porque la sensación de cuestionar lo deja satisfecho por el momento, por otro lado, ¿el anciano? tampoco nada, porque a estas alturas de su vida, ya lo ha perdido todo o lo ha ganado todo, pero un joven que se vuelve adulto tiene miedo de perder su confort, y lo que es peor tiene miedo a mostrar una propia ridiculez -que no existe-, salvo porque se lo hace sentir el "modus operandi" del grupo.


Yo creo fervientemente convencido que la esperanza está en los niños y adolescentes de nuestras sociedades, estos que aún están en las escuelas, porque sencillamente su corazón aún no está corrompido, su esquema mental aún es moldeable tanto como sus ganas de cambio, por otro lado pienso que son nuestros adultos mayores, nuestros ancianos, quiénes - producto de su experiencia- han alcanzado un entendimiento mayor de la existencia. Ahora bien, si los niños y adolescentes de nuestras escuelas son nuestra esperanza, estos últimos, nuestros mayores, son esa fuerza moral y espiritual que esta sociedad a gritos necesita. Respeto mucho a estos dos extremos de la vida, porque mi generación, la mía, ya no tiene arreglo.


La importancia de renovar nuestra propia fe

No es que Dios haya olvidado a los hombres y sus problemas, no, estos han olvidado a Dios por eso se vive como está viviendo. Luego, detesto tremendamente cuando un adulto le dice a un niño o a un adolescente, "¿por qué crees en Dios, acaso lo has visto, te ha hablado?, y luego echa a reír sarcásticamente. Francamente, que eso me lleva a una deducción lógica. " Pobreza emocional y espiritual del adulto, ignorancia y falsa sapiencia, en una expresión, degradación moral"


Yo pienso, y creo que Dios, es esperanza, vida y reflexión, pero sobre todo amor! Siempre he creído en un Dios cercano y amigo de los hombres y mujeres, cercano a sus dolores y a sus sufrimientos, por tanto no comparto esa visión errada de concebirlo como un Ser entregado a los frívolos altares, castigador y omnipresente. Respeto la decisión de cada quien, respecto al hecho de creer o no creer en lo que yo crea para mí mismo y para mi corazón. Sin embargo, pienso que es obligación, no moral, ni ciudadana, sino del alma creer en alguien o en algo que fructifique su existencia. Un individuo sin una creencia, sin una fe, sin una comunión con su propia vida es como un hombre echado a un naufragio interminente, un Robinson Crusoe, o un Odiseo, que tarde o temprano se dan cuenta que volver a la comunidad o al afecto del otro es necesario, es paz, pero sobre todo es justicia de bienestar individual. Personalmente, siempre diré que soy feliz, diciendo dos cosas, "que creo en Dios desde que era un niño, y que este sentimiento no ha cambiado en absoluto a pesar de los años, y segundo que me siento bien siendo rebelde de mi propio estatuto católico porque no puedo dejar de- no- cuestionarlo. Soy libre y punto, en todo caso, asumo las consecuencias de mis propias críticas.


En defensa de un diálogo alturado y de la independencia del pensar

Lo más importante es siempre llegar a buenos puertos usando para ello nuestras iniciativas de conscientización permanente, y nuestros diálogos alturados, no con lenguajes enrevesados, sino simples y sencillos. Nosotros estamos en esta vida para proponer, para enseñar, para impulsar los ánimos de la gente, para dar palabras de esperanza, pero sobre todo estamos para servir siempre, no con el fin de lograr algo personal, sino porque hay objetivos mayores, deberes más sagrados que cumplir, y uno de ellos, el más importante diría yo, es el compromiso con la educación de nuestros niños y niñas, y las idiosincrasias - a veces sin querer- distorsionadas de nuestros pueblos, en fin. A veces pienso que esto de la educación, es muy importante, tan importante como el desarrollo de la consciencia crítica y del sentido común. Tenemos que trabajar estos puntos, no desatender estos puntos; puesto que parece que nuestras sociedades hoy en día están embrutecidas por televisión, por licor, por poder, por sexo, por necesidad emocional o demasiada tenencia material, por ansiedad de poseer al cuerpo perfecto, o mostrar el cuerpo perfecto, en fin. Luego, la brutalidad surge cuando el individuo dejar de usar su razón, su independencia, sus buenas palabras, y hasta su libertad, porque inclusive llega al punto de carecer de libertad de libre albedrío, de elección, para pasar a tener una libertad de cautiverio consumista y sensacionalista, y todo esto se termina levantando finalmente - y casualmente -por la ausencia de lo ya expresado, ausencia de educación, de crítica y de sentido común.

Un partido, una organización política a veces no basta al trabajo de un escritor comprometido porque es sabido que en las estructuras partidarias siempre subsiste un egoísmo perpetuo, una necesidad de creer en alguien o en algo fidedignamente. Allí, se empieza a gestar la figura prominente de un iluminado que piensa por los demás- y- que-decide- por- los- demás-, y que a su vez empieza a orquestar un programa que rige e impera verticalmente. Esto, no ayuda a la tarea de un artesano de la palabra si quiere hacer un trabajo consciente, ahora bien, ser parte de una agrupación cultural, ser parte de un círculo de intelectuales, ser parte de un colectivo de agremiados, tampoco basta - ni ayuda mucho- porque se trata de la misma estructura con que las agrupaciones rigen sobre sus asociados, en fin. Yo pienso que cuando "se es parte de", solo se percibe lo que importa o sacia a quienes conforman esa gran masa activa del "ser parte de", porque sencillamente aquí no hay mayores objetivos, salvo el lucro personal, el confort individual o grupal, o las ganancias que se puedan obtener tras estas asociaciones. Un escritor debe ser un libre pensador, un pulsómetro de consciencias, un "no atado a nada", a nada que no sean convencionalismos exagerados. Éste necesita decir constantemente, quién es y qué hace, qué está haciendo por su sociedad, cómo la está encaminando; necesita asimismo hacer de sus acciones o participaciones públicas una suerte de vasos comunicantes que impliquen en la práctica real un estar aquí y un estar allá, un escribir para todos, y a la vez no escribir para nadie, un llegar en el momento preciso y con las palabras precisas y bien colocadas. En suma, un escritor tiene que ser un libertario, un rebelde inquisidor, un cuestionador nato, y hasta un buscador: un individuo que obedezca únicamente a su propia fe individual y a sus propias convicciones morales.


Manifiesto de la esperanza

Estamos para aportar en este mundo, y para seguir instaurando esperanza en los corazones. La mediocridad del vivir diario no pueden terminar sumiéndonos en el hoyo de la frustración personal ante la necesidad de seguir lactando cosas innecesarias. Lo colectivo y el amor al prójimo está ante todo. Sartre comprendió tarde ello, ya que su concepto de libertad falló cuando dejó de ser percibido como una necesidad colectiva mayor para pasar a ser una necesidad fisiológica de individualidad. Si damos prioridad a lo individual, perdemos porque la libertad, sino está unida a esta, entre comillas y tantas veces desdeñada, fe burgués de solidaridad cristiana desdeñada por algunos filósofos y estudiosos del pensamiento, se convierte libertinaje, en muerte social, en destrucción, y ello caotiza y anarquiza a las sociedades empobreciéndolas en su propia angustia personal. Simone de Beauvoiry, lo pudo entender a tiempo, he allí "El segundo sexo", Sartre demoró. Entendamos una cosa, la libertad individual no existe en sí misma, sino está regida por la preocupación por los demás. Es más importante la libertad colectiva. Vallejo supo muy bien esto, he allí, "masa". Un punto y aparte, merece el ruso Aleksandr Solzhenitsyn, el ideólogo que una vez diría en 1971 que solo la belleza de los actos sería capaz de salvar al mundo algún día. Personalmente pienso, que si no se vive para servir, en balde se existe, y sin embargo, allí estamos cada uno de nosotros, parados cada día, de pie ante nuestra propia existencia tratando de demostrarnos que podemos ser diferentes, pero sobre todo mejores personas.

Siempre hay puentes y caminos paralelos que podemos sobrellevar juntos al margen de las diferencias individuales que cada quien trace como ejes permanentes e inmanentes a su vida. Luego, uno no es bueno porque ayuda a otro, o porque ha demostrado dar caridad al otro, no, uno no es bueno por eso, sino porque entiende, luego de un largo proceso de análisis personal, que dentro de sí mismo obra una enorme capacidad de dar, tal vez una capacidad que ni el mismo sea consciente de esta, y que al ser revelada, entonces recibe el nombre de desprendimiento; en suma, esto, esto del desprenderse es lo que hace bueno al ser humano indistintamente de su género. Es por eso que cuando yo afirmo creer convencido en la bondad regenerativa de los individuos, es por esto, porque sé que muchas veces no se es consciente del todo del enorme potencial que tenemos por una sencilla razón, nuestra sensación frívola y vacía de superioridad. Mientras más superiores nos sentimos, más frustrados -respecto a todo eso que se llama bien-, nos sentimos, en fin. Tal vez sea por ello que los niños son más felices porque su corazón no ha sido corrompido: su cólera y su llanto dependen más del momento que del eterno,


Nuestros desprendimientos

Ahora bien, de que sea un artesano de la palabra escrita, es probable que alguien diga eso, tal vez por los trabajos que me he pasado escribiendo y publicando durante estos últimos diez años de mi vida, los libros que han aparecido de pronto, pero eso no me encasilla en ser alguien diferente de lo que soy en realidad, un maestro de escuela, porque esto, esto del ejercicio del escribir permanente es para mí una labor más que hago con dedicación esperanzadora y alegría, es como una suerte de militancia personal, de compromiso perpetuo, mas la otra parte de mi vida está en las aulas, en los patios, en los auditorios escolares. Luego, me enorgullece cuando un niño o joven adolescente viene a mí, y me dice, "Profesor"

Para terminar estos apuntes, pienso que si nos decidimos y optamos por convertirnos desde hoy mismo en sujetos históricos de nuestro propio tiempo, entonces seremos parte de una generación que supo decir, "basta ya", a tanta mediocridad enlodada hasta sus codos por nimiedades, y superficialidades. Nuestros hijos, y las generaciones de estos contarán nuestros desprendimientos y de cómo un día decidimos empezar a creer de nuevo en nuestra propia esperanza. Por eso, ciudadanos del mundo, esto recién empieza, tenemos que ir hacia adelante: la indiferencia y el pasivismo ajeno es lo que menos debe importar ahora por eso, sigamos escribiendo, leyendo, interpretando, enseñando, rebelándonos y actuando con firmeza e intentos de coherencia personal.


Desde Lima del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

domingo, 29 de marzo de 2015

Dinero

El dinero es importante, nadie puede cuestionar eso: quien diga, yo no necesito dinero miente. Sin embargo hay otra dimensión mayor entre la relación: individuo -cosificación de las cosas. Yo podría decir por ejemplo, que no me importa el dinero, y eso podría ser cierto, no porque no lo necesite, sino porque este no podría determinarme a mí ni a mis actos o desiciones que pudiera tomar para decir o expresar lo que pueda estar pensando.

A propósito de esto, Oscar​, un buen amigo mío, me dijo una vez cuando fuimos a cenar, "Víctor, es probable que antes a los escritores se les persiguiera y condenara por sus actos y sus palabras, se les reprimiera, empero parece que hoy se les compra, todo funciona con dinero, si de pronto se quiere que alguien importante deje de hablar, o de opinar abiertamente sobre un tema con una posición alturada, simplemente se le ofrece el premio, la dotación económica, o el reconocimiento". Uhm, recuerdo estas palabras, las recuerdo muy bien, y pienso, pienso en esto muy bien, e infiero que esta aproximación que hace Oscar es interesante, es más agregaría que "si se quiere crear un prototipo de hombre o de mujer acorde a las necesidades del consumo, un seudohéroe o líder de opinión, los grandotes dicen, ponle prensa, notas informativas, mételo a la televisión, contáctalo con la editora x o z, córrele ese libro, ubícalo en el puesto y o z, el que te pida, no importa yo pago, yo lo respaldo, es mi muchacho o muchacha, y así empieza a operar toda una maquinaria humana de inconsciencia, ni qué hablar de los políticos, de los abogados, de los médicos, de los controladores, y de todas esas formalidades del sistema burocrático".

Luego, sin apartarme de la premisa inicial del dinero, creo que lo justo es que cada quien obtenga sus réditos de la forma cómo mejor le venga en gana o lo planifique, no hay reglas ni moralismos para este tema, siempre claro está en que esto de la adquisición sea de la manera más digna, y sin caer en estafas o degradaciones personales por supuesto. Ahora, no veo problema en que alguien tenga o no dinero en sus bolsillos o en sus cuentas, eso no me preocupa ni me interesa, ya dije esto de percibir dinero por un trabajo, sea cual sea la forma, es sinónimo de justicia; mi preocupación va por otro lado: está en el hecho de que el individuo pueda caer tarde o temprano, por un poco de esto (dinero)-sino está cimentada su consciencia en esa escala de valores-, en el servilismo, la baja autoestima, o el rechazo de sus propios ideales. Esto sí que sería mortalmente grave. Por lo que a mí respecta, sé arreglármelas para sobrellevar, dentro de esta existencia mía, esta compleja relación: dinero- necesidad; dinero-uso. La pregunta sería, ¿cómo seguir haciendo sostenible esta relación?

Desde Lima, ciudad capital del Perú
Víctor Abraham les saluda 

lunes, 16 de marzo de 2015

Día 12, de Los días van y vienen

María cambió hoy de lugar vitrinas y muebles, decía que toda la casa era un desorden. Toda la tarde se convirtió en una hacendosa hormiga. Ella, ella siempre es muy ordenada en sus cosas, lo ha sido desde siempre: muy metódica y sistemática. Desde que nos conocimos a inicios de los ochenta, siempre me pareció una mujer muy cautelosa y muy trabajadora. Continuamente me hacía ver mis propios desórdenes y desbarajustes. “Cosas tiradas por allá, cosas dejadas a medio hacer, y algunas otras dejadas por acá”, decía a menudo.


A María la conocí una tarde de octubre, un primero para ser exacto. Yo tenía 43 años: estaba aún soltero. Una desilusión de mi juventud me había atado a mi propia noria solitaria por mucho tiempo, una decepción grande, y es que sucede que durante mi estadía en Lima, en la que viví por casi dos años conocí a una joven que marcó prácticamente toda mi vida: se llamaba Carola, secretaria, de 22 años, alta, de tez blanca, y de buen vestir y sutil comportamiento. Nos conocimos en una empresa de registro contable. Siempre me pareció muy agraciada. “Vicente, algún día te quedarás a vivir acá, compraremos una casa aquí en Jesús María, y tendremos una niña hermosa, se llamará Lucía, por tu madre, y Esmeralda, por la mía, así es, Lucía Esmeralda, la llamaremos”. Por supuesto que nada de esto llegó a concretarse, fueron dos años, dos inolvidables años, que no sirvieron para nada, salvo para quedar fijada su imagen en mí y en mi desilusión permanente. Acompañado de mi madre fui a pedir la mano de Carola, quería hacerlo, quería hacer las cosas bien, por lo legal, hacer una pedida formal y oficial, sin embargo el padre de esta, no tuvo mejor idea que echarnos de su casa y decirnos, “Vagabundos, no vuelvan más por acá, Carola fue educada para vivir de otra manera, no soy abogado por las puras, y sé muy bien qué conviene a mi hija y qué no: ella se merece todo, todo menos la compañía de unos muertos de hambre como ustedes”. No volvimos a verla nunca más, no volvió al trabajo, rondé su domicilio durante muchas semanas -meses diría yo-.


Casi al finalizar el año, la Sra. Agnes, una anciana que tenía una bodega aledaña a la casa de Carola, me dijo un día “Ella, ya no vive acá, su padre la envió a Piura, a la casa de unos tíos lejanos, y por lo que sé, pronto se irán del todo. Ese hombre es muy ignorante, dice ser abogado pero siempre está ganándose pleitos con la gente, no sé si sea bueno en su profesión, pero de algo sí estoy seguro, que es muy malo como persona, su mujer me contó todo, créame cuánto lo siento, siempre me percaté que ustedes eran pareja, me dio pena el día que supe que su padre le impidió casarse con usted, ella me contó todo llorando, ya le dije, me dio pena por esa niña, que salió más a su madre que a este mal hombre, ella es un ángel del Señor, lo sé, lo sé muy, quién más que yo para saberlo, la conocí desde pequeña, la quería mucho también. Supe que él, su padre, fue destacado a la Corte Superior de Justicia de allá. Pidió su cambio. Mire joven, yo sé muy bien como son estas cuestiones del corazón. Usted va a encontrar a otra mujer que lo va a querer, no sé si más o menos que esa niña, pero de que va a ser una buena compañía, no lo dude. Llegará en su momento. A veces Dios sabe por qué hace las cosas. Mire, en estos asuntos del amor, lo impredecible siempre está latente. Uno puede amar mucho a otro ser, y este corresponderle, pero entonces aparece la propia familia, las amistades mismas, e inclusive las propias inseguridades y miedos del propio individuo que dice amarnos, y todo eso termina haciendo que lo hecho a veces se convierta en nada. En el amor, nada está definido porque sencillamente esto que yo llamo, consentimiento de felicidad mutua implica un trabajo diario, un querer diario, un querer con el corazón diario, un ceder para ganar, un dar para recibir, un sonreír para evitar un llanto seguro, o por qué no, un llorar para enternecer al otro.

A veces, las personas dicen amar a su pareja, dicen querer mucho, certifican con esas palabras, “te amo” que efectivamente aman al otro ser, luego, se abrazan, se besan, hacen el amor, y sin embargo pasado el tiempo sus actos parecen que ya no van evidenciando ello, luego uno vuelve a preguntar, “¿me amas?”, y recibe como respuesta, “Sí, claro, tú sabes que te amo”, pero los actos ya no van siendo los mismos, entonces uno piensa y dice, “es la rutina, es la apatía”, llega la desesperanza, la irritación, la frustración, y entonces un día, ¡zas!, se acabó. El problema entonces no está en eso, no está en que ya no nos dicen “te amo”, o nos regalan flores y chocolates, o nos invitan a pasear o bailar. Sucede que todo se estabiliza, y entonces sale a relucir la personalidad del otro, otro acostumbrado a amar a su propia manera, pero a amar de todos modos. Entonces, de pronto uno dice, “pero cómo es que ya no sale conmigo, ya no me regala flores ni me abraza ni me dice, “mi cielo”, si yo le sigo dando lo mejor de mí, le sigo preparando la comida, le sigo ayudando y diciendo cosas agradables”. No, así no funciona el amor, o al menos esta etapa: aquí, el impulso genésico ha cedido paso a una forma que sobrepasa el cariño, una etapa llamada altruismo, una etapa donde entonces cobra juego y vida, esa otra necesidad, la de entender y comprender, la de velar y seguir ayudando al otro. No es que la persona haya dejado de amar, es solo que entonces ha vuelto a su personalidad inicial, a su forma particular de amar, de sentir y de querer, y eso, créame, eso es lo más duro a veces de asimilar.

Joven, cada quién ama de la manera como concibe este acto, cada quien ama a su manera, de acuerdo a las idiosincrasias y herencias culturales con las que fue educado, ya que la personalidad es única, y el carácter también, por lo tanto he allí el deber conyugal, seguir dando lo mejor, y seguir enseñando a amar, seguir ayudándole a concebir este sentimiento hermoso que cubre el corazón de los seres humanos, enseñarle a amar. Por ejemplo, mi madre, que en paz descanse, nunca nos dijo , “Hijos los amo”, pero nosotros lo sentíamos, de ese mismo modo como tampoco jamás la vi abrazarse con mi padre, pero sabía que probablemente en su intimidad eran felices, a su modo claro está, es más yo creo que ellos fueron felices a su modo, puesto que el arreglo que hicieron al conocerse los llevó a cimentar su propio compromiso marital que se mantuvo por casi treinta años hasta que mi padre murió, y entonces ella jamás se volvió a casar. A veces, decía con cierta pena, “Tu padre me decía esto, o solía hacer aquello”. Yo creo que mi madre siempre lo quiso a él a su manera, y que fue mi padre, el que le tocó el trabajo de entenderla y ayudarla, en fin.
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Fragmento de: "Los días van y vienen", Lima, Perú. 2015
Víctor Abraham 

sábado, 14 de marzo de 2015

Televisión vs. Población

El atraso en la educación responde a una estrategia de la clase dirigente del país que desea la ignorancia para el pueblo y de esta manera poder tenernos sometidos y distraídos en banalidades. Por eso es que la gente consume tanto la televisión basura en los medios, les dan aquello a lo que ya se han acostumbrado. Lo peor es que algunos no se dan cuenta de la realidad y otros no desean salir de la oscuridad en la que se encuentran. 

Oscar Rojas Montoya, poeta peruano.

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Yo pienso que se ha declarado una guerra moral en el Perú, con la que me siento orgulloso - y honrado- de poder colaborar. Coincido mucho con las afirmaciones de Oscar, poeta y amigo personal, ello me hace mucho recordar a las tantas afirmaciones de Saramago, y que por cierto el español Fernando Gómez Aguilera reunió en un libro bajo el título, "Saramago en sus palabras"; bueno pues, precisamente allí el autor de "Ensayo sobre la ceguera", afirma respecto al compromiso y ciudadanía que, "son las personas las llamadas a ejercer un papel comprometido, y es responsabilidad aún mayor de los escritores e intelectuales contribuir a ello, ya que últimamente más parecen meros autores de libros que formadores y agitadores de consciencia ciudadana", así, luego afirma que " tenemos dos opciones totalmente respetables y aceptadas, o nos quedamos con los brazos cruzados sin hacer nada aduciendo nuestras nimiedades, o intentamos por lo menos hacer algo".

Muchas veces, se le dice a la gente, "tú no lees, eres ignorante; tú no haces esto ni aquello, eres conformista; tú no haces nada, eres ocioso", pero sin embargo no se les enseña cómo leer, o qué leer, cómo hacer esto o aquello, o simplemente porqué no hacerlo, o cómo hacer algo provechoso. La responsabilidad parte primero por los mayores, luego no puedo decir a un niño o adolescente, "mira, eres un malcriado", si yo me expreso con lenguajes soeces cuando estoy con amigos. O, "ama a tu patria", si yo no soy capaz de asumir actitudes ciudadanas, luego cómo podría decir, "respeta a tu madre, si yo no soy agradecido con la mía", en fin tantos casos que podríamos citar ahora, pero lo que me mueve a escribir esta nota es el hecho mismo de que hay momentos en la vida individual, que tenemos que empezar a discernir, y tomar elecciones, es más, ser proclives al intento de compartirlas, y levantarlas como banderas de nuestros actos. Pienso, que quien da y comparte, es más feliz, y dar no solo, en materia objetiva, sino en tiempo, dedicación y fortaleza.

Ahora bien, retomando el tema que me conllevó a escribir esta nota, es que me parece que sí, hay una contienda muy fuerte acá, que parte desde Lima, y se extiende a todo el corazón de la patria, a todos y en todos los rincones de este país, la misma que empezó un 27 de febrero en el Campo de Marte, tarde en el que la gente decidió decir por fin, "NO a tanta estupidez mental", y es que la gente que quiere un cambio, y que es capaz de cantar el Himno Nacional en las calles, y marchar desinteresadamente, siempre es más.

Es hermoso escuchar, "Somos libres, seámoslo siempre...", afuera del congreso de la República, como se hizo ayer. Estoy seguro -y seguirá mi posición firme respecto a ello-, al pensar que esta sociedad tiene que cambiar, sino en su estructura, al menos en su pensamiento respecto a la recepción de lo que puede llegarle a su percepción acerca de cómo concibe las cosas. Vendrá una marcha más, tal vez otra más, y las veces que sean necesarias para entonar otra vez este hermoso Himno en las calles, porque decir, BASTA YA!!!, es un ejercicio de civismo moral ciudadano, puesto que el pasivismo, la indiferencia, y la brutalidad del poder televisivo consumista no podrán, no deberán nunca calar en el corazón de los hombres y mujeres de este país que sí queremos un futuro mejor para nuestras próximas generaciones. 

Saludos fraternales, y mis felicitaciones a quienes siguen de pie en esta lucha, y a quiénes se han ido sumando en el camino. Gracias Ángel Valeriano, gracias Oscar Rojas, poetas.

Es necesario seguir insistiendo, ya que no podemos dejar que la televisión siga cosntituyéndose en ese cáncer mental que destruye la consciencia de nuestra ciudadanía. Víctor Abraham
Los abrazo con mi esperanza y amistad sincera.
Desde Lima,Víctor Abraham les saluda.

martes, 10 de marzo de 2015

De la vida

DECÁLOGO

1. Amar a Dios, ese Dios cercano a los hombres, porque es un principio moral.

2. Amar a la Patria y respetar sus símbolos porque es deber ciudadano hacerlo.

3. Ser responsable en el cumplimiento de los deberes porque es sinónimo de respeto a los demás.

4. Ser sencillo y veraz en las palabras y actos, honrado en todas partes. Las personas merecen de nosotros ello.

5. Cultivar la puntualidad permanente, hay que ser conscientes de los demás.

6. Ser limpio y ordenado, así construiremos armónicamente nuestra vida.

7. Cumplir con amor los trabajos y compromisos, ya que son oportunidades vitales que los otros nos confían..

8. Practicar permanentemente los buenos hábitos porque estos dicen mucho de nosotros.

9. Reconocer y respetar el derecho de los demás porque somos seres individuales, comprender antes de juzgar, y enseñar antes de minorizar.

10. Guiar la vida personal de acuerdo a las normas de la convivencia, así viviremos más felices y alegres.


En: Los Latidos secretos del corazón. Lima, 2015 de
Víctor Abraham 

domingo, 8 de marzo de 2015

Mujeres

Mujeres:

Siempren busquen un hombre, un hombre que cuando tenga que tomar una de estas dos opciones respecto a ustedes, esa misma de hacerlas quedar en su corazón y en su recuerdo temporal, o en su vida -esto es, para siempre-, opte por la mejor opción que al final dignifique sus corazones. Sé, sé que no es fácil para un hombre tomar la elección correcta, y sin embargo es necesario que ustedes ayuden a ello, ayuden mucho a ello, con su sencillez y su nobleza, pero también con su lucha y firmeza. Sean fieles, abnegadas, detallistas, amen a sus parejas, pero sobre todo ámense a ustedes mismas. Hagan de sus lazos conyugales, lazos indestructibles y verdaderos, lazos francos y desinteresados, no permitan que el consumismo, el sin sentido y la banalidad de lo superfluo tome su corazón. Recuerden que al lado, al costado de un gran hombre, de un gran hijo, de un gran esposo, de un gran hermano siempre habrá una gran mujer, una enorme y hermosa mujer. Luego, un Lev Tolstói, jamás habría sido lo que fue sin una Sofía Behrs, ni un César Vallejo sin una Georgette Philippart, menos aún un José Saramago sin una Pilar del Río, o un Samuel Beckett sin una Suzanne Dechevaux-Dumesnil, en fin.

Feliz día mujeres de este país, de nuestra hermosa Hispanoámerica, y del mundo. 
Feliz 8 de marzo!

Desde Lima, ciudad capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

sábado, 7 de marzo de 2015

Martes 8 de julio, de "Los días van y vienen"

Mis dolores se están empezando a agudizar. El doctor de la posta médica, a la que fui por la mañana, me ha recomendado que después de unas horas de trabajo o de ejercicio siempre descanse con los pies levantados: me ha dicho que no permanezca muchas horas seguidas de pie para que así mis várices que sufro en ambas piernas no avancen. Me ha dado una receta con variados tipos de alimentación, desde extractos raros, carne especial, legumbres seleccionadas hasta pastillas y cápsulas coloridas. (Estos médicos y sus recetas, que no coma aquello, que coma esto, como si uno tuviera plata suficiente para comprarse todo lo que a uno le piden en las consultas).

Reclamé a María, un día de descanso dentro de la semana. Entiendo, que la necesidad de conseguir dinero sea grande, pero creo que es necesario a veces una tregua. Ella es muy trabajadora, de eso no hay duda; es más, el día que me casé con ella, apenas si disfrutamos nuestra luna de miel. Viajamos por la mañana a Chiclayo, estuvimos por la tarde en Pimentel, y salimos por la noche otra vez de regreso para llegar luego a trabajar. Eran tiempos jóvenes ahora que lo recuerdo, en fin. Discutimos, sin llegar a circunstancias mayores claro está, pero es que yo ayudo todos los días desde las cinco de la mañana hasta las ocho-o tal vez un poco más, nueve de la noche, creo-. A esa hora termino cansado para caer en mi cama como una piedra. Mi cuarto está abandonado, no tengo tiempo para lavar mi ropa, o bañarme, o atender mis cosas personales. María sin embargo, parece que a veces no me entendiera. Me reclama constantemente, sin validación de juicio, mi condición de desempleado, pero es que a mi edad es difícil encontrar trabajo, y el último que tuve fue un fiasco. 

El Sr. Tánatos me hacía trabajar más de la cuenta, llegada la quincena me daba la mitad de lo acordado, y me sugería seguir adelante. Por supuesto que a fin de mes me pagaba, pero no era lo esperado, siempre había una excusa, o se perdió una toalla, o faltaba dinero, o no cobré una habitación, o simplemente se malogró una cañería -y también era mi culpa-. Todo era mi culpa. Diez, a veces veinte, y hasta a veces cincuenta soles, eran los descuentos, una vez inclusive me llegó a descontar cien soles porque dijo que había recibido un billete falso, algo absurdo, pero bueno, como no me gustaba liarme con mi jefe sólo lo escuchaba, y aceptaba el resto del dinero. Así trabajé en su hotel diez años (años que aguantaba debido a mi edad, una edad avanzada y achacosa para los demás, aunque mis ideas y ganas de promover iniciativas estaban intactas, pero bueno, todo esto solo quedaba allí: en mí mismo, porque en la realidad, apenas eran consideradas mis opiniones, en fin). Un día llegado el 24 de diciembre, se le ocurrió botarme a la calle sin seguro ni nada por el estilo, diciendo borracho - porque en estado etílico había llegado -, que se había aburrido de mirarme todos los días el bigote, y los pantalones oscuros, sí, dijo haberse aburrido de mis supuestas prédicas morales a mis demás compañeros de trabajo, (pero es que él no puede entender que a los jóvenes hay que orientarlos, y mucho) “Vaya usted a evangelizar a su casa”, gritó estentóreamente delante de dos clientes, que intentaron hacerle entrar en razón, clientes en realidad del hotel, ambos, comerciantes de frazadas de Juliaca, cuya visita por estas fechas era fija. “Usted merece algo mejor”, sólo escuché decir en uno de ellos al salir. ¡Pobre hombre!”, repetía el otro constantemente. Esa fue la última vez que vi al Sr Tánatos, no volví a saber nada de él, porque al cabo de un año - con tal de no pagarme lo que me debía- había transferido todo el edificio a nombre de su hija, quien se desentendió de mí para siempre. (Paciencia por Dios, ya saldrá mi jubilación)



María, señaló finalmente pues, el día miércoles de cada semana como día de descanso.


Hoy no tuve ganas de escribir en el cuaderno, absolutamente nada. Quise meditar en mi cama pensando en María por primera vez (y es que, caray, tiempo que ya no le dedico un espacio de mi vida a ella, al menos en mi pensamiento). Fue así como llegué a una sola conclusión,

“María no es mala, sino muy exigente: es una gran mujer después de todo. Siempre me ha cuidado. Tuve la dicha de conocerla hace ya casi treinta años, y ese día, el día que la conocí supe que sería mi mujer, y yo su marido para toda la vida. Así fue como le propuse matrimonio un día, al poco tiempo de conocerla, y ella aceptó. Los rechazos por parte de su familia vivieron luego, decían que era muy viejo para ella, o que no tenía el mismo nivel social y económico. María era joven y yo ya era maduro para ese entonces, pero eso no nos importó, al menos a mí no me importó porque la quería, la quería mucho, y la amaba, la amaba tanto como hasta ahora. ¡Por Dios, son veintinueve años!, nada es perfecto lo sé, pero allí estamos y seguimos juntos. Una vez un amigo me dijo, “Con María debe sucederte algo así como a mí con Cristina. Tú tienes dos opciones, siempre tendrás dos opciones. Cuando conocemos a una mujer, y decidimos de pronto invitarla a quedarse con nosotros, o bien obramos emocionalmente- y encauzamos nuestras acciones y afectos- para que se quede para siempre en nuestro corazón, o bien, para que esta se quede para siempre en nuestra vida. Por lo menos a mí”, dijo, “opté porque Cristina se quede aquí en mi vida, no en mi corazón. Tengo treinta y cinco años de casado”.

Uhm, “…no en mi corazón, sino en mi vida”, volví a parafrasear para mis adentros. Era indudable, el día que la conocí, que conocí a María, supe que sería mi esposa para siempre. No dudo que ha sido difícil el camino del matrimonio, pero allí estamos, luchando, cayendo y levantando. Ella y yo somos uno solo, o como diría Neruda en uno de sus tantos escritos, “creo que fue la misma tierra, la que nos reunió”.

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Fragmento extraído de "Los días van y vienen". Lima, 2015
Por Víctor Abraham

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