jueves, 29 de noviembre de 2012

Detalles del conocimiento.


Seguir, insistir, persistir, volver a tocar puertas, intentar, reír, reír mucho, y tal vez haya quien no comprenda el motivo de esta risa, pero no importa eso - he dicho-, no importa eso, justo ahora cuando más te intentas aproximar a tu risa sincera, sí, sí, a esa misma que te hace tan feliz, en fin. Eso, sí, eso es lo que importa ahora.

Avanzar en el mejor de los casos. No retroceder jamás. Mirar, mirar futuros con la fe, con la fe de creer en las personas y en su bondad, porque las tienen, todas tienen bondad, el problema es que no intentamos ver ni siquiera el mínimo de bondad en ellas, o mejor dicho no queremos reconocerla, estoy seguro que en toda criatura hay mucho de esto, mucho de criaturas buenas. Las personas son buenas. ¿Tanto nos cuesta entender? Espero que a ti, no tanto. 

Avanzar, escuchar, entender, ayudar, querer, proyectar, no importa si sean pequeñas o grandes las cosas o los motivos a proyectar, no, no debe importar el tamaño de la magnitud de ello ahora, debe importar solo el deseo de proyectar, proyectar mucho muchísimo, harto, bastante, demasiado, inconmensurablemente enorme; luego existencialmente ser feliz, vivir feliz, enteramente feliz, ¿me has entendido?, ¿estás tratando de hacerlo ahora mismo, verdad? Lo demás, es lo de menos, ¿y lo que hablamos siempre, me preguntas?, claro, claro que también está eso del optimismo: todo positivo, siempre positivo. Estamos avanzando, recuérdalo siempre. 

No sólo paciencia, sino exclusiva dedicación se necesita ahora. (Urge esa dedicación exclusiva). Trabajar en silencio, proyectarse en silencio, trabajar arduo, y crear, por ahora sólo eso: vivir existencialmente, vivir mucho existencialmente, recoger experiencias, conocer personas, aprender de los viejos maestros, leerlos, leer sus pensamientos, y entregarse al oficio de crear. Tiempo al tiempo.

Lo más importante es aprender cosas nuevas que nos ayuden a crecer y a desarrollarnos, hoy podemos estar en una posición, y mañana en otra, tal vez impensada. De la misma manera pienso que tenemos todos muchas cualidades y capacidades y solo falta darnos cuenta para explotarlas o bien que alguien nos haga saberlas, y si pensar esto es correcto entonces debo admitir que tú tienes muchas capacidades, habilidades, actitudes, ¡qué sé yo!, tan igual o tal vez tanto más que yo mismo.

Te escribo todo esto porque estamos aprendiendo cada día al rodearnos de múltiples personas a las que tal vez solo vemos, sin conocerlas, y sin embargo aprendemos de ellas, personas que aparecen en el trabajo que uno frecuenta, en las calles por donde uno pasa, y hasta en los vehículos en que uno viaja, y eso es lo que realmente cuenta al final, observarlos, observar sus procederes y aprender de ellas, aprender mucho de ellas, eso sí lo bueno, siempre debemos rescatar y aprender lo bueno, esa consigna debe ser lo más importante al final, ¿no crees?

Me has preguntado tanto, del porqué de estas manías mías raras de salir a caminar por las noches, de esas muecas raras y exabruptos en mis actos, de esas sonrisas algo esporádicas y melancólicas que van y vienen en mis estados de ánimo cambiantes, me has preguntado porqué decidí hablarte la primera vez sin conocerte o porqué intenté acercarme a ti - cuando no, me has inventado propósitos siniestros tras mis buenas intenciones, sin embargo te entiendo-. Me has preguntado porque quise encontrarte, o porque quise ser tu amigo, porque llevo ese nombre raro que nada tiene que ver conmigo, me has preguntado en fin cosas y situaciones. Me has preguntado si soy yo el que vivo en mí mismo, o son mis personajes frustrados los que viven en mí. La verdad es que cierto o no la validez de tus conjeturas sobre mi persona, agradezco tu intento por tratar de acercarte no físicamente a mí, sino a mis pensamientos, a mi mente, a mis palabras. Creo que me conoces más por mis pensamientos, y por mis cientos de personajes que intento dar vida en mis trabajos e inclusive por los que pueda dar vida más adelante. Para un escritor basar toda historia en acontecimientos reales, tal vez no sea tan cuerdo después de todo; sin embargo es imperioso a la hora de dar forma a las múltiples sensibilidades. 

La ficción es el complemento que viste al fondo, al corazón, a la razón, a la experiencia vital. Ser uno mismo personaje de sus mismas historias y pensamientos, es todo un reto, no porque sea difícil o imposible, no, no por eso, sino porque el interpretador puede correr el riesgo de quedar atrapado dentro de su misma ficción. Sin embargo, es preciso si queremos dar humanidad al escrito. He allí la diferencia. 

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Ella

Ella es capaz de mostrar valentía más allá de su cuerpo diminuto de rosa tímida. Tal vez es por eso que ella sea la única mujer que alguna vez haya sentido el corazón de un poeta vivo. Se acompaña de muchas personas mientras está en la escuela. Es probable que todos la quieran. Le gusta llevar el cabello suelto, alguna que otra vez lleva una chompa carmesí o un abrigo ligero mostaza. Su indumentaria marca siempre su apariencia reservada, sí, esa apariencia sencilla de la que él se ha enamorado. Ella desea ser siempre útil a los demás, aunque éstos - los demás- muy poco se percaten de ello, o se lo agradezcan. (Este gesto de desprendimiento hace que él se sienta orgulloso de ella). Cada vez que se pone nerviosa frunce el ceño, ese ceño que le da un aire de preocupación, y suele llevarse la mano a uno de los lóbulos laterales del rostro, y cuando está incómoda prefiere  el silencio, aunque el color de sus orejas cambie de color a un tono rojizo no acostumbrado.

Ella vive en la periferia  del lugar donde vive él, pero esto no es impedimento para que él pueda dejarla allá al término de una cita, porque él -claro está - es un caballero. Él la deja en una esquina desde donde la observa hasta que ella se pierde ante sus ojos como bruma que se difumina no sin antes haberse demostrado ambos afecto en un abrazo y un beso. Luego, un carro pone punto final a ese lugar tranquilo, que a él le cuesta dejar, porque no sabe exactamente cuando regresará. Ella fue encontrada por él en un escenario que casi él no suele frecuentar, dada su extraña condición de sentirse un foráneo siempre a todo sitio que va.

Ella es muy activa y le gusta ayudar. Camina ligeramente. Es romántica, pero sobre todo noble, muy noble, alguien que busca la seguridad más que la libertad, y sin embargo allí está ella con él y él con ella. Le gusta construir su propia seguridad usando para ello el trabajo y la dedicación, muchos dirían que es perfeccionista, sin embargo él piensa que no, que tiene un gran poder de autorealización y empeño. Siempre está dispuesta a escuchar. Cuando se encontraron ella y él quedaron atrapados en una situación algo confusa, sin embargo son los aciertos y la necesidad de sentir alegrías mutuas el uno por el otro, las motivaciones que los han ido uniendo, a pesar de todo lo demás, que nada tiene que ver acá.

A ella le gusta leer y escribir, aunque más prefiere que le lean y le escriban. Le gusta escribir notas cortas. Es muy lógica y aguda para pensar. Ella suele vacilar un poco cuando debe defender algo. Espera, cree que es mejor esperar. Él trata de entenderla, trata de entenderla, pero a veces no lo consigue, pero estas cosas del amor son así. Es más éstas cosas - a veces ilógicas son las que él llama: conocimiento del amor-. Pero es ella y su diminuto tamaño lo que quiere él. Él también la quiere. A ella le gusta cada desafío y se ha enfrentado a muchas situaciones difíciles de las cuales en algunas salió ilesa y en otras no, sobre todo en las llamadas confusiones del amor. Él es un observador; ella, una cuestinadora.

Ella no se propuso encontrarlo a él, quien sabe él a ella sí, o tal vez no. Eso es cosa de esa especie de suerte invisible que los demás llaman destino, sin embargo ellos saben que los ha unido un sentimiento repentino, de suerte o no, tal vez sea de propósito para hacer grandes cosas juntos. Desde entonces ella ha aparecido junto a él algunas tardes por calles solitarias, por estancias en donde los amantes habitan ordinariamente, por plazas y parques llenas de hojarascas verduscas, y allí en esos lugares ella y él han sonreído mucho, han jugado y se han encontrado en un beso, y también en un abrazo. Es probable que se les siga viendo más adelante y porque no, en los parajes más insospechados y extraordinarios, total el mundo es tan amplio como la vida que les ha tocado vivir juntos. Lo insospechado siempre está a la orden del día.  La voz de ella, a veces trémula e infantil, es un suficiente indicador para dejar sentada la imagen de presencia, y que hace que él pueda sentirla como propia voz suya. Ambos están seguros que los ha unido un sentimiento repentino. Es hermosa esa seguridad. Esa seguridad de saber que siempre habrá un encuentro, un encuentro para los dos.

Lima, 21 de noviembre
4.00 a.m..
V.A.

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Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Descripción de la vida


ACÁPITE 1

Mi interés está siempre en difundir lo que veo y lo que siento, lo que escucho del señor de suéter naranja, o de la señora que lleva el chall lila oscurecido. No importa de quienes sean los colores, lo importante no está quedarse en ellos- en los colores y formas externas-, sino en quedarse en quienes los miran, en los sujetos. Discúlpame si me desvío en mi presentación. (Ah, bueno a veces soy así). A veces suelo ser un poco introvertido, aunque sabes? también creo tener momentos de breves jolgorios y alegrías, y eso, lo sabes tú mejor que nadie, y me alegra que lo puedas saber. Gracias por saberlo. Me dijiste una vez que eras alegre, y debe ser cierto porque has alegrado mi vida desde tu llegada.

Soy un típico hombre que siempre está pensando y jamas está quieto -o debo decir con la mente en blanco-, creo que mi mayor arma es siempre la palabra. Lo ha sido así desde hace muchos años e incluso desde que era adolescente. El detalle aquí es conocer a la persona, nada más que eso. No me gusta esconder nada, salvo la estrategia de esconder cosas a través de las palabras. Es como un juego todo esto sabes? Lo sabes, verdad? Dime que lo sabes! La mayor estrategia de un escritor es mostrarse como es, lo demás, la otra parte, tal vez la más vital, está en los libros que ha pasado escribiendo, y qué muy poca gente lee con atención. No importa eso, lo importarte es escribir, escribir la vida o todo intento de vida cuando no se sabe vivirla. Eso es todo. A veces, la fe hace que no nos desanimemos y sigamos apostando por el bien. Yo veo a la gente que se topa día a día con desazones, con olvidos y con desesperanzas que le son ocasionadas, y trato, o al menos intento tratar -para serte más honesto-  de imprimirles una nueva salida. Intentar demostrar que al margen de todo siempre hay esperanza.

Tú lo has dicho, ese es mi estilo, "decir las cosas con unas palabras que llegan al corazón para revivirlas del dolor". Soy un hombre que habla de lo que ve, nada más que eso, no sé si a eso puedas tú llamar literatura, o quien sabe vida; pero me deja tranquilo el hecho de buscar en la gente -dentro de los pocos espacios que deciden aperturar al otro- una reflexión. Exacto, esa misma reflexión para preguntarse a sí mismos sobre el porqué de las cosas y de las situaciones extrañas, y afortunadamente para ellos, sí, sí para ellos, poder finalmente encontrar respuestas. Eso es todo.

De: "Los días van y vienen". Lima. 2012

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ACÁPITE 2


No soy mucho de frecuentar espacios de literatura, y cuando los hago tal vez voy por invitación, o por alguna ligera y pequeña necesidad de sentirme hermanado a estos suntuosos recintos, pero cosa demasiado extraña, en ellos no siento nada. Siempre estoy dedicado a mi trabajo, mi trabajo es captar sensaciones por el día y volcarlas en decenas de hojas por las noches, interminables noches que se diluyen con el transcurrir de las horas que pasan, pasan todas. Salir a caminar?, claro que también lo hago, y mucho, muchísimo, y la verdad... la gran verdad es que hasta me parece que a veces estoy rodeado de mucha gente, y sin embargo siempre estoy allí buscando un espacio para mí. Es algo raro todo este juego de rostros y nombres, pero es así. No suelo tener a mi lado a personas que se preocupen por mí, salvo a Paula, o a Carlita, ellas creo que se preocupan de mí más de lo que yo mismo me preocupo por ellas. Me hace sentir a veces un desconsiderado. Lo siento. Es algo raro sentirme así, sentir esas sensaciones, pero son ciertas, muy ciertas. A veces pienso que las personas son como son, no más ni menos de lo que puedan ser: muchos miran, observan y se van, algunos para volver, otros para no volver más, pero los entiendo, entiendo a todos, mas de lo que pueda entenderme yo mismo. (De: Los días van y vienen. Lima. 2012)


De: "Los días van y vienen". Lima. 2012

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Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.

Víctor Abraham les saluda.

martes, 13 de noviembre de 2012

"¿Quién es Heinrich Böll?", de: Libertad bajo comparecencia. Lima. 2012.




"¿Quién es Heinrich Böll?", se escuchó decir al final de la última fila de la izquierda. Todos estábamos desarrollando una práctica crítica sobre temas del Siglo de Oro Español, hablando de Lope de Vega, Cervantes, Garcilaso, bueno en fin, cosas que se nos había asignado individualmente. El reloj que estaba colocado encima de la pizarra daba las once, afuera yacía un sol radiante. El aula de pronto se contuvo en un soplo inaudito de contrariedad. Todos levantamos la mirada al frente, sabíamos que Marco estaba tratando de “agarrar” al profesor, para medir su nivel. (Hay muchos que buscan ello, sobre todo con los nuevos maestros). José, era nuestro nuevo profesor de Literatura, era apenas su tercera clase, y supongo que no pasaría los veintinueve o quizá los treinta, era muy joven, hasta se parecía a uno de nosotros; claro que este detalle, por supuesto no sería una excusa para poner en tela de juicio su autoridad. No, eso no, jamás. Como ya dije, todos nos miramos horizontalmente y cruzamos varias miradas. Sabíamos desde luego que cuando Marco lanzaba una pregunta nunca se detenía hasta hacer perder el juicio al maestro, o bien tener la razón y decir desaforadamente, “¿ven?, yo tenía razón”. Al margen de esto, seguimos todos con la mirada la intervención que daría el profesor. Algunos entre sonrisas empezaron a murmurar tantas cosas, que empezó ligeramente a deslizarse un cuchicheo por todo el salón. Marco sonreía al final esperando supongo la "caída" del profesor, o el ridículo en que tal vez este gentil hombre pudiera quedar. Como ya dije, a pesar de su jovial apariencia, su aspecto era magro y sigiloso, algo distinto a los demás maestros de literatura que por nuestra aula habían pasado. Sí, era eso, nuestra aula estaba catalogada dentro del colegio como una de las más problemáticas, eso sí muy aplicada en el fondo.



El profesor estaba con las manos sobre la mesa y la cara vuelta hacia la puerta, por la cual se filtraba una clara luz de setiembre, fue entonces cuando lentamente dio vuelta su faz, algo roída por líneas duras y definidas. Por primera vez me di cuenta que llevaba una abundante melena negra, y buscando nuestras miradas, especialmente la de Marco, nos mostró sus ojos oscuros -no recuerdo si eran grises o negros- simplemente brillaban como si hubieran anidado en ellos lágrimas. Su traje era oscuro, cerrando la abertura del cuello blanco, una impecable corbata anudada azul. Hasta hace un momento hubiera parecido que pensaba o soñaba quién sabe qué cosas, pero ahora nos miraba fijamente. Levantó la mano derecha como queriendo engarfiar algo en el aire y dijo: "Elemental, mi apreciado estudiante, es el Premio Nobel de Literatura 1972, un escritor alemán.", respondió sonriendo afablemente. Por primera vez, lo veía sonreír. Me sobrecogió una sonrisa también.

Entonces, erguido, de pie, sacó de su maleta oscura que estaba acostada sobre la mesa un pequeño libro, era rectangular y algo naranja. Todos lo miramos contrariados porque no sabíamos que iba a hacer. Nos miró y dijo: "Hoy aprenderán lo que representa un artista para su época", y leyó muy apaciblemente:

 "Un artista vivo, que no tiene cigarrillos, que no puede comprar zapatos para su mujer, carece de interés para los productores cinematográficos, porque tres generaciones de charlatanes no les han confirmado aún que es un genio. Una sola generación de charlatanes no les bastaría."(1) 

Cerró luego el libro, y dijo sonriendo otra vez: "Es Heinrich Böll, Es Opiniones de un payaso. Mis apreciados jóvenes."

Hubo una algarabía leve, y muchos nos quedamos consternados y embebidos por tal fragmento. Luego, José, nuestro profesor, volvió a abrir el libro, y leyó esta vez cambiando el tono de su voz hasta hacerla más punzante. Nos leyó:

“Déjese de tonterías, Schnier. ¿Qué mosca le ha picado?"
"Los católicos me ponen nervioso", dije, "porque juegan sucio."
"y los protestantes?", preguntó riendo.
"Me irritan con su manoseo de conciencias."
"¿y los ateos?" Seguía riéndose.
"Me aburren porque siempre hablan de Dios."
"Y qué es usted, pues?"
"Soy un payaso", dije de momento, superior a mi fama. Y hay un ser católico al que necesito con urgencia: Marie y precisamente vosotros me la habéis quitado."
(...)
"Maldita sea", dije, "Te comprendo. Sólo que demasiado bien."
"Pero, ¿Qué clase de persona eres tú?, preguntó
"Soy un payaso", dije, "y colecciono momentos. Adiós.", y colgué.(1)

***

“Así somos los seres humanos”, dijo inmediatamente el profesor, “somos sólo eso, coleccionadores de momentos”. La clase estalló en una gran cantidad de aplausos. Juro, que nunca un profesor había podido arrancar ni siquiera una sola palmada de nuestra clase. Marco, callado en la última fila de la izquierda atinaba también a aplaudir lentamente. Yo seguía consternada. Sin duda, José, nuestro profesor de Literatura, que había sido contratado hace apenas tres semanas ya se proyectaba como uno de los profesores más fascinantes que jamás había visto, y que marcaría una etapa de las más importantes de mi vida: mi adolescencia escolar” Sonreí levemente, y sólo terminé parafraseando: “coleccionadores de momentos, … somos sólo eso, coleccionadores de momentos”

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(1)       De: “Opiniones de un payaso”, Heinrich Böll


Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

jueves, 8 de noviembre de 2012

De: Los días van y vienen. Lima. 2012


Día 22 (cuaderno del martes)

Acabo de terminar una nota, no había hecho uno desde hacía varios días, pero esta noche lo amerita. Son alrededor de la 1.30 o algo más, mientras que salga, camine y llegue a casa, tal vez ya serán alrededor de las 2 y un poco más, y mientras suba las escaleras, y abra la reja de la puerta exterior del departamento serán un poco más de esas 2 y un poco más... y antes de que mis ojos me manden a descansar tal vez ya será algo un poco menos de las tres. En fin. He vuelto creo, a esta vida que tanto he extrañado y de la que no me sería posible pasar. Que descanses pequeña mía.

Recordándote siempre.

V.A.


***

Día 8 (DOS CARTAS antes de la Última anotación)

Supongo que debemos seguir creyendo en lo que defendemos, sin desmayar a lo que nos proponemos. Dicen que soñar no cuesta nada, pero yo pienso que sí cuesta, cuesta dar cada día lo mejor de nosotros a todo y a todos, no debemos dejar que la monotonía del diario transcurrir nos hagan personas faltos de sensibilidad y de carisma. Siempre debemos buscar esos espacios para regalarnos felicidad, sin que importe lo demás. Sé que suena fácil decirlo, pero créeme que yo trato de hacerlo todos los días, algunas veces salen las cosas bien, otros días no, pero allí estoy.

Yo pienso que lo mejor que podemos hacer cada día es tratar de decir, "¡Hoy va a ser diferente, hoy voy a hacer feliz y voy a tratar de serlo a como dé lugar!" En fin...Que estos días que vengan sean los mejores, indudablemente que sí, así va a ser pase lo que suceda. Optimistas ante todo.

Hagamos siempre lo posible por construir un mundo desde donde estemos, más mejor y distinto, en donde no sólo brille por la mañana un sol o por la noche una luna, sino también a cada instante, a cada momento -no sé si preciso o impreciso-, brillen también alegrías y esperanzas, las mismas que se vean reflejadas en caritas alegres, tan alegres que los demás digan: "¿Qué pasó hoy?, y sólo atinemos a sonreír sin decir palabra alguna. ¿De acuerdo? Termina tu tarea, luego te vas a la cama y descansas tranquila, y sino la terminas, no importa, madrugas. Pero eso sí quiero que te cuides, que trates de cuidarte. Pase lo que pase haré una oración y estaré pendiente de ti cada noche. Adiós. 

No olvides nada nuestro, ¿está bien? 

V.A.

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Desde Lima, Ciudad Capital del Perú. 
Víctor Abraham les saluda.

martes, 6 de noviembre de 2012

Bondad regenerativa, respuesta a la bondad de las personas

La bondad regenerativa


Sabes?, siempre he creído con férrea convicción en mis ideales, y lo que está tras ellos. Son muchos, tal vez más de lo que puedas imaginarte. Pienso a veces, que han terminado absorbiendo mi vida, hasta convertirme en un hombre hecho de ideas y de creencias. Soy un idealista, tienes razón, y tal vez como tanta gente,  también me tratas de idealista. Debo confesarte que ellos creen que me ridiculizan al citarme así, hasta no ha habido quien me ha tildado -producto de ello - como ingenuo o tonto, tal vez tengan razón, en parte tal vez tengan razón, sin embargo eso no me provoca odio ni esquivez mucho menos aversión, ni les doy crédito a sus palabras, ni les quito nada. Sólo los escucho, porque es mi deber escuchar, y paso. No les quito nada, no, nada, sino al contrario sus palabras me ayudan a calibrar mi fortaleza para ponerla a fuego de azogue, y templarla mejor.

Siempre he creído en mis ideales, como ya te dije, son tantos, pero el más preciado para mí, después de la honestidad, está el principio de la bondad regenerativa, ésa que no es otra cosa que creer en la capacidad del Ser Humano para intentar ser bueno, y porqué no, mostrar bondad a sus semejantes. Esto, lo aprendí de mis padres cuando era pequeño, sin siquiera haber llegado aún al umbral de mi tardía adolescencia. Luego, creer en las personas, creer mucho en las personas, seguir creyendo. Tienen razón, sí tienen mucha razón apreciados John, Norma, Peggy, y Yory. Tal vez como ya dije anteriormente, ésta sea la única puerta para adentrarnos y conocer aún más esta curiosa manifestación que llamamos sensibilidad.

 

Por tanto, ampliar, sí ampliar, aún más nuestra harta capacidad de amar- no dudo que la tengamos, sí, que la tengamos que despertar-. Te amo, te quiero, - y siendo sincero- no sé hasta cuando te querré, sin embargo, espero sigas adelante. Sigas aprendiendo, creciendo más y dando lo mejor siempre también a los demás. Las medidas frívolas o paliativamente mediocres  son efímeras, las trascendentes,  las reales son las que cuentan al final. Siempre te he dicho que vivimos en una sociedad de odio y falto de sensibilidades, es lamentable, que esta vez hayamos tenido que coincidir en este tiempo, tal vez en otro tiempo hubiera sido distinto. Sin embargo, no debemos dejar que esta sociedad prolifere en nuestra nobleza y nos haga cómplices de ella. Esta sociedad,  la misma que critico hasta el hartazgo cada día, por la tarde, y en la noche, hasta quedarme dormido esperando que cuando me levante al otro día la nueva amanecida sea mejor, sí – al menos un poquito mejor-.

 

La presencia de Dios


Esta tarde alguien me dijo, que ya no creía en las personas porque todas eran malas y están contaminadas de maldad, su única esperanza era poner su fe en Dios, no en la sociedad material – o mundana de hombres y mujeres-. Debo confesarte que me causó gracia esto, porque pienso, que no son más que formalidades puritanas y esnobistas de fe, no de fe sincera. Es una barbaridad pensar en Dios como un ser alejado de los hombres y de las mujeres, sencillamente porque Dios, no está en los cielos, ni en ese prístino limbo, sino en los hombres, en sus aciertos y desaciertos, en sus alegrías y en sus frustraciones. Dios no está en una ideologizada religión, ni siquiera en las paranoias de sus redentores, no, allí no está Dios. Dios está en la verdad de los hombres, en el rostro de los hombres. Las cartas de Dios, están yaciendo en las calles, en las comunidades abiertas –y debo afirmar que también en las cerradas-, en los hogares, en los minúsculos y menesterosos seres, en las consecuencias humanas de los hombres y de las mujeres, y hasta me parece que también en nosotros, en tú y yo juntos. Pienso por tanto, que es una desfachatez tratar de saltearnos estos importantes espacios -donde es más que probable que se encuentre, según las escrituras “EL QUE ES”-, sí, es una desfachatez, pienso, que hoy en día, a estas alturas de la vida en que más se necesita de esta presencia dadora de esperanza, se intente alejarla de los Seres Humanos, para quererla ver  como un Dios tan puro alejado de toda falencia humana, es una idiotez.

 

El ejemplo


Siempre hablo de dar el ejemplo, siempre hablo de los actos, que los actos determinan las cosas y cambian el rumbo de las palabras. Siempre hablo y defiendo los principios, no porque sea un “moralista” entre comillas – como alguien intentó catalogarme una noche de octubre, no soy moralista, menos me creo cercano a esta abstracta definición, ¿quién es moral?, tú, tal vez?, Claudia?, Simón?, el párroco?, el pastor?, no lo sé, no me importa, ni está en discusión esto ahora. Nadie es perfecto, ni cree serlo, porque las suposiciones sólo quedan encerradas en éso, en falacias y ambigüedades. Sólo soy un hombre de fe y esperanza, nada más que eso. Si te hablo hoy de valores humanos, sea tal vez porque nos urge hoy hablar de ellos, pero no solo hablar de ellos, sino hacerlos, hacerlos realidad.  Si hablo de la coherencia y del compromiso con las personas, debería entonces a través de mi vida anteponerlas a  mis irritabilidades de hombre para dar tranquilidad a otros hombres, a  quien lo necesite. Recuerda, recuérdalo ahora, perdonar, para ayudar y para hacer sentir bien a los demás. Ese es mi compromiso y espero que más adelante también lo sea para ti. Te quiero, recuérdalo siempre. Ah, claro, me olvidaba, sonríe, sonríe mucho, mucho sonríe. Cuídate.


Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

domingo, 4 de noviembre de 2012

¿Qué está pasando en realidad?: Preguntas y respuestas

La preocupación: Respuestas a una interrogante formulada  

Hace una semana conversaba por una de las redes sociales con Hanna Hernández, una psicóloga, activista mexicana y muy amiga mía a quien tuve la oportunidad de conocer durante su paso breve por Lima a finales del año pasado. De nuestras conversaciones siempre rescato muchas cosas, hablamos de todo, de cultura, de lugares turísticos, formas de pensar y modos percibir las cosas, en fin. Debo reconocer que aprendo mucho de su amistad, pues su espíritu noble de servicio social es muy digno de seguir. La cito ahora, porque hace dos días leí una pregunta que ella había lanzado a los ciberlectores -bueno, yo me considero uno de ellos-. Ella se preguntaba,  

¿Por qué en algunas empresas piensan que la vida humana tiene un valor monetario y se creen con derecho de disponer de la totalidad de tu vida -la del trabajador, interpreto-?  

Esta pregunta, dio en mi cabida a una respuesta corta primero, pero luego más profunda. En ese entonces, sólo atiné a referir dos opiniones:  

1. Por que estamos en el contexto histórico de la deshumanización, nos dirigimos hacia él, y me temo que esto será inevitable tarde o temprano, sin embargo pienso que es necesario hoy ayudar a sensibilizar en las emociones, tal vez esto - me refiero al mundo de las emociones-, sea el freno más contundente en nuestro intento por retardar este proceso y en parte - aunque utópico para muchos- a detenerlo.  

2. ¡Las emociones!..., en la sensibilidad de las emociones humanas está la solución a tanta irrisoria barbarie abyecta y falta de compromiso....hoy perceptible, producto de una incoherente sociedad generalizada.  

Esta nota, descrita a modo de ensayo, lleva el sello de una respuesta reflexiva y final:  

Me temo que sí, que sí es cierto que hoy no sólo las empresas, apreciada Hanna, sino los individuos en su gran mayoría- y esto es lo penoso y decepcionante- han pasado a darle a la condición humana un valor monetario, y por lógica si se trata de dinero, a usarla disponiendo de ello al libre albedrío irresponsable e insensible, y lo que es aún peor, no tan solo las condiciones humanas propias, sino también las ajenas.   ¿Qué está pasando en realidad? ¿Qué está sucediendo con las personas?, hoy enviaba una pregunta abierta por mi cuenta de facebook, ¿seguir creyendo en la personas o no? Supongo que el resultado de estas respuestas, dará pie a otro ensayo breve.  

Luces para una salida  

Me temo, como ya dije en la respuesta 1, mencionada líneas más arriba, y me reafirmo que hoy el contexto histórico que nos circunda es la: deshumanización, ésta, tarde o temprano cubrirá todos los espacios y será irremediable- y lo siento, por los más jóvenes-, no hay escapatoria. Sin embargo, puedo alentar desde esta tribuna a mantener la fe, el derecho y la obligación asimismo a defender nuestras convicciones - si es que aún las tenemos o las que aún nos queden, y que permitan revivir las ya gastadas-, sí sólo puedo decir por ahora, que no podemos fracasar en nuestro intento por ser mejores personas y decirle no, a los malos ejemplos. Decir, que ser firmes tal vez no sea la tabla de salvación para tantas barbaridades, pero estoy seguro que nuestra firmeza permitirá que las nuevas generaciones, qué digo, las presentes generaciones vean como modelos - esta es mi mayor esperanza-. Decir hoy más que nunca que ser uno mismo vale, vale por mil o tal vez más, al margen de todo, de todo lo demás. Decir que las mentiras jamás han tenido ni tendrán cabida, no deben tenerla ahora, con mayor razón. Decir desde esta ventana virtual, que la rebeldía es buena y saludable porque imprime un deseo generoso de libertad, no de libertinaje- entendámoslo bien-, sino de libertad. Decir que en las emociones, en la sensibilidad de las emociones puede estar la esperanza que pueda detener o retardar este proceso maquiavélico, que hoy pocos se den cuenta o no se nieguen a entenderlo.
 
Finalmente, hacer un compromiso todas y todos para ponernos de pie y decirle: ¡NO!.......a la vida vacía y frívola carente de sensibilidad y valoración a lo que somos realmente, la misma que sólo conlleva a la angustia estúpida del cada día. Decirle:¡SÍ!, en cambio a las emociones, sentimientos y pasiones, a todos los afectos y sensaciones, a todos!............... AFECTOS, TOTALES AFECTOS!!!!!!!!!  

Soy un escritor, y ese es mi mayor compromiso con todos y todas ustedes.  

Hanna, un grande abrazo a ti, y tu patria mexicana que tanto aprecio y valoro.  

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

miércoles, 31 de octubre de 2012

Una interpretación existencialista de la vida

"¿Pero, es que nadie está dispuesto a sentir?",  dijo mirando -de una vez por todas- con las lágrimas apenas contenidas para no seguir sollozando. Miraba a todas esas caras angulosas y desdeñosas, algunas de las mismas transitaban entre el test blanco y el tono mestizo, sin embargo eran al fin y al cabo, caras indiferentes.  

Estaba decidido esa tarde a hacer el encaramiento más valeroso que jamás volvería a intentar en adelante, seguro que sí, no por que no se atrevería después, sino porque ya no había tiempo. Su destino sería cortado dentro de poco por la misma inexistencia vacía de su vida . Luego, gritó inconteniblemente: "¡Necesitamos emociones, sentimientos, pasiones, en fin..., humanas sensaciones!" 

(...)

El suicida gritó: "¡Sólo un hombre que bordea el caos cerebral puede contemplar los límites de la vida misma, lo demás es pérdida de tiempo, te lo aseguro, una maldita pérdida de tiempo!" Le miré con los ojos, sí, sí con esos únicos ojos y con esas únicas miradas, que sólo un suicida que merece respeto debería recibir.

"¿Hay otra propuesta fuera de esta irresoluta pérdida de tiempo?", dijo mostrando unas lágrimas desesperantes, las mismas que discurrían piadosa y desconsoladamente por su faz tierna y desesperada.

"¡Sí, sí, la hay, la hay, le juro que la hay, esa, esa es la fe!", dije.

"La fe, nada más que la fe, la justa y necesaria fe en quienes creemos y de quienes esperamos- y volví a afirmar-, no perdemos, sino ganamos, y no importa si alguien se da cuenta, o no de ello al final. Lo importante es el intento de creer cada día y seguir creyendo con más fe cada día."

(...) 

(De: Los días van y vienen. Lima. 2012)


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Introducción al problema

El cuaderno de:  "Los días van y vienen" constituye un libro de relatos. Allí se trata de hacer una interpretación existencial a la vida humana, por el momento está inacabado, pero si hay algo que debo afirmar es: que se viene retroalimentándolo de vivencias, sí, de esas humanas vivencias diarias, algunas propias y otras ajenas. Todos estos relatos tienen un similar corte -al menos en su mayoría, hecho que me enorgullece desde ya-, estos - en muchos casos- están tejidos bajo una misma madeja: la autobiográfica, quiero decir escritas en primera persona. Aunque aclaro: No siempre los escritos en primera persona llevan necesariamente relación directa con las vivencias del autor, tal vez indirectamente hayan pasajes propios sin quererlo, pero jamás habrá una proporción certera ni fehaciente. El grado de relación sólo lo sabe el autor. 


Decidí incluir a esta nota que hoy escribo, más crítica y analítica que literaria, fragmentos de uno de los relatos, tal vez con la única finalidad de ejemplificar lo que afirmaré posteriormente, y por supuesto dejar también en libertad a los lectores para que puedan emitir su fallo, total todos pensamos e interpretamos las cosas de diferente manera.


Las afirmaciones e interpretaciones filosóficas



Hoy parecería que las ideas han quedado supeditadas a los poderes económicos, esa hipótesis quizás sea más adelante una de las formas lógicas de explicar el por qué estamos atravesando una grave crisis de valores. 


Hoy más que nunca se hace necesario que entre las personas se promueva un llamado radical para despertar en las demás personas un compromiso individual de sensibilidad y una consciencia emocional para elevar la calidad de eso que llamamos en formación cívica, seres humanos.

Tal vez nuestra felicidad, hoy no es completa ni satisfactoria porque la anteponemos y la condicionamos siempre y a cada instante a factores externos que nada tienen que ver con ella, como la cosificación (mercantilización)del género -ya sea hombre o mujer-, la materialización de ambiciones que escapan al normal deseo de tener -sólo por el hecho de lactar cosas ya no necesarias, sino innecesarias-, la necesidad de mostrarse superior al otro, la anteposición de status socioeconómicos -o de piel en el peor de los casos-, y hasta las necesidades de cuerpos físicos. Todo esto, me temo que resulta incompatible con lo que solemos llamar felicidad, y lo que es peor esto no indica más que una pobreza del espíritu, sí, de ese espíritu humano que olvidamos que llevamos dentro. 

Hoy está claro que los problemas de estas sociedades actuales radica en sobremanera en su pobre estado de consciencia emocional, o lo que llamaríamos pobreza emocional. Tal vez hoy, el existencialismo sea una forma de explicación a los problemas emocionales de este mundo presente, porque es a través del existencialismo que se percibe al ser humano en toda su intensidad, en sus miedos, anhelos, sensaciones, frustraciones, odios, contradicciones y esperanzas de fe fallidas. 

El existencialismo más que una forma de suicidio mental como refieren muchos estudiosos de la psicología y de la filosofía, es al contrario el punto de partida para entender y comprender los móviles que mueven las acciones de los hombres y de las mujeres de este tiempo. Sólo por citar claros ejemplos: Heidegger, Rainer Maria Rilke, Dostoyevski, Kafka, Sábato, Fernando Pessoa, Hermann Hesse, Camus, Ingmar Bergman, Cèline, Heinrich Böll, en fin sólo por citar a algunos como ya dije.

Pessoa y Hesse, dos interpretaciones distintas de asumir un modo de existencialismo


Una amiga mía y escritora, Patricia Tauma Romero, tuvo el buen gesto de compartir parte de este texto que hoy lo presento en toda su extensión, pues tengo por costumbre compartir fragmentos de mis crónicas y notas en las redes sociales previos a su construcción, los mismos que finalmente termino depositando en este blog o página virtual, o como quieran llamarlo. Precisamente, un joven hacía un cuestionamiento a estas palabras, por eso aclaré al inicio, son interpretaciones mías, nada más y cada quien es libre de dar también su propia interpretación a estas palabras. Él refería dos cosas, que considero necesarias e importantes analizarlas: 



  • la primera, que el existencialismo de Fernando Pesoa no era sino una actitud contemplativa y de permanente duda propia sobre el cristianismo esotérico. 



  • la segunda, que Hesse sería un existencialista, tal vez más cercano al sentido original de la sensación de Kierkegaard, pero con la diferencia que su compromiso apuntaba hacia otro lado.

Bueno, en primer lugar resaltaría algunos aspectos del existencialismo, como es la preocupación por el "yo" subjetivo, la nada, la desesperación e inclusive la angustia que no son más que engendradas por las emociones. Bajo esa óptica, debo reconocer que  Fernando Pessoa no existió, tal vez se resistió a existir, he allí su multiplicidad por lo que debo reconocer lo acercaría más a un post estructuralismo francés - que radica en la multiplicidad, sí esa multiplicidad que nos indica a un Pessoa que sólo existió como un cliché que nombraba a un cuerpo despedazado en múltiples personajes literarios - sus heterónimos-, o dramas de gentes que él firmaba, un hombre perdido en su obra, en sus personajes, que se animaron a cobrar la vida que Pessoa jamás pudo cobrar, sin embargo su preocupación y acercamiento a la razón, a la esencia, al sujeto lo acercarían, sino en forma, por lo menos en fondo, he allí me atrevería a citar su "Libro del desasosiego". 


En segundo lugar, Hesse y sus historias: "El lobo estepario", y "Siddhartha", sólo por mencionar estás dos nos da una evidencia clara sobre la preocupación existencialista, en la primera novela: el dilema expuesto sobre la identidad humana, el hombre y el lobo, la virtud y la humanidad, en contraste con la satisfacción salvaje del instinto y la misantropía -aversión al género humano-. En "Siddhartha", con una óptica más religiosa, cargada de una profunda desilusión e infelicidad. Este mundo está lleno de miseria humana, nos intenta decir, amargura de vivir entre seres deshechables, pero que es necesario adentrarnos al mundo interior pare encontrar las respuestas a los actos - tal vez he allí el lado más religioso y filosófico que sobre Hesse se pueda hacer-. Me quedo con estas interpretaciones más que suficientes para indicar que las emociones existencialistas de Hesse alcanzan mayor dimensión si son elevadas a la sabiduría filosófica. 

Hacia un deseo de búsqueda e interpretación existencialista


La respuesta, claro, claro que debe haber no una, sino muchas respuestas. El intento, debe hoy radicar en que nuestros estudiantes de la psicología, de la filosofía, de la antropología, y de las demás humanidades empiecen a desarrollar dentro de sus tesis de investigación muchas, hartas, bastantes teorías que expliquen y defiendan las emociones. Pues el papel de interpretar los múltiples problemas -de esos que yo llamo vacíos emocionales, y por ende existenciales y que es necesario hoy en día darles interpretación- , recae hoy más que nunca en los estudios de las humanidades.



Estar comprometidos con la historia hoy en día, significa estar preocupados por sentir, por querer, por sentir mucho, por querer mucho, por sentir mucho uno mismo, y por hacer sentir también a los demás, hacer sentir sensaciones de bienestar, hoy el reto es ese, sin embargo este mismo reto adquiere mayor dimensión cuando dejamos que esas sensaciones se hagan posibles en los otros, quiero decir cuando queremos a otros y nos dejamos querer también por los otros.

Como ya dije anteriormente en otras notas o crónicas que suelo escribir que son, han sido y serán las relaciones familiares a lo largo de la historia -esas, que se dan de padres a hijos, de hermanos a hermanas, o de cónyuge a cónyuge-, la tabla de salvación para encaminarnos hacia una sociedad de futuro más humana, más afectiva y sensible. Por tanto, es allí donde se requiere trabajar más, y este no es sólo un trabajo de los psicólogos o los maestros, menos de los religiosos, sino de cada componente social al interior de cada familia propia.

Al final, pienso que no somos más que fragmentos de experiencias conducentes a esa gran obra- tal vez esa obra cumbre que tanto busca un escritor joven en vida ensayando papeles tras papeles cada noche al interior de su cuarto y que siente que ya está cerca y sin embargo aún no llega-, sí, no somos más que instrumentos de una obra mayor, obra que casi nunca esta terminada sino hasta que el destino invisible hace un corte trágico a su desarrollo, siendo por fin terminada y presentada no por el que lo ansía, sino por otro u otros, todos pertenecientes a un distinto y posterior tiempo. Esa obra maravillosa hasta las lágrimas futuras, e irreconocible -producto del silencio absoluto que lo envolvió en el presente-, será finalmente develada. Total, trabajar en medio del silencio para proyectarse en el momento indicado, es lo mejor que podemos hacer para darnos esperanza.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

Carta para un corazón de melón (apuntes de "Libertad bajo comparecencia". Lima. 2012)


Corazón de melón:

Sabes?, no podía concebir el sueño, es raro para algunos, y tal vez lo sea para ti también, verdad?, aunque debo decir que para mí esto es frecuente- ¡Lo siento!, tal vez porque sé que te preocupas por mí-, sin embargo debo afirmar que es la noche la que da materiales a mi trabajo de creación cada día, ha sido así siempre, en fin,… Sólo quería escribirte hoy,  a pesar de ser muy tarde, o ser muy noche o estar envuelto por una nueva amanecida.  ¡Diantre!, qué rápido se pasa la hora, ya es muy temprano del día presente.

Es curioso, que sin pensarlo haya sido posible pactar un encuentro casi sin saberlo  y sin proponerlo hace sesenta y cuatro o sesenta y cinco días- tal vez más- no lo sé, ni recuerdo. Tal vez eso ahora sea lo de menos. Sin embargo lo que no puede ser menos es el juego del destino- esa especie de suerte invisible- que me ha conducido todo este tiempo a buenos puertos – esos buenos cariños y buenos afectos que he recibido de ti-.  Fue un sábado, uno de esos tantos y apáticos sábados a los que estaba acostumbrado. Es curioso que de pronto haya podido encontrarte, pero no tanto porque sin pensar te busqué, sino porque sin buscarte te he terminado pensando. Pensando demasiado. ¿Cuánto ha transcurrido desde hoy en que nos vimos por primera vez? ¿Lo recuerdas? ¿Lo recuerdas? , yo hago el remoto esfuerzo por recordarlo. Ya he perdido el cálculo desde ese entonces, ya ni recuerdo los detalles externos, pero sí tengo vivos los detalles internos- que son al fin y al cabo los más importantes-. Las cosas que solemos decir, las cosas que solemos hacer, las cosas que solemos pensar, todas estas cosas son las que realmente importan, ¿me has entendido?, son estas y nada más.

Cuando un escritor alcanza la etapa de la creación propia, no ajena, sino ésa que va acompañada del estilo, la intencionalidad y la temática de su pensamiento muchas cosas cambian, cambian alrededor de su vida y su visión por la comprensión general. Sólo cuando un escritor alcanza esa etapa, se puede decir que está empezando a escribir lo que realmente debe escribir, lo anterior  a esto, sólo constituye el legajo de borradores imprecisos y miedos impropios de una mente aún infantil.  La mente revela al cuerpo. El escritor que empieza a alcanzar la etapa de la creación propia pule la mente, y esta se revela al cuerpo, ya no de manera imprecisa, sino precisa.

Espero, que al leer esta nota, sólo puedas regalarme dos cosas, aunque no pueda verte: la primera, una sonrisa, y la segunda, otra sonrisa. Esto es lo más importante, lo importante debe ser siempre estar alegre, lo importante debe ser siempre sonreír, no una, ni dos, sino las veces que te sea posible hacerlo. Vale? Un abrazo sincero y te estaré esperando hasta el próximo regreso.

Pequeña querida, mi querida pequeña.

Pd.- ¿Sabes lo que haré cuando te vea?, ¿Lo sabes, verdad?, dime que lo sabes…

Inmensamente tuyo.

V.A.

(De: Libertad bajo comparecencia. Lima. 2012)


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Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

martes, 30 de octubre de 2012

Apuntes de: "Libertad bajo comparecencia". Lima. 2012.


(...)

-No importa quiénes seamos, o cuál sea nuestro nombre o apellido, ni siquiera nuestra procedencia ni nuestro estrato o la piel artificial que solemos llevar cada día para impresionar a otros u otras, no, nada de eso importa más que nuestros actos. No importa si somos mayores o menores en edad o en estatura física, no importa si nos critican por lo que parecemos, o hacen halago de nosotros sin conocernos -total sólo son apariencias pasajeras-, eso en realidad es lo de menos, lo más importante es ser nosotros mismos y esmerarnos cada día en mostrarnos así. Me has entendido? -

-Los actos, los actos, sí , sí, ya sé que me vas a decir que son los actos los que determinan todo, las palabras, las interminables palabras ayudan, dan fe y esperanza también, te he escuchado decir esto siempre, tantas veces, tantas veces que ahora lo sé, lo sé muy bien, papá, lo sé muy bien, sé muy bien, lo que debemos ser, lo sé-.

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Nuestros diálogos simétricamente iban de una dirección a la otra, yo lo miraba, él me observaba, las palabras se iban sucediendo - a veces verticalmente, otras horizontalmente, los tonos casi siempre variados, se tornaban gentiles y alegres, y eso era suficiente para sentirme protegido. Sus nobles palabras eran sinónimo de protección y amistad, más que padre e hijo, éramos un viejo sabio y roído por el tiempo, y un pedacito de pequeño niño. Hablábamos, y hablábamos a veces también con el silencio, nuestro silencio, silencio que era suficiente para saber que hablábamos de lo mismo, o al menos que nuestra intención era la misma. En un extremo de la esquina amarilla, frente a frente separados por una cuadrada mesa sobre la cual se esparcían muchos periódicos amarillos y viejos, yacía una conversación, una agradable conversación, afuera el viento silbaba y las olas del mar se estremecían a cada golpe invernal de setiembre. 

(De: Libertad bajo comparecencia. Lima. 2012)

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Perdona nuestras deudas así como nosotros..., ¿perdonamos a nuestros deudores?

“Si se va a morir en un mes o dos meses, hay que soltarlo,..." 
(Alejandro Toledo, expresidente de la República del Perú y líder del partido político Perú Posible, en declaración para la prensa)

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¿Un mes o dos meses para morir?¿Soltarlo? Sr. Alejandro Toledo, por favor, esas no son palabras de un exmandatario, sino de un hombre que habla con el odio. ¡Dios, Sr.Toledo hablamos de un Ser Humano, no de una bestia!


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Ayer, martes 24, cuando regresaba a casa por la tarde, luego del trabajo diario, me detuve brevemente en un puesto de periódicos como siempre lo hago a leer las portadas de los diarios del día. (Es una costumbre mía adquirida desde hace mucho tiempo, es curioso que no recuerde desde cuando lo hago, pero sin duda que este hábito lo hago con frecuencia.)

Un futuro matrimonio de una pareja de espectáculos -con parte y todo-, bien por ellos; un par de conductores otra vez se amistaban -¿no sería mejor que lo hicieran de manera privada-, pero entiendo su necesidad de publicidad-; temas de un indulto que tiene dividido a la mitad del país; temas de política nacional; un cuestionado fútbol versus un ovacionado voley; temáticas internacionales; temas culturales otros de espectáculos, todo igual, sin embargo me llamó la atención las declaraciones del Sr. Toledo - y no es la primera vez que escucho o leo sus declaraciones algo ligeras sobre algún tema determinado-. El pronunciamiento esta vez era sobre un tema coyuntural tan delicado que tiene dividido, como ya dije al país desde hace varios días. Mi posición irrestricta - como ya lo dejé expresada en una nota que escribí hace más de quince días, sito el texto en http://mariodelperu.blogspot.com/2012/10/hacia-una-sociedad-del-perdon.html -, se inclina en favor de la defensa de la vida, y respeto por la persona humana, sin importar filiación política o clase socio- económica. Afirmo esto, porque he recibido duras críticas, e incluso no hubo quienes me quisieron encasillar dentro de un partido político, hecho que me llama la atención. 


La verdad, es que no pertenezco a ningún partido político, no porque no quiera asumir un compromiso social, sino porque para ser sincero me cuesta someterme a una disciplina reglamentaria. Me cuesta someterme a las ideas carentes de ideologías de grupos amplios o reducidos que equivocan la visión del quehacer político, debo reconocer que me cuesta también seguir las indicaciones o acciones de los líderes que guían estas agrupaciones. Respeto a quien o quienes lo hacen. A veces es necesario, es vital, reflexionar antes de convertirse en seguidor o adepto de algo o de alguien. Hay que cuestionar, cuestionar mucho; en el juicio crítico está la mayor comprensión, la mayor comprensión a los sucesos diarios. No necesitamos embanderarnos en ningún partido o agrupación política para asumir una posición de sensibilidad humana. (Sin embargo, entiendo cuando alguien dice: "en grupo puedes alcanzar ser escuchado", aunque dudo mucho que así sea, en fin cada quien es dueño de sus decisiones.) La posición que uno adquiere muchas veces respecto a algo está fundada más que en meros deseos mediáticos, en experiencias personales o en ideologías que se ha asumido como forma de vida.


Decir que podemos "soltar" a una persona - como si estuviera enjaulada-, hecho que me parece no tan prudente por la expresión no es correcto, como tampoco lo es decir: "si va a morir en uno o dos meses". Me llama la atención que aún haya personas que vivan del rencor. Yo pregunto: ¿A qué tacho estamos enviando hoy por hoy nuestra sensibilidad? ¿A qué tacho estamos tirando esa frase que aprendemos cuando somos niños: "Ama a tu prójimo como a ti mismo"? ¿y dónde queda la expresión que fervientemente repetimos cuando participamos de las celebraciones cristianas los domingos, los Te Deum, o cualquier otra fecha: "Perdona nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores"?, en fin, ¿ A qué tacho estamos tirando nuestra calidad humana? Yo recomendaría- con el mayor respeto de la agrupación política del Sr. toledo-, que alguien asesore mejor a su líder al momento de proferir palabra alguna.


Termino esta apreciación citando una expresión que ya dije una vez, y lo reafirmo: "Entiendo que siempre se nos haya enseñado a juzgar a las personas por sus actos y a condenarlos o a premiarlos, pero está en nosotros ampliar esta visión y llevarla más allá de cualquier entendimiento.  No, no estamos para promover una sociedad de odio. No, así no funcionan las cosas. Nosotros somos parte – o debemos serlo, si aún no lo somos- de una nueva generación que no está cimentada por el odio , sino por la oportunidad de cambio, de perdón y entendimiento. "




Desde Lima, Ciudad Capital del Perú. 
Víctor Abraham les saluda.

Una movilización sin sustento: el objetivo, aglutinar a la manada; la gran mentira, la democracia

La consciencia de un valor cualquiera sea este da la libertad al individuo, le confiere responsabilidad, acción y fe en el futuro. Los hij...