sábado, 3 de mayo de 2014

Filosofía de vida


Pienso que mi mayor defecto social siempre ha sido, al menos por lo que he podido percibir por mí mismo, el de ser un instigador permanente, un individuo contrario a los convencionalismos, para cuyos defensores: mis actitudes siempre han resultado incoherentes, sarcásticas, y no gratas. Tal vez ello explique el porqué de mis declinaciones laborales constantes y mis sobresaltos abruptos emotivos y temperamentales. Tal vez ello explique mis silencios temporales, mi necesidad imperiosa de escribir todo y de describirlo todo, de decirlo todo de una sola vez, en fin. Creo que vivir mis primeros años en Buenos Aires – y no me refiero a la capital argentina, sino al pequeño espacio físico que contuvo y albergó mi niñez, y que está ubicado en una provincia norte del Perú- ha ayudado mucho en mi formación personal dándome en parte esa configuración mía que hasta hoy me delinea.

Sin duda, creo que mi madre ha sido la gestora de toda esta extraña configuración personal mía libertaria, creo que la hermosa gente que me rodeó esos primeros años allá me dieron ese matiz de cuestionador puro a partir de sentirme con ellos mismos de pronto necesitados. Digo exactamente lo que pienso y a partir de allí escribo, cuestiono, cuestiono mucho lo que debe o no establecerse como convencionalidad a partir de la coherencia que pueda observar. Ese moralismo exacerbado que me percibe creo que es una herencia que recibí de mi padre, recuerdo mucho una frase que una vez me dijo hasta hoy retumba como címbalo, “hacer lo correcto”. La otra noche le dije a Magaly Victoria, ¿has visto?, ¿viste que todo lo que he aprendido de escritura se lo debo a esos viejos maestros entregados a hojas empolvadas y amarillas? ¿Sabes que le debo todo a estos creadores y a sus ejemplos firmes y claros?

Yo respeto mucho los binomios destino- tiempo, y tiempo- espacio, porque creo que a partir de allí el individuo es capaz de posicionar su existencia sobre algo concreto, y a partir de allí materializarlo. Total, la libertad consiste en eso, en ser materializada a partir de los actos, y de cómo estos nos hacen sujetos de desarrollo. Yo creo en la libertad, la defiendo, pero también soy consciente de las consecuencias que ello acarrea cuando no se está moral ni intelectualmente preparado para recibirla como experiencia del pensamiento y del acto. En fin, todo esto que escribo ahora no es sino, es un puñado de conjeturas propias, de inferencias propias a partir de un acucioso sentido común de interpretar la vida.

Por otro lado, trato en lo posible, de no mentir, ya que si incurro en ello, luego me siento acusado ferozmente por mi propia consciencia. Recuerdo entonces, a Saramago que dice en uno de sus diarios personales, y publicado(*) luego, “la gente tiene necesidad de que le hablen con verdad”. ¿Académico?, una vez alguien me preguntó esto, no lo acepté, sin embargo no puedo negar que me gusta mucha la teoría, y más si se trata de filosofía, o de psicoanálsis, y claro, debe ser también porque soy profesor, y mi ámbito de trabajo siempre requiere de libros. Aunque – valga la sinceridad de afirmar- cuando me enfrento a esa propia manera mía de entender el mundo a partir de toda lógica existencialista, no puedo ser ajeno a que se me enturbie de pronto la esperanza- que supongo aún se mantiene viva gracias a esa suerte de formación espiritual que desde niño me ha perseguido-, en fin.

Soy Víctor Abraham, el mismo, el creador e instigador, el que está escribiendo esta nota, ese aquel que gusta de caminar por las noches hasta entrada a veces la madrugada, el que se vuelca con cariño y terca obstinación hacia papeles de distintas formas, tamaños y colores con el fin de imprimir en ellos ese mundo recóndito que proyecta. Un sujeto romántico y libertario, pero que también comparte su dualidad existencial con el metódico profesor Mario Aguilar Rodríguez, cuando ve cada mañana este nombre en todas las hojas iniciales de los cuadernos de sus estudiantes. Él, el profesor, es el soporte teórico del otro, del experimentador, que muy bien sabe complementar a éste (profesor) aportándole mucha, mucha cuota de rebeldía sana.

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(*) "José Saramago en sus palabras". Edición y selección de Fernando Gómez Aguilera. España, 2010.

De: Anotaciones para un diario personal. Lima, 2014, Víctor Abraham.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú. 


lunes, 28 de abril de 2014

Enseñar y escribir, razones fundamentales

Hoy por la tarde subimos la escarpada de una montaña, bueno no exactamente era un monte grande, pero yo así la llamo, la montaña. Estuvimos bastante tiempo mirando hacia abajo las hierbas y pastos secos, una que otra pareja pasó por detrás nuestro, pude percibirlas; estábamos sentados, ella y yo, sobre un tronco seco pensando, escuchando algo de música, y de pronto Magaly Victoria, me dijo, y has pensado qué vas a hacer cuando termines los estudios de la universidad? (Silencio...). Francamente no supe qué responderle, ya que habían tantas cosas sobre mi cabeza, y no precisamente desde ese instantáneo momento, si no desde hace mucho. Lo pensé, pensé en silencio, entonces guardé para mí mismo un suspiro breve, la tomé de la mano, y me sentí satisfecho de ser profesor (pensé por instante en la satisfacción que también debió haber sentido el profesor Stratman(*) esa tarde al contemplar a su enfermera personal cuando de sus labios dijo, "profesor Stratman...", sí, esa tarde supuse que también él debió haberse sentido orgulloso de que hubiese sido llamado precisamente "Profesor" al anticuado estilo europeo, y no "Doctor", a la manera norteamericana, más vulgar). Le dije a ella entonces, "no lo sé, supongo que seguiré ejerciendo mis labores de profesor, escribiendo y publicando mis libros; tal vez viajemos, cuando termines tu carrera. Y porque no, casarme contigo". En realidad, yo creo que ella me conoce muy bien, creo que sabe de mí mucho más cosas, de las que yo sé de ella. Y es que a veces las parejas somos así, así de inexplicables. Le di un beso, uno de esos que uno da cuando está enamorado. Me dio un abrazo, sentí su abrazo. Nos pusimos de pie y nos marchamos riendo. Una canción de Roberto Carlos creo que terminó sellando la tarde. Y es que en verdad, no concibo dos cosas más para mí, que no sean el escribir y el enseñar, y qué mejor si quien me esto pregunta es ella, la mujer que mejor me conoce y entiende estas dos aristas que contienen la mirada angular de mi vida, en fin.

(De: Anotaciones para un diario personal. Víctor Abraham)

(*) Max Stratman es el personaje ficcionario que recibiera el Premio Nobel de Física, en la obra: "El Pemio Nobel", 1961, del escritor norteamericano Irving Wallace.
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Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

sábado, 26 de abril de 2014

Sujetos de derechos y usos

El problema no está en que si el género de la persona es neutro, o es masculino o es femenino, y si a partir de esto se le acepta o no, no, el problema no pasa por allí, el problema viene por otro lado, pasa por el hecho de que nuestra sociedad no está preparada- nos guste o no admitirlo- para el ejercicio de una ley de Unión Civil. 

Cuando hablo de esto no me escudo en religiones, ni credos absurdos, ni en amiguismos, ni grupos de camaradería, menos en moralismos exageradoso lo que llamo, doble moral, porque pienso que el Ser Humano no los necesita, no necesita de un convencionalismo social para creer o no en Dios, o para defender o no posiciones personales respecto a lo que su vida le plantee como defender o sostener tal o cual posición ideológica; no, no es así, el individuo debe aprender por sí mismo, y por sus actos repetitivos en experiencias fallidas a  conducirse dentro de un orden social según su libre determinación de hacer lo correcto, lo correcto entendido como el bien hacia el prójimo. Digo esto, a propósito de la ley de Unión Civil que se está proponiendo por estos días, y que pienso que nadie que no sea racional condenaría. Un grupo de estudiantes el otro día me preguntó qué opinaba sobre ello, sobre dicho proyecto, si estaba a favor de ello, dije, "como persona que soy, mi respuesta es no, aunque les parezca extraña, aunque por otro lado, si pensara en ustedes, y en los demás que me conocen, y viendo esta corriente que dice si a toda esta onda de democratización e igualdad de derechos, y que me obligan implícitamente a aceptar y a quedar bien para salvaguardar mi aceptación frente a ustedes y los demás, aún así, mi respuesta seguiría siendo la misma". El problema de esto  es que aquí hay un trasfondo mayor.

El Sr. Bruce, congresista de la República, defiende esta ley, y es lógico que la defienda porque él es su mayor impulsador desde el Congreso de la República, y porque me imagino que debe tener intereses propios como tanto otros gays de clase. Sin embargo ello no me preocupa, están en su derecho de defender sus intereses, es más me parece muy respetable y loable que a partir de ello esto tenga otro matiz, un matiz más jurídico y legal. Me parece interesante y justo que por ejemplo que un Ser Humano al margen de su género por fin pueda entrar por lo legal a esta sociedad peruana con todas las de la ley ( una sociedad peruana que a veces pienso que es muy perversa en sus juicios y razonamientos). Pienso que nadie por más jalado de pelos que esté estaría en contra de ello. Es normal y justo reconocer derechos de las personas al margen de la elección sexual que profesen. 



El problema no está en el gay ni en el Sr Bruce, no, no está allí, el problema está en lo mediático, en lo inescrupuloso, en el sensacionalismo - y ello daña mucho, porque sencillamente atrás de lo mediático siempre hay procacidad y mediocridad- que ello genera y trae como cola, leí la vez pasada una encuesta del diario El Comercio hecha a buen sector de Lima, tras cifras y  datos interesantes en resumidas cuentas pude inferir que la gente no está en contra de no reconocer los derechos de este tercer género, sino me parece que existe un temor generalizado al escándalo que ello acarree como consecuencia. Y con esto no me refiero, al que dirán sino al que vendrá luego, diría yo. Porque si hay algo de cierto, y que a mí también me preocupa, es el hecho de que una sociedad peruana como la nuestra con todas sus taras de raciocinio caiga- y en los menos preparados intelectual y moralmente- en una suerte de abuso de derecho cayendo en el mal uso de la libertad o lo que siempre refiero como libertinaje. 

Deudas pendientes

Si se habla de aceptación y respeto de género aún hay una deuda pendiente con la mujer, que debería la sociedad peruana saldar primero -y que comprendo se ha avanzado en parte-, antes de proponer otras leyes. Hay indicios de mayor progreso en algunos sectores sociales- generalmente dónde la mujer es instruida profesionalmente o protegida familiar y económicamente, sin embargo en el común denominador, en los amplios sectores poblacionales carentes de estos beneficios, ya mencionados, no hay una valía palpable, no, no la hay. Sólo para mostrar dos pequeños ejemplos claros, por un lado -salvo excepciones en mujeres como ya dije, instruídas- conozco y sé de muchas mujeres que aún siguen ganando -y en la mayoría de los casos- por debajo del sueldo de un hombre, sin contar claro con aquéllas víctimas de acosos laborales, o con mayores responsabilidades tanto laborales como domésticas respecto al ejercicio individual masculino. Por otro lado, mujeres desatendidas en sus reparaciones civiles o en sus trámites judiciales de cualquier índole. Conozco un abogado en provincia que me ha hablado de innumerables expedientes de adultas mayores mujeres que aún no reciben una pensión de jubilación, o bien por otro lado, que no han sido atendidas sus demandas personales respecto a violaciones y agresiones de derecho, simplemente porque a los señores miembros del Poder Judicial, o en el primer caso de la Oficina de Normalización Previsional (ONP) no les da la gana. Luego, me resulta paradójico todo ello a la hora de contemplar nuevas leyes. 

Preocupaciones mayores

Una sociedad - en su gran mayoría- como la peruana en donde los niveles de razonamiento crítico y de análisis es pobre, y los niveles de consciencia moral -aún arraigados fuertemente en dobles morales cristianas que se excusan en Dios para cometer sus actos más cínicos- es más fuerte, hace que este panorama futuro de ejercicio de Unión Civil sea muy sombrío, es más se torne desde ya sombrío. Luego, como ciudadano no puedo trasgredir el orden social ni crucificar las pulsiones de los otros, pero tampoco puedo dejar a libre albedrío que la sociedad se desplome legalmente en favor de una democracia que en el Perú no funciona, ya que las leyes peruanas siempre están prodigándose entre quienes puedan comprarlas.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

miércoles, 23 de abril de 2014

Sujetos de lo cínico

Sucede que hay un problema grande en el Perú, y este tiene que ver con la desnaturalización del pensamiento que no es de forma, sino de fondo, empero ¿cómo podemos entender esto?, las muestras subyacen latentes a esta premisa inicial que planteo: por un lado se está matando el espíritu crítico con programas televisivos estúpidos donde la risa ya no tiene un sentido subversivo para rebelarnos contra el que nos daña e intenta silenciar, sino mas bien vira hoy hacia un sentido más burdo de complacencia asolapa en favor de quienes nos dañan, nos reímos de la incoherencia, la irracionalidad, y el sin sentido donde el lenguaje procaz reina de alguna u otra manera.

Le pedimos a nuestros hijos y estudiantes que no hablan lisuras ni estupideces, repetimos "no seas cínico", y "no copies malas costumbres" (sólo recordar esto, me hace pensar que parecemos discos rayados), y sin embargo esto está a la orden del día al prender un televisor o al ojear el interior de un diario popular- mención aparte, nada rescatable, si se trata de un supuesto diario serio, donde la libertad de prensa distorciona la verdad e induce al conformismo social, muestra clara de ello los manoseos de titulares que cada día no persiguen más que sensacionalismos, y en otros casos los refritos para cuyo fin no es más que meros entretenimiento desviando la información real. (Escribo, esto y pienso en dos cosas: por un lado, la sádica y mórbida necesidad de exponer todas las noches violencias: ocho de cada diez, caen en esta categoría, y lo sobrante, farándula paupérrima de significado. Por otro lado, seudoperiodistas pragmáticos que con tal de no ver afectada su economía, rebajan la profesión de la información que tanto defendía Pulitzer, y que hoy con razón critica el presidente ecuatoriano Rafael Correa).

Me imagino, si comparo diarios como el Trome con su siamés El Comercio - sólo por citar como muestra referencial- que son el anverso y reverso de una misma tara que en nada asumen una labor de conscientización, salvo notas excepcionales de algunos críticos, columnistas o analistas bien trabajadas léxicamente, pero que quedan allí nada más, en el snob, y que no son sino parte de este inmenso deseo por disfrazar eso que se conoce como cultura: es absurdo intentar arropar algo carente de esencia con una suerte de moda snobista llena de cultismos y modismos en donde se piensa que el saber y la creatividad sólo puede ser generado por snobs patéticos cuando la realidad es otra, cuando el vacío es inminente e innegable, esto - pienso- hace mucho daño al país entero porque lo divide y lo sesga indefectiblemente sumiéndonos en una especie de falsa consciencia ilustrada.

El problema mayor

Pero, el problema no queda allí, sino que esto queda diseminado en fideistas y seguidores que intentan hacer lo mismo, crear sus propios núcleos cerrados cayendo en el rechazo al otro, o bien asumiendo con un ironismo ilustrado estas falsas verdades, claro, alguien diría, "pero yo sólo veo por diversión, o porque me causa de pronto cierta gracia", sin embargo, intrínsecamente termina lactando de ese propio cinismo. Ejemplo de ello, los modelos alienantes, y angustias por no vivir como viven los "ídolos". Y sin embargo de algo estoy seguro, muy seguro y concuerdo con usted Sr. Brivio, conductor de uno de estos programas, oh, sí, concuerdo mucho con usted, en que la gente que más critica es la que más mira, y que tal vez esto, sea - merced de los muchos televidentes peruanos- una suerte de programa familiar (no dudo - y no me llama la atención que viviendo en esta época relativista y pragmática,  algo no familiar sea tomado por ello). Tal vez, Sr. Brivio, tengan razón sus palabras, total, el sistema le faculta licencia para decir esto, empero si en algo  debo discordar con usted, es que la población entiende, no es estúpida, sin embargo - y vuelvo al inicio de esta nota- el problema radica, no en usted, ni en sus muchachos, ni en el Sr. Benavides, sino en como se está estructurando el país - y quiénes lo están haciendo- para los próximos treinta años tal vez. No me imagino hoy, una sociedad carente totalmente de espíritu crítico, trato de ser optimista. Pero, esto ya no le compete sólo a un hombre, o tal vez a dos, o a tres, sino a una masa dispuesta a decir, basta ya.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

domingo, 13 de abril de 2014

Capítulo 13 de "La Degradación humana". Lima. 2014

Jeremías subió lentamente las escaleras del oscuro edificio. Las paredes eran verdes y estaban sucias y chorreadas, inclusive por las mañanas se podía notar claramente las inscripciones de corazones que solían hacer los enamorados ya entrada la medianoche, y las barandas, qué decir de esas barandas que siempre estaban pegajosas. Era un asco, pero ni modo era el lugar donde había arrendado la única pieza que estaba libre. Eran las dos de la mañana. Ya en el piso tres, miró una vez más el extraño pasadizo que lo conducía directamente a su habitación, prendió la luz del corredor y sacó de su bolsillo derecho la llave, deshechó giratoriamente el candado de la puerta de fierro, no sin antes percatarse de una nueva mancha roja en la pared del vecino de enfrente, ¿habría discutido otra vez con su mujer?, y es que sucede que cuándo discutían, lo hacían sanguinariamente, luego, el hombre salía y pasaba con su dedo la sangre que según él había podido sacarle a su mujer con el fin de evidenciar en los otros inquilinos su fuerza descomunal. “Aquí mandan los hombres”, solía afirmar bulliciosamente a carcajadas. Luego entraba, cerraba su puerta, y hacía el amor con su mujer de la manera tan escandalosa que sus gemidos eran bastante notorios. Y esto tal vez se debía a las paredes delgadas que en nada detenían los ecos de la pasión tormentosa. “Últimamente ya no hacen las paredes tan consistentes como antes”, se dijo Jeremías. Luego añadió con indiferente tono, “Este es el negocio de las constructoras hoy en día”. Eso era cosa de todos los días. Cuando era la mujer, quien ganaba el enfrentamiento pasaba su dedo envuelto en líquido púrpura en la puerta. Así evidenciaba ella, su espíritu de no dejarse avasallar. Cuando esto sucedía, el cuarto quedaba en paz, tranquilo, y se podía descansar apaciblemente, al menos no había ruido de por medio. Pero él, Jeremías muy poco dormía. Sus crisis de insomnio se habían agudizado.

Ya en el interior, caminó lentamente bordeando por espacio de breves minutos -en forma de O- la mesa de trabajo, sí, la única mesa que había heredado de su última estancia; enseguida miró la cama en cuyo filo izquierdo pegado a la pared, yacía una ruma de hojas, cuadernos, libros, periódicos, que por muchos años atesoraba con sensible dulzura. Miró las cuatro paredes de su cuarto. Lorca lo miraba apasiblemente. Admiraba a Lorca. Jeremías quiso ser siempre un poeta, pero no lo había logrado. No tenía el lenguaje de los poetas.

(...)

Jeremías era un moralista, característica algo extraña en un hombre de su sociedad y de su edad. Tenía treinta y tres años. Vivía una vida miserable, sin embargo no sentía el mínimo remordimiento por ello, por ese estilo de vida que llevaba desde hace muchos años atrás. ¿Tal vez ocho o nueve?, ya no lo recordaba. Su padre había muerto más o menos por esas épocas, era poeta, al menos recordar esto último siempre le reconfortaba. Y es que sucede que de su padre había heredado todo esto que se llama, amor por los libros. Años que se habían disuelto con el devenir del tiempo, porque es así, el tiempo determina todo, y da lo que debe dar a los individuos en un relativo futuro. Por eso, pensó de pronto en silencio que probablemente esta vida incierta le había pasado una suerte de factura a la resquebrajada relación con su todavía esposa, Sara, Sara Jerusalén.

Jeremías era alto, delgado y de tez cobriza. Su fascinación por la vida solitaria, y los paseos nocturnos de medianoche, ya empezaban a notarse a modo de estragos. Cierta noche se percató al mirarse el rostro, que en éste se habían formado sin que él se diera cuenta de ello azuladas bolsas debajo de sus amarillos ojos palúdicos. Le pareció muy usual esto, no podía quejarse, él mismo se lo había buscado. Por otro lado, unas extrañas manchas blanquecinas le habían empezado a salir debajo del mentón, y detrás de la oreja izquierda. Y aunque esto de vez en cuando le preocupaba, terminó por aceptarlo. “Uno no es eterno ni va a ser eterno”, se decía para darse ánimos.

(...) 

Y de pronto allí estaba Jeremías parado en medio de su propia consciencia con dos obstáculos muy grandes de vencer, y anteponerlos a su propio miedo y a su rabia, por un lado la seducción desbordante y destructora arropada en la piel y sencillez de una mujer que no ofrecía más que un escape al vacío consumista irremediable, y por otro lado, un arrollador y desquiciado espíritu devastador y hasta psicópata enfundado en la desolación de un hombre. Era ineludible que esta ciudad junto con sus consciencias que la habitaban no ayudarían en nada esta vez al hombre, eso lo sabía él, sabía incluso que no podría contar ahora con Sara, sí, sí, ahora cuando más la necesitaba, ella, ella también parecía haberse degradado en sí misma, pero él, Jeremías, la amaba.

"Cómo era posible que ella también había podido ser capaz de sucumbir a su propia degradación", pensó para sí mismo. Caminó lentamente, caminó despacio, avanzó pero esta vez en retroceso. Un gato oscuro le detuvo un momento, le pareció que lloraba, las muecas raras de su rostro decían que lloraba, su dolor era reflejable, absolutamente quebrantable. Él no comprendía nada. "Es raro", se dijo entonces,"que muchas veces se nos haya enseñado más a ver en un irracional, un ser desprovisto de emociones que jamás llora o que jamás ríe- al menos explicitamente- en vez de verlo como un sujeto ajeno a nuestras percepciones humanas para cuyo juicio sólo pertenecen a una escala inferior que mueven el rabo o restriegan sus lomos a las piernas de sus amos, no, que va, que va, estos animales sólo actúan por instinto". Jeremías comprendió entonces eso que Freud, y Lacán llaman pulsiones, "una pulsión podría enredarse con el instinto mismo, pero jamás podría ser un instinto, ya que aquí - en el instinto- no hay ni habrá deseo, mientras que una pulsión el deseo siempre será inherente a ella. "El gato", concluyó, "no deseaba llorar, como tampoco un perro desearía reír, ellos, ellos obran sencillamente en función de estímulos- respuestas (Recordó a Pavlov y su experimento con el perro que saliva). No vemos a un mono golpeando con un látigo a su hembra para tener sexo, pero sí sabemos de la existencia de fetiches en los seres humanos cuando tienen sexo". Abrió su cuaderno de apuntes, y anotó estas observaciones. "Esto es obra de las pulsiones humanas", se dijo para sí.

(...)

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

sábado, 5 de abril de 2014

Sobre la perfección, la obra moral, la vida y el tiempo

Estuve revisando hace poco mis apuntes, y encontré descrita en ellas, en sus registros fechados, una anécdota muy curiosa que hoy he querido compartir con ustedes, se trata de una práctica docente, y de lo que se pudo obtener de ella.

Sucede que una vez introduje esta frase en una de mis conversaciones habituales con mis estudiantes de Literatura, sí, sí, en ese tipo de conversaciones en las que uno puede tomarse una licencia breve, luego de concluido el saber teórico con el fin de profundizar en eso que yo llamo, la esencia del Ser o del individuo, dije entonces- y la escribí en la pizarra ahora que recuerdo-: "Mientras estemos vivos no estaremos acabados en la perfección, es el tiempo  el que determina la consecución de una obra moral".

A algunos les agradó la frase, a otros que la leyeron repetidas veces, les pareció algo "filósofa" (así, con esta palabra me la describieron). Algunos ceños se fruncieron, y otros la copiaron en sus cuadernos. De pronto, uno de ellos me dijo, "Profesor, a qué se refiere con ...acabados en la perfección... y ... la consecución de una obra moral". Añadió luego, "¿Cree usted entonces que la vida obstaculiza la perfección, y que el tiempo es determinante? ¿Qué es el tiempo entonces? ¿Cómo determina el tiempo el proceder de las personas?".

La verdad, es que este cuestionamiento llamó mucho mi atención, pues francamente no esperaba este tipo de preguntas. Entendí, entendí una cosa, y esa era que debía dar una respuesta meditada y sincera, porque siempre he pensado que cuando se nos pone delante un estudiante capaz de elaborar interrogantes o premisas acuciosas, éstas deben ser resultas con la mayor admiración posible. Total, qué sería de los profesores, sino tuvieran del lado opuesto estudiantes que reten sus posiciones y teorías respecto a tal o cual tema, ya sea de índole académico o puramente trivial, y se me ocurre pensar aún más en que si estos jóvenes se les añade la categoría de inconformes acostumbrados a cuestionar duramente - y a diario- las leyes que rigen su propio orden buscando desafiarlas a partir de sus propias observaciones, ya referimos otra cosa: necesidad de saber real, o tal vez eso que muchos colegas míos llaman, aprendizajes para la vida, en fin.

Miré claramente a la clase, y vi al estudiante inquisidor allí, allí metido entre todos y en medio de todos. Vi entonces a través de sus ojos pardos esa necesidad casi "filósofa" de encontrar respuestas a sus inquietudes. Los demás jóvenes hicieron unos cuantos murmullos breves, y luego callaron.

"Indudablemente", dije, "indudablemente que cuando las palabras llegan a calar en las consciencias individuales de los otros hasta el punto de ser tomadas por éstos como propias recién cumplen su función real, ya que la palabra sólo tiene un único objetivo, hacer posible un cuestionamiento de la conducta, remecerla, y promover a partir de ella nuevas actitudes reflexivas y sistemáticas que lleven al individuo a sentirse - y a obrar- mejor".

Acabados en la perfección...

"...Acabados en la perfección", implica, dije, "reconocer las  propias limitaciones del individuo, y entenderlo a partir de allí como un ser sujeto de imperfecciones, pero también siendo conscientes de que éste no puede estar escudándose en esas fallas y errores ocasionales para desistir de su propósito de enmienda, y más aún entregar esta disposición a un círculo vicioso que se sostiene bajo el popular adagio, "nadie es perfecto, por eso yo hice esto o aquéllo", ...¡no!", expresé luego, "así no funcionan las cosas".

"Sucede", añadí, "que la gente actúa como lo hacen los niños, hay que ayudarlos, cuidarlos, protegerlos, pero sobre todo enseñarles, no sé si nuestro trabajo sea ser de soporte permanente o de bastón, pero de lo que si estoy convencido es que aún no ha llegado el momento que puedan hacer uso de su libertad plena, lo otro, lo que se vive sólo es libertinaje que daña al  mismo individuo por eso es menester del hombre cultivar su espíritu a límites insospechados. Luego, la clave está en enseñarles a pensar, en hablarles claro y con la verdad, pero sobre todo internalizar en su mente, en la mente de las personas, que nosotros los mayores -y no me refiero a la edad, sino a la madurez del espíritu que sólo se alcanza a través de la profundización del pensamiento-, siempre estaremos actuando como ese padre que nos muestra el evangelista San Lucas a través de la parábola del Hijo Pródigo, sí, sí, ese padre que siempre estará con los brazos abiertos para contener la desesperación, angustia y dolor de ese menor hijo, de quien sólo sabe que en su búsqueda de libertad, se equivocó, y sin embargo supo que sería perdonado. En suma, la gente necesita ser perdonada, entendida y ayudada, pero esa ayuda ya debe ir al plano de la reflexión y de la confianza en que podrá mejorar. Debemos de creer que la gente como esos niños que dicen voy a cambiar, y que demoran en evidenciarlo porque es un proceso, necesitan acompañamiento, respeto, cariño y acompañamiento. Que el mayor enseñe al menor entonces, y que el firme invite al débil también a la construcción de su propia fortaleza, pero cuál es ese primer paso, sino que el perdón".

...la consecución de una obra moral en el tiempo

"Por otro lado", dije, ".. la consecución de una obra moral", implica ser conscientes de que el Ser humano tiene algo, una responsabilidad, que se convierte de pronto en un imperativo difícil de esquivar, y ése, ése es el de dejar - según Vallejo en sus apuntes de: "El arte y la revolución", un arte socialista que implica según sus palabras-", leí entonces, "una obra que responda al concepto universal de masa y a sentimientos, ideas e intereses comunes a todos los hombres sin excepción(...) una obra... que responda, sirva y coopere a esta unidad humana por debajo de la diversidad de tipos históricos y geográficos en que esta se ensaya y realiza". Cerré el libro, "Eso, eso jóvenes es lo que se llama obra humana, que asociada a la búsqueda de la nobleza se constituye como moral, por lo que nosotros no somos sino instrumentos de esa gran obra".

"Cuando nos preguntamos", dije,  "acerca de si la vida obstaculiza o no la perfección, deberíamos preguntarnos, ¿qué hacemos nosotros durante nuestro lapso de vida en pos de alcanzar esa perfección, y de qué manera nuestros propios juicios y esquemas mentales obran sobre nuestros actos de aceptación o no aceptación obstaculizando ese propósito sano del corazón que enaltece nuestra existencia?"

"Hoy en día", dije, "las personas necesitan sentirse en sí mismas sujetos de credibilidad, y esto implica decir - y pensar- que aún se puede creer en ellas mismas, pero dependerá mucho de los actos concretos que ellas mismas puedan evidenciar en su práctica diaria, ya que las palabras sencillamente no sirven de mucho, sino van acompañadas de estos actos, si no hay coherencia: las palabras sólo se convierten en motivadoras que sólo sirven para contentar, o para alegrar, pero no para dar fortaleza ni base ni ningún sentimiento valorativo, lo otro, lo otro - y me refiero a la fortaleza-, lo enriquece las muestras sencillas y concretas del día a día. Total, sigo pensando que ese querer con el corazón y dejarse querer también con el corazón -siempre que se pueda-, debe de ir tomando forma diariamente bajo ese único sello que se llama, voluntad para hacer lo correcto".

"Jóvenes, últimamente, merced de esta sociedad de consumo que prolifera por todos los estamentos sociales, la gente desconfía, desconfía mucho del otro, y esto es harto entendible -y hasta comprensible- debido a lo que se percibe todos los días en las televisoras y prensas locales: la inseguridad en las calles, y al interior de las propias casas. Siento que la gente anda a la defensiva, con temor, con dudas respecto del otro, esperando de pronto un traspiés ajeno para asestar el duro golpe o "Knock-out" a la consciencia del otro, ya dije, esto es razonable, sin embargo, también pienso que puede llegar a ser patógeno. No me cabe ahora en mi cabeza la idea de pensar en que la gente contrae matrimonio pensando en que se va a separar en algún momento, y lo que podría salvarlo en el futuro es esa expresión casamiento por bienes separados (pensamiento algo absurdo y hasta estúpido pensando en que el futuro nos es incierto siempre, ya que uno mismo determina su futuro con sus acciones, en fin)".

"Por otro lado jóvenes, el tiempo, sí, sí, el tiempo es determinante en el proceder humano. Se me ocurre ahora un vídeo que vi hace poco sobre la presentación del libro, "El viaje del elefante", en el que José Saramago, su autor portugués, dice recordando una pregunta que le hiciera un entrevistador en Lisboa, "Usted, ahora que está en todo, premio nobel, gloria, fama,... qué más quieres buscar", a lo que el escritor agrega,  "tiempo...vida...tiempo y vida para continuar con mi trabajo, con mi mujer y para vivir con toda mi vida de ahora y sus partes, para vivir como vive un viejo, y para continuar  alimentándose, para vivir y para fructificar la felicidad que hay en mí, y la felicidad que hay en otros".

Jóvenes, el tiempo determina el proceder del individuo, determina su originalidad o su no originalidad, calibra la madurez de sus palabras, y confiere rigidez y templanza a sus actos y respuestas manifiestas de éstos. El tiempo es relativo y valioso, es como una saeta que una vez soltada no regresa más, se me ocurre pensar -y parafrasear- ahora una cita de Ernesto Sábato, el autor de "El túnel" - y que el diario "El Comercio" presentara en un artículo corto-, que dice, "cuando uno realmente empieza a entender y comprender la vida hay que morirse". Esta expresión, jóvenes, lleva mucha verdad, el tiempo opera de tal manera que nos cambia y nos hace entender las cosas de una manera más clara y abierta. ¡Luego de ello...!, ¿hay que morirse, no?, en fin.

Tocó el timbre, la clase había terminado.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú. Víctor Abraham les saluda.

domingo, 23 de marzo de 2014

La consciencia moral del individuo: sobre la búsqueda del amor, el problemas de género, y la necesidad del cuestionamiento

Los patrones de búsqueda

La búsqueda del supuesto amor obra en los individuos como una sucesión de hechos repetitivos y contradictorios ajenos a la propia felicidad humana. Puesto que aquí se parte de un imaginario de "mundo feliz", de la necesidad por constituirse en ese "Ser feliz" individual, que sólo piensa para sí mismo, en su propia comodidad dentro de su propio espacio personal, descuidando y -lo que es peor- olvidando que esa búsqueda inicial del supuesto amor conlleva a deberes y obligaciones en beneficio del otro. Luego, yo no podría buscar a alguien pensando en mí mismo, en mi propia satisfacción de placer material o fisiológico, de hacerlo estaría sobredimensionando ese egoísmo patógeno del inconsciente que me dice, "piensa en ti, luego en el otro: si no funciona, ni modo".  Esto que sostienen muchos psicooterapeutas no tiene fundamento humano ya que crea seres disociados de su propia esencia, para quienes  sólo hay un tipo de felicidad, la pragmática y utilitaria, o lo que ellos llaman la felicidad relativa que no es visible ni medible, cuanto menos ejemplificable, ésa, defendida por muchos sectores consumistas y libertinos de la sociedad- y se me ocurre ahora citar a las feministas, los fanáticos religiosos, los vouyeristas de la cultura, los intelectuales carentes de matiz ideológico, en fin, y tantos otros que desde sus propias posturas defienden la felicidad individual y por ende el acomodo o conveniencia-.

Cuando el señor Walter Riso dice, "Depender de la persona que se ama es una manera de enterrarse en vida, un acto de automutilación psicológica donde el amor propio, el autorrespeto y la esencia de uno mismo son ofrendados y regalados irracional-mente", se está olvidando de una noción de amor fundamental que sobredimensiona la caridad por el otro, y ése es el amor altruista, que echa cimientos en la relación de pareja. Aquí no se trata de depender de nadie, sino de asumir cuál es el papel que cada miembro de la pareja acepta dentro de la relación, y ser simplemente justos con éste, al hombre, lo que es del hombre, y a la mujer, lo que es de la mujer. ¿Existe otra propuesta?, claro, claro que existe, ésa, que promueven - como ya he afirmado- movimientos de boom consumista y libertino, pero que no sirve de nada porque sume al individuo en su propia soledad de "independencia" haciéndole creer que en la medida que está sólo, desprovisto de emociones, pero con una autosuficiencia material está mucho mejor porque entonces puede elegir qué hacer y no hacer. Sinceramente, no me veo pensando en esto porque ello sólo promueve individuos operativamente y funcionalmente mejor, pero afectivamente y espiritualmente peor.

El problema de los géneros

Imagen tomada de: http://www.elexitoenvida.com/
Tal vez sea por eso que yo no creo en feminismos ni en machismos porque estos originan libertinajes descarados y abiertos, sentimientos de superioridad hacia el otro género al que menoscaban, así como una serie de frustraciones y resentimientos enloquecedores en los que sus propios actores terminan siendo envueltos por su propia desidia convirtiéndose a su vez  en víctimas "activas" de ese boom insano que lo único que hace es promover toda serie de incapacidades morales y espirituales que entorpecen el camino hacia la propia felicidad consecuente. Luego, todo intento de liberación exagerada del Ser termina dañándolo así mismo porque lo empobrece a nivel de su propia consciencia humana.

Se habla hoy en día -y con mayor reincidencia en algunos sectores femeninos, y hasta masculinos-, que desde el punto de vista antiético las mujeres son vistas como meros objetos sexuales, y es deber de la sociedad orientar a la ciudadanía desde sus tempranas edades hacia una corriente de pensamiento que deseche este mental razonamiento, y eso se hace, estamos en camino de la conscientización, esto es cierto, muy cierto, pero también es cierto, que los hombres son vistos hoy en día como meros objetos de mercancía económica, ¿los ejemplos?, ah, claro, los ejemplos, los ejemplos que saltan a la vista en los medios de información, pero veo que poco se avanza en este aspecto o se promueve en reorientar este punto de vista también antiético. Esto no hace más que afirmar lo que yo llamo: Cosificación de las relaciones personales entre los individuos, y es que en la práctica las mujeres jamás han aceptado ni aceptarán esta subvaloración personal y social, hecho que aplaudo, a diferencia de los hombres que se han terminado conformando con quedar encerrandos en esta triste categorización. Luego, una cosa es defender los derechos de género, y otra muy distinta- y hasta patógena diría yo- es abusar de las libertades que proporcionan estos derechos negándose a reconocer que detrás de ellos también hay deberes y respetos por el otro.

Escribo esto, y recuerdo a Simone de Beauvoir, y a Gabriela Mistral - librepensadoras  que jamás debatieron en torno a un café-, escribiendo en los tiempos de la postguerra sobre las luchas de género, su lucha entonces pienso que era honesta, pues estaban cimentadas en una verdadera razón,  y ésta era la urgencia de libertad ante una sociedad que reprimía con desdén los derechos de una mujer; de reconocimiento y de valía ante la concepción de una mujer desdeñada y culturalmente vejada; las sociedades eran distintas en ese entonces, había - pienso yo- una ideología sana tras esa ambición de independencia, sin embargo hoy en día, los pliegos de estas protestas ya no tienen sustento de libertad cultural, sino que se cimientan en un confort mediático de consumo, de no ver la realidad, y de aprovechamiento por el otro, y esta es una verdad que muchos colectivos feministas no quieren ver porque sencillamente choca con los intereses de quienes reciben respaldo.

La importancia del cuestionamiento a partir de la experiencia y la lectura

Finalmente, para tal fin, es importante que el manejo de las relaciones humanas esté siempre fundada en ello que yo llamo, mayor comprensión de la vida, y esto sólo se alcanza cuando se lee, y se profundiza o reflexiona a partir de ello, cuando se la contrasta con la experiencia del día a día, ya que la teoría muchas veces da soporte no sólo intelectual, sino también moral, puesto que el haber leído tantas historias, apuntes o enfoques nos ayuda a sobrellevar con mayor entereza nuestro paso por esta vida, caso contrario nos haríamos siempre trizas a nosotros mismos culpando a los otros de nuestra propia infelicidad inmediata. Y he allí el problema, cuando la persona trata de tapar sus propios vacíos emocionales con otro tipo de vacíos materiales, sin hacer nada por cuestionar este proceder y superarlo, mas bien acomodándose a esto que él mismo repite cuando escucha decir a la sociedad pragmática y relativa de la que él forma parte pasiva que esto no es sino un "nivel de vida" con el que hay que aprender a convivir. Por tanto, no me imagino asumiendo este nivel de vida sin cuestionarlo duramente, sí, sí , no me imagino no cuestionar este nivel de vida pasivo y escabroso donde operan mentiras y verdades a medias junto con ilusiones utópicas de "bienestar individual y social" alimentados por egos absurdos de comodidad mediática, y que - y eso es lo peor- atañen la consciencia de la propia persona humana. Es  por ello necesario inculcar en el otro el deber de leer, pero también inculcarle qué cosa leer o  por qué leer, y lo más importante orientar al otro a cómo traducir a la obra diaria de la experiencia lo que lee, caso contrario estaremos convirtiéndonos en agentes vouyeristas y snobistas  de una cultura vacía y frívola desentendida de toda acción real. En suma, si no traduce a la práctica lo que se lee, de nada sirve, y si no se cuestiona el propio proceder diariamente tampoco en nada se avanza.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

viernes, 14 de febrero de 2014

Mientras esperábamos la presentación de Keiko Matsui.

A Ricardo Postigo

Sobre el atrapar la vida con las palabras

Siempre tengo por costumbre atrapar instantes de la vida - y ser feliz con ello a partir de esta experiencia-, y cuando digo esto me refiero a atraparlos a través de sus detalles más ocasionales, más simples, usando cómo único método válido que conozco y sé usar, que es la observación, ¿y la escritura?, la escritura sólo es el instrumento que utilizo para describir las cosas más elementales con las que me topo a diario. Cuando hablo de describir, no me refiero sólo al mero hecho de decir, "esto es así", o, "esto de de este color", o, "esto se estaba allí parado o sentado", no, no me refiero a esa suerte de descripción vacía y  convencional que no analiza ni profundiza, sino que sólo se remite a decirnos cómo es, o cómo está algo, en fin.

A veces, producto de mis andares, ni siquiera el color rimbombante de algún objeto mostrado tras la ventana de un escaparate, o accesorio decoroso adjunto al cuerpo de algún ciudadano o ciudadana puede atraparme y enternecerme con tanta fijación hasta acaparar mi mayor atención y detenerla por instantes, a veces segundos, a veces minutos, y hasta algunas veces horas completas, como cuando veo la cara de un niño alegre, o tal vez de pronto la de una joven llorando, o el gesto simbólico de un perro extraño que levanta la pata y no puede orinar nada, y hasta inclusive creo que el tono de voz de alguna señora que viene a mí a pedir algo, en fin.

Ahora pienso, en cómo del mismo modo también un fotógrafo podría percibirse así mismo, luego de captar alguna imagen en movimiento teniendo como único método válido al igual que yo, la observación, pero con la diferencia del instrumento que sería, el lente de la cámara. Luego, debe ser feliz, debe consistir en que se siente de pronto más feliz, si la fotografía sale como él lo ha planeado y enfocado previamente, en fin.

Nuestro encuentro con Ricardo Postigo

Imagen: Asociación Peruano Japonesa.
Escribí esta pequeña crónica hoy a pedido de un amigo, en realidad debía hacerlo ayer por la tarde, pero la entrevista intempestiva que tuve en la universidad me obligaron a dejarla por la mitad. Hoy, ya en un nuevo día me siento a terminarla. Bueno, sucede que hace dos días salimos Magaly Victoria y yo, con destino a la Asociación Peruano Japonesa, aquí en Lima, ¿el motivo?, sí, el motivo era llegar a tiempo al Recital de Piano que ofrecería ya entrada la noche la reconocida pianista japonesa Keiko Matsui. Según el programa el evento presentaría piezas de jazz, smooth y new age. No nos quedó de otra que hacer la fila, nos dieron el boleto 53 y 54, que luego dejaríamos en la entrada. Lo curioso, aunque no tanto para mí, fue encontrar a Ricardo, Ricardo Postigo, una persona que se presentaba ante nosotros como gentil y grata, tenía el boleto 52- me imagino ahora, debido al orden correlativo-. De trato amable y voz pausada, atento y servicial. Es algo curioso sentir de pronto esa extraña sensación que se llama, impresión a primera vista, cuando uno conoce a cierto tipo de persona, porque hay que ser claros acá, la primera impresión siempre cuenta, y más si se trata de estimular en el otro una impresión agradable de amistad., en fin. Conversamos muchas cosas entre temas de desarrollo personal, filosofía, pedagogía, y hasta de investigación, así también tocamos temas más personales. Nos hicimos preguntas, y nos formulamos nuestras propias respuestas. Reímos. Mencionamos algunas opiniones. Hablamos de Tony Buzan y su libro de los mapas mentales, de Goleman y de cómo se hizo conocido y popular en el terreno de la psicología, hablamos sobre los nombres raros y sus formulaciones a partir de los antiguos Almanaques Bristol, que por cierto me hizo recordar a mis abuelos porque ellos lo usaban más, en fin.

Entre conversaciones nos tocó ingresar, lado derecho del Auditorio Dai Hall, quinta o sexta fila, si más no recuerdo. Magaly Victoria se sentó a mi lado izquierdo, y Ricardo, a mi lado derecho. Hubo una demora de casi veinticinco minutos aproximadamente, tal vez un minuto más, tal vez un minuto menos. Hubo incomodidad general, eso no hay que negarlo por la hora, sin embargo, seguimos conversando los tres. Y en una de esas fructíferas palabras, surgió un tema interesante, el cómo un escritor puede atrapar la vida a través de las palabras, intercambiamos opiniones que coincidieron, opiniones que se han desarrollado expositivamente en  los tres primeros párrafos de esta crónica, sin embargo creo que esto es sólo una pequeña porción de lo que significa realmente atrapar la vida a través de las palabras. No sé, pero esto me trae a colación ahora las múltiples autobiografías escritas. (Ricardo piensa que yo debería escribir la mía, pero no creo que tenga mucho que contar a mi edad, en fin. Tal vez algún día cuando esté más viejo, y haya cosas que realmente merezcan ser contadas y compartidas, es que sucede que a veces esto cae, si no se cuida bien la intencionalidad de lenguaje en una suerte de chisme que a nadie interesa). Luego, pienso que las autobiografías no son sino modelos de vivir expuestos con sumo valor humano, lo importante acá no es contar por contar, sino que finalidad subyace como trasfondo a este contar. Finalmente hablamos de Saramago, y de Pilar su esposa, me habló de un vídeo que vi hace apenas unas tres horas atrás, sumamente digno y ejemplar, sobre todo cuando Saramago refiere que son el tiempo y la vida lo que un hombre ansía a los 86 años para vivir, para amar a su mujer, para seguir haciendo lo que hace un escritor, escribir. Recomiendo ese vídeo, lleva por título, José & Pilar - O filme. 

Imagen: Asociación Peruano Japonesa.
Bueno, empezó la función, y con juego de luces impecables como trasfondos, y unas melodías genuinas Keiko Matsui dejó a su auditorio satisfecho. Los timbres acústicos de sonido estuvieron impecables. Estuvimos tres cuartos de hora con Magaly Victoria, luego nos retiramos. Nos despedimos de Ricardo y salimos. Quedé en escribirle, y espero que pueda leer ahora que ya está terminada esta crónica. Sin lugar a dudas que fue un día de nuevas experiencias. Fue miércoles 12 de febrero.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham te saluda, ahora amigo Ricardo.

lunes, 10 de febrero de 2014

Inclusión ministerial: sueldos que van y vienen.

Es que sucede que yo no creo que el aumento de sueldo burocrático, que llega en cuantía mayor a los 10 600 dólares y en menor escala de 1760 dólares, dirigido en su primera etapa a ministros, viceministros, gerentes de Gobiernos Regionales, gerentes municipales y demás funcionarios adjuntos a ellos,  -y es probable que progresivamente alcance también a funcionarios del Estado- que se ha refrendado por Decreto Supremo a nivel del Gobierno, y que el Sr. Castilla, ministro de Economía sostiene y ratifica, vaya a servir substancialmente en el tema de una mejor salud, una mejor educación, una mejor seguridad ciudadana u otros esperados cambios sociales que se evidencien en el contento popular de la gran mayoría poblacional. Es que sucede que esto no es cierto. Un señor que se apellida Pulgar Vidal - y que es ministro de Ambiente- dice, en entrevista a Canal N, el día de hoy, que los ministros vienen trabajando como si fuera el último día de su vida, y que lo aumentos responden a una meritocracia. Uhm, dudo de que eso sea cierto.

El día ayer (domingo 9 de febrero) vi esta noticia en la mayor parte de diarios aquí en Lima, en muchos casos llevaban en sus portadas ácidas críticas, hasta cierto punto entendidas y comprendidas, acompañadas por frases prioritariamente indignantes. Esto si que me era aún más comprensible. Esto es algo que no me causa particularmente novedad alguna. (Esto ya lo veía venir - y pienso ahora con mayor afirmación, he allí la consecuencia de alargar esta supuesta victoria de La Haya, último psicosocial que la prensa peruana ha venido alimentando a modo de distractor ciudadano durante estos últimos días.) La última reunión de ministros llevada a cabo en Tacna, el último viernes 7, y no me cabe la menor duda que fuera para tratar también este tema de aumentos, y sellarla, era ya un sobreaviso a esta noticia que explotaría dos días después, en fin.

El portal web de la Nacion.cl, de Chile, informaba así la noticia, bajo este titular: "Presidente Humala se reúne con ministros en Tacna", sito la noticia en: http://www.lanacion.cl/noticias/mundo/peru/presidente-humala-se-reune-con-ministros-en-tacna/2014-02-07/142715.html. Si menciono todo este marco coyuntural político es para ejemplificar que detrás de algo que se "cocina" sospechosamente, siempre hay toda una trama, o como estamos acostumbrados a llamar algunos sectores poblacionales, "cortinas de humo", en fin.

Los mayores problemas: ejemplos reales

Digo esto porque el problema aquí, no radica en la intención de doblar los sueldos, es preocupante sí, y más por la precariedad de sueldos promedio de la gran mayoría de peruanos, sólo por citar el sueldo mensual de un profesor promedio entre los 352 y los 530 dólares, de un médico fluctuante entre 1080 y 1 320 dólares, y hasta la de un policía que va entre 394 y 740 dólares, ni que hablar del sueldo básico del poblador de a pie que se ha fijado en 264 dólares, sólo por hacer comparaciones expongo esto, pero sin embargo como ya dije el problema no radica acá, en la intención de doblarse los sueldos, sino en el que se pretenda engañar a la población con frases de, " los aumentos serán para todos", "esto obedece a una normativa que tiene como meta mejorar la eficiencia, efectividad y meritocracia", "la ley del Servicio Civil ampara esta medida", entre otras frases nada creíbles (no me imagino ahora la intención de doblar el sueldo de todos los maestros, policías, médicos e inclusive doblegar el sueldo mínimo).

El problema radica en creer que porque se incremente el sueldo de un ministro o burócrata cualquiera todo va a mejorar. Sucede más bien, que hay problemas mayores como:
  • Los bajos presupuestos que se tienen hoy en día para atender a sectores claves del desarrollo social como son: educación, salud y seguridad.
  • La escasa y deficiente capacidad para operativizar mejor los recursos para sueldos y salarios, además de infraestructuras frente al entrampamiento de procedimientos legales a la hora de realizar obras y proyectos versus la agilidad con transparencia y honradez-,  con que se cuentan a nivel de las carteras ministeriales, regionales y municipales.
  • La administración de recursos bajo un régimen de no tan clara transparencia, que de por cierto es muy alto y preocupante.
  • El problema de los gastos públicos personales exagerados, mal venidos y usados, y cierta debilidad a la hora de proyectar una administración pública eficiente . 
Todo esto me hace preguntarme a mí mismo cosas tan simples como, ¿el incremento de sueldo que se plantea ahora en la más alta burocracia en cuanto tiempo reducirá la ejecución de obras, o atenderá el mantenimiento anual de la infraestructura en colegios estatales, incluidos sus servicios higiénicos?, pienso luego, ¿este incremento servirá para reducir los días que se tiene que esperar por una cita en los hospitales, o la espera por una operación en el MINSA(Ministerio de Salud universal), o ES SALUD (Seguro Social de los asegurados)? ¿Cómo contribuirá esta propuesta a equipar farmacias al interior del SIS (Seguro Integral de Salud) haciendo posible que estén mejor surtidas con toda clase de medicamentos y que no sea necesario que el poblador beneficiario tenga que salir a la calle a buscarlos en farmacias de dudosa credibilidad?, finalmente, ¿en qué medida el elevar sueldos burocráticos hará más viable que un titulo universitario se abarate, o el costo de pensiones en los pregrados en algunas universidades reduzca considerablemente? Y las atenciones a los jubilados, o al de sus viudas o deudos, ¿será diferente a partir de este doblamiento salarial?. La eficiencia en este caso, ¿radica en más capacidad o menos corrupción? Pienso, pienso mucho en todo esto.

Yo no creo lo que dice el Sr. Pulgar Vidal, acerca de que el Perú está creciendo económicamente, única y sencillamente porque el ciudadano de a pie de los sectores D y E no ve reflejado en su economía diaria y sus servicios ciudadanos este incremento. He allí en parte el desconcierto, sólo por mencionar los programas MI VIVIENDA, que promueve  el Gobierno, y que sólo están hechos para los sectores socioeconómicos B y C. Eso es bueno. Es harto saludable, sin embargo el problema es que no están pensados para los sectores D y E. Esto si que es algo preocupante. Una familia cuyo ingreso económico no cumple las expectativas bancarias, y que no llega al nivel requerido de aprobación está cada vez más lejos de ver realidad su sueño de la casa propia de calidad por modesta que sea, en fin.

Conclusiones finales

En conclusión, un incremento de sueldo que no cae bien en el sector más importante de la población, ese que sitúa al ciudadano de a pie como usted o como yo, es para preocupar y discernir, y no porque se trate de si sea merecido o inmerecido, sino más bien porque es incongruente e incoherente a esa inclusión social que tanto promueve el Gobierno. El problema aquí no se trata de dinero, ni de nombres de personas beneficiadas con este exceso- que a pesar de todo siempre van a defenderlo-, sino de mentiras reiterativas porque se miente, se miente mucho a la población, pregúntenle entonces sólo para constatar a un anciano fonavista cuántas veces se le ha mentido, en fin. Y me pregunto al final, ¿por qué esa excesiva necesidad patética del Gobierno por seguir defendiendo esa gran mentira que afirma que el Perú está creciendo económicamente y con justicia social cuando no es así?, sino vayamos a dos indicadores claves que me hacen formular ello, los endeudamientos por créditos por un lado, y la incongruencia desatada entre la microeconomía y la macroeconomía que no armonizan entre sí mismas por el otro lado. Total, dejo a buen criterio esta última interrogante, ¿Se ha reducido la brecha existente entre los mas ricos y los mas pobres que distingue a las sociedades modernos?

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

viernes, 7 de febrero de 2014

Definiciones. Capítulo XXX

Pero qué podría decir un hombre como yo acostumbrado siempre a caminar en solitario, a observar minuciosamente todo tipo de muecas raras e histriónicas, a conversar de pronto con algunas gentes, y vagabundear errante por pasajes algo confusos e inesperados, sí, sí, un hombre como yo acostumbrado a llevar constantemente a límites insospechados su propia capacidad de raciocinio mental al punto de ser capaz de definir lo indefinible, y de cuestionar lo incuestionable. Un hombre acostumbrado a vivir siempre en lugares algo fascinantes y hasta a veces nada envidiables, acostumbrado a viajar, a leer libros de hojas amarillas que ya casi nadie lee o no prefiere leer, acostumbrado a vivir las vidas de sus propios héroes ficcionarios. Un hombre que encontró en un payaso alemán, un profesor melodramático norteamericano, un ciudadano argelino degradado al absurdo, un fonetista inglés sus mayores íconos de realización, en fin. Un hombre como yo habituado a cuestionarse así mismo cuando sus métodos de trabajo existencial no les son provechosos o no alcanzan los resultados que desearía, acostumbrado a toparse diariamente con la sinrazón y lidiar con los continuos desvaríos emocionales de su propia sociedad que no puede entender que está enferma porque es cierto, es cierto eso, cómo podría estar sano un individuo que se introduce en máquinas de juego de azar madrugadas enteras aspirando humos de cigarro o alcoholizando de pronto su sangre aduciéndose a sí mismo que está bien, que todo esto está bien. 

Pienso que el gran problema de la mayoría de nuestros escritores e intelectuales del pasado es que no atendieron ni cuestionaron duramente la consciencia moral ni los juicios éticos de valor de sus propias sociedades a partir de sus propias consciencias individuales, y me temo - con relativa pena colmada- que tampoco interesa ésto a los escritores e intelectuales de este tiempo. Cómo podría yo, denunciar algo, que yo mismo ejecuto en cada pasaje de mi vida bajo la acepción extraña de "nadie es perfecto...", en fin. Se habla de delincuencia en las calles, pero no se habla de lo que se está logrando al interior de las escuelas, de lo que están logrando los maestros al interior de las escuelas, se denuncia el mal manejo político de las autoridades, corruptelas, desidias y otras cosas, pero no se analiza a nivel personal el manejo ético de cada sujeto en la sociedad. Yo no podría pedirle a un joven que respete a su madre, si yo no respeto a la mía, como tampoco podría hablar de consciencia ciudadana a adolescentes cuando en mi prioridad no está el ejercicio axiológico personal que me obliga a ser un ciudadano correcto, en suma cómo podría yo decirle a una persona cualquiera que haga algo bueno cuando mi esencia no está definida por la bondad, cuando no hago- y lo que es peor- no intento hacer algo bueno. Luego, pienso que la consciencia de un valor cualquiera que sea éste, da la libertad al hombre, por lo tanto le confiere responsabilidad, un deseo de acción y una fe en el futuro. 

¿Me preguntaste anoche que soy yo? ¿no te basta con todo lo que hemos hablado? ¿No te basta con lo que conoces de mí? ¿que más puedo decirte para que me conozcas?, dime, ¿qué más?, soy escritor, profesor y periodista, aunque he trabajado en todo y de muchas maneras, he conocido a muchas personas en mi vida entre buenas, malas, sencillas y funestas y a quiénes he tenido que sobrellevar, en algunas casos perdonar, y en otros tantos recurrir a su perdón para aliviar en parte mi consciencia. Soy un hombre con mis propios planes de vida definidos, con mi rutina habitual de escritura por las noches, mis cenas relativamente austeras, y mis repentinas salidas fuera de la gran ciudad que me obligan a permanecer por estadías cortas ocasionalmente en Buenos Aires en donde están mi madre y mis hermanas. Un hombre para cuyos ocasionales estallidos de ánimo que se contrastan entre sí mismos, van y vienen al punto de dañar algunas veces a quiénes más quiero, acostumbrado a mis asiduos paseos solitarios de madrugada por estas calles de Lima, ciudad a la que he llegado a querer tanto (es más, diría que nunca me he sentido tan cómodo en ningún lugar como me siento acá); con una mujer que conocí una tarde de septiembre, y a la que amo hasta el delirio, con unos deseos irresistibles de tocar todo, absolutamente todo por medio de la palabra escrita y hablada- porque hay dos tipos de palabras-, con las palabras de mi padre que se convierten cada cierto tiempo de pronto en una especie de moral sobre los hombros que me cuestiona cada día, y con unas experiencias del pasado que me atormentan cada día, ah, ya está, ya está, ya ves que ya está, que ya te dije esto.

¿Qué más quieres que te diga ahora? ¿lo de mis libros, los que he escrito?, ¿los tres que he escrito?, en realidad no son nada, creo que ellos pueden hablarte más de mí mismo, es más, creo que ellos tienen por sí mismos vida propia, y es que sucede que a veces no es necesario hablar sobre las cosas que uno mismo ha escrito, los libros son por sí mismos entes con vida, pueden defenderse solos. Cuando el hombre es más grande que sus propias creaciones está condenado al olvido porque el hombre no es eterno, en cambio las ideas lo son, las obras son imperecederas y sirven a generaciones de otros tiempos. El artista es sólo un artesano que sirve de puente entre los tiempos de generaciones nuevas, unas a otras, pero nuevas al fin y al cabo. El hombre alcanza notoriedad cuando es servil, cuando sus deseos de autorrealización- según Maslow- son implacables consigo mismos. El hombre alcanza notoriedad cuando prodiga a los demás su propio oficio. El arte no es servil, el arte es puro, tan puro como un niño menor de cinco años. 

¿Sabes?, ¿sabes algo más?, te voy a confesar algo más, son mis escritos y mis libros, no los que he escrito, sino los que leído- y sus autores que han actuado como maestros míos-  los que me han servido como tabla de salvación frente a muchos intentos de desesperación segura, e inclusive de desarrollar cierta locura somática irreversible, en fin. Pienso luego, que de no haber sido por ellos, por estos formidables obreros de la palabra escrita, y sus ejemplos de vida otro hubiera sido el virar de mi existencia. ¿amigos, amigos, que sí tengo amigos?, tú, tú eres mi amiga. Te estimo mucho, y eso lo sabes. 

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Apuntes para el libro de: "La degradación humana". Lima. Perú. 2014.


Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

sábado, 1 de febrero de 2014

Sobre la valoración del amor, la gratitud, y los problemas que genera la admiración

Los deberes del amor

A veces no son necesarias las formalidades, las intenciones exageradas y las palabras difíciles para identificarse como amigo o amiga - o en todo caso para dar amor al otro-, ni siquiera las reiteraciones de éstas son imprescindibles. Basta la sencillez que albergamos en nuestra consciencia personal, ésa que sale de nuestro espíritu y que nos embarga por momentos - y que románticos clásicos definieron en su tiempo "guardar en el corazón para amar con el corazón"-, para demostrar con gestos concretos nuestra amistad, afecto o cariño a quienes realmente nos son significativos. Pienso que en la medida en que los individuos seamos capaces de mostrarnos más auténticos, y comencemos a aceptar nuestro deber de amar al otro y de corresponderle con todo bien posible vamos a sentirnos más felices con nosotros mismos, empero, ¿qué es la felicidad?, dirían contrariamente los teóricos del relativismo pragmático, sino algo relativo y ocasional que no es duradera porque pasa según las intenciones y los móviles de los individuos, y que además obedece a las relaciones de cosificación que ellos mismos han terminado estructurando para sobrevivir.  Esto, tal vez en parte sea muy cierto, sobre todo en el aspecto de la cosificación de las relaciones humanas, sin embargo a mí personalmente no me convence esta idea, me seduce más la otra posición que plantea Kierkegaard, cuando refiere en sus "Obras del amor", que "el amar es la gran revolución en el sentido de la eternidad, algo desconocido totalmente para el juego dinámico de las pasiones. Sólo como deber, el amor estará protegido eternamente contra todo cambio, eternamente liberado y eternamente asegurado contra la desesperación". Luego, concluyo afirmando y preguntándome, si esta es mi verdad, entonces, ¿por qué no seguir persistiendo en esto que yo mismo creo? ¿por qué no tomar como opciones de vida el camino del servicio que implica el dar, y el de la sencillez que implica el mostrar?

Total, en realidad, todos intentamos ser buenos, todos somos buenos, nuestra esencia es la bondad porque somos seres humanos, sin embargo a veces pienso que lo olvidamos, en fin.

Sobre las relaciones de gratitud y admiración entre los individuos

Por otro lado, el problema está en que mitificamos o deificamos mucho a las personas tan simples y comunes a nosotros diciéndoles cumplidos absurdos, o en todo caso atribuyéndoles características inexistentes que nosotros mismos - y eso lo sabemos con certeza- forzamos en nuestros razonamientos. La admiración es muy relativa, es efímera, es una categoría banal e intrascendente (diría incluso convenida); decimos admirar a alguien por lo que hace, por lo que es,o lo que ha logrado, sin embargo no hacemos nuestras estas acciones en la práctica, empero la gratitud es diferente, es distinta, es una categoría reconfortarte y hasta muchas veces superior a la vacía admiración momentánea. La gratitud nos hace personas mejores porque nos permite estar cuando muchos ya no están, esta categoría nos hace reconocer nuestras propias limitaciones y las de los demás. Esta tiende puentes y nos acerca más, nos eterniza y nos une porque nos hace apreciarnos a pesar de nuestras imperfecciones y flaquezas a diferencia de la admiración que nos supone perfectos e inalcanzables cuando no es así. Tal vez por eso sea que los "fervientes" seguidores siempre terminen desilusionándose de sus "benefactores" y perfectos líderes: muestra clara, el fideísmo patético que se forma al interior de los movimientos ciudadanos, y partidos políticos.

(Anotaciones para el libro de la : "Teoría de las emociones". Lima, Perú. 2014)

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Desde Lima, Ciudad Capital del Perú. Víctor Abraham les saluda.

Una movilización sin sustento: el objetivo, aglutinar a la manada; la gran mentira, la democracia

La consciencia de un valor cualquiera sea este da la libertad al individuo, le confiere responsabilidad, acción y fe en el futuro. Los hij...