jueves, 20 de diciembre de 2012

Me gustas


Me gusta pensarte, retenerte en mí -aunque sea en recuerdos míos-, imaginarte, descubrirte, saber cómo eres, percibirte en mi tacto nocturno a ti y a toda parte íntima que pertenezca a tu cuerpo diminuto y femenino, en fin.

Me gusta comprenderte, escuchar tu repentino silencio, mirarte con esos ojos cansados que dices que tengo, quererte tanto como he aprendido también a querer los domingos con sus tardes y sus noches, instantes que duran sólo cinco o tal vez seis horas, pero los suficientes  para ir descubriendo el repentino y frenético conocimiento del amor verdadero.

Me gusta amarte hasta perderme en tu revoltoso éxtasis  y sentirme en dentro de ti, dentro de tu fecundo amor humano.

Me gusta saludarte, saludarte por las tardes, por las noches, llamarte, en fin, verte, verte a ti, abrazarte, abrazarte no por manía rutinaria de hacerlo, sino por sentirme abrazado a tu propia alegría, pues tu alegría siempre trae un sabor distinto, un sabor a tierna mujer.

Me gusta escribirte, tal vez no sea mucho, tres cartas creo o algo más, no lo recuerdo, pero eso sí, las más significativas, de eso no lo dudo. Me gusta saber que estás allí, que coincidimos en afectos, que coincidimos en caracteres similares y simétricos, en fin, en deseos y besos, besos prodigados en lugares y puntos exactos de nuestro dual mapa corporal.

Me gusta acariciarte, acariciarte a ti y tocarte con mi pensamiento, hacerte el amor tras palabras y gestos, estar pendiente de ti, de tus alegrías y tus manías. Me gusta escuchar música contigo, de ésa misma que envuelve nuestra estancia cuando estamos tú y yo solos, solos lejos de esos lugares ruidosos e inquietantes que sobran en nuestro amor.

Me gusta cargarte, cargarte a ti y darte vueltas en campana, una y otra vez, y otra vez de nuevo, y las veces que vengan tras esos "de nuevo". Me gusta oírte hablar, escuchar de ti todas tus palabras, las que vengan destinadas a mí, y las que no tengan destino seguro. Me gusta tanto tu sencillez como la sencillez de tus notas escritas que dicen poco, pero lo suficiente, lo suficiente para expresar valientemente lo que sientes.


Me gusta, me gusta tanto saber que eres tú, y que detrás de ti siempre estará tu voz, sí, esa frágil y sutil voz destinada a mí, y tras ésta el recuerdo de tus manos sobre mis mejillas, tu cara risueña, en fin. Qué más te puedo decirte, sólo que me gustas.

(Conocimiento del amor. Lima. 2012)


Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

domingo, 16 de diciembre de 2012

El escritor humanista Saul Bellow: Premio Nobel de Literatura 1976


"Ahora puedo decir que me he librado de la principal ambigüedad que afecta a los intelectuales: y es que los individuos civilizados odian a esa civilización que hace posibles sus vidas. Lo que les atrae es una imaginaria situación humana inventada por su propio genio y que para ellos es la única realidad humana verdadera. ¡Qué extraño! Pero la parte de toda sociedad mejor considerada y más inteligente suele ser precisamente la más desgraciada."

(De: Herzog 1964)

***

" Los hechos comienzan a abrumarme, y enseguida siento una opresión en el pecho. Luego se desencadena una avalancha desordenada: ¡Mis padres, mis esposas, mis novias, mis hijos, mi granja, mis animales, mis hábitos, mi dinero, mis clases de música, mi ebriedad, mis prejuicios, mi brutalidad, mis dientes, mi cara, mi alma! Y no me queda más remedio que clamar: ¡No, no, aléjense de mí, malditos! Déjenme en paz! ¿Pero pueden acaso dejarme en paz? Me pertenecen, son míos. 
(...)
Si la gente se desmorona frente a ti, no deberías intentar reconstruirla. Deberías dejar que ellos mismos recompongan sus fragmentos. "

(De: Henderson, el rey de la lluvia. 1959)

***

" El camino de vuelta de una persona a su identidad primitiva es el regreso del exilio espiritual, porque a eso se reduce su historia individual, a un exilio.
(...)
Mi primer amor Amy Wustrin, en ella hay invertido medio siglo de sentimiento, fantasía, especulación y dedicación, de conversaciones imaginarias. "

(De: The Actual. 1997)

***

 Sobre el autor: 


Saul Bellow fue un novelista estadounidense galardonado con el Premio Nobel. Nació en Lachine (Quebec). Estudió en la Universidad de Northwestern y fue profesor de la de Chicago. Su primera novela, Hombre en suspenso (1944), refleja la ansiedad y la preocupación de un joven que espera ser movilizado en tiempo de guerra. A esta primera novela le siguió La víctima (1947). Tras obtener una beca de la fundación Guggenheim, Bellow vivió durante un tiempo en Europa, donde escribió la mayor parte de su novela, Las aventuras de Augie March (1953). Esta novela, un largo relato libremente estructurado con un héroe de corte picaresco, ofrece un vivo y humorístico retrato de la comunidad judía de Chicago a través de un joven en busca de su identidad. La humanidad moderna, amenazada con perder su identidad pero aún no destruida espiritualmente, es el tema de sus obras posteriores, Carpe Diem (1956) y Henderson, el rey de la lluvia (1959). Herzog (1964) y El planeta de Mr. Sammler (1970), galardonadas con el National Book Award (Premio Nacional del Libro), retratan a los intelectuales judíos en su lucha contra el malestar espiritual que los rodea. Bellow recibió el Premio Pulitzer en 1976 por El legado de Humboldt (1975) y tres meses más tarde fue laureado con el Premio Nobel de Literatura (1976). El autor prosigue su análisis de la cultura contemporánea en El diciembre del Decano (1982). Ida y vuelta a Jerusalén (1976) es un estudio reflexivo de su visita a Israel, mientras que en la novela Son más los que mueren de desamor (1987), Bellow regresa al escenario del Medio Oeste de Estados Unidos. En 1994 publicó una colección de ensayos titulada Suma y sigue. Fallece por causas naturales en su casa de Brookline, Massachusetts, el 5 de Abril del 2005.


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Cito esta fuente, pues considero muy necesaria si se desea acercarse a la personalidad de Bellow



Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

viernes, 14 de diciembre de 2012

Respuesta para una pregunta inesperada


Usted, usted que me ha preguntado esta noche, “¿Quién soy yo?”, que “¿Quién soy yo?”, curiosa pregunta para alguien que tal vez no esté familiarizado a las respuestas vacías y escabrosas, imprecisas, vagas y llenas de laberínticas palabras; sin embargo para mí ya nada causa extrañeza, y más cuando la persona fulminantemente interrogada - como yo- vive en ese vacío extraño todos los días, cuando esa misma persona cuestionada justamente ha aprendido a dirigir sus pasos entre lo común y lo anormal, entre lo trivial y lo extraordinario, y a diferenciar muy bien entre el silencio del oficio y el silencio del desdén, desdén que lo categoriza todos los días como estrambótico, iluso e irremediable,  una persona acostumbrada a divagar entre lo amable y lo desagradable, entre el afecto y el rechazo, y a lidiar entre lo mayoritariamente "bueno" para muchos, pero incorrecto para pocos, los realmente justos, ya que de eso se trata no?, de separar la paja del trigo, en fin, esta misma persona que ya no define nada salvo remotas esperanzas de fe en las individuos que aún puede reconocer como próximos a él mismo.

Usted, usted que me ha preguntado esta noche que “¿Quién soy yo?”, permítame decirle que lo que voy a escribir a continuación, no lleva de una pizca de explicación común (y ojalá pueda usted entenderme, como yo ahora mismo trato de entenderle con mi más humana empatía), probablemente estoy seguro que usted no merece una respuesta trivial o floja, sino una esmerada y consciente, y este esmero en responderle está en que también usted sea un poeta, tan poeta o tal vez más poeta que yo mismo según afirman sus conocidos, en fin. Eso no importa ahora, sólo cumplo hoy con responderle como trato de responder siempre a las personas que me preguntan cosas, es por cortesía no quedarse callado en el vacío absoluto, nuestros interlocutores no merecen desaire alguno jamás.

Soy Víctor Abraham para servirle, hijo de un padre cultísimo de quien aprendí que la humildad y la nobleza son ante todo las mejores armas para un hombre de bien, y que las personas en esencia son buenas. De mi madre he bebido lo más substancial de la vida, de mi vida: mi fe en un Dios, no el distante, sino el cercano a los hombres, y mi libertad para actuar según mis propios códigos de verdad. Mis primeras nociones de vida  y raíces deben a un lugar que me ata siempre, allí empezó mi aprendizaje, y debo a esta ribera, porque es una ribera,  mi mayor respeto y cariño, Buenos Aires, Buenos Aires del Perú.  

He viajado algo y conocido personas, muchas personas cuyos recuerdos hoy guardo en  mi corazón, a algunas las he perdido en el camino para no volverlas a encontrar, y otras han decidido irse para no volver más, sin embargo no las juzgo, ¿cómo podría yo, un hombre que cree en la libertad, juzgarlas o retenerlas? No, eso jamás. Cuando ya no sienten necesidad de estar en un estado o lugar, lo mejor es dejarlas ir. Pienso, que la aparición de las personas como el proceso ordenado de los sucesos diarios son imprevistos, agradables, pero también desagradables, estos mismos van y vienen, o tal vez deba emparentarlos con los días y experiencias que también vienen y se van, algunos para enseñarnos algo, otros para no dejar nada, salvo angustias y dolores que nos fortalecen con el paso del tiempo.

Ya una vez me definí en una pregunta similar a la de usted, pero no precisamente porque me lo preguntara alguien externo a mí mismo, sino porque me lo preguntara yo mismo, la autodefinición siempre es mejor, subyace a cualquier ropaje mediático, formal o celebratorio, e inclusive falso. La autodefinición parte de nuestro fondo más profundo y sus raíces están entregadas al fondo más introspectivo producto de muchas miradas retrospectivas. Debo admitir que es usted la primera persona que me lo pregunta directamente, sin tapujos ni rodeos- muchos lo han hecho, pero de perfil-, y felicito su interés por querer conocerme, aunque es tan posible que mi respuesta resulte para usted lejana a la que hubiera querido leer. Desde ya lamento desilusionarlo, en fin.

Siempre he dicho que soy ante todo un hombre cuya vida está ligada a la observación de los detalles que nos muestra la vida diaria, al compartir de experiencias sencillas con los otros – los que nos rodean-, y a la descripción que se pueda extraer a partir de estas dos primeras con las palabras. Me defino como un hombre de ideas y de acciones. Mi compromiso es con toda sociedad abierta al progreso humano. Mi patria es el Perú. Mi talento, escribir lo que pienso. Mi profesión, la escritura. Mi búsqueda, la libertad. Hago y deshago maletas cuando tengo que partir en busca de nuevos aprendizajes. Mi ciclo de formación aún es incipiente, sin embargo mis deseos, mayores. Me proyecto al tiempo y al espacio, no como simple especulador, sino como su mayor actor. Un hombre de mundo. Me entristece la indiferencia que socava los corazones humildes. Me regocija una sonrisa y si viene de algún menor, aún mi alegría es mayor. Mi concepción humanista social es el faro que trata empecinadamente de llevarme cada día a buen puerto.

Lamento todo incidente que le pudiera generar, pero si me conociera sabría de mis buenas intenciones para con su joven amiga y las demás personas que rodean a ella, permítame decirle que nunca he amado tanto a una mujer como a ella, lamento que sea precisamente a ella y no a otra que usted quisiera que fuera. Debo decirle que las personas tienden a juzgar lo que sus ojos a primera vista les muestran, o lo que sus oídos sin mesura alguna escuchan. Por lo demás soy un escritor que profundizo mucho sobre las cosas más elementales de la vida, desde las más alegres hasta las más infelices. Soy un escritor que cree en el enorme poder de las palabras para traducirse en actos de bien, no de mal, en actos de optimismo y en intenciones de motivación para algún agraviado. Mi formación como escritor se basa en las enseñanzas de viejos maestros que conocí a través de los viejos libros que leí y que fueron desdeñados por otros lectores, que tal vez sin conocerlos dejaron pasar,  entre ellos Saul Bellow, Pirandello, Sartre y Camus, Heinrich Boll, Beckett,  Hesse, entre otros que omito para no extender esta respuesta. Sí, mi formación como escritor no ha terminado, al contrario: le diré que estoy en el inicio, apenas si recién he aprendido a valorar la vida mía y la de los demás, como escritor existencialista que soy pienso que si no se conoce – o por lo menos se intenta aproximarse- durante el ciclo vital al amor verdadero, a la pasión verdadera, a la bondad tierna, todo quedará reducido a verdades ignoradas, existencias mezquinas de cuerpos  y espíritus que flotan en sus propios cuerpos y espíritus.  La existencia empieza cuando uno mismo es capaz de decir lo que ama y expresar lo que siente.

Lamento todo este impase, porque sé que esto me llevará a repensar muchas cosas, y a reformular otras, puesto que no me gusta hacer daño a nadie. Las situaciones no las forzamos, se dan, tal vez en algún momento usted pueda entenderme. Hasta entonces un grande abrazo y cuídese mucho, luego de este somera respuesta no tendremos más que hablar sobre estos detalles sin importancia acerca de mí, todo está en los libros y notas que he podido escribir, ya dije una vez que el seudónimo no determina nada, el nombre tampoco; sí, los actos férreos y convicciones permanentes. El nombre encasilla a difusas realidades que muchas veces no muestra del todo.  Le agradecería pudiera reflexionar sobre lo que le he escrito y arreglar sus diferencias de la manera más ordenada y prudente. Estoy para servirle, totales saludos.


Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Conjeturas y cosas

Lectura escrita para el libro de: Los días van y vienen. Lima. 2012, la misma que no hubiera sido posible de redactar, sin el mayor de los diálogos sinceros. Por eso, 
A Hanna Hernández, 
con mi mayor admiración y respeto.

***

¿Que opinión tienes sobre mí?, nunca te lo he dicho es sólo que hoy tal vez quisiera saberlo para poder saber si estoy en el camino correcto, ¿sabes? A veces uno mismo no suele darse cuenta de nada, observamos, sentimos, pero allí queda, en el vacío sin la debida interpretación o pobre interpretación de los sucesos y acontecimientos. Muchos creemos saber, y sin embargo llega el momento de darnos cuenta en nuestro pequeño personaje que damos forma cada día que vivimos que tampoco sabemos nada, nada de lo que realmente valga la pena, aunque sea del origen de esa pizquita de pena frustrante que nos hace rodar lágrimas o el destino de ese haz regocijante que nos hace estallar en risotadas, porque es verdad, es una verdad irremediable queramos o no que  somos artífices de nuestra propia novela diaria, novela en la cual hacemos de protagonistas o antagonistas y que por tanto nuestros descubrimientos y logros son los nuestros, pero también nuestros errores y desatinos. Es algo extraño todo esto, pero es cierto, en fin.

Es extraño de pedirte que me respondas a estas cosas, pero a veces pienso que estoy remando hacia un lugar solo. Únicamente solo. A veces no sé si todo lo hecho durante el día a día, como acciones mecánicas y elementales del trabajo rutinario, como el de ir a la escuela a enseñar, al almacén a seleccionar y clasificar cajas que desconozco en su interior, o a la dispensa de bebidas a atender o si lo que lo que escriba durante la noche tenga validez del todo, no me refiero a una validez compensatoria de un significativo y vital pecunio que sirve desde luego para pagar las rentas de la casa, o las deudas contraídas por quererse regalar día como verdadero ser humano, no, no me refiero a esto, sino a la validez del desarrollo personal y mental, o lo que es mejor de proyección social. No lo sé, ni siquiera sé que haya tras esa desconocida validez,  aunque debo confesarte que mi mayor esperanza  es seguir haciendo lo mismo, las mismas acciones, el mismo trabajo, las mismas rutinas, hasta inclusive valorando los mismos pecunios obtenidos día a día con el único fin de alcanzar algo que ni yo mismo sé si sea alcanzable al final.

A veces he recibido muchas criticas y calificativos. Eso no me importa ahora ni detiene mi fe. Me basta saber que tú eres una de esas personas a quien me une bastante cercanía, tal vez no física, pero sí en ideas, en fin, cosas, cosas, muchas cosas, cosas que pasan, cosas que van y que vienen. Hay cosas que no entiendo - o que tal vez no quiera entender a propósito ahora o por pura costumbre de hacerme el desentendido-, en fin.  Cosas, como el salir corriendo de un lugar a otro por la pura manía de estar en ese sitio, en ese sitio al que tal vez nunca haya sido invitado, o tal vez mi presencia no sea tan imprescindible después de todo. Cosas, como el cruzar la calle apurado para encontrarme con el mismo profesor o jefe del trabajo que me está esperando. Cosas, como el ver que alguien saca la lengua de un carro a otro carro- esto sí que es intolerante, aunque más intolerante fue haber visto a una anciana ser bajada del carro por no tener los treinta céntimos para completar el pasaje solicitado-. Cosas, como el tener que lidiar de la manera más afable posible- supongo que ante todo están los ideales de la tolerancia- con la estirada señorita recaudadora de la caja. Cosas, como el saborear una limonada a destiempo y salir corriendo para llegar a la hora indicada al trabajo. Cosas, como el saludar a alguien desconocido, sólo por el hecho de haberte ofrecido una sonrisa él primero, o cosas como el tener que lidiar otra vez amablemente con el conserje del edificio donde vivo a la hora de regresar más tarde a casa sólo por el puro hecho de cuestionar mi horario de regreso, tal vez me diga: Señor, ya son casi las cuatro y treinta y cinco de un nuevo día, y usted salió a las siete y cincuenta del anterior día. Cosas en fin, cosas que hay que sortear afablemente.

De: Los días van y vienen. Lima. 2012

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Detalles del conocimiento.


Seguir, insistir, persistir, volver a tocar puertas, intentar, reír, reír mucho, y tal vez haya quien no comprenda el motivo de esta risa, pero no importa eso - he dicho-, no importa eso, justo ahora cuando más te intentas aproximar a tu risa sincera, sí, sí, a esa misma que te hace tan feliz, en fin. Eso, sí, eso es lo que importa ahora.

Avanzar en el mejor de los casos. No retroceder jamás. Mirar, mirar futuros con la fe, con la fe de creer en las personas y en su bondad, porque las tienen, todas tienen bondad, el problema es que no intentamos ver ni siquiera el mínimo de bondad en ellas, o mejor dicho no queremos reconocerla, estoy seguro que en toda criatura hay mucho de esto, mucho de criaturas buenas. Las personas son buenas. ¿Tanto nos cuesta entender? Espero que a ti, no tanto. 

Avanzar, escuchar, entender, ayudar, querer, proyectar, no importa si sean pequeñas o grandes las cosas o los motivos a proyectar, no, no debe importar el tamaño de la magnitud de ello ahora, debe importar solo el deseo de proyectar, proyectar mucho muchísimo, harto, bastante, demasiado, inconmensurablemente enorme; luego existencialmente ser feliz, vivir feliz, enteramente feliz, ¿me has entendido?, ¿estás tratando de hacerlo ahora mismo, verdad? Lo demás, es lo de menos, ¿y lo que hablamos siempre, me preguntas?, claro, claro que también está eso del optimismo: todo positivo, siempre positivo. Estamos avanzando, recuérdalo siempre. 

No sólo paciencia, sino exclusiva dedicación se necesita ahora. (Urge esa dedicación exclusiva). Trabajar en silencio, proyectarse en silencio, trabajar arduo, y crear, por ahora sólo eso: vivir existencialmente, vivir mucho existencialmente, recoger experiencias, conocer personas, aprender de los viejos maestros, leerlos, leer sus pensamientos, y entregarse al oficio de crear. Tiempo al tiempo.

Lo más importante es aprender cosas nuevas que nos ayuden a crecer y a desarrollarnos, hoy podemos estar en una posición, y mañana en otra, tal vez impensada. De la misma manera pienso que tenemos todos muchas cualidades y capacidades y solo falta darnos cuenta para explotarlas o bien que alguien nos haga saberlas, y si pensar esto es correcto entonces debo admitir que tú tienes muchas capacidades, habilidades, actitudes, ¡qué sé yo!, tan igual o tal vez tanto más que yo mismo.

Te escribo todo esto porque estamos aprendiendo cada día al rodearnos de múltiples personas a las que tal vez solo vemos, sin conocerlas, y sin embargo aprendemos de ellas, personas que aparecen en el trabajo que uno frecuenta, en las calles por donde uno pasa, y hasta en los vehículos en que uno viaja, y eso es lo que realmente cuenta al final, observarlos, observar sus procederes y aprender de ellas, aprender mucho de ellas, eso sí lo bueno, siempre debemos rescatar y aprender lo bueno, esa consigna debe ser lo más importante al final, ¿no crees?

Me has preguntado tanto, del porqué de estas manías mías raras de salir a caminar por las noches, de esas muecas raras y exabruptos en mis actos, de esas sonrisas algo esporádicas y melancólicas que van y vienen en mis estados de ánimo cambiantes, me has preguntado porqué decidí hablarte la primera vez sin conocerte o porqué intenté acercarme a ti - cuando no, me has inventado propósitos siniestros tras mis buenas intenciones, sin embargo te entiendo-. Me has preguntado porque quise encontrarte, o porque quise ser tu amigo, porque llevo ese nombre raro que nada tiene que ver conmigo, me has preguntado en fin cosas y situaciones. Me has preguntado si soy yo el que vivo en mí mismo, o son mis personajes frustrados los que viven en mí. La verdad es que cierto o no la validez de tus conjeturas sobre mi persona, agradezco tu intento por tratar de acercarte no físicamente a mí, sino a mis pensamientos, a mi mente, a mis palabras. Creo que me conoces más por mis pensamientos, y por mis cientos de personajes que intento dar vida en mis trabajos e inclusive por los que pueda dar vida más adelante. Para un escritor basar toda historia en acontecimientos reales, tal vez no sea tan cuerdo después de todo; sin embargo es imperioso a la hora de dar forma a las múltiples sensibilidades. 

La ficción es el complemento que viste al fondo, al corazón, a la razón, a la experiencia vital. Ser uno mismo personaje de sus mismas historias y pensamientos, es todo un reto, no porque sea difícil o imposible, no, no por eso, sino porque el interpretador puede correr el riesgo de quedar atrapado dentro de su misma ficción. Sin embargo, es preciso si queremos dar humanidad al escrito. He allí la diferencia. 

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Ella

Ella es capaz de mostrar valentía más allá de su cuerpo diminuto de rosa tímida. Tal vez es por eso que ella sea la única mujer que alguna vez haya sentido el corazón de un poeta vivo. Se acompaña de muchas personas mientras está en la escuela. Es probable que todos la quieran. Le gusta llevar el cabello suelto, alguna que otra vez lleva una chompa carmesí o un abrigo ligero mostaza. Su indumentaria marca siempre su apariencia reservada, sí, esa apariencia sencilla de la que él se ha enamorado. Ella desea ser siempre útil a los demás, aunque éstos - los demás- muy poco se percaten de ello, o se lo agradezcan. (Este gesto de desprendimiento hace que él se sienta orgulloso de ella). Cada vez que se pone nerviosa frunce el ceño, ese ceño que le da un aire de preocupación, y suele llevarse la mano a uno de los lóbulos laterales del rostro, y cuando está incómoda prefiere  el silencio, aunque el color de sus orejas cambie de color a un tono rojizo no acostumbrado.

Ella vive en la periferia  del lugar donde vive él, pero esto no es impedimento para que él pueda dejarla allá al término de una cita, porque él -claro está - es un caballero. Él la deja en una esquina desde donde la observa hasta que ella se pierde ante sus ojos como bruma que se difumina no sin antes haberse demostrado ambos afecto en un abrazo y un beso. Luego, un carro pone punto final a ese lugar tranquilo, que a él le cuesta dejar, porque no sabe exactamente cuando regresará. Ella fue encontrada por él en un escenario que casi él no suele frecuentar, dada su extraña condición de sentirse un foráneo siempre a todo sitio que va.

Ella es muy activa y le gusta ayudar. Camina ligeramente. Es romántica, pero sobre todo noble, muy noble, alguien que busca la seguridad más que la libertad, y sin embargo allí está ella con él y él con ella. Le gusta construir su propia seguridad usando para ello el trabajo y la dedicación, muchos dirían que es perfeccionista, sin embargo él piensa que no, que tiene un gran poder de autorealización y empeño. Siempre está dispuesta a escuchar. Cuando se encontraron ella y él quedaron atrapados en una situación algo confusa, sin embargo son los aciertos y la necesidad de sentir alegrías mutuas el uno por el otro, las motivaciones que los han ido uniendo, a pesar de todo lo demás, que nada tiene que ver acá.

A ella le gusta leer y escribir, aunque más prefiere que le lean y le escriban. Le gusta escribir notas cortas. Es muy lógica y aguda para pensar. Ella suele vacilar un poco cuando debe defender algo. Espera, cree que es mejor esperar. Él trata de entenderla, trata de entenderla, pero a veces no lo consigue, pero estas cosas del amor son así. Es más éstas cosas - a veces ilógicas son las que él llama: conocimiento del amor-. Pero es ella y su diminuto tamaño lo que quiere él. Él también la quiere. A ella le gusta cada desafío y se ha enfrentado a muchas situaciones difíciles de las cuales en algunas salió ilesa y en otras no, sobre todo en las llamadas confusiones del amor. Él es un observador; ella, una cuestinadora.

Ella no se propuso encontrarlo a él, quien sabe él a ella sí, o tal vez no. Eso es cosa de esa especie de suerte invisible que los demás llaman destino, sin embargo ellos saben que los ha unido un sentimiento repentino, de suerte o no, tal vez sea de propósito para hacer grandes cosas juntos. Desde entonces ella ha aparecido junto a él algunas tardes por calles solitarias, por estancias en donde los amantes habitan ordinariamente, por plazas y parques llenas de hojarascas verduscas, y allí en esos lugares ella y él han sonreído mucho, han jugado y se han encontrado en un beso, y también en un abrazo. Es probable que se les siga viendo más adelante y porque no, en los parajes más insospechados y extraordinarios, total el mundo es tan amplio como la vida que les ha tocado vivir juntos. Lo insospechado siempre está a la orden del día.  La voz de ella, a veces trémula e infantil, es un suficiente indicador para dejar sentada la imagen de presencia, y que hace que él pueda sentirla como propia voz suya. Ambos están seguros que los ha unido un sentimiento repentino. Es hermosa esa seguridad. Esa seguridad de saber que siempre habrá un encuentro, un encuentro para los dos.

Lima, 21 de noviembre
4.00 a.m..
V.A.

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Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Descripción de la vida


ACÁPITE 1

Mi interés está siempre en difundir lo que veo y lo que siento, lo que escucho del señor de suéter naranja, o de la señora que lleva el chall lila oscurecido. No importa de quienes sean los colores, lo importante no está quedarse en ellos- en los colores y formas externas-, sino en quedarse en quienes los miran, en los sujetos. Discúlpame si me desvío en mi presentación. (Ah, bueno a veces soy así). A veces suelo ser un poco introvertido, aunque sabes? también creo tener momentos de breves jolgorios y alegrías, y eso, lo sabes tú mejor que nadie, y me alegra que lo puedas saber. Gracias por saberlo. Me dijiste una vez que eras alegre, y debe ser cierto porque has alegrado mi vida desde tu llegada.

Soy un típico hombre que siempre está pensando y jamas está quieto -o debo decir con la mente en blanco-, creo que mi mayor arma es siempre la palabra. Lo ha sido así desde hace muchos años e incluso desde que era adolescente. El detalle aquí es conocer a la persona, nada más que eso. No me gusta esconder nada, salvo la estrategia de esconder cosas a través de las palabras. Es como un juego todo esto sabes? Lo sabes, verdad? Dime que lo sabes! La mayor estrategia de un escritor es mostrarse como es, lo demás, la otra parte, tal vez la más vital, está en los libros que ha pasado escribiendo, y qué muy poca gente lee con atención. No importa eso, lo importarte es escribir, escribir la vida o todo intento de vida cuando no se sabe vivirla. Eso es todo. A veces, la fe hace que no nos desanimemos y sigamos apostando por el bien. Yo veo a la gente que se topa día a día con desazones, con olvidos y con desesperanzas que le son ocasionadas, y trato, o al menos intento tratar -para serte más honesto-  de imprimirles una nueva salida. Intentar demostrar que al margen de todo siempre hay esperanza.

Tú lo has dicho, ese es mi estilo, "decir las cosas con unas palabras que llegan al corazón para revivirlas del dolor". Soy un hombre que habla de lo que ve, nada más que eso, no sé si a eso puedas tú llamar literatura, o quien sabe vida; pero me deja tranquilo el hecho de buscar en la gente -dentro de los pocos espacios que deciden aperturar al otro- una reflexión. Exacto, esa misma reflexión para preguntarse a sí mismos sobre el porqué de las cosas y de las situaciones extrañas, y afortunadamente para ellos, sí, sí para ellos, poder finalmente encontrar respuestas. Eso es todo.

De: "Los días van y vienen". Lima. 2012

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ACÁPITE 2


No soy mucho de frecuentar espacios de literatura, y cuando los hago tal vez voy por invitación, o por alguna ligera y pequeña necesidad de sentirme hermanado a estos suntuosos recintos, pero cosa demasiado extraña, en ellos no siento nada. Siempre estoy dedicado a mi trabajo, mi trabajo es captar sensaciones por el día y volcarlas en decenas de hojas por las noches, interminables noches que se diluyen con el transcurrir de las horas que pasan, pasan todas. Salir a caminar?, claro que también lo hago, y mucho, muchísimo, y la verdad... la gran verdad es que hasta me parece que a veces estoy rodeado de mucha gente, y sin embargo siempre estoy allí buscando un espacio para mí. Es algo raro todo este juego de rostros y nombres, pero es así. No suelo tener a mi lado a personas que se preocupen por mí, salvo a Paula, o a Carlita, ellas creo que se preocupan de mí más de lo que yo mismo me preocupo por ellas. Me hace sentir a veces un desconsiderado. Lo siento. Es algo raro sentirme así, sentir esas sensaciones, pero son ciertas, muy ciertas. A veces pienso que las personas son como son, no más ni menos de lo que puedan ser: muchos miran, observan y se van, algunos para volver, otros para no volver más, pero los entiendo, entiendo a todos, mas de lo que pueda entenderme yo mismo. (De: Los días van y vienen. Lima. 2012)


De: "Los días van y vienen". Lima. 2012

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Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.

Víctor Abraham les saluda.

martes, 13 de noviembre de 2012

"¿Quién es Heinrich Böll?", de: Libertad bajo comparecencia. Lima. 2012.




"¿Quién es Heinrich Böll?", se escuchó decir al final de la última fila de la izquierda. Todos estábamos desarrollando una práctica crítica sobre temas del Siglo de Oro Español, hablando de Lope de Vega, Cervantes, Garcilaso, bueno en fin, cosas que se nos había asignado individualmente. El reloj que estaba colocado encima de la pizarra daba las once, afuera yacía un sol radiante. El aula de pronto se contuvo en un soplo inaudito de contrariedad. Todos levantamos la mirada al frente, sabíamos que Marco estaba tratando de “agarrar” al profesor, para medir su nivel. (Hay muchos que buscan ello, sobre todo con los nuevos maestros). José, era nuestro nuevo profesor de Literatura, era apenas su tercera clase, y supongo que no pasaría los veintinueve o quizá los treinta, era muy joven, hasta se parecía a uno de nosotros; claro que este detalle, por supuesto no sería una excusa para poner en tela de juicio su autoridad. No, eso no, jamás. Como ya dije, todos nos miramos horizontalmente y cruzamos varias miradas. Sabíamos desde luego que cuando Marco lanzaba una pregunta nunca se detenía hasta hacer perder el juicio al maestro, o bien tener la razón y decir desaforadamente, “¿ven?, yo tenía razón”. Al margen de esto, seguimos todos con la mirada la intervención que daría el profesor. Algunos entre sonrisas empezaron a murmurar tantas cosas, que empezó ligeramente a deslizarse un cuchicheo por todo el salón. Marco sonreía al final esperando supongo la "caída" del profesor, o el ridículo en que tal vez este gentil hombre pudiera quedar. Como ya dije, a pesar de su jovial apariencia, su aspecto era magro y sigiloso, algo distinto a los demás maestros de literatura que por nuestra aula habían pasado. Sí, era eso, nuestra aula estaba catalogada dentro del colegio como una de las más problemáticas, eso sí muy aplicada en el fondo.



El profesor estaba con las manos sobre la mesa y la cara vuelta hacia la puerta, por la cual se filtraba una clara luz de setiembre, fue entonces cuando lentamente dio vuelta su faz, algo roída por líneas duras y definidas. Por primera vez me di cuenta que llevaba una abundante melena negra, y buscando nuestras miradas, especialmente la de Marco, nos mostró sus ojos oscuros -no recuerdo si eran grises o negros- simplemente brillaban como si hubieran anidado en ellos lágrimas. Su traje era oscuro, cerrando la abertura del cuello blanco, una impecable corbata anudada azul. Hasta hace un momento hubiera parecido que pensaba o soñaba quién sabe qué cosas, pero ahora nos miraba fijamente. Levantó la mano derecha como queriendo engarfiar algo en el aire y dijo: "Elemental, mi apreciado estudiante, es el Premio Nobel de Literatura 1972, un escritor alemán.", respondió sonriendo afablemente. Por primera vez, lo veía sonreír. Me sobrecogió una sonrisa también.

Entonces, erguido, de pie, sacó de su maleta oscura que estaba acostada sobre la mesa un pequeño libro, era rectangular y algo naranja. Todos lo miramos contrariados porque no sabíamos que iba a hacer. Nos miró y dijo: "Hoy aprenderán lo que representa un artista para su época", y leyó muy apaciblemente:

 "Un artista vivo, que no tiene cigarrillos, que no puede comprar zapatos para su mujer, carece de interés para los productores cinematográficos, porque tres generaciones de charlatanes no les han confirmado aún que es un genio. Una sola generación de charlatanes no les bastaría."(1) 

Cerró luego el libro, y dijo sonriendo otra vez: "Es Heinrich Böll, Es Opiniones de un payaso. Mis apreciados jóvenes."

Hubo una algarabía leve, y muchos nos quedamos consternados y embebidos por tal fragmento. Luego, José, nuestro profesor, volvió a abrir el libro, y leyó esta vez cambiando el tono de su voz hasta hacerla más punzante. Nos leyó:

“Déjese de tonterías, Schnier. ¿Qué mosca le ha picado?"
"Los católicos me ponen nervioso", dije, "porque juegan sucio."
"y los protestantes?", preguntó riendo.
"Me irritan con su manoseo de conciencias."
"¿y los ateos?" Seguía riéndose.
"Me aburren porque siempre hablan de Dios."
"Y qué es usted, pues?"
"Soy un payaso", dije de momento, superior a mi fama. Y hay un ser católico al que necesito con urgencia: Marie y precisamente vosotros me la habéis quitado."
(...)
"Maldita sea", dije, "Te comprendo. Sólo que demasiado bien."
"Pero, ¿Qué clase de persona eres tú?, preguntó
"Soy un payaso", dije, "y colecciono momentos. Adiós.", y colgué.(1)

***

“Así somos los seres humanos”, dijo inmediatamente el profesor, “somos sólo eso, coleccionadores de momentos”. La clase estalló en una gran cantidad de aplausos. Juro, que nunca un profesor había podido arrancar ni siquiera una sola palmada de nuestra clase. Marco, callado en la última fila de la izquierda atinaba también a aplaudir lentamente. Yo seguía consternada. Sin duda, José, nuestro profesor de Literatura, que había sido contratado hace apenas tres semanas ya se proyectaba como uno de los profesores más fascinantes que jamás había visto, y que marcaría una etapa de las más importantes de mi vida: mi adolescencia escolar” Sonreí levemente, y sólo terminé parafraseando: “coleccionadores de momentos, … somos sólo eso, coleccionadores de momentos”

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(1)       De: “Opiniones de un payaso”, Heinrich Böll


Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

jueves, 8 de noviembre de 2012

De: Los días van y vienen. Lima. 2012


Día 22 (cuaderno del martes)

Acabo de terminar una nota, no había hecho uno desde hacía varios días, pero esta noche lo amerita. Son alrededor de la 1.30 o algo más, mientras que salga, camine y llegue a casa, tal vez ya serán alrededor de las 2 y un poco más, y mientras suba las escaleras, y abra la reja de la puerta exterior del departamento serán un poco más de esas 2 y un poco más... y antes de que mis ojos me manden a descansar tal vez ya será algo un poco menos de las tres. En fin. He vuelto creo, a esta vida que tanto he extrañado y de la que no me sería posible pasar. Que descanses pequeña mía.

Recordándote siempre.

V.A.


***

Día 8 (DOS CARTAS antes de la Última anotación)

Supongo que debemos seguir creyendo en lo que defendemos, sin desmayar a lo que nos proponemos. Dicen que soñar no cuesta nada, pero yo pienso que sí cuesta, cuesta dar cada día lo mejor de nosotros a todo y a todos, no debemos dejar que la monotonía del diario transcurrir nos hagan personas faltos de sensibilidad y de carisma. Siempre debemos buscar esos espacios para regalarnos felicidad, sin que importe lo demás. Sé que suena fácil decirlo, pero créeme que yo trato de hacerlo todos los días, algunas veces salen las cosas bien, otros días no, pero allí estoy.

Yo pienso que lo mejor que podemos hacer cada día es tratar de decir, "¡Hoy va a ser diferente, hoy voy a hacer feliz y voy a tratar de serlo a como dé lugar!" En fin...Que estos días que vengan sean los mejores, indudablemente que sí, así va a ser pase lo que suceda. Optimistas ante todo.

Hagamos siempre lo posible por construir un mundo desde donde estemos, más mejor y distinto, en donde no sólo brille por la mañana un sol o por la noche una luna, sino también a cada instante, a cada momento -no sé si preciso o impreciso-, brillen también alegrías y esperanzas, las mismas que se vean reflejadas en caritas alegres, tan alegres que los demás digan: "¿Qué pasó hoy?, y sólo atinemos a sonreír sin decir palabra alguna. ¿De acuerdo? Termina tu tarea, luego te vas a la cama y descansas tranquila, y sino la terminas, no importa, madrugas. Pero eso sí quiero que te cuides, que trates de cuidarte. Pase lo que pase haré una oración y estaré pendiente de ti cada noche. Adiós. 

No olvides nada nuestro, ¿está bien? 

V.A.

***

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú. 
Víctor Abraham les saluda.

martes, 6 de noviembre de 2012

Bondad regenerativa, respuesta a la bondad de las personas

La bondad regenerativa


Sabes?, siempre he creído con férrea convicción en mis ideales, y lo que está tras ellos. Son muchos, tal vez más de lo que puedas imaginarte. Pienso a veces, que han terminado absorbiendo mi vida, hasta convertirme en un hombre hecho de ideas y de creencias. Soy un idealista, tienes razón, y tal vez como tanta gente,  también me tratas de idealista. Debo confesarte que ellos creen que me ridiculizan al citarme así, hasta no ha habido quien me ha tildado -producto de ello - como ingenuo o tonto, tal vez tengan razón, en parte tal vez tengan razón, sin embargo eso no me provoca odio ni esquivez mucho menos aversión, ni les doy crédito a sus palabras, ni les quito nada. Sólo los escucho, porque es mi deber escuchar, y paso. No les quito nada, no, nada, sino al contrario sus palabras me ayudan a calibrar mi fortaleza para ponerla a fuego de azogue, y templarla mejor.

Siempre he creído en mis ideales, como ya te dije, son tantos, pero el más preciado para mí, después de la honestidad, está el principio de la bondad regenerativa, ésa que no es otra cosa que creer en la capacidad del Ser Humano para intentar ser bueno, y porqué no, mostrar bondad a sus semejantes. Esto, lo aprendí de mis padres cuando era pequeño, sin siquiera haber llegado aún al umbral de mi tardía adolescencia. Luego, creer en las personas, creer mucho en las personas, seguir creyendo. Tienen razón, sí tienen mucha razón apreciados John, Norma, Peggy, y Yory. Tal vez como ya dije anteriormente, ésta sea la única puerta para adentrarnos y conocer aún más esta curiosa manifestación que llamamos sensibilidad.

 

Por tanto, ampliar, sí ampliar, aún más nuestra harta capacidad de amar- no dudo que la tengamos, sí, que la tengamos que despertar-. Te amo, te quiero, - y siendo sincero- no sé hasta cuando te querré, sin embargo, espero sigas adelante. Sigas aprendiendo, creciendo más y dando lo mejor siempre también a los demás. Las medidas frívolas o paliativamente mediocres  son efímeras, las trascendentes,  las reales son las que cuentan al final. Siempre te he dicho que vivimos en una sociedad de odio y falto de sensibilidades, es lamentable, que esta vez hayamos tenido que coincidir en este tiempo, tal vez en otro tiempo hubiera sido distinto. Sin embargo, no debemos dejar que esta sociedad prolifere en nuestra nobleza y nos haga cómplices de ella. Esta sociedad,  la misma que critico hasta el hartazgo cada día, por la tarde, y en la noche, hasta quedarme dormido esperando que cuando me levante al otro día la nueva amanecida sea mejor, sí – al menos un poquito mejor-.

 

La presencia de Dios


Esta tarde alguien me dijo, que ya no creía en las personas porque todas eran malas y están contaminadas de maldad, su única esperanza era poner su fe en Dios, no en la sociedad material – o mundana de hombres y mujeres-. Debo confesarte que me causó gracia esto, porque pienso, que no son más que formalidades puritanas y esnobistas de fe, no de fe sincera. Es una barbaridad pensar en Dios como un ser alejado de los hombres y de las mujeres, sencillamente porque Dios, no está en los cielos, ni en ese prístino limbo, sino en los hombres, en sus aciertos y desaciertos, en sus alegrías y en sus frustraciones. Dios no está en una ideologizada religión, ni siquiera en las paranoias de sus redentores, no, allí no está Dios. Dios está en la verdad de los hombres, en el rostro de los hombres. Las cartas de Dios, están yaciendo en las calles, en las comunidades abiertas –y debo afirmar que también en las cerradas-, en los hogares, en los minúsculos y menesterosos seres, en las consecuencias humanas de los hombres y de las mujeres, y hasta me parece que también en nosotros, en tú y yo juntos. Pienso por tanto, que es una desfachatez tratar de saltearnos estos importantes espacios -donde es más que probable que se encuentre, según las escrituras “EL QUE ES”-, sí, es una desfachatez, pienso, que hoy en día, a estas alturas de la vida en que más se necesita de esta presencia dadora de esperanza, se intente alejarla de los Seres Humanos, para quererla ver  como un Dios tan puro alejado de toda falencia humana, es una idiotez.

 

El ejemplo


Siempre hablo de dar el ejemplo, siempre hablo de los actos, que los actos determinan las cosas y cambian el rumbo de las palabras. Siempre hablo y defiendo los principios, no porque sea un “moralista” entre comillas – como alguien intentó catalogarme una noche de octubre, no soy moralista, menos me creo cercano a esta abstracta definición, ¿quién es moral?, tú, tal vez?, Claudia?, Simón?, el párroco?, el pastor?, no lo sé, no me importa, ni está en discusión esto ahora. Nadie es perfecto, ni cree serlo, porque las suposiciones sólo quedan encerradas en éso, en falacias y ambigüedades. Sólo soy un hombre de fe y esperanza, nada más que eso. Si te hablo hoy de valores humanos, sea tal vez porque nos urge hoy hablar de ellos, pero no solo hablar de ellos, sino hacerlos, hacerlos realidad.  Si hablo de la coherencia y del compromiso con las personas, debería entonces a través de mi vida anteponerlas a  mis irritabilidades de hombre para dar tranquilidad a otros hombres, a  quien lo necesite. Recuerda, recuérdalo ahora, perdonar, para ayudar y para hacer sentir bien a los demás. Ese es mi compromiso y espero que más adelante también lo sea para ti. Te quiero, recuérdalo siempre. Ah, claro, me olvidaba, sonríe, sonríe mucho, mucho sonríe. Cuídate.


Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

domingo, 4 de noviembre de 2012

¿Qué está pasando en realidad?: Preguntas y respuestas

La preocupación: Respuestas a una interrogante formulada  

Hace una semana conversaba por una de las redes sociales con Hanna Hernández, una psicóloga, activista mexicana y muy amiga mía a quien tuve la oportunidad de conocer durante su paso breve por Lima a finales del año pasado. De nuestras conversaciones siempre rescato muchas cosas, hablamos de todo, de cultura, de lugares turísticos, formas de pensar y modos percibir las cosas, en fin. Debo reconocer que aprendo mucho de su amistad, pues su espíritu noble de servicio social es muy digno de seguir. La cito ahora, porque hace dos días leí una pregunta que ella había lanzado a los ciberlectores -bueno, yo me considero uno de ellos-. Ella se preguntaba,  

¿Por qué en algunas empresas piensan que la vida humana tiene un valor monetario y se creen con derecho de disponer de la totalidad de tu vida -la del trabajador, interpreto-?  

Esta pregunta, dio en mi cabida a una respuesta corta primero, pero luego más profunda. En ese entonces, sólo atiné a referir dos opiniones:  

1. Por que estamos en el contexto histórico de la deshumanización, nos dirigimos hacia él, y me temo que esto será inevitable tarde o temprano, sin embargo pienso que es necesario hoy ayudar a sensibilizar en las emociones, tal vez esto - me refiero al mundo de las emociones-, sea el freno más contundente en nuestro intento por retardar este proceso y en parte - aunque utópico para muchos- a detenerlo.  

2. ¡Las emociones!..., en la sensibilidad de las emociones humanas está la solución a tanta irrisoria barbarie abyecta y falta de compromiso....hoy perceptible, producto de una incoherente sociedad generalizada.  

Esta nota, descrita a modo de ensayo, lleva el sello de una respuesta reflexiva y final:  

Me temo que sí, que sí es cierto que hoy no sólo las empresas, apreciada Hanna, sino los individuos en su gran mayoría- y esto es lo penoso y decepcionante- han pasado a darle a la condición humana un valor monetario, y por lógica si se trata de dinero, a usarla disponiendo de ello al libre albedrío irresponsable e insensible, y lo que es aún peor, no tan solo las condiciones humanas propias, sino también las ajenas.   ¿Qué está pasando en realidad? ¿Qué está sucediendo con las personas?, hoy enviaba una pregunta abierta por mi cuenta de facebook, ¿seguir creyendo en la personas o no? Supongo que el resultado de estas respuestas, dará pie a otro ensayo breve.  

Luces para una salida  

Me temo, como ya dije en la respuesta 1, mencionada líneas más arriba, y me reafirmo que hoy el contexto histórico que nos circunda es la: deshumanización, ésta, tarde o temprano cubrirá todos los espacios y será irremediable- y lo siento, por los más jóvenes-, no hay escapatoria. Sin embargo, puedo alentar desde esta tribuna a mantener la fe, el derecho y la obligación asimismo a defender nuestras convicciones - si es que aún las tenemos o las que aún nos queden, y que permitan revivir las ya gastadas-, sí sólo puedo decir por ahora, que no podemos fracasar en nuestro intento por ser mejores personas y decirle no, a los malos ejemplos. Decir, que ser firmes tal vez no sea la tabla de salvación para tantas barbaridades, pero estoy seguro que nuestra firmeza permitirá que las nuevas generaciones, qué digo, las presentes generaciones vean como modelos - esta es mi mayor esperanza-. Decir hoy más que nunca que ser uno mismo vale, vale por mil o tal vez más, al margen de todo, de todo lo demás. Decir que las mentiras jamás han tenido ni tendrán cabida, no deben tenerla ahora, con mayor razón. Decir desde esta ventana virtual, que la rebeldía es buena y saludable porque imprime un deseo generoso de libertad, no de libertinaje- entendámoslo bien-, sino de libertad. Decir que en las emociones, en la sensibilidad de las emociones puede estar la esperanza que pueda detener o retardar este proceso maquiavélico, que hoy pocos se den cuenta o no se nieguen a entenderlo.
 
Finalmente, hacer un compromiso todas y todos para ponernos de pie y decirle: ¡NO!.......a la vida vacía y frívola carente de sensibilidad y valoración a lo que somos realmente, la misma que sólo conlleva a la angustia estúpida del cada día. Decirle:¡SÍ!, en cambio a las emociones, sentimientos y pasiones, a todos los afectos y sensaciones, a todos!............... AFECTOS, TOTALES AFECTOS!!!!!!!!!  

Soy un escritor, y ese es mi mayor compromiso con todos y todas ustedes.  

Hanna, un grande abrazo a ti, y tu patria mexicana que tanto aprecio y valoro.  

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

Una movilización sin sustento: el objetivo, aglutinar a la manada; la gran mentira, la democracia

La consciencia de un valor cualquiera sea este da la libertad al individuo, le confiere responsabilidad, acción y fe en el futuro. Los hij...