lunes, 8 de abril de 2013

Escribiendo. (Palabras para una razón admonitoria)



Ayer estuve escribiendo coercitivamente, me quedé escribiendo violentamente toda la tarde, y acabé el día escribiendo, sí, sí, escribiendo, más de fuerza compulsiva que de fuerza creadora, y para serte sincero odio cuando sucede esto, odio estos estadios míos, malévolos, pero reveladores, sé que también los odias, aunque no me lo digas, y la verdad es que no hace falta, no hace falta que me lo expreses, sobran tus gestos y silencios.  Estos estadios repentinos bajo cuya forma escapan mis intenciones hasta destrozar mis palabras. Esos estadios son los que yo llamo estados de la divagación del hombre bueno. Me vas a preguntar, ya lo sé, ya lo sé, ya sé que no debía hacerlo, ya sé que esta actitud melodramática mía no va a conducirme a nada, ni siquiera a la más mínima probabilidad de entendimiento ajeno, o eso que tú dices comprensión sobre los otros, pero es que la verdad es que detesto, detesto todo, lo que haya cruzado mi vida, más allá de las cosas materiales y espirituales, ¿sabes?,  a veces pienso que todos tenemos que liar mucho con esas cosas tan ajenas a nosotros, con esos demonios internos que nos acechan, que nos hablan, que se acercan cada noche a nuestras revelaciones bajo formas ingenuas, pero caóticas. Sí, sí, tal vez tengas razón que debería abandonar todas esas locuras y manías de ser bueno, y que debería dejarme llevar por eso que se llama compasión del alma. Sin embargo, para serte sincero no las entiendo, no las entiendo, no las entiendo nada, ni a eso que se llama alma, ni a eso que se llama compasión, absolutamente nada, nada las entendiendo en absoluto. Sólo conozco una cosa, la decisión de la fe, la decisión de las creencias y de las persistencias, nada más que eso, lo demás son tontas especulaciones, jaja, jaja, en fin, en fin. Sé, sé lo que me vas a decir, sé que me vas a decir porque no me he ido a la cama a descansar temprano como quedamos, uhm, (silencio, mucho silencio, ensordecedor silencio) lo siento, lo siento mucho. Tal vez mañana cuando te vea otra vez, todo vuelva a su normalidad, al trabajo rutinario, a la práctica displicente del vivir diario, de ese vivir existencial diario, ya no recuerdo lo que haya escrito, ya no recuerdo lo que escribí, destruí las hojas, las hice añicos hasta quemarlas con el odio de mi mirada. Soy un tonto, lo sé, lo sé, de lo que haya querido escribirte ya no queda nada, no queda nada salvo esa intención admonitoria de escritura, lloré, lloré demasiado, me encargué de llorar demasiado, aunque demasiado no tan bien como para no ser tan creíble, pero ya está eso hecho, ya está hecho, volcarse interminablemente sobre un tablero de sentimientos no es algo que los hombres normales como yo estén acostumbrados a hacer, o a sentirse sentirse augustos haciéndolo, sin  embargo los entiendo, los entiendo más que demasiado bien.

De: Obligaciones del corazón. Lima. 2013.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

sábado, 6 de abril de 2013

De poeta a ensayista


De poesía a pensamiento

Imagen extraída del portal
http://es.123rf.com/photo_7207320_nino-escribiendo.html
Cuando empecé a escribir mi primer poema yo tenía aún catorce años, y francamente no tenía ni la mínima idea de que años más tarde mi vida dependería de esto, de esto cuyo nombre hoy he comprendido y he asimilado tan bien, escritura. Como ya he dejado entredicho anteriormente, era una curiosidad para mí escribir en ese tiempo, pero al mismo unísono llegaba a considerar la escritura de poemas febriles -aún de adolescente-, como un desahogo en mi intento por ser honesto conmigo mismo, una especie de confort mediático y tranquilizador, pero también de actividad creadora y salvadora para con mis propias emociones; a quien se lo dediqué (este primer poema) no tiene importancia ahora, total, han pasado muchos años desde entonces. Es curioso hoy que muchos de esos años hayan quedado encerrados en eso que llamamos épocas. Épocas, en las que los adolescentes de esa edad empiezan a balbucear sus primeros intentos de escritura creativa, porque es esa la edad - la de la adolescencia- en que las emociones son transparentes y limpias, a pesar de las inexpertas y precarias jugadas retóricas o rimbombantes figuras líricas que se quieran manejar. Esa es la edad de las manifestaciones sencillas, directas y claras, esa es la edad de las esencias. Pienso que en la medida que crecemos y nos adentramos en nuestras propias experiencias humanas vamos afilando y engrosando habilidades que nos cambian o perfeccionan, pero también que nos alejan de nuestra propia simpleza o sencillez del corazón. Total, aquí lo que cuenta al final es no perder nuestra esencia primera, sino mantenerla, o en todo caso recuperarla. He allí la gran tarea de los individuos, recuperar esa esencia que el mundo externo se empeña diariamente en intentar hacernos olvidar.

Como ya dije, fueron sólo eso al fin y al cabo, pasadas épocas. Por tanto, seguí escribiendo, redactando en hojas de cuadernos escolares, tanteando en versos emociones siempre agudas, balbuceando líricamente con el fin de hallar en dichos procedimientos líricos cada vez mejores construcciones, mejores redacciones de poemas, cartas, frases con dibujos, todo esto sucedía mientras crecía en estatura y pensamiento sin darme cuenta que en adelante esta actividad de dar vida a emociones en versos y en pensamientos sería mi destino y futuro. Escribir, redactar, elaborar, componer hasta entrada mi época universitaria en Trujillo fue lo que hice en adelante, muchas veces entregado al silencio de un cuarto solitario. Muchos escritos solía escribirlos en las noches, antes de dormir o sentado de pronto en un pasadizo de algún reciento universitario o en algún patio o al pie de algún monumento en la calle, sí, sí, como ya dije los solía acompañar de dibujos, muchos de ellos, animados de esos clásicos cuentos de Disney a los que tanto tiernamente he admirado. Muchas de estas historias aparecieron en la niñez temprana de mi vida, mi padre las compraba y traía a casa acompañadas de sus respectivos "cassettes" amarillos, rojos, en fin. Tal vez sea por eso que se hayan quedado hasta hoy impregnadas a los recuerdos míos, ya que siempre hubo al final de estos, geniales enseñanzas.

Génesis de un ensayista

Imagen extraída del portal: http://www.jivablog.com/
Yo aún rozaba los dieciocho o diecinueve, muchos de estos trabajos los llegué a obsequiar buenamente a amigas o amigos, o los pegaba de pronto en algún periódico mural o boletín, ¿los temas?, ah, sí, los temas giraban en torno al amor, a las relaciones de amistad, a mis preocupaciones por el futuro de mi existencia, a mis rebeldías, a mi temores y sueños. Es cierto y debo certificar que fue también por esa época en que los estudios de la pedagogía, la psicología y la filosofía, y los escritos que de ellos derivaban como pequeños análisis y críticas empezaban a aparecer como luces inesperadas aún en mis interpretaciones  porque es cierto - y debo admitirlo- que la interpretación y la conjetura lógica fue reemplazando a estos escritos que en un inicio llamé poemas, me fui convirtiendo sin saberlo en una especie de analista, cuando no, cuestionador e interpretador.

Han pasado muchos años desde entonces, y pienso que la construcción de lenguajes propiamente poéticos han ido cediendo su lugar a estructuras más elaboradas y  de características más acuciantes en cuanto al fondo mismo de ellos. Publicar dos libros de poesía y tener la sensación de no percibirlos como netamente poéticos en el sentido estricto de la palabra, más bien sentir una especie de haber entregado mi escritura a una forma de cohesión entre poesía y pensamiento. De allí que, temas más amplios, más sociales, más emocionales, más religiosos, más filosóficos, más políticos, más psicológicos, más económicos, más éticos y morales, más informativos, hayan terminado absorbiendo el interés de mis lecturas e interpretaciones habiendo llegado a considerar a la realidad inmediata y sus múltiples carencias como el centro y eje a explicar, entender, cuanto no, cuestionar o detestar. No soy un pesimista, sí un inconformista, sí un  crítico de lo que rodea y da forma a mi vida.

De allí, que sea necesario entender que entre el papel del escritor y del ciudadano diario no hay brechas ni separaciones,  el papel de este individuo es el mismo, sin más ni menos, y como ya lo expresé anteriormente, "la escritura ha de entenderse no como una especie de arte que sirva para entretener, sino como un vehículo para conducir consciencias y sensibilizar almas.

Un ensayista, es un hombre que usa el pensamiento para proponer teorías- o en todo caso pareceres-, él escribe partiendo de una lógica tan elemental como el sentido común, jamás puede negarse a denunciar, lo que según a juicio personal considere como erróneo y equivocado. Un ensayista, plantea una óptica partiendo de la observación de los sucesos con el fin de explicarlos, curarlos, darles salida o simplemente rechazarlos. En la lógica tan elemental del ensayista -no he dicho crítico literario-, jamás se podrá consentir mentiras arropadas frágilmente con tintes de verdades a medias. Sí, en esta lógica no hay cabida para la interpretación ingenua y mediocre, o para el "supuse que", para el amiguismo partidario que tanto daño hacen a la esperanza de las personas, de allí que los ciudadanos dejen de creer en sus líderes y guías, simplemente porque no haya ejemplos evidentes. ¿qué hay riesgos?, ¿ y qué?, ¿que haya malas interpretaciones?, ¿y qué?. Las cosas se hacen y las palabras se dicen tal cual se las ve o se las conceptualiza.

¿Ensayista o poeta épico?

Imagen extraída de: http://guaridadelingeniero.blogspot.com/
Tal vez haya que entender al ensayista honesto como un poeta crítico y realista, cuando no, social y político- un comprometido-, como decía Salvatore Quasimodo, "Un inconformista que pasa de la poesía lírica a la poesía épica para hablar sobre el mundo y el tormento racional y emocional en el que vive el hombre." Si atendemos a esta lógica, entonces el poeta estaría encumbrado a ser ese conscientizador del espíritu perpetuo, no mediático, total, asimilando el perfil propuesto por el autor de "El poeta y el político" se puede partir de una nueva concepción de poeta, un inconformista de la vida que no busca penetrar la cáscara de la civilización literaria falsa, porque seguramente ya haya descubierto que hay en su interior, una civilización llena de torres de defensa como en la época de las comunas medievales. El poeta, tal vez muy lejano a esta civilización a la que considera extraña, tal vez opte por estar solo, opte por recorrer las periferias, buscando encontrar en ellas cada día, encontrar en sus calles una imagen que contenga en sí mismo al hombre de los sueños, a la enfermedad y disvariamento del hombre, a la redención del hombre, a la miseria de la pobreza emocional. Por tanto, entre un hombre de letras y un poeta haya finalmente mucha diferencia, un político seduce al hombre de letras, pero no a un poeta porque el poeta va más allá de las simples pasiones políticas, partidarias, sectarias, un poeta universaliza consciencias practicando - no simulando o fingiendo- ante todo ese lado puramente ideal de nobleza en el Ser Humano.

Atendiendo a la lógica hermética del escritor italiano, anteriormente citado, tal vez haya necesidad de aclarar que no soy poeta - o al menos, no desde esa óptica puramente lírica-, sí, un observador, creí serlo por mucho tiempo, y debo reconocer que me equivoqué al pensarlo; sin embargo a pesar de ello, mis respetos y admiración al irlandés William Butler Yeats y al angloestadounidense Thomas S. Eliot siguen intactos, estos maestros de la lírica pura siempre me parecieron y me siguen pareciendo las mayores muestras humanas de sensibilidad y expresión poética que haya dado el mundo. Volviendo a mí, tal vez tenga un par de libros más de poesía para publicar, pero no, publicarlos no me seduce ahora, tal vez en algún momento lo haga. Soy un ensayista que interpreta desde su propia óptica existencialista lo que ve y lo que siente, y lo escribe usando una prosa simple, muy simple, pero eso sí acuciosa y reflexiva.

Imagen extraída del portal
http://lagangaonline.com/news/2013/feb/08/superacion-personal/
Soy un hombre interesado en escribir relatos extraños cargados de matices morales, psicológicos y filosóficos con personajes a veces díscolos, locos, enfermizos, caóticos, pero también emancipadores y rebeldes; personajes que se decepcionan todos los días de su realidad, pero que también viven la procesión de su propia fe buscando compañía en sus demás congéneres; personajes convencidos de sus propios valores y creencias, pero también enemigos de sí mismos, cuestionantes y lapidarios; personajes furiosos y desconfiados que explotan en llantos de piedad y bondad del corazón; personajes de los bajos fondos morales y con las actitudes más sórdidas, pero también más redentoras y humildes. A todo esto, no es mi ambición construir relatos que obedezcan a estructuras textuales definidas ni enmarcadas en un canon único con el fin de captar lectores, sí, si más bien, es mi interés hacerme un espacio en sus consciencias individuales, llevarlos al cuestionamiento y al análisis. Mi interés es escribir ensayos, cuando no, relatos, sí, sí, tal vez relatos que expongan mis propias interpretaciones diarias. Eso, soy al fin y al cabo; no más que eso.


Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

domingo, 31 de marzo de 2013

La función de la escritura

Nunca he podido dejar mis emociones y sentimientos de costado a la hora de escribir, pensaba y sigo pensando ahora que sería injusto y deshonesto de mi parte si sólo era o en todo caso soy  capaz de mostrar una arista de mi individuo propio- ese lado adulto esquivo a cualquier sintonía de reflejo sensible que jamás se enamora, ni se entusiasma, ni llora, ni odia, ni ama, ni ríe, ni dice que se equivoca, sino al contrario que cree conocerlo todo, saberlo todo, dominarlo todo, tener bajo control todo: en tono huidizo, apático y y equivocadamente maduro-, no, esa no es mi idea de escritura. Por tanto no soy de aquéllos que piensan que para decir algo se tenga que disfrazarlo bajo palabras culteranamente espesas- respeto a quienes que lo hacen, por lo mismo consiguiente pienso que jamás podría vestir mis emociones - o sesgarlas por completo- con frases o conceptos puramente cívicos, políticos o ideológicos, en fin. No, y entendámoslo bien que: no es que lo uno sea separado de lo otro, sino que al contrario lo uno va ligado a lo otro. He allí la transparencia de un escritor, o lo que muchos llamarían estúpidamente, tonta ingenuidad, en fin.

Foto tomada de la página: http://benielenimagenes.beniel.es/
Pienso que un escritor debe ser siempre un eje, un pulsómetro de consciencias a nivel de todas las edades, un ciudadano que escribe para todos y pensando en todos, pero a la vez sin caer en partidarismos sectarios ni ideológicos con nada o nadie. Un escritor es un abandonado a su suerte- cuya única esperanza redentora es, el impulso motor de sus propias creencias y convicciones que lo vivifican cada día-, sin grupos mediáticos de por medio que aten sus pareceres, y que lo sindiquen por tanto, como parte integrante, alguien, cuyo fin personal no obedece más que el servicio a la "finalidad estatutaria" de su grupo. No, no, el escritor es un hombre libre, no he dicho liberal, sino libre que rompe cualquier régimen estatutario y crea el suyo propio, no en función de sus propios caprichos, sino en función de lo que se necesita con urgencia, que no está encasillado en generaciones de su tiempo, sino en generaciones de otros tiempos, que va al pasado para reconstituir el futuro transitando por la interpretación de un presente que se hace todos los días. El escritor es un hombre que se mueve en una sociedad compleja que es esquiva y agradecida a la vez, y es su misión entenderla y ayudarla.

Un escritor tiene que ser coherente y firme entre lo que dice y hace en el día a día, un hombre de a pie mezclado entre los miles de personajes anónimos de a pie.  Un escritor debe ser consciente de las propias palabras que escribe o riega por allí escribiendo, alguien capaz de entender el impacto o desmedro que sus palabras tengan en los demás, alguien que no olvida cuál es su papel real en la sociedad, el servicio de la verdad. El escritor debe ser un hombre que jamás ponga su arte por encima de lo demás, ya que pienso que el arte está al servicio de los hombres, y no los hombres al servicio del arte en sí mismo. Es una tontería pensar eso hoy en día, pues ya no estamos en las épocas en los que un Wilde o Valdelomar irrumpían en un salón para decir "este soy yo" con el fin de ser aplaudidos. Algunos pasajes de la historia de la  literatura si bien es cierto nos muestran estas posturas, también nos ayuda en algunos pasajes a entender esta función pragmática de la escritura, el compromiso. Por tanto, critico y rechazo todo intento de escritura que se trate de concebir como pasajera, burda, seductora o charlatana, no es que sea un aburrido o tedioso al insistir en este punto, sino que pienso que una escritura, arte, interpretación o como suela llamársela, es ante todo una manifestación bondadosamente humana que lleva impresa en sí misma una necesidad orientadora, crítica y reflexiva. En fin cada quien es y será responsable en el futuro de lo que hace o haga, y de lo que haya asumido seguir. Total, la escritura no es una especie de arte que sirve para entretener, sino para conducir y sensibilizar, al menos esta es la vía que he tomado.

Foto tomada de: http://psicologiadebarrio.blogspot.com
El escritor es un hombre que no tiene temor de expresar sus emociones y de escribirlos, cuando estos imperan sobre su razón, por lo mismo consiguiente no concibo esto, el separar lo emocional y lo pasional del compromiso racional y personal que tengo con mis escritos y mis interpretaciones puramente colectivas y formales. El escritor, en muchos casos debe ser un individuo honesto, en pensamiento y sentimiento; decir lo que tiene que decir e interpretar lo que debe interpretar, lamento, si a alguien incomodo algunas veces con estas percepciones mías u opiniones rebeldes que suelo compartir, en fin, es mi estilo y no puedo escapar de "esa", que en sí es mi propia realidad.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

lunes, 25 de marzo de 2013

Indulto al Sr. Fujimori

"Indulto al Sr. Fujimori sería contraproducente para el presidente", ha dicho el legislador Víctor Andrés García Belaunde, según fuente del diario El Comercio, sin embargo, reflexiono y pienso a qué es contraproducente?, ¿a la popularidad del Sr Presidente? ¿A su relación estrecha con sectores de poder con el que cogobierna y que aún viven de odios y resentimientos?, ¿o tal vez, contraproducente a su amistad con el Sr. Vargas Llosa? Tonterías, el Sr. Alan García indultó a personas que jamás debió indultar, y nadie dijo nada, sino hasta después en que los escándalos fueron mayores e intapables y nuestra prensa no tuvo más remedio que verse obligada- más por fuerza que de ganas- a esclarecer dicha acción. Vuelvo a pensar, ahora más convencido que ayer, que quien tiene la voluntad de demostrar su generosidad y calidad humana no busca pretextos, ni está sujeto a los "decires" o "pareceres" de terceros. ¿Qué está esperando Sr. Humala? Dudo que el Sr. Toledo esté de acuerdo con esta decisión de indulto, pero en fin, eso que importa, él también hizo lo mismo con personas inadecuadas que estando libres volvieron a delinquir. En fin, cosas de decisiones, cosas de grandes de grandes y mayores, cosas de poderes muy lejanas a hombres de a pie como nosotros. 

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

jueves, 14 de marzo de 2013

Francisco I: Una esperanza nueva hallada en este fin del mundo

"HAY UN NUEVO PAPA, ES JESUITA Y REALZA LA SENCILLEZ DEL HOMBRE POR EL HOMBRE, ME AGRADA QUE UN SIERVO DE DIOS SEA DE ESTA TENDENCIA. HABEMUS PAPAM Y ES FRANCISCO I". (miércoles 13 de marzo del 2013)

Anoche al promediar las 9 pm, publiqué  esta nota breve en mi cuenta de facebook antes de ir a cenar, había estado todo el día en un ajetreo tal que no tuve mucho tiempo para escribir algo, sin embargo eso jamás fue un impedimento para poder ver algunos portales virtuales que anunciaban el famoso HABEMUS PAPAM.

Indudablemente, que es una satisfacción que un latinoamericano sea elegido como sucesor de Pedro, justo en este tiempo cuando las cosas parecen estar descalabrándose, pero no, hoy no es un día para quejarse, sino para regocijarse. Al margen de las críticas que puedan hacérsele a su persona, es necesario valorar ese espíritu noble de humildad que siempre -según colaboradores más cercanos- ha acompañado su vida.

Pienso, y lo dejé expreso hace un mes atrás cuando supe de la dimisión del hasta entonces Papa, hoy cardenal emérito, Benedicto XVI que la iglesia católica necesitaba vislumbrar nuevos tiempos, cuestioné en en ese entonces y duramente al saliente Papa, ¿qué pasaba al interior del clero institucional más rígido y celoso del mundo? ¿Por qué renunciaba el Papa?, me costaba creer algunas cosas, como ese tan sonado debilitamiento físico o desprendimiento de poder del que tanto se ha hablado; personalmente atribuía más bien a un debilitamiento espiritual al interior de dicha fe, conjetura extraída precisamente debido a los últimos sucesos y escándalos sucedidos.

Hoy, un día después de ese trece de marzo, estoy muy contento porque por fin pienso que el buen ejemplo sincero, la preocupación social por la pacificación general, la erradicación de toda pobreza emocional - o al menos esa certeza de atención desde hoy más tangible- de las consciencias de los hombres, sí, todas estas necesidades que siempre formaron parte de mis preocupaciones vienen a tomar hoy consistencia esperanzadora en la persona de Francisco I.

Espero que las futuras enseñanzas y encíclicas - las redactadas por él y las que vengan en adelante- nos empiecen a mostrar a un Dios, ya no alejado de los hombres, sino más bien cercano a ellos mismos, y digo esto por lo dividido que parecen estar los pensamientos de las realizaciones, porque una sociedad que niegue o reniegue de su propia fe está condenada al vacío de la desolación temporal. Como ya dije una vez, en una nota que escribí el año pasado que era una barbaridad pensar en estos tiempos en un Dios alejado de los hombres y de las mujeres, sencillamente porque este Dios mismo que los puritanos de la fe desean ver sólo en los cielos, sí, en ese prístino limbo, estaba hoy más que nunca en los hombres, en sus aciertos y desaciertos, en sus alegrías y en sus frustraciones.

Pienso que Dios no está en una ideologizada religión, ni siquiera en las paranoias de sus redentores, no, allí no está Dios. Dios está en la verdad de los hombres, en el rostro de los hombres. Las cartas de Dios, están yaciendo en las calles, en las comunidades abiertas –y debo afirmar que también en las cerradas-, en los hogares, en los minúsculos y menesterosos seres, en las consecuencias humanas de los hombres y de las mujeres, y hasta me parece que también en nosotros, en tú y yo juntos. Por tanto, me pareció - y aún me parece- una desfachatez tratar de saltearnos estos importantes espacios donde es más que probable que se encuentre, según las escrituras “EL QUE ES”, ya que hoy en día, a estas alturas de la vida es cuando más se necesita de esta presencia dadora de esperanza, y por lo tanto no debería intentarse alejarla de los  Seres Humanos para quererla ver como un Dios tan puro alejado de toda falencia humana.

Todos estos pesares y preocupaciones que estuve analizando veo por fin, sino resueltos por lo menos meditados como ya dije en la persona de Francisco I, sencillamente porque él es parte - al menos en su esencia, y eso es lo que más importa- de este continente de la esperanza como llamara así a esta parte del mundo el beato Juan Pablo II, que según supe por mi madre llegó una vez al lugar donde vivíamos producto de su peregrinación, aún era muy niño y no recuerdo con exactitud ese momento, sin embargo debo suponer que su gran generosidad para con las personas fue inmensa, en fin.

Francisco I, muy aparte de conocer se cerca el lenguaje de sus propios feligreses que se concentran mayoritariamente dentro de este continente también sabe -porque ha conocido de cerca- del sufrimiento, las dictaduras, las injusticias sociales y la violencia extremista de grupos radicales amparados en principios necios de destrucción y ambición personal que nada han aportado al género humano. Confío en que su formación jesuita, educado en la escuela de San Ignacio, y su procedencia humilde y sencilla unidos a su creencia y su convicción por seguir los principios de la Teología de la Liberación, corriente de la iglesia latinoamericana -encabezada por el padre peruano Gustavo Gutierrez-, que prepondera la defensa de los pobres y oprimidos, constituyan en él una esperanza para un pueblo que desde hace muchos años espera una nueva visión tal vez más ligada a la centralidad de ese mismo Cristo encarnado que es capaz de mirar a los hombres y a las mujeres con alegría, con sencillez e ilusión.

Quiero esperar de él, de este nuevo siervo de Dios, mucho diálogo ecuménico, mucho espíritu de concertación, pero sobre todo una capacidad para seguir con esa obra evangelizadora de llevar la buena nueva a los recónditos lugares, allí donde el secularismo y el olvido y resquebrajamiento de la fe imperan sobre las consciencias y buena fe de las personas.

Concuerdo con este hombre que es en este nuevo mundo, en este fin del mundo -como así llamó a esta parte del orbe- donde sus hermanos cardenales lo han encontrado. Eso es bueno, encomendémoslo en nuestras oraciones siempre.

Bendiciones sinceras y un total abrazo estimado - y desde hoy Papa amigo- Francisco I.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham le saluda.

NOTA: Adjunto un enlace que tal vez puede servir mejor a ampliar esta crónica.

http://video.latam.msn.com/watch/video/anuncian-el-nombre-del-nuevo-papa/1lk62r1nj?from=dest_es-xl&src=v5%253ashare%253asharepermalink%253a

lunes, 11 de marzo de 2013

Quién esté libre de pecado, tire la primera piedra: Mi apoyo a la alcaldesa de Lima. Sra. Susana Villarán

Me hice hace muchas semanas atrás una promesa conmigo mismo, la misma que consistía en mi justificado silencio- no, porque no me interese el asunto, sino porque estaba al margen de todo comicio electoral para este domingo 17, ya que mi destino de origen según mi documento de identidad no era Lima, sino Trujillo-, hecho que he cumplido hasta hoy de la forma más absoluta, sin embargo visto los últimos acontecimientos coyunturales me he visto en la necesidad imperiosa de romper este silencio mío y tomar una posición por una razón fundamental, porque amo a esta ciudad de la que tanto he aprendido y ha alimentado la mayor parte de mis vivencias, una ciudad que ha hecho de mí todo lo que soy.

Como decía estos últimos días se han agravado las cosas: lo que parecía un simple un juego malintencionado, hoy ha tomado tras un giro radical y grave una forma algo espantosa, porque no puede haber otro calificativo para esta cosa mal llamada REVOCATORIA, cosa - por cierto- que me parece insana y patética, y con la que algunos tras el cliché de "derecho democrático" se han tomado la atribución de manosear la honra de personas pertenecientes a ambos bandos que habiendo estado inmersas o no han terminado siendo vapuleados (ofensas por un lado, para los del "SI" y por el otro, para los del "NO"), me pregunto: qué está pasando, dónde está nuestro juicio lógico para dejarnos influenciar por estos dos monosílabos que al parecer gracias a sus gestores han puesto en tela de juicio otra vez nuestra precaria condición de discernimiento propio para evitar esto, sí, porque esto debió haberse evitado desde un inicio, aquí los culpables no son las personas de pie, sino lo malos administradores del pueblo, en fin.

Por otro lado, de qué democracia hablamos entonces, si no somos capaces de respetar una elección ya consumada, en la que paradógicamente muchos apoyaron mayoritariamente errada o certeramente justificada. Por lo que yo sé, los votantes son adultos, y cada quién es libre de hacer de su voto lo que desee y de elegir a quién cree más idóneo para un puesto público. Aunque esto último de idóneo pueda parecer un término falaz - casi utópico y hasta inocentón- en un contexto político en el que la enajenación moral y el deseo desmedido de poder campean sobre lo que debería ser un buen gobierno. He lamentado esto, tanto como he lamentado que a estas alturas sólo seamos capaces de recurrir al atropello y a la violencia verbal y peyorativa con el afán de menoscabar las consciencias de las personas. Creo que aún no hemos aprendido a convivir entre nosotros. Aquí el problema no está en que si alguien actuó mal, o si de dio cuenta tarde que debía actuar bien, no aquí no está la raíz del problema, sino en el egoísmo y el rencor con que muchos han actuado al sentirse despreciados o desairados, tal vez hasta incomodados. Es una lástima, entiendo. Entiendo, entiendo muy bien estas razones, sin embargo no justifico su tremenda maldad y mala fe de querer sumir a toda una ciudadanía al retraso total y al gasto oneroso innecesario y estúpido sólo por el puro berrinche pueril de satisfacción ególatra.

Creo que a estas alturas la pelota ya está en la cancha y rodando, y no es recomendable detener este juego, no ahora al menos, por la pérdida que significaría un stand by, justo ahora cuando más se necesita trabajar y recomponer las ausencias de las obras buenas por ahora ausentes, no dudo de la buena voluntad de este gobierno municipal para subsanar errores, gobierno que lamentablemente ha caído en el desprestigio y descrédito popular con justa razón, sin embargo como ya dije, y lo reafirmo con otras palabras que ya no estamos "para llorar sobre la leche derramada", no ya no estamos para eso, sino para responsablemente dejar trabajar a las personas que fueron elegidas para trabajar: "zapatero a su zapato", "contribuyentes a sus contribuciones", "empleados a su labor", y "administradores a su gestión". Deseo que este lunes 18 todo vuelva a la calma, que sea un día distinto, un día de cambios, y sobre todo un día para meditar y enrumbar el carro en beneficio de los demás.

Yo le digo Sí, a la señora alcaldesa Susana Villarán y extiendo mi apoyo a ella porque es una autoridad, y porque el principio de autoridad democrática verdadera debe ser respetada, y esto - créanme- es en la práctica respetar la democracia, nos guste o no, no quiero un desorden o un atraso, sí, un nuevo giro; por otro lado yo le digo No al APRA,  al FUJIMORISMO, y a la SOLIDARIDAD NACIONAL, partidos que jamás debieron hacer prevalecer su codicia mezquina - verdadera intención-  y que hoy más que nunca están a punto de consolidarla , aquí no está en cuestionamiento lo que convenga o no, a alguien como yo, a pocos como los otros, sino lo que convenga a todos, al pueblo de Lima, en primer lugar. INSTO  a amigos, estudiantes, familiares, y toda persona vecina en posibilidad de sufragar A HACER VOTO no reflexivo, sino decidido, decidido y convencido que lo que hoy más se necesita es bienestar, no malestar. OPTEMOS POR EL NO, al margen cualquier cartel o propaganda mediática. No hagamos leña del árbol caído, total, quién esté libre de pecado que tire la primera piedra.

Agradezco y reconozco desde ya a todos aquellos estudiantes, amigos y amigas que han ayudado a conscientizar de la manera más estoica para que esta opción sea la que al final prevalezca, pidiéndoles no desistir en este último tramo que queda.  Para todos desde Lima, Ciudad Capital del Perú.

Víctor Abraham les saluda.


domingo, 10 de marzo de 2013

Los latidos secretos del corazón


Decía en 1981 el escritor estadounidense Raymond Carver en su libro: "¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?", que a esa especie de amor físico, ese, definido por una sucesión de impulsos que hacen que una persona sea arrastrada hacia otra de una manera concreta y orgánica, se compensaba esa otra cara del amor- y pienso que tan importante como el primero-, ese, ese amor que inspira el ser de la otra persona, que inspira gratitud, generosidad recíproca y servicio.

Pienso que nos pasamos la vida tratando de encontrar a una persona tan similar a nosotros - al menos sino en forma, en fondo- que cuando la encontramos dudamos de que sea esa persona la indicada haciendo en nosotros -en nuestra razón- todo lo imposible para demostrarnos que no lo es, que no es esa persona la indicada o la esperada, cuando la realidad del conocimiento diario poco a poco termina evidenciando lo contrario hasta hacer renacer esa esperanzadora corazonada que durante años ha alimentado nuestra vida. Me pregunto, ¿quién es realmente el ser indicado para una persona?, seguro que ese ser indicado no existe, se va haciendo en el camino del afecto, al menos no en definición, de precisión, ni de exactitud. Nunca se está definido quien ha de llegar a nuestra vida de la forma más esperada. El amor es tan relativo como inesperado. A veces las situaciones más insospechadas, raras y extrañas terminan por sobrecoger a nuestras emociones envolviéndolas luego en explosiones impetuosas de deseo físico, carnal y orgánico, pero también en explosiones afectivas de cariño y de reciprocidad. Ambos tipos de sensaciones enriquecen el enamoramiento.

Si bien es cierto, el primer acercamiento - cosa invisible e variable del destino o no- nos deja dudas, desconciertos, pero también curiosidades y esperanzas. Esto, es sólo el inicio, porque lo demás viene luego, lo demás entendido como ese segundo paso a dar, el paso del descubrimiento, y finalmente el del conocimiento.

En una relación nada es perfecto. Hay alegrías muchas, como también desdichas, porque en realidad - y seamos justos en reconocer- todo es así de contradictorio, de irresoluto, y sin embargo al mismo tiempo hay fe, hay afecto, y hay renovación. Nadie es perfecto, ella no lo es, tampoco lo soy yo, lo sé, lo sé mucho, y sin embargo es necesario quererla, es necesario querernos a pesar de nuestros tantos desvaríos emocionales. Porque todas las personas - entendámoslo bien-, estamos hechas de desvaríos emocionales no cubiertos durante nuestras primeras experiencias de vida, siendo lo más triste el hecho de terminar negando esto a los ojos de los demás debido a nuestro miedo por mostrarnos vulnerables y desvalidos. Creemos tapar estos huecos y vacíos con momentos fugaces de mezquino confort, ya sea de orden sexual o de reconocimiento social, en fin. En realidad, pienso que todo esto no hace más que agravar el problema de lo que yo llamo la  no aceptación de nosotros mismos.

Por otro lado, desde adolescente siempre escuché decir que las personas dentro de una relación siempre buscaban la estabilidad, y estabilidad de todo tipo: mental, emocional, económica, qué sé yo. Pienso, ahora años más tarde, que la estabilidad es algo utópico de alcanzar, es más no existe estabilidad, ya que nuestras vidas dialécticas y de realización cambian continuamente en función de nuestra edad, nuestra posición social y nuestros intereses, no existe en realidad eso, sólo existen momentos de dar y recibir, de querer y de odiar, de acusar y de perdonar, de gritar y de callar, de gastar o no gastar, de hacer el amor en ornamentales habitaciones, o simplemente no hacer nada, de llorar y de reír, no más que eso, esa es la realidad, lo otro, ese deseo de estabilidad sólo es ficticio, ¡somos seres humanos por Dios!, y con nuestras falencias y aciertos debemos buscar más bien la comprensión y la aceptación real, es difícil, lo sé mejor que nadie, tanto como sé que también es necesario trabajarla. Es mejor hacer el esfuerzo mutuo por construir y cimentar, que hacer por separado la demostración de agrado por el otro.

Cuando conocí a Magaly Victoria, vi en ella algunos rasgos que tenían similitud con los míos. Eso, es lo que más me atrajo de ella, rasgos como la sencillez, el deseo mutuo de sentir regocijos y ternura el uno por el otro, esa gentileza y disposición  a los problemas de los demás, ese espíritu noble y soñador de afrontar las cosas del mundo. Yo no la conocía a ella, y sin embargo pienso que ella estuvo siempre allí. Me parece que siempre estuvo allí, y no lo digo sólo por esa tarde de primavera que fue el día del conocimiento mutuo, sino por todas esas tardes que me ha tocado estar junto a ella, lo digo, por esos momentos que hemos compartido desde entonces, no han sido muchos, pero creo que han sido los suficientes para ayudarme a entender todo esto que se llama amor afectivo o lo que yo llamo consentimientos de felicidad, en fin. La quiero, pero ante todo la amo. A veces creemos saberlo todo y sentirlo todo, y sin embargo no sabemos nada, ni sentimos nada más allá que no sea esta lógica tan significativa que implica el dar y recibir, pero sobre todo el dar. Al margen de lo demás estoy orgulloso de ella, no por lo que parezca a los ojos de un buen crítico, sino por lo que me ha demostrado ser. No necesito creerla perfecta, sí, en cambio necesito sentirla, sentir lo que piensa a través de sus alegrías.


A veces las cosas del amor son así, como diría Raymond Carver, en el amor no somos más que principiantes. Debe ser verdad, al menos eso creo, queremos ver de pronto las emociones del corazón del otro para estar seguros, pero seguros de qué, no, no hay nada que no sepamos por nuestros presentimientos de aceptación y gestos de aprobación, eso es suficiente. Creo que en estas cosas del amor, lo mejor es hacer más que decir, demostrar más suponer, dar más que recibir, perdonar más que ofender, entender más que juzgar, ayudar más que silenciar, en fin, porque jamás podríamos decir que amamos a alguien, o consideramos a alguien sino hay de por medio esa aceptación primero, y esa valoración después. Lo demás resulta innecesario. En este contexto tan actual que nos envuelve donde el afecto ha quedado supeditado a los llenados de vacíos pasajeros y las emociones han quedado subordinadas a los logros profesionales -en muchos casos desmedidos y cosificados-, se hace necesario la aceptación del otro, pero también el compromiso de fortalecimiento mutuo. Total, aquí las palabras sobrarían, si no hay acciones que den fortaleza a esos sentimientos, dejar lo tuyo y lo mío, por lo nuestro, creo al menos que es mejor eso: Lo nuestro.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

sábado, 9 de marzo de 2013

Sobre los vacíos emocionales de los hombres

Foto tomada del portal: Picture Yourself.
No sabemos que mueve a las personas a actuar de una manera o de otra - al menos yo no lo sé, pero lo intuyo-. He hablado tanto de los vacíos emocionales hasta el cansancio, y sin embargo me parece poco, no porque no haya más interpretación tras esto, sino por la complejidad psicológica de las personas. Esa complejidad de caracterologías que Freud quiso atribuir a los vacíos sexuales insatisfechos con la primera infancia, me resulta hasta hoy casi incomprensible que esto pueda ser cierto, que para un menor el hecho mismo de no poder evacuar sus heces pueda hacerlo en el futuro un ser miserable y mezquino, o en cuyo egocentrismo de retención de las cosas y de las personas esté acompañado esa desquiciante forma de dependencia emocional futura. 

Por otro lado, Maslow refería luego que la no satisfacción de necesidades primeras - según su pirámide de requerimientos- podía ocasionar que los individuos tal vez jamás lleguen a su autorrealización humana, o al menos no salir de esta misma pirámide convencional tal vez nunca. Cosa macabra o no, pienso que si bien es cierto las primeras experiencias humanas determinan nuestra vida, y por ende nuestras jugadas y estrategias sobre este enorme tablero vital, sí puede ser posible - y hasta necesario- el acompañamiento de los otros, de los otros que conocemos luego y que tratamos como amigos o parejas, es difícil, superar esto- lo de las primeras experiencias, lo es, sin embargo no es imposible si tomamos en cuenta a estas personas valiosas que con el tiempo darán forma a nuestra vida, tal vez no una vida distinta ni mejor, pero si nueva y esperanzadora. Total, tanto los absurdos como las certezas de recuperación siempre están a la orden del día, de nuestra diaria vida. Sea o no prefiero quedarme con esta última esperanza que si nos ayudamos entre nosotros desde el punto que nos ubiquemos frente al otro podremos romper estos artificios penosos de infelicidad, y por tanto cubrir esos tan odiados emocionales vacíos. 

(De Víctor Abraham en Teoría de las emociones. Lima. 2013) 


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Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

lunes, 25 de febrero de 2013

Sobre las cosas de los hombres

Vemos ahora tantas cosas y sentimos a tantas personas a nuestro alrededor de todas las formas, de todos los colores y de infinidad de sugerentes presentaciones que francamente ya no se sabe si todo esto es verdadero o es apariencia - al menos yo no lo sé-, en fin. El detalle aquí no está en cómo se ven las cosas o como las personas se nos presentan, sino en cómo se las siente para nuestros adentros. Luego, hemos avanzado tanto en tecnologías, en modas, en comidas, en niveles profesionales, en stándares, acreditaciones e isos de calidad, y tal vez en reformas más abiertas, justas entre comillas y liberales, pero lo que me queda claro, es que hemos hemos olvidado hacer avanzar lo que realmente importa, el fortalecimiento de nuestras propias emociones y sensibilidades humanas.

El detalle aquí no está en si hablamos con las mejores palabras, o si escribimos libros o poemas llenos de símbolos, como tampoco está en si vestimos con los atuendos más extravagantes para impresionar o si tenemos los grados y títulos para poder hacer valer nuestra posición social, no, no está en eso, en nada de eso, ni siquiera en si somos dueños de algo, o somos dueños de nada, menos está en decir lo que hacemos, entiendo, entiendo todo esto, tal vez porque sea todo esto necesario al fin y al cabo para incrementar nuestros niveles de autoestima y alter ego que tan venido a menos está por estos tiempos debido a esos extraños vacíos emocionales que no queremos admitir negándonos a llenarlos. Como ya dije el detalle aquí, más que nada está en que los demás sepan quiénes somos realmente.


Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

sábado, 16 de febrero de 2013

Palabras sin título

Dibujo tomada del portal: Cuaderno de los sueños,
sito en
(http://monica-dreamsbook.blogspot.com
/2007_11_01_archive.html)

Soy un obrero, siempre lo he sido y me siento orgulloso de haberlo sido. Soy un hombre que ha caminado mucho durante toda su vida, un solitario que apenas si llegué a hacer una familia corta, un buscador de respuestas que nunca han terminado de saciar su existencia. Un trazador de objetivos. Sin profesión alguna, eso sí, con muchas ocupaciones, un trabajador manual y mental por excelencia. Amante de los buenos libros y respetuoso de las creencias ajenas por más absurdas e inexplicables que hayan parecido. Me he desempeñado como hotelero, animador eventual de espectáculos muchos de los cuales fueron histriónicos y sin sentido, vendedor de objetos raros -pero necesarios-, trabajador de almacén, peluquero, cocinero, empaquetador, ayudante de bares y de restaurantes. Empecé una carrera que podía haberme significado éxitos, pero que quedó truncada por procesos judiciales que no quiero recordar ahora. Nunca viajé, y no conozco más allá que un par de ciudades, pero las suficientes para haberme enseñado a vivir. Con una culpa de consciencia que jamás olvidaré y que ha golpeado mis recuerdos siempre. Es curioso percatarse que cuando uno llega a ser viejo, sí, sí, mortalmente viejo, el pasado cobra mayor nitidez, y mientras más años lleve de vida este pasado, más nítido se vuelve, tal vez más nítido que el presente mismo, con confesar que ya hasta olvidé el color de vestido que mi hija llevaba ayer, o si al perro de la casa le dieron o no de comer, claro que es mi trabajo hacer recordar este acto cada día a los otros, pero la verdad es que a veces lo olvido. No es mi culpa, y sin embargo lo siento, lo siento mucho.

Entre mis gustos: leer la biblia, transcribir pensamientos célebres, ver películas mexicanas, coleccionar libros, ojear revistas, y extraer figuras recortadas de periódicos viejos como anuncios de matrimonios, recetas de cocina, mujeres atractivas y artistas de cine clásico. Soy un católico, eso lo supe desde que mi madre me llevaba a las misas dominicales cada fin de semana. Un trabajador rutinario comprometido con mis obligaciones, un silencioso huraño también, y un orgulloso eso sí, pienso que el orgullo es lo único que nos vuelve invulnerables ante cualquier situación hostil a nosotros dándonos valor para sobreponernos. Nunca me ha interesado saber lo que puedan pensar los demás sobre mí, no vivo de ellos. Aunque sí me es necesario saber que piensa mi familia de mí. Ella es mi única razón de vida. Por otro lado siempre he vivido en una casa grande sin arreglar, pues nunca me ha llamado la atención arreglarla a pesar de los continuos pedidos de mi esposa y de mis hijos, pero en fin quien toma las decisiones siempre he sido yo, y eso lo saben muy bien ellos. El próximo enero cumpliré los 70 años. Es curioso verme ahora ya encanecido y envejecido, sabía que algún día llegaría el día de confrontarme con mis propias arrugas, pero no esperaba que fuera tan pronto, sí justo ahora cuando uno recién comienza a hacer los descubrimientos más elementales e importantes de su vida, pero las cosas son así y hay que saber encarar al destino trágico y oscuro. Sólo los hombres valientes afrontan con el mayor aplomo el último tramo de su vida.

Recuerde, siempre he sido muy perceptivo, muy agudo en mi pensamiento, generoso, pero no tonto; escuché siempre voces estando despierto por las noches llegando al extremo de creer que a mí se me había revelado poder saber lo que pensaban las personas a través de sus muecas raras y grotescas, de intuir cosas y sensaciones que luego pasaron y que advertí en su momento. Soy alguien que si no habla, piensa; alguien que sabe lo que es usted ahora, ni más ni menos que esa apariencia que le acompaña, estoy hecho de ideas como usted está hecho de convenciones, suelo reír y entristecerme de vez en cuando- y usted, ha visto esas dos partes mías, por lo que me alegra-, suelo escribir sensaciones en hojas blancas, amarillas, de distintos tamaños y colores cuando no las puedo vivir, tal vez sea porque me he acostumbrado a ello. Sí, sí, soy ese alguien que quiere mucho y abraza cuando debe abrazar sin importarle lo demás, alguien que ejecuta ademanes más de la cuenta y que grita cuando está emocionado, alguien que sabe lo que es y lo quiere, aunque esto es lo único que le quede. Alguien, alguien, alguien que siempre tuvo esa sensación extraña de estar acá y  de no estar en ningún lado, alguien a quien ese sentimiento de pertenencia que invade a los hombres jamás ha importado, alguien que encontró en las palabras su medio de moverse y de realizarse. ¿Rebelde?, pues claro que fui un rebelde, toda mi vida fui rebelde, pero un rebelde honesto, un satírico de la vida, un interpretador y un buscador -por eso, siempre entendí a los buscadores-, ese soy yo; ah, olvidé decirle que también soy alguien que olvidó desayunar esta mañana y comprar el diario del día de hoy. En fin, no somos perfectos. 

Dibujo de Philip Roth por France Belleville en
http://ultimaspaginas.wordpress.com/page/3/
Debo reconocer que últimamente de pronto hay muchas lloviznas invernales y breves – caray, cómo ha cambiado el clima de un tiempo acá-, ahora hasta se pueden ver más seguido en el cielo tumultos de nubes borrascosas, hasta los meses me parecen últimamente más insensibles de lo que parecen. Supongo que en adelante condiciones climáticas como las de hoy marcarán el inicio retrospectivo de muchos otros amaneceres que el destino habrá de traer consigo a mi vida como vayan transcurriendo los días, claro está. Tal vez haya llegado el momento imperioso de empezar a escribir un diario monótono – es raro que me exprese así de este cuaderno, pero ya está, ya lo dije, y cuando digo o pienso algo jamás me retracto, menos lo borro- que reseñe las ansias, los recuerdos, los sucesos últimos, las necesidades, las alegrías y penas – si es que las hay aún-, las ocurrencias, y bueno todo lo demás que esta consciencia mía vieja y achacosa pueda ser capaz de percibir. Siempre he escrito diarios desde mi juventud no monótonos, sino divertidos, cuando los terminaba, los quemaba por situaciones de confidencialidad; los últimos, los he acabado de quemar, puesto que a nadie le interesa la vida ajena del prójimo; bueno pero si aparece algún buscón respetable de repente tratando de hurgar en nuestra propia vida, lo mejor es dejarlo, es mejor no decirle nada ni engañarle o ocultarle ciertas verdades vitales, está en su derecho de tantear en la vida de uno. Ese es su oficio al fin y al cabo, un buscador.

Sin embargo este diario por ser el último que escriba- y pienso llevar esta empresa escribidora hasta el final-, tal vez ya no pueda quemarlo, ojalá lo encuentre alguien que luego de leerlo decida hacer lo mismo que siempre hice: quemarlo. Hay cosas que es necesario queden en la absoluta reserva, pero como ya dije si resulta de pronto un buscón respetable lo mejor es dejarle seguir con sus indagaciones, quién sabe a qué conclusiones pueda llegar y servirle para sí mismo, en fin. Es curioso sentir de pronto la necesidad de escribir, de escribirlo todo, de contarlo todo, pero ya no por pura manía de ociosidad, sino por el repentino sentimiento de despedida, de despedida final.

3.00 pm. Mes de agosto. 

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Fragmento introductorio del libro que vengo escribiendo: "Cuaderno de la existencia", a publicar próximamente.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

martes, 12 de febrero de 2013

Entre lo ordinario y lo extraordinario

Pero los hombres somos así de ordinarios, qué hay entonces de extraordinario en nosotros si somos los mismos aunque nos neguemos a reconocernos como tan iguales a los otros hombres. ¿qué, qué como somos?, bien, reímos cuando hay que reír, jugamos cuando hay que jugar, rezamos cuando nos sentimos perdidos, ayudamos de pronto a alguien para sentirnos útiles, levantamos la mano y asentimos levemente la cabeza cuando hay que saludar, esquivamos la mirada cuando hay incomodidad, cocinamos, lloramos, nos abrazamos, guardamos silencios o perdonamos, en fin, muchas cosas. ¿Ves, has visto que somos ordinarios ahora? ¿Qué hay de extraordinario en nosotros? ¿Te has dado cuenta? Lo extraordinario implica más, cuesta más, lo extraordinario es hacer más, reír, pero más de la cuenta, jugar para no morir envejecido, rezar, rezar todos los días sin motivo aparente de hacerlo, ayudar, ayudar harto, ayudar demasiado no para sentir algo, sino porque queramos hacerlo, hacer de nuestro saludo diario un hábito repetitivo hasta hacerlo rutinario, nunca esquivar la mirada, cocinar pero más agradable y con sazón, llorar, llorar sinceramente, abrazar sin esperar a que haya que celebrar algo, no guardar silencios porque condena al interlocutor a una frustración desmedida, eso sí perdonar, perdonar abiertamente, perdonar aunque sea de boca, pero perdonar. Eso, eso es lo que hace a un hombre extraordinario. 

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

Una movilización sin sustento: el objetivo, aglutinar a la manada; la gran mentira, la democracia

La consciencia de un valor cualquiera sea este da la libertad al individuo, le confiere responsabilidad, acción y fe en el futuro. Los hij...