domingo, 23 de junio de 2013

No existe en nosotros...

No existe en nosotros el sentido de nuestro origen y de nuestro final; 
existimos y ya, morimos y ya; y sin embargo es necesario 
conducir nuestros actos y hábitos de la manera más clara y duradera: 
nuestros actos tienen la facultad de vivir 
más allá de lo que podemos vivir nosotros mismos 
porque sencillamente determinan todo, 
absolutamente todo, 
y actúan -algo así- 
como si fueran variables determinantes 
a la hora de medir 
la intención que tuvo el pasar por este vivir material. 
Luego, estamos para demostrar 
que aún las personas son, en esencia, buenas, muy buenas...

(De: Los latidos secretos del corazón. Lima. 2013). Víctor Abraham





Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

miércoles, 19 de junio de 2013

Sobre los aciertos y desaciertos de los hombres


(...) luego fui dándome cuenta de que esa habilidad - sea innata o trabajada por varios de nosotros- para escribir y para interpretar no debía quedar encerrada en un mero placer por ser leído de la manera más ególatra posible por un grupo de amigos o de allegados a la palabra escrita cada fin de semana en algún confortable recinto; fui entendiendo de a pocos, a veces por mis propias decepciones de quienes me rodeaban, y también por esos solitarios y extraños  acercamientos a los viejos maestros de los libros antiguos de la post guerra -de quienes he aprendido mucho, y a quienes debo mi formación intelectual y humana-, que debía tomar otro derrotero, y salir de todo círculo o cofradía para alcanzar mayor sinceridad posible en mis pensamientos. Sentí que necesitaba una renovación, aún no sé si para bien o para mal, la verdad que hasta ahora no lo sé, sin embargo soy consciente de que toda reforma siempre es para bien. Desde entonces esta visión mía que tengo de las cosas y situaciones que me rodean se ha agudizado, de hecho de un tiempo acá se ha vuelto más cruda y realista, pero que a la vez ésta no ha debilitado mi fe en el cambio generacional, o lo que llamo siempre, el cambio para bien de las personas  y las nuevas oportunidades. Y es que a veces cuando uno pertenece a a...., siempre está metido y enfrascado en esa necesidad de pertenencia a a..., pienso por tanto que los hombres y las mujeres deben de romper esas pertenencias  hacia ciertas as..., para CONVERTIRSE finalmente en verdaderos trabajadores del pensamiento, libres en el mayor de los casos y sin temores a expresar lo que piensan o quieren para sí mismos o para los demás, así se tenga que correr el riesgo de ser apartado o denigrado.

A veces el hacer las cosas correctas es difícil, porque fácil es decir, pero hacerlas es otra cosa, pero me quedo con el hacer, y sin embargo vuelvo a pensar que está en uno mismo tomar el camino de hacerlo o de no hacerlo, y más cuando lo que necesita hoy este país, y creo que los demás países y sociedades, es justamente eso, no se necesitan -por tanto- redactores de términos sofisticados y de figuras retóricas paliativas, menos narradores ficcionales, o séquitos snobistas del pensar y del razonar, porque créanme, que los hay, los hay a montones, en todos los lugares y según las distintas convenciones sociales a las que pertenecen. Es mi punto de vista y apreciación consciente por tanto, que lo que hoy nuestro país necesita son hombres y mujeres que no tengan miedo a decir la verdad, sino a construir sobre esa verdad, ya sea construir sus propias familias, o construir sus propias ambiciones y sueños; se necesitan hoy en nuestra patria: hombres y mujeres que sean capaces de mostrarse como son, que intenten evidenciar lo que quieren o intentan conseguir, y defenderlo, sí, sí, defender sus propias convicciones a cualquier precio cada día, y en cada momento. Por último añado que lo que necesita este país no es gente que hable o escriba decorativamente, sino razonablemente sin caer en excesos, en recelos, en odios figurativos; gente que concerte antes que disuelva, que crea antes que dude, que cimiente esperanza vez de que la debilite con ironías a zancadas, por qué entonces no nos dejamos de ironías tontas e hipocresías remendadas y tendemos de una vez las cartas sobre la mesa para decirnos quiénes somos realmente. En fin...


Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.


viernes, 14 de junio de 2013

Usted: Apuntes para una novela.

Usted, sí, sí, usted, es a usted a quien hablo, a usted que se ha atrevido a decirme que soy un tipo torpe, pero a la vez interesante; un honesto, pero también un pésimo desquiciado; un ingenuo útil imprescindible para sus propósitos (No me dijo esto, pero sus argucias tontas y enredos ocasionales al dirigirse a mí me lo hicieron notar). Le hablo a usted, sí, sí a usted mismo que me ha dicho que detrás de esa ingenuidad que más pareciera trabajada hay un ser informe, elemental, trabajable. (Me río de sus palabras, me río sarcásticamente, y no por lo que es usted, sino por la clase de hombre que quiere ser. Es que ahora tantos quieren ser quienes no son. Discúlpeme si pienso así.) Me habla a mí como si fuera el tipo más elemental que hubiera conocido - y no lo juzgo, total ya me lo lo hizo saber-, y sin embargo no, no soy nada de lo que usted piensa, lamento decirle que no lo soy, no soy eso, ni nada, sólo soy un producto social de un tiempo que no debió haber sido nunca el mío ni el vuestro, y sin embargo nos fue imperioso encontrarnos aquí, sí, aquí mismo en este meollo, usted, bajo su lineamiento miserable de orgullo, y yo por otro lado, bajo mi épico intento por vivir de la manera más simple, más apacible, más rutinaria y monótona, más endeble y caótica. Y es que los hombres no torpes, sino simples -y no hay que confundir simpleza con torpeza aquí-, somos así, así de desquiciados, de informes y naturales. Los hombres como yo, jamás alcanzamos éxitos más allá que de lo que el promedio mediocre exige, ¿y sabe a qué me refiero con esto de mediocridad, verdad? ¿Sabe usted lo que es la mediocridad verdad? dígame que lo sabe, dígamelo por favor, me urge que lo sepa. (Silencio). ¿Sabe usted que los tipos como yo estamos condenados - de manera que no considero injusta porque eso sonaría a queja, sino más bien circunstancial- a llevar como camisa de fuerza el cliché de mediocre precisamente y de modo paradójico por los propios y reales mediocres, pero, ¿sabe?, esto sinceramente me tiene sin cuidado, al menos al interior de mi consciencia todo me tiene sin cuidado; creo que los vientos de mi propia brújula aún soplan en la dirección correcta, y sólo es cuestión de paciencia, de mucha paciencia,  trabajo diario, y de tiempo para dar en el clavo, jajajaj.

¿Sabe?, éste es nuestro tiempo, y no se me haga el difícil de entender, peor, ni siquiera intente justificarse, o justificar las cosas porque ellas son como son, aprendí de mi padre que no podíamos tapar el sol con un dedo cuando todo era evidente; pienso luego que sólo los imbéciles, o los cómodos, o los innecesarios moralmente, o los timoratos de consciencia, siguen tales procedimientos y lo que es peor: obran siguiendo tales procedimientos, en fin. Sí, tenga en cuenta que vivimos dentro de un tiempo donde se nos ha enseñado desde las escuelas y las propagandas televisivas a identificar al "emprendedor" y "exitoso" con una empresa- aunque fantasma legalmente, pero empresa al fin y al cabo-, con un fajo de dinero que hace posible el descalabro sexual y racional cada fin de semana, y con una capacidad de poder adquisicional bárbara que todo lo retiene, todo lo puede, todo lo compra- inclusive consciencias, nombres y famas-. Aplausos, aplausos respetables para este seudocrecimiento, y sin embargo pienso que no se nos ha enseñado que tras ese emprendedor hay un desfalco de desigualdad humanitaria, porque seamos claros y entendamos que ese crecimiento que usted halaga, se levanta sobre el excedente económico mal adquirido a partir del trabajo extra que no se paga, de esos contratos que se firman sin ser llenados o explicados, de esas cuentas que se blanquean, de esas buenas disposiciones de aquéllos que no son dueño de nada, salvo de su propio oficio o profesión que sin darse cuenta hay arrastrado su necesidad hasta la proletarización de sus propias bondades. Sí, sí, si esta es su categoría de exitoso, debo advertirle que no lo soy, y sin embargo tengo, tengo lo esencial para ser yo mismo, y eso, eso señor, es lo que me hace feliz, entera y existencialmente feliz.

De: Víctor Abraham en "Degradación humana" Lima. 2013.

***

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú. Víctor Abraham les saluda.

sábado, 8 de junio de 2013

Esperanzas fallidas... Sr Presidente.

Siempre he sostenido como parte de mis ideas y creencias que toda persona puede cambiar, es más creo en el cambio regenerativo de las conductas y de las actitudes de los individuos; no somos perfectos, y sin embargo bajo esta expresión no quiero justificar los actos deplorables e insanos que atentan contra la honra del prójimo, no soy partícipe de las disoluciones de parejas, ni de las piedras que se tiran de un extremo a otro desde nuestro lado más cómodo y oportunista, ni de las condenas que sentencian incomprensivamente bajo el odio y la hipócrita rectitud de hacer prevalecer justicia. 


Siempre he creído que es preferible conceder y dar, otorgar y ayudar, perdonar y olvidar, volver a empezar y dar ejemplo empezando por uno mismo, siempre creo y seguiré creyendo que no se debe privar a nadie de una oportunidad para mejorar. Detesto todo tipo de acción cobarde que se escuda tras otro rostro, tras otro lema, tras otro papel, tras otra frialdad e insensibilidad. Detesto todo acto cobarde que se escuda tras el silencio y la mirada esquiva. 

Pienso que cada persona tiene la respuesta a su propia duda o la salida a esta misma por más indecisa que ésta sea o parezca, pero me parece patético y tonto el dar vueltas a un asunto que de antemano no se tiene intención de aclarar; es más escribí hace poco que cada persona era libre de tomar la decisión que creyera conveniente, cualquiera sea esta: sabia o absurda, inteligente o necia, pero sin embargo sí era obligación humana - y nuestra- tomar la mejor decisión que a consciencia propia sabemos que es la correcta, sí, sí, la obligación para tomar la mejor decisión, aquélla que no permitiera nunca dañar a otra persona ni así misma, Sr. Presidente Ollanta Humala, usted me ha decepcionado una vez más, no por la decisión tomada de no otorgar un indulto de gracia a un individuo al margen de quien sea, sino porque no ha sido capaz de enseñarnos a perdonar, sí, sí, exacto, exacto, su error ha sido no enseñarnos a perdonar ahora que nuestra sociedad más requiere de muestras de conciliación y de amor, sí, sí justo ahora cuando nuestra sociedad - y lo seguiré repitiendo las veces que sea necesaria- se devora a sí misma entre odios, insensibilidades y carencias afectivas. En fin... 

Ya sostuve una vez en un artículo que pude escribir el año pasado, y cuando aún mi esperanza era mayor y mejor respecto a este caso, me preguntaba en ese momento: ¿A qué tacho estamos enviando hoy por hoy nuestra sensibilidad? ¿A qué tacho estamos tirando esa frase que aprendemos cuando somos niños: "Ama a tu prójimo como a ti mismo"? ¿y dónde queda la expresión que fervientemente repetimos cuando participamos de las celebraciones cristianas los domingos, los Te Deum, o cualquier otra fecha: "Perdona nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores"?, en fin, ¿ A qué tacho estamos tirando nuestra calidad humana?

Por otro lado no me interesa ni me ha interesado nunca - lo aclaro ahora, como lo he hecho siempre que he podido- pertenecer a ningún partido político, gremio, colectivo cívico o social, frente, logia, movimiento literario o círculo de vanguardia que lleve en su organización un estatuto al que tenga que obedecer para no ser "expulsado" o "discriminado" o tachado de anormal, no necesito de esto para decir lo que pienso y expresar lo que siento, hablo y escribo lo que a mi juicio creo más conveniente cuidando siempre de que las palabras que puedan acompañarme en cada defensa o sustentación épica mía frente a los demás sean las más necesarias y correctas. Un escritor está obligado a ser un pulsómetro de consciencias, antes que ser un cómodo beneficiario de esas consciencias. Mi única motivación es el ejercicio pleno y consciente de mi propia libertad para opinar.


Finalmente, entiendo el malestar que mis palabras puedan generar en sus ópticas y sentires, pero si afirmo lo contrario sería mentirme a mí mismo para seguir una corriente ajena que no comparto, y sin embargo respeto; por otro lado, sería tonto de mi parte reír cuando no estoy de ánimos para reír, o aplaudir lo que detesto, o lo que ya es peor tirar por la borda lo que creo e impulso cada día que es la conscientización de personas, total, soy un humanista social que usa como método de trabajo el existencialismo, mi filosofía de vida es esa, y ni modo. En todo caso gracias por escribir y compartir.


Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.

Víctor Abraham les saluda.

domingo, 2 de junio de 2013

Las cosas de los individuos

Ser hombre antes que poeta, y ser ciudadano antes que ser escritor. Ser honesto antes que ser perfecto, y ser mejor persona antes que ser cristiano. Preferir el silencio antes que cualquier alegría hipócrita, y decir, decir lo que se piensa y expresar lo que se siente antes que cualquier suposición absurda. Leer lo que llegue a nuestras manos, no importa qué, pero leerlo al fin y al cabo. Y dar amor, amor desinteresado, aunque parezca tonto y melodramático. Volver a las memorias de nuestros orígenes siempre que busquemos en ellas fortaleza para avanzar. Ayudar, ayudar mucho en la medida que nos sea posible. Seguir los ejemplos de los viejos maestros; y enseñar, enseñar aunque no se tenga nada previsto de por medio porque a veces los mayores aprendizajes son los menos esperados. Anotar todo lo vivido, todo lo existencialmente vivido. Usar como método de vida la franqueza. Optar por la sencillez porque pienso que es un camino perfectivo. No olvidarse de Dios como fuerza creadora de bien, ni alejarlo del pensamiento de los hombres y de las mujeres con argucias tontas e infundamentadas. Servir, servir al próximo más inmediato; y esperar con fe, trabajar por la fe, sumarse a la fe colectiva para contrarrestar esa pobreza emocional que invade las consciencias. En suma, ser cada día un mejor ser humano.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

domingo, 26 de mayo de 2013

Tipologías

Cuando me preguntan el motivo del porqué soy un atípico que jamás usa su nombre o por qué un tipo pesimista y sin respeto por las convenciones "correctas", como he escuchado muchas veces hasta el cansancio, sólo atino a mirar, tomarme un tiempo para terminar de escuchar y responder que cómo se puede ser un tipo positivo y convencionalmente típico cuando se ve - y se vive a diario- en todo lugar y en todas partes una degradación de valores familiares y sociales, un desarraigo político y moral de nuestros líderes que prefieren callar por conveniencia propia confabulados con medios informativos que no son capaces de discernir - o al menos es mi opinión- nada, absolutamente nada, en fin. Qué cómo puedo ser un tipo positivo, cuando percibo cada vez que paso por una calle una desconsideración real por los perros y gatos callejeros y los toros, qué decir de estos animales que ni siquiera su muerte violenta puede generar consciencia en nuestros amantes de la tauromaquia que sabiendo que está mal siguen aplaudiendo hechos deplorables, en fin. Oh, si hasta nuestro Premio Nobel admira esa estoica forma de morir animal. No, jamás podría ser un tipo positivo cuando veo que aún se trafica asolapadamente animales aquí y en el mundo- y hasta personas para colmo-, a pesar de las prohibiciones constantes. Es increíble percibir hasta dónde puede llegar a distorsionarse la condición humana. Eh!, y si hablamos de un cuidado ambiental aún estamos lejos de devolver a la naturaleza lo que ella nos ha ofrecido, aunque en eso debo reconocer que ha habido avances gracias a la política de consciencia mundial, pero que sólo países como el nuestro con poca injerencia en las decisiones mundiales estamos obligados a cumplir. Es por esas razones que creo - sin miedo a equivocarme- que jamás podría encasillarme como un tipo común, eso sería mentirme a mí mismo, eso sería callar y callarme a mí mismo, no, eso no es lo mío, lo mío es decir lo que pienso con las palabras más sinceras posibles, lo demás me parece puro sensacionalismo, convencionalismo o lo que yo llamaría tendencia a la aceptación desmedida.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

jueves, 23 de mayo de 2013

Consciencia e inconsciencia.

Algunas veces es mejor vivir en austeridad, sin complicaciones ni aventajamientos respecto a los pensamientos ajenos del prójimo. Es mejor mostrarse callado, y apesadumbrado a hacer daño con las palabras a personas inocentes que nada tienen que ver con esos arranques desquiciados e infantiles del momento. Es mejor -pienso yo-  seguir persistiendo desde el anonimato a fuerza de ideales en un cambio. Es mejor ser un honesto triste con sobresaltos de alegría - aunque pasado de moda- capaz  de decir, lo siento, me equivoqué, a caer en las pomposas y mezquinas necedades sin sentido de los orgullosos que en nada contribuyen a hacer sentir bien al otro.

Es mejor escribir nuestra vida y nuestra sensación de soledad y angustia, aunque ello nos conlleve a vivir también -tal vez no, directamente proporcional; sí inversamente proporcional- nuestra escritura, y esto, créanme que es lo más traumatizante que pueda existir porque autor y personaje son lo mismo, son la misma cosa, la misma esencia, la misma virtud y el mismo remedo; y sus vidas, sus amores, sus sueños, sus ideales, sus frustraciones y sus desventuras están retratados en cada episodio, relato, verso épico. Miente quien dice o intenta decir que está separado de su propia angustia, de su propia vacilación y de su propio temor a ser engañado por sí mismo.  Alguien dijo una vez que esto de escribir era una terapia, y sin embargo, yo creo que no, que esto de escribir mas que una terapia, es sólo un intento - no sé si justificado o injustificado- de ser uno mismo en su propia  ficción que  sueña y que muy pocos entienden.

Es bueno ser un hombre que busque cada día las palabras esenciales para decir lo justo y lo necesario, al margen de los juzgamientos de terceros; es que hemos magnificado tanto últimamente el juzgamiento hasta llegar a sentirnos dueños del todo y la parte ajenos que nada tienen que ver con nosotros. Sería tonto hoy afirmar, que lo más importante es perdonar, olvidar y dejar pasar, pero ¡qué va!, a quién le importa esto ahora. Al tacho el perdón, que pague por lo que ha hecho, mándalo al diablo, y seamos amigos todos los que quedemos, los limpios, ¿no?. Uhm, sólo de pensar en esta posibilidad me produce un asco terrible. Y es que detesto todo espíritu de frivolidad, desdén y viveza ajena.

¡Bienaventurados los pobres de espíritu, los mansos, los que padecen odios y persecuciones, los violentados y los injustamente culpados, bienaventurados todos, todos bienaventurados!

Por otro lado, es duro tratar de reconfortarse en una idea cuando no se tiene más que temores y dudas al interior que desgajan de vez en cuando parte de las esperanzas que uno guarda consigo mismo. Ahora que pienso en lo que conversé con Magaly Victoria hace dos noches atrás sobre todo esto -ella me escucha, me escucha, y hasta parece que lo sabe todo, que sabe todo de mí, en fin- , sobre esto de los talones de Aquiles de las personas me doy cuenta que era cierto, que el mayor dilema y preocupación de un hombre acostumbrado a roer palabras en su pensamiento aparece cuando éstas no logran enhebrarse a tiempo o hacen un caos caótico en su pensar producto de algún artificio externo malintencionado. (¡Boom, boom!, así retumban en la cabeza.) Esto sí que es una considerable pena porque cuando el pensamiento no está bien, dudo que esté bien el cuerpo, y por ende lo externo que rodea al cuerpo. Cuando la mente de un hombre es su mayor arma y ésta está desquiciada puede ser un factor muy peligroso para él mismo, aunque innecesario para los demás.

A veces es mejor ser sencillo y corriente que ser un arrogante e impetuoso, se vive mejor siendo de este lado. Cuando salgo en la mañana y tomo el carro para ir al trabajo, noto que todo sigue igual; de este lado estoy yo, y del otro lado los demás. Miro en direcciones contrarias y me apuro a pasar la pista antes que el semáforo cambie a rojo, odio y detesto tener que esperar los cambios funcionales de esos tres colores, pero  sin embargo espero, sigo esperando el juego de vacilaciones de luces, y en algunas ocasiones siento que estoy condenado a esperar, a esperar eternamente todo, luces de semáforo, muestras de gentileza, de cariños, de afectos, de pagos de fin de mes, de saludos de buenos días, o de buenas tardes o de buenas noches, que ya a nadie parece importar, sin embargo para un patético del formalismo como yo es preciso y necesario.

El día que murió mi padre, sólo dejo escrito un cuaderno amarillo, y un papel separado de éste que en una irreconocible letra, alcanzaba a notarse: "Tu fe te ha salvado". En ese momento, no visualicé nada que no fuera importante salvo las letras irreconocibles de la frase, empero años después recapacité su contenido de fondo: "tu fe...", "la fe", "nuestra fe". Y es cierto, sólo la fe, la fe en las personas, en su cambio, en su recomposición o lo que yo llamo regeneración, es probable que pueda ser nuestra tabla de salvación para sortear todas estas deshumanidades de forma, estas deshumanidades que tanto daño hacen al corazón, a la inocencia, a la alegría, a la voluntad, a la amistad, y al amor y que no traen más que nefastos dolores y vacíos emocionales.

Anoche - y con esto quiero terminar -, sí, sí, anoche, escribí una nota a una persona, era a una mujer que estimaba mucho, y recordé de pronto a todas esas mujeres a quienes he estimado mucho. Allí escribí, le escribí a ella que era curioso que las imágenes del acercamiento inicial entre dos seres absolutamente desconocidos, así como las figuras de los primeros años de vida -cuando somos niños- guardadas en el corazón, en ambos casos queden como huellas indelebles en la memoria de un hombre porque eso eran al fin y al cabo, sólo imágenes, construcciones mentales, recuerdos puramente vívidos. ¿Lo demás?, ah sí, lo demás sólo son cosas, cosas puramente secundarias.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

domingo, 19 de mayo de 2013

Obligaciones del corazón

Imagen extraída del portal
http://cosasdemujer.com/la-complicidad-en-la-pareja/
Cada quien es libre de tomar la mejor decisión para su vida- eso está claro-, vivimos en una sociedad libre y democrática ¿no?, y sin embargo es obligación -obligación ética y nuestra- el tomar la mejor, sí, la mejor opción que a  nuestro juicio consciente sea la correcta. Mentimos cuando decimos que no sabíamos que algo malo era malo, o que toda acción negativa traería una consecuencia negativa, el razonamiento humano es único e inequívoco por sentido común. Quien quiere hacer algo malo lo hace sencillamente porque sabiendo que esto es malo, opta por hacer una maldad. Esto es tan igual como el deseo de mentir o de equivocarse a propósito. Nadie obliga a nadie a actuar de determinada manera, somos nosotros los que optamos por hacer las cosas o decir las palabras que creemos convenientes según nuestro pensar consciente o tal vez inconsciente. Esto es lo que yo llamo, obligaciones del corazón. Las obligaciones del corazón consisten en tomar las decisiones más conscientes y consecuentes que conducirán nuestra vida presente y futura y que por tanto, repercutirán en aquellas personas con las que comúnmente nos relacionamos. No puedo justificar mis atropellos amparándome en mi mal llamada libertad, total, cada quien sabe lo que es mejor para sí mismo y para los demás. 

( De: Los latidos secretos del corazón. Lima. 2013) Víctor Abraham.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

viernes, 17 de mayo de 2013

Si te regalara un corazón...

Si te regalara un corazón, estoy seguro que tal vez interpretarías mal mis intenciones, pero si no lo hago tal vez me quedaría con esa idea frustrada de no expresar lo que pienso y eso va contra mis principios propios. Esos mismos de decir lo que pensamos y expresar lo que sentimos. Entonces quiero ser yo mismo, y enviártelo, eso sí porque quiero y en sobremanera porque espero que tú también lo hagas con la persona que estimas. Lo importante aquí no es el temor a las interpretaciones erradas, o el miedo a hacer el ridículo, no, eso no, ¿me has entendido? Lo importante aquí es hacer sentir bien a los demás. Al diablo lo demás. 

De: Conocimiento del amor. Lima. 2013

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda

jueves, 16 de mayo de 2013

Søren Kierkegaard: Un filósofo y teólogo danés iniciador de la corriente existencialista.

«El asunto es encontrar una verdad que sea cierta para mí, encontrar la idea por la cual yo sea capaz de vivir y de morir»
De: "Diarios". Agosto de 1835

***

El prójimo no es una abstracción: es todos los hombres y cada uno de ellos. Uno solo basta para cumplir el mandamiento, pues el prójimo es aquél respecto del cual tengo un deber y, el cumplirlo, me manifiesta también a mí como su prójimo (el buen samaritano no demostró con su misericordia que el caído era su prójimo sino que él era el prójimo del caído, pues la pregunta formulada al fariseo fue: “¿Quién de estos tres te parece haber sido prójimo de aquel que cayó en poder de los ladrones?”). Por eso, si un hombre no quiere aprender del cristianismo a amarse auténticamente a sí mismo, tampoco podrá amar al prójimo. Ambos movimientos son una y la misma cosa. Lo que los hace coincidir es el “tú debes”, no sólo el “como a ti mismo”. Que amar sea un deber es algo que no ha surgido del corazón de ningún hombre: es la gran revolución en el sentido de la eternidad, algo desconocido totalmente para el juego dinámico de las pasiones. Sólo como deber, el amor estará protegido eternamente contra todo cambio, eternamente liberado y eternamente asegurado contra la desesperación. Pero el poeta y los amantes no toleran el “tú debes” de la eternidad. En el amor que sólo tiene existencia, por muy confiado que esté, siempre habita la angustia de poder cambiarse. Por el contrario, si se debe, es evidente que se trata de algo eternamente  decidido y el amor eternamente protegido.

El amor que sólo tiene existencia puede transmutarse  en algo diferente: odio, celos, costumbre, todo lo que consume el amor y que, más que para nadie, es espantoso para el interesado mismo.

La “cristiandad” referida a un pueblo o nación da pie a que el individuo singular se haga excesivas ilusiones respecto de sí mismo en cuanto creyente. Es un engaño callar las cosas graves, pero es un engaño igualmente peligroso decirlas adaptándolas a las circunstancias y exponerlas con un enfoque totalmente distinto al de la vida cotidiana de la realidad.
La vida mundana con sus pompas, sus distracciones y encantamientos contribuye a aprisionar y cautivar a los hombres. Entonces, lo serio no es silenciar lo profano sino hablar gravemente de ello para armar a los hombres contra los peligros de la mundanidad.

La poesía enseña que hay una única persona amada en todo el mundo (que se expresa en el “todo o nada”, “ser o no ser”). El amor cristiano, en cambio, enseña a amar a todos los hombres y si hubiera uno solo en el mundo a quien se dejara de amar, eso no sería amor cristiano. Es decir, siguen direcciones absolutamente contrarias.

Pero la confusión de la cristiandad consiste en que, por un lado, los poetas han enervado y aflojado la tensión disparada de la pasión y dicen que se puede amar muchas veces y, por lo tanto, se dan muchos seres amados; y, por otro lado, el amor cristiano también cede y afloja la tensión disparada de la eternidad y dice que basta con amar a todo un grupo de hombres para que se dé la caridad cristiana.En consecuencia,tanto lo poético como lo cristiano han quedado confusamente entremezclados y el resultado no es ni lo poético ni lo cristiano.

De: "Las obras del amor". 1847

***
Si la iglesia es «libre» con respecto al Estado, todo está bien. Puedo adaptarme a esa situación inmediatamente. Pero si la iglesia va a emanciparse del Estado, entonces debo preguntar: ¿Cómo? ¿De qué manera? Un movimiento religioso debe ser llevado religiosamente, ¡si no es una vergüenza! Consecuentemente, la emancipación debe suceder mediante el martirio, sangriento o no. El precio de compra es la actitud espiritual. Pero aquéllos que desean emancipar la iglesia por medios seculares y mundanos (i.e. sin martirio), han introducido una concepción de tolerancia totalmente consonante con la del mundo entero, donde la tolerancia es igual a la indiferencia, y esa es la peor ofensa que se puede hacer al cristianismo. 
De: "Diarios". Enero de 1851

***









Aquí dejo un enlace al libro: El diario de un seductor en versión PDF
http://www.seminariodefilosofiadelderecho.com/Biblioteca/K/seductor.pdf

Otro enlace:
http://www.sorenkierkegaard.com.ar/index2.php?clave=recension&idrecension=12&clavebot=librosk

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Sobrevivencia


Imagen extraída de: http://ginotubaro.com/el-nada/
En realidad - y no lo digo guiado por espíritu pesimista, sino por espíritu analista-, a veces francamente ya no estoy tan seguro del grado de honestidad y sinceridad fraternal que pueda existir al interior de las consciencias humanas, ya no sé si son válidas o no esas muestras reflejadas en esos abrazos, en esas sonrisas, en esas palabras "hermano", o en esos besos en la mejilla dados cada mañana, expresados cada tarde o brindados cada noche, he llegado a dudar de todo ello. Me parece que son menos que verdaderos; creo - y eso es lo que más me preocupa-, que más bien son meras formalidades frívolas que se dan por cumplimiento u obligación-, es lamentable. Sinceramente ya no sé si lo que cubre y recubre la piel de los buenos hombres y de las buenas mujeres sea del todo cierto. ¿Pero, que mueve a los individuos a actuar así? Se ve tanto como se siente mucho de lo que nos rodea, tanto que uno llega a dudar, a dudar pero de verdad, y sin embargo lo más absurdo resulte que se tenga que seguir necesitando de estas personas, de todas estas formas y maneras posibles, ya sea por pura etiqueta convencional, por un dinero, por un trabajo, por un ego, o por alguna apremiante necesidad de salvaguardar el día a día. Todo esto es - y resulta paradójico a veces-, lo sé, lo sé tanto como sé que está mal toda aceptación de cualquier convivencia frívola a la que sería mejor evitar. Pero entiendo, entiendo muy bien, que esta sea al fin y al cabo la más patética forma de sobrevivencia en un medio tan hostil como innecesario. Es probable finalmente creo, que esto no sea sino un mero reflejo más de esa pobreza emocional que envuelve a los individuos. 

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

Una movilización sin sustento: el objetivo, aglutinar a la manada; la gran mentira, la democracia

La consciencia de un valor cualquiera sea este da la libertad al individuo, le confiere responsabilidad, acción y fe en el futuro. Los hij...