(Anotaciones para la "Degradación Humana". Lima, Perú. 2014)
***
Víctor Abraham les saluda.
Sé que en algún lugar de nuestra tierra, aquí o allá, existen muchachas talentosas y disímiles entre ellas mismas, muchachos curiosos y talentosos, mujeres y hombres afanosos de ser ellos mismos, madres y padres con sus niñas y niños, hermanas y hermanos con sus hermanas y con sus hermanos: todos unidos, conformamos esta generación que otros llaman Generación Desconocida. Víctor Abraham
![]() |
| Imagen extraída de: http://elespiritudelchemin.wordpress.com/2011/01/01/ como-debemos-mirar-a-nietzsche-por-el-profesor-de-filosofia- mario-teodoro-ramirez-version-munch/ |
Porqué no nos reunimos mejor, nos sentamos de pronto en cualquier lado, tomamos una bebida corta -porqué no, tal vez una de esas tantas bebidas transparentes que andan por allí expuestas, por esas vitrinas y escaparates extraños-, y dialogamos. Hace tanto tiempo que no hacemos esto, porque no hablamos, porque no conversamos. Hablemos, dialoguemos sobre nuestros pasados, nuestros presentes y nuestros futuros, contémonos nuestros desvaríos, nuestros tormentos, nuestras alegrías, nuestros miedos, sí, sí, ya sé, ya sé que a veces nunca quieres hablar, sincerarte y ser franca, detesto esto, lo sabes, empero te entiendo, te entiendo demasiado bien.
La otra noche me encontré con uno de esos amigos tuyos durante mis recorridos nocturnos, me dijo que estaba loco, que estaba irresolutamente loco, que estaba perdiendo la cordura, que me estaba perdiendo a mí mismo, que ya hace tiempo me había perdido a mí mismo junto con todas esas teorías mías de individuo, de tiempo y de espacio. "Un individuo que ya no entra en razón ya no vale ni sirve", me dijo, sonrió, o al menos presumí que sonrió. ¿Sabes?, pensé luego para mis adentros, "qué va estos tipos jamás sonríen". Di la vuelta y me marché, la conversación había terminado, o al menos para mí, no había nada rescatable mientras duró, quise hacerlo, quise rescatar algo en él, créeme, creo que más por el hecho de significar algo para ti que para mí, en fin, pero era inevitable, la locura que - según él- llevaba adentro, conmigo mismo, atada a mi piel vacía, había sido el impedimento. Salí corriendo a la calle, y grité (discúlpame la cobardía), y por una única vez en mi vida grité, "estoy loco, estoy loco". No sé si alguien me vio, o si dijo algo, sólo dos perros me miraron y creyeron entenderme o tal vez no darme importancia porque a la brevedad se volvieron a dormir. Reí, reí luego y me di cuenta, me di cuenta que sin saberlo acabé girando la ruleta de mis pensamientos y por una única vez me sentí más cuerdo, más feliz, más emocionado, más catastróficamente emocionado. Indudablemente que había llegado el momento que más temía, mis propias ficciones se habían empezado a volver realidad, el tiempo ya no me pertenecía, sino el eterno, el inconmensurable eterno. Era las tres de la madrugada, y llovía, llovía raudamente.
Mi padre siempre creía que parte de la felicidad de las personas
radicaba en encontrar finalmente a su par, sí, sí, a su par sentimental, luego
de tantas peripecias y trajinares afectivos que uno suele experimentar mientras
se está vivo. Indefectiblemente que una unión conyugal, sí, esa misma que nosotros
conocemos como matrimonio, es algo maravillosa, no tanto por la celebración en
sí misma, sino por el arraigo indisoluble que ésta trae consigo para los seres
que se aman y asumen un compromiso, y que sin lugar a dudas sirve para
fortalecer el camino personal, en fin. Hoy en día, precisamente cuando
elementos tangibles de nuestra sociedad crean barreras frívolas de obstinación,
de orgullo y de prejuicios insanos se hace necesario una mayor apuesta por la
felicidad dual desde donde se ubiquen nuestros afectos por el otro y para el
otro, y no tanto por nosotros mismos, total, siempre ha de prevalecer la
esperanza. Luego, los obstáculos siempre habrán de estar presentes, pero estos
no deben vencernos ni dejarnos arrastrar por la esquivez ni la indiferencia, al
contrario ha de ser imperioso que nuestra entereza, nuestra prudencia, nuestra
templanza y nuestra fidelidad siempre prevalezcan.
Aquí no importan los canales del mensaje- si son impresos o virtuales o los pecunios que se reciban de ellos-, lo importante es aquí la acción y la ejecución, lo importante es tomarse en serio su oficio, este oficio de escribir porque aquí hay una verdad: todo debe quedar escrito y descrito, todo, absolutamente todo el pensamiento, tiene que ser así. Por otro lado, el escritor hoy en día tiene que llegar a las personas, a la mayor cantidad de ellas sin importarle edades, estratos sociales, niveles culturales, credos e inclusive razas, si son conocidas o no, si son vecinos suyos a no, si son partícipes de sus afectos o no, aquí hay una tarea más importante que debe sublimar a todo acto afectivo, y esta tarea mayor consiste en llevar a cabo una revolución en el orden mental de los individuos. Luego, no debe importar acá si quienes acceden a sus escritos - vaya a saberse bajo qué situación o eventualidad- son o no lectores suyos: el escritor tiene que llegar a la gente sí o sí, desprovisto de todo ropaje de cordero moralista, de todo intento de modas snobistas y poses melodramáticas de superioridad ególatra. Uhm, se me ocurre de pronto, la idea de ya no leer simplemente por placer estético, mucho menos escribir bajo esa dirección, sino movidos por una necesidad de comprensión y asimilación verdadera.![]() |
| Imagen de la Fundación Telefónica. Perú. |
El escritor debe actuar- y asumir el papel, o en todos los casos asumirse en sí mismo este papel de conscientizador, de filósofo- como mediador, como guía de una procesión a la que debe encaminar por derroteros claros de juicio critico y ético; el escritor debe ser el punto cercano, el punto amigo, el punto maestro, el punto padre entre los individuos: es claro ver como se disuelven hoy en día los instantes de tiempo entre los espacios mediocres, y absurdos de la publicidad televisiva. Veo - y con una pena extraña- que hoy en día hay un divorcio grande, muy grande entre el escritor y su lector, es más, diría yo, entre el ego del escritor y la orfandad del lector, malinterpretada siempre como una indiferencia por el primero que se anda quejando que los ciudadanos no leen, no, aquí no hay indiferencias, no en el lector, lo que hay es falta de orientación sobre qué leer o para qué leer. Luego, el escritor hoy en día tiene que llegar a las personas, sentirlas, sentirlas amigas, frecuentándolas, pero también respetándo sus espacios de reflexión, un escritor debe estar comprometido con lo que hace, debe ser un colaborador cercano a los individuos sociales en la medida que le sea posible, y no solo usarlos utilitarimente para conseguir de ellos ventas escrupulosas; el escritor hoy en día tiene que llegar a la gente, y hablarles claro, expresarles lo que quiere, lo que siente, lo que le desquicia, lo que le fastidia, lo que proyecta y visiona en sí mismo y compartirlo; el escritor debe pensar con ellos, debe pensar con la gente hasta hacerlos partícipes también de sus utopías por más quijostecas que parecieran, a ellos les toca tomar o dejar lo que asimilan; el escritor no debe sentir a la gente como una carga permisiva, sino para dejarle abiertas un sinfín de propuestas viables para ser reflexionadas; tiene que ser así, es así como tiene que ser; no hay otra salida.
El Peru urge de cambios, pero de cambios a nivel de pensamiento. Todos debemos ser partícipes del conocimiento, no puede haber excusas, caso contrario los intentos quedarán relegados una vez más, como ha sido el caso de las muchas generaciones anteriores a la nuestra que quedaron fijadas en los problemas de la tierra, en los problemas antropológicos del indio y de las etnias todas bajo una visión provinciana, en los modelos feudales y sus explotados y marginales, en las polarizaciones absurdas de derechas e izquierdas políticas, y muchas otras más que sirvieron a su tiempo. Los tiempos de Segura, Aliaga, de Melgar, de Adan, de Palma, de Eguren, de Valdelomar, de Eilson, e inclusive los del mismo indigenismo de Arguedas y tantos otros, ellos constituyen ahora nuestra mayor herencia de tradición y cultura que debemos verlas con respeto, pero también pensando en que la dialéctica histórica que nos envuelve hoy ha evolucionado y por tanto es menester de esta generación de escritores buscar ahora nuevas respuestas a nuevos problemas, y se me ocurre plantear ahora - y citarlas como fuentes de estudio-, los planteamientos de Alexander Neill y su pedagogía libertaria, los estudios del psicoanálisis y del exitencialismo filosófico, las muestras humanistas de Maslow, los acercamientos urbanos de Ribeyro, y los diversos estudios culturales con los que se intentan abordar hoy en día los problemas que aquejan a nuestras sociedades.
Los tiempos del latifundio pasaron, los tiempos de las huelgas y de las tomas golpistas de poder también pasaron, ahora hay un problema mayor, y ése radica en el nivel de consciencia que cada individuo asume para sí mismo y cómo opera asimismo ésta dentro de su participación social al interior de las colectividades. Por tanto, nuestra generación peruana debe afianzarse hoy en día - y trabajar mucho- este aspecto, este aspecto que yo llamo conscientización no de forma, sino de fondo. Finalmente, o somos conscientes o simplemente no lo somos; o somos honestos, o no lo somos; o ayudamos o dejamos pasar; o hacemos las cosas correctas o simplemente dejamos de hacerlas, en fin.
Siempre escribo desde mi país, esté en Lima, en Buenos Aires- y no refiero a la capital argentina, sino a la ribera de mi infancia-, o fuera de ella, en el interior- albergado en otras provincias-, en el exterior- sobrecogido por otras personas-, soy peruano, mis padres son peruanos, y sin embargo pienso que es necesario no quedarse en la categoría de "peruano", menos de "peruano provinciano", sino de universalizarnos, es necesario hablar de "peruanos universales", culturalmente universales, servicialmente universales. Es necesario y - ahora más que nunca- que el peruano también sea visto desde su dimensión más humana, más culta, más solidaria y fraterna, más comprensiva y respetuosa de otras culturas, la dimensión de un ciudadano no sólo debe quedar resumido a un estadístico PBI, o a un sujeto calificado por su incremento macroeconómico; no somos objetos, sí, ciudadanos. Los peruanos no debemos dejar, menos consentir que sólo se nos vea como un atractivo cosificado, como una suerte de empresas y bienes negociables, porque no debemos quedar reducidos a éso, nuestra dignidad debe ser puesta en primer orden, y a la más alta escala. Una idea que se me ocurre ahora, es la imagen de un peruano, o de una peruana con una consciencia elevada del espíritu que critique y analice llevando sus cuestionamientos más allá de la simpleza pasional o del mero despecho, para erigirlos sobre el plano del razonamiento lógico y coherente. Se me ocurre la idea, de un ciudadano del Perú, que cuestiona lo que ve, y lo que oye, que se preocupa por culturizarse, que no se esconde en modas snobistas de cultura, sino que su cultura y educación es real, y la demuestra en las calles y con todas las personas, más aún con los que menos tienen, a toda hora y en cada instante. Yo visiono -y tengo la esperanza en que mi visión se haga realidad con el devenir de los años-, un peruano como ciudadano no de un primer mundo frívolo y consumidor, preocupado por alimentar los egos de su sostenimiento material, sino un ciudadano de un mundo cada vez mejor humano, cada vez mejor sensible y respetuoso de los credos, de las razas, de las ideas contrarias. Yo visiono un peruano cuyo eje de vida esté sostenido por un respeto pluralista, un ciudadano que valore su formación actitudinal tanto como su intelecto, un hombre y una mujer que cuando dice amar, o dice ser amigo, ame verdaderamente, y sea amigo de verdad porque el tiempo, el tiempo determina todo, determina las ideas, separa la paja del trigo, y hace posible el cambio productivo.
Por otro lado, a quiénes hacen de la motivación diaria, dentro de las redes sociales, un eje de vida para otros actores sociales, a los buenos amigos y colaboradores, que en muchos casos sólo conozco de nombre y por rumores, pero sin embargo que siento que están siempre allí, y lo sé porque puedo percibir su acogida en cada palabra, en cada imagen, en cada ícono, en cada música que comparten; sigo pensando - y ahora con la mayor afirmación- que los mayores acercamientos no sólo se dan a nivel de conocimiento físico, sino también a nivel de ideas, de opiniones, de pareceres, porque a través de ellas (de las palabras y sus manifestaciones, de lo que escriben o expresan) descubrimos como piensan que es lo más importante. Un abrazo para todos ustedes, y también a aquéllas personas gratas, que al leer lo que he podido escribir este año, y lo que siempre escribo, me han permitido hacerme un espacio en su reflexión diaria. Se los agradezco infinitamente. Creo convencido una vez más que son ellos quienes se han se han constituido un año más en esas fuerzas espirituales y morales, y porque sé que sin ellos no tendría sentido este trabajo. ![]() |
| Fuente: Imágenes de la autora y poetisa Olga Olivia Reyes |
![]() |
| Imagen extraída del portal http://centrokehila.wordpress.com/2013/01/09/ para-la-mesa-de-shabat-bendicir-a-lo-malo/ |
![]() |
| Imagen extraída del portal http://urazanabogados.com/2013/imagenes/ internas/resconf.jpg |
![]() |
| Imagen extraída del portal http://www.evangelizafuerte.com.mx/wp-images/ articulos/2013/09/pecdor.jpg |
Moses Herzog - personaje central de la obra del escritor canadiense-estadounidense Saul Bellow- que lleva el mismo nombre que su protagonista- pensaba que nuestra civilización es burguesa, no por el mero hecho marxista de definición, sino porque el universo, según vocabularios modernos del arte y la religión, fue hecho para que pudiésemos disfrutar de él sin peligro y para darnos comodidad y ayuda. Tal vez pienso, que llegó inclusive a coincidir con esa caracterización que Alexis de Tocqueville, su pensador de cabecera, daba a lo que conocemos como cambio social, ya que según este ideólogo francés, éste era el producto de la aspiración a la igualdad de los hombres, lo que supone por tanto que el impulso humano siempre estuvo y está orientado hacia el bienestar, y por tanto éste era y sigue siendo uno de los impulsos más fuertes dentro de una sociedad democrática, sin embargo- y vuelvo a las consideraciones de Herzog- que este impulso de buscar bienestar así como genera satisfacción, genera también poder destructivo, poder estridente y tirano. Un ejemplo de ello, el hecho mismo de que los crímenes de ahora sean menos privados y más colectivos, menos desapercibidos, y más célebremente seguidos. Yo diría inclusive que los crímenes se han vuelto hoy en día organizacionales porque se actúa y se daña en grupo -me imagino y pienso por tanto que el bienestar ¿o se ha distorsionado o es que hay mucha necesidad imperiosa de bienestar?- lo cierto es que los crímenes de hoy son cada día más violentos e inhumanos sin respeto por la muerte del otro, ya no solamente se mata, sino se mutila el cuerpo, ya no solamente se acaba con el sujeto, sino con la familia de éste sin motor ni motivo, hablamos y eso es lo peor de una violencia enquistada dentro en las familias, dentro de las escuelas. Por tanto, el odio y las violencias- móviles principales de ese desfigurado impulso por lograr el bienestar personal antes que común- están llevando a ello, a un desarraigo completo de la condición humana que debe cimentarse en teoría en el ejercicio de los valores fundamentales de la persona, tal vez -pienso para mis adentros dos posibilidades de no realización ética, es que hoy estos valores: o son muy débiles en su ejercicio para no poder causar un impacto real , o son muy fuertes para no tener la coherencia y determinación suficientes de no practicarlos, en fin.
Sin embargo, a todo esto - y parafraseo a Herzog- "...en toda comunidad hay una clase de gente profundamente peligrosa para los demás. Y no me refiero a los criminales para ellos tenemos castigos. Me refiero a los dirigentes, a los jefes. Porque, invariablemente la gente más peligrosa es la que trata de tener el poder en sus manos. Estamos destinados a ser esclavos de los que disponen de ese poder para destruirnos." Indudablemente que esto es harto ya más razonable, pero a la vez disparatadamente incomprensible, pues los verdaderos peligros tal vez no sean después de todo estos delinquidores del orden público por más trastornados que parecieran -o lo estuvieran en el peor de los casos-, no, ellos no son, ni deberían ser el objeto de nuestras incomprensiones y condenas brutales, tristemente ilógico, ¿no?, total estos no son sino componentes abyectos de un Sistema más grande y mayor que se mueve y daña a escalas inimaginables, indudablemente que no matan nunca ni se tiñen las manos de sangre, les basta teñir sus consciencias, qué va, eso no es perceptible a la vista. Los dueños de los medios de comunicación, los que jalan las cuerdas desde lo más alto de las cúpulas partidarias, los agentes silenciosos de la burocracia estatal embarrados en la peor corrupción de uno más uno somos todos, sí, sí, ellos son la gente más peligrosa que promueven ignorancia, enquistan la frivolidad respecto del verdadero sentir al prójimo, callan por defender lo indefendible, los que llevan a los ciudadanos desde sus cortas edades a una ausencia total de consciencia social generando luego, en pequeños sectores de pensamiento honesto: rechazo, rebelión, manifestación, desborde de pasiones con matiz de indignación. Hecho que sólo promueve una cosa, un divorcio más marcado entre los mismos hombres.
Mi país, el Perú, es hoy una suerte de civilización en donde la corrupción se ha democratizado, en donde el fideísmo ha ganado terreno
al interior de la organizaciones
políticas porque es un hecho claro que no hay –por dónde se mire- liderazgo alguno, no hay ideólogos, subsisten, eso sí, seguidores, y el problema está allí porque cuando uno se propone seguir,
ya de por cierto siembra una especie de conformismo en sí mismo, y esto en toda
sociedad abierta debe ser rechazada siempre sin ningún tipo de contemplaciones.
La consciencia de un valor cualquiera sea este da la libertad al individuo, le confiere responsabilidad, acción y fe en el futuro. Los hij...