jueves, 21 de agosto de 2014

Manifiesto de la esperanza

(...) comprendo tu posición, la pienso, la medito. Uhm, tal vez tengas razón, no eres él único, en el último relato que escribí: dos personas más me refirieron inquietudes parecidas a la tuya. ( Sabes?, es bueno cuestionar y me alegra que podamos hacerlo juntos.) Me preguntaban, cómo es eso que Jeremías (mi personaje novelesco), hable de acercamiento y amor incondicional entre todos las personas, fácil es decir, hay que dar, es una infamia, una ficción, una utopía, "yo no amaré jamás a quien me hace daño..., ¡cómo!, imposible", y volví a referir, "en este mundo estamos para amar es verdad, hay personas que necesitan de un abrazo o a veces ser escuchadas simplemente....amar a nuestra familia, hijos.. está bien...son amores bonitos ....pero no se puede amar a una persona que anda por el mundo maltratando... lo mejor es alejarse y lo más importante... hay que primero amarse uno mismo mucho". Yo no dije nada, o al menos creí intercambiar algunas palabras que ya no las recuerdo. Dije, " Yo no creo que mi personaje hable sencillamente ese amor de pareja, o de ese amor filial, pienso que tanto él como yo nos referimos a algo más universal".

El amor, amigo mío, sí, es cierto: implica un dar, un proveer, un preocuparse por..., la gente lo hace, créeme, intenta amar desde su postura personal según cómo sea su personalidad o haya sido educado en el dar amor. El problema es que uno exige mucho, a veces hasta más de lo que da, "si es que da amor" entonces espera recibir tan igual o mayor que esto, que su propia proporción". Conocí a una joven que un día me dijo, "sucede que ya estoy harta, yo le doy todo a mi esposo, le beso, le complazco, pero él apenas me mira, sí, a veces me dice que me quiere, y me hace detalles, pero es poco, ya estoy harta". Otro joven dijo, "esa mujer que me ha tocado no hace nada por la relación, siempre espera de mí más, dice que me quiere, pero no le creo, salvo aquellas veces en que me dice, negrito, diablos".

Como ves, la gente ama, pero a su manera, conforme ha aprendido a amar en la vida, las experiencias muchas veces actúan como inmensas barreras que sólo la comprensión y la dedicación pueden derribar, no existen frívolos, ni malos, existen desquiciados incomprendidos que se sienten dañados, burlados, eso es muy normal. ¿Por lo otro? ¿por los agentes de la violencia?, es una lástima, pero cómo va esta sociedad dudo que puedan regenerarlas con cárcel y penas condenatorias, y sabes por qué, porque no hay ejemplo en quienes los juzgan, todo es un inmenso circo dentro del cual ellos se sienten fieras domadas. Ejemplo y amor ante todo. Intento de perfección a partir de la sensillez, caminos perfectivos de humildad, eso es lo que hace falta.

Del mismo modo, pienso que en civilizaciones como las nuestras, carentes de porvenir humano y recubiertas por actos sombríos y deleznables, sí, sí, estas mismas que parecerían terminadas o rumbo a su propia exterminación hace necesario que las voces humanas dejen de estar silenciadas para decir realmente, sin miedos a la crítica qué quieren, qué les alegra y qué esperan de ellas, de sus mismos componentes y agentes sociales. Somos humanistas, nuestra visión va por allí, nuestra visión no debe orientarse hacia la disuasión o desilusión, sino empujarnos para que con más ansias sigamos buscando esperanzas en dónde no haya ni resquemores de ello. Yo no veo con buenos ojos estas cosas que, según a mi juicio personal, no son correctas, trato de entenderlas y buscarles alternativas. Ya dije una vez en mis escritos, una sociedad de odio que no sea capaz de perdonar, una sociedad que se niegue a creer en un  Dios cercano a los hombres, o que bajo disfraces democráticos esconda sus verdaderas intenciones de degradación no debe quedar someramente cuestionada, sino cuestionada hasta el cansancio. Hay que rechazarlas, rechazar a estas sociedades, hay que rechazar todos estos falsos principios de moral que dañan y corroen- y esto es lo que más me apena- la buena fe de las personas que en su corazón aún albergan una alegría esperanzadora. Simplemente si la gente ya no cree es porque les fallamos. Por otro lado, no me veo viviendo - ni siquiera vislumbro para las próximas generaciones- en mundo consumista que no crea en un Dios cercano a los hombres al margen de sus propias creencias y religiones. Como no detestar cuando las religiones mueven sus conveniencias usando la espiritualidad, estos fanáticos redentores construyen con mentiras la imagen de un Dios que está en el limbo, y que sólo se llega a él diezmando (dando diezmos), o juzgando precipitadamente a partir de una doble moral. Nos decepcionamos de ellas, lo sé, pero es necesario creer, creer no sólo en Dios, sino en la bondad regenerativa de los individuos. Una vez escribí,
"Cómo puedo decir que amo a Dios, a quién no veo; y mirar con indiferencia a mis hermanos a quienes veo.Es raro y extraño, pero tengo la sensación de que durante mi vida de quienes he recibido más ayuda, afecto y entendimiento no ha sido precisamente de mis hermanos en la fe cristiana, ni de quienes me hablaron de Dios, sino de quiénes nunca oí pronunciar ese nombre, ni hablar de él, de allí sea tal vez que mi decepción de la institucionalidad de la iglesia sea cada vez más fuerte. Es raro sentirme así. Ahora comprendo porqué mucha gente detesta a Dios y a la iglesia, pero el problema pienso que no es Dios, sino el mito que se teje frente a él y la falta de coherencia existente entre sus albaceas laicos o no laicos, en fin."

El mundo está hecho así, está diseñado así y así seguirá al menos por lo que veo para los próximos treinta años, sin embargo esto debe llevar a una decisión personal de intentar cambiarlo cada día, todos los días, debido a que no podremos jamás construir un nuevo modelo de sociedad, sino estudiamos primero los problemas que aquejan a la vieja generación, tratando de entenderla, y a partir de este entendimiento proponer las nuevas alternativas. Ahora bien, ¿sabes? ¿sabes una cosa?, en los más jóvenes están las nuevas esperanzas, yo, al menos lo creo, lo creo con el corazón, pero no en los de hoy, nuestros contemporáneos, los de hoy ya están hechos, es por los próximos por quienes hay que velar, por los que aún están en las escuelas, o los que provengan de los futuros lazos familiares, en fin. Gracias, mil gracias por escribir.

Atte
Víctor Abraham.

miércoles, 20 de agosto de 2014

Los paralelos de la coherencia: Pronunciamiento.

No al ególatra " Yo"

El problema de nuestra sociedad colectiva pasa porque somos hoy en día una suerte de islas individuales aspectadas a la fuerza dentro este inmenso archipiélago comunitario que aceptamos más por inercia que por voluntad recíproca; la convivencia, el respeto, la sana voluntad por interesarse por lo demás -o debo decir, interesarse por "los demás"- en fin, y todas éstas relaciones de buena cordialidad que siempre se han constituido como ejemplos y pulsómetros de cuanto habíamos trabajado - y avanzado- en nosotros mismos hacia eso que se llama, consideración por los demás, no puede- y no debe- apartarse de su propósito inicial que es el de constituir una sociedad allanada bajo un camino de crecimiento firme hacia su propia consolidación humanitaria. Pero, sin embargo debo admitir -y advertir- que cuando el ególatra "Yo" se hace en nosotros eje supremo, absoluto, hasta el punto de aniquilar a nuestra propia consciencia razonable de "Ser" individual, todo propósito inicial trazado se termina desviando, torciendo de su objetivo inicial - y lo que es peor- poniendo en peligro esa tan ansiada Cultura de paz, en donde la tolerancia y la no segregación bajo ningún tipo de forma constituyen cimientos de un nuevo orden social más lúcidamente humano.

Sembrar espacios de reflexión

Sucede que si no rompemos con ese molde sistémico que asfixia nuestras esperanzas hasta terminar conteniéndonos con el fin de constituirnos en seres autómatas, y a cuyo propósito sirven algunas editoras y medios de comunicación nada serios; exacto, si no intentamos romper con estos patrones seremos cómplices silenciosos que tiran la piedra y esconden la mano. Se nos trata de encasillar cada día, se nos intenta engañar, pero por Dios..., la gente no es estúpida, el problema pasa porque no tiene poder editorial en sus manos, no tiene una prensa en sus manos, no tiene un canal de televisión en sus manos. Yo me atrevo a preguntar entonces, ¿y si empezamos a regular los medios de comunicación? ...Hay países hermanos que lo hacen, y no creo que esto perjudique los intereses del pueblo, total, existe un Derecho Internacional. Nos asiste un Derecho Internacional, pero más nos asiste un derecho a no ser engañados maquinalmente.
Sin embargo, hasta mientras, hasta que esto se ponga sobre un tapete de discusión por segunda vez en el país esta problemática, habría que preguntarnos, ¿para qué están las redes sociales?, y allí la responsabilidad docente de enseñar desde las escuelas su importancia, la importancia de éstas y su buen uso. Hay que decirles a los estudiantes que haciendo buen uso de ellas podríamos lograr muchas cosas para beneficio futuro, ya que hoy en día, éstas mismas pueden constituirse en herramientas aliadas de creación de espacios reflexivos y analíticos, en fin; por eso, hay que sacarles provecho, hay que darles una utilización conveniente, hay que perderles el miedo, hay que aplicar el conectivismo en las escuelas, incluirlas en nuestras metodologías de trabajo - pero de verdad, de manera seria-, y en casa reforzar ello.

Cuestionar, una tarea diaria

Por otro lado, yo no confío en agrupaciones políticas porque simplemente no existen ideólogos tras estos, existen sí, intelectuales de espaldas a la realidad, seudocomprometidos con la sociedad, de allí mi determinación de confiar más en un joven que escribe -por ejemplo- en un facebook , y no en un tipo que reparte volantes proselitistas. Todo es fideísmo, absoluto fideísmo, y si no es así subsiste el interés del lucro individual. Por eso, si no afirmamos nuestras convicciones, si no nos ayudamos entre nosotros, si no hacemos patria desde las escuelas o desde los hogares todo lo demás estará de balde. Hay que decirle a la gente que rompa con sus paradigmas, hay que enseñarles a romper con esos paradigmas utópicamente degenerados y mal llamados democráticos. Si nos callamos, si no enseñamos a la gente a cuestionar o pensar, de nada sirve lo que hagamos. Recordemos que los visionarios no levantan sus esperanzas para diez años, ni para quince o veinte, levantan sus ideas para generaciones venideras, tal vez terceras o cuartas. Si digo y afirmo esto, es porque simplemente, sucede que a mí me gusta romper con todo.

A veces hay que decir lo que uno está pensando

Estuve a favor de la Ley de reforma universitaria, la que hoy ha sido aprobada, y la Ley de servicio civil, esto fue tan coherente en mí como mi preocupación en favor del apoyo a Susana Villarán cuando mucha gente pedía revocatoria, sabía que la ciudad de Lima perdería mucho, escribí en favor de esta mujer, no porque me interesase su partido, sino porque sacarla era sinónimo de desestabilidad y perdida de dinero innecesario. Estuve en contra del Nobel  que se le concedió a Vargas Llosa - y debo admitir que hasta ahora me cuesta asimilar ello-, me gustan sus lúcidos ensayos y sus aportes en materia literaria, pero voy más allá busco encontrar un ser humano coherente en él, y hasta ahora no lo hallo, no comulgo - ni comulgaré jamás con su posición de demócrata liberal ni con sus diversiones tauromáquicas, hecho que considero una lástima que un hombre de esa envergadura que se supone ha sido declarado oficialmente como heredero de Alfred Nobel en mérito a su elevada consciencia ideal, no muestre nada de ello, me hace pensar que esto obedeció más a intereses de otro tipo, pero en fin. Comulgué con los indignados en España, y con las propuestas que en ese entonces - octubre de 2011- nos proponía Camila Vallejos en Chile. Escribí en favor de ella en momentos donde se necesitaba apoyo internacional, porque si algo he aprendido hay que ayudar a los jóvenes. Mis posiciones respecto a las posesiones de GAZA y de Palestina han sido, una sola, rechazo absoluto, porque nada puede justificar muertes. ¿A favor?, sí, me mostré a favor que el Nobel de la Paz se le entregara a la Unión europea el año 2012. Finalmente, he estado en contra de los musulmanes violentistas desde siempre, sin embargo ello no ha limitado que pudiera hacer amistad y coincidir con algunos de ellos, a mi parecer más pacifistas, y es que en el mundo hay de todo, y no podemos andar por allí generalizando, al César lo que es del César y a Dios , lo de Dios, en fin. Mi alegría fue grande cuando supe que Francisco era el nuevo Papa, siempre me ha parecido un buen hombre después de todo. Ah, y aunque mi esperanza de indulto a Fujimori no tuviera éxito, igual sigo pensando que debemos alejarnos de esa sociedad de odio y segregación que aún subsiste en nuestra sociedad. Hace poco, para ser exactos, le dije, no a Bruce, a su Ley de Unión Civil, no porque sea homofóbico, respeto muchos las opciones de cada quien, el detalle como lo afirmé en mi crónica que escribí por ese entonces era que nuestra sociedad no estaba preparada para ello, y sigo pensando que aún está lejos de ello, ya que en una sociedad - en su gran mayoría- como la peruana en donde los niveles de razonamiento crítico y de análisis es pobre, y los niveles de consciencia moral -aún arraigados fuertemente en dobles morales cristianas que se excusan en Dios para cometer sus actos más cínicos- es más fuerte, hace que este panorama futuro de ejercicio se torne desde ya sombrío.

Un compromiso con la belleza imperecedera

Finalmente, debo afirmar que veces uno mismo debe ser consciente de lo que puede dar, nadie es perfecto, pero si trabajamos en ello, indudablemente que nos sentiremos mejor. Por eso- y me refiero a mis colegas obreros de la palabra- si no escribimos a partir de nuestro propio desasosiego, si no nos compramos pleitos y trazamos líneas entre lo que es y lo que puede ser, no llegaremos a nada. Aquí ya no se trata solo de literatura, ni de publicación de libros, se trata de pensamiento, de su belleza implícita y de como ésta puede ser usada en favor del análisis y el cuestionamiento, de allí mi acercamiento y comunión con las ideas de Alexander Solzhenitsyn, quien afirmaba ya desde 1972 en su discurso de aceptación al Nobel -y titulado- "La belleza salvará al mundo", que ante la falsedad, el arte siempre debe vencer porque sencillamente sólo la belleza extraída de la materia humana puede ser capaz de reivindicar al individuo y devolverlo a su condición de Ser Humano.

Por último, siempre he creído que existe un camino perfectivo, y ese es el camino de la sencillez porque a través se éste uno no llega a darse cuenta nunca de sus propios cambios cuantitativos, simplemente sucede que caminando esta vía, cual sembradores de la parábola del evangelista Mateo, echamos la semilla sin reparar en la aridez o en la fertilidad de las zonas donde se intenta cultivar palabra alguna. Total, si refiero esto, no es porque sea o no cuestión de principios, sino de actitud ante la vida.

Desde Lima, ciudad capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

domingo, 17 de agosto de 2014

Sobre el juego de las interpretaciones y admiraciones. Capítulo XVIII

Maldita sea. Te lo dije, te lo dije, te dije que uno no debía admirar a nadie ni a nada porque cuando se dice, "te admiro", todo queda en saco roto, merced de nuestras propias decepciones y frustraciones respecto a la imagen que teníamos del otro, sí, sí, de esa idealización absurda y cándida, pero qué puede uno hacer cuando se es existencialista, cuando se es un tipo al que no le importan las portadas ni lo que sucede a su alrededor que tengan que ver con aplausos, sonrisas fingidas y honores, cuando uno es un tipo que no busca protagonismos: que los detesta irremediablemente, y que detesta también hasta el hartazgo la pasividad del no compromiso individual por intentar ser mejores. Uhm, pero qué puede decir un tipo como yo, un tipo como yo que se entrega a su trabajo diario y solitario del pensar e interpretar cosas. Y pienso, pienso mucho ahora a partir de ello, de lo que te explico, y solo entiendo una cosa, y esa es: que los seres humanos también interpretamos muchas cosas, y a partir de esas tontas interpretaciones -y son tontas, porque parten de nuestras falsas modestias y creencias por sentirnos mejores que el otro- juzgamos también al otro, y sabes?, ese, ese es nuestro problema. Nuestro problema es que nos sentimos superiores y hacemos también superiores a quienes no lo son, los ensalzamos y agrandamos sólo porque nos hacen reír de vez en cuando, o porque nos dan dinero o elevan nuestra autoestima también de vez en cuando, mientras rebajamos a quienes lo son, a quienes merecen una cuantía mayor, pero así, así funciona este juego de las interpretaciones y admiraciones.

Sabes?, siempre debemos aprender a lidiar con esas interpretaciones. A veces interpretamos mal; a veces, bien. Con realidades distintas - obra de las primeras experiencias de la infancia- cada quien interpreta a su manera, mientras se es o no se es exacto de acuerdo a nuestras propias realidades vigentes. ¿Qué, dices que es mejor no ser así, ser un sensible?, te equivocas. Simplemente o hieres o te hieren, las primeras experiencias - ya te dije- indefectiblemente calan, o matas o te matan, sin embargo en el proceder cuando se es viejo de edad aprendes a no confundir amistad con sentimiento. pero recuerda, uno no mata ni hiere, ¡por Dios...! somos seres humanos y nadie -al menos cuerdo- actúa con intención de herir, salvo si tuviera implícita una necesidad enfermiza y patógena de hacerlo, aunque no dudo hoy que este sistema quiera esto, gente enferma abarrotada de grandilocuentes egos que terminen cometiendo irreparables daños.

Sabes?..., el problema del individuo surge cuando la necesidad del "Yo" es superior a la necesidad de "Ser", y es a partir de ello que empieza a configurarse, cual inmensa mole, eso que se llama vacío emocional que al tomar forma y consistencia aplasta a la débil consciencia personal. Y es que pienso que la gran mayoría de personas están enfermas, no tanto por tratarse de una enfermedad patológica de alteración orgánica en sí misma, ni fisiológica, ni siquiera somática o neurótica, todo esto es muy relativo en los seres humanos, de ser así - y de constituirse en enfermedades auténticas- éstas pasarían por un proceso de incubación, de maduración que tras una prescripción médica simple cederían en un breve o prolongado tiempo - según el virus patógeno recurrente- a la estabilidad corpórea, empero los problemas - y es que hay otro tipo de problemas-, y estos son los que me preocupan más, aquéllos de orden emocional, de carácter espiritual, de carácter moral y de consciencia, en fin. Es indudable asimismo que toda carencia de afectividad, traumas de niñez, psicosis y paranoias enfermizas de superioridad absurda y de desmedida posesión material arrastran a los individuos a un proceder cada vez más solitario, más despreciativo, más desquiciativo, que acarrean vacíos emocionales más recurrentes, se trata aquí de un problema que Goleman llama enfermedades emocionales.

Ése, ése es el lío, ser o no felices, deberíamos serlo, hay que intentar serlo, aunque a veces la gente olvide esto. La gente no es feliz porque se complica la vida, porque anda idealizando, una señora me dijo una vez "yo te admiro", y yo le dije, "detesto cuando me dicen eso porque me condenan a ser perfecto, no diga eso por favor", sin embargo terminó añadiendo, "no, nadie lo es, y uno sabe cuando dice esto, además yo ya tengo mi edad, y si digo que te admiro es porque lo siento así". Pasaron cinco meses y un día porque no acepte pagar una entradas para el cine simplemente, se desilusionó, y se fue para no volver más. Otro joven me dijo, "me gusta lo que escribes, no te recrimino nada porque sé que eres un hombre muy correcto e integro, y me gusta eso"; el día que le dije, que no me gustaba su trabajo de escritura porque estaba plagada de superficialismos panfletarios y procaces lenguajes (dije lo que sentía), me dijo que era un imbécil y que creía tener siempre la razón. Esa misma tarde se fue, se fue y no volvió más. E inclusive hasta Delia me dijo que yo era un buen muchacho, decía apreciarme. (Jamás dije nada, sólo me limité a mirarla y darle afecto.) Ah, el afecto, sí, sí, el afecto, me dijo que por eso se había enamorado de mí, por mis atenciones y afectos, "te admiro", volvió a decir: eso duro dos años y medio, y el día que se acabó mi suerte económica simplemente se fue diciendo que estaba decepcionada de mí porque no había sido capaz de producir dinero alguno durante ese tiempo, que esa poesía idiota que escribía jamás me llevaría a nada, se fue y así ha sido desde entonces, no he logrado nada Andrea, no he logrado absolutamente nada. Nada que haga  sentirme un ser que ha alcanzado al menos lo que espera

Sabes Andrea?, el lío aquí es no aprender, y repetir otra vez la misma cadena de circunstancias ligadas al mismo juego inicial que te planteé, este juego de las interpretaciones y admiraciones, en fin. (Uhm, silencio... ensordecedor silencio) ¿Hay palabras mías que hacen reflexionar?, dices, ¿Te refieres a la carta de la joven estudiante que está contenida en mi último libro? Te equivocas, no, no fue escrita para Sara, no es para ella, sino para Luisa. Estaba enamorado de ella, nunca la besé ni tuve sexo, pero si la quería, ella era una joven estudiante que conocí, y que cuatro años mas tarde decidí cortejar, pero el día que apareció Sara, entendí que no estaba facultado para andar con amores absurdos. Comprendí que mi tiempo había pasado, y ya estaba viejo, además que no era correcto quitar la lozanía y juventud a una joven que recién estaba empezando a vivir. Me despedí de ella, y no la volví a ver más, no quise volver a verla más. Han pasado dos años desde entonces, o tres... tal vez, no lo sé. Sabes Andrea?, se suponía que debía darle esa carta escrita con mi puño y letra, pero no, decidí no volver a verla más, se suponía que debía dedicarle ese libro que hoy tienes en tus manos, pero no tampoco lo hice, porque Sara, Sara es hoy mi prioridad, es mi esposa, y se merece todo, todo lo que yo pueda darle, aunque sepa también que esto es poco, pero que más da.

Andrea, hay tantas cosas que a veces uno debe hacer solo por el hecho de hacer lo correcto: si uno ha decidido amar a alguien, la ama y punto; si uno ha decidido estudiar, estudia y punto; si uno decide hacer tontos "selfies" y colgarlos estúpidamente, lo hace y punto; si uno quiere estar solo, lo está y punto, total cada quien es libre para hacer lo que a juicio propio sea o no correcto, aunque esto conlleve a consecuencias irreparables. Y cuando esto sucede, simplemente las asumimos y no estamos crucificándonos enfermizamente siempre, atando a otros a nuestras propios calvarios.

Andrea, no hagas las cosas difíciles. No te niegues a tu propia felicidad.Sé feliz siempre. Ya te dije si la gente no es feliz, es porque no quiere y punto. Es difícil establecer una relación conyugal o amical, es dificil, implica construcción, es simplemente dedicación, exige más dar que recibir. Total, quiénes somos nosotros para que alguien nos ame: no estamos en este mundo para ser amados por alguien, sino para intentar amar y hacer felices a esos "alguien", en eso consiste la verdadera felicidad.

Tú sabes que te quiero y que te aprecio mucho, que podría caminar contigo o no, irme a la cama contigo varias veces o no, que podría comer helados contigo o no, que podría hacer cosas contigo o simplemente no hacerlas para no confundir sentimientos. No lo sé. Nadie sabe lo que uno pueda hacer en el futuro, puedo decir muchas cosas y tal vez no hacer ningunas, el propósito está, lo otro?, sí, sí, lo otro: solo el tiempo lo determinará, el mismo y relativo tiempo al que verdaderamente yo admiro.

(Del libro: Degradación humana, Lima, 2014 por Víctor Abraham)

***
Desde Lima del Perú,
V.A. les saluda atentamente.


jueves, 31 de julio de 2014

Educación de calidad, dice el Sr. Ollanta Humala, presidente del Perú

Desde niño siempre he escuchado promesas políticas, mi padre me hablaba de promesas políticas que le hicieron, y muchas personas mayores que conozco hoy me han referido cosas similares. Comparto la duda y la no aceptación de estas personas por creer en lo que dice el presidente. Mis diálogos con ancianos fonavistas a quienes siempre se les ha prometido la devolución de sus fondos de vivienda sin cumplírseles me llevan a sentir este pesar. La desilusión de las madres por no ver la realización del gas barato -que dicho sea de paso-, si llega, es demasiada la espera, y esto es si llegará a los amplios sectores. Recuerdo en mi memoria -solo por citar como ejemplo- las promesas del expresidente Alan García que les hiciera a los pobladores de Ica, y zonas vecinas tras el último terremoto el 2007, sin cumplirles lo acordado, contratos con empresas fantasmas que se suponían iban a edificar las viviendas. Nunca se dio.

Nuestra formación universitaria

Como maestro que soy me he permitido tomarme el tiempo para examinar algunos aspectos de la realidad educativa peruana durante estos últimos años: ver todos los días las deficiencias que subsiste a este sector, convivir de cerca con ello, desde dentro, porque una cosa es opinar a partir de bases teóricas y otra muy distinta es extraer tesis a partir de la convivencia con lo interno, sí, sí, ir al meollo del asunto es la clave. Y dudo mucho de que hoy se gane con promesas de Mensajes a la Nación. El problema está en que muchos de los teóricos e intelectuales de nuestro tiempo viven de espaldas a la realidad, e inclusive pienso que las universidades no están haciendo calar en sus estudiantes esa sensibilidad social y ese espíritu de investigación, merced de las globalizaciones y cambios tecnológicos. Mucha demagogia y discursos trillados carentes de sensibilidad individual, y es que hay una realidad innegable: las universidades del Perú, en su gran mayoría, no están formando a los profesionales del presente, este país necesita personas competentes creo que más en el lado de la sensibilidad y la consciencia social, en fin. Las universidades peruanas están haciendo de sus estudiantes, seres frívolos, carentes de sensibilidad comunitaria, hecho que parte de las mismas cátedras impartidas por los mismos docentes, quienes en su gran mayoría también - y vuelvo a repetir- viven de espaldas a la realidad. Solo importa el título o diploma para ubicarse en algún puesto de trabajo, y poder hacer de esta manera "currículum". Cuando refiero esto, no dudo, el hecho de que alguien no sea especialista en su campo u operativamente hablando, ducho en su materia. El problema pasa porque se acepta todo como algo normal dando mal ejemplo a las generaciones que están detrás de nosotros, aquéllas que aún se están formando en las escuelas. 

Educación de calidad, dice

Y volviendo al tema central, dice el Sr. Ollanta Humala, 

"El primer y gran compromiso es por la Educación. (...)darle a nuestros hijos las herramientas que les abra las puertas del futuro, los haga dueños de sus destinos y ciudadanos del mundo.(...)el Perú del bicentenario debe contar con una educación de calidad, con docentes motivados y competentes, con ambientes que estimulen y faciliten el aprendizaje, y con una gestión orientada a que cada niño y niña alcance su máximo potencial. 

¿Qué profesores- me pregunto- con más de 24 alumnos por aula (en muchos casos, aulas que llegan hasta 44 alumnos o aulas multigrados- donde un profesor enseña varios grados al mismo tiempo-), en infraestructuras escolares de pésimo estado, y con un proyecto educativo nacional alejado de nuestra propia realidad pueden trabajar en esas condiciones? Los teóricos del Ministerio de Educación suponen que todo se arregla poniendo más horas de estudio, e inclusive el presidente supone que 4,000 millones de soles en el presupuesto educativo aliviarán el problema y nos darán una educación de calidad. Cómo queremos educación de calidad, Sr presidente, si no lo complementamos con programas televisivos de señal abierta que valgan la pena. Sinceramente cuestiono mucho lo que dice Usted, sucede que no creo esto.


Y es que sucede que estos mismos medios de comunicación, aquéllos que nos hacen creer todos los días que el problema central es la señora del Presidente, Nadinne Heredia, escondiéndonos un problema mayor que se llama Miguel Castilla, Ministro de Economía, ya que es él quien formula las recetas económicas de este Gobierno peruano, y que dicho sea de paso, el Sr. Ollanta Humala consciente o simplemente no quiere ver. Sí, sí, son estos mismos medios de comunicación los que dudo, estén de acuerdo con esa educación de calidad que se intenta promover.

Sí, así es, cuando el Sr. Presidente refiere que quiere una educación de calidad en su discurso, dudo de que tenga el contexto de apoyo de los dueños de los medios de comunicación. Nada se hace en las escuelas, si en las casas subsisten programas que deforman la consciencia ciudadana. Si yo quiero cambiar la educación debe de ser desde la raíz, contundente, empezando primero por ver qué material televisivo reciben nuestra niñez y juventud cada día en horarios mal llamados "de protección al menor", y no quedarse con los brazos cruzados, ya que todo parte de la voluntad política. Lo demás es palabrería demagógica, ya que cualquier psicólogo podría refrendar que esos horarios no protegen al menor.

Llamados a la disidencia joven


Esta interpretación que hago líneas arriba, solo me lleva a pensar que las sociedades se están embruteciendo, que el consumo desmedido, la procacidad televisiva y la pasividad de políticas de gobierno frente a ello, están llevando a las poblaciones a esto. Ello ya está en marcha. Esta metodología de relativismo pragmático que aplasta el pensamiento racional y la crítica inferencial, ya está en marcha, esta maquinaria embrutecedora ha contratado a sus mejores cartas intelectuales, porque las hay, hay intelectuales que sirven a este accionar. Pienso - y ahora con más razón- que las ausencias de Juan Gelman, y de García Marquez dejan huérfano el pensamiento disidente y rebelde, al menos en esta parte de Latinoamérica- salvo el uruguayo Eduardo Galeano que aún está vivo-, quedan muy pocos "viejos". Viejos dinosaurios de la militancia intelectual clara y comprometida, y ello, ello, hace necesario una nueva convocatoria a la disidencia joven, una convocatoria a la escritura, al desarrollo del pensamiento, y al análisis, ¿verdad?, en fin. Como ya dije, esto del embrutecimiento social me preocupa, me preocupa mucho porque se trata de mis contemporáneos, pero lo que más me entristece es que a partir de ello, el futuro se torne irremediablemente sombrío, no para nosotros, sino para los que vendrán tras de nosotros, nuestras generaciones futuras, los niños que nacerán de acá a diez años, entonces me pregunto, a partir de esta suerte de hipótesis dialéctica, qué vamos a dejarles como herencia substancial.
Desde Lima, ciudad capital del Perú.
Víctor Abraham escribe.

lunes, 21 de julio de 2014

EL DISCURSO NARRATIVO ROMÁNTICO DE JUANA MANUELA GORRITI

SUMILLA

El ensayo en cuestión busca presentar una aproximación descriptiva del discurso narrativo romántico de doña Juana Manuela Gorriti, a partir de su identificación como mujer latinoamericana enmarcada dentro del s. XIX. Es importante destacar para ello, que el contexto social que la rodeaba no era nada fácil, dado a que el rol femenino estaba mirado ahí desde una posición patriarcal y discursivamente canónica, y por lo mismo consiguiente contrario a todo proyecto de construcción interpretativa propia que saliera de una voz femenina; hecho que sin embargo no significó impedimento alguno para que esta escritora a partir de sus experiencias personales- tales como sus viajes, y necesidades por experimentar dentro de lo fantástico, unidos a su espíritu disidente y lenguaje pedagógico y moralizador- , pudiera hacerse de un nombre propio y de un prestigio tal, contrario a todo intento de inequidad de género muy característico de esa época.

JUANA MANUELA GORRITI Y LOS PARÁMETROS DE SU TIEMPO

Indiscutiblemente que para al siglo XIX se levantaba sobre el escenario socio-político argentino una fuerte oleada nacionalista e integracionista en el pensamiento intelectual. Ésta tenía una proyección amplia y extensiva abierta hacia todos los movimientos latinoamericanos, y buscaba promover – y por ende configurar- desde esa perspectiva una idea de nación modelo en donde sus habitantes pudieran discurrir dentro de un sentido de unidad común a partir de un discurso hegemónico, patriarcal y totalizador impulsado y promovido por una serie de élites masculinas agrupadas alrededor de una constelación de escritores, publicistas y hombres de Estado(6): hombres cuya mayoría de edad fue alcanzada en la década de 1830 y que dio luz a un movimiento intelectual cuyo pensamiento de proyección continental fue conocido como “Generación del 37” y que agrupaba a figuras prominentes alrededor de la talla de pensadores como Sarmiento y Mármol, quienes reunidos en Salones literarios planteaban discursos unitarios. Si bien es cierto, este esfuerzo configuró por un lado debates grandes, preocupaciones y retos para la clase intelectual en su afán por vislumbrar y señalar un nuevo derrotero de nación entre sus habitantes, por otro lado este acento discursivo fuertemente patriarcal excluyó a las minorías, entre ellos pobladores periféricos -para quienes el discurso en situaciones formales y oficiales sólo era internalizado y programado-. Precisamente dentro de este grupo social se encontraban las mujeres cuya función consistía en ser las protectoras del orden familiar, pasando en muchos casos de ser consideradas mujeres con escasa condición requerida para loa actividad del pensar y opinar - o en todo caso manifestar una posición abierta-, hasta ser vistas como mujeres complacientes con el statu quo social.

En este contexto hegemonizador del pensamiento, nos dice José María Caicedo Torres, intelectual colombiano, que surgió en 1845 una novela de alto mérito, titulado “La quena”, que la prensa latinoamericana –cabe necesario precisar que toda suerte de narrativas eran difundidas por este medio físico, y para cuyas tiradas llegaban ampliamente a todos los sectores de las comunidades dónde era distribuido el material tipográfico- no dudó en colmar de merecidas alabanzas a su autora, y que además fue muy bien recibido entre los literatos de Lima y de toda Latinoamérica” (2), y a la que sucedieron narraciones como, “El guante negro”, “La hija del masorquero”, “Álbum de un peregrino”, “El lecho nupcial”, “La duquesa”, “Güemes”, entre otras que fueron afirmando la originalidad de una escritora mujer que el contexto latinoamericano del s. XIX conocería como Juana Manuela Gorriti.

(...)

Juana Manuela Gorriti, nacida en la provincia de Salta, en la república Argentina, el 15 de junio de 1818, desde pequeña tuvo una formación espiritual formada llevada a cabo con las monjas Salesas de su provincia natal. Tras el destierro de su padre, fueron a afincarse hacia Bolivia donde contrajo matrimonio con un militar de nombre Isidoro Belzú, quien posteriormente fuera expatriado a raíz de una gresca militar a Perú. Siendo así como Juana Manuela llega a Lima, donde desarrollaría una intensa labor de difusión cultural, educativa – véase acá lo que en palabras de Torres Caicedo, resaltaría como principal característica de su obra más adelante, el espíritu moralizador-, y literaria a través de la apertura de un espacio de discusión que fuera conocido luego, como salón literario, y el que convergerían muchos intelectuales de su tiempo (muchos no argentinos, sino de otras partes de América Latina), quienes ya empezaban a notar- y dar por sentado- esta brillantez de escritura tan cálida y coherente a su personalidad de mujer, y además, cargada de una emotividad tan sencilla y humana que analizaremos más adelante. Fue así como su trabajos propios fueron extendiéndose por varias latitudes siendo Chile, Colombia, Venezuela, Argentina (sólo luego de la caída de Rosas), para finalmente llegar a Madrid y París. Una mujer tan sensible al exilio, hizo que su visión de mujer no se perdiera sino que se acentuara (y he aquí se me ocurre pensarla de pronto, sumida por momentos en la angustiosa soledad de sentirse “un alma triste”, tal como lo reafirmara en sus memorias posteriores que denominaría “Peregrinaciones…” contenidas luego, en “Panoramas de la Vida”, (1876), sentida al lado de sus dos hijas, tras el abandono de su esposo, y para cuyas reuniones suplirían en parte esa desdicha que sólo la tendría reservada para sus momentos de espacio personal, en fin). Ya en 1874, residiendo en Buenos Aires, la encontramos recopilando su producción que sólo verá luz luego de su muerte, acaecida el año 1892 en Lima, bajo el título de “Lo íntimo”. Los años posteriores a ello, a dichas recopilaciones, vemos a la autora de “La quena”, viajando constantemente a Salta, lugar de su niñez – y me imagino la finalidad de esos viajes, dada su alta sensibilidad femenina para articular lo sencillo con esas evocaciones infantiles del pasado, y mecerlas bajo esos silencios dulces de una aldea que se resisten al olvido senil de alguien que ya puede presentir el desenlace de una vida cargada de experiencias impresionables que desde siempre han configurado su espíritu humano, en fin.

Ver ensayo completo:



Enlace a:

Panoramas de la vida : colección de novelas, fantasías, leyendas y descripciones americanas. Tomo II

http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/panoramas-de-la-vida-coleccion-de-novelas-fantasias-leyendas-y-descripciones-americanas-tomo-ii--0/html/ff43d55e-82b1-11df-acc7-002185ce6064_4.html#I_8_

Desde Lima, ciudad capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

domingo, 20 de julio de 2014

Sensaciones, humanas convicciones...

Pienso que la franqueza de una persona debe ser la mayor carta de presentación a la hora de cimentar cualquier tipo de relación humana. No se puede ser buena persona, si no hay, desde el inicio del acercamiento mutuo, claridad de lenguaje libre de toda turbiedad en donde el discurso doble y la procacidad asolapada campean. Entiendo que las personas no estemos preparadas emocionalmente para escuchar lo que no concuerde a punto de vista propio y nuestro, o mejor dicho de otra manera, lo que no nos sea favorable a nosotros. Sin embargo, he allí la tarea de un sincero honesto, quien pese a correr los riesgos de ser tachado como ingenuo inoportuno o como "malvado" inconsciente se arriesga a decir exactamente lo que está pensando o suponiendo de su observación inmediata. Si yo le digo a alguien que no está bien lo que está haciendo, o lo que es peor, dejo de decirle: lo que quiero y lo que busco de él, probablemente, reciba una expresiones como, "me desconciertas", o "me decepcionas", en fin, pero ese es el reto, y hay que tener suficiente valor para ejecutar verbalmente lo que se piensa en el momento preciso.

A veces el hecho de no poder expresar lo que uno piensa para sí mismo o siente en sí mismo, debido a la sugestión tonta de "cómo lo tomará el otro", hace que la represión y el vacío propio se amplifiquen, sumiéndolo en un miedo terrible que daña su autonomía - y que a propósito es el propio statuo quo quien sentencia frívolamente con las mayores y crueles penas, la indiferencia y la exclusión, que disimuladas bajo disfraces y caretas de falsa amistad o amistades silenciosas cubren sagazmente su cometido. Una amistad con la que ya no se es posible dialogar de ningún modo, de nada sirve, por eso, hay que cultivarla todos los días o por lo menos periódicamente porque una vez que se va, se va para no volver más: sino, recordemos esa frase que el genial Exupéry deja en las palabras de uno de sus personajes más queridos, el zorro quien refiere a su pequeño amigo:


“Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, a partir de las tres empezaré a ser feliz. A medida que se acerque la hora me sentiré más feliz. Y a las cuatro, me agitaré y me inquietaré; ¡descubriré el precio de la felicidad! Pero si vienes en cualquier momento, no sabré nunca a qué hora vestirme el corazón... Los ritos son necesarios” (1)
Por ello, a veces hay que tener mucho coraje y temple, pero sobre todo sinceridad del corazón para decir me equivoqué, y sacar de nuestra vida lo que nos atañe, nos condena a la baja autoestima, nos decapita moralmente y nos sume en tristezas irreprimibles. Alguien parafraseó, sin darse cuenta, hoy por la noche esta acepción, "ya no me enojo, solo observo, miro, pienso, me decepciono, y si es necesario me alejo": CRASO ERROR. No, no debe ser así, a lo execrable, a lo angustioso, a lo mordaz acostumbrado a mellar la buena fe y consciencia del individuo hay que salirle al paso, hacerle frente y derrotarlo. Esta tarea no es sólo una labor de algunos hombres y mujeres, no, no debe ser entendida así, debe ser una obligación moral de todo corazón humano. Luego, es muy probable que esta aseveración antedicha halla permitido dar luz finalmente al razonamiento existencial de Andrew Craig (2) sobre su vida, puesto que la mayor norma de la vida no consiste, en vivir como espectador, dejando que los demás vivan su vida, ya fuesen reyes o patanes, sino en no permitirles que actúen impunemente, ya que las víctimas de la vida, no son sino expresión de flagelo y preocupación de uno mismo en ellos, ya que todos estamos unidos por lazos comunes de alguna u otra manera (sean estos, laborales, familiares, amicales, e inclusive siendo -desde ya- simples sujetos de conocimiento mutuo). En suma, si algo es capaz de dañarme a mí, es probable que también pueda dañar al otro porque hay una realidad innegable, al menos muy notoria ahora, y ésta es que: en un mundo que lacta de la cosificación a diario y que demanda seres uniformes a calco y copia de sus líderes de opinión, todos somos, tarde o temprano, seres desvalidos a la hora de sopesar nuestros propios vacíos emocionales.

(Del libro: Los latidos secretos del corazón. Lima, 2014 por Víctor Abraham)

Desde Lima, ciudad capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

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(1) Antoine de Saint- Exupéry. The Litle Prince, 1943.
(2) Irving Wallace. The Prize, 1962.

lunes, 23 de junio de 2014

Respuesta inesperada

Comparto su indignación, su malestar, esto es general, en una sociedad como la nuestra donde nadie sabe quien dice la verdad y quien miente, donde no se conocen las intenciones reales de los otros- salvo por lo que dejan mostrar a partir de lo que expresan por cualquier medio de lenguaje-, ello debido a que todo está sumido en alegorías y máscaras insidiosas. Entiendo ello, muy bien, créame. Por otro lado, yo no doy cátedra vía facebook ni a través de ninguna red social, nadie tiene la verdad, ya que ésta es muy discutible - y debe ser así-, yo escribo lo que pienso a partir de lo que veo, y en ese transcurso yo no puedo ser ajeno a mencionar ejemplos claros de procederes honestos, ni tampoco omitir pensamientos que ayuden a entender ello. Soy profesor y periodista, no aprendiz de política ni simpatizante de partido. (La política es inherente a los ciudadanos y tiene mucho que ver con su filosofía de vida, y de cómo ésta los proyecta a la sociedad haciéndolos tomar roles activos desde donde se encuentran). No me interesa ni me seduce el dinero ni la posición social, mis objetivos van más allá, van al estudio de las consciencias de esta sociedad en la que vivo, y qué mueve a éstas. Tal vez, esto se deba mucho al método existencialista que uso con frecuencia en mis análisis.

Mi convicción plena parte de móviles e intereses propios surgidos de observaciones cotidianas y conjeturas llenas de sentido común que llegan a mí cada día, y como -a partir de ellos- les doy forma, según mis propios juicios de razonamiento respecto a lo que considero como morales o inmorales. Del mismo modo, mi propio trabajo de escritura diaria adquiere un sentido de militancia personal muy fuerte que hace que estas ideas no puedan tambalearse respecto a lo que considero correcto o incorrecto. Luego, el móvil o interés que cada quien tenga para dirigir su obra o pensamiento queda supeditado a sus propias intenciones. Cada obrero de la palabra es libre de orientar su trabajo según sus propias aspiraciones: lo mío, y lo reafirmo una vez más, es el estudio de las consciencias individuales.

Gracias por escribir. 

Atte. 
Desde Lima, Perú
Víctor Abraham.

domingo, 22 de junio de 2014

Capital de esperanza

Cuando escribo esta pequeña nota dos días después del día viernes 20 de junio, se me vienen a la mente dos historias que leí ya hace muchos años atrás cuando aún era un joven adolescente; por un lado, una de ellas que tenía que ver mucho con la Grecia Antigua, pues se trataba de un rey.

Un  rey y dos amigos

" Un rey muy tirano que había tomado como prisionero a un hombre ordenando su ejecución inmediata, luego de un edicto injusto. Dos días antes de ser ejecutado, vino otro hombre, era un emisario, trayendo nuevas para el viejo monarca. Durante su breve estancia, éste recorrió los pasillos de la cárcel, que tenían la fama de ser los más horrendos, dado la tiranía de su rey. Tras husmear por sus corredores, avistó a un amigo suyo, que antes había conocido en uno de esos viajes que hiciera al Peloponeso, mucho antes de que Esparta pudiera conquistar un tercio de ella. Al verlo, percibió su delgadez y sufrimiento. Si mediar tintas, se dirigió a éste, quien al verle contóle sus fatales penurias, agregando a éstas: la desdicha de saber que una de sus hermanas estaba muriendo, y que por tanto, él siendo el único capaz de poder asistirla en ese momento, no podía verla. Sólo de pensar esta tragedia le roía la cabeza. Este emisario, luego de escucharle, y comprendiendo la tiranía del rey, la misma que jamás entendería la situación del angustiado, se marchó cabizbajo. Durante unas horas meditó por la plaza, sabiendo las consecuencias que cualquier decisión que pudiese tomar en beneficio de su amigo podría llevarle a la misma muerte. "Éste no podrá negarse", pensó, "nada alteraría entonces la condena, en fin". Decidido acudió al palacio pidiendo al soberano hacer el intercambio."permítame tomar su lugar", dijo, "hasta su regreso, de no llegar, podrá usted disponer de mi vida". "Es lo justo", dijo el monarca. Entonces amplió la fecha de ejecución poniendo a prueba la amistad del otro. "Quince días", dijo, " si en quince días no has de volver, este emisario fatuo, habrá de tomar tu lugar en la ejecución". (Era tan sabido el grado de deshonestidad entre los hombres de aquel entonces como su espíritu inmoral, sí, sí, ellos mismos que un pasado vieron con buenos ojos la ejecución de Sócrates). El hombre marchó, agradeciendo a su amigo, diciéndole que volvería antes de los quince días, sea cual fuere la salud de su hermana. Partió. 

Fue el día catorce, y aún no había avistamientos del regreso de aquel hombre. El emisario comprendiendo el acto que significaría el día quince, aceptó con determinación firme su triste desenlace. "Bien por él", se dijo, "seguro que le habrá ido bien. ¿Fatuo?, no he sido un fatuo, he sido justo. Él me salvó de una muerte segura en uno de mis recorridos provinciales cuando fui asaltado. Es justo que ahora sea yo, quien haga algo por él." Viendo con resignación la asquienta celda se sentó en uno de los ángulos esquinares del cuarto. El día quince había llegado, todo estaba listo para la ejecución, un día soleado, la multitud: atiborrada a los alrededores de la plaza cuadrangular. El rey y su séquito estaban listos para presenciar la ejecución. "No vendrá", se dijo, "pobre tonto" (Era sabido que tal actitud como ésta en aquel lugar no merecía la más mínima compasión.) Entonces en medio de la multitud, salió el ex-reo diciendo, "Si alguien ha de cumplir una sanción ese he de ser yo mismo, dejad libre a este hombre". El rey, fascinado por aquel acto ordenó la liberación del ajusticiado, acercóse a este otro, y reuniéndose luego con ambos reconoció sentirse admirado por aquel acto jamás visto en su pueblo. "He de pedirles a ustedes que me dejen ser también amigo suyo." Ambos aceptaron. Entonces éste abolió la sentencia, aduciendo que en adelante, mientras viviese, ningún lazo de amistad habría de quedar separada por algún designio humano.

Citas de un Principito aviador

La otra lectura tiene que ver mucho con libro que leí durante los años que viví en Trujillo, y que - a partir de ese momento- produjo en  mi una clara muestra de lo que significaba el aprecio por los demás, entendí entonces gracias al aviador francés Antoine de Saint- Exupery, que el amor entre los seres humanos debería ser algo como invisible a simples ojos, pero visibles al corazón. Entendí que el gran móvil capaz de diluir los sentimientos mas apócrifos del individuo era el amor. Leer con asombro las páginas de  "El principito", y los múltiples diálogos de éste con los demás personajes del libro, entre ellos con el farolero, la flor, y por supuesto con el zorro, permitieron arrancar de mí todo ese extraño impulso a la negatividad del hombre. Creo que en ese mismo momento mi teoría de la bondad regenerativa recién empezó a bosquejarse. He leído varias veces esta obra maravillosa, y he aprendido mucho de ella. Subrayar citas, tales como:

- (...) "no se ve bien, sino con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos.
- los hombres han olvidado esta verdad(...) pero tú no debes olvidarla. Te haces responsable para siempre de lo que has domesticado".
- Para mí tú no eres aún más que un muchachito semejante a cien mil muchachitos. Y no tengo necesidad de ti. y tu tampoco tienes necesidad de mí: yo no soy para ti más que un zorro semejante a cien mil zorros. Pero si tú me domesticas, tendremos el uno necesidad del otro. serás entonces el único del mundo para mí. Yo seré también para ti único en el mundo.
- (...)Los hombres no tienen tiempo de conocer nada. Compran las cosas ya hechas a los vendedores. Pero como no existen vendedores de amigos, los hombres no tienen amigos.

...han enriquecido la visión que tenía y que hoy tengo, respecto al ser individual que no es perfecto, pero si trabajable en camino a ello.

Los dilemas del mundo

En varias ocasiones mucha gente me ha preguntado, si creo en el amor, o en la amistad, o en la felicidad, o en todos esos anticuados valores que jamás se ponen del todo manifiestos, salvo raras ocasiones. O sencillamente, si tengo aún esperanza en que las cosas junto con sus individuos cambien algún día. ¿Hay esperanza me han dicho? ¿En dónde está? Utopías, me han dicho, son utopías tuyas. Sin embargo, yo no creo que se traten de simples utopías, ni preocupaciones desmedidas por saber dónde está esa matriz generadora de felicidad- al menos a mí no me seduce la idea de ponerme a buscar esa fuente, o buscarla donde no está, en fin- Pienso todo lo contrario, pienso que si hablamos de la esperanza, si existe o no, y cuál es- o bien, de intentos de aproximación a éstas-, debemos empezar por buscarla dentro de la capacidad del dar que cada uno tiene en sí mismo, sí, sí, de ese dar por igual que redime al alma humana.  Luego, tal vez podamos llegar a decir que la igualdad como concepto, no pasa de estar enmarcado como una categoría puramente utópica de la mente, algo intangible o irreal, que no es posible de concreción alguna, es cierto ello, sin embargo es necesario alimentar esa intangibilidad, alimentar este concepto en nuestra consciencia y en la de los demás, o suponer - en el mejor de los casos- que existe para hacer más llevadera esta vida. Puesto que, tanto justicia, igualdad y equidad son ejercicios trascendentales del proceder humano para alcanzar una mayor convivencia, tan importantes como esa necesidad de domesticación del conocimiento del otro que plantea el zorro de "El principito".

Por otro lado, dadas las dos historias que propuse al inicio, concluyo que el detalle aquí no está en en la existencia misma de los seres humanos. Existimos y ya, y ya está, nada más que eso, listo, punto final. El detalle está en algo más, en darle cada día algún tipo de valor o validez a nuestra existencia, y damos validez a nuestra existencia con el amor, el único, el arcaico, el imperecedero e inacabable sentimiento del amor que es el móvil más poderoso que tenga el individuo a la hora de mostrarse a través de sus actos. Uno no puede amar algo, si primero este acto no ha pasado por el conocimiento de la domesticación, y la experiencia misma de su ejecución. De allí, la importancia de la premisa bíblica afirmante del Corintios 13, "que aunque hablara todas las lenguas de los hombres- pero sin amor en el corazón-, sería como bronce que resuena o campana vacía que retiñe".

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

lunes, 16 de junio de 2014

El valor de educar en la libertad

Enseñar para la libertad

El “es” y el “deber ser” constituyen una realidad innegable. Por tanto es necesario unir ambas brechas, unirlas a través del proceso educativo, y no me refiero al mencionar esto al proceso puramente formal que sólo dan las escuelas, sino al otro que escapa a la rigidez y la formalidad, al otro que se forma y opera desde el interior de las familias y que se fortalece más tarde en las aulas, pero sobre todo - y he allí lo más admirable- si ese “es” y “deber ser” se forma desde las edades más tempranas.

Partimos siempre en nuestras prácticas educativas del concepto de la diversidad, sin embargo, una vez dentro, al interior de las aulas, homogenizamos, homogenizamos mucho y limitamos. Creemos que así funciona el método de la enseñanza. Por mi parte siempre he sido partidario de la pedagogía libertaria de Alexander Neill, de la auto-regulación libre. He incluido en mi prácticas de enseñanza modelos que van desde los conductismos clásicos de Watson y Skinner hasta los planteamientos de la pedagogía crítica, sin dejar de atender por supuesto en el camino: el aprendizaje significativo de Ausubel,  el desarrollo próximo de Vigostki y la pedagogía humanista de Maslow. Tal vez el empeño por aplicar todo ello, obedezca a esa necesidad mía de intentar enseñar para la libertad, o por lo menos bosquejarlo en el intento. Es difícil, lo sé, y cuesta, cuesta mucho, sobre todo porque es el maestro quien está llamado a dar el ejemplo tanto a nivel de actitudes como a nivel de conocimientos. 

De profesión maestro

Como profesor que soy siempre he mirado modelos, he buscado en algunos maestros escritores algunas formas que pudiera extraer para mi  mismo, y debo reconocer que leer sus vidas y sus obras me han conmocionado. Gabriela Mistral siempre defendía el concepto de una escuela abierta con maestros creativos y llanos a aprender. Sus reformas en México fueron innumerables y loables. Fue un ejemplo de mujer, mientras enseñaba escribía sus rondas, mientras contemplaba numerosos niños y niñas diseñaba un proyecto de ciudadano, un niño capaz de valerse a partir de sus emociones propias, las mismas que ella tuvo que templar a lo largo de su vida. (ni siquiera el incidente de haber recibido el calificativo injusto de ladrona cuando era niña, pudo mellar su espíritu libre y sincero) Y es que se me ocurre otro ejemplo vivo, sí, el límpido ejemplo de la maestra sueca  de Landskrona, Selma Lagerlof, quien, mientras escribía esa maravillosa "...saga de Gösta Berling " enseñaba en una escuela de primaria a niñas.  Y podría seguir citando a otros grandes de la literatura que también incursionaron en la pedagogía, he de ver allí al maestro Vallejo, dando forma a ese genial "Heraldos negros" mientras enseñaba en Trujillo, o al maestro francés de historia y geografía Julien Gracq, que por los años que dictaba secundaria venía escribiendo su ".. mar de las Sirtes", o al maestro y dramaturgo italiano Luigi Pirandello quien por los años que dictaba en el Instituto Superior de Magisterio y en pleno debacle anímico familiar venia escribiendo su "... El difunto Matías Pascual", en fin. Es curioso que Borges haya tenido que desdoblarse a veces resignado de verse colocado en la terna de los profesores de Buenos Aires. Cortázar enseñó muchos años la educación básica durante su estadía en Argentina, Sartre y Simone de Beauvoir también enseñaron, y así muchos filósofos. 

Lo que quiero decir al mencionar a todos estos hombres y mujeres, es que tuvieron algo en común, la enseñanza para y por la libertad humana. No me imagino, de pronto a un Sartre represor y pasivo, o a una  Beauvoir sumisa, no. Me imagino más bien a un Borges retando a sus estudiantes al análisis mental, y hasta un Vallejo enseñando a descubrir el mundo por los propios sentidos. Sea como sea, estoy seguro que habiéndose formado como docentes o no, les bastó el ingenio y la convicción moral para poder llevar a cabo semejante tarea. Por tanto, no espero que los docentes hagan exactamente lo mismo, pero por lo menos tengan en cuenta que hoy el reto  de nuestro país - dadas las circunstancias sarcásticas de la vida social que está siempre preocupada en ofrecernos cosas y enseñarnos a maniobrar y a provechar muy bien de las utilidades que ello nos genera-, es grande, la labor del maestro y de la maestra es grande, y es consiste en enseñar a pensar y cuestionar. Luego, cada quien ha de buscar sus propios modelos, y adecuarlos a su propio trabajo, no importa si los extrae de los libros de Teoría educativa, o si aún los recuerda de alguna clase de formación magisterial. Lo importante es acá estar atentos lo más flexibles posible a los cambios de comportamiento que de alguna u otra forma a veces rompen el esquema que ni el propio libro lo explica. He allí la importancia y el peso que dan los años de experiencia educativa, en fin. ( Y es que a veces lo resultados más brillantes son los que escapan al formalismo).

Reconocernos como agentes de la trascendencia para nuestros propios beneficiarios 

Por otro lado, es curioso percibir cómo los estados relativos de la memoria a largo plazo siempre tienden a hacernos recordar aquellos momentos gratos provenientes de pasadas relaciones nuestras con personas también gratas, que vuelven a nuestro consciente inmediato convertidas en relaciones fuertes, ello debido a dos factores, por un lado el paso del tiempo, y por otro el grado de significatividad que alcanzaron en el momento mismo del conocimiento mutuo. Me explico, una joven estudiante del pasado, me parecerá siempre grata, no porque esté o no esté a mi lado, o porque sea o no su profesor en el presente, sino por el hecho de haberle enseñado, por tanto esa relación humana del pasado entre profesor- alumna constituirá una experiencia gratificante que el tiempo se encargará de enriquecer. Por tanto, infiero a partir de ello, que si esto es así, que si una relación humana trasciende al momento para prolongarse en el tiempo al margen de la edad, el espacio físico, o cualquier otro estado entonces habremos dado un paso a constituir eso, que se llama consolidación de la amistad verdadera porque entonces las categorías convencionales, que encierran nuestras relaciones humanas diarias de profesor- alumno, jefe-subordinado, analista-paciente con el tiempo quedarán proyectadas a una sola categoría, la de sencillamente amigos, en fin. 

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

martes, 10 de junio de 2014

Capítulo XVII de La Degradación Humana.

Yo creo que algo nos separa, tú sabes que te quiero, que siempre te he querido con ese cariño de estimación desde hace mucho tiempo atrás, desde esa misma mañana en que nos vimos allá en la universidad. Yo era más joven, éramos jóvenes, todos éramos jóvenes. Recuerdo a mi generación, y tú, tú Andrea eras parte de ella, se suponía que debías ser diferente, que debíamos ser todos diferentes a los otros, diferentes a esos viejos del sistema que habían perdido las esperanzas, que trataban de hacernos figuras raras de calco y copia, seguidores, conformistas y consumidores. Esta corriente pragmática recién comenzaba, esta ironía procaz apenas daba sus primeros zarpazos. Hicimos mucho desorden lo reconozco, hicimos mucho caos, debo admitirlo, propugnamos anarquismos histriónicos, debo reconocerlo, pero era sano, era una rebelión sana la que tratábamos de encauzar. Movimos muchos estudiantes esos años. Muchos firmaron nuestro trabajo. Fuimos combatientes de un tiempo extraordinario, y en ese tiempo tú, sí, sí, tú fuiste mi descubridora, tú fuiste quien me ataste a la escritura. Tú, el "gringo", Kenny, el "flaco" Roberto, y hasta la "Pocha" (que nos costó convencerla, pero la animamos al final). Todos fuimos personajes de un tiempo, de ese tiempo que ahora extraño, no porque me haya quedado solo reducido a mi propia histeria, sino porque te perdí a ti. Diantre. ¿Sabes?, me equivoqué, siempre pensé que pertenecía a la generación de ustedes, me sentía cómodo en ustedes, sí, sí, ya sé lo que me vas a decir: que fui yo la parte más caótica de ustedes, pero también debes reconocer que muchos adoraban ese caos que propugnaba, y esa rebeldía sana que nos mantenía vivos, porque sencillamente referían que así expresivos se sentían más libres, esa fue nuestra generación romántica que idealizó todo, pero que también avizoró este trastorno social y enfermizo que viente años después, hoy nos envuelve, en fin. Al diantre esto ahora, ya estamos acá.

Por esas épocas, mis padres estaban orgullosos de ello. Había realizado las aspiraciones de mi madre, y satisfacía hasta cierto punto la esperanza futura de mi padre por verme realizado social y culturalmente. Nunca entendí esto, sobre todo porque él, mi padre, no quería que yo siga este oficio, le asustaba que yo terminara metido en esto. Una vez me dijo, que un escritor siempre era un comprometido con sus propias observaciones y conjeturas, con sus ideales, pero que sin embargo, si ese compromiso no se traducía en favor del bien común, de nada servía. "El servicio es importante", solía decir. "El escritor", dijo una vez, "debe ser un símbolo de compromiso coherente afín a su propia formación intelectual y  moral", luego añadió, "si no filosofas ni cuestionas el proceder de los individuos, no serás un escritor auténtico, tan igual que si no sirves, ni te esfuerzas en pensar en los demás". "Es duro, no es fácil, no se trata sólo de escribir un libro, y ya, hay más, te aseguro que hay más", añadió, "por eso, por eso, yo no quiero que te dediques a ello, no sigas eso, mejor sigue tu camino de la enseñanza, total desde allí también puedes ayudar".  Ahora que ya han pasado los años y estoy viejo, pienso, que si mi padre supiera de mi existencia comprometida hoy, le causaría una congoja terrible, una desazón inesperada. Tal vez, orgulloso por dentro, pero quebrado por fuera, en fin. Sólo el individuo responsable de sus propios actos y elecciones puede llevar una responsabilidad tan grande como ésta de la mejor manera posible, en fin.

Cómo te decía, ese algo que me separa de ti, que me separa de ustedes es muy grande, ese algo es inmenso Andrea, y no, no son sus absurdos miedo al mañana, ni sus triviales sensaciones de desconfianza que hoy han edificado para encubrir sus propias consciencias- ¿o tal vez inconsciencias?, no lo sé-. No, no es nada de eso. Es otra cosa que tiene que ver más bien con esa absurda necesidad desquiciante de valorar a la gente por lo que tienen, y sobrevalorarlas a partir de cuánto pueden hacer en favor de ustedes. (Sólo el hecho de ver esta posibilidad de usar a cómo de lugar a la gente me produce un pánico terrible, un asco infernal) ¿Te has dado cuenta Andrea, que Esa carrera del Derecho, te ha desvirtuado?, antes, cuando eres maestra, por lo menos eras más creíble, sabes que detesto a los abogados, no por lo que son, sino por lo que dejan de ser. Sucede que ellos mienten mienten mucho a la población, hacen escarnio del caído, y pululan sobre clientes que pueden satisfacerles sus mórbidos e instintivos deseos. Mira al "flaco"Roberto, hoy socio tuyo, esta mañana salió con su enorme y escuálida cara en la página central de "El emprendedor", dicen que ha asumido el directorio de la reciente compañía de seguros Il Fabré. ¿Está bonito el terno, no?, pero dudo de que haya algo debajo de este encantador traje, al menos si quisiéramos encontrar una pizca de decencia, estoy seguro de que no lo hallaríamos. Fue él quién te metió en esto ¿verdad?, en fin, te entiendo, total, así funciona el sistema. ¿Sabes?, la última vez que nos vimos me dijiste que serías siempre así, que nunca cambiarías (ya sé que las personas cambian, no soy un ingenuo). ¿Sabes?, ¿por qué al menos no cambiaste para bien? ¿Qué pasó con tus ideales, qué nos sucedió, en qué falló nuestra generación, por qué la Pocha, también se volvió una más de esas viejas secretarias universitarias complacientes de sus amos que sólo la mantienen porque "aún está en vigencia" ? Diantre.

Sí, sí, ya lo sé, fallamos Andrea, nos fallamos todos, fallé yo, porque demoré en profundizar en mis teorías de tiempo y espacio, de individuo social, de bondad regenerativa, de proyecto país, de consciencia e inconsciencia, y tantos otros que no dudo hubieran servido en su momento, es que no están terminadas, hoy aún no veo muy cuajadas esas teorías, sin embargo las mantengo todos lo días en pie, firmes y vivas. Y es que es así Andrea, discúlpame, soy Jeremías, soy así, escogí esto, escogí ser un pulsómetro de consciencias, y tal vez muchos de nuestra generación ya tengan resultados hoy, no cuestiono sus métodos, pero en mi caso, todo es diferente, es un proceso lento, después de todo, tal vez por ahora mi esperanza esté en las palabras del norteamericano Irving Wallace al afirmar, en su personaje de Andrew Craig, que los escritores maduran más lentamente que los científicos. Un científico puede, inclusive, trabajar en función de perspicacias e inspiraciones, pero para un escritor las palabras no bastan: hay que extraer los materiales de la propia vida, y por lo general ningún escritor vale tanto, sino ha vivido mucho, en fin.

***

(En: Capítulo XVII de "Degradación humana", Lima, Perú. 2014, de Víctor Abraham)

sábado, 3 de mayo de 2014

Filosofía de vida


Pienso que mi mayor defecto social siempre ha sido, al menos por lo que he podido percibir por mí mismo, el de ser un instigador permanente, un individuo contrario a los convencionalismos, para cuyos defensores: mis actitudes siempre han resultado incoherentes, sarcásticas, y no gratas. Tal vez ello explique el porqué de mis declinaciones laborales constantes y mis sobresaltos abruptos emotivos y temperamentales. Tal vez ello explique mis silencios temporales, mi necesidad imperiosa de escribir todo y de describirlo todo, de decirlo todo de una sola vez, en fin. Creo que vivir mis primeros años en Buenos Aires – y no me refiero a la capital argentina, sino al pequeño espacio físico que contuvo y albergó mi niñez, y que está ubicado en una provincia norte del Perú- ha ayudado mucho en mi formación personal dándome en parte esa configuración mía que hasta hoy me delinea.

Sin duda, creo que mi madre ha sido la gestora de toda esta extraña configuración personal mía libertaria, creo que la hermosa gente que me rodeó esos primeros años allá me dieron ese matiz de cuestionador puro a partir de sentirme con ellos mismos de pronto necesitados. Digo exactamente lo que pienso y a partir de allí escribo, cuestiono, cuestiono mucho lo que debe o no establecerse como convencionalidad a partir de la coherencia que pueda observar. Ese moralismo exacerbado que me percibe creo que es una herencia que recibí de mi padre, recuerdo mucho una frase que una vez me dijo hasta hoy retumba como címbalo, “hacer lo correcto”. La otra noche le dije a Magaly Victoria, ¿has visto?, ¿viste que todo lo que he aprendido de escritura se lo debo a esos viejos maestros entregados a hojas empolvadas y amarillas? ¿Sabes que le debo todo a estos creadores y a sus ejemplos firmes y claros?

Yo respeto mucho los binomios destino- tiempo, y tiempo- espacio, porque creo que a partir de allí el individuo es capaz de posicionar su existencia sobre algo concreto, y a partir de allí materializarlo. Total, la libertad consiste en eso, en ser materializada a partir de los actos, y de cómo estos nos hacen sujetos de desarrollo. Yo creo en la libertad, la defiendo, pero también soy consciente de las consecuencias que ello acarrea cuando no se está moral ni intelectualmente preparado para recibirla como experiencia del pensamiento y del acto. En fin, todo esto que escribo ahora no es sino, es un puñado de conjeturas propias, de inferencias propias a partir de un acucioso sentido común de interpretar la vida.

Por otro lado, trato en lo posible, de no mentir, ya que si incurro en ello, luego me siento acusado ferozmente por mi propia consciencia. Recuerdo entonces, a Saramago que dice en uno de sus diarios personales, y publicado(*) luego, “la gente tiene necesidad de que le hablen con verdad”. ¿Académico?, una vez alguien me preguntó esto, no lo acepté, sin embargo no puedo negar que me gusta mucha la teoría, y más si se trata de filosofía, o de psicoanálsis, y claro, debe ser también porque soy profesor, y mi ámbito de trabajo siempre requiere de libros. Aunque – valga la sinceridad de afirmar- cuando me enfrento a esa propia manera mía de entender el mundo a partir de toda lógica existencialista, no puedo ser ajeno a que se me enturbie de pronto la esperanza- que supongo aún se mantiene viva gracias a esa suerte de formación espiritual que desde niño me ha perseguido-, en fin.

Soy Víctor Abraham, el mismo, el creador e instigador, el que está escribiendo esta nota, ese aquel que gusta de caminar por las noches hasta entrada a veces la madrugada, el que se vuelca con cariño y terca obstinación hacia papeles de distintas formas, tamaños y colores con el fin de imprimir en ellos ese mundo recóndito que proyecta. Un sujeto romántico y libertario, pero que también comparte su dualidad existencial con el metódico profesor Mario Aguilar Rodríguez, cuando ve cada mañana este nombre en todas las hojas iniciales de los cuadernos de sus estudiantes. Él, el profesor, es el soporte teórico del otro, del experimentador, que muy bien sabe complementar a éste (profesor) aportándole mucha, mucha cuota de rebeldía sana.

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(*) "José Saramago en sus palabras". Edición y selección de Fernando Gómez Aguilera. España, 2010.

De: Anotaciones para un diario personal. Lima, 2014, Víctor Abraham.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú. 


Una movilización sin sustento: el objetivo, aglutinar a la manada; la gran mentira, la democracia

La consciencia de un valor cualquiera sea este da la libertad al individuo, le confiere responsabilidad, acción y fe en el futuro. Los hij...